¿Continuará?

No se podía reivindicar más, ¿o sí? Pese al mensaje bombeado en las horas previas con la intención de suavizar la gala y no convertirla en un ‘No a los recortes’ la entrega comenzó reivindicativa, aunque el tono crítico fue disminuyendo conforme avanzaba la ceremonia. Sin embargo, no es nada desdeñable el esfuerzo realizado para colar en el guión una buena tanda de puyazos a cargo de Eva Hache, que fueron borrando la sonrisa tensa del ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert. 

No faltaron las alusiones a la Casa Real, a Urdangarin (“¿Los príncipes no vienen aquí? En cambio, van al balonmano… ¡con el daño que ha hecho el balonmano!”), Bankia, Eurovegas y los recortes en Sanidad y Educación. Eva Hache se hacía esta pregunta “¿Sigue habiendo cines?”. Cada vez menos y con las mismas películas. Sin variedad y sin apenas cabida para filmes que intentan abrir caminos, contar nuevas historias e interpretar el mundo a través de una pantalla.

Del mismo modo, varios de los premiados que pasaron por el escenario hicieron hincapié en la situación porque, como actores, cineastas y comunicadores audiovisuales su trabajo se basa en interpretar la realidad, hacer sentir al público lo que de verdad ocurre y hacerle reaccionar.

El cine es un arte y un lenguaje con el que se aprende. Ayuda a enfrentarse a la vida y a ser críticos con lo que no es justo, como hizo Candela Peña con este hachazo: “En estos tres años ha nacido un hijo de mis entrañas y no sé qué educación pública la espera. En estos tres años ha visto gente sin trabajo que se mata por no tener casas. Esta alegría no me la amarga nadie y os pido trabajo. Tengo un niño que alimentar”.

Enrique González Macho, presidente de la Academia del Cine, reivindicó que “el cine es un derecho de todos los ciudadanos como parte esencial de la vida. También pidió la rectificación del IVA cultural y alertó de que la producción de películas se verá afectada de cara a la próxima edición de los Goya.

Como contrapunto, el humor de Joaquín Reyes, Ernesto Sevilla, Julián López Carlos Areces puso el tono surrealista y ácido en un ‘sketch’ de reivindicaciones absurdas. Una buena réplica a unas política cultura aún más absurda que lo único que consigue es dar un mensaje equívoco al ciudadano de que la cultura es un lujo, igual que la Ciencia, el empleo, la Sanidad y la Educación.

Afrontamos lo imposible mientras quienes gobiernan dicen que somos los malos del cuento. Nosotros, que sobrevivimos por encima de nuestras posibilidades. Menuda película nos han contado… y qué pésimos actores. Su afán de protagonismo es capaz de acabar con la industria del cine en España.

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Levántate y gana

La película ‘El encamado’ del aragonés Germán Roda se ha alzado con el premio a la mejor ópera prima en el XVII Festival de Cine de Zaragoza. El pasado jueves tuvo el lugar el preestreno en Madrid, con la presencia de los actores que participan en el filme, y ayer se estrenó en Barcelona y en Zaragoza. Hoy y mañana (17.15) seguirá proyectándose en el Cerbuna.

‘El encamado’ es una comedia protagonizada por Alberto Castrillo-Ferrer (Alberto), un publicista casado y padre de una niña. Todo marcha bien hasta que en la Nochevieja de 2005 se mete en la cama y al día siguiente no se levanta, ni a la semana siguiente, ni al año siguiente.

El término ‘encamado’ surge en Francia para describir la conducta de un individuo que, un buen día, decide que no va a levantarse de la cama, llegando a un estado de inacción que puede durar lustros. Para unos, es una rebelión contra la sociedad; para otros, el síntoma de una enfermedad mental.


Roda juega con esta idea y plantea una situación que cobra plena vigencia en la actualidad. La desobediencia civil como forma de protesta o los desahucios son cuestiones que aparecen en un filme que va más allá de la comedia, traspasando los muros de la habitación donde el personaje protagonista pasa cinco años sin salir de la cama.

