Carla es junto a su hermana Daniela, a la que podréis ver en breve, la propietaria de una tienda de zapatos en el centro de Bucarest, muchos de ellos hechos a mano. El estilo de esta chica es un clásico juvenil muy urbano del que me quedo, sobre todo, con la americana roja de grandes hechuras.
Por otro lado, tras casi tres años de blog, aprovecharé por una vez para hacerme algo de promoción. Me he lanzado a la piscina de los cursos y talleres, aunque la intención es, sobre todo, pasarlo bien y compartir el gusto por los trapicos, hablar de moda sin dogmatismos.
Aquí tenéis todos los detalles por si estáis interesados. Sería una buena oportunidad para conocernos:
Nada como viajar para acabar con los estereotipos. Un interés personal y las excelentes referencias de mucha gente cercana y querida me llevaron a ese precioso y acogedor país, a un tiro de piedra desde Zaragoza gracias a la aerolinea de bajo coste que nos une con dos de sus ciudades, Cluj Napoca y Bucarest. Es en ésta, ya de vuelta, donde puse a trabajar mi ‘coté bloguero’. El primero de los retratos es ‘a traición’, en pleno centro de la capital rumana, un lugar lleno de ambiente, gente joven y terrazas y que, por cierto, la casualidad quiere que esté de plena actualidad gracias a la final de fútbol que enfrenta a Atlético de Madrid y Atletic de Bilbao.
Todo me gusta del chaval de la foto: el pelo y la improbable mezcla de colores y estilos que, sin embargo, funciona. También la actitud al caminar, con las manos en los bolsillos.
Para los que a veces defienden aquí la vanguardia zaragozana en cuestión de tendencias y, de paso, me hacen sospechosa de comparaciones odiosas, aquí va una especie de Urban Picnic que me topé en Amberes y que, ATENCIÓN, nada tiene que envidiar al que organizó aquí la gente de Las Armas (la que, por cierto, ya va tardando en repetir).
El belga Raf Simons, residente en Amberes, acaba de fichar por Dior. Va a necesitar suerte para estar a la altura de la historia de la casa y de su, aunque ahora repudiado, talentosísimo antecesor, John Galliano.
Como humilde aportación y a modo de celebración (beso por donde diseña Simons) comenzamos una serie de post sobre Amberes, por donde me acabo de dejar caer, a ver si se me pega algo de los conocidos como Seis de Amberes, santo y seña del diseño de moda contemporáneo y que son Dirk Bikkembergs, Ann Demeulemeester, Walter Van Beirendonck, Dries van Noten, Dirk Van Saene y Marina Yee.
Para comenzar, una de terracitas para llamar al buen tiempo. Y uno de esos detalles que dan sentido a eso tan clasista del Primer Mundo:
La imagen está tomada en una terraza junto a uno de los muelles de Amberes, en concreto, en el que alberga sobre sus aguas al MAS, una joya arquitectónica da cobijo al que hoy por hoy es considerado por los museólogos como un centro expositivo de referencia mundial y que podéis ver al fondo de la foto. Como veis, la terraza ofrece al cliente, gratis, unas gafas de sol. ¿Se puede pedir más al entorno del MAS?
Bajo estas líneas, imagen completa de la terraza y otro rincón de los alrededores del museo.
Superfemenina la indumentaria de Pilar. Me gusta particularmente como opta por prácticamente un “total look” en verde, para romperlo con el primaveral vestido. Especial mención para la cartera y los ‘peep toe’. Estupenda.
Seguimos con la galería de retratos del Urban Picnic del pasado día 11 en los espacios creativos de Las Armas. Hoy es el turno de Jorge, un cazador cazado porque él es fotógrafo (no como yo). Si queréis ver su trabajo, podéis pinchar aquí En cuanto a su indumentaria, me contó que se la compró casi toda en Helsinki y que varias de las prendas son vintage. Si tengo que elegir, me quedo con la cazadora, que es perfecta, y, sobre todo, con la camisa de cuello rígido abrochada hasta arriba. Aplaudo a rabiar.
Más que una tendencia, es una microtendencia. Pero es. Vamos, que las barbas de náufrago se llevan. No apta para todos los públicos, me parece fantástica porque destila toneladas de sentido del humor. Estos dos barbudos son Alfredo (izquierda) y Luis, alma, junto a Isabel, de Undo Estudio, una de las iniciativasd moradoras de los espacios creativos de Las Armas e impulsoras del Urban Picnic.
Os dejo también otro momento náufrago-explorador, pero esta vez en la pasarela parisina. Ha salido de la cabeza de Vivienne Westwood, que maqueó así a sus modelos para el desfile de la Semana de la Moda Masculina de París. Lo dicho, humor a raudales…
La controversia generada por la nueva campaña de Loewe, que promociona su nueva colección de bolsos ‘Oro’, va mucho más allá de los aquelarres públicos que cíclicamente se generan en las redes sociales y particularmente, en la muy directa y exponencial Twitter. El pinchazo en hueso de la marca de marroquinería, fundada en 1846 y la más internacional del sector del lujo español, pone sobre la mesa cuestiones que superan lo bien o mal que pueden caer el puñado de jovencitos que la protagonizan. El asunto de Loewe plantea cuestiones de mayor calado sobre temas como el papel de la publicidad en la era de las redes sociales o la visión de los jóvenes (y más ahora) como objeto y sujeto de consumo. También da material de debate sobre los peculiares virajes comerciales de las firmas del lujo, cuando, curiosamente, son de las pocas que salvan del desastre en plena crisis.
