RACHID TAHA: ‘Diwân’ (1998)

En plena ascensión de los últimos puertos de Pirineos Sur, una nota étnica. Rachid Taha ha subido alguno de esos puertos en ediciones previas. No podía ser menos: mezclándolo con rock y electrónica, fue el introductor en Occidente del raï argelino, sonido ancestral de esencia bereber, que viene a ser una reflexión sobre la vida en el norte africano. ‘Diwân’ (en árabe, colección de canciones o poemas) caracolea entre guitarras, percusiones, laúd árabe (oud), voces y ritmos percutantes. Alma.

(NOTA: Este texto, adaptado obligadamente a los 490 caracteres de maquetación, pertenece a la serie de discos que cada día de este verano, desde el 17 de julio, aparece como sugerencia en las páginas estivales de Heraldo de Aragón)

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MILES DAVIS: ‘In A Silent Way’ (1969)

Había escalado todos los peldaños habidos y por haber en el jazz, pero estaba rabioso. Le quemaba que gente que no sabía leer una partitura reuniera a 400.000 personas en Woodstock y él anduviese por circuitos minoritarios. Clive Davis le azuzó a acercarse al público blanco del rock, él electrificó su sonido y de aquel timonazo, y con un plantel soberbio de futuras figuras -Shorter, Corea, Zawinul, Hancock…- salió esta cumbre, que incluía dos largas piezas. Cambió el rumbo del jazz y del rock.

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LOS TRES NORTEAMERICANOS: ‘Live In San Martín’ (2016)

Aragón descacharrante y surrealista. Solo en esta tierra es posible este brote de sana y ocurrente locura. Un veterano trío de músicos, con Joaquín Carbonell travestido en cantante de orquesta de bolos de los sesenta (en realidad, así empezó), aborda viejos repertorios de época, desde Adamo a Les Surfs, Fórmula V, Luis Aguilé, Pop Tops o Los Tres Sudamericanos, y completa en directo una divertida sesión de verbena, perfecta para estas noches de verano. ¡Que se aparten las disco móviles!

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THE VERVE-‘Urban Hymns’ (1997)

‘Bitter Sweet Symphony’. Guitarras, voz dolida, letra sobre los corsés que atan al individuo nada más nacer y unas cuerdas bellísimas configuran el perfil de una de las más populares canciones de los 90. Abría el álbum de resurrección de The Verve e incluía una serie más de ‘himnos urbanos’, marcados por el baladismo, los medios tiempos, orquestaciones clásicas, la épica U2, programaciones y psicodelia. Música ‘dopante’, se dijo, pero no hubo drogas durante la grabación: el productor las prohibió.

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THE NATIONAL-‘Trouble Will Find Me’ (2013)

The National se decidió felizmente a iluminar un poco más sus canciones, a abandonar el tono oscuro a lo Cure que predominaba en sus primeros discos, y de forma casi obligada se balanceó hacia este brillante disco en el que la luz procedía especialmente de la subida de unos tonos en la voz de barítono de su cantante, Matt Berninger, con lo que estalló otro gran disco del cuarteto neoyorkino, un sexto CD de sensibilidad mayúscula y el más elaborado de su carrera. Una oda a la melancolía pop.

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TRAFFIC-‘Shout Out At The Fantasy Factory’ (1973)

Traffic
Traffic fue básicamente el vehículo musical de Steve Winwood, un habilidoso teclista, guitarrista y cantante que veló armas con The Spencer Davis Group y formó parte de Blind Faith. Reforzando percusiones y vientos, evolucionó del folk-pop y el rock hacia un sonido más complejo del que un buen ejemplo fue este álbum, grabado con la participación de músicos de sesión de los reputados Muscle Shoals y en el que el baladismo flirteaba con espesas texturas rockeras, jazzísticas y psicodélicas.

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THIS MORTAL COIL-‘It’ll End In Tears’ (1984)

This MortalInsólito proyecto del mentor del sublime sello 4AD, Ivo Watt, quien reunía artistas de la casa y les hacía cantar versiones desde una óptica frágil y neogótica. En este primer álbum aparecían un par de docenas de invitados y piezas de Tim Buckley, Roy Harper, Alex Chilton o el mismo Ivo. Canciones de un enigmatismo embriagador y de un gusto exquisito a cuya cabeza estaba la conmovedora ‘Song To The Siren’, en la voz de Elizabeth Frazer. Sí, la que rompía la impaciencia en los conciertos de Héroes.

