El sufrido concursante

15 Octubre, 2009 por Sergio del Molino

España, aparta de mí estos premios

 Fernando Iwasaki, España, aparta de mí estos premios, Páginas de Espuma

Quizá vuelvo a estas andadas blogueras a destiempo, que las fiestas del Pilar no son la mejor época del año para leer, pero hoy me he dado un tirón de orejas. Ya está bien de vacaciones blogueras, que hace un tiempo que volví a la redacción tras mi merecidísimo asueto. Los libros se me amontonan en la mesa y los editores que me los mandaron empiezan a sospechar que los estoy usando para calzar mesas cojas. Así que tendré que sacarles de su error: sigo leyendo, aunque no escriba, y puede que haya llegado al fin el momento de volver a compartir aquí las secreciones hormonales que tales lecturas me provocan. Por si a alguien -improbable- le interesa echarle un vistazo y recrearse o ciscarse en ellas.

Para que esta tardía rentrée mía no se haga muy cuesta arriba, empezaré con un libro ligero y humorístico. Las densidades, para cuando la máquina esté más engrasada. Les propongo, si tienen a bien, que se acerquen a la obra del peruano Fernando Iwasaki -si es que no la conocen ya-. Es inteligente, fresca, antiacadémica, irreverente y sí, postmoderna, si es que finalmente existe eso que llaman postmodernidad. Acaba de sacar un libro sensacional, España, aparta de mí estos premios (Páginas de Espuma), que está dando que hablar en los mentideros juntaletriles, pero que pueden disfrutar la mar de bien los profanos.

La figura del escritor latinoamericano que malvive en España ganando áccesits de oscuros premios de diputaciones, cajas de ahorros y ayuntamientos alcarreños ya fue abordada por Roberto Bolaño en un precioso cuento -que ganó un concurso de esos, por cierto- titulado ‘Sensini’, incluido en su volumen Llamadas telefónicas (Anagrama). Pero Bolaño hacía un retrato trágico del fracaso, del escritor de culto aclamado por unos pocos acólitos mientras se muere de hambre, porque el amor de los letraheridos no alimenta, y prostituye su prosa para sacar algunos euros de su trabajo. Lo de Iwasaki es otra cosa. Iwasaki lanza un torpedo a la línea de flotación del sistema de concursos literarios de España (poblado por cientos de ellos, tal vez miles). Lo ha negado en varias entrevistas, pero un autor se define en su obra, no en las cosas que improvisa delante de un micrófono, y este libro es una sátira con amplio poder destructivo. El poder del humor, claro, que es el más peligroso de todos.

El libro es una recopilación de supuestos cuentos que han ganado concursos varios a lo largo y ancho de España. Cada relato incluye las bases -delirantes- de un concurso ficticio y terminan con el acta donde el jurado expone objeciones y peros al premio, aunque finalmente se lo conceda. La gracia -una de las muchas gracias- es que todos los cuentos son prácticamente idénticos en su trama, con párrafos calcados. Varían el título, el escenario y el ambiente, para ajustarse a las exigencias del concurso, pero todos cuentan la historia de unos japoneses desaparecidos hace muchas décadas que surgen de repente en un lugar de España, despertando pasiones y caos.

Las bases de estos concursos incluyen exigencias tales como: “La temática deberá estar relacionada con el turismo espeleológico”; “deberá estar relacionada con la vida y obra del polígrafo eibarrés Juan Antonio Moguel”, o “debe girar en torno al Langostino de Sanlúcar”. No se rían (o ríanse, que está para eso), porque condiciones más delirantes y absurdas se pueden leer a diario en los premios literarios que se convocan en esta piel de toro.

Sé de buena tinta que lo que hace Iwasaki como broma -presentar el mismo cuento con pequeñas variaciones para ganar concursos muy dispares- lo practican algunos escritores aficionados. El propio Bolaño, en el cuento citado y en algunas entrevistas, confesó haber enviado el mismo relato con distintos títulos a cuatro o cinco certámenes distintos. Por tanto, España, aparta de mí estos premios puede considerarse literatura realista.

Es una sátira, obviamente. Y riéndose del delirio de los premios literarios, Iwasaki se ríe de España entera, de la España de hoy con sus absurdos cotidianos: la corrección política, el lío de la memoria de la guerra civil, los nacionalismos, la moda esnob por la alta gastronomía, las ínfulas caciquiles de la autonomías y cualquier ridiculez instituida por las convenciones sociales. El resultado es un retablo de todas esas pequeñas miserias que conforman la actualidad de un país llamado España en un siglo llamado XXI.

Lo avisa el propio Iwasaki al principio del libro: “Solo un secreto me siento en la necesidad de compartir: hay dos Españas y solo es posible escribir para una de las dos. Mi elección es clara y rotunda: siempre escribo para la España que sabe reírse de sí misma”.

Absténganse, pues, los serios y solemnes crónicos.

PD: en breve retomaré la serie sobre las librerías independientes de Zaragoza que quedó interrumpida con el verano. Volverá con más color, más brillo y desnudos parciales. No se la pierdan.

En la categoría Literatura española, Novedades

One Response

  1. quemasda

    Jolín….pués ya era hora , se te echaba de menos por estos lares…

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Sobre este blog

Si los amigos no se dan consejos, tampoco deberían recomendarse libros. Por eso aquí no se recomienda nada. Solo se lee, compulsivamente, con bulimia, con atragantamiento, y se comenta a vuelapluma lo que se lee. Esto es un cuaderno de lecturas que abre trecho en la espesura de las novedades editoriales. Un blog para lectores que buscan de reojo sin saber lo que buscan y que acaban encontrando lo que no se esperaban. Sin protocolos ni academicismos. Pasen sin llamar.