Ciencia Remix: un espacio para científicos ciudadanos y mentes matemáticas

Por LUCÍA V. SEGARRA

Para ayudar directamente en la investigación contra el cáncer de mama ya no hace falta ser médico ni biólogo. Ahora es posible gracias a Cell Spoting, uno de los proyectos de ciencia ciudadana en el que podrán participar los visitantes de Ciencia Remix, la exposición permanente de divulgación científica inaugurada hoy en el Centro de Arte y Tecnología de Etopia.

LOGO y DIDACTICO
La exposición, desarrollada de forma conjunta por el Ayuntamiento y la Unviersidad de Zaragoza, cuenta con dos zonas: ciencia ciudadana y matemáticas. Se podrá visitar de lunes a viernes de 17.00 a 21.00 y los sábados de de 10.00 a 14.00. El Bifi (Instituto de Biocomputacion y Física de Sistemas Complejos) de la UZ y la Fundación Ibercivis han desarrollado la parte de ciencia ciudadana. Que la sociedad participe en la investigación científica de forma personal es el leitmotiv de esta parte de la exposición: experimentos donde el participante es el protagonista y cada una de sus acciones aporta valor al grupo investigador.

Los visitantes podrán encontrar en esta zona actividades para ayudar en la investigación y prevención de epidemias, observar de cerca el Sistema Solar o adentrarse en el parque nacional Serengueti, en Tanzania. También experimentarán con muelles, péndulos y poleas, podrán simular el movimiento de los átomos en un proceso de fusión nuclear o incluso medir su nivel de felicidad.

Matopía, la zona matemática de la exposición, desarrollada por el Departamento de Métodos Estadísticos y por el Instituto Universitario de Matemáticas y Aplicaciones, consta de dos proyecciones: Martemáticas y Suertes. La primera, diseñada para mostrar las relaciones actuales, pasadas y futuras entre las matemáticas y el arte, mientras que Suertes se centra en el azar y la estadística. Ambas cuentan con actividades interactivas para acercarse a las matemáticas observando formas geométricas en mosaicos, participando en diferentes juegos de estrategia o diseñando superficies en 3D a raíz de diferentes algoritmos.

Ciencia Remix ofrecerá talleres y la posibilidad de realizar visitas guiadas por monitores. En este espacio dirigido a todos los públicos, no hace falta tener un conocimiento científico previo, únicamente ganas de conocer más y mejor el mundo de la ciencia.

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Otro desafío estadístico-Reparto de trabajo

Una residencia con muchas habitaciones tiene dos dueños que se llaman Ana y Juan. Inicialmente, en la residencia solo están ellos dos. Para dividir el trabajo acuerdan lo siguiente: cuando llegue el primer cliente, uno de ellos, con igual probabilidad,  irá a abrir la puerta. El cliente pasará a ser responsabilidad del que le haya abierto la puerta. En lo sucesivo, cuando llegue un cliente, cualquiera de los residentes, con igual probabilidad,  irá a abrir la puerta. Si el que recibe es Ana o uno de los clientes bajo su responsabilidad, el nuevo cliente pasará también a estar bajo la responsabilidad de Ana. Si el que abre la puerta es Juan o uno de los clientes bajo su responsabilidad, el nuevo cliente pasará a estar bajo la responsabilidad de Juan. Repetimos el proceso hasta que N clientes hayan llegado a la residencia.

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Para entender mejor esta manera de dividirse el trabajo, se proponen las siguientes cuestiones:

a) De los N clientes que han llegado, ¿cuál es la probabilidad de que K de ellos sean responsabilidad de Ana y los restantes N-K sean responsabilidad de Juan?

b) ¿Cuál es la probabilidad de que, al final del procedimiento, Ana se haya quedado sin clientes bajo su responsabilidad?

Tienes tiempo hasta el próximo 31 de enero para pensar y enviar tu respuesta –con el asunto ‘Desafíos estadísticos’– a milenio@heraldo.es. Entre quienes den la respuesta correcta, sortearemos tres libros, por gentileza de las editoriales Graó y RBA y del Departamento de Métodos Estadísticos de la Universidad de Zaragoza. La solución, el martes 4 de febrero, en Tercer Milenio. ¡Anímate y participa!

