Un selfie con tu estatua favorita

¿Quién te gusta más? ¿El imponente Santiago Ramón y Cajal de la escalinata del Paraninfo? ¿El cineasta Eduardo Jimeno, en pleno rodaje en la plaza de Ariño? ¿El pensativo Miguel Servet del hospital que lleva su nombre o el de Villanueva de Sijena?…

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Elige estatua, hazte un selfie y participa hasta el 23 de septiembre en el concurso de la Noche de los Investigadores zaragozana. Aquí tienes los detalles.

Es uno de los aperitivos de un evento europeo que, en Zaragoza, tendrá como acción central  la Feria de los investigadores, un espacio en el que todos los centros, grupos e institutos de investigación de Aragón sacan parte de su trabajo diario a la calle. La tarde-noche del 26 de septiembre, viernes, de 16.00 a 20.00, la plaza de San Francisco se llenará de actividades interactivas dirigidas por científicos. Las investigaciones llegarán al público en formato concentrado de microcharlas de 10 minutos. Talleres interactivos y didácticos se programarán pensando en los más pequeños. Y, como guinda, juegos y actividades de ocio serán la cara más lúdica del encuentro.

De momento, la inscripción está abierta para aquellos investigadores que quieran hacer su propuesta y participar en la Noche de los Investigadores. Cuando el programa esté definido, será el momento de que los interesados se inscriban en los talleres.

Por ahora, sabemos que, en Aragón, las ubicaciones se repartirán entre la plaza de San Francisco, la Carpa del Ternasco y Alcañiz. Pero esta noche tan especial se vivirá al mismo tiempo en 250 capitales europeas, 25 de ellas españolas.

El proyecto está liderado por el consorcio formado por Gobierno de Aragón (Fundación ARAID), la Universidad de Zaragoza y ESCIENCIA y la participación de CSIC y Fundación Dinópolis, gracias a quien este año las actividades llegan a Teruel.

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Optogenética y cerebro: “Es la tecnología, estúpido”

DESDE ESOF

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Karl Deisseroth

Basta fijarse en su peculiar mirada, en un cierto rictus que lo asalta, para sentir que las cosas encajan. Karl Deisseroth —el considerado padre de la optogenética— es médico y es psiquiatra.

 (¿Recuerdan a Jonathan Crane, el psiquiatra que aparece en las últimas de Batman?)

 Pero no, es un prejuicio equivocado y absurdo. Porque de no corregirlo, de seguir tirando de él, pensaríamos que Deisseroth —como buen psiquiatra— es además un médico particularmente humanista, preocupado sobremanera por la narrativa de la enfermedad mental, centrado en su discurso. Y si por algo Deisseroth está en Copenhague, en el congreso ESOF  no es por ninguna de esas razones, sino por liderar un departamento de bioingeniería

 (ajá, ingeniería)

 y haber sido el principal impulsor de la técnica conocida como optogenética, o lo que es lo mismo, de los estudios que posibilitan el control de células (principalmente células nerviosas) mediante la luz. La misma técnica que promete revolucionar los estudios del cerebro, que fue escogida en 2010 como método del año por la revista ‘Nature’ y que ha hecho que esta misma revista le nombrara el año pasado como ‘Method man (el hombre método). Y especialmente de ella habló Deisseroth (el ingeniero-psiquiatra) en Dinamarca:

Comienza su charla como lo hace con alguno de sus artículos: cifrando la complejidad del cerebro humano. Y, sobre todo, señalando la falta de un modelo para poder compararlo. Porque el corazón, por ejemplo, es una bomba, y actúa como tal. Y si en algún momento falla podemos (más o menos) medirla, entenderla e intentar repararla. Pero el cerebro, con sus 90.000 millones de neuronas y 10.000 conexiones por cada una de ellas, y con sus propiedades ‘emergentes’ (¿la conciencia?) es algo mucho más complicado. Porque además no hay un modelo estrictamente ‘normal’ que nos sirva de referencia. Pero también porque las herramientas que usamos para estudiarlo son bastante groseras: podemos observar cambios de actividad, podemos estimular ciertas áreas, pero en general las técnicas no son lo finas que desearíamos. Lo que Deisseroth se proponía al comenzar sus investigaciones era conseguir activar neuronas ‘individualmente’. De esta forma las conclusiones no solo serían más precisas, sino que además permitirían establecer cierta causalidad: si al activar este tipo de neuronas sucede esto otro, puedo suponer que hay una relación directa. Y para ello echó mano de ciertas proteínas de algas y bacterias que se conocían ya treinta años atrás: las rodopsinas.

Un canto a la investigación básica

Las rodopsinas son unas moléculas muy peculiares. Reaccionan a determinados tipos de luz, y al activarse son capaces de descargar toda una serie de señales dentro de las células. (Un tipo particular de ellas pueblan, por ejemplo, los bastones de nuestras retinas, y se activan en condiciones de semioscuridad.) Ya desde los años 70 se sabe que ciertas bacterias y algas disponen de ejemplos de ellas, lo que les ayuda a captar información del exterior y dirigirse hacia zonas con luz. Pero por entonces, quienes las descubrieron no estaban pensando ni mucho menos en sus posibles aplicaciones. Nada relacionado con el estudio del cerebro pasaba (paradójicamente) por sus cabezas. Según Deisseroth, las estudiaban simplemente “porque eran maravillosas”. No fue hasta 30 años después que los científicos pensaron en aprovecharlas. Y fue el equipo de Deisseroth quien lo consiguió de una forma más simple y eficaz. Más o menos, y brevemente, así:

Primero se inserta el gen de la rodopsina en cuestión en un tipo particular de virus, que funcionará literalmente como un ‘taxista’ celular. Después el virus se inyecta en una zona determinada del cerebro: así, cuando infecta las células también introduce el gen de la rodopsina en el ADN de las neuronas que se quieran estudiar. Por último, se hace llegar una fibra óptica finísima hasta esa misma zona cerebral, lo que permitirá iluminar (y activar) las neuronas que se han ‘infectado’ con las rodopsinas. De ahí el nombre de optogenética: la combinación de técnicas genéticas con la aplicación de luz para conseguir cosas como la de este vídeo: que cuando la luz azul llega hasta las neuronas motoras del ratón, este no pueda dejar de correr:

Las primeras contribuciones

Aunque los estudios y datos proporcionados por la optogenética empiezan a crecer exponencialmente, Deisseroth comentó fundamentalmente dos:

En el primero de ellos, de 2011, introdujeron rodopsinas en dos partes muy concretas de la llamada amígdala cerebral. Esta es una pequeña zona situada en lo más profundo del lóbulo temporal y es la principal responsable de que sintamos miedo (y de que SM, cuya amígdala fue destruida por una enfermedad degenerativa sea incapaz de sentirlo). Además, su activación constante está relacionada con el desarrollo de ansiedad generalizada. Pero, contrariamente a lo esperado, y a pesar de su reducido tamaño, no toda la amígdala ejerce la misma función. La estimulación con luz de una pequeña parte reducía inmediatamente los signos de ansiedad, pero no sucedía así si se repetía con una región vecina. ¿Es esto importante? Puede serlo, y no solo en el caso de la ansiedad.

- Por ejemplo: los casos de depresión resistente (aquella que no mejora ya con ningún tipo de tratamiento) se están empezando a tratar con la estimulación eléctrica de una determinada zona cerebral, la llamada área 25. Parece que muchos pacientes mejoran, pero aún no se sabe exactamente por qué. Es posible que la optogenética pueda servir para estudiar la razón y, sobre todo, para precisar qué grupos particulares de neuronas son aquellas a las que el tratamiento se debería dirigir.

