A veces, en las encuestas queremos conocer cuestiones delicadas, como el porcentaje de gente que consume drogas. Si hacemos esta pregunta directamente es probable que no contesten o que mientan. ¿Qué podemos hacer en estos casos? Hay una solución sencilla, que es el objeto del desafío estadístico del mes.
Queremos estimar el porcentaje de gente que consume drogas. Tomamos una muestra de 200 individuos y le decimos a cada uno: «Piense un número: el 1 o el 2, pero no me diga cuál es». Ahora le hacemos la pregunta y le decimos: «Si el número que pensó es el 1, diga la verdad, pero si pensó el 2, responda que sí aunque sea falso». Así es imposible que sepamos si realmente consume drogas o no y el entrevistado no tiene necesidad de mentir. Si realizamos este procedimiento y 110 personas responden sí, ¿qué porcentaje aproximado de personas consume drogas?
Una variante del procedimiento anterior es: «Piense en un número del 1 al 3. Si ha pensado el 1, responda la verdad, pero si ha pensado el 2 o el 3, mienta». Si 120 personas responden «sí», ¿cómo estimamos el porcentaje de gente que consume drogas? Les hemos pedido pensar en un número del 1 al 3, y no entre el 1 y el 2 como antes, ¿encuentras una razón para ello?
Envía tus respuestas a milenio@heraldo.es -con el asunto ‘Desafíos estadísticos ‘- antes del 22 de abril. Entre quienes den la respuesta correcta, sortearemos tres libros de matemáticas divulgativas, por gentileza de las editoriales Graó y RBA. La solución, el 30 de abril. ¡Anímate y participa!
F. JAVIER LÓPEZ Dpto. de Métodos Estadísticos. Universidad de Zaragoza
El mes pasado lanzamos nuestro primer desafío estadístico:
Tenemos bolas blancas y bolas negras imposibles de distinguir al tacto. Metemos
varias de estas bolas en una bolsa. A continuación, sacamos de la bolsa dos
bolas simultáneamente y queremos que la probabilidad de que sean del mismo color
coincida con la probabilidad de que sean de colores diferentes. ¿Cuál es el
número mínimo de bolas que nos permite lograrlo?, ¿hay más de un forma de
conseguirlo? Si hay más de una, determina la forma general de la solución.
SOLUCIÓN: El menor número de bolas es cuatro, tres de un color y una del otro.
Psiquiatras y psicólogos pasan página en la historia de las terapias, queriendo dejar atrás el planteamiento de rectificar errores y cambiar situaciones y acoger la nueva corriente de aceptación y compromiso. No tenemos que huir del sufrimiento, tampoco enfrentarnos a él. Hay que sentirlo plenamente y aprender a convivir con él, pero no como una víctima sino como un superviviente. Aceptar lo que no se puede cambiar te hace fuerte y más libre. Comprometerte con situaciones dolorosas te otorga, al final, una satisfacción superior, como dice el terapeuta José Antonio Guallar, a la que aportan el consumo o la diversión. Después de todo, volvemos la vista a las filosofías orientales. Y así, Occidente descubre los poderes de la meditación y los científicos constatan su poder terapéutico. La llaman mindfulness, para desvincularla de aspectos religiosos y espirituales. En su laicismo y carácter científico, esta técnica de atención plena en el momento presente, nos ayuda a no quedarnos enredados en los pensamientos, a no ‘rumiar’ lo que realmente no existe más que en nuestra mente y a sanar así nuestros males, psíquicos y físicos, porque van unidos.
Para presentar la nueva Terapia de Aceptación y Compromiso, he realizado junto a Javier Cebollada (somos Comunicaciones Mil) el reportaje audiovisual ‘Sí, quiero’, en colaboración con la Fundación Genes y Gentes. Esta entidad se dedica a la atención de niños discapacitados y sus familias, la mayor parte de ellos afectados por síndromes poco frecuentes. Nos animaron a la realización del vídeo el taller terapéutico que estos padres realizan en estos momentos y la celebración en 2013 del Año Internacional de las Enfermedades Raras. Hemos querido poner así nuestro ‘granito de arena’ en la divulgación de estas enfermedades aún tan desconocidas.