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THE HULLABALLOOS-‘England’s Newest Singing Sensations’ (1963)

HUllaballoosApenas duraron un par de años y pasaron inadvertidos en su país de origen, Inglaterra, aunque algo menos en Estados Unidos donde grabaron sus dos únicos álbumes. Sus pintas -melenas rubias a lo Brian Jones- les emparentaban con los Rolling o los Pretty Things, pero sus raíces estaban en Buddy Holly y los Beatles, y este primer disco, desenfadado y cargado de inocencia beat, fue su mejor muestra. Un LP raro y costosísimo en el mundo del coleccionismo, que palió su reedición en CD, en 1995.

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THE DECEMBERISTS: ‘What A Terrible World, What A…’ (2015)

DecemberistsUna encomiable evolución: esta banda de Portland comenzó a navegar en aguas del indie milenial para transitar luego por el prog-rock, el folk o el country y en 2015, tras cuatro años de preparación, llegar a este octavo álbum, con un variado panel de influjos -Pentangle, R.E.M., Cat Stevens, Paul Anka, Dylan…-, una rica paleta instrumental -cuerdas, armónicas, guitarras Shadows…-, melodías muy cuidadas y cierta épica pop. ‘Calvary Captain’ es un apetitoso bocado para los nostálgicos de R.E.M.

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THE BEACH BOYS-‘Pet Sounds’ (1966)

Beach BoysUn grupo veraniego para iniciar estas escuchas estivales, pero, dado que las olas marítimas quedan lejos y las del Ebro no dan de sí para el ejercicio sobre la tabla, dejamos sus discos surferos y rescatamos la obra capital de The Beach Boys. Un disco cincuentenario en el que Brian Wilson, afectado por el LSD e impactado por el ‘Rubber Soul’, ideó texturas sonoras complejas y novedosas, con floración de cuerdas y reiterativos esquemas armónicos. Y una canción emblema: ‘Sloop John B’.

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El kamasutra musical de PJ Harvey

Nunca ha sido PJ Harvey una creadora y cantante convencional. Y sigue. Si el álbum anterior, el magnífico ‘Let England Shake’, se derramaba por una composición más orgánica y directa, poniendo en solfa, con su peculiar estilo crítico, a la decadente Inglaterra, según ella, en su nuevo álbum, ‘The Hope Six Demolition Project’, el noveno de su carrera, la británica vuelve a sus fascinaciones más retorcidas para componer otro disco fuera de esquemas, con otro léxico bien distinto pero no menos interesante.

Flood y John Parish están de nuevo a su lado como productores, y con ambos, en ese kamasutra musical que ha desplegado la de Dorset, PJ Harvey busca nuevas posiciones, nuevos vectores sonoros que le llevan otra vez a un compendio de canciones tan desconcertantes como asombrosas cuando no litúrgicas y sublimes.

El kamasutra empieza en la misma grabación del disco. Nada de un estudio de grabación al uso. ¡A una galería de arte! En concreto, a la Somerset House de Londres, donde el trío básico, junto a otros músicos, instaló durante un mes de principios del año pasado el equipo y -nueva postura- con la peculiaridad de que el público podía ver al grupo tocar pero este a su vez no podía ver al público merced a un cristal especial. Aun cuando no sentían el calor directo de la gente, sabían que la tenían enfrente, lo que les hacía quemar el combustible con más energía. Además, al salir leían lo que la gente iba dejando en las redes sociales, lo que les estimulaba a quemar ese combustible de forma más racional, aun no dejándose llevar tajantemente por las opiniones. En cierta manera, un disco en directo muy peculiar, insólito.

Cambio de postura. Esta vez el kamasutra se centra en los instrumentos. Hay guitarras, batería, bajos, teclados, flautas…, pero en esta ocasión, y por vez primera en un disco de la británica, el saxo se apodera del álbum o cuando menos se convierte en su marca. No un saxo, por así decir, melódico y convencional (solo se suaviza en la primorosa ‘Dollar Dollar’) sino retorcido, mirando en cierto modo al free jazz,a Ornette Coleman, e incluso a los primeros Soft Machine, o sea, un sonido no fácil de digerir. Los saxofonistas Terry Edwards y Mike Smith son los encargados de generar esta marca del disco, que PJ Harvey ha buscado denodadamente como señuelo de su primera juventud: el saxo fue uno de los primeros instrumentos que aprendió a tocar aunque luego lo olvidó durante tiempo hasta que lo volvió a desenfundar en su disco anterior.