- Otro ejemplo: los pacientes con párkinson que no responden al tratamiento se tratan mediante la estimulación del llamado núcleo subtalámico. Como en el caso de la depresión, tampoco se sabe con completa exactitud qué es lo que sucede para que los pacientes mejoren. Además, dicha estimulación no es completamente específica, y hay zonas vecinas que también reciben esa señal. De momento la optogenética ya ha servido para dos cosas: para comprobar algunas de las hipótesis que se tenían sobre los circuitos implicados y para observar que es mejor estimular, no tanto a las neuronas en sí, sino las conexiones que establecen entre ellas.

En el segundo estudio que Deisseroth menciona añadieron un paso más: introdujeron una serie de fibras que les permitía medir cómo se desplazaba el calcio en determinadas neuronas. El movimiento del calcio es casi un sinónimo de que esas células se estaban activando, es decir: podían saber el momento exacto en que una región comenzaba a trabajar. De esta manera, combinando la activación mediante la optogenética de un área determinada y la medición del flujo de calcio en algunas de sus conexiones (la barra roja en el siguiente vídeo), lograron identificar un circuito ‘social’, el circuito preciso que se activa cuando un ratón se ‘relaciona’ con otro ratón (y que no es mero fruto de la novedad, porque no se activaba, por ejemplo, cuando les ponían delante una —tan extraña para ellos— pelota de golf).

Un paso más

Todo esto era impensable solo diez años atrás, y ya por esto Deisseroth suena como candidato al premio Nobel. Pero no se limitó a explotar el invento. Añadió uno más. Y sí, en el fondo es otra obra de ingeniería:

 Una parte del cerebro es la actividad de sus células. Pero otra, no menos importante, es su estructura, las relaciones que se establecen entre ellas. Y su estudio es de lo más complicado. Generalmente pasa por hacer cortes en láminas finísimas que luego se van tiñendo según lo que se quiera estudiar. Al final, según el tiempo, la capacidad y el dinero disponible, se integran los datos obtenidos para tratar de hacer un modelo tridimensional lo más parecido posible a la realidad. El equipo de Deisseroth trató (y al parecer consiguió) simplificar enormemente ese proceso. Al método empleado lo llamaron CLARITY, acrónimo de la técnica empleada, en la que la claridad aportada viene precisamente de que han conseguido hacer transparente el cerebro: usando una serie de jabones han logrado retirar la capa de lípidos (de grasas) que envuelven a cada célula, pero manteniendo perfectamente la estructura general. De alguna manera han dejado completamente expuesto el esqueleto cerebral. Y además eso lo ha hecho poroso, porque permite aplicar prácticamente todos los ‘tintes’  que se usan para estudiarlo. El resultado, imágenes como estas.

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La charla termina. Comienzan las preguntas. Algunas de ellas se dirigen, como es lógico, a sus posibles aplicaciones, a si es posible emplear la optogenética directamente en humanos. Deisseroth cree que técnicamente es factible, solo que todavía es pronto. Pero no le preocupa. Al menos de momento no se obsesiona con el traslado de sus ‘inventos’ a la clínica. Aún está preocupado por lo básico, por todo lo que la tecnología puede ayudar a la hora de formular hipótesis. Porque muchas veces sin las herramientas adecuadas no aparecen las preguntas necesarias.

 O la respuesta, ahora ya sí, que se puede esperar de un psiquiatra ingeniero.

(Este es el segundo texto que publicamos a partir de las conferencias que tuvieron lugar en el congreso ESOF, en Copenhague. La primera, “Una historia moviéndose en cada punto de la gráfica”, puedes verla aquí.)

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Una aurora boreal en tu salón

En directo desde casa. Hasta el día 28 (con permiso de las nubes) se desplegará ante nuestros ojos uno de los fenómenos astronómicos más espectaculares producido por la actividad solar: las auroras polares, así llamadas porque solo desde las regiones polares de nuestro planeta pueden observarse.

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El campamento del hielo en el glaciar Qaleraliq fue uno de los lugares desde donde se emitieron las auroras en Groenlandia. J. C. Casado tierrayestrellas.com

El proyecto GLORIA (GLObal Robotic-telescopes Intelligent Array, Red Global de Telescopios Robóticos) realiza retransmisiones en directo de auroras boreales (las  que se ven en el hemisferio Norte), además de proponer actividades educativas. Vídeos e imágenes de las auroras serán emitidos en directo por internet (en el portal sky-live.tv), aunque algunas retransmisiones han sido suspendidas debido a las condiciones meteorológicas.

Del 23 al 25 de agosto, la expedición Shelios 2014, coordinada por el investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias Miquel Serra-Ricart, observó las auroras boreales desde el sur de Groenlandia. Ahora, hasta el día 28, le toca el turno a Islandia. El horario: 23.30 a 24.00 (Tiempo Universal, UT), misma hora local de Islandia, y 01.30-02.00 (hora central europea, CEST).

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Aurora desde la granja de Tasiusaq, segundo emplazamiento del proyecto GLORIA para las retransmisiones.  J. C. Casado. starryearth.com

“El Sol -explica este astrofísico- sigue mostrando signos de alta actividad desde que llegara a su máximo a principios de año. Si queremos observar auroras boreales, debemos aprovechar los próximos meses pues existen indicios que nos hacen pensar que el siguiente máximo solar, dentro de once años, será menos intenso que el actual”.

GLORIA es un proyecto de ciencia ciudadana abierto a la colaboración de los internautas. En estos momentos, los usuarios pueden contribuir en el cálculo de la actividad solar mediante imágenes de la superficie solar (fotosfera) obtenidas con el telescopios de la red. Las propuestas de colaboración pueden seguirse en las redes sociales y el sitio web de GLORIA (http://gloria-project.eu).

LAS ÚLTIMAS AURORAS POLARES

Es buen momento de traer hasta nuestro blog un estupendo reportaje publicado el pasado 11 de febrero en Tercer Milenio sobre este fenómeno que se despide, ahora que el sol está a punto de adormecerse, y que ha logrado atraer una nueva forma de turismo.

LUCES DE NEÓN CELESTES

Por JOSÉ LUIS TRISÁN PARICIO, Grupo Astronómico Silos

Cada once años, en determinados lugares del planeta, el máximo solar deja su firma en el cielo. El espectáculo de las partículas del viento solar chocando con el campo magnético de la Tierra tiene apasionados seguidores que no dudan en desplazarse hasta Laponia, por ejemplo, para contemplar auroras polares. Marzo es el mes más activo geomagnéticamente y estos nuevos turistas, dispuestos a trasnochar y pasar frío, saben que el actual máximo solar, no muy activo, toca ahora a su fin. La probabilidad de ver estos majestuosos paisajes celestes en unos pocos días de vacaciones descenderá drásticamente. ¿Cuándo y dónde cazar las últimas auroras de los próximos años?

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Aurora austral tomada en la Antártida por el investigador aragonés Carlos Pobes, ‘winterover’ del experimento Icecube.