JOSÉ ANTONIO MOLER Departamento de Estadística e Investigación Operativa. Universidad Pública de Navarra

FERNANDO PLO Departamento de Métodos Estadísticos. Universidad de Zaragoza

 

 

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Otra vez: la revolución conmovedora

“A la alegría por el cansancio”. El cansancio de hacer lo que uno ama. Un cansancio que no agota, sino que hace sonreir.

Joy (in progress) reducida

Sábado 21 y domingo 22. 22.30. Sala Cero del Teatro de las Esquinas de Zaragoza. El escritor Miguel Ángel Ortiz y la bailarina contemporánea Ingrid Magrinyà, acompañados al piano por Gonzalo Alonso, ofrecen ‘Joy (in progress)’. Una propuesta valerosa en lo intelectual y lo artístico. Una performance transparente, más legible y explícita que otras, nada críptica, que se estrenó el 24 de abril en el teatro del Mercado, donde fue casi la proclamación de un manifiesto, con el aire tradicional de las vanguardias.

Así fue (para mí):

Palabras. Danza. Música. Dibujan tres caminos que se van tocando y sacuden, palabra a palabra, a quien escucha y mira.

La voz es el percusionista que golpea el aire y pauta el tiempo.

La bailarina se agota y se despoja -también de sus ropas- al ritmo que marca el texto.

La música se adapta, flexible.

La misma frase coreográfica se repite y se repite. Igual a sí misma, cambia y crece. Al final, es nueva. Danza y sonido se encuentran y se ignoran y se encuentran.

El cansancio suelta el cuerpo, que fluye y se desploma, y halla en el movimiento arrebatado otra perfección, más íntima; otra satisfacción, blanda pero vigorosa, buscadora hasta el límite de las fuerzas, hasta el final del aliento.

Toda esta creación ha crecido en torno a un poderoso y sugestivo texto -por el que circulan Kafka, Beckett, Cioran… o salta Klein-, que lee en voz alta su autor. Y la bailarina llega, de verdad, “a la alegría por el cansancio” que lee el poeta. Porque la fatiga, el vacío, las tinieblas, el silencio, crean. Y en la repetición, que no la copia, y en su cansancio, el artista, pero también todo hombre, cierra sus heridas y construye, con sudor, su alegría.

El debate final ilumina las sonrientes heridas dejadas por las ideas lanzadas desde el escenario. Miguel Ángel Ortiz explica que, para él, “alegría es poder trabajar, que te dejen cansarte”. Sin pretenderlo, ‘Joy’ (in progress)’ tiene tono de contestación y defensa de una manera de hacer, la de las profesiones amadas. En una audiencia que se siente aludida, han calado mensajes como que podemos dar la vuelta a la condenación de Prometeo y ser demiurgos; que la fuente de la alegría no está en el exterior sino en uno mismo. Que el niño que todos fuimos-somos pide “Otra vez” porque goza al repetir el juego; que el cansancio enseña, cuando hoy se vende una cultura de lo fácil que no es verdad. Quien no se siente llamado a la acción, se siente llamado a la actitud.

Una pequeña multitud hablando de la alegría resulta conmovedoramente revolucionaria.

Dos palabras para terminar: “Otra vez”.

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¿Quién ha puesto un gen en mi tomate?

Este jueves, 26 de septiembre, a las 19.45, Miguel Calvo, catedrático de Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Zaragoza, responderá a esta pregunta en la primera sesión de ‘Escépticos en el pub’. Inspirada en la británica ‘Skeptics in the pub’, trata de compaginar ciencia y cerveza, en un ambiente relajado. No es una conferencia ni un monólogo, avisan, y un puntito provocador habrá seguro.

La cita es en el Juan Sebastián Bar, en la calle de Luis Oro, en Zaragoza. ‘¡Camarerooo, hay un gen en mi tomate!’.

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Noche de los investigadores

Un año más se celebra en Zaragoza la Noche de los Investigadores, un momento de encuentro directo entre ciencia y sociedad. Este proyecto europeo -más de 250 ciudades lo celebran simultáneamente- trata de sacar la investigación a la calle y romper estereotipos respecto a los investigadores.

Demostraciones de los grupos de investigación, talleres, charlas, actividades infantiles, conciertos, competiciones deportivas y hasta monólogos científicos componen un variado programa que se desarrollará la tarde-noche de este viernes, 27 de septiembre en la plaza de San Francisco y la Carpa del Ternasco, junto a la plaza de Los Sitios.