¿Y qué ocurre en ese tiempo? Pues todo. Para empezar, en el filme de German Roda se dan cita un plantel de actores aragoneses que muestran un excelente trabajo. Desde Alberto Castrillo-Ferrer, el protagonista -y en cuya idea está basada la película-, hasta Laura Gómez Lacueva, Carmen Barrantes, Rafa Blanca, Luis Larrodera, Blanca Carvajal, Diego Hernández, Nacho Rubio, Jorge Usón, María José Moreno, Francisco Roda, Paula Pomarón, Eva Hinojosa…

En el filme también figuran el actor italiano Angelo Crotti y algunos cameos de actores como Manuela Velasco o Fran Perea.

El secreto de que ‘El encamado’ sea un buen filme no es otro que oficio y trabajo. Germán Roda dirige con precisión a sus actores, apuesta por un equipo aragonés, y logra que durante 73 minutos el espectador fije su atención a la pantalla. ¿Sale o no sale de la cama? Para saber eso hay que levantarse e ir a ver la película.

El director demuestra una vez más que es posible hacer cine, buen cine, con pocos recursos. En el equipo técnico destacan nombres como el del realizador aragonés Nacho Blasco, el cámara Santi Gracia y la productora Patricia Roda. El filme se rodó en 2011,  con localizaciones en Murillo de Gállego y Zaragoza.

«El tema de los encamados me atrae profundamente. Hay algunos estudios sobre ello pero creo que sigue siendo un gran misterio que una persona, en perfectas condiciones, decida no volver a levantarse de la cama».  «Lo que hemos querido contar en esta cinta es cómo afecta esto a la familia, su entorno, a la sociedad y al Estado» explica el director.

Germán Roda dirige este interesante filme, que supone un reencuentro con el cine aragonés y con los amigos de profesión de su etapa laboral en Antena Aragón. La cinta ha participado en Festival de Cine de Veracruz (México); el Festival Internacional de Cine Humberto Solas de La Habana (Cuba), donde obtuvo la Mención Especial del Jurado; el Festival Internacional de Cine de Huesca; y el Festival de Cine de Zaragoza.

En este último festival, también ha participado en la sección oficial de cortometrajes con ‘Mi papa es director de cine’; y en la de documental, con ‘Juego de espías’, que dirige junto al periodista Ramón J. Campo.

‘El encamado’ ha logrado estrenarse en Madrid, Barcelona y Zaragoza. En la capital aragonesa ha sido difícil conseguir una sala donde exhibirla: “Es algo que también le pasó a Borau”, explicaba Roda. El director aragonés sigue inmerso en nuevos proyectos porque “no se puede parar. Hay que tener varias ideas en marcha para salir adelante”. Germán Roda sigue rodando.

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Borau nuestro

El día que conocí a José Luis Borau estaba temblando de miedo. Fue en una salita del Teatro del Mercado. Antonio Isasi, su ayudante de dirección, no paraba de hacerme fotos desde todos los ángulos. ¿Pero qué hago yo aquí si era mi madre la que iba a participar en esta película?, pensaba. No entendía nada, pero creo que les gusté. Así es como, con 11 años, tuve la suerte de participar en el filme ‘Tata mía’ (1986) a las órdenes del director zaragozano que hoy nos ha dejado.

Los protagonistas del filme fueron Imperio Argentina, Carmen Maura, Alfredo Landa y Xabier Elorriaga. Entre los actores aragoneses figuraban Matías Maluenda, Chema Mazo, Emilio Lacambra e Ignacio Moreno.

Después de rodar una semana en Fuencarral, el equipo se trasladó a Huesca. Borau dirigía incansable desde el punto de la mañana hasta las últimas horas de luz de la tarde. Planificaba cada escena, hablaba con actores, figurantes, técnicos… la familia que se forma durante un rodaje.

En una de aquellas jornadas también pude curiosear el ‘storyboard’. Me dejó impresionado ver cada escena de la película dibujada con precisión por el propio director. En una de ellas aparecí junto a Imperio Argentina, Carmen Maura, Matías Maluenda, Ignacio Moreno y Emilio Lacambra. Dispuestos en una mesa, los comensales eran servidos por un niño que repartía platos de alubias al tiempo que retiraba el resto de la vajilla.