BOQUIABIERTOS Miguel Lahoz, de apenas 11 años, volvía a su casa, en La Mata de los Olmos (Teruel) ya entrada la noche, después de dar de beber a las caballerías. Aunque el frío era intenso, como solía ocurrir por esas fechas invernales, se entretuvo más de lo normal para admirar el cielo, ese cielo que tan bien conocía pero que esa noche lucía de un rojo inusual. Era testigo de un fenómeno muy poco habitual por estas latitudes. El 25 de enero de 1938, una aurora boreal cubría el cielo de gran parte del Hemisferio Norte. En España, sumida en plena Guerra Civil, se vivió el acontecimiento entre la incredulidad, la sorpresa y el miedo. Desde entonces no han vuelto a verse auroras de esa magnitud en nuestro país, y solo durante algún máximo solar se pueden ver por las regiones del norte. Pocas veces cada siglo se pueden ver más al sur.

 CUANDO SOPLA EL VIENTO SOLAR La aurora polar, llamada boreal en el Hemisferio Norte y austral en el sur, es uno de los espectáculos más fascinantes que ofrece la naturaleza. Es la bella respuesta del campo magnético de la Tierra a una perturbación causada por el viento solar: partículas de alta energía interaccionan con átomos neutros en la atmósfera superior de nuestro planeta.

Como la presión en la superficie del Sol es mayor que en el espacio, las partículas escapan generando el viento solar, un flujo de plasma y campo magnético, que se extiende hasta la heliopausa, la frontera del Sistema Solar con el medio interestelar y cuyos límites no se conocen con exactitud, pero que podríamos situar más allá de las 110 Unidades Astronómicas, tres veces más lejos que Plutón.

Cuando el viento solar llega a la Tierra, una pequeña parte de partículas, sobre todo electrones, son capturados por nuestro campo magnético y canalizados hacia los polos siguiendo las líneas de fuerza. En esa ruta, se desplazan hacia el lado nocturno de la Tierra y colisionan con los átomos de la ionosfera, que son ionizados y pasan de un nivel bajo de energía, o nivel fundamental, hasta estados más excitados.

Al cabo de un tiempo, millonésimas de segundo o incluso menos, vuelven a su estado original, devolviendo la energía en forma de fotones de luz. Se necesitan miles de millones de estos saltos cuánticos para que podamos ver una aurora. Este proceso es similar a la descarga en una lámpara de neón.

El color de los fotones emitidos depende del tipo de gas y de la altitud. En alturas por encima de los 400 kilómetros, el oxígeno emite el característico color verde y, por debajo de esa altitud, el rojo o rosa. El nitrógeno, entre los 130 y los 160 kilómetros, es responsable de los azules y violetas.

Debido a la situación en el espectro electromagnético de estas emisiones, es muy complicado que el ojo humano pueda apreciar esas tonalidades, al no ser lo suficientemente sensible. Nos tendremos que conformar con apreciar un tono verdoso suave pero no por ello menos espectacular. Por suerte, las fotografías y los ‘timelapse’ nos permiten verlas en todo su esplendor.

CAZADORES DE AURORAS Gracias a los satélites que escudriñan constantemente el Sol, se puede predecir una aurora con días de antelación. El NOAA’s Space Weather Prediction Center predice el ‘tiempo espacial’ –teniendo en cuenta cambios en el campo magnético interplanetario, eyecciones de masa de la corona del Sol y perturbaciones en la magnetosfera terrestre–, unos datos de los que se deriva la probabilidad de ver este fenómeno, algo que interesa mucho a los ‘cazadores’ de auroras polares como Daniel López, astrofotógrafo y colaborador del Instituto de Astrofísica de Canarias. Su proyecto puede conocerse en www.elcielodecanarias.com.

Incluso existen apps gratuitas sobre alertas de auroras para SO Android, disponibles en Google Play: Aurora Forecast de Tinac Inc., Aurora Buddy de Combatdave y Aurora Forecast de Appex.

Este fenómeno astronómico ha generado en los últimos tiempos, en las zonas cercanas a los polos con mayor probabilidad de avistar auroras, un nuevo tipo de turismo, muy atento a los lugares y momentos más propicios para disfrutar de la inolvidable experiencia de contemplar estas luces de neón celestes.

UN NUEVO TURISMO

Desde hace unos años, el número de personas que son capaces de esperar durante horas, a temperaturas bajo cero, con la esperanza de ver una aurora ha aumentado considerablemente.

¿Dónde y cuando podemos verlas con más facilidad? Aunque el factor suerte es importante, sobre todo en lo referente a la cobertura nubosa, en las zonas cercanas a los polos se pueden ver auroras a diario, aunque durante los máximos solares, como ocurre ahora, y en determinadas épocas del año, la posibilidad de verlas aumenta considerablemente.

LOS MEJORES MESES Los mejores meses para ver auroras boreales van desde septiembre a marzo, con más probabilidad coincidiendo con los equinoccios. Marzo es, según la web SpaceWeather.com, el mes del año más activo geomagnéticamente; octubre está en un cercano segundo lugar. De acuerdo a 75 años de registros históricos de la Nasa, las perturbaciones geomagnéticas tienen casi el doble de probabilidades de ocurrir en la primavera y el otoño que en invierno y verano.

La actividad auroral tiende a llegar en oleadas durante la noche. El mejor momento para observar la aurora es cerca de la medianoche local, desde las 21.00 hasta las 3 de la madrugada; puede durar horas o pocos minutos.

LOS MEJORES LUGARES DEL MUNDO Las auroras se producen a lo largo de los llamados ‘óvalos aurorales’, una franja de un radio de unos 3.000 km, generada al presionar el viento solar la magnetosfera, centrada en los polos magnéticos y que coincide, aproximadamente, con los Círculos Polares geográficos.

Fairbanks, en Alaska, es uno de los mejores lugares del mundo para ver las luces del norte. Allí acuden cada invierno miles de turistas, muchos de ellos japoneses, cargados con sus cámaras, esperando captar ese instante mágico. Otra opción en Norteamérica es el norte de Canadá, pero su acceso es más complicado.

En Europa, y gracias a los vuelos ‘low cost’, no es caro llegar más allá del Círculo Polar. Tromso o Alta en Noruega, Abisko en Suecia (menos de 400 euros ida y vuelta), Ivalo en Finlandia o Islandia son lugares perfectos y asequibles para ir a la caza de auroras. Sin embargo, la remota Siberia se pierde muchas de ellas, debido a que el polo magnético está desplazado hacia la región opuesta del polo, en la isla de Ellesmere, en el extremo norte canadiense.

En el Hemisferio Sur, con suerte, se pueden ver auroras australes desde el sur de Tasmania y Nueva Zelanda, aunque el mejor sitio es la inaccesible Antártida, donde los científicos que pasan allí aislados el invierno, los llamados ‘winterovers’, tienen la oportunidad de disfrutarlas.

Otra opción es coger un vuelo que tenga ruta nocturna e invernal por el norte de Europa o bien vuelo desde Escandinavia a Norteamérica o viceversa. Se recomienda coger asiento en el lado derecho del avión si volamos hacia el Oeste y al revés si lo hacemos hacia el Este.

UN MÁXIMO BAJO MÍNIMOS

La actividad solar pasa por variaciones periódicas con ciclos de alta y baja actividad que se repiten de manera más o menos estable cada once años, aunque pueden variar desde nueve a 14 años, durante los cuales las manchas solares aparecen, crecen y desaparecen.

El actual ciclo, el número 24 desde que se inició el registro en 1755, debería haber alcanzado su punto de máxima actividad en 2012, once años después de su último mínimo en 2001. Pero no lo hizo, y tardó un año en llegar tímidamente; de hecho, es el más anémico de los últimos cien años. Si a esto añadimos que la caída en la actividad está ocurriendo de manera sorprendentemente rápida, la mayor en 10.000 años, y que el último mínimo fue el más largo y profundo desde que se tiene noticia, los científicos creen que el Sol puede estar actuando de forma parecida a como lo hizo en la segunda mitad del siglo XVII. Entonces se sumió en una fase de extrema calma, en un período conocido como mínimo de Maunder, que duró 70 años y que coincidió con unas condiciones climáticas tan duras que se ha descrito a esa época como la pequeña Edad de Hielo. ¿Podría ser la baja actividad solar la responsable?