 

 

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Divulgación innovadora en Zaragoza

Teatro, magia, participación ciudadana, música, danza, realidad aumentada, apps… y ciencia. Los caminos de la divulgación se multiplican y renuevan. Y los comunicadores, científicos con ganas de hablarle a la sociedad, museos, periodistas científicos… no cesan de buscar y probar, de experimentar e inventar fórmulas y nuevas, para desarrollarlas o descartarlas, pero siempre para aprender e innovar.  Buscan conquistar al público y contribuir a aumentar la cultura científica de la sociedad.

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Un buen puñado de casos de la divulgación más creativa llegan en lote a Zaragoza en las I Jornadas de Divulgación Innovadora D+I. Se celebrarán el 18 y 19 de octubre en Etopia, el nuevo Centro de Arte y Tecnología, organizadas por la Fundación Zaragoza Ciudad del Conocimiento. Ya están abiertas las inscripciones al programa profesional, que va acompañado de actuaciones en directo, abiertas al público.

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La vida es juego

Detrás de un videojuego hay todo un equipo de profesionales especializados. Este es un sector en expansión, que mueve más negocio que la música y el cine juntos. Aquí sí, hay demanda de empleo, pero de perfiles muy específicos, con un alto nivel de preparación.

Un sistema informático generador de gráficos que palpitan en tiempo real es lo que hace funcionar un videojuego. La programación de algoritmos que intervienen en el ‘motor’ del videojuego es el eje del Diploma de Especialización en Programación de Videojuegos de la Universidad de Zaragoza (UZ) y Etopia Center for Art & Technology, que viene a cubrir las necesidades de formación de las empresas del sector.

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Eduardo Mena, profesor del Área Lenguajes y Sistemas Informáticos del Departamento de Informática e Ingeniería de Sistemas de la UZ y director del grupo de investigación de Sistemas de Información Distribuidos, explica que el objetivo de este diploma es “dotar a los ingenieros informáticos de los conocimientos necesarios para que sepan aplicar su saber hacer a estas aplicaciones software, así como que conozcan el hardware del area del entretenimiento”.

Tras dos ediciones de cursos de programación de videojuegos, la actual propuesta “incide más profundamente en aspectos tecnológicos, ofrece la posibilidad de trabajar en grupo desde el principio y añade la formación necesaria para moverse con soltura en el mercado empresarial”, indica Francisco Serón, catedrático del Área de Lenguajes y Sistemas Informáticos y director del Grupo de Informática Gráfica Avanzada de la Escuela de Ingeniería y Arquitectura de la Universidad de Zaragoza. Así se cubre la falta de formación en el ámbito de la creación de microempresas que se había detectado. Etopia concederá dos becas de seis meses de duración para que los dos mejores proyectos fin de curso sean desarrollados en su aspecto comercial y empresarial.

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La Luna no cambiará de color

Por JOSÉ LUIS TRISÁN PARICIO, del Grupo Astronómico Silos

Cada pocos años, algunos medios de comunicación nos informan de que va a tener lugar una Luna azul, pero como tantos otros mitos sobre nuestro satélite, no es cierto. La Luna no cambiará de color mañana.  

Realmente, el término Luna azul no es científico, sino que tiene que ver más con la cultura popular. Pero podemos definirla de dos maneras: puede ser la segunda Luna llena en un mismo mes o, menos frecuente, la tercera de cuatro lunas llenas que haya en una misma estación, es decir, entre un solsticio y un equinoccio, o al revés. Siguiendo esta última definición, la próxima Luna azul ocurrirá la noche del 20 al 21 de agosto, es decir, será la tercera luna llena de cuatro entre el solsticio de junio y el equinoccio de septiembre. Si tomamos la primera definición, la próxima será el 31 de julio de 2015.

¿Qué definición de las dos es más correcta? Pues como ambas pertenecen al folclore popular, desde el punto de vista científico da igual, aunque la definición estacional viene de los años treinta del siglo XX y la otra de unos 16 años después y fue enunciada por un periodista de la prestigiosa revista astronómica ‘Sky and Telescope’. La cosa no tiene mucho misterio: hay años en que febrero no tiene Luna llena, pero a cambio enero o marzo tienen dos.

Viendo lo anterior, es fácil deducir que esa noche la Luna se verá del mismo color que siempre, ya que éste sólo cambia en algunas ocasiones y casi siempre debido a erupciones volcánicas que generan gigantescas columnas de cenizas que ascienden hasta las capas altas de la atmósfera, ‘creando’ un filtro anaranjado que, sobre todo durante los eclipses lunares, tinta la Luna de un color más o menos rojizo.

