Se cumplen 70 años de la edición de este famoso “cuento filosófico” y a pesar de las miles y miles de ediciones, traducido a centenares de idiomas incluso el Latín, sigue habiendo “vasallos” del Principito sin entender aquello de ‘Lo esencial es invisible a los ojos’…
”El ministro”
En este cuento poético, ilustrado con hermosas acuarelas realizadas por el propio autor, Saint-Exupèry, nos envuelve en la realidad más profunda del Ser Humano, a través de los ojos de la inocencia y del querer descubrir y conocer… Todos deberíamos, a lo largo de nuestra vida, releer de vez en cuando los profundos mensajes que descubre el Principito, cuanto más cuida y cultiva su famosa rosa...
Es en ese acto de “divina” observación el que nos permite estar por encima de lo vulgar, lo inculto e intrascendente. Profundizar en las “raíces” de algo nos hace más libres, el verdadero significado de las palabras aún más. Como un claro y actual ejemplo podemos tomar “al azar” la palabra ‘ministro’. Dada la politización que hoy nos envuelve , cuando oímos dicho término parece que automáticamente debemos poco menos que “genuflexar” nuestro cuerpo ante “tamaña” presencia… Pues, nada más lejos de la ‘raíz real’. En la para algunos, por “infausto decreto”, lengua “muerta” del Latín, el término ‘ministro’ deriva de minister y éste, a su vez, del adjetivo minus que significa menos o ‘menos que’. En la Historia el ‘minister’ era el sirviente o subordinado que apenas tenía habilidades y conocimientos. En el interesante blog ‘Letras en el Sahara’ de Javier Sanz, nos cuenta una “anecdótica” situación real de nuestra historia, versa así: … En cierto ocasión José Solís Ruiz, ministro de Trabajo durante el régimen franquista y natural de Cabra (Córdoba), le discutía al político y rector de la Universidad Complutense, Profesor Muñóz Alonso, para qué servía el latín. El profesor le respondió, “Por de pronto, señor ministro, para que a Su Señoría, que ha nacido en Cabra, le llamen ‘egabrense’ y no otra cosa”…
Ha pasado el tiempo y aún nos hallamos con situaciones parecidas, donde el “ministro” pone en duda lo que dice el ‘maestro’. O algo peor, se atribuye el conocer sin haber antes experimentado el cómo… Decía Teofrasto que “El literato es el único que goza de la prerrogativa de no ser extranjero en medio de extranjeros”… Y es que el Latín, esa lengua del Lacio, nos descubre lo que somos verdaderamente a la primera de cambio. Queda claro que para ser buen “ministro” convendría primero ser Maestro. Dicho término deriva de magister y este, a su vez, de magis que significa ‘más’ o ‘más que’.
“El Maestro“
Los magister o maestros son, los que a lo largo y ancho de la Historia, han sembrado el Conocimiento sin aplicar leyes por “decreto ley”, pero sí con sentido común…
Corría el año 625 a.C. y nacía en Tebas uno de los 7 Sabios de Grecia, ‘Tales de Mileto’. Padre de la Geometría y a quien le debemos, además de otras cosas, importantes descubrimientos astronómicos. ‘Magister’ donde los haya se topó una tarde, como le suele suceder a todos los grandes ‘maestros’, con un insulso sofista que intentó poner en ridículo sus conocimientos, haciéndole nueve preguntas “comprometidas”…
En la primera de ellas le preguntó: Maestro ¿Qué es lo más antiguo?… Tales no dudó y respondió ‘Dios, porque siempre ha existido’. ¿Qué es lo más bello?… ‘El Universo, porque es obra de Dios’. ¿Cuál es la mayor de todas las cosas?… ‘El Espacio, porque contiene todo lo creado’. ¿Qué es lo más constante?… ‘La esperanza, porque permanece en el Hombre después de que lo ha perdido todo’. ¿Cuál es la mejor de todas las cosas?… ‘La virtud, porque sin ella no existiría nada bueno’. ¿Cuál es la más rápida de todas las cosas?… ‘El pensamiento, porque en menos de un minuto nos permite volar hasta los confines del universo’. ¿Cuál es la más fuerte de todas las cosas?… ‘La necesidad, porque es con lo que el hombre enfrenta todos los peligros de la vida’. ¿Cuál es la más fácil de todas las cosas?… ‘Dar consejos’. ¿Cuál es la más difícil de todas las cosas?… ‘Conocerse a sí mismo’…
Por todo esto, queridos amigos, cuando alguien nos diga ¡¡¡Que viene el ministro!!!… no entremos a temblar y esperemos que llegue El Maestro.
Felices pesadillas…