Nuevas posturas. ¿Blues? Sí, en efecto, aunque suene anacrónico en estos tiempos, el primigenio género negro asoma por este disco vía ‘The Ministry Of Social Affaires’, trayendo al presente a un desconocido aunque fructífero bluesmen, Jimmy McCain (1930-2012), pero atacando de forma muy peculiar, con un desbordamiento de saxo brutal en el cierre. Enfrente, un abanico abierto de composiciones e ideas que a veces traen a la memoria a Nick Cave con sus Bad Seeds como se viaja, cómo no, al hogar de Patti Smith (‘The Community Of Hope’), o a territorios más abruptos, cuando no entra en modo litúrgico o en el mismo pop.

Completan el catálogo postural la visión fotoperiodística que PJ Harvey trae al disco, fruto de sus viajes por el continente asiático, europeo y americano, retratando tragedias y situaciones que bien pudieran ocupar los titulares de primera plana de un periódico de hoy o de hace cien años, según los personajes y espacios retratados: niños abandonados, miseria, guerra, Lincoln, Vietnam…

No sé si es mejor o peor disco que el celebrado ‘Rid Of Me’ (1993), ‘To Bring My Love To You’ (1995) o el precedente ‘Let England Shake’ (2011), que me encantó, ni tampoco estoy para comparaciones: solo sé que este disco, quizá sin llegar a la altura de los citados, y con sus insólitos ‘cambios posturales’, me toca de nuevo la fibra ‘harviana’. Llevo unos días enganchado a él, no me deja las meninges quietas. La británica sigue siendo una pieza capital para no perder la fe en el rock de hoy.

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Votaciones musicales

Y hoy, a votar. A estas alturas se supone que cada cual ya tiene decidida su opción, si es que se acerca a las urnas. Los cuatro candidatos de mayor proyección ya han dicho todo lo que tenían que hacer y prometido todo lo que tenían que prometer (para luego, por lo general, no cumplir). Pero eso es asunto de cada cual.

Como este es un blog musical, imaginemos por momentos que lo que se dilucida es a quién votar por sus devociones musicales, por afinidad con él y hasta por coleguear una tarde con el candidato oyendo discos, rascando en su discoteca, mostrando sus conocimientos, sensibilidades y emociones en la materia. Obviamente, olvidando por completo al partido que representa. Me temo que más de uno de los que sigue asiduamente este blog se abstendría, si no corre. No es precisamente la música el fuerte de Rajoy, Rivera, Iglesias y Sánchez, según sus gustos, que han dado a conocer los cuatro candidatos a través de diversas webs.

Llama la atención su escasa ‘modernidad’ o, por así decir, su actualización musical. Prácticamente todos tiran del pasado, pero no cercano, sino del remoto, ateniéndose a uno clichés musicales más que tópicos, que transparentan una escasa afición musical, una melomanía bajo cero. Más grave es aún que ninguno coloque entre sus gustos la música clásica, señal de una dudosa formación, si no ramplona, sí débil en su base.

Personalmente no me sentiría muy cómodo con ninguno de ellos, primero por la escasa variedad de su paleta y después por su excesivo anclaje en el pasado. Con Mariano Rajoy podría tomar con todo agrado una cervecita fresca mientras suenan los Beatles, su debilidad, e incluso los Brincos y el pop de los ochenta, su década favorita, pero si a renglón seguido me lleva por Juan Luis Guerra e incluso al mismo Nino Bravo, apuraría rápido la cerveza.

Claro que más rápido la apuraría con Iglesias, e incluso creo que ni acudiría a la cita. Para que me fustigue con Mercedes Sosa, el Llach politiquero y añoso de ‘L’estaca’, el soniquete brasseniano de Krahe, las rancheras de Sabina, el metalcore de Habeas Corpus o alguna copla de Carlos Cano, por no decir algún rapero que ha sonado en sus mítines, supongo que por dárselas de actual, mejor me abstengo. Intuyo que esa extraña variedad es señal de su escasa información o malformación musical, aunque el tipo no cante mal.