Una vez, dos, tres, cuatro… hasta dieciocho veces quitando y poniendo platos de judías; las manos arrugadas y pringosas, si no se repetía por la luz era porque alguien entraba tarde con su frase, o porque a otro se le veía una pulsera que nada tenía que ver con el atuendo campesino que llevábamos.

“Vocaliza”, me apuntaba mi madre por detrás en otra escena. Y tanto vocalizaba que hablaba silabeando cada vez más lento, haciendo repetir la toma una y otra vez. Borau, paciente, repasaba conmigo el guión: “Más rápido. Subes las escaleras, y hablas dirigiéndote a ella (Imperio Argentina): ‘Tata, que dice el Milorcho que está todo muy bueno, pero que baje usted”.

‘Tata mía’ se estreno el 16 de diciembre de 1986 en Huesca (Teatro Olimpia) y Zaragoza (cine Coliseo) simultáneamente, con la presencia de las actrices Imperio Argentina y Carmen Maura. La cinta fue candidata a dos premios Goya en la edición de 1987: mejor guión y mejor actor de reparto. Miguel Rellán se alzó con el segundo galardón por su interpretación en el filme.

Siempre he recordado aquella experiencia, la suerte de poder ver trabajar a uno de los mejores directores aragoneses que forman parte de la historia del cine. Borau tenía esa genialidad que solo está presente en un director de cine: capaz de arruinarse en 1984 con ‘Rio abajo’, un filme rodado en Estados Unidos con David Carradine como protagonista; y dos años después volver a reflotar su productora para seguir regalándonos talento.

‘Furtivos’, ‘Hay que matar a B’, ‘Tata mía’, ‘Río abajo’, ‘Leo’, ‘Niño nadie’ o la serie ‘Celia’ son algunos de sus títulos más emblemáticos, que quedarán para siempre en la historia de la filmografía española.

El cine fue su pasión, primero como crítico en HERALDO, luego como guionista, actor, director, productor, historiador… Se acaba de publicar su biografía, escrita por Bernardo Sánchez Salas, ‘La vida no da para más’. La obra de Borau dio y seguirá dando ánimo a quienes amamos el cine. Adiós a un maestro de la Cultura.

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Skyfall, suma y saga

La nueva entrega de la serie Bond se estrenó en España el pasado día 31 de octubre para confirmar que queda James Bond para rato. Al menos para otros 50 años, como atestigua la excelente película que dirige el británico Sam Mendes.

Con una mayor profundidad en los personajes, pero sin prescindir de los ingredientes que conforman el éxito de este tipo de películas (acción, lujo, glamur, escenarios internacionales…), Mendes logra crear una de  las mejores historias que se han rodado sobre el personaje de la novela de Ian Flemming.

‘Skyfall’ presenta a un agente 007 más vulnerable e imperfecto, anquilosado en los viejos dogmas del MI6, y cuestionado por esa idea romántica del agente secreto que corre de un lado a otro como la mejor forma de combatir a quienes pretenden dominar el mundo desde el teclado de un ordenador.

En esta nueva entrega Bond se dibuja como un personaje más más humano, al igual que su jefe M, interpretado por la gran Judi Dench. Tras una misión fallida, el agente 007 tendrá que volver a examinarse para obtener licencia para matar. A su regreso, debe enfrentarse a Silva, el villano interpretado por Javier Bardem.

Sin duda es el gran acierto del filme. El actor español encarna un papel que convierte a Silva en uno de los mejroes villanos que han aparecido a lo largo de las 23 películas de Bond. La interpretación del madrileño es sencillamente perfecta, incluso para quienes sientan animadversión hacia este actor.

‘Skyfall’ conserva todos los tópicos de la serie Bond, pero sin abusar: el personaje sigue siendo un mujeriego… y hay chicas, sí, pero no aparecen como simples floreros. El humor, la ironía y los guiños a anteriores entregas están presentes con la aparción de un rejuvenecido Q, o el mítico coche Aston Martin.

