Lo digo con mucha tristeza

El 10 de diciembre de 2013 se anunció los secuestros en Siria de Javier Espinosa y Ricardo García Vilanova en una rueda de prensa multitudinaria. Como portavoz de las familias agradecí públicamente a todos los medios de comunicación haber mantenido el silencio informativo desde el 16 de septiembre de ese mismo año, cuando los dos periodistas fueron retenidos por un grupo armado perteneciente al Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS).

En los dos meses y tres semanas que pasaron entre ambas fechas sólo un periodista español violó el pacto de silencio pedido por las familias y dio la noticia como exclusiva (una exclusiva que conocía todo el mundo) en su diario digital aunque horas después la borró tras una petición personal del padre de Javier Espinosa.

Durante los meses que ejercí de portavoz de las familias de ambos secuestrados  me congratulé del comportamiento profesional de la totalidad de los medios españoles.   Además, una vez levantado el silencio informativo, los medios españoles y los corresponsales extranjeros en España se mostraron interesados en las incidencias del caso y recibí centenares de llamadas en ese sentido. Muchas veces simplemente para confirmar que no había noticias y que todo seguía igual.

Después de las Navidades de 2013, la mayoría de los medios volvieron a dedicar gran espacio y a recordar la situación de nuestros compañeros con el objetivo de evitar que los secuestros quedasen en el olvido. Y aceptaron, de nuevo, silenciar cualquier información en las semanas decisivas con anterioridad a la liberación.

Este comportamiento ejemplar fue muy valorado por los familiares y también por los expertos que se ocuparon día y noche en conseguir la liberación. Trabajar con la seguridad de que los medios no van a competir por exclusivas ridículas que puedan poner en peligro gestiones sustanciales permite una cierta relajación y centrarse en lo que verdaderamente importa: la búsqueda de un final feliz.

Cuando el pasado lunes supe, un día y medio antes de que se conociese públicamente, que no había noticias de Antonio Pampliega, José Manuel López y Ángel Sastre ni de  su acompañante sirio Usama Ajjan desde hacía más de 10 días, no se me ocurrió pensar que los medios españoles iban a actuar de forma diferente a como lo hicieron en 2013.

Creí que estábamos ante una nueva situación muy dura que iba a afectar a muchas personas porque cada secuestro o desaparición siempre golpea a familiares, amigos, compañeros o funcionarios que tienen que tomar decisiones trascendentales y nunca aparecen públicamente a la hora de los agradecimientos.

Tras conocerse la noticia en la web de ABC, escribí media docena de tweets en los que pedí “dar informaciones confirmadas, tener cuidado con el alarmismo y la especulación y dejar trabajar a los expertos”. Insistí en que no quería dar lecciones a nadie, pero el hecho de vivir tan de cerca los secuestros anteriores me obligaba a recordar que “toda prevención es buena”.

En esta ocasión se han producido decisiones inaceptables que me avergüenzan como periodista. Es inaceptable que un medio dé la noticia como una exclusiva (cuando muchos ya la conocían) contra la voluntad de las familias, lo más sagrado en situaciones como éstas.

Es inaceptable que el medio se justifique después diciendo que “no había ningún pacto de silencio” cuando se sabe, por experiencia, que el silencio es fundamental.

Es inaceptable que se dé una noticia porque el Ministerio de Asuntos Exteriores va dar tal o cual información o porque otro medio esté a punto de publicarla sin importar las posibles consecuencias negativas.

Es inaceptable que, una vez abierta la veda, se publiquen informaciones, como hizo otro diario estatal, en las que se habla de la forma de trabajar de los servicios de inteligencia en casos anteriores cuando ni Javier Espinosa, ni Ricardo Garcia Vilanova, ni Marc Marginedas, ni otras personas implicadas en la resolución de sus secuestros, jamás lo han hecho públicamente. Esta forma de trabajar (“yo sé más que los demás”) no tiene nada que ver con el periodismo, es de una grave irresponsabilidad y, además, obstaculiza el trabajo de los expertos.

Es inaceptable que una informadora diga en una tertulia que “los periodistas españoles van con red porque saben que si les capturan, el Estado va a pagar por ellos”; primero porque es un insulto a la labor y decencia de los reporteros que trabajan en zonas de conflicto; segundo porque es obviar lo que significa caer en manos de un grupo armado de naturaleza violenta que va a  convertir el cautiverio en un auténtico suplicio; tercero porque oficialmente nadie ha hablado jamás de pago de rescates.

Quizá por formas de actuar como las especificadas es por lo que los medios españoles son los menos creíbles de Europa y los segundos por la cola en el mundo, según un estudio sobre 12 países de tres continentes publicado recientemente por el Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo de la Universidad de Oxford.

Lo digo con mucha tristeza.

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