Con Rivera, sí que ni entro en el bar. Si lo suyo va de Alejandro Sanz, el socorrido Sabina, Fito y Los Fitipaldis, Manolo García, Estopa, Marc Anthony o, jodo, David Getta, gracias Albert, pero un cursillo acelerado de música pop del presenta y del pasado no te vendría mal.

¿Y con Sánchez? Hombre, dicen que le gusta Springsteen e incluso estuvo en el último concierto que el Boss dio en el Bernabéu. Ahí tendríamos paño que cortar, pero mucho me temo que es un gesto sobrevenido, así como su cartera de favoritos actuales -Muse, Björk, Supersubmarina- que suena a chivatazo de sus asesores para darle un aire de modernillo o arriesgado que capte voto joven. Impostura. Máxime declarándose admirador también de Serrat y Bosé.

En fin, que si hubiera que votar por los gustos musicales de los cuatro, por los caminos que pueden abrirte en una tarde a su lado, ante el equipo musical y hurgando en sus respectivas discotecas, algo que en tiempos practiqué con asiduidad y casi ansiedad junto a buenos amigos melómanos, especialmente con Cachi, me temo que mi voto va en blanco o simplemente ni voy a votar.

Otra cosa, es ya lo esencial, lo político, el buen gobierno, la mejora de las vidas de los españoles, que es lo que realmente se dilucida hoy, pero este es asunto en el que, por desgracia, tampoco tengo mucha confianza.

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¿Leave o Remain? Brexit imposible

Gran Bretaña ha decidido irse. Tanta paz dejen como incordio se llevan… No, no, voy a hacer una entrada política, aunque permítaseme una apostilla a estos dudosos e injustos referéndums que, por apenas cuatro puntos de diferencia, permiten abordar cambios tan drásticos como el que les espera a los británicos y seguramente a la UE. Una de las tantas imperfecciones, a mi modo de ver, de la democracia o de los políticos, que no son capaces de marcar el terreno de juego como exige el más mínimo sentido común.

Dicho lo cual, a lo que voy es que en estos días de hinchón de brexit no he parado de ver y oír dos palabras para mí de connotaciones musicales muy apreciadas: leave y remain. O sea, la evocación de dos grupos norteamericanos de mitad de los sesenta, The Leaves y The Remains, que me traen gratos recuerdos y que forman parte de mi espíritu coleccionista (¡lo que costó conseguir sus discos en tiempos que no existía Internet!).

Ambos grupos fueron fruto de la llamada ‘british invasion’. Los primeros eran de Los Angeles y duraron un soplido, apenas un par de años, 66-67, en los que grabaron dos LP’s marcados por los Rolling, los Beatles y The Byrds. De hecho, fueron los primeros en versionar ‘Hey Joe’ con un toque a lo Roger McGuinn y compañía. ‘You Better Move On’, de Arthur Alexander, que versionaron fructíferamente los Rolling, fue otra de sus piezas clave. Dylan fue también otro vivero que alimentó su sonido, haciendo versiones muy refrescantes y vocalmente muy bien armonizadas de ‘Love Minus Zero’ o ‘Highway 61 Revisited’. Folk-rock, beat, motas garajeras y hasta psicodélicas que, ya digo, enseguida se evaporaron como pompas de jabón, pero dejaron un bello recuerdo.

The Remains, cuatro estudiantes universitarios de Boston, eran garajeros y poperos, echando mano de los Rolling, Yardbirds, Chuck Berry, Bo Diddley, los Beatles… ¡Ay, si estos hubieran compuesto ‘Why Do I Cry’, una de mis piezas favoritas del cuarteto bostoniano!: estaríamos ante un clásico como lo es ‘Eight Days A Week’ o cualquiera de aquellos primeros monumentos de Lennon y compañía. Un pedazo de single. Al menos, tomaron parte en la última gira de los Beatles por tierras americanas y de su vida, en 1966.

Solo grabaron un álbum en 1965 que en ediciones posteriores se ha visto enriquecido con un buen puñado de canciones que quedaron en el tintero o aparecieron exclusivamente en single, e incluso alguna procedente de la breve reunificación que hicieron en 1976. Veintiuna contiene la edición que el sello francés New Rose hizo en 1985 en un precioso doble LP de portada amarilla que ahora suena con sumo agrado para mis oídos en el tocadiscos mientras escribo estas líneas. Efectos positivos del brexit. ¿Leave o remain? Lo siento, aquí la democracia es imposible: ambos.