El Sol es la fuente de energía que mueve la atmósfera y controla el clima. Algunas teorías plantean que existe correlación entre la variación de la actividad solar y los cambios climáticos, aunque tradicionalmente han estado acompañadas del escepticismo de los científicos, ya que todavía no se ha encontrado un mecanismo físico plausible que explique dichas correlaciones. En 2007, los científicos daneses Henrik Svensmark y Eigil Friis-Christensen presentaron un controvertido estudio en el que sugerían que, en épocas de baja radiación solar, los rayos cósmicos –partículas subatómicas de alta energía, que llegan desde la Vía Láctea o más allá y cuyo origen es la explosión de supernovas– penetrarían con más facilidad en la atmósfera, facilitando la formación de nubes a baja altitud y, por tanto, influyendo en el calentamiento global.

OLEADAS GEOMAGNÉTICAS

Hasta 2012 no se conocía por qué la actividad de las auroras llega como en oleadas. Se sabía que influían la intensidad del campo magnético interplanetario y la velocidad del viento solar, pero se creía que este fluía de forma continua y estable. Ese año, un equipo liderado por Jack Scudder descubrió, utilizando datos de las naves Themis de la Nasa y Cluster de la ESA, lo que llamó puntos X, o regiones de difusión de electrones.

Estos portales son aberturas en la magnetosfera terrestre y se crean a partir de un proceso de reconexión magnética, cuando se entrelazan las líneas de fuerza de nuestro campo magnético con el solar, creando un camino interrumpido, pero inestable, de partículas entre nosotros y nuestra estrella. Se cierran y se abren varias veces al día y tienen variedad de tamaños y duraciones; los hay pequeños y que desaparecen rápidamente, mientras que otros son más grandes y duran más.

A través de estas aberturas, las partículas solares fluyen golpeando la atmósfera superior, desatando intensas tormentas geomagnéticas y provocando brillantes auroras polares, e incluso contribuyendo al calentamiento global. El próximo mes de octubre, la Nasa lanzará la misión MMS (Magnetospheric Multiscale mission), que consta de cuatro sondas distribuidas a lo largo de la magnetosfera y que se encargará de estudiar estos invisibles e inestables fenómenos.

El otro elemento que interviene en la formación de auroras polares, el viento solar, está vinculado con actividad del Sol, que sufre altibajos cíclicos. Las manchas de su superficie se producen cuando intensos campos magnéticos emergen permitiendo que esa zona se enfríe un poco. Como la rotación del Sol es más rápida en el ecuador que en los polos, se ocasiona un estiramiento de las líneas del campo magnético. Cuando esas líneas se retuercen tanto que la misma línea se encuentra consigo misma pero con una polaridad contraria, se rompen bruscamente, como en un gigantesco cortocircuito, y se reordenan otra vez en un proceso conocido como reconexión magnética. Comienza así un nuevo ciclo que desemboca en la aparición de nuevas manchas con polaridad magnética opuesta, es decir, se produce una inversión en la polaridad del campo magnético solar que no afecta a la biología en la Tierra, pese a lo que algunos paranoicos puedan decir. En ocasiones, la rotura del entresijo de líneas de fuerza provoca un latigazo de energía tan intenso que el Sol vomita una llamarada de masa coronaria bestial o CME (Coronal Mass Ejection), lanzando miles de millones de toneladas de partículas a velocidades de hasta 100.000 km/s. Son las famosas y temidas tormentas solares.

 

 

 

 

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Inteligencia colectiva

¿Es un grupo de personas más inteligente que el más inteligente de ellos? Esta es la pregunta del millón para quienes trabajan en inteligencia colectiva, y para realizar experimentos en busca de una respuesta necesitan precisamente mucha gente. Ciencia ciudadana en estado puro.

“¿Juntando miles de cerebros resolveremos mejor los problemas?”, se preguntaba esta mañana Fermín Serrano, director ejecutivo de la Fundación Ibercivis, al presentar en CaixaForum Zaragoza el experimento de inteligencia colectiva que estudiará el talento -unido- de unos mil estudiantes de secundaria de todo Aragón. Esta prueba piloto tendrá lugar en la sede de CaixaForum Zaragoza, conectada en red con decenas de centros aragoneses, el próximo 24 de octubre.

Los alumnos se enfrentarán a un examen; uno de los grupos lo resolverá a la manera tradicional: cada uno con su prueba; pero los demás grupos darán respuesta a las preguntas del examen entre todos. El sueño de todo estudiante: ¡un examen en el que se puede copiar! “Habrá distintas fases: una de resolución individual, otra en que se dejará copiar de los cuatro vecinos, y otra final en la que todos puedan copiar de todos”, explica Serrano.

Lo que los investigadores buscan es “ver qué mecanismos influyen en la propagación de la información -indica-, cómo influye la topología, la estructura de la red”.

Todos los centros participantes estarán conectados y en CaixaForum, además de algunos grupos de alumnos, se ubicará el panel de control donde se verá, en tiempo real, lo que va pasando.

Podrán sumarse a la iniciativa los alumnos de 2º de Bachillerato y se prevé
contar con una muestra de unos 1.000 participantes. Se les plantearán cuestiones
acordes con su nivel que podrán ser respondidas a través de sus centros de
estudios mediante la plataforma ‘Think Hub’, diseñada desde el Instituto de Biocomputación y Física de los Sistemas Complejos (BIFI) de la Universidad de Zaragoza y la Fundación Ibercivis. La prueba tendrá una duración inferior a tres horas.

Se cuenta con la colaboración del Departamento de Educación del Gobierno de
Aragón, que fomentará entre el profesorado la participación de sus alumnos,
asignando a los profesores tres créditos. Los centros docentes ya pueden
realizar la inscripción, a través del link http://www.ibercivis.es/thinkhub/
hasta el próximo 30 de septiembre.

Serrano resumía la intención de estas experiencias de ciencia ciudadana: “Queremos llevar la ciencia adonde la gente está”.

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Una cita de impresión (en 3D)

Quien se ha escaneado alguna vez ha sido, con toda seguridad, por motivos médicos. Pero la semana que viene, en el hall de Etopia, podrás digitalizarte, escanearte en tres dimensiones y a todo color para obtener tu retrato tridimensional, una encantadora figurita clavadita a ti.

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Durante el Zaragoza Maker Show 2014, del 17 al 19 de julio, se presenta por primera vez la tecnología de escaneo Clone Scan, que se terminó de desarrollar en Valencia hace apenas un mes. Cuatro escáneres rodean a la persona para retratarla en 3D. El proceso gana en velocidad a los existentes hasta ahora: basta con posar 10 segundos. De forma gratuita, los participantes se llevarán el archivo de su retrato para, a posteriori, poder llevarlo a imprimir. Hacer crecer en una impresora 3D una figurita de unos 20 cm viene a costar entre 60 y 70 euros. Pero yo creo que tienen más gracia más pequeñas.

