Fascinación y leyes raciales

70 AÑOS DEL FIN DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL (7)

Núremberg (Alemania)

El Palacio de Congresos inacabado y concebido para albergar a 50.000 personas que Adolf  Hitler mandó construir en Núremberg para celebrar anualmente el congreso de su partido es desde 2001 un centro de documentación que informa a través de películas, documentos y fotografías de las causas y las consecuencias de la dictadura racista que destruyó Alemania.

Lo primero que ves cuando entras en el mastodóntico edificio es un video que muestra a dos jóvenes paseando por los mismos escenarios que utilizaron los nazis para sus marchas y paradas militares.

Las imágenes recuerdan la fascinación de las masas por el dictador y muestran cómo se fue creando la escenografía del terror. Vemos los grandes mítines de los años treinta, el apoyo de la población al líder que les llevará a la guerra, los carros de combate alemanes conquistando París.

Hitler caminando hacia la tribuna durante el Congreso del partido en Núremberg

Hitler caminando hacia la tribuna durante el Congreso del partido en Núremberg

Unos minutos después todo empieza a cambiar. Las tropas aliadas expulsan a los alemanes de los territorios invadidos a sangre y fuego, las ruinas de Núremberg se hacen omnipresentes y el último plano es el bombardeo del propio Palacio de Congresos.

A partir del ascenso al poder de Hitler en enero de 1933, Núremberg se convirtió en la gran capital ideológica de su régimen. El castillo imperial ofrecía el decorado perfecto para las poderosas escenificaciones propagandísticas.

El arquitecto Albert Speer recibió la orden de crear el gran escenario megalómano en una extensión de once kilómetros cuadrados que sirviera para consagrar el culto a Hitler, ya convertido en presidente del Estado, canciller del Reich, Führer y líder del partido.

Se construyó una pista de desfile de dos kilómetros de longitud para 150.000 personas. La tribuna estaba decorada por tres banderas con cruces gamadas inmensas y dos gigantescas águilas de bronce. El Palacio de Congresos parecía una réplica del Coliseo romano aunque nunca fue acabado. El cuerpo del edificio había alcanzado los 39 metros de altura cuando fueron suspendidas las obras. El altar de Pérgamo sirvió de modelo para la tribuna del llamado Campo Zeppelin, otro de los grandes escenarios.

280 empresas suministraron la piedra y el granito para la construcción de los grandes edificios alemanes. Varios campos de concentración fueron creados en los alrededores de grandes canteras y decenas de miles de reclusos murieron como obreros bajo un sistema infernal de trabajo esclavista.

Parada militar durante el Congreso del partido

Parada militar durante el Congreso del partido

Los congresos del partido en Núremberg duraban una semana. Hitler llegaba a la estación de trenes donde  decenas de miles de simpatizantes le daban la bienvenida. El inicio del congreso era una mezcla de misa ritual y ceremonia palaciega.

Cada día estaba enfocado para adular a una de las instituciones del estado. 50.000 trabajadores del Frente Alemán del Trabajo, la mayor organización de masas que llegó a tener 23 millones de miembros, desfilaban ante la tribuna principal en un acto solemne en recuerdo de los muertos de la cruzada nazi.

Por la noche del primer día decenas de miles de jefes políticos y del partido desfilaban con antorchas ante el líder. Los juramentos de lealtad y la consagración de las nuevas “banderas de sangre” coincidían con más desfiles interminables. Un millón de personas se concentraban en una ciudad de 400.000 habitantes y la mitad participaban en las diferentes actividades políticas, religiosas o deportivas.

La cineasta Leni Riefenstahl dirigió en 1934 El triunfo de la voluntad, la película propagandística del Congreso. Hitler, en perfecta comunión y unión con su pueblo, aparece en un tercio de los 113 minutos de metraje, amenizado con la música de Richard Wagner. Muchas otras escenas mostraban a personas esperando la llegada de Hitler o a las masas en formación ante el Führer

La cineasta tuvo a su disposición una sede administrativa, 170 colaboradores y 300.000 marcos, una fortuna en la época. El desfile de las SA y las SS, que dura 18 minutos, fue filmado desde una plataforma construida en una bandera gigante a la que se acedía con un ascensor.