Vamos con dos muestras maravillosas del armonioso sonido de The Leaves y The Remains. Más les valiera a los políticos escuchar música decente, leer, ir al cine, visitar museos… y revolver menos:
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¿Y si se van los británicos y nos quedamos sin grupos…?

Este jueves próximo los británicos deciden si se van de Europa o se quedan… Como si les da por bailar el sirtaki. Personalmente me la trae al pairo. Bueno, casi me alegraría que dijeran adiós. Personalmente mis experiencias por tierras inglesas, callejeando, haciendo turismo y sobre todo conviviendo durante unas semanas en familia o alquilando casas de vacaciones no han sido, por decirlo finamente, muy gratificantes.

Como españolito con la cerviz doblada durante décadas ante lo de fuera, me desacomplejé definitivamente en el año 88. Hasta entonces, lo típico de la idiosincrasia hispana: los ingleses son los más listos, los más guapos, los más limpios, los más inteligentes, los más altos… seres superiores. Era el tópico, y no solo lo asumíamos como credo evangélico, sino que ellos mismos -incluso la common people- así lo proclamaban y, lo más grande, aún lo siguen proclamando, pese a que llevemos muchos años ya de camino juntos en Europa: ahí está la reciente encuesta con un tanto por cierto muy significativo de británicos, no recuerdo la cantidad, que seguía creyendo a pie juntillas en su superioridad sobre el resto de europeos. Una encuesta que estira aquella vieja tradición del asombro inglés ante el aislamiento europeo con respecto a Inglaterra. ¡No eran ellos la isla, sino Europa!

Ya digo, me desacomplejé cuando, camino de un curso para profesores españoles en Preston, me metieron a dormir en la pocilga más inmunda que he conocido en mi vida, me acomodaron en una casa en la que la porquería salía desde debajo de las típicas alfombras –un buen truco para tapar la guarricie- y se derramaba por las paredes, el dueño eructaba en el comedor sin el más mínimo recato mientras el hijo, cargado de pintas, se sobaba sus malolientes pirreles sin el más mínimo atisbo de educación. Éramos los pigs del sur, pero en su imaginación: ellos nos ganaban. Y no por esta experiencia especial. En el 95 volví a vivir otra similar, cuando a través de un amigo inglés residente en Zaragoza, me fui con la familia a Portsmouth a pasar un mes en una casa de alquiler para estudiantes, de la que el amigo me habló muy bien. Otra pocilga más.

Y generalizando, qué decir de esos hinchas energúmenos del futbol, de las hordas turísticas de borracheras non stop de Lloret de Mar, Salou o Benidorm… Sí ya sé, son clichés, tópicos como el de la España de pandereta, pero con visos reales. Inglaterra ha tenido para mí, y creo que para muchos españoles de viejas y nuevas generaciones, un gran poder seductor por la música que ha lanzado al mundo, desde los Beatles al brit-pop, pero ya ni eso.

¿Qué va a ocurrir si se quedan fuera de Europa? ¿Que no vendrán los ultimísimos grupos de moda, o les costará más venir? ¿Que nos quedaremos sin sus insulsos grupos indies? No pasará nada. En los últimos tiempos, salvo poquísimas excepciones, son una castaña intragable, por mucho que se empeñen el Rock de Luxe y el Mondo Sonoro en vender modernidad de hojalata. El Reino Unido nos ha abastecido de gran música pop, rock, folk…, pero eso fue en décadas pasadas. Ahora la mina está seca. Lo que tenían que dar ya nos lo dieron.

Fueron y, pese a la mediocridad reinante que ofrecen actualmente, siguen siendo una poderosa potencia musical. Las divisas que generaron los viejos grupos e incluso los nuevos han convertido al rock británico en una fuente económica de primer orden para el país. Pese a lo cual, incluso en el terreno musical, quieren largarse. El mismo Roger Daltrey, de gira estos días por España, se ha convertido en uno de los más agresivos defensores del brexit, tachando a la Unión Europea de antidemocrática y disfuncional, aunque bien es cierto que, desde Nick Mason a Billy Bragg, Sandie Shaw o el guitarrista de Radiohead son muchos más los que se han declarado públicamente contra la salida. Lo consideran un atentado en toda regla contra sus intereses, o sea, contra sus bolsillos.

