Neurociencia. A las urnas con cabeza

EL CEREBRO POLÍTICO ¿Es posible averiguar la orientación ideológica de una persona haciendo un escáner de su sesera? ¿Existen diferencias en la materia gris de los votantes de derechas y de izquierdas? Escudriñando el cerebro humano, los neurocientíficos han comprobado que existe una relación clara entre la actividad de nuestras neuronas y lo que votamos cuando llega el momento de acudir a las urnas para elegir a nuestros representantes políticos.

cerebro voto

 

 

UN SECRETO ESCANEABLE Aunque el voto sea secreto, la ideología política ya no es ningún misterio para los científicos. Los últimos avances de la neurociencia muestran que para saber por qué candidato a unas elecciones te decantas ni siquiera haría falta preguntarte. Una simple resonancia magnética del cerebro bastaría para identificar en cuestión de minutos cuál es tu orientación política. En concreto, medir la reacción cerebral de un individuo ante una imagen desagradable, especialmente la de un animal mutilado, resulta casi infalible para saber si tiene una tendencia conservadora o progresista, tal y como revelaba un estudio estadounidense publicado en ‘Current Biology’ el año pasado. «Demostramos que la respuesta neuronal al ver una sola fotografía de este tipo es suficiente para predecir la orientación política», aseguraba P. Read Montague, investigador de la Universidad de Virginia Tech y coautor del estudio. «Nunca he visto resultados predictivos tan claros en ningún otro experimento de neuroimagen», admitía.

Ante el mismo estímulo visual, este experimento reconoce el mapa de activación en todo el cerebro de una ideología y de otra. El conjunto de píxeles (vóxeles en el cerebro) que se iluminan, pues detecta mayor actividad en ciertas zonas cerebrales en personas conservadoras y mayor actividad en zonas distintas en progresistas.

Pero la cosa no acaba ahí. El tamaño de ciertas áreas de nuestra sesera también puede aportar pistas interesantes sobre las futuras decisiones de los votantes a pie de urna. Y si no que se lo pregunten a Ryota Kanai, que desde su laboratorio del University College de Londres (Reino Unido) demostró que las personas que se autodefinen como progresistas suelen tener más grande la corteza cingulada anterior, una estructura relacionada con una mayor habilidad para manejar información contradictoria. En los sujetos con ideología conservadora, sin embargo, lo que aumenta de tamaño es la amígdala cerebral, la torre de control de la respuesta ante el peligro. Y eso implica que los partidarios de la derecha tienen más capacidad para detectar las amenazas, según concluía Kanai en la revista ‘Current Biology’. Esto ratifica informes psicológicos previos que indican que los progresistas están más abiertos a nuevas experiencias, mientras que los conservadores son más sensibles a los riesgos, especialmente en momentos de incertidumbre.

CEREBROS DE DERECHAS O DE IZQUIERDAS Que la amígdala es una estructura clave en el cerebro de los votantes de la derecha es algo que confirman investigaciones recientes de la Universidad de Exeter (Reino Unido). Analizando con un escáner cómo trabaja el cerebro cuando se toman decisiones arriesgadas, el experto en neuropolítica Darren Schreiber demostró que la señal procedente de la amígdala derecha era mucho más alta entre los sujetos con ideología de derechas. Los votantes de izquierdas, por su parte, mostraban una clara ebullición neuronal en la ínsula izquierda, con un papel esencial en la empatía, es decir, la capacidad de ponernos en el lugar de los demás. Lo que es más interesante: midiendo la actividad en estas dos regiones se puede predecir la ideología de cualquier sujeto con un 82,9% de acierto.

CONECTIVIDAD SOCIAL La red que forman las neuronas espejo, unas células nerviosas vinculadas con las habilidades sociales y emocionales, también es sospechosa de influir en las preferencias políticas. De ahí que Roger Newman-Norlund, director del Laboratorio de Estimulación Cerebral de la Universidad del Sur de California (Estados Unidos), haya centrado sus investigaciones en la actividad de estas neuronas. Escaneando el cerebro de 24 sujetos concluyó que en el cerebro de los votantes de izquierda están más activas las áreas ligadas con la conectividad social en círculos de amigos e incluso con desconocidos de cualquier parte del mundo. Entre los votantes de la derecha, las neuronas espejo que suelen estar en ebullición son las ligadas a la conexión con familiares y amigos. Dicho de otro modo, ambos grupos tienen una alta conectividad social, pero a diferentes escalas.

NEUROTRANSMISORES CON IDEOLOGÍA Tampoco es descabellado afirmar que, en gran medida, la química cerebral lleva la batuta de la ideología política. Concretamente, cuando en nuestra mollera hay cantidades ingentes de dopamina, el neurotransmisor que controla el movimiento y la capacidad de experimentar placer y dolor, nos mostramos predispuestos a adoptar una ideología progresista. Y eso es precisamente lo que les sucede a quienes tienen en su ADN una variante concreta del gen DRD4, que codifica un receptor de la dopamina, tal y como se podía leer hace poco en ‘The Journal of Politics’. Un gen que ya había sido vinculado con anterioridad a personalidades fuertemente atraídas por las novedades.