Sin embargo, en contra de lo que pueda parece, la Luna sí tiene colores, y no precisamente la extensa gama de grises que nos muestra día a día.

Los verdaderos colores de la Luna

Cuando miramos la Luna nos parece un mundo gris, casi blanco, sin color; de hecho, se compone de un material bastante oscuro, pero sobre, todo en la fase llena, nos parece de un blanco brillante, que significa que no existe un color que se refleje más que otros. Si a esto añadimos que, con poca luz, nuestros ojos no son capaces de distinguir colores, es normal que la veamos tan pálida. Sin embargo, su superficie si que tiene algo parecido al color.

Si tomamos una fotografía en color de la Luna y, gracias a un programa de edición fotográfica, saturamos los colores, veremos cómo aparecen diferentes tonos. Estos colores son producidos por la diferente cantidad de hierro y titanio existente en el regolito, el polvo y pequeños restos rocosos que cubren la totalidad de la superficie lunar y es consecuencia de la erosión causada por el continuo impacto de pequeños meteoritos y por el viento solar. La mayor presencia de dióxido de titanio (TiO2) de un tono azul-morado y de monóxido de hierro (FeO) da un tono rojizo. En los llamados ‘mare’ o ‘maria’, antiguos grandes cráteres de impacto rellenados de basalto, hay más cantidad de titanio que en las zonas altas o ‘terras’ formadas por rocas ígneas como la anortosita y las brechas. Esta variaciones nos ayudan a conocer mejor la composición del suelo lunar.

Mitos y curiosidades lunáticas

No hay más nacimientos en Luna llena

Existe una creencia popular muy extendida, incluso entre personal sanitario, según la cual cuando hay Luna llena los partos se disparan. De acuerdo con esta teoría, al estar el cuerpo humano constituido casi por un 80% por agua, es normal que se vea afectado por la presencia de la Luna como ocurre con los mares u océanos. Sin embargo, esto podría ocurrir si nuestro cuerpo fuera gigantesco, del tamaño de un lago o un montaña, pero al ser tan pequeño no se ve afectado por la gravedad lunar. Además, numerosos estudios estadísticos realizados por universidades y centros hospitalarios, tanto en el extranjero como en España, demuestran que los nacimientos no siguen un patrón basado en la fase lunar, sino que más bien tienen que ver con la fecha de concepción del neonato. Es decir, hay más nacimientos en fechas que coinciden, 9 meses antes, con periodos vacacionales o celebraciones festivas, pero incluso el famoso ‘baby boom’ de Nueva York ocurrido 9 meses después del mítico apagón de 1965, que dejó sin luz a más de 35 millones de personas durante 14 horas, es un mito. De hecho, suele haber menos nacimientos los fines de semana o vacaciones, pues se suelen adelantar para que no coincidan con esos días.

Más grande en el horizonte

En muchas fotografías e incluso películas se tiende, en aras a una mayor espectacularidad, a aumentar desmesuradamente el tamaño de la Luna en comparación con el paisaje circundante. Esto ha contribuido a que mucha gente piense que cuando nuestro satélite está cercano al horizonte es más grande que cuando la tenemos en el cénit, encima de nuestras cabezas. Pero aquí tenemos de nuevo otro mito lunar que no es cierto, al menos en parte. La Luna tiene el mismo tamaño real en todo su recorrido por el cielo, y lo podemos comprobar midiéndolo, por ejemplo, con una regla; veremos que no varía nada. Entonces, ¿por qué se produce esto? Partamos de que no se trata de un efecto ni ilusión óptica, simplemente, nuestro cerebro nos engaña. Sólo en algunas ocasiones, y debido a la refracción de nuestra atmósfera, la forma de la Luna se distorsiona ligeramente. ¿Entonces, qué ocurre?

Los seres humanos percibimos el cielo como una cúpula aplanada, provocando que el cénit aparente estar más cerca que el horizonte, incluso la Luna sobre el horizonte debería parecernos más pequeña ya que, debido a la forma de la Tierra, está casi 6.500 kilómetros más lejos. Una solución a este enigma la dio hace un siglo el italiano Mario Ponzo, cuando sugirió que el mecanismo cerebral que regula las proporciones atribuye el tamaño de un objeto según el fondo sobre el que se sitúa y de algún modo se altera la percepción de las dimensiones. Vamos, que nuestra mente tiende a comparar el tamaño de la Luna con objetos, como edificios o árboles, cuya dimensión conocemos perfectamente. Cuando está más alta en el cielo, nuestro cerebro tiende a compararla con la vasta extensión del cielo nocturno.