No obstante, si como predica el veterano Michael Caine y una larga lista de artistas de todo tipo, quieren brexit, que cojan el portante cuanto antes. No les voy a echar de menos, ni a quienes sablearon mi bolsillo o al mismo estado español que organizó aquel curso para profesores de inglés en el que tomé parte, y ni tan siquiera a sus arrogantes grupos que aun siendo jóvenes y no habiendo ofrecido nada de particular siguen viviendo en la nube intocable de los Beatles o los Rolling Stones –ufff, cuánto esfuerzo gastado en tiempos para poder entrevistarlos-, o a sus engreídos periodistas del NME o a los mánagers que imponen su ley en un mercado que afortunadamente es más global y europeo y por el que hay más caminos nuevos que transitar.

Que se queden en la isla con su rock manoseado, sus libras, su insufrible clima, su volante a la derecha, su añoso sistema métrico o sus tiendas de ropa de segunda mano (¡qué cutrerío!).Por aquí seguiremos en nuestro chabolo y en nuestra gresca política diaria, pero al menos siendo conscientes de que en la vieja Albión no es oro todo lo que reluce. Y, por supuesto, que cuando quieran venir como turistas o a vendernos grupos viejos o nuevos que paguen aranceles y visados hasta que les cruja la cartera. Ellos solitos, con un insensato Cameron a la cabeza, se lo han buscado.

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Con Miguel Mena en la Red, en las ondas y en el papel

Libro critica de Mena Artes y LetrasMiguel Mena, poca presentación necesita, es un periodista-locutor-escritor popular, riguroso, ameno, profesional… y sobre todo curioso, de una infinita curiosidad, diría. Ejerce en Radio Zaragoza desde los años ochenta, en que, en la FM, presentaba un programa absolutamente novedoso y sugestivo, mezclando música con textos de todo tipo que él escribía con precisión, ingenio y pasión. Se llamaba, el programa, ‘Parafernalia’, y era un placer escuchar un espacio así en medio de la tormenta comercial de los 40 Principales. Fue cuando le conocí y hasta tuve el privilegio de escribirle, a petición suya, el prólogo de su primer libro -¿o era el epílogo?, no recuerdo, Bunbury me impide comprobarlo: me lo desalojó un día de casa- que llevaba el mismo título del programa.

De forma autodidacta y sacando a relucir esa dicción tan limpia que posee, su inquietud y sabiduría y todo el ingenio que atesora, Miguel fue creciendo en la radio hasta presentar grandes programas de la emisora como el famoso ‘Estudio de guardia’, de la Onda Media, ‘La ventana’… y después la versión aragonesa de ‘A vivir que son dos días’, o sea, ‘A vivir Aragón’, en el que sigue cada fin de semana, recorriendo físicamente o desde el estudio estas tierras y haciéndose eco de los acontecimientos culturales que ocurren en ella. Un programa sin politiqueo ni tertulianos peñazo, ameno y atractivo, lo que no es poco en estos tiempos de tanta trivialidad y tanto tribunero político.

Lamentablemente, el programa ha sufrido un recorte horario para en su lugar endosar a la audiencia otro programa de humor gastado y cansino a cargo de Buenafuente -¿no saben los cómicos del chiste que lo suyo arde como la tea, que se agota enseguida?- y, cómo no, otro del dichoso fútbol, por si fuera poco el palizón de los carruseles del fin de semana y de todos los días que hay partido de lo que sea. De ventanilla de reclamaciones, pero doctores tienen los medios para saber lo que más conviene a sus arcas. (Aclaro, por cierto, que me encanta el fútbol, pero esa tralla interminable de los fines de semana me fulmina, cambio el dial de un zarpazo o apago nada más que entra en mi inseparable transistor).

Me he salido de la vía, pero quería reivindicar las cuatro horas de Miguel en antena los fines de semana, que desde hace unos meses, lamentablemente, se han quedado en dos, sábados y domingos de doce a una de la mañana. Insisto, una coz a la audiencia que está harta de humoristas quemados y de fútbol invasor. Unos minutos de esa hora escasa del pasado domingo 22 de mayo los pasé junto a Miguel.

