La dureza de un secuestro

LA DUREZA DE UN SECUESTRO

Dedicado a Cristina Sánchez, periodista de RNE, que ha ejercido como portavoz de las familias de los secuestrados.

La liberación de Antonio Pampliega, José Manuel López y Ángel Sastre pone fin a casi 10 meses de “angustia y miedo”, palabras utilizadas a menudo por los familiares de secuestrados para definir su permanente estado de ánimo.

Desde septiembre de 2013, cuando se produjeron los secuestros de Marc Marginedas, Javier Espinosa y Ricardo Garcia Vilanova, seis familias españolas han vivido meses de horror e incertidumbre aunque también han dado permanentes “lecciones de coraje y entereza”.

Las familias de los secuestrados españoles han tenido mucha suerte. Han sido acompañados por un gobierno muy sensible que no ha puesto límites a la búsqueda de una solución urgente y se han enfrentado a la desolación rodeados de personas que se han dejado la piel por mantenerles informados y protegidos.

También han sido beneficiados por unos medios de comunicación muy responsables que han evitado el sensacionalismo y la especulación. No suele ser habitual que los medios cierren filas cuando se les pide silencio y sean generosos cuando se les necesita para una gran cobertura mediática en algo tan imprevisible como es un secuestro.

Un secuestro estalla en una familia con el efecto de una bomba de fragmentación. El dolor se expande por todos los miembros y cada uno lo vive de forma singular. Es imposible encontrar un remedio que sane tanto daño comprimido. Por eso es importante ponerse en manos de especialistas que ayuden a superar las situaciones más nocivas antes de que el daño sea irreparable.

Los familiares siempre son generosos. Agradecen “las palabras de ánimo” y son conscientes de que “están siendo arropados por los compañeros” de sus seres queridos. “Vuestro apoyo nos hace la espera más fácil”, suelen repetir.

Pasan de “hace una semana que fue secuestrado” o “hace un mes” a entender que se trata de “una carrera de fondo”. Pasan del rechazo al apoyo psicológico a aceptar la ayuda de profesionales que han trabajado en casos similares. Pasan de sentir vergüenza ante los límites económicos que sufren a buscar “cómo afrontar los gastos y los recibos” que siguen llegando.

Aunque las familias estén perfectamente informadas y aguarden con “paciencia y confianza” la única noticia que desean, aunque sean “grandiosas, valientes y maravillosas” y sean “conocedoras del cariño y apoyo” de todo el mundo, hay días que se resumen en esta frase inconclusa: “tengo tanto miedo que no se…”

 

 

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