Los escenarios de esta nueva aventura se sitúan en Turquía, China, Inglaterra y Escocia; y entre los actores destacan las interpretaciones de Ralph Fiennes, Ben WhishawAlbert Finney. La cinta dirigida por Mendes asienta la figura de Bond y lo hace algo más creíble, apoyándose en un elenco más solido que en filmes anteriores.

Daniel Craig protagonizará, al menos, otros dos cintas sobre el personaje que acaba de cumplir 50 años en la gran pantalla. Ni la Guerra Fría, ni el Muro de Berlín… ni la crisis puede con el agente secreto cuyo hobby es “resucitar”. Amén.

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Borja Echeverría, un cineasta de lavar y enmarcar

Lleva 15 años en Madrid, pero siempre que puede vuelve a su Zaragoza natal. Este pasado fin de semana estuvo en la capital aragonesa, donde tuvo tiempo de pasarse por La Peluquería, un lugar que tiene mucho que ver con su ópera prima ‘Qué pelo mas guay’, un filme que transcurre en una peluquería y que está basado en la exitosa obra teatral que la compañía Sexpeare lleva representando en Madrid desde hace una década.

La huella audiovisiual de Borja Echeverría es heterogénesa: desde cortometrajes como ‘Salva el mundo’, al documental ‘Amanecer eterno’, pasando por diversos trabajos como director y realizador en Antena 3 y Televisión Española. 

Los indicios conducen esta vez a un largo irreverente que, a juzgar por el éxito cosechado en los pases privados que tuvieron lugar en Madrid, será toda una sensación en su estreno internacional en Sitges. El director del festival, Ángel Sala, quedó impactado con la cinta y decidió incluirla en la sección Nuevas Visiones, una de las más prestigiosas de esta importante cita con el género fantástico.

‘Qué pelo más guay’ es una comedia fantástica, o una fantástica comedia. En palabras de su autor: “Un mezcla entre ‘Pulp Fiction’, ‘Regreso al futuro’ y ‘La vida Brian’.

El filme arranca con Fran y Eddie, dos gánsteres de poca monta que pretenden vender una maleta repleta de droga. Para ello, han preparado un encuentro con un comprador en una peluquería abandonada a las afueras de la ciudad.

Para adaptar la obra teatral homónima de la compañía Sexpeare, el equipo de la película se preparó a fondo, rodando de noche para evitar ruido, y adaptando un guión cuyo proceso de escritura se prolongó durante dos años.

Santiago Molero y Rulo Pardo son los dos únicos actores de ‘Qué pelo más guay’. La pareja protagonista cambió las tablas por el set de rodaje para interpretar los seis personajes que aparecen en el filme.

En defensa de la comedia

El director Borja Echeverría acudió a siete representaciones seguidas antes de asumir el difícil reto de llevar a la gran pantalla el montaje. “Me estoy convirtiendo en un talibán de la comedia” afirma el realizador, quien defiende, además, la necesidad de hacer cine de humor, uno de los géneros más difíciles y menos considerados.

“Gracias a festivales como el de Tarazona, y a personas como Raúl García Medrano, su director, se pone en valor este tipo de cine. Es un género muy complicado que no tiene dobleces: si haces una comedia y la gente no se ríe, has fracasado”, añade.

‘Que pelo más guay’ combina el humor con una intensa trama. Echeverría advierte de que “hay que sacrificar algunas carcajadas para no perder detalles de la historia”.

Una cinta de corte y recorte

Pese a la dificultad añadida de poder materializar en la actualidad proyectos audiovisuales, el director zaragozano ha conseguido rodar un largo “con poco dinero y mucha ilusión”, asegura. “Algo tiene que cambiar. El cine español no puede competir con la maquinaria publicitaria de la industria norteamericana -subraya-, por lo que hay que explorar nuevos canales como Internet, festivales, televisiones…”.

El filme ha sido autofinanciado, y en su equipo de rodaje figuran varios nombres aragoneses: Sergio Zamarvide y Ernesto Sánchez (Wad Studio, Telephunken), Raúl Acín, Ángela González y Ernesto Sánchez.

