La intersección arte-ciencia

Ciencia y arte, una intersección -no necesariamente un acuerdo- para llegar más lejos.
A veces, un maridaje, pero un cóctel con un nuevo sabor me sabe a poco, mejor una pócima con nuevos efectos, una mezcla con resultados explosivos, inestable, peligrosa… o sedante. 

Uno bombardea al otro y tratamos de detectar partículas elementales, que no son arte ni ciencia, sino, tal vez, otro tipo de bosón.

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‘5ª columna’, de Jaime de los Ríos. CARLOS MUÑOZ

El arquero lanza una pregunta: ¿Se sienten los artistas instrumentalizados por la ciencia? ¿Por ejemplo cuando la ciencia, a lomos de la pintura, el vídeo, el teatro, trata de ganar la carrera de la comunicación con la sociedad?

Pero también escucho llamar a la ciencia materia prima del arte, que usa sus datos o sus imágenes o sus conceptos en sus obras. La ciencia es inspiración para el arte; las tecnologías, herramientas en manos del artista. Entonces, ¿quién es el instrumento?

Si el artista se apoya en la ciencia o maneja la tecnología para llegar a su diana… O si el científico lleva las riendas del arte para diseminar su mensaje…, apenas se llega un poco más allá de uno mismo. 

Interesante pero escaso. Viajar juntos debería llevar a otra parte. O a ninguna.

Arte-ciencia. Ciencia-arte. ¿Por qué no una superposición cuántica? Vivo o muerto, dentro de una caja.

Hace unas semanas, asistí en Etopia al simposio internacional sobre arte y ciencia ‘Reverberadas. Exploraciones sobre arte digital y ciencia’. Tuve la sensación de que, lo mismo que los científicos dicen “Somos científicos, sácanos de aquí”, los artistas podían también decir “Somos artistas, sácanos de aquí”. Imaginé al artista encerrado en su estudio, en su residencia, igual que el científico en su laboratorio.

Y, con mi libreta y mi bolígrafo, sentí que tenía que sacar de esa caja cerrada -que se abre a través de la ventana de la exposición-, las palabras dichas, que rebotaban de pared en pared de aquel auditorio pero no acababan de salir al exterior.

Este fue el resultado, que trazó un zigzag.

Tiempo después, añado:

A menudo identificamos con demasiada facilidad arte y belleza. Buscamos la ciencia bella para hacer arte, incluso para llamarla arte.

Pero el arte también disgusta, descoloca, golpea, sorprende, inquieta… Y en la ciencia hay rutina, papeleo, gases irrespirables, soberbia, decepciones, imágenes que no son de exposición.

También se tiende a asumir que el arte es eficaz comunicando, cuando gran parte del arte contemporáneo es absolutamente incomprendido por el gran público. No es tan inmediato. Si unimos arte y ciencia, podemos estar añadiendo a la complejidad de la ciencia la complejidad del arte.

Llegamos a la dimensión divulgativa. El arte no tiene por qué explicar. La divulgación tampoco obligatoriamente. Pero ambos, siempre, siembran: la curiosidad, la duda, la sensación, la sugerencia, la inquietud. Soplan la vela de un barco, que llegará donde el espectador/lector quiera.

Ciencia y arte, una intersección -no necesariamente un acuerdo- para llegar más lejos.

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