Olimpia eterna y mágica

VIAJE EN COCHE DESDE ZARAGOZA A GRECIA ATRAVESANDO LOS BALCANES (19)

Olimpia (Grecia)

Abandono Esparta camino de Olimpia en un largo y trepidante viaje por una ruta montañosa que llega hasta la muy turística Kalamata y continúa por una serie de aldeas costeras muy interesantes del sur de Peloponeso.

Estatua de Leónidas en Esparta. Fotografía de Gervasio Sánchez

Estatua de Leónidas en Esparta. Fotografía de Gervasio Sánchez

A nueve kilómetros de la capital de Leónidas y sus legendarios espartanos paro en el desfiladero del río Langada. Subo por unas escaleras y llego hasta una cueva, el lugar donde antiguamente los espartanos tiraban a los bebés más débiles o con alguna deformación que consideraban inútiles para convertirse en buenos combatientes.

Es la historia de la violencia asesina total, difícil de admitir. El estado espartano consideraba a todo ciudadano un soldado desde la cuna. Un comité de ciudadanos decidían qué recién nacidos no eran aptos para el combate y se les eliminaban en los montes Taigeto.

¿Cuál era la opinión de las madres y los padres? ¿Lo aceptaban sin más? ¿No intentaban salvar a sus hijos? ¿Una sociedad puede ser tan obtusa para cargarse a sus seres más débiles? Me pregunto todo esto mientras miro hacia el fondo de la cueva. Pero encuentro respuestas.

Pueblo costero del sur de Peloponeso. Fotografía de Gervasio Sánchez

Pueblo costero del sur de Peloponeso. Fotografía de Gervasio Sánchez

Después de una hora de viaje encontrando en cada curva de la carretera una vista inquietante de barrancos y desfiladeros llego a Kalamata. Por primera vez veo masas de turistas cubriendo la arena de las playas y hoteles completamente llenos. A esta ciudad llegan vuelos directos desde diferentes capitales europeas.

Leo un reportaje sobre el turismo masivo publicado en El País hace unas tres semanas. “En 1950 había 25 millones de turistas en el mundo. Hoy suman 1.100 millones. Se prevé llegar a 1.800 en 2030”, se dice en la entradilla del texto escrito por Francesc Muñoz.

Se dice en otro artículo del mismo diario, escrito por Julia Amaya Heyer, que los chinos “son los que más viajan llegando a las 109 millones de salidas en 2014 y son capaces de visitar cinco países y ocho ciudades en nueve días gastando más que nadie”.

Pienso en ello mientras voy parando en cada uno de los hoteles que hay en la kilométrica playa de Kalamata para recibir la misma respuesta: “Está lleno”. Me alegro por los griegos ya que necesitan una buena temporada turística, sector con gran impacto en su producto interior bruto, pero me frustro ante mi mala suerte.

Cuando estoy a punto de arrojar la toalla y seguir conduciendo hacia el sur encuentro la última habitación libre en el hotel ideal en un recoveco de la costa, aislado, con acceso a una playa pedregosa, una buena piscina, un buen desayuno, una terraza con vistas para cenar viendo la puesta de sol y sobre todo, con precio moderado.

Gimnasio y Palestra de Olimpia. Fotografía de Gervasio Sánchez

Gimnasio y Palestra de Olimpia. Fotografía de Gervasio Sánchez

Después de descansar un par de días continúo el viaje hasta Olimpia, otro de los emplazamientos arqueológicos más interesantes de Peloponeso, Grecia y el mundo clásico, cuna de los juegos olímpicos.

Hace 2.790 años se celebraron los primeros juegos olímpicos y hasta el 393 d.C continuaron cada cuatro años. Casi 1.200 años en la vida de una ciudad y en honor del dios Zeus, el más poderoso del panteón helénico durante sus primeros siglos.

Tuvieron que pasar 1.500 años hasta que en 1.896 se instituyeran los juegos olímpicos modernos que sólo han dejado de celebrarse cada cuatro años durante las dos guerras mundiales.

Olimpia no es solo un estadio de 120 metros al que se entra atravesando un arco como hacían los atletas y las autoridades en la antigüedad y donde gusta hacerse una foto mientras se corre hacia una meta ficticia o un impresionante templo de Zeus con las ciclópeas columnas derribadas y donde los atletas y los jueces juraban respeto a las normas olímpicas sobre los testículos de un jabalí.

Estadio de Olimpia. Fotografía de Gervasio Sánchez

Estadio de Olimpia. Fotografía de Gervasio Sánchez

Olimpia son decenas de edificios históricos pertenecientes a diferentes etapas de la historia en una evolución que empieza en el neolítico, en “la noche de los tiempos”, entre 4.300 y 1.100 a.C., continúa en la época micénica, arcaica, clásica y helenística y finaliza en la época romana y bizantina. Fue el emperador bizantino Teodosio I quien suprimió los juegos y Teodosio II quien ordenó quemar todos los monumentos al principio del cristianismo.

Olimpia fue tan importante en la antigüedad que reyes como el macedonio Filipo II construyó un hermoso templo jónico circular para honrar a Zeus tras su victoria en la batalla decisiva de Queronea contra atenienses y tebanos. Su hijo Alejandro Magno acabó el espectacular edificio formado por 18 columnas de las que hoy sólo quedan tres en pie.

Y Olimpia es también la sede dos de los más hermosos museos de toda Grecia: el Museo Arqueológico con la colección de bronces más completa del mundo y el Hermes de Praxiteles y el Museo de la Historias de los Juegos Olímpicos de la Antigüedad con piezas únicas de hace casi tres milenios relacionadas con el deporte.

Museo Arqueológico de Olimpia. Fotografía de Gervasio Sánchez

Museo Arqueológico de Olimpia. Fotografía de Gervasio Sánchez

Vale la pena quedarse un par de días en este pueblo muy turístico que se relaja cuando los autobuses de los grupos organizados abandonan sus calles. El paisaje que rodea Olimpia recuerda la región italiana de Toscana y, además, es excedente de sensacionales vinos.

Campiña de Olimpia que recuerda el paisaje de la región italiana de Toscana. Fotografía de Gervasio Sánchez

Campiña de Olimpia que recuerda el paisaje de la región italiana de Toscana. Fotografía de Gervasio Sánchez

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