Entre los próximos proyectos de Borja Echeverría está la realización de otra comedia basada en un guión escrito por él mismo y titulado ‘El día que Keith Richards se cayó de un cocotero’. Pero antes, habrá que acudir a Sitges para poder exclamar: “¡Qué peli más guay!”.

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Los cuatrocientos golpes

La actualidad es como un ’remake’ de los malos. Un filme de serie B infumable. Tras una serie de escenas, a cual peor, sucede la secuencia en la que un presidente del Gobierno le rinde cuentas al Rey, ‘in extremis’, para anunciar después que prorrogará la ayuda de 400 euros a los parados de larga duración, “mejorándola”.

Los más de 200.000 desempleados que perciben esta ayuda del Plan Prepara, una vez que han agotado la prestación por desempleo preferirían, seguramente, no tener que hacerlo. Desearían no haber perdido sus empleos y su confianza en las garantías sociales.

La realidad supera a la ficción. Como Antoine Doinel, el personaje de la ópera prima de François Truffaut, ‘Los cuatrocientos golpes’, nos encontramos sin rumbo, sin referencia. Ya no se puede creer en los valores establecidos, ni en la educación, la sanidad, la jusitcia, porque se están destruyendo.

Se nos anima a salir fuera de España. Otra diáspora y otra generación perdida. Vente a Alemania, Pepe, pero vente preparado porque si no te vas a comer los mocos.

En la secuencia final del cineasta francés, el pequeño Doinel huye hasta llegar a un playa. El mar. Y, entonces, ¿qué sucede? Que la realidad vuelve a superar a la ficción y se dan casos como el de Azucena Paredes, una joven desahuciada con tres hijos a su cargo, su madre y su abuela, que sobreviven gracias a una familia noruega que, al ver la noticia por televisión, decidió ayudar enviándoles 400 euros al mes.

Se nos acusa de hacer las mil y una para aprovecharnos del Estado. Por ello se nos hostiga y se nos despoja de los derechos sociales por los que tanto se luchó en el pasado. Y lo único que hicimos fue seguir el dictado del Gobierno: “cómprese una vivienda, cámbiese de coche, estimule el consumo…”. Y no nos dimos cuenta de que estábamos sobreactuando bajo una dirección pésima.

Todo esto podría formar parte del guión de una película, pero resultaría imposible producirla. Además, a partir de septiembre, nadie irá a verla porque cada vez habrá menos salas donde exhibirla.

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Germán Roda, nominado en el Notodofilmfest

Es uno de los cortometrajes más visto en internet y está entre los ocho finalistas en la X edición de los premios Notodofilmfest, uno de los concursos internacionales de cortometrajes más importantes que se organizan en España. Se titula ‘Mi papá es director de cine’, y es candidato a dos de los premios que otorga el festival.

Esta pequeña obra maestra está dirigida por Germán Roda, director granadino formado en Zaragoza, y protagonizada por la pequeña gran actriz Alba Roda. Padre e hija han creado esta historia de humor impregnada de una intensa carga interpretativa.

La joven intérprete asegura que “mi padre lleva toda la vida haciéndome la vida imposible”. Alba actúa siempre bajo las órdenes del director, sin descanso, como Meryl Streep. Es una actriz de carácter, con una prometedora carrera si su padre -y la crisis- no malogra su talento artístico.

La cinta está nominada al Gran Premio del Jurado, un galardón dotado con 10.000 euros  y una beca de un mes de producción de televisión en el Canal 7 de Jalisco (México).

Además, también opta al Premio Filmin, consistente en la promoción en internet y la edición en DVD por Cameo, Versus o Avalon, acompañando alguno de sus estrenos.

El concurso Notofilmfest nació por una idea original del cineasta Javier Fesser, y entre sus premiados en ediciones anteriores figuran los directores Daniel Sánchez Arévalo, Nacho Vigalondo y Rodrigo Cortés. El jurado de este año está compuesto por Daniel Calparsoro, Jaume Balagueró, Juan Carlos Fresnadillo, Patricia Ferreira, Víctor García León y Javier Fesser.