¿Cómo sería la Tierra sin un satélite? Vivir sin la Luna

Probablemente sin la Luna como referencia, muchos poetas no habrían escrito sus obras, pero la ausencia de nuestro satélite poco habría importado, ya que los humanos no estaríamos aquí para leer sus glosas.

Para empezar, sin ella, la Tierra giraría mucho más rápido, siendo por tanto los días más cortos, tal y como ocurría hace miles de millones de años, cuando, al comienzo de su formación, nuestro planeta rotaba sobre su eje en algo menos de 8 horas. La duración actual del día es provocada sobre todo por la acción de las mareas, las causadas por el Sol y la Luna, que ralentizan poco a poco nuestra rotación, de hecho, el día se está alargando unos 0,002 segundos por siglo. Sin la Luna, también el ángulo de nuestro eje de rotación cambiaría aleatoria y caóticamente, provocando que los bosques se convirtieran en desiertos y viceversa, y se daría una variación drástica del clima, con continuos vientos con velocidades de más de 150 km/hora y enormes tormentas de arena. Unas características difícilmente compatibles con la vida, al menos con la biología que conocemos.

Tal vez, el efecto más obvio sería la ausencia de mareas lunares.

Cada año, la Luna se aleja de nosotros unos 5 centímetros debido sobre todo al régimen de mareas. Cuanto más se aleje, menos nos influenciará y hará a nuestro planeta mas inestable, con días más largos. Es un hecho real, la Luna nos está abandonando. Cuanto más se aleja, menor será su influencia estabilizadora sobre nuestro planeta y más lenta será la rotación de la Tierra. Los días se harán más y más largos.

Además, cuando la Tierra se estaba formando, se cree que la Luna pudo protegernos de posibles impactos meteoríticos.

Desde otro punto de vista, los aficionados a la astronomía tendríamos los cielos más oscuros, pero nos perderíamos algo tan espectacular como los eclipses.

Aragón en la Luna

Cuando miramos la Luna a través de prismáticos o telescopios, una de las cosas que más nos llama la atención, y que son la característica física más destacable de nuestro satélite, son unas peculiares formaciones más o menos circulares llamadas cráteres. Hasta la década de los setenta del pasado siglo, no se sabía con exactitud la naturaleza de estos cráteres, aunque la mayoría creía que tenían un origen volcánico. Sin embargo, gracias al análisis de las muestras de rocas lunares traídas por las misiones del programa Apolo se pudo confirmar que la casi totalidad de estos cráteres se formaron hace más de 4.000 millones de años durante el periodo de formación de la Luna, cuando era constantemente bombardeada por millones de toneladas de partículas, por ello reciben el nombre de cráteres de impacto.

Se han observado más de 300.000 cráteres sobre la superficie lunar. De hecho este ‘bombardeo’ ha sido, y es, tan brutal e incesante, que el suelo de la Luna está cubierto por una fina capa de polvo, resultado de la desintegración de las rocas por efecto de las altas presiones causadas por los impactos.

Su forma circular es debida a que el material de la superficie es expulsado uniformemente por el choque del bólido como si se tratara de una explosión. Sólo cuando el choque es muy oblicuo, la forma que adopta es más o menos ovalada. El material arrojado fuera de él a grandes velocidades produce rayos, líneas brillantes que parten del cráter en todas direcciones y pueden alcanzar grandes distancias. Los materiales que son despedidos a baja velocidad producen una delgada capa de eyecta (material eyectado) alrededor del cráter.

Desde su formación, la superficie de la Tierra y de la Luna han sufrido el impacto de miles de meteoritos. Sin embargo, muy pocos cráteres de impacto se pueden ver en la Tierra porque su antigua estructura ha sido cubierta por lava, reciclada por la tectónica de placas o borrada por la erosión del agua y del viento. Pero nada de esto sucede en la Luna, donde hasta el más pequeño de los cráteres perdura desde su formación. Por eso el número de cráteres nos da la edad de cada zona. Las zonas con más cráteres serán más antiguas que las zonas menos craterizadas. Los colores de la eyecta también nos indican la composición del material de la corteza.