Es una de las atractivas propuestas de la segunda edición del mayor evento de impresión 3D realizado en España, que se presenta como “un espacio donde descubrir todas las posibilidades de la tecnología 3D, desde el movimiento open source, pasando por escáneres 3D o software de diseño, y este año, con charlas profesionales donde conoceremos de primera mano, casos de éxito donde la tecnología 3D profesional aplicada a diferentes sectores ha hecho cambiar su modelo productivo radicalmente, como son el de la arquitectura, el dental o el de la joyería entre otros”. A ello se suman talleres dirigidos a todas las edades.

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Uno de los invitados es InMoov, el primer robot humanoide open source, impreso en 3D y controlado con electrónica basada en Arduino. Todo empezó con la creación de una mano robótica imprimible en 3D por el escultor francés Gael Langevin. Un desarrollo que dejó libre y que fue completando poco a poco con el apoyo de la comunidad de makers. La empresa aragonesa BitBrain Technologies, en colaboración con Pablo Murillo, organizador del Maker Show, han dedicados varios meses a fabricar un torso, una cabeza y un brazo con movimiento funcional que podrá verse en acción en Etopia.

Y también habrá máquinas de impresión en todos los sentidos. Como la única Mcor Iris que hay en España, que imprime piezas hechas de papel. “El consumible es muy barato: folios DIN-A4 que una impresora láser normal imprime en color; después, las cuchillas de la impresora dan forma a la pieza, que resulta mucho más resistente que los materiales cerámicos usados para fotoescultura hasta ahora”.

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La materia prima puede ser papel común de oficina usado o nuevo.  Los objetos que producen son sólidos y resistentes al agua, con la más alta resolución de color de la industria. Mcor Technologies asegura que es la primera impresora 3D en integrar el estándar de color internacional para conseguir una gran precisión de color de impresión 3D.

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Con una precisión de micras imprime la Projet 3510HD. El secreto está en sus 648 microinyectores. “Es como una multijet de tinta pero con resina, que se solidifica con luz ultravioleta”, explica Murillo. Esta tecnología se aplica a diseño de piezas de tolerancia muy baja, es decir, que solo admiten un error inferior a 8 micras, por ejemplo porque deben ensamblar a la perfección. “Salió al mercado hace un año y en España habrá unas diez impresoras de este tipo, tanto en el sector de moldes de inyección de plástico de bajas repeticiones como para el de fundición o joyería”, indica.

Se presenta también en Zaragoza Maker Show Main 3D, un market place español de impresión 3D.  Se trata de una plataforma donde el usuario puede comprar productos originales y personalizables gracias a un motor de diseño asistido. Los diseñadores suben sus archivos y otros lo fabrican.

Uno de los campos en que más están evolucionando las impresoras 3D es el de los materiales. En Zaragoza se presentará Fila Flex, un material flexible desarrollado en España. Las impresoras de alimentos Chefjet  llegarán a España a finales de año. “Ya se usan en alta cocina, pero también harán posible servir un café en un evento y que los azucarillos lleven tu logo, por ejemplo”, señala Pablo Murillo.

Y otra de las estrellas del Maker Show 2014 será la maqueta de la Sagrada Familia, traída por los arquitectos que allí trabajan. Tardaron tres años en completarla; está hecha de composite cerámico y bañada en bronce. “Nos han contado -recuerda Murillo- que en el trabajo diario en la obra del templo, se usan piezas impresas en 3D para dar indicaciones a los obreros, pues lo comprenden mucho mejor que sobre un plano”.

 

 

 

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¿Ciencia ciudadana retribuida?

La ciencia ciudadana ha propuesto a la gente convertirse en sensores del avance de la gripe, identificar manchas solares, plegar proteínas… Pero ¿cómo se llevará la ciencia ciudadana con las ciencias sociales?

Acaba de lanzarse un proyecto para desvelarlo en el que colaboran el Instituto de Física de Sistemas Complejos (BIFI) y la Fundación Ibercivis de la Universidad de Zaragoza y las universidades Carlos III de Madrid, de Granada y Middlesex de Londres.

Una interesante novedad de Project Q es que todas las personas que colaboren  tendrán la posibilidad de recibir pequeñas recompensas económicas. ¿Hasta qué punto motivará este detalle contante y sonante la participación?

En unos 40 minutos, y desde una plataforma ‘online’, cada participante debe rellenar una encuesta una única vez. Automáticamente, entrará en un sorteo mediante el cual uno de cada diez participantes recibirá una compensación económica en forma de bonos de compra Amazon, que los agraciados recibirán en el correo electrónico que hayan facilitado.

La experiencia se dirige  a todo tipo de público, con el único requisito de que sean mayores de edad y dispongan de una dirección de email. Los participantes pasarán a ser considerados voluntarios potenciales de Ibercivis.

Este novedoso proyecto permitirá valorar en qué medida puede la ciencia ciudadana ser utilizada por las ciencias sociales. El equipo investigador que hay detrás combina una amplia experiencia en temas de investigación en ciencias sociales desde la perspectiva tradicional con una aproximación muy novedosa basada en la ciencia de sistemas complejos.

La plataforma estará abierta hasta que se obtenga un número suficiente de participantes. Accede desde aquí.

 

 

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Desde ESOF: Hans Rosling, una historia moviéndose en cada punto de la gráfica

No es un congreso científico al uso, pero es uno de los mayores que se celebran. Gracias a la organización, Tercer Milenio tuvo su ‘corresponsal’ en ESOF (siglas de Euroscience Open Forum), una reunión científica bienal que esta vez se celebró en Copenhague y a la que acudieron más de 4.000 personas entre científicos (incluidos varios premios Nobel), políticos (como Durão Barroso) o periodistas (como Tim Radford), para tratar de establecer lo que en esta ocasión era la base del lema escogido: puentes. Entre la ciencia y la sociedad, entre la ciencia y la educación, entre los investigadores y la sociedad, entre los investigadores en sí.

 (Añadan el puente que quieran).

 acreditacion

 Con la vuelta de Tercer Milenio tras el verano publicaremos un reportaje con algunas de las cosas más importantes que allí sucedieron. Mientras, aprovechando el blog, escribiremos sobre algunas de las charlas que nos merecieron especial atención. Esta primera la pronunció Hans Rosling, la tituló ‘A fact based world view’ (Una visión del mundo basada en hechos) y tiene que ver con la representación de datos y cómo puede o debería influir en la toma de decisiones.

Aparece medio desgarbado y no tarda en usar un anacrónico y casi circense puntero de más de cinco metros para señalar en la pantalla aquello que quiere destacar. Pero es parte del juego. En realidad, Hans Rosling es un médico y estadístico sueco, consejero de UNICEF o de la Organización Mundial de la Salud, entre otras muchas fundaciones, y fue elegido en 2012 por la revista Time como una de las cien personas más influyentes del mundo. Trabajó durante muchos años en África, donde dio nombre al konzo, una enfermedad paralizante que tiene lugar en regiones especialmente pobres. Pero, preocupado especialmente por cuestiones de demografía, lo que le ha hecho más conocido es un programa de visualización de datos al que llamó Trendalyzer, una herramienta particular que ha sido incluso adquirida por Google para perfeccionarla.

Pueden entrar a verla y a jugar con ella aquí. Básicamente es un programa de visualización de datos de forma animada e interactiva, que en el fondo funciona como una película de la evolución de los países en los últimos 200 años. Que usa información proveniente de las más variadas fuentes e incluye más de 500 tipos diferentes de datos; datos que tienen que ver con nacimientos, mortalidad, energía, agricultura, salud… Y que, como Rosling afirma, deberían servir para tomar decisiones basadas en hechos. Porque muchas veces la información está disponible. Pero hay que saber leerla.