Germán Roda fue recientemente premiado en el Festival Internacional de Cine Humberto Solas de Cuba 2012 con la Mención Especial del Jurado por su película ‘El encamado’, y fue candidata en la I Gala de los Premios Simón del cine aragonés, en la categoría de mejor largometraje y mejor interpretación.

En la actualidad, rueda un documental basado en el libro ‘La estación espía’, del periodista de HERALDO, Ramón J. Campo.

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Cinecittà sigue soñando

 

A Sergio Casado, y a todos sus compañeros de los cines Renoir,
por habernos hecho soñar durante todos estos años

Hace menos de un mes pude visitar los estudios Cinecittà, la fábrica de sueños donde se rodaron algunas de las mejores películas de la historia del cine. El texto que sigue a continuación apareció en el suplemento ‘Artes y Letras’ de la edición impresa de Heraldo de Aragón, el pasado 3 de mayo de 2012.

Es la ciudad del cine italiano, un escenario onírico donde el director Federico Fellini fijó su segunda residencia y filmó gran parte de sus películas. La fábrica de sueños que desde la década de los 50 se convirtió en el ‘Hollywood del Tíber’ acaba de cumplir 75 años desde que abrió sus puertas. Tres cuartos de siglo en los que los estudios han atravesado por etapas muy distintas, llegando casi a la desaparición de sus míticas instalaciones ubicadas en la Vía Tuscolana 1.055, a las afueras de Roma.

Desde el pasado año, los estudios son accesibles para el público gracias a la exposición ‘Cinecittà si mostra’, un interesante recorrido por la historia del cine, visitando algunos de los sets y escenarios de películas, como el de ‘Gangs of New York’, ‘Roma’ o ‘San Francisco de Asís’. Entre sus tesoros, se muestra una colección de vestuario de películas rodadas allí. El vestido que lució Audrey Hepburn en ‘Guerra y paz’, es solo una muestra entre el diverso material de atrezo. En la Palazzina Fellini, uno de sus múltiples edificios, se proyecta un cortometraje que enseña al gran público el proceso de creación y las distintas fases que atraviesa un filme hasta su postproducción. Además, en la sala vip, se pueden ver las primeras pruebas cinematográficas de actores como Sofía Loren, Claudia Cardinale, Raffaela Carrà, Stefania Sandrelli o Ricardo Scamarcio.

«El arma más poderosa»

Los estudios cinematográficos Cinecittà fueron inaugurados por Benito Mussolini el 28 de abril de 1937, en las afueras de las ciudad de Roma, basándose en la idea de del periodista y político Luigi Freddi. Las instalaciones se construyeron a la manera de los grandes estudios de Hollywood, ya que el régimen fascista italiano estaba muy interesado en el cine, un poderoso instrumento para propagar la dictadura del Duce.

«El cine es el arma más poderosa», era la frase que en grandes letras figuraba junto a la tribuna desde la que Mussolini inauguró Cinecittà en una superficie que actualmente ocupa 400.000 metros cuadrados.

Sofia Loren

En ese mismo año se rodó el primer largometraje, ‘Escipión el africano’. Rápidamente se convirtió en el escenario de gran parte de los rodajes de películas italianas de finales de los 30 y de los 40. Por aquel entonces, la familia de artesanos Dangelis ya elaboraba decorados monumentales y figuras de cartón piedra con una maestría que perdura en la actualidad, y que va por la cuarta generación.

Más tarde, en la década de los 50, las grandes estrellas de Hollywood llegaron a los estudios de Vía Tuscolana para rodar ‘Ben Hur’, ‘Quo Vadis’, ‘Cleopatra’, ‘Guerra y paz’… al tiempo que Fellini, Visconti o Pasolini filmaban allí varias de sus películas.

Tras el declive de los estudios en la década de los ochenta, se privatizaron a mediados de los noventa con la intención de recuperar el esplendor del pasado. Ya en el nuevo siglo, resurgieron gracias al rodaje de varias superproducciones norteamericanas como ‘Gangs of New York’, ‘La Pasión de Cristo’, ‘Life Acuatic’, ‘U-571’ o ‘Nine’.