Hay pocos cráteres con dedicados a personajes españoles. Pero de esos pocos, tres tienen reminiscencias aragonesas.

Cráter Catalán

Este cráter de impacto de forma irregular y de 25 kilómetros de diámetro está situado en el borde suroeste de la Luna y sólo se ve cuando hay una fuerte libración. Está dedicado a  Miguel Catalán Sañudo eminente espectroscopista aragonés cuyos descubrimientos tuvieron una enorme relevancia en la astrofísica y permitieron grandes avance en el desarrollo de la física cuántica. Sin duda uno de los más importantes científicos españoles de todos los tiempos.

Está situado en las coordenadas lunares: 47 N y 87 W.

Cráter Cajal

Este pequeño cráter de tan solo 9 km de diámetro está situado al norte del Mare Tranquilitatis y se bautizó en honor de D. Santiago Ramón y Cajal, ilustre científico aragonés.

Está situado en las coordenadas lunares:12 N y 31 E.

Montes Pirineos

Los Montes Pirineos lunares miden 165 km de largo por 45 de ancho. Se sitúan entre dos mare, el Fecunditatis y el Nectaris.

Están situados en las coordenadas lunares:15 S y 41 E.

 

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Solución al último desafío estadístico

Por F. JAVIER LÓPEZ y GERARDO SANZ

Antes de irnos de vacaciones, lanzamos los dados y un último desafío estadístico. Aquí va la solución a las dos preguntas que planteábamos:

Recordemos que jugamos con tres dados especiales. El dado A tiene sus seis caras numeradas 1, 1, 5, 5, 5, 5. El B tiene en sus caras 3, 3 , 3, 4, 4, 4; y, finalmente, el C tiene 2, 2, 2, 2, 6, 6.

Ahora. ofrece a un amigo que elija un dado. Cuando él haya elegido, tú eliges otro y los lanzáis. Gana quien obtenga mayor puntuación.

1-Dependiendo del dado que elija tu amigo, ¿qué dado elegirías tú?

SOLUCIÓN: La probabilidad de que el dado A supere al dado B es 2/3.

La probabilidad de que el dado A supere al dado C es 4/9.

La probabilidad de que el dado B supere al dado C es 2/3.

En consecuencia, si mi amigo elige el dado A, yo debo elegir el dado C, si él elige el B, yo elegiré el A y si elige el dado C, yo elijo el B, de manera que no hay un dado que sea mejor que cualquier otro y siempre puedo elegir uno que supere al elegido por mi amigo.

2-Tras jugar varias partidas, tu amigo observa que le estás ganando demasiadas veces y decide no seguir jugando. En ese momento le propones una variante. Le dejas que él lance el dado C y tu lanzarás el A, pero ahora los lanzaréis dos veces y ganará quien, sumando los puntos de los dos lanzamientos, obtenga más puntuación. ¿Crees que aceptará jugar esta variante?

SOLUCIÓN: Al lanzar el dado A dos veces, la suma de sus puntos puede ser 2, 6 y 10. Las probabilidades de obtener cada uno de esos tres valores son 1/9, 4/9 y 4/9, respectivamente.

Al lanzar el dado C dos veces, la suma de sus puntos puede ser 4, 8 y 12. Las probabilidades de obtener cada uno de esos tres valores son 4/9, 4/9 y 1/9, respectivamente.

En consecuencia, el dado A gana al C cuando con el primero se obtienen 6 puntos y con el segundo 4; o con el primero se obtienen 10 y con el segundo 4 u 8. Las probabilidades de cada uno de esos tres casos son 16/9, igual para los tres casos.

Por lo tanto, la probabilidad de que el dado A supere al C es 48/81, que es superior a la de que gane el C, que será 33/81; luego es un juego que conviene al jugador que lanza el dado A.

Es interesante notar que, aunque en una sola jugada el dado C es superior al A (véase la primera cuestión), no ocurre lo mismo cuando se lanzan dos veces y se suman las puntaciones.

Como ha señalado algún lector, este tipo de dados reciben el nombre de dados no transitivos.

LOS GANADORES

Tras realizar el sorteo entre los participantes en nuestro quinto desafío estadístico del año, los ganadores son: Javier Domínguez Melián, José Javier Alcalde Martínez y José Manuel Peña Pardos, que recibirán lotes de libros de divulgación por cortesía de las editoriales RBA y Graó y del Departamento de Métodos Estadísticos de la Universidad de Zaragoza. Enhorabuena.

