¿CUÁNDO ACABA UNA GUERRA?

Sarajevo (Bosnia-Herzegovina)   

  Wikipedia dice que la guerra de Bosnia-Herzegovina acabó el 14 de diciembre de 1995. ¿Verdadero o falso? Completamente falso. Una guerra no es como un partido de fútbol que finaliza cuando el árbitro guarda el silbato. Ni tampoco concluye cuando cesan los bombardeos y dejan de acumularse víctimas. ¿Podríamos decir que acaba cuando se superan sus dramáticas consecuencias? Sí, pero entonces la respuesta podría ser nunca.

  La tumba más pequeña que se cavó durante el cerco de Sarajevo custodia a Nalena Skorupan, un bebé de dos meses y diez días, herida el 6 de enero de 1994 y fallecida dos días después. La pregunta es: ¿la pequeña murió hace 16 años o sigue muriendo cada día?

  Hasta hace unos días Nalena era un rostro quemado e hinchado por la metralla que respiraba con dificultades en la gélida habitación de un hospital de guerra. Al día siguiente de su muerte, el enterrador aplanaba su diminuta tumba y la de su tía Mirsada, fallecida en la misma explosión.

Nalena Skorupan, de dos meses y diez días de edad, yace herida en una cama del hospital de Kosevo        Sarajevo,  7 de enero de 1994 Fotrografía de Gervasio Sánchez

Nalena Skorupan, de dos meses y diez días de edad, yace herida en una cama del hospital de Kosevo Sarajevo, 7 de enero de 1994 Fotrografía de Gervasio Sánchez

  Durante los primeros años una pequeña estela fijaba dos fechas: 1993, año del nacimiento; 1994, año de la muerte. Nadie podía saber que había nacido huérfana (su padre murió en el frente poco después de engendrarla) el 28 de octubre de 1993 y había muerto el 8 de enero de 1994.

  ¿Perseguimos a los muertos o son ellos quienes nos persiguen a nosotros? Toda muerte es injusta. Pero la muerte de un bebé rompe todos los moldes establecidos. ¿Visitas una tumba para desembarazarte de la incertidumbre? Sólo los políticos tienen respuestas tribales. El resto nos conformamos con que alguien se compadezca de nuestras cuitas.

  Durante más de una década la tumba de Nalena parecía olvidada. Nunca había flores. Nadie limpiaba las hojas secas. Como si careciese de dueño. Hasta hace dos años.

  Los cementerios acogen a miles de visitantes durante el Bairam, la fiesta que pone fin al Ramadán. Mirsad Demirovic se emocionó en octubre de 2008 al saber que conocía su terrible historia. Aquel 8 de enero de 1994 había tenido que enterrar a su esposa y a su sobrina Nalena. “Fui yo quien puso su cuerpecito en el fondo de la tumba”, me dijo como  si estuviera reviviendo aquella amarga experiencia.

Mirsad Demirovic ante la tumba de Nalena durante la celebración del Bairam           Sarajevo, octubre de 2008   Fotografía de Gervasio Sánchez

Mirsad Demirovic ante la tumba de Nalena durante la celebración del Bairam Sarajevo, octubre de 2008 Fotografía de Gervasio Sánchez

  Su cuerpo estaba golpeado por una enfermedad degenerativa y su mente todavía alojaba la guerra desnuda. Se negó a hablar de Elvedina, la madre de Nalena. Hasta hace unos días.

   “El padre del bebé era conocido como Nale. Por eso le pusimos Nalena. Por lo menos la  bebé huérfana tendría siempre algo de un padre que nunca conocería”, explica Mirsad mientras abre la cartera y saca una vieja foto.

   Aquel rostro ennegrecido por el impacto de la metralla recobra de repente la vida. Sus ojos miran a la cámara asustadizos mientras una mujer de edad incierta (las guerras desnaturalizan los rostros) la aprieta contra su cara. “Es una foto tomada horas antes de la explosión. La mujer es mi esposa muerta”, me asegura Mirsad.

Nalena con su tía Mirsada poco antes de morir   Sarajevo, enero de 1994

Nalena con su tía Mirsada poco antes de morir Sarajevo, enero de 1994

   El infierno es todo aquello que uno quiere olvidar y no puede. “Nalena no se dormía hasta que yo llegaba y mi mujer, que no podía tener hijos, la quería como si fuese su hija”, entona Mirsad a modo de plegaria.

  La guerra mató a sus seres queridos y los dos hijos que nacieron después del conflicto parecen los actores secundarios de una obra tenebrosa e inconclusa. La madre de Mirsad aprovecha la ausencia momentánea de su hijo para resumir su deseo más íntimo: “Estar solo con su dolor”.

    Aunque Elvedina cree que la bomba que hirió a su hija Nalena fue la primera de un día tranquilo, en realidad fue la última de una jornada especialmente salvaje. Sarajevo fue sometida aquel 6 de enero de 1994 a un bombardeo incesante. Los sitiadores serbios querían celebrar la Pascua ortodoxa a su manera y no dieron respiro durante la mayor parte del día. Hubo horas en que cayeron bombas cada diez segundos.

El enterrador aplana las tumbas de Nalena y Mirsada el día después del entierro      Sarajevo, 9 de enero de 1994                                                                               Fotografía de Gervasio Sánchez

El enterrador aplana las tumbas de Nalena y Mirsada el día después del entierro Sarajevo, 9 de enero de 1994 Fotografía de Gervasio Sánchez

  “Tardé varios minutos en reaccionar tras la violenta explosión. Me costó encontrar a Nalena entre los escombros y una gran nube de polvo. La tapé con una manta y salí corriendo hacia el hospital. Unos periodistas me llevaron en su furgoneta”, recuerda emocionada Elvedina.