La película fue estrenada en 70 ciudades alemanas con asistencia obligatoria y recibió un premio en el Festival de Venecia. A partir de 1945 fue prohibido al considerarse uno de los instrumentos propagandísticos más importantes del Tercer Reich.

Seguidores de Hitler en el Congreso de Núremberg

Seguidores de Hitler en el Congreso de Núremberg

El congreso de 1935 sirvió también para convocar al parlamento alemán para decidir sobre la bandera del Reich y dos leyes especiales: una ley ciudadana para judíos y otra de separación de razas que perseguían la protección de la sangre y el honor alemanes. Serían conocidas como las leyes raciales de Núremberg.

La ley del ciudadano de Reich creó una nueva ciudadanía con plenos poderes políticos para las personas de sangre alemana. Los judíos, como simples miembros del Estado, fueron degradados a ciudadanos de segunda categoría. Se estableció que se consideraría judío a quien tuviera tres o cuatro abuelos de esa raza independientemente de si se identificaban con esa comunidad. En esta categoría fueron incluidas personas que se habían convertido al cristianismo hacía décadas.

La ley de protección de la sangre prohibía los matrimonios entre alemanes y judíos y amenazaba las relaciones extramaritales con graves castigos, incluidos años de cárcel.

Estas leyes canalizaron el terror de las calles y legalizaron la ola de desmanes contra hombres y mujeres por supuesta deshonra de la raza. Aceleraron el aislamiento social de los judíos y su desposesión de todos sus derechos hasta la desnaturalización, la antesala para la deportación.

Los judíos que vendieron sus propiedades e iniciaron el éxodo en esos primeros años consiguieron buenas condiciones y se pudieron llevar su dinero. Los que vacilaron lo perdieron todo unos años más tarde. El robo organizado fue un éxito: la mitad de las 100.000 empresas judías habían sido arrancadas a sus dueños antes de finalizar 1938. El resto fueron cerradas a la fuerza y el patrimonio judío pasó a propiedad del Reich a partir de 1941 cuando empezaron las deportaciones masivas a los campos de exterminio.

Las leyes raciales también sirvieron de base legal y criminal para las esterilizaciones forzosas de 350.000 personas por tener enfermedades o defectos hereditarios verdaderos o supuestos. Al principio de la Segunda Guerra Mundial Hitler ordenó el asesinato de todos los pacientes discapacitados mentales o físicos en residencias o instituciones. Médicos de las SS de los equipos de eutanasia seleccionaron a 200.000 enfermos y los asesinaron en instalaciones secretas.

La instalación La Vía en homenaje a los seis millones de muertos en el genocidio nazi. Fotografía de Gervasio Sánchez

La instalación La Vía en homenaje a los seis millones de muertos en el genocidio nazi. Fotografía de Gervasio Sánchez

La gran exposición documental del antiguo Palacio de Congresos finaliza con una impresionante instalación conocida como La Vía en memoria a las víctimas de las deportaciones masivas que fueron trasladados en trenes europeos a una muerte segura.

60.000 tarjetas se han colocado a lo largo de los 40 metros de la vía que simboliza la logística del racismo.  Cada una de ellas lleva el nombre de una persona con fecha de nacimiento, origen, lugar y día de la muerte. Cada nombre representa a 100 nombres más.

Si se quisiera conmemorar la muerte de seis millones con una tarjeta individual estampada con su nombre, la instalación tendría una longitud de cuatro kilómetros y llegaría desde el antiguo pabellón nazi hasta el casco antiguo de Núremberg. Desde donde cada día del congreso Hitler gritaba como un poseso al lugar donde dormía.

El proyecto fue creado en 2010 con el apoyo de los seis campos de extermínio polacos (Auschwitz, Belzec, Chelmno, Majdanek, Sobibor y Treblinka) y el monumento conmemorativo Yad Yashem en Jerusalén.

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