PASIONES ANIMALES

23 Marzo, 2009 por Sergio del Molino

Mi madre tiene dos hijos. Mi hermano es un competente ingeniero, un tipo serio, responsable, con los pies en la tierra y con un presente y un futuro prometedores. Es el hijo que toda madre quisiera y el yerno que toda suegra sueña. Yo soy un poco más gañán y rufianesco y me dedico al despreciable oficio del periodismo, algo que no sienta bien en ninguna familia respetable, pero compenso mis desastrosas y vergonzantes carencias con el libro que acabo de publicar. Porque, a los ojos de una madre, un libro sube el caché de orgullo filial unos cuantos enteros.

Sin embargo, ni mi hermano ni yo somos los hijos predilectos de mi madre. Su vástago favorito, el que nos destrona a ambos de nuestros merecidos puestos en su corazón, no es un hijo biológico. El mimado preferido responde (cuando le da la gana, que también sabe hacerse el sordo) al nombre de Goyo, pesa unos cuarenta kilos y sus talentos más destacados son devorar calzoncillos y servilletas de papel y perseguir pájaros en el parque.

Goyo es un golden retriever bastante nervioso, cuyas efusivas expresiones de cariño aterrorizan a quien no le conoce y que se ha zampado con gusto algunos bienes preciados de la familia, incluyendo zapatos y billetes de 50 euros robados de carteras desprevenidas. Pero ninguna de sus muchas travesuras le ha impedido reinar en mi hogar materno, eclipsando cualquier logro de mi hermano o mío.

Gracias a Goyo he entendido perfectamente a John Grogan y he disfrutado de mil amores su best-seller Marley y yo, recientemente traducido al español y con adaptación cinematográfica a punto de estrenarse.

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Creo que puedo aventurarme a decir que la peli que ahora se estrena -con el horroroso título de Una pareja de tres-, con Jennifer Aniston y Owen Wilson de protas, es una comedieta romántica que no le va hacer justicia al libro. Tras leerlo, se me ocurre que Marley y yo tiene la atmósfera del cine de esencias americanas. De sus páginas me venía a la nariz el aroma de Beautiful Girls o de The Station Agent. Pienso en un filme de interiores, de vidas cotidianas contadas con lupa, de trozos de pizza sin comer y de camisas de cuadros.

Quienes me conocen de mi blog personal saben que no soy lector de best-seller, pero Marley y yo me ha conquistado. Me sumo a su legión millonaria de fans en todo el mundo (lleva millones de ejemplares vendidos).

John Grogan, periodista amante de las historias reporteriles pequeñas (cuánta afinidad he encontrado en su forma de entender el periodismo…) dedicó en 2003 una de sus columnas del Philadelphia Inquirer a contar, sin afectación, pero con emotividad, lo hondamente deprimido que le había dejado la reciente muerte de Marley, un labrador grandullón, atolondrado, babeante y medio loco que nunca aprendió ni la más elemental disciplina perruna. A la mañana siguiente, sorprendido, descubrió que tenía 800 mensajes de lectores entusiasmados con su relato. Eran dueños de perros que le daban el pésame y le contaban asimismo la íntima relación que mantenían con sus propias mascotas. Se sentían reflejados en el artículo de Grogan.

La respuesta fue tan brutal, que el periodista, a modo de catarsis, empezó a escribir la biografía de Marley, el peor perro del mundo. Al poco de publicarse, el libro era todo un fenómeno en Estados Unidos, y ha ido arrasando en todos los países donde se ha traducido.

A través de la vida de Marley, Grogan va contando la suya propia y la de su familia. Entrevemos sus miedos, sus momentos difíciles, la llegada de sus hijos, su relación con las ciudades donde vive y su forma de entender y sentir el mundo. Grogan busca en Marley la autenticidad, lo original, lo indómito. Sean lo que sean esas tres cosas. Frente a la vida ordenada, sumisa, previsible y medida de un individuo de clase media, la salvaje espontaneidad y rebeldía del perro loco representa el impulso vital primigenio, ese pequeño anarquista que habita en todos nosotros y que las convenciones sociales nos obligan a reprimir a diario.

Y va más allá. He aquí un pasaje, cuando Marley empieza a mostrar los primeros achaques de la edad:

A medida que transcurrían los meses y crecían sus males, Marley nos daba lecciones sobre la inexorable finitud de la vida. Jenny y yo no pertenecíamos aún por completo al grupo de los de mediana edad, nuestros hijos eran pequeños, teníamos buena salud y la jubilación sólo se avistaba en el horizonte lejano. Hubiera sido fácil negar el inevitable paso de los años, pretender que de algún modo nos pasaría de largo, pero allí estaba Marley para impedir que adoptásemos semejante actitud.

Estoy convencido de no hay mayor universalidad que la individualidad. A través de la experiencia de una sola persona, la humanidad entera puede reconocerse. No hay mejor vacuna contra el integrismo, contra el miedo al otro (la heterofobia, según la llama mi buen amigo y experto en fascismos Javier Rodrigo) que reconocernos a nosotros mismos en los demás. De eso va la literatura. O de eso creo que debería ir. De nosotros. Al abrirnos su casa y su corazón, con prosa elegante, austera, pulcra y amena, John Grogan está abriéndonos en canal a todos. La fuerza empática del relato es electrizante por momentos.

Será un best-seller e inspiración de una ñoña e insulsa comedieta amorosa. Digan lo que quieran, menosprécienlo cuando quieran, pero en Marley y yo late esa autenticidad perruna que tanto valoramos los amantes de los libros (y de los perros).

En la categoría Literatura internacional, Novedades

5 Responses

  1. Gran Duquesa Tatiana

    Lamento darle esta mala noticia, señor del Molino, pero el comienzo de su post me ha recordado a una noticia que leí hace tiempo. Decía (copio y pego): “Doctor, el oficio más deseado por los padres; escritor o militar, los que menos”. Escritor…
    Si le sirve de consuelo, yo también publico libros y tengo un perfecto hermano ingeniero (grrr). Por fortuna, mis padres no tienen perro.

  2. Anita

    Casi me da apuro opinar después de la Gran Duquesa… Pero sólo quería darte la razón. Pese a lo que pueda parecer, este no es un librito infantilón y tópico sobre un tipo y su perro. Como dices, es una historia sobre la vida, sobre esos años en los que, casi sin darnos cuenta, nos convertimos en adultos y dibujamos el camino de lo que será nuestro futuro. “Marley y yo” es la historia de una familia a lo largo de década y media y cada una de sus páginas está llena de verdad y de ternura. Una gozada

  3. martha

    Marley y yo, una pelicula sencillamente encantadora. El papel de Jenny y Owen es el prototipo de pareja a todo dar, pues se disfrutan uno al otro, a pesar de las travesuras de Marley. Sin embargo hay un momento que ella se “despega del piso”, aduciendo problemas de postparto con el segundo hijo. Despues todo vuelve a la normalidad.

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Sobre este blog

Si los amigos no se dan consejos, tampoco deberían recomendarse libros. Por eso aquí no se recomienda nada. Solo se lee, compulsivamente, con bulimia, con atragantamiento, y se comenta a vuelapluma lo que se lee. Esto es un cuaderno de lecturas que abre trecho en la espesura de las novedades editoriales. Un blog para lectores que buscan de reojo sin saber lo que buscan y que acaban encontrando lo que no se esperaban. Sin protocolos ni academicismos. Pasen sin llamar.