CARMEN SERRANO
Zaragoza, 1980. Dos hombres y una mujer operan a un perro en un quirófano de extrañas dimensiones. Todo es de miniatura: el material quirúrgico, la máscara de la anestesia, la mesa misma de operaciones, la incisión, incluso, que le han hecho al animal… Pero, ¿qué hacen? Al perro no le pasa nada. Días antes paseaba tranquilamente por la calle. Además, esto no es un hospital veterinario.
Tres décadas más tarde, José Ramón Morandeira y Marta Navarro Zorraquino, aquellos médicos que, junto a Ricardo Lozano Blesa, experimentaban con perros callejeros para ensayar la cirugía y los tratamientos que aplicarían después a humanos, nos cuentan que andaban practicando la cirugía mínimamente invasiva.
Lo hacían en un edificio prefabricado, en el que “faltaba de todo”, apunta Morandeira, contiguo al entonces nuevo Hospital Clínico de Zaragoza, que tomó el nombre de quien promovió su construcción, Lozano Blesa. Era el barracón en el que se guardaban las ranas que servían para los test de embarazo. Y, sin darse cuenta, estaban ‘incubando’ una unidad de cirugía experimental que, treinta años después, llegaría a ser un servicio de referencia en España.
El neurólogo José Ramón Morandeira, ‘padre’ de la medicina de montaña en Aragón, explica que “los cirujanos y sus antecesores, anatómicos y barberos, siempre necesitaron echar mano de la cirugía experimental para perfeccionar sus habilidades manuales”. Recuerda que antes, además de perros, utilizan para ello material de desecho de los quirófanos del Clínico.
Un trato exquisito
Hoy, esas instalaciones experimentales han cambiado mucho. Por sus quirófanos pasan peces, roedores pequeños, conejos, cerdos, ovejas y también perros. A los animales se les dispensa allí un trato exquisito. Una legislación bien estricta vela por su bienestar. Para comprobarlo, pasamos por allí y encontramos a una rata anestesiada, rasurada, desinfectada, tendida en la mesa quirúrgica, arropada con una manta que mantiene su cuerpo a 37 grados centígrados y con todo esterilizado a su alrededor.
Sergio López, un cirujano pediátrico del Hospital La Paz de Madrid, le está haciendo a la rata un trasplante de intestino. Le acompañan anestesista y enfermera. La operación dura mínimo tres horas y, con ella, practican la microcirugía necesaria para realizar este tipo de trasplantes en niños. Estas prácticas forman parte de un proyecto que dirige la investigadora Marta Navarro Zorraquino, pionera en el campo de la inmunología en cirugía.
Morandeira se muestra rotundo: “Si queremos avanzar en cirugía es imprescindible recurrir a estas prácticas”. Vale con recordar las diez horas que hace una década duraba un trasplante hepático, operación que, en la actualidad, se resuelve en tres horas.
“Antes de llegar al humano, toda operación ha de superar las cincuenta horas de experimentación animal”, explica Cristina Pastor, técnico de área de esta unidad de cirugía experimental. “Por aquí pasa toda la cirugía mínimamente invasiva -enumera-, la adquisición de habilidades con laparoscopia, la microcirugía necesaria para efectuar trasplantes de órganos, para reimplantar manos…”.
El sistema inmunológico de la rata es muy parecido al del humano, por eso se afronta con ella el reto del trasplante de intestino, el órgano que mayor rechazo provoca. Pero es que el intestino también rechaza al receptor (enfermedad de órgano contra huésped). “Y esto está aún por resolver”, apunta Marta Navarro, recién elegida miembro de la European Academy of Sciences and Arts.
Otro trasplante problemático, y que aún no se realiza en Aragón, es el de páncreas, aunque los cirujanos, como Agustín García-Gil, ya llevan más de cincuenta horas de experimentación con cerdos en la unidad zaragozana. Y es que la investigación a este respecto está más enfocada hacia los métodos de preservación del órgano; es muy lábil y sus células son difíciles de conservar entre extracción e implante.
Nacidos para la experimentación
Los animales que se prestan a estas intervenciones proceden de granjas especializadas, dedicadas a la cría de animales para experimentación. “Se solicitan y vienen con su historia clínica y, si se precisa, con su filiación -cuenta Cristina Pastor-. Y, antes de hacer nada con ellos, están siete días en el estabulario, en un ambiente muy tranquilo, donde se les esteriliza hasta la cama y se le da de beber, antes de la operación, suero glucosado y gelatina”.
Precisamente, el Real Decreto que entrará en vigor en 2013 lleva al límite los requisitos de estabulación, “abunda más -según Pastor- en la calidad del cuidado de los animales”. Y, tras ser empleados para la experimentación, se sacrifican por procedimientos eutanásicos. Tiene la unidad una cámara morgue a veinte grados bajo cero, donde se guardan hasta que son recogidos para su incineración.
Esta unidad mixta de experimentación animal de la Universidad de Zaragoza y el Hospital Clínico funciona, como tal, desde 1987. Hoy depende de la Universidad, del Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud y del Instituto de Investigación Sanitaria de Aragón. En ella se desarrollan estudios de medicina regenerativa, trasplantes, telecirugía robótica, validación de moléculas para medicamentos…
Para el médico y alpinista José Ramón Morandeira, estas unidades son imprescindibles incluso “para las manos más expertas”. Y asegura que “quien es bueno en algo, y no intenta cada día ser un poco mejor, pronto deja de ser bueno”.
Foro de innovación
Todo esto fue puesto sobre la mesa en la Facultad de Medicina de Zaragoza, donde el pasado viernes se celebró un Foro de Innovación en Biomedicina: Avances en Cirugía Experimental. El objetivo, poner en contacto a los científicos con la industria del sector, para favorecer la traslación del conocimiento y su aplicación a la práctica clínica. Intervinieron, cómo no, José Ramón Morandeira, Agustín García-Gil, Marta Navarro, Pedro González Ramos y Ángel Borque, entre otros.
Se expusieron avances y retos, mientras se espera la puesta en marcha del Centro de Investigación Biomédica de Aragón (CIBA), que está siendo construido justo al lado de las actuales instalaciones de experimentación animal. Este nuevo centro supondrá la necesaria reunión de medios y profesionales que se precisa para el progreso de la ciencia.


