Pero vayamos por partes. A última hora del martes, un vídeo de YouTube comienza a correr por la red. Lo protagonizan doce jovencitos que encajan como un guante en la difusa pero socorrida etiqueta de ‘moderno’. Son rostros desconocidos para la mayoría, pero no los de sus padres o familiares. Es el caso de Martín Rivas, hijo del escritor Manuel Rivas y actor en series televisivas; Helena y Lucía Cuesta, sobrinas de Ana Belén; María Forqué, hija de la actriz Verónica Forqué, o María Rosenfeldt, hija de la fotógrafa Ouka Lele.
El vídeo, ideado por Luis Venegas, considerado una especie de Terry Richardson a la española (desde luego, lo emula), dura poco más de tres minutos y carece de guión. Es un compendio de las declaraciones de los chavales, con clara vocación transgresora, pero que en el anuncio se quedan en simples pijos. Con la trepidante música de Aram Katchaturian de fondo, dicen cosas como las siguientes: «Lo más guay de España que no tiene otro país son las españolas», «Me inspira todo lo que veo y lo que siento», «Hacerse mayor es un rollo», «Estar enamorada es super guay, super, super guay, todo te da vueltas y sientes mariposas», «Mi truco infalible para ligar es pretender que no quiero ligar» o «Es que España es única, solamente hay una, y es que Spain is Different» y otras más crípticas como “Vino Mucho Bueno” o “Me bajo del avión, me pinto, me visto y ¡pumba! ya estoy”.
Las reacciones no se hicieron esperar. El vídeo, pensado para ser visto en la web de la marca (que ayer llegó a colapsarse), trascendió el reducto de los amantes del mundo de la moda hasta convertirse en uno de los temas de día. Los comentarios, miles, se centraron principalmente en hacer mofa de los protagonistas. Pero hubo también muchos que se preguntaban sobre el sentido de la campaña. Los más, indignados, criticaban que una marca cuyos bolsos cuestan de media mil euros se dirija, y en esos términos, a una juventud que ahora mismo, de tener la suerte de trabajar, no los gana ni de lejos.
María Valdovín es estudiante de 4º de Periodismo en la Universidad de Zaragoza. Tiene 21 años y aspira a especializarse en temas de moda: «Loewe ha pretendido reinventar un clásico, la estética del vídeo me gusta, pero no se entiende que para dirigirse a la gente joven haya recurrido a unos niños de papá, jóvenes que lo tienen todo. Además, han querido apostar por la frescura, pero debería haber tenido un guión». Para Valdovín, el detonante del revuelo ha sido «el exhibicionismo de esos jóvenes en momentos como este». El profesor de Comunicación de la Universidad de Zaragoza Daniel Cabrera es duro: «El anuncio muestra un desconocimiento inconcebible generacional, el mensaje es propio de adultos ciegos y sordos a los jóvenes reales, que no son ni estos ni los perroflautas». Además, a su juicio, la campaña alienta «prejuicios de clase social, esos del rico-tonto con un lenguaje estúpido».
No ha faltado quien también ha pensado en que todo es fruto de una campaña de marquetin viral. ¿Lo es?
En Loewe no responden a esta pregunta. Puestos al habla con la firma se limitan a explicar que la campaña «nace con el objetivo de homenajear a la colección ‘Oro’ de 1975, que se llama así por el color de la piel presente en todos sus accesorios». Sobre la controversia, nada de nada.
Desde el blog especializado en moda The Fashionpedist dudan del componente viral: «Si lo es, es un flaco favor para Loewe. Una firma como esta ha de montárselo muy bien para abonar la tesis del lujo, de que merece la pena pagar por sus productos porque tienen un plus. En una marca como Loewe y en las del lujo en general es fundamental la idea del respeto», dicen a HERALDO. Cabrera abunda: «La no identificación del público con las palabras y con las imágenes es algo obviamente no buscado». Y vaticina: «Esta publicidad será un hito».
Adriana Quintín, autora del blog de moda Add To Wishlist, opina diferente: «Lo han hecho a idea, hoy (por ayer) todo el mundo habla de ese asunto, no solo en Twitter, y eso les viene bien». A sus 24 años, Adriana cree que ella es una de las destinatarias de los anunciantes, pero no se da por aludida: «Es que yo no soy como esos jóvenes. Para mí Loewe es una marca de señora, y entiendo que se abran a otros mundos, pero hay mundos y mundos». «Siempre he pensando que un bolso de Loewe es una buena inversión, pero no ahora», añade Adriana, quien puso uno de los bolsos del anuncio en su blog, en el que reúne piezas de moda que sueña con tener.
Para The Fashionpedist, la imagen de la marca «se va a devaluar». «No se trata solo de que alguien vaya o no a comprar los bolsos, sino de que Loewe sea una marca que la gente quisiera tener», explican. «Posee unos valores, es clásica, tiene una tradición», todo eso, a su juicio, salta por los aires con la ahora famosa campaña. Entienden que Loewe quiera «refrescar la marca» –lo han hecho otras asimilables como Vuitton o Burberry Prorsum– pero hay que hacerlo más despacio, «agregando poco a poco rasgos», pero no empezando por el final.
Muy, muy chula la camisa de Johnny, un inglés medio maño, que tampoco quiso perderse el Urban Picnic. La camisa, un perfecto ejemplo de estampado étnico, es de TopShop. Aunque no está seguro porque es un regalo de su novio. ¡Qué suerte tener una pareja con tan buen gusto!