Uno de los lugares en los que se detiene la visita es el edificio que está junto al Teatro 5, donde Fellini rodó algunas de sus películas más importantes. Allí se conserva intacto el despacho en el que prácticamente vivía durante la filmación de sus largometrajes. El ‘Cinque’, es el estudio más grande de Europa, con 3.200 metros cuadrados, y se ubica en el centro de la finca de Cinecittà. Este espacio también aparece en algunos planos del filme de Scorsesse ‘Gangs of New York, quien quiso plasmar así su particular homenaje al gran maestro italiano.

En la factoría italiana se han rodado más de 3.000 películas. 90 fueron nominadas a los premios Óscar y 47 obtuvieron las preciadas estatuillas. Curiosamente, en una de esas miles de cintas, Cinecittà, sin más decorado que sus jardines y edificios, figura en el filme de Luchino Visconti, ‘Bellisima’ (1951), con Ana Magnani, tal vez la mejor de las actrices surgidas del cine italiano.

Un aragonés en Cinecittà

El director zaragozano Alfredo Castellón (Zaragoza, 1930) vivió en Roma y trabajó como meritorio en los estudios romanos en la década de los 60, gracias a una carta de recomendación que Luis García Berlanga le dio para Michelangelo Antonioni.

Otro de los grandes directores que filmó allí es Francis Ford Coppola, en concreto varias esccenas de la fallida ‘El Padrino III’.

Entre los nombres asociados a la historia de Cinecittà se encuentra Sergio Leone, que comenzó como ayudante en el rodaje de ‘Ben Hur’, a finales de los años 50. Leone filmaría en el mismo lugar, más de dos décadas después, ‘Érase una vez en América’, su mejor película.

La superviviencia de Cinecittà se debe, en parte, a la incorporación de la televisión en sus estudios, a partir de 1976. En la actualidad, las producciones para la pequeña pantalla continúan. El plató de la versión italiana del programa ‘Gran Hermano’ se encuentra allí, igual que el de ‘Un medico in famiglia’ (‘Médico de familia’).

Teatro 5

Durante el rodaje del último filme de Woody Allen en Roma, ‘A Roma con amor’, el cineasta norteamericano visitó Cinecittà y dejó impresas las huellas de sus manos en un molde de cemento que formará parte del museo de Cinecittà. En la actualidad los estudios cuentan con una intensa actividad y se ruedan allí varias producciones ittalianas. En el set de Roma, se están filmando escenas de ’Imperium’, el ‘spin off’ de la serie española producida por Antena 3, ‘Hispania’.

Mitos del cine

Cinecittà fue la cuna del neorrealismo, de los grandes directores: Rossellini, De Sica, Fellini, Pasolini, Visconti y de generaciones posteriores de cineastas como Leone, Scola, Moretti. Sin olvidar a escenógrafos como Dante Ferretti, autor de los decorados de ‘Y la nave va’, ‘El nombre de la rosa’, ‘Gangs of New York’…

También es el lugar en el que actuaron las grandes actrices y actores: Elizabeth Taylor, Audrey Hepburn, Sofia Loren, Claudia Cardinale, Ana Magnani, Anita Eckberg, Deborah Kerr, Charlton Heston, Richard Burton, Marcelo Mastroiani, Robert Taylor, Peter Ustinov…

La fábrica de sueños también tuvo sus pesadillas. Fue depósito de armas y ‘campo de concentración’ durante la Segunda Guerra Mundial. Cinecittá está llena de historias fascinantes que por fin se muestran al visitante porque el cine, sin público, sin espectadores, no es nada.

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Cinecittà cumple 75 años

No es Cinecito, sino Cinecittà. Foto: Eva Hinojosa

Los estudios cinematográficos Cinecittà fueron inaugurados por Benito Mussolini el 28 de abril de 1937, en las afueras de las ciudad de Roma. Las instalaciones se construyeron a la manera de los grandes estudios de Hollywood, ya que el régimen fascista italiano estaba muy interesado en el cine, un poderoso instrumento para propagar la dictadura del Duce.