VOTAR CON CABEZA Por otra parte, independientemente de nuestra ideología, hay un área del cerebro que debe entrar en juego si queremos escoger bien a qué candidato votar: la corteza orbitofrontal lateral.

Las neuronas de esta zona del cerebro se ocupan de que vayamos más allá de las ‘primeras impresiones’, integrando toda la información disponible sobre las opciones de voto y acerca del nivel de competencia de cada candidato que se presenta a las elecciones antes de tomar una decisión, tal y como demostraban neurólogos del Instituto Neurológico de Montreal (Canadá) en un artículo publicado en la revista ‘Journal of Neuroscience’.

Con tantas evidencias sobre la relación entre la actividad cerebral y la ideología de los ciudadanos, que los estrategas políticos hagan uso de los resultados neurocientíficos en las campañas electorales parece solo cuestión de tiempo.

cerebro en urna

La ciencia de la participación electoral

EL ESTRÉS, ENEMIGO DE LAS URNAS Si eres de los que sale a correr cada mañana, no faltas a tu cita con el gimnasio o practicas deportes de equipo asiduamente es más probable que acudas a las urnas en las próximas elecciones que si llevas una vida sedentaria, según se desprende de un estudio reciente de la Universidad de Mississippi del Sur (Estados Unidos). Esto podría guardar relación con otro estudio de la Universidad de Nebraska (EE. UU.) que sugiere que los niveles altos de cortisol, la peligrosa hormona del estrés, son contraproducentes cuando llegan unas elecciones. Cuanto más cortisol corre por nuestras venas, más probable es que nos abstengamos de votar, aseguran los investigadores. Y no hay que olvidar que el ejercicio físico regular mantiene el estrés a raya.

Otro hábito que se puede relacionar con nuestra participación electoral es el consumo de cigarrillos, ya que, según un reciente estudio estadounidense publicado en ‘Nicotine & Tobacco Research’ y basado en cerca de 12.000 personas, los fumadores acuden a votar un 60% menos que los no fumadores.

Por otro lado, y aunque parezca contradictorio, los ciudadanos felices acuden más a votar que los descontentos. Científicos de la universidad estadounidense de Baylor han comprobado que las personas que se sienten más satisfechas con su vida son más propensas a ir a votar y a participar activamente en la vida política que los individuos insatisfechos, según exponían en la revista ‘Journal of Happiness Studies’.

GENES MITINEROS ¿Y qué hay de la genética? Influye en un 53% en la participación política, según concluía James H. Fowler, de la Universidad de California en San Diego (EE. UU.), a partir de investigaciones con gemelos idénticos y no idénticos. Sus estudios revelan que sujetos con ciertas variaciones en dos genes humanos, MAOA y 5HTT, son más proclives a acudir a votar o asistir a un mitin. Estos genes juegan un papel clave en el sistema de la serotonina, un neurotransmisor que, entre otras cosas, genera sensación de bienestar y regula la interacción social.

POR LA CARA

En tiempos de crisis tendemos a elegir líderes con rasgos masculinos en el rostro, además de decantarnos por candidatos de mayor edad, según han puesto de manifiesto los británicos Brian R. Spisak y Mark Van Vugt, de la Universidad de Kent. Por el contrario, en épocas de paz o negociación preferimos dirigentes más jóvenes y con rasgos faciales más suavizados o femeninos.

Manipulando imágenes de rostros de candidatos para que mostraran rasgos faciales propios de buena salud, en un caso, y de una alta inteligencia, en otro, científicos holandeses han demostrado que los humanos solemos escoger líderes con una complexión que indique altos niveles de salud. En concreto, los rasgos saludables otorgan el triunfo en un 69 por ciento de los casos. Los candidatos con aspecto inteligente solo son los preferidos cuando el cargo que van a ostentar requiere diplomacia y dotes de negociador, según se podía leer en ‘Frontiers in Human Neuroscience’.

En cuanto a la voz, inconscientemente los votantes de derecha son más afines a candidatos con voces profundas y mandíbulas cuadradas, posiblemente porque «perciben el mundo como más peligroso y amenazante que los votantes de izquierda, y buscan un líder fuerte», según concluía Lasse Laustsen, de la Universidad de Aarhaus (Dinamarca), en la revista ‘Evolutionary Psychology’.

Que un candidato sea obeso también puede pesar sobre la decisión del electorado. De acuerdo con un estudio publicado por investigadores de la Universidad de Missouri-Kansas City (Estados Unidos), los candidatos políticos con kilos de más obtienen menos calificación de sus cualidades de liderazgo, especialmente si se trata de mujeres.

 

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Una respuesta a Neurociencia. A las urnas con cabeza

  1. DORA I. CRUZADO ZEGARRA dijo:

    EXCELENTE LA EXPLICACIÓN DE LA NEUROCIENCIA PARA DAR UNA ADECUADA CAPACITACIÓN POLÍTICA EN MI PAIS QUE ES EL PERÚ. TRASMITIRÉ LO APRENDIDO.

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