El siguiente artículo apareció publicado en el suplemento De Sábado de HERALDO.
Lola y su historia me parecieron divinas. Por eso me gustaría compartirlo también en el blog.

Lola Garraus, con una de sus sombrillas. Foto: Oliver Duch
Todo desborda los raíles de lo establecido en esta historia. ¿Quién ha dicho que no se puede poner en pie un nuevo proyecto empresarial a partir de los 60? ¿Por qué en pleno siglo XXI no se van poder emular las exquisitas atmósferas del XIX? ¿Que en Aragón no pueden adaptarse las mejores costumbres del Lejano Oriente? ¿Pueden funcionar juntos los conceptos glamur y salud?
La zaragozana Lola Garraus es la encargada de dar respuesta a todas esas preguntas. Es el germen de Solbrillas , empresa con apenas unos meses de andadura que pretende devolver los parasoles a la vida cotidiana y en la que cuenta con sus socias Ana Gómez y Carmela P. Torrecuadrada. «Se me ocurrió la idea cuando me di cuenta de que solamente en el pequeño recorrido de ir al quiosco a comprar el periódico se me quedaba en la piel la marca del reloj. Y pensé: “Esto va en serio”», recuerda Lola.
La creatividad que, según Lola, «la mayoría de la gente lleva dentro, pero no la puede llegar a desarrollar», se puso en marcha y comenzó a darle forma en su cabeza al proyecto de los parasoles. «Decidí que había que hacer sombrillas, pero algo verdaderamente especial», dice.
Tras búsquedas en internet y algunas investigaciones, Lola llegó a la conclusión de que no había nada en el mercado como lo que ella maquinaba, es decir, «algo que uniese arte, glamur y protección solar». Porque, según explica, el pilar más fuerte que sustenta el proyecto es el de la salud. Su idea es «que la gente se vaya concienciando más y más de este asunto, que las madres protejan a sus hijos y, en este sentido, las sombrillas puede hacer un gran papel. En Asia las usan mucho, y allí no hay cáncer de piel, protegen incluso sus brazos cuando van en bici. Y yo, ahora, hasta mi pelo, porque cambia de color», argumenta esta zaragozana. La características del producto de Solbrillas lo hacen muy particular y no ha sido fácil ponerlo en pie. «Nosotros no ofrecemos la típica sombrilla oriental de bambú, sino sombrillas con protección UVA, hechas en España, donde no hay apenas ninguna industria al respecto», dice Lola.

Foto: Oliver Duch
Tras mucho buscar, finalmente una empresa del País Vasco provee a Lola de los bastidores, que después ella y sus socias convierten en piezas únicas con tres gamas principales: una para niños y carritos de bebé, otra pintada a mano y otra decorada con telas. También ofrecen sombrillas para novia (e invitados) -una originalísima y favorecedora alternativa al tocado-, y están recibiendo muchos encargos de góticos, que tienen especial interés en mantener su piel blanca.
Las sombrillas más protectoras tienen como base la ofelina, un tejido con factor UVA que, además, es fácil de limpiar. Como detalle adicional, Solbrillas vende también unos bolsos de cuero muy similares a uno normal, para llevar la sombrilla colgada del hombro.

Foto: Oliver Duch
La exquisitez es la norma de la casa. Cuenta Lola: «Las telas que usamos para decorar las sombrillas son únicas, porque son de una colección de retales antiguos de mi madre, que ahora tiene 84 años». La delicadeza de las sombrillas de guipur y los ‘patchwork’ con telas bordadas o combinados con plumas compiten con las pinturas de otra de las socias: Carmela P. Torrecuadrada. Otra de las pintoras de Solbrillas es Alicia Pérez, que se encarga también de la línea infantil y la de sombrillas para carritos.
Los precios de la mayoría de las sombrillas artesanales, que, sobre todo, se venden a través de la web de la firma (www.solbrillas .com), rondan los 200 euros (dependiendo, claro está, de los materiales