O verla.

La evolución de la población en rollos de papel higiénico

Una de las principales preocupaciones de Rosling es la evolución de la población mundial, el crecimiento que no se detiene y que puede suponer una amenaza para la viabilidad en el futuro. Es por ello que se pretende que no se superen los 8.000 millones de personas. Pero eso Rosling lo ve imposible. “A no ser que empecemos a matar a gente. Y eso no está permitido”

(bromea)

Y para explicarlo usa literalmente diez rollos de papel higiénico (vean del minuto 23 al 25 de la charla). En las condiciones actuales, y considerando una natalidad global de 2 hijos por pareja (lo mínimo para que la población se mantenga más o menos estable), en 70 años habrá (como si aparecieran de la nada) 3.000 millones de personas más en el mundo. Esta especie de paradoja es lo que se conoce como el ‘population momentum’, y explica por qué el crecimiento actual de la población no se debe a que vivamos más tiempo. Algo que, según Rosling, muchos deberían conocer pero desconocen.

Para lo que sí usa la visualización de datos es para exponer la intrahistoria de situaciones que tienen que ver con el control de natalidad. Si pinchan aquí pueden hacer el recorrido de la natalidad en China, Japón y Taiwán. En 1978 China instauró la política del hijo único, cosa que no hicieron Japón o Taiwán. Sin embargo, el número de hijos en China es de 1,7 y en Japón o Taiwán de 1,3.

(¿1.7? “El dormitorio tiene más fuerza que la política”, sonríe Rosling.)

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Pero hay dos hechos que permiten en cierto modo explicarlo, al menos lo de Taiwán y Japón. (Los datos se necesitan para la puesta en relieve, a partir de ahí es necesaria la interpretación). Por un lado, y en general, a mayor desarrollo de un país, menor natalidad. Por otro, la cultura. Rosling comenta una conversación que tuvo con una alta ejecutiva taiwanesa, de 37 años, soltera y sin hijos:

“-¿No has pensado en tener hijos?

-Constantemente.

-¿Entonces?

-En lo que no puedo pensar es en tener un marido”.

Y no puede pensar porque a las mujeres casadas se les supone que deben dejar el trabajo, cuidar al marido e incluso a los padres de él. Y “por supuesto” no divorciarse.

Y así no hace falta un gobierno para controlar la natalidad.

Pero Rosling apunta otro hecho especialmente relevante. Si lo que preocupa del aumento de la población es el consumo de recursos que supone, entonces las políticas no deben ser iguales en cada territorio. Aunque a mayor desarrollo de un país, menor tiende a ser la natalidad, hay un hecho curioso e importante. Dentro de los países ricos, tienen más hijos los habitantes de aquellos que son especialmente ricos. Y cada niño de estos países consume muchos más recursos de los que consume un niño de un país subdesarrollado. Si lo que preocupa es la falta de recursos habría que intentar disminuir ese ‘excedente’ en los países ricos, no aplicar políticas de control igualitarias en todo el mundo. Porque, además, en los países pobres lo que habría que evitar no sería directamente la natalidad, sino la pobreza. Evitando esta, y en palabras de Rosling, “se permitiría a la gente hacer lo que quiere hacer, y la natalidad bajaría”.

Y para explicar estas últimas palabras, la siguiente fotografía:

historia

Supongamos que la carretilla es la revolución industrial. Antes de ella la mujer necesitaba (muchos) hijos para traer el agua. Con la ‘revolución’, ella misma puede recoger agua para toda la familia. Y esta no solo no necesita ser tan extensa, sino que además tendrá tiempo para ir a la escuela.

O también. Una historia moviéndose en cada punto de la gráfica.

 

 

 

 

 

 

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Vocaciones científicas. “La ciencia es chula, pero no para mí”

La Unión Europea tiene entre sus metas fomentar las vocaciones científico-técnicas que demanda el mercado. ¿Por qué a los jóvenes les cuesta elegir este tipo de formación? Los expertos aconsejan transmitir la idea de que estudiar ciencia y tecnología está a su alcance y no solo conduce a ser investigador o profesor, sino que garantiza una buena adaptación al mercado laboral en un mundo cada vez más tecnificado.

VACANTES TIC Europa necesita más científicos (o, más bien, ingenieros TIC). La Comisión Europea (CE) estima que, para 2020, habrá 900.000 vacantes en el sector de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) y que no habrá suficientes trabajadores cualificados o nuevos graduados para cubrir esas plazas. Es más, año tras año, disminuye el número de jóvenes que deciden formarse en los ámbitos de ciencia (excluidas las ciencias de la naturaleza y de la salud), tecnología y matemáticas.

El número de científicos presenta «una tasa anual de crecimiento del 2,1%, insuficiente para alcanzar el nivel de científicos empleados de otras regiones del mundo», constataba un grupo de expertos ya en 2004. Numerosos estudios, como el informe Rocard (2007), avisan del «alarmante descenso en el interés de los jóvenes por los estudios clave de ciencias y matemáticas». La cuestión se agrava en el caso de las vocaciones científicas de mujeres hacia carreras técnicas.

El descenso constante se aprecia en la mayor parte de los países de la Unión Europea. En el caso de España, la caída de matriculaciones de ingenierías TIC ha sido del 44% en los últimos diez años, pese a la demanda de estos perfiles profesionales por parte del mercado. En ese mismo tiempo, los estudiantes universitarios de ciencias se han reducido el 27,3%.

Muchas cuestiones se encuentran abiertas: ¿qué factores hacen brotar una vocación científica?, ¿las actividades de divulgación contribuyen a estimularlas?, ¿cómo pueden fomentarse de manera más eficaz?

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Irene Cuesta / SINC

HAY INTERÉS PERO NO VOCACIONES El proyecto europeo Stimula!, coordinado desde la Fundación Elhuyar y en el que participó la Universidad de Zaragoza, llegó a conclusiones tan interesantes como sorprendentes: «La gente, tanto adultos como jóvenes, valora muy bien la ciencia y la tecnología (especialmente los temas relacionados con el medio ambiente o la salud), pero luego las vocaciones son bajas», señala Danel Solabarrieta, de Elhuyar. Esta aparente incongruencia, puede tener, para Jesús Ignacio Martínez, de la Universidad de Zaragoza, una explicación: «La vocación por una profesión incluye el gusto hacia los contenidos, pero también otros muchos elementos: perspectivas sociales y económicas, influencia del entorno familiar, modelos a imitar… Se puede estar interesado por un tema sin desear hacer de él nuestra profesión o sin creer que sea una salida apropiada para nosotros».

De hecho, a dos tercios de los estudiantes de 3º ESO a 2º bachillerato encuestados en 2010 por la Fundación Española de Ciencia y Tecnología (Fecyt) y la Organización de Estados Iberoamericanos ser científico, médico, profesor o ingeniero les parecen profesiones interesantes. Sin embargo, solo a un 13,4% les gustaría trabajar como científicos y a un 20,7% como ingenieros.

Según la última Encuesta de Percepción Social de la Ciencia realizada por Fecyt, el 57% de los jóvenes de 15 a 24 años cree que la profesión de investigador «es atractiva para los jóvenes» y el 68%, que compensa personalmente. Sin embargo, un 42% opina que está mal remunerada económicamente.

