¿Cómo se empieza una guerra mundial?

EUROPA EN GUERRAS (4)

Bourges (Francia)

Dice el Premio Nobel de Literatura Elias Canetti en su obra cumbre, Masa y Poder, que toda guerra necesita un primer muerto porque “es el primer muerto el que contagia a todos con el sentimiento de amenaza” Afirma el escritor nacido en la actual Bulgaria, que escribía en alemán, que “los detentadores del poder que quieren desatar una guerra saben muy bien que deben conseguir o inventar un primer muerto. No se trata tanto de su peso dentro de su grupo. Puede tratarse de alguien sin ninguna influencia especial, a veces es hasta un desconocido”.

El primer disparo que produjo el primer muerto sonó en Sarajevo el 28 de junio de 1914. Un nacionalista serbio con bigote asesinó al príncipe heredero de un imperio en decadencia, el austro-hungaro, “un pez gordo de Ruritania con un bigote extravagante”, en palabras del gran historiador Max Hastings, autor de 1914. El año de la catástrofe. Su mujer, una princesa checa, odiada en la corte de Viena, también murió en el magnicidio.

Movilización general en Francia. Imagen mostrada en el Museo de la Gran Guerra en Meaux

Movilización general en Francia. Imagen mostrada en el Museo de la Gran Guerra en Meaux

Austria-Hungria ya tenía su muerto, el archiduque Francisco Fernando, al que la mayoría despreciaba, y declaró la guerra un mes más tarde a Serbia. Rusia decretó la movilización general y Alemania, que se llevaba preparando para la guerra desde hacía muchos años, lo consideró un acto de agresión y le declaró la guerra al país de los zares.

En la Triple Entente, creada en 1907, se alinearon Francia, Reino Unido y Rusia. Después se unieron Serbia, tras el inicio de la guerra, y Bélgica. En la Triple Alianza, promovida por el canciller Otto Von Bismark en 1882, se integraron los imperios alemán, austro-húngaro y otomano. Italia empezó la guerra en este bando y se cambió un año después.

Cuenta Max Hastings que el jefe del Estado Mayor de Alemania manifestó en una reunión secreta en diciembre de 1912 que “la guerra, cuando antes, mejor”. Es decir, los alemanes estaban dispuestos a entrar en una conflagración europea con muerto ilustre o no o sin él.

Su plan de ataque era muy claro: evitar tener que combatir en dos frentes al mismo tiempo. Por eso lanzaron una guerra relámpago que les permitiera atravesar Bélgica y todo el noreste de Francia en un puñado de semanas, aplastar al enemigo, plantarse en París y obligar al gobierno a aceptar la rendición. Y posteriormente dirigir todas las fuerzas al este para combatir a Rusia. Pero no tuvieron en cuenta a Reino Unido.

El militarismo alemán soñaba con cambiar el mapa fronterizo europeo y lo consiguió: al final de la guerra tres dinastías y cuatro imperios se habían desvanecido y se crearon varios estados en Europa. El desastre bélico favoreció la revolución soviética.

Francia deseaba vengar la pérdida de Alsacia Lorena en 1870 cuando el ejército francés fue derrotado y humillado en dos días de combates contra los prusianos. No olvidar jamás parecía el eslogan francés a finales del siglo XIX.

Niños franceses haciendo instrucción militar en los batallones escolares. Fotografía del Museo de la Gran Guerra en Meaux

Niños franceses haciendo instrucción militar en los batallones escolares. Fotografía del Museo de la Gran Guerra en Meaux

En 1882 se crean los batallones escolares en las escuelas públicas franceses y los alumnos reciben educación deportiva y militar. Gran desarrollo del patriotismo escolar. “Todo buen ciudadano debe estar dispuesto a combatir para defender la patria y morir por ella”, se grita en las escuelas. “Hoy todo el mundo es soldado y el ejército es la más grande escuela de patriotismo, disciplina y honor”.  Es el mensaje universal en Francia.

La Primera Guerra Mundial duró 1.563 días hasta firmarse el armisticio el 11 de noviembre de 1918. En las primeras tres semanas de guerra, el ejército francés sumaba entre 80.000 y 150.000 muertos. En diciembre de 1914 se acumula casi un millón de bajas, entre ellas 300.000 muertos sólo en lado francés, según investigaciones del historiador Max Gallo que presenta en su libro 1914. El destino del mundo.  Alemanes, austro-húngaros, ingleses, serbios, rusos sufren bajas similares.

Este historiador afirma que el primer muerto francés, o uno de los primeros, se llamaba  Pouget, era del 12º regimiento de cazadores de montaña. Murió el lunes 3 de agosto en la frontera franco-alemana, en Meurthe-et.Moselle, a las horas de que Alemania declarase la guerra a Francia.

74 millones de soldados fueron movilizados en todo el mundo. Murieron 10 millones y un millón de cuerpos no fueron encontrados o tuvieron que ser enterrados sin identificar en osarios.  Seis mil soldados muertos de media cada día que duró la guerra.

Murieron otros diez millones de civiles, un número importante por hambre o enfermedades,  y otros 15 millones se convirtieron en refugiados. La modificación de las fronteras y la persecución de las minorías provocaron que otros ocho millones de ciudadanos acabasen como refugiados en la posguerra.

14 millones de animales (caballos, mulas, perros y palomas mensajeras) fueron movilizados. Más, de la mitad, unos ocho millones murieron en la contienda, entre ellos 7.000 mulas españolas. Los caballos fueron capaces de trasladar decenas de miles de toneladas en material bélico o servir a los sanitarios para transportar a los heridos a la retaguardia. Muchas veces se enfrentaron mejor al barro que los vehículos de cuatro ruedas.

El comportamiento de algunos generales ingleses, franceses, alemanes y rusos no fue ejemplar. Algunos ordenaron ataques insensatos y a ciegas contra las trincheras enemigas, provocando miles de bajas. Los británicos sufrieron 57.470 bajas, incluidos 19.240 muertos, en el primer día de la batalla de Somme.

La Primera Guerra Mundial fue también la primera guerra química. Los alemanes utilizaron por primera vez bombas de cloro y fosgeno en la batalla de Ypres (Bélgica) en abril de 1915. Produjo la muerte de decenas de miles de soldados aliados, pero los atacantes no conocieron este dato hasta días después cuando otras unidades rearmaron las líneas defensivas. Desde esa batalla se combatirá con máscaras de gas y el número de bajas será bajo. El propio Hitler sufrió una ceguera temporal en esta localidad durante un ataque de gas mostaza en 1918.

Un mascara antigás utilizada por un soldado de la Primera Guerra Mundial.

Un mascara antigás utilizada por un soldado de la Primera Guerra Mundial.

David Stevenson,  autor del clásico Historia de la Primera Guerra Mundial, afirma que la huella del desastre de la también conocida como la Gran Guerra o la Guerra Suprema ha llegado hasta nuestros días. Las guerras de los Balcanes en los noventa y los conflictos de Ruanda y Burundi, que pasaron de ser alemanas a belgas por el nuevo reparto impuesto por los vencedores  en las colonias africanas, las tensiones permanentes en países creados tras el desmembramiento del imperio otomano como Palestina, Libano, Siria o Irak tienen su raíz en un reparto ambicioso y sin escrúpulos de los vencedores. El tratado de Versalles humilló a los perdedores, especialmente a Alemania,  que nunca dejó de soñar con la venganza.

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