 

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Tormenta estelar

Por JOSÉ LUIS TRISÁN, Grupo Astronómico Silos

Sin duda, las Perseidas son una de las mejores lluvias de meteoros que se puede ver a lo largo del año, ya que aúna un gran número de fugaces y el buen tiempo propio de las noches estivales.

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El polvo desprendido del cometa Swift-Tuttle arde al entrar en la atmósfera y pinta estelas en el cielo como la que se observa en la imagen de las Perseidas de 2010 sobre el VLT (Very Large Telescope), en el cerro Paranal, desierto de Atacama, al norte de Chile. ESO | S. Guisard

La tradición cristiana cuenta que el 10 de agosto del año 258, un diácono llamado Lorenzo, natural de Huesca, era condenado a muerte por Roma y quemado en la hoguera sobre una parrilla. Cuenta la leyenda que dijo: “Assum est, inqüit versa et manduca” (asado estoy, denme vuelta y coman). Durante la Edad Media, el cielo lleno de fugaces en esa fecha se asoció a las lágrimas vertidas por el santo durante su martirio. Pero, ¿qué las produce realmente?

Cuando un cometa se acerca al Sol, las partículas de su núcleo salen despedidas debido al calentamiento al que es sometido. Algunas de estas partículas son empujadas por el viento solar lejos del cometa, formando las vistosas y hermosas colas de centenares de miles de kilómetros, pero otras más pesadas, del tamaño de un grano de arena, suelen permanecer cerca de la órbita del cometa dispersándose y formando un gran anillo de materia conocido como tubo cometario. Cuando la Tierra, en su movimiento alrededor del sol, pasa por esta zona, se producen las lluvias de estrellas. Los meteoros son partículas de un tamaño de entre 1 mm y 1 cm de diámetro y de pocos miligramos de peso que, al entrar en la atmósfera a la endiablada velocidad de entre 11 y 72 km/s, chocan con los átomos y moléculas a entre 60 y 140 km de altura . Debido a la fricción, se desintegran quemándose y dejando tras de sí una sutil pero espectacular estela luminosa, normalmente de color blanco, que puede durar varios segundos.

El nombre de Perseidas, una más de las decenas de lluvias de meteoros que tienen lugar a lo largo del año, proviene de que parecen irradiar del mismo punto en el cielo o radiante, en este caso la constelación de Perseo. Esta lluvia tiene su origen en el cometa Swift-Tuttle, que tarda 133 años en dar una vuelta alrededor del sol y cuya última aparición en nuestros cielos fue en 1992. La lluvia tiene lugar entre el 17 de julio y el 24 de agosto, aunque los mejores momentos para observarla serán desde la noche del 10 al 11 de agosto y hasta el amanecer del día 13, con un máximo de actividad entre las 20.00 y las 23.00 horas del día 12 de agosto, con previsiones de hasta 120 meteoros por hora. Serán más visibles poco antes del amanecer, cuando Perseo esté alto en el cielo. Con suerte, también podremos ver fugaces tan brillantes como Júpiter o Venus, conocidas como bólidos. Por fortuna, este año la luna creciente no molestará mucho, al ponerse poco antes de la medianoche.

Desde que se ponga el sol y el cielo gane en oscuridad, ya se verán meteoros. Para observar estrellas fugaces, lo mejor es ir a un lugar alejado de las ciudades o pueblos, que suelen estar muy iluminados, y colocarnos de tal manera que podamos ver la mayor porción de bóveda celeste. Puede ser una buena solución colocarnos tumbados en el suelo y, a simple vista y sin ayuda de ningún instrumento, mirar hacia el norte celeste. Además estas noches podremos observar Saturno al atardecer y si aguantamos despiertos, poco antes del amanecer veremos, casi juntos, a Júpiter, Marte y Mercurio sobre el horizonte este.

 Observaciones en Aragón

Hasta el día 15 de agosto, desde las 22.30, el Centro Astronómico Aragonés, Espacio 0.42, ha preparado una programación especial dedicada a las Lágrimas de San Lorenzo. El Grupo Astronómico Silos de Zaragoza, observará desde el depósito de agua de Torrecilla de Valmadrid, la noche del 12 al 13, a partir de las 10 de la noche.

 

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