ACTUAR EN PRIMARIA La consultora Everis ha buscado, en un estudio de 2012 realizado en colaboración con el Departamento de Educación de la Generalitat de Cataluña, la visión de los protagonistas: cómo eligen, por qué se decantan por estudios científicos, tecnológicos y matemáticos (CTM) los propios alumnos de 3º y 4º de ESO y bachillerato. La vocación se perfila como «un proceso decisional a lo largo del tiempo», indica Sergio Marco del Fresno, director de Programas Educativos de Everis. Un proceso que culmina en los últimos cursos de la ESO, cuando «la mayoría de los alumnos (84,2%) tienen la decisión ya muy formada». Por eso aconsejan «actuar en edades tempranas, en primaria».

LA CIENCIA ES CHULA, PERO NO PARA MÍ Pero ¿qué les influye? El estudio determina que la capacidad autopercibida del alumnado resulta un elemento clave en las elecciones. Es lo que llaman ‘el efecto Pigmalión’. Un 45% no se ve capaz de cursar estudios de ingeniería e informática, mientras un 51% cree que los estudios de física, química o matemáticas son demasiado para ellos. Esto «inhabilita de entrada a casi la mitad de la población escolar y disminuye sustancialmente la posibilidad de incrementar las vocaciones CTM», indica el estudio de Everis. Y todo esto a pesar de que «la mayoría los encuentra útiles para encontrar trabajo y reconocen la importancia de la vocación en su elección».

¿Y qué pasa con la desafección de las chicas por las ingenierías y tecnología? «La principal diferencia radica en la confianza en sus capacidades», menor que la de los chicos «a pesar de tener (ellas) expedientes académicos con resultados mucho mejores». Muchos estudios identifican este ‘confidence gap’. «Los chicos, sin estar seguros, se lanzan más a la piscina -señala Solabarrieta desde Elhuyar-, y las chicas prefieren estar más seguras antes de lanzarse».

Para Solabarrieta, «una de las variables que creemos tiene más efecto es la percepción que se tiene de la ciencia como materia difícil de entender, y aquí la labor de la divulgación es muy importante». También el estudio de Everis corrobora el peso de esa percepción de dificultad alta.

Los propios alumnos participantes en el estudio de Everis (4.700) reconocen como factores más influyentes en su elección sus padres, internet y la orientación del tutor.

LA VOCACIÓN NO SE HEREDA Rosario Martínez, investigadora del Observatorio de Comunicación Científica de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, que ha realizado un rastreo bibliográfico sobre el asunto, asegura que «la vocación no se hereda, sino que se adquiere» por múltiples vías. Investigadores de la Universidad de Buenos Aires indagaron (en 2007 y 2010) en los estímulos que condujeron a un grupo de científicos a su profesión. El factor más influyente es ese profesor con que uno se cruza en alguna etapa de su vida y le deja marcado. «La lectura de un libro se sitúa por delante del influjo del entorno familiar entre los encuestados más jóvenes», cita Rosario Martínez. Y los productos audiovisuales estimulan más la vocación en los investigadores más jóvenes que en los mayores de 55 años.

Precisamente una de las conclusiones del proyecto Stimula! es que «el control de la información (y en cierta medida de la formación) en cuestiones de ciencia y tecnología (C&T,) ya no está en manos del sistema educativo -analiza Jesús Ignacio Martínez-; documentales, eventos en distintos formatos, contenidos digitales de muchos tipos son las principales vías por las que los alumnos generan su percepción de la C&T, y su posible interés».

¿Qué falla en las actividades de fomento de vocaciones?

Un grupo de alumnos rellena una encuesta sobre su percepción y su interés por la ciencia y la tecnología (C&T), así como su motivación para convertirlas en su futura profesión. A partir de los resultados, se diseñan actividades específicas, a cuyo término se vuelve a pasar la misma encuesta y hace su aparición «el dato más chocante» de Stimula!: el efecto de las actividades es casi nulo.

La mejora era casi imposible en percepción e interés, ya muy positivos en las primeras encuestas. Pero los deseos de dedicarse a estas profesiones se mantienen igual de bajos. ¿Qué ocurre entonces? ¿La divulgación no fomenta vocaciones?

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 Actividad con alumnos del proyecto Stimula! FUNDACIÓN ELHUYAR

Aunque el proyecto Stimula! fue, más que una investigación, una prospección de la situación, un programa piloto, con resultados no extrapolables al alumnado europeo, conduce a interesantes reflexiones y sugerencias.

«Nuestro proyecto recomendó un cambio en la orientación de las actividades               -asevera Jesús Ignacio Martínez-. Las centradas en hacer los contenidos más accesibles y entretenidos son valiosas, pero su contribución a la mejora del interés por la C&T es limitada, pues ese interés es ya elevado entre los escolares en general, y se nutre de mucha información ajena al ámbito académico y fuera de su control». Por su parte, las actividades dirigidas al aumento de vocaciones deberían replantearse sus objetivos hacia aumentar el prestigio de los estudios en C&T por su buena adaptación al mercado laboral en un mundo cada vez más tecnificado». Por ejemplo, presentando modelos de personas que se han formado en ciencia y tecnología «pero han desarrollado su profesión en otros ámbitos, actividades transversales que muestren cómo las herramientas de C&T son útiles para la solución de problemas y situaciones más allá de la docencia y la investigación».

Concretando, Danel Solabarrieta propone, «por un lado, proyectos de un día de duración donde se hacen experimentos en los aulas o los estudiantes visitan a un investigador con el fin de fomentar el interés general; por otro, para trabajar las vocaciones, actividades a lo largo de todo un curso escolar donde los estudiantes desarrollen proyectos que luego presentan en una feria de la ciencia».

Pero hay que ir más allá. Solabarrieta añade que «la mejor herramienta que tenemos para despertar vocaciones científicas es la educación científica formal y no formal». «Nosotros pensamos -añade- que el cambio debe venir de la innovación educativa en la enseñanza de las ciencias, utilizando metodologías basadas en la indagación, por ejemplo, y dotando a los profesores de recursos y formación en esos nuevos modelos pedagógicos».

Por su parte, el estudio de Everis ‘Factores influyentes en la elección de estudios científicos, tecnológicos y matemáticos’ constata que existen «fuertes márgenes de mejora» en entornos socioculturales bajos y entre el alumnado femenino.

Mucho más que científicos y profesores

LISTOS Y TRABAJADORES Personas inteligentes, que trabajan duro y movidas por una honda vocación. Bajo estos estereotipos positivos ven a los profesionales de la ciencia y la tecnología los más de mil alumnos de entre 12 y 18 años de España, Francia, Alemania, Reino Unido y Rumanía encuestados por el proyecto Stimula! Positivos pero que «seguramente alejan a muchos de considerar una opción profesional como esa», considera Jesús Ignacio Martínez.

La percepción de los jóvenes parece ser otro de los lastres que hace que un alto interés por la ciencia no se traduzca en vocaciones. Perciben que quienes se forman en ciencia y tecnología son luego profesores, científicos o tecnólogos. Sin embargo, «esta es una visión sesgada ofrecida por el entorno académico (incluso social) que no responde a la realidad», señala Martínez. Estudios sobre egresados de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Zaragoza, «demuestran que apenas el 20% de sus titulados desarrollan una profesión en esos campos». Y «lo más grave es que los estereotipos de los estudiantes resultan ser los de los adultos que organizan actividades de fomento de vocaciones -o sea, nosotros mismos-: las charlas, visitas y experimentos realizados están siempre enfocados a mostrar las virtudes de una profesión muy determinada: la de científico», afirma.

Por su parte, Danel Solabarrieta, de la Fundación Elhuyar, opina que «tal vez la divulgación de la ciencia debería mostrar más abiertamente que realizar estudios científicos no es un camino de una única dirección, sino una buena base para otros ámbitos, como los negocios, o para puestos de trabajo que no existen actualmente».