“El cine es el arma más poderosa”, era la frase que en grandes letras figuraba en la tribuna presidencial desde la que Mussolini asistió a la apertura de Cinecittà.

En ese mismo año se rodó el primer largometraje, ‘Escipión el africano’. Rápidamente se convirtió en el escenario de gran parte de los rodajes de películas italianas de finales de los 30 y de los 40. Por aquel entonces, la familia de artesanos Dangelis ya elaboraba decorados monumentales y figuras de cartón piedra con una maestría que perdura en la actualidad, y que va por la cuarta generación.

Más tarde, en la década de los 50, las grandes estrellas de Hollywood llegaron a los estudios de Via Tuscolana para rodar ‘Ben Hur’, ‘Quo Vadis’, ‘Cleopatra’, ‘Guerra y paz’… al tiempo que Fellini, Visconti o De Sica filmaban allí varias de sus pelícuas.

El pasado 14 de abril volví a Cinecittà, cinco años después. Desde el año pasado, los estudios están abiertos al gran público y se puede visitar parte de sus instalaciones. Pero de todo esto y mucho más, hablaré en el suplemento ‘Artes y Letras’, que sale los jueves en HERALDO.

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Au revoir Renoir

Fachada de los cines Renoir. P. Z. D.

Se apagan las luces para siempre en los cines Renoir. De nuevo, otra sala emblemática que desaparece en la capital aragonesa. El cine español nació en Zaragoza hace más de un siglo y, sin embargo, resulta paradójico que sea también un escenario donde muere a cámara lenta.

En las dos últimas décadas, varias salas han corrido la misma suerte: Fleta, Mola, Buñuel, Aragón, Goya… cines donde muchos vimos películas inolvidables. La última vez que estuve en los Buñuel, en 2007, fui el único espectador de la última sesión. A la salida, la taquillera y el acomodador me esperaban para cerrar el cine que, meses después, clausuró para siempre sus salas.

Aquella imagen me reveló que el auténtico drama al que se enfrenta la exhibición cinematográfica en la ciudad no es que no se proyecten buenas películas. Lo realmente importante es que se deja sin empleo a personas. Ahora, el cierre de los Renoir significa el despido de ocho trabajadores. Uno de ellos, Sergio Casado, es quien me puso el acertado mote de ‘Zapatrés’, porque en muchas ocasiones, en las críticas de cine, ponía tres ‘bolos’ en la valoración de las películas.

Los Renoir también fueron sede de uno de los mejores festivales de cine que tuvo la ciudad, y que desapareció para siempre: Cinefrancia. En una de sus últimas sesiones se proyectó, en versión original subtitulada, ’Le grand Bleu’, de Luc Besson. Lo cierto es que en los Renoir se exhibieron muchas obras maestras que jamás habrían tenido cabida en otras pantallas.

La desaparición de estas salas no se debe a que en sus inicios apostara por la versión original o por el cine de autor. De hecho, en los últimos tiempos se había adaptado a las exigencias de la cartelera con algunos títulos más o menos exitosos comercialmente. Pese a sus intentos por salir a flote, los Renoir se extinguen del mismo modo que lo hace la cultura en este momento.

Vivimos un periodo de ’recortadura’ en el que se pierden empleos, derechos laborales y se desprecia la cultura. La película se ha acabado, se han encendido las luces y nos hemos quedado dormidos en la butaca. No despertamos de esta pesadilla.

¿Cuándo cambiaremos la muletilla ‘con la que está cayendo’ por ‘hasta aquí llegaron las aguas’? El Titanic vuelve a hundirse en el cine, ahora en 3D, y la orquesta sigue tocando mientras sucede el naufragio, como si nada.

En el sector cinematográfico, igual que en el resto, cada día más profesionales pierden su trabajo mientras caemos en un profundo sueño, como en ‘La invasión de los ladrones de cuerpos’. Y no nos enteramos de qué va la vaina.

El próximo día 10 de mayo tendrá lugar la última sesión. No servirá de nada, pero sería un bonito gesto organizar una quedada entre las gentes del cine y la cultura, y asistir al último pase de los Renoir, donde tanto hemos soñado y aprendido.

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