Adopta una @moleculica

Ya está en marcha el concurso ‘Adopta tu Molécula’. Cada mes os contaremos la historia de una molécula sin decir cuál moleculicaes. El primer reto: adivinar de qué molécula se trata antes de que demos la solución al mes siguiente. Tranquilos, damos muchas pistas, es fácil. El segundo reto es que, si quieres, puedes adoptarla. ¿Te animas?

La ‘oficina de adopciones’ se encuentra en el Instituto de Síntesis Química y Catálisis Homogénea.

Este logo es una creación de Sr. Brightside

Por FERNANDO GOMOLLÓN BEL y JOSÉ IGNACIO GARCÍA LAUREIRO

¡Hola a todos! Soy una molécula. No os voy a decir cómo me llamo pero sí os voy a contar mi historia. A ver si sois capaces de saber quién soy. Mi historia, como la de muchas otras moléculas, ha tenido altibajos. He conocido tiempos buenos -todo el mundo me alababa, era la solución a todos sus problemas-, pero también malas épocas. Los americanos llegaron a decir que causaba cáncer. ¡Yo!

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Tengo dos padres. Los dos son químicos; uno es estadounidense y el otro ruso. No hay forma de encontrarme en la naturaleza. Mis papás me prepararon por primera vez a finales del siglo XIX, a partir de algo tan poco glamuroso como el alquitrán de hulla. Por pura casualidad, uno de ellos notó un sabor dulce en su mano después de haber estado trabajando conmigo. Investigando más a fondo, descubrió que era 300 veces más dulce que el azúcar (¡chúpate esa!). A principios del siglo XX comenzaron a utilizarme para endulzar los alimentos evitando añadir azúcar, lo cual era estupendo, especialmente para las personas con diabetes. Mi súbito éxito despertó temores, y la gente empezó a acusarme (sin pruebas) de no ser tan buena como parecía. Por suerte, el mismísimo Theodore Roosevelt, presidente de Estados Unidos, salió en mi defensa: su médico le había recomendado que me tomara para ayudarle a adelgazar. Aquella fue una rápida y dulce victoria.

Tras unas décadas de plácido éxito, a principios de los setenta mi buen nombre se vio arrastrado por el fango. Se me acusó de ser una molécula cancerígena y se solicitó que se prohibiera mi comercialización y consumo. Una serie de estudios demostraba que mi consumo regular aumentaba la proporción de cáncer de vejiga en ratas. El ensayo repetido poco después en ratones no fue concluyente, pero era demasiado tarde. La gente ya no quería que endulzara sus vidas. El mazazo más gordo llegó en 1972, cuando la Agencia de los Alimentos y Medicamentos estadounidense (FDA), me borró de su lista de aditivos alimentarios considerados seguros. Mi prohibición parecía estar a la vuelta de la esquina.

Afortunadamente, muchos químicos (como mis papás) siguieron investigando. Muy pronto, reunieron pruebas que ponían en duda que yo fuera peligrosa para el consumo humano. Por una parte, descubrieron que en la orina de las ratas se da una combinación única de pH, fosfato de calcio y proteínas que hace que en mi presencia se formen pequeños cristales en su vejiga. Piedras de riñón (¡pobres ratas!). A la larga, estos cristales terminaban causándoles tumores. Los humanos tenemos una orina algo distinta y no llegan a darse las condiciones que crean cristales en ratas. Más tarde, multitud de análisis demostraron con seguridad que no había mayor incidencia de cáncer de vejiga en las personas que me consumían habitualmente (diabéticos o adictos a las bebidas light bajas en calorías) que en las que tomaban azúcar.

No hace mucho, a principios de este siglo, por fin recuperé mi buen nombre. La Agencia de Protección del Medio Ambiente de EE. UU. me borró de la lista de sustancias potencialmente peligrosas. Soy como aquel al que condenan injustamente hasta que demuestran que el asesino era otro. Ha habido un nuevo juicio y ¡he salido libre sin cargos! ¡Ahora ya me podéis adoptar sin miedo!

Como muchas sustancias que se usan en alimentación, tengo mi propio número E, pero no os voy a decir cuál, que si no la adivinanza es demasiado fácil. Me consideran “un edulcorante no calórico”. Vamos, que conmigo no engordas aunque comas alimentos dulces. Normalmente no suelen venderme sola, sino acompañada con otros amigos míos edulcorantes. Entre todos, conseguimos que el sabor final sea delicioso.

¿SABES QUÉ MOLÉCULA SOY?

Manda tu respuesta y tus datos (nombre, dirección y teléfono) a milenio@heraldo.es, asunto Adopta tu molécula. Sortearemos un premio entre los acertantes. Fecha límite: 18 de diciembre.

¿QUIERES ADOPTARME?

Para ser una buena madre o un buen padre, tendrás que averiguar mis propiedades, usos y la opinión que la gente tiene de mí. No te preocupes si te parece difícil y una gran responsabilidad; desde el blog ‘Moléculas a reacción’, te ayudaremos y guiaremos en tu adopción.

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Una respuesta a Adopta una @moleculica

  1. Pilar Perla dijo:

    La dulce @moleculica del mes de noviembre era: ¡la sacarina! Enhorabuena a quienes la descubristeis y muchas gracias a todos los padres y madres adoptivas. Tras realizar un sorteo entre todos los participantes en nuestro concurso, el ganador es Javier Amezcua.

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