Aprovechando que en 2013 se celebra el Año Internacional de la Estadística, desde Tercer Milenio propondremos cada mes un desafío relacionado con la incertidumbre. Aquí va el primero:
Tenemos bolas blancas y bolas negras imposibles de distinguir al tacto. Metemos varias de estas bolas en una bolsa. Posteriormente, sacamos de la bolsa dos bolas simultáneamente y queremos que la probabilidad de que sean del mismo color coincida con la probabilidad de que sean de colores diferentes.
¿Cuál es el número mínimo de bolas que nos permite lograrlo?, ¿hay más de un forma de conseguirlo? Si hay más de una, determina la forma general de la solución.
Envía tus respuestas a milenio@heraldo.es –con el asunto ‘Desafíos estadísticos’– antes del 15 de marzo. Entre quienes den la respuesta acertada, sortearemos tres libros de matemáticas divulgativas, por gentileza de las editoriales Graó y RBA. La solución, el 26 de marzo. ¡Anímate y participa!
La Agencia Espacial Europea tantea con el estudio de arquitectura de Norman Foster la posibilidad de que la primera base en Luna pueda fabricarse in situ, con suelo lunar como material e impresión 3D como tecnología. En los laboratorios de medicina regenerativa se trabaja para imprimir incluso órganos completos.
Pero, por fascinantes que sean estos proyectos, lo que de verdad hipnotiza es ver en funcionamiento una impresora 3D doméstica.
Capa a capa, un objeto va creciendo, de abajo arriba, ante nuestros ojos. “Ver cómo aparecen objetos delante de ti es algo mágico, como traído de una película de ciencia ficción”, dice Juan González, ‘Obijuan’, creador de la comunidad hispana de impresión 3D Clone Wars.
Dicen los entusiastas seguidores de esta tecnología que “cuando te construyes una impresora 3D, el mundo ya no es el mismo. Todo es imprimible“.
Tener en casa esta pequeña fábrica juega con las palabras hasta llegar a un nuevo concepto: la artesanía digital. De nuestro ‘horno’ doméstico puede salir cualquier cosa que hayamos sido capaces de diseñar o que nos hayamos bajado del ‘universo de las cosas’, Thingiverse, una galería de objetos 3D, o de RascomRas.
Pero el ‘yo me lo guiso, yo me lo como’ (el DIY, Do It Yourself) va más allá, porque las impresoras 3D open source se reproducen. Imprimen las piezas de sus ‘hijas’ o clones, que son “plástico de su plástico”.
Este fin de semana, una auténtica legión de expertos y aficionados a la tecnología abierta desembarca en Zaragoza para encontrarse en Etopia Maker Show, que ha colgado el cartel de completo. Allí habrá más de 25 impresoras 3D en funcionamiento y se construirá una cúpula geodésica de forma colaborativa.
¿Por qué hay en España veinticinco millones de smart phones y sólo un doce por ciento de los usuarios de la sanidad utilizan aplicaciones de telemedicina? La incógnita sobrevoló desde el principio un encuentro de expertos en el Centro de Investigación Biomédica de Aragón (CIBA). El personal sanitario y los investigadores presentes en la sala respondieron sin titubear: “Porque no son fáciles de usar”.
Y los ingenieros informáticos, empresarios y representantes de las administraciones públicas que acudieron a la cita del CIBA aceptaron la crítica y, según dijeron, también el reto de llevar las aplicaciones sanitarias a los dispositivos móviles de todos los pacientes españoles.
La médico de familia e investigadora Rosa Magallón aportó la visión asistencial de la tecnología: “La falta de unificación de la historia clínica electrónica genera un auténtico caos. No hay manera de acceder a la historia clínica en AP cuando el paciente cambia de comunidad”. Ni siquiera se adapta la historia de AP con la de Especialidades, que está todavía más en sus comienzos.