  Lo lógico es que se hubiesen bajado al refugio cuando empezaron los bombardeos. “Pero aquel día había llegado el agua y tenía que lavar muchos pañales de Nalena. Salvé la vida porque estaba protegida en una estancia del interior de la casa”, añade.

  Nalena iba a ser trasladada a un hospital en Alemania la misma mañana de su muerte. “Salí a buscar un poco de agua para refrescarla y cuando volví ya no respiraba. Eran las seis de la mañana”, recuerda.

  Elvedina nunca quiso regresar a su casa destruida. “La muerte de Nalena fue el triste final de un año horrible en el que perdí a mi madre de un infarto y a mi esposo en el frente. Gracias a Dios tengo hoy otros tres hijos a los que cuidar”, relata la mujer. Aunque no desea el mal a nadie, tiene muy claro que nunca perdonará a los culpables.

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17 respuestas a ¿CUÁNDO ACABA UNA GUERRA?

  1. Ana dijo:

    Cada vez que leo o veo imágenes de Bosnia se me encoge el alma y pienso que suerte he tenido… Es una vergüenza que Europa no hiciera nada por impedirlo. El tiempo curará las heridas pero no la memoria.

    Gracias Gervasio por tu trabajo y sensibilidad.

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  3. jose manuel dijo:

    Que comentar , solo decir que siento una mimillonesia parte del dolor que sufre esta persona y dan ganas de llorar no se si de rabia o de verte en el lugar de esa persona . gracias Gervasio .

  4. alberto dijo:

    Cesan las hostilidades pero las guerras no acaban nunca.El dolor las hace perdurar pese a los esfuerzos por olvidarlas.Los fantasmas de las guerras se niegan a abandonarnos,regresan una y otra vez obstinadamente,como los fantasmas de Srebrenica o de Mathausen o de tantos otros lugares malditos.Tube el dudoso privilegio de visitar alguno de estos lugares recién acabadas las hostilidades y vi muchos rostros de miradas perdidas,destrucción y caos y siempre y por todas partes el tufo de la guerra un olor que todavía recuerdo.

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  6. quemasda dijo:

    No lo había leido nunca y eso que soy asidua a los blogs de sus compañeros ….me ha sobrecogido …..ahora sé porque no lo habia leido nunca , porque sabía que eso me pasaria .Es cierto, ¿cuando termina una guerra?, leyendo su escrito , nunca , si existe la memoria , jamás termina el horror , eso no se olvida nunca …..

  7. vivatito dijo:

    CUANTO SE DESTRUYO DE LA ANTIGUA
    YUGOSLAVIA, TIENE SENTIDO DESTRUIR
    UNA NACION YUGOSLAVA Y DESPUES INTEGRARLA
    A PEDAZOS EN UE, QUE PASA PRIMERO
    DESTRUIMOS Y LUEGO RECONSTRUIMOS..COMO
    EN IRAQ??

  8. Javier Sánchez dijo:

    Qué tristeza, Gervasio. La pregunta es ¿cómo evitar una guerra? ¿Cómo hacer todo lo posible para que algo así no llegue nunca a empezar? Un abrazo.

  9. Fexactor dijo:

    Una historia muy triste. El conflicto de Yugoslavia fue un desgraciado accidente en la historia europea, que nunca debio haber ocurrido. Al igual que las guerras mundiales. Pero lo peor de estas guerras sin sentido es que al final pagan los que menos se lo merecen, los inocentes. ¿Que culpa podia tener Nalena de todo lo que ocurria? Se me ha encogido el corazon leyendo esta historia…

  10. maria dijo:

    Gracias por ayudarnos a continuar recordando,a continuar sintiéndolo.

  11. sergio dijo:

    GRACIAS X PONERNOS CUANDO ACABA UNA GUERRA ES INTERESANTE SABERLO

  12. Dear Gervasio Sanchez, thank you for documenting horrible killings of civilians by Serb forces during the siege of Sarajevo.

  13. airun dijo:

    No se ni tan solo que decir, estrmecedor, brutal, y que tristeza más grande da el ver que hechos como estos no bastan para parar.
    Gracias Gervasio por tus aportaciones y documentos que dan a conocer el sufrimiento y dolor de las personas más anonimas

  14. Frank dijo:

    The Muslims slaughtered Orthodox Christians and Serbia was multi-ethnic and clearly you know zilch about what you are writing about.

    Babies and children were killed by all sides because you had a civil war and in all wars innocents are killed. The Muslims near Srebrenica slaughtered over 3,500 Orthodox Christians and UN individuals like General Morillon testified to these massacres.

    This applies to children being raped and butchered and so forth. No side was pure because in all wars no side is ever pure.

    September 11 and Madrid had links to Bosnian Muslim jihadists and this is factual.

    The picture merely highlights your hatred.

    Serbia was multi-ethnic during the entire war in Bosnia and Muslims were not killed in Serbia nor other national groups like Hungarians during the Bosnian civil war.

    Muslims in Bihac fought with Serbians against the islamist, Alia Izetbegovic.

  15. Ghodna dijo:

    I like the helpful information you provide in your articles. I will bookmark your blog and check again here regularly. I am quite sure I will learn lots of new stuff right here! Good luck for the next!

  16. pau dijo:

    Ante una pregunta como esta no sabría que responderte, principalmente los que han vivido una, aunque sea durante unos pocos días. En Junio de 1971 una niña de tres o cuatro años murió rota en mis brazos, por una granada de mortero hindú. A mi alrededor había de todo, miembros y niños destrozados, pero aquella niña, que unos minutos antes entraba en la escuela arrastrando una gallina, casi tan grande como ella, por el pescuezo, me afectó tanto que aun hoy no puedo olvidar su imagen.

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