Pasar el sombrero por la ciencia

Marisa Alonso podrá comprar los caros anticuerpos que necesita para seguir investigando procesos cancerígenos con levaduras gracias a la pequeña ‘buena acción’ de un grupo de personas anónimas que decidieron hacer una pequeña aportación económica a su proyecto. Son los pequeños mecenas del crowdfunding, una iniciativa que, después de un exitoso rodaje en campos más artísticos, llega ahora a la ciencia a través de Scifund. Tercer Milenio dedica un reportaje a esta nueva modalidad de micromecenazgo. 49 proyectos, tres de ellos con representación española, se mostraron en público a través de las redes en busca de financiación. ¿El resultado? Una recaudación de 75.000 dólares a través de 1.440 donaciones individuales. 1.440 granitos de arena.

De forma colectiva e individual, la sociedad está reaccionando ante los recortes presupuestarios que amenazan tantos proyectos y carreras investigadoras. Recientemente hemos conocido los casos de una madre y un padre coraje, que luchan por que se continúen investigando las enfermedades de sus hijos: la diabetes y el síndrome de Rett.

Cristina Ponce es madre de una niña afectada por diabetes de tipo 1. Silvia Sanz es una investigadora que estudiaba esta enfermedad en Valencia hasta que, en noviembre, los recortes obligaron a despedir a 113 trabajadores del Centro de Investigación Príncipe Felipe de Valencia. Entonces, Cristina decidió organizar una colecta para que Silvia pudiera seguir con su trabajo. Reunió 7.700 euros, lo que permitirá extender su contrato aunque solo sea unos meses más. El valor de la iniciativa, que llegó a ser portada del diario ‘El País’, es ante todo simbólico, pero ya se sabe que, si muchos reman en la misma dirección, la trainera avanza.

Nuestro padre coraje se llama Josele Ferre; su hija, María. Es una niña de ahora 12 años a la que a los pocos meses de nacer se le diagnóstico síndrome de Rett, una rara enfermedad neurológica que le lleva a una progresiva discapacidad. Las enfermedades raras (o muy poco frecuentes) suelen ser poco estudiadas. En España se está investigando a nivel epigenético en el PEBC, del instituto IDIBELL, en Barcelona. Pero a nivel clínico tan solo la estudiaba el hospital Sant Joan de Deu, también en Barcelona, y la línea tuvo que detenerse por falta de capital. Josele lucha desde hace tiempo por conseguir fondos, como se ve en su página. Entre otras formas, difunde el problema participando en carreras populares empujando un carro en el que lleva a María, algo que se le ocurrió cuando vio que aquello la relajaba y disminuía los brotes que suelen acompañar a su enfermedad. Ahora ha conseguido recaudar 50.000 euros  y los ha llevado desde Valencia hasta el hospital Sant Joan de Deu, en bicicleta y en tan solo un día. Y ha conseguido reabrir la línea de investigación. 

Muchas preguntas se abren a la reflexión: ¿es bueno que las líneas de investigación acaben dependiendo del altruismo que las rodea?, ¿qué mensaje lanzan a los gobiernos estas actitudes de personas que ‘se mojan’ por la ciencia?, ¿debería habilitarse una casilla en la declaración de la renta para expresar si queremos que una parte de nuestros impuestos se destine a I+D, como ya se ha propuesto?, ¿o debe ser esto un compromiso del Estado, una prioridad, y es esto lo que habría que exigir?

LA LEY DE MECENAZGO, PRIORIDAD CULTURAL (¿Y CIENTÍFICA?) Ante la magnitud de la crisis, una opción para salvaguardar la cultura es la de favorecer la entrada de mecenazgo privado. Para ello, el nuevo gobierno parece haberse planteado una desgravación fiscalque anime a los ‘mecenas’ a remar a favor de la causa. Ya se han mostrado partidarios de la iniciativa diferentes personalidades como los directores del Teatro Real, del Liceo o los de los museos del Prado y el Reina Sofía. Pero la ciencia también tiene sus mecenas potenciales, por lo que parece lógico que la iniciativa se hiciera más extensiva a otras formas de cultura. Y no parece cuestión de poner más trabas, ¿verdad?

Mientras tanto, Marisa Alonso, nuestra farmacéutica astorgana, pudo comprar los anticuerpos que necesitaba para seguir investigando procesos cancerígenos con levaduras en el Instituto Paterson, en Manchester (aunque en unos meses termina su contrato).

Cancer? Yeast has answers from Marisa Alonso-Núñez on Vimeo.

Jorge Mederos, un biólogo cubano enamorado del parque natural de Collserola (Barcelona), seguirá controlando las poblaciones de insectos desde la pasarela que ha tendido de árbol a árbol.

#SciFund Challenge video from Jorge Mederos on Vimeo.

Y Luis Valledor, también biólogo, buscará la forma de optimizar la producción de biocombustibles a partir de cultivos de algas.

Estos son los tres proyectos con representación española que llegaron hasta Scifund, una iniciativa nacida de la indignación de dos investigadores estadounidenses muy aficionados a las redes sociales, Jarret Byrnes y Jai Ranganathan, al ver cómo, en plenos recortes a la ciencia, iniciativas como la de construir una estatua de Robocop en mitad de Detroit eran ampliamente apoyadas en plataformas de financiación popular.

Pero no solo los proyectos científicos caben en el crowdfunding. La divulgación también. En ocasiones de la mano de la vergüenza de un conocido bloguero británico, Ed Yong, al encontrar tanta la calidad en algunos textos divulgativos que encontraba en la red y que habían sido escritos sin ningún tipo de contraprestación, por mero amor al arte. Por eso decidió que cada mes escogería diez de ellos, los apoyaría económicamente y los publicitaría para que los lectores que también quisieran contribuir pudieran hacerlo. Puede resultar ingenuo, pero es algo parecido a lo que hizo el grupo Radiohead: durante tres meses de 2007 permitieron la descarga libre de su disco ‘In Rainbows’, dejando que cada usuario aportase la cantidad que desease (incluyendo no pagar nada). Pues en ese tiempo se descargaron más de 1 millón de copias, y la media aportada fue de entre 5 y 8 dólares. Es decir, una recaudación de más de 5 millones de euros en solo tres meses. Lo contamos en Tercer Milenio.

 

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