“El sistema de historia clínica de Aragón no es fácil de utilizar”, opinó Magallón, porque, dijo, “su consulta exige demasiados pasos”. Pese a todo, no fue la única en la sala que reconoció grandes avances, aunque lentos, en este sentido, teniendo en cuenta que todo se ha hecho con recursos propios y apenas inversión.
Y hubo quórum: los profesionales de la salud tienen que opinar en el desarrollo de aplicaciones biomédicas, porque no vale con lo que piensa el ingeniero.
El jefe de Informática del Hospital Clínico de Zaragoza, Fernando Bergua, aseguró que “se han hecho muchas cosas con muy pocos recursos”, tanto en historia clínica como en receta electrónica. “Las nuevas aplicaciones se están generando en los centros de salud. Toda la información está digitalizada y sirve de comunicación horizontal. Todas las pruebas diagnósticas son visibles en cualquier centro de Aragón. Y queremos poner en contacto también hospitales, incluso laboratorios”.
Ignacio Martínez Ruiz, asesor en salud de la empresa Goodday Solutions, se comprometió a “lograr la transferencia real de los datos de las historias clínicas digitales, que hoy por hoy no llegan si el equipo no está conectado”. Martínez Ruiz confía en que “la telemedicina puede evitar muchas visitas, aun reconociendo el valor de la relación médico-paciente, y reducir en un 45% la mortalidad en enfermos crónicos”.
Hablando de obstáculos a salvar, Iñaki González Rico, director TIC de la MAZ (Mutua de Accidentes de Zaragoza), explicó que la digitalización de toda su documentación “llevó mucho tiempo. Y había además que diseñar el equipo que el personal sanitario llevaría en la mano, aunque siguiera operando en el ordenador de su despacho”. En la MAZ eligieron el iPad.
La simbiosis informáticos-profesionales de la salud parece por tanto ineludible, aunque de entre el público reunido aquel día en el CIBA surgieron voces de duda: ¿No estaremos sobrevalorando las tecnologías y olvidándonos del apoyo humano, del respaldo del entorno y el afecto? Entonces, los expertos aseguraron que las tecnologías pueden servir para ‘escanear’ los problemas y definirlos, aunque luego el abordaje de los mismos tenga que ser más humano, más de potenciar los entornos afectivos.
Éstas son algunas de las APP médicas presentadas en el foro del CIBA:
Plataforma de Hemofilia de Microhealth: para pacientes, aunque también para investigadores, médicos y familiares. Es una apuesta por la personalización del producto. Puede funcionar como una red social y tiene también foro de pacientes para preguntas y respuestas, controlado por profesionales sanitarios. La usan ya 20.000 pacientes en EE.UU., en fase piloto. La empresa piensa ya en qué otras enfermedades puede funcionar una plataforma como ésta.
Cocachip de AlphaSIP: para detección de drogas en emergencias a través de la saliva. Esta empresa ha desarrollado también un detector de infartos para las ambulancias. Su director, Miguel Ángel Roncalés, opina que “el conocimiento te permite mejorar el mundo” y que “no hay que perder de vista el aspecto humano de las aplicaciones; aunque trabajemos en chips”.
De la Red de Investigación en AP, presentadas por Javier García-Campayo, tres aplicaciones:
Para personas con alzhéimer, dispositivo móvil con el que puede seleccionarse el área geográfica (por GPS) por el que puede moverse el individuo. Y cuando éste sale de ese área, salta una alarma y se comunica al paciente mediante audio y luz que debe volver a casa, con una información previamente programada. Y la alarma puede instalarse también en el móvil del cuidador.
Mindfulness (meditación), una aplicación para la atención plena, como técnica de psicoterapia laica y científica. La app enseña al usuario esta técnica, que ha de practicarse treinta minutos diarios durante al menos tres meses. Es una práctica para ‘resetear’ el cerebro y no quedarse atrapado en determinados pensamientos. Así, la app te enseña, dirige la práctica, dispone de alarmas, permite la práctica en red y también la monitorización psicológica y neurofisiológica, además de información al respecto y ayuda en situaciones difíciles (para desconectar y mantener la calma). Este grupo colabora actualmente con la Universidad San Jorge en un estudio sobre la ayuda a nivel corporal que aporta la técnica Mindfulness.