Teniendo en cuenta que la formación general en ciencia y tecnología (C&T) resulta útil en una sociedad cada vez más tecnificada, «el mensaje para los estudiantes debería ser: ‘Aunque ahora no quieras dedicarte a la investigación o la docencia, podrías contemplar la formación superior en C&T, pues es interesante y te ofrece una capacitación útil para el progreso profesional en nuestra sociedad’», dice Martínez.

Este enfoque enlaza directamente con la Investigación e Innovación Responsable (RRI) promovida desde Europa en el marco del Horizonte 2020. RRI significa que «todos los actores sociales (investigadores, educadores, industria, sociedad civil y gestores de la ciencia) trabajan conjuntamente durante todo el proceso de investigación e innovación para alinear mejor sus resultados con los valores, necesidades y expectativas de la sociedad europea». Una de sus seis componentes básicas habla de «fomentar las vocaciones científicas. Se ha de mejorar el proceso de educación desde las edades más tempranas».

Ignasi López, subdirector del Área de Ciencia, Investigación y Medio Ambiente de la Fundación La Caixa, expuso en el último Campus Gutenberg celebrado en Barcelona que lo crucial en el siglo XXI es «formar personas con flexibilidad; además de promover vocaciones, promover capacidades para moverse por los diversos ámbitos del conocimiento humano». Pues, mientras el siglo pasado una persona tenía uno o dos empleos a lo largo de su vida, ahora la tendencia es pasar por 10-15 puestos de trabajo. Según el Institute of Museum Library Services, competimos por el empleo a nivel global, no solo local; y ya no basta con ser experto en un campo, sino en varios que, además, cambian con rapidez. Una versatilidad que sin duda proporciona la formación superior en ciencia y tecnología.

Reportaje publicado en Tercer Milenio el 3 de junio de 2014

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La chispa en el azucarillo de Ana María Matute

Hoy rescato, en homenaje a Ana María Matute, este artículo que publiqué el 3 de mayo de 2011 en Tercer Milenio.

“Ana María Matute rescató, al recibir el premio Cervantes, la «realidad invisible» que nos roza cada día sin que la percibamos. Y se recordó a sí misma, de niña, viendo saltar una chispa azul de un terrón de azúcar partido; supo entonces que sería escritora.

Sueño y realidad, fantasía y verdad, ciencia que parece magia. Ojos abiertos al asombro, dispuestos a entrecerrarse para imaginar, para inventar ellos. Y con la valentía necesaria para compartir con otros lo que es tan íntimo.

La chispa azul de Ana María ha iluminado un momento mi curiosidad y me ha hecho preguntarme si fue el destello visto por una niña soñadora o la inesperada belleza de esa ciencia que nos roza y casi nunca vemos. Y he buscado una explicación, no para apagar la magia de la anécdota, sino para comprobar lo emocionante que puede llegar a ser la vida misma, la naturaleza misma, la ciencia misma.

En ‘Fundamentos de Física’ se explica por qué el azúcar chisporrotea al aplastarla: «Cuando se rompen ciertos cristales, se acumula una carga en las caras que se separan y se producen chispas alrededor del hueco. (…) Los electrones volátiles que forman la chispa excitan las moléculas de N2 del aire, que irradian y emiten un poco de luz azul y gran cantidad de luz ultravioleta, invisible». Consulto a uno de mis ‘químicos de cabecera’ y me dice que no es fluorescencia sino triboluminiscencia el fenómeno que nos intriga. No hay una sustancia que primero absorbe fotones y luego se relaja emitiendo luz, sino que se produce una descarga eléctrica que ioniza el aire. Un fenómeno relacionado con la piezoelectricidad que genera la chispa de un mechero y con la ionización del aire que se produce con un rayo durante una tormenta.

Saber esto no solo no le quita encanto al ‘prodigio’, sino que tienta a cualquier persona a probar a encontrar la chispa azul del azucarillo de Ana María Matute . Una chispa que, al mismo tiempo, es de cada uno y de todos“.

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Exoesqueletos con partes aragonesas

Por PATRICIA LUNA

PROYECTO CORBYS Varios equipos de Zaragoza trabajan en la creación de exoesqueletos con funciones muy similares a las del proyecto de Nicolelis con el que un parapléjico hizo el saque de honor del primer partido del Mundial de Brasil.

 COORBYS-V2Exoesqueleto del proyecto europeo Corbys, financiado por el VII Programa Marco.

El proyecto Corbys cuenta con 11 centros de investigación europeos y un presupuesto de 6 millones de euros para desarrollar un exoesqueleto que permita una rehabilitación activa de personas con parálisis en miembros inferiores, en la que se mide y controla no solo su intención de movimiento, sino también la atención a este movimiento que presta el paciente, logrando su compromiso en la terapia.

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Los sensores del casco miden la actividad cerebral. Bit Brain Technologies

El equipo de Javier Mínguez, director científico y tecnológico de la empresa aragonesa Bit Brain Technologies, se encarga de la neurotecnología, es decir, de extraer la información del cerebro que va a utilizar la máquina y que se conecta con el cuerpo y el exoesqueleto -en el que trabaja un equipo alemán-, al detectar las intenciones de movimiento. El paciente se instala fácilmente un casco equipado con sensores. «Este tipo de tecnologías aprenden cómo es la actividad cerebral de cada usuario para decodificarla después. Este aprendizaje es muy relevante porque se adapta de forma individual a cada usuario y, en particular, a los pacientes: unos han sufrido accidente cerebrovascular y otros, lesión medular. Ambos grupos tienen dañado el córtex motor y la tecnología tiene que aprender qué permanece aún y cómo poder utilizarlo», afirma.

Aunque los test en laboratorio han detectado con un 80% de eficacia la intención de movimiento y un 70% la atención a ese movimiento, Mínguez no duda en señalar el gran desafío de discernir entre el ruido producido por la actividad de cientos de miles de neuronas. «Nuestro aparato sí que ‘lee’ el cerebro, lo que resulta difícil es interpretar lo que lee; interpretar todo lo que nos llega de los sensores es un problema complejísimo», explica, aunque esta tecnología es buena detectando emociones.

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Pruebas iniciales de Hyper en el Hospital de Parapléjicos. El objetivo final es que el paciente camine solo gracias al exoesqueleto. HNP

PROYECTO HYPER Por su parte, el proyecto Consolider Hyper, en el que participa la Universidad de Zaragoza a través del grupo de Robótica que dirige Luis Montano, es un consorcio de nueve grupos de científicos, médicos y empresarios, todos españoles, en otro proyecto de gran envergadura y presupuesto similar. El objetivo es desarrollar exoesqueletos para ayudar a moverse a los pacientes, pero estimulando su musculatura con el objetivo de rehabilitar la movilidad, pensando en personas que han sufrido accidentes cardiovasculares, parálisis cerebral o lesiones parciales de médula. Es decir, la tecnología estaría más centrada en pacientes que no presentan una lesión muy aguda y que aún tienen una capacidad de movimiento ‘residual’ que puede ser estimulada a través de la máquina. Hyper es además un exoesqueleto híbrido, donde el movimiento no solo lo genera la máquina, sino que esta incorpora electrodos que transmiten corrientes eléctricas a las extremidades de los pacientes; está orientado a recuperar la movilidad tanto en piernas como en brazos. El sistema se está probando en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo y en la Universidad Rey Juan Carlos de Alcorcón (Madrid).

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