Para detectar la adicción a Internet de nuestros adolescentes. La app da al usuario (padres) información rápida sobre qué ha hecho nuestro hijo en la red. Y alerta sobre el nivel de riesgo (por el tipo de páginas que consulta), siempre con ayuda de profesionales detrás.
El proyecto ENCODE (acrónimo en inglés de Enciclopedia de Elementos de ADN) ha revisado la parte del ADN que para el proyecto Genoma no tenía función aparente, era ADN basura, encontrando que el 80% del genoma tiene algún tipo de actividad bioquímica.
ENCODE ha sido financiado con casi 200 millones de dólares por parte del NIH (Institutos Nacionales de Salud, en los Estados Unidos) y ha generado cerca de 15 terabytes de información. La comunicación de los resultados no podía ser convencional. Para hacerlo, los datos se publicaron simultáneamente mediante 30 artículos en tres de las revistas más prestigiosas, junto con otros trabajos accesorios en diversas revistas también del más alto impacto. Y, siguiendo con una tendencia creciente, toda la información se encuentra disponible en abierto, en lo que se ha dado en llamar open access. De esta forma, cualquier científico puede acceder a los datos y cotejarlos con los suyos, permitiendo así avanzar más rápidamente en las investigaciones. Además, el portal web de ENCODE permite seguir informaciones específicas a través de ‘hilos’ que guían al visitante entre la maraña de todas las publicaciones. Y, en un esfuerzo de transparencia, han diseñado una ‘máquina virtual’ que permite seguir el proceso de análisis que los científicos realizaron. Solo una pega se les ha puesto: varias publicaciones, para poder ser simultáneas, se demoraron entre seis meses y un año, privando de consultar esos datos a muchos científicos con investigaciones en marcha.
Los mayas corren el riesgo de pasar a la historia como la civilización que se confundió al predecir que el final del mundo llegaría en diciembre de 2012. Y ello a pesar de sus impresionantes descubrimientos astronómicos, que incluyen un refinadísimo calendario anual, así como la comprensión del mecanismo de las fases de la Luna, los eclipses o el carácter cíclico del movimiento de los planetas y sus conjunciones.
Pero todos estos avances no sirven de nada cuando los profetas más ineptos de una civilización posterior -la nuestra- se empeñan en propagar el malentendido. Porque lo único que se acaba en diciembre de 2012 es la llamada «cuenta larga» del calendario maya, algo similar a lo que ocurrió cuando, en el año 2000, nuestro calendario completó, en medio de la expectación general, uno de sus llamativos ciclos de mil años. Por ello, la probabilidad de que el mundo se acabe al final de 2012 es exactamente la misma que la probabilidad de que el mundo no existiera antes del 3113 antes de Cristo, que es cuando, según nuestro calendario, comienza el actual ciclo de la cuenta larga. Y, lo que es peor, no existen evidencias de que los propios mayas asociasen el final de estos ciclos a catástrofe alguna, sino más bien al contrario porque, al igual que los más optimistas de entre nosotros, solían aprovechar para organizar una fiesta.
Al fin y al cabo, estas profecías escatológicas no son más que brotes interesados de ‘pensamiento cenizo’, como el que observamos en esos escritores que anuncian el final de la literatura para el día en que se les acabe la tinta del bolígrafo, o los politólogos que declaran la llegada del fin de las ideologías en el momento en que los suyos se hacen con el poder.
Hidrogenesse canta a Alan Turing (1912-1954) en su disco ‘Un dígito binario dudoso’. Deliciosa la ‘Historia del mundo contada por las computadoras’:
En su web dan cuenta del proceso creativo que pasea por la vida y obra del matemático inglés.
Desde la pérdida de su mejor amigo en el instituto, Chistopher Morcom, el único compañero de clase con su mismo interés por la ciencia y las matemáticas.
Al hoy popular CAPTCHA, acrónimo de Completely Automated Public Turing test to tell Computers and Humans Apart (Test de Turing público y automático para diferenciar máquinas y humanos). Ese código distorsionado que se nos pide que tecleemos al acceder a ciertas aplicaciones web para demostrar que somos una persona y no un programa.
En Tercer Milenio, dedicamos a Turing una serie de artículos:
Y en la parte sumergida de varias de las entrevistas que hemos hecho durante 2012, también encontramos a Turing.
Conversando sobre inteligencia artificial, preguntamos a José Hernández Orallo, profesor del Departamento de Sistemas Informáticos y Computación de la Universidad Politécnica de Valencia, en qué sentido sigue hoy vigente el test de Turing. Y aprovechó para aclarar que “el test de Turing nunca ha estado vigente como un test efectivo, incluso aunque se hayan realizado muchas recreaciones, competiciones y variantes. Alan Turing no lo planteó como un test de inteligencia, sino como un argumento filosófico (ciertamente muy brillante) para poder entender qué es la inteligencia y para mostrar que no existe ninguna razón para negársela a las máquinas, el día en que la tengan”.
Al comentar si la visión antropocéntrica lastraba la creación de sistemas artificiales inteligentes, recordó que, en la Edad Media, no se consiguió hacer ninguna máquina que volara, en parte porque se intentaba imitar a los pájaros. Este símil nos sirve también para abordar el propósito de Turing: distinguir máquinas de humanos. “Nadie duda de que los aviones vuelan (y más alto y rápido que los pájaros), pero todavía no hemos conseguido ningún avión que sea indistinguible de un pájaro. Una cosa es volar y otra cosa es ser un pájaro, del mismo modo que una cosa es ser inteligente y otra cosa es ser humano“.
Hablando con Javier Maciá, profesor en la Universidad Pompeu Fabra y miembro del grupo de Sistemas Complejos sobre vida artificial, también asomó Turing. Maciá reconocía que, “pese a haber sido una de las mentes más brillantes del siglo XX, Alan Turing sigue siendo un gran desconocido para la gran mayoría de las personas”. Destacó que, en el campo de la biología, desarrolló la teoría de la formación de patrones espaciales. “La formación de patrones espaciales es una pieza clave en el desarrollo de los organismos a partir de la primera célula embrionaria. Sin embargo, pese a que hay múltiples resultados previos que parecen indicar que la teoría formulada por Turing es correcta, aún no hay una clara e indiscutible evidencia experimental de la misma”. Maciá espera que, “gracias a las nuevas técnicas biomoleculares aplicadas a la biología sintética, podamos crear patrones de Turing experimentalmente y así poder testar su teoría”.
Un tema de Hidrogenesse evoca el triste final de Alan Turing. Con apenas 40 años, en 1952, fue condenado por tener relaciones homosexuales. Tuvo que escoger entre ir a la cárcel o someterse a un tratamiento de castración química. Eligió lo segundo. Dos años más tarde, se suicidó mordiendo, como Blancanieves, una manzana impregnada con cianuro.
‘El beso’ trata de ser el antídoto capaz de despertar a Alan Turing, por eso su sonido evoca el ‘toc-toc’ que llama a su puerta.
Los investigadores salen hoy a la calle a encontrarse con el público. Darán a conocer su trabajo a través de exposiciones y charlas, pero también hablarán de su vocación y de sus aficiones.
La Noche de los Investigadores se celebra por segunda vez en Zaragoza, en esta ocasión en nuevos escenarios desde los que se podrá conocer cómo se investiga en la Agencia Espacial Europea (16.00 en la Plaza de San Francisco), construir nuestra molécula favorita en 3D (taller a las 17,15 en la plaza de San Francisco), asistir a un espectáculo científico (22.00, Las Playas) o a un concierto de Los Gandules. (23.45 Las Playas).