Es un entusiasta del pasado y de la música pop en general, pero le tiene especial cariño a los sesenta. ¡Cómo envidiaba hace años, cuando el CD se comió el mercado, lo que él podía hacer: meterse en la polvorienta discoteca vinílica de Radio Zaragoza, trasladada como mueble viejo a un local del barrio Casablanca, y purgar viejos discos de vinilo ya arrinconados y casi destinados a la basura! De allí, desempolvando viejos tesoros, Miguel sacó adelante un programa de radio cautivador: ‘El desván’. ¡Qué placer escuchar aquellas canciones recuperadas y los saludables e ingeniosos comentarios que Miguel les adosaba!

No extraña que él enseguida tomara interés por mi libro ‘Zaragoza60’s’ y que me abriera hueco en su programa ‘A vivir Aragón’. Eso sí: tengo la plena seguridad de que no me abrió la puerta por la vieja amistad que nos une desde los años 80 -amistad y confianza que incluso me llevó a reconducirle en su naciente labor de escritor aun a pesar de él pero justificada con el éxito alcanzado después con sus columnas periodísticas y sus novelas- ni tampoco por hacer publicidad obligada sino por que él disfruta tanto o más que yo revolviendo viejos discos y escuchando viejas canciones. Dos buceadores compulsivos. Somos así, baronesa. Y con ello, nos salieron unos 15 minutos de charla y música sobre los artistas zaragozanos de los sesenta que dan idea de lo que ocurrió por aquí hace 50 años.

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No contento con ello, Miguel se encargó de reseñar el libro en el suplemento Artes y Letras del Heraldo, como aparece al inicio de esta entrada,  y luego trasladar su opinión a la web de Radio Zaragoza, ilustrándola con unas bonitas fotos de época, una de ellas más que obligada: la actuación durante 24 horas que hicieron Rocas Negras en el escenario que Radio Zaragoza tenía instalado en su cafetería del popular Pasaje Palafox, lugar de reunión juvenil en aquellos años 60. Durante unos días he estado con él en las ondas, en el papel y en la Red. Y ha sido un inmenso placer, y un privilegio. Públicamente, mis gracias infinitas, querido Miguel.

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¿Pero Zaragoza da pa’ tanto?

¿Pero Zaragoza da pa’ tanto? Es la pregunta que Miguel Ríos, con su entrañable acento y humor granadino, se hacía el pasado día 9 en los camerinos del Centro Cívico Delicias, unos minutos antes de salir a la tarima a presentar el libro Zaragoza 60’s. Entrevistaba la siempre simpática y campechana Virginia Martínez, y allí estábamos Miguel, Agustín Sánchez Vidal y un servidor a punto de salir de toriles a la arena.

Miguel Ríos responde contundente a la pregunta en la entrevista que se emitió ayer en el programa ‘Por amor al arte’ que presenta la querida Adriana Oliveros, y digo lo de querida con mucha sinceridad y cariño porque uno (un secretillo) hizo de padrino en su botadura como gran periodista que es. Vaya si acerté en la botadura.

Pero la pregunta del titular de esta entrada, que se refería a los años sesenta, se puede estirar hasta hoy mismo. ¿Ha dado Zaragoza para tanto? ¿Han sido un milagro los Rocky Kan, Héroes del Silencio, Labordeta, Bunbury, Amaral, Carmen París… y tantos otros, o ha sido una floración forzada por el talento (voy a decir presunto, por si alguien no está de acuerdo) que aquí anida? ¿Podría haber dado más de sí? O, ya poniéndonos en plan fatalista, pese a los nombres citados y muchos tantos más, ¿esto sigue siendo un erial, un campo verde sin amapolas primaverales por mucho que se campaneen las cosechas y los nombres de unas y otras décadas?

Me gustaría oír opiniones. Seguramente que las hay menos optimistas y hasta derrotistas de lo que se dice, o quizá, en el extremo opuesto, habrá quien opine que ha habido incluso más de lo censado y valorado. Yo lo tengo muy claro. Anoche mismo, al ver a Amaral sobre el magnífico escenario del Príncipe Felipe –o como se llame, según dijo Eva humorísticamente-, lleno de estrellitas y con una luna inmensa, amén de abarrotado de gente, se me saltaron las lágrimas al venirme, no sé por qué, a la cabeza aquellos primeros años ochenta en que había cuatro grupos sonando a lata y obviamente tocando en baruchos.

¿Quién podría pensar en aquel momento, en que para ver a un gran artista y a un montaje escénico mastodóntico había que salir fuera, que un día, al levantar la vista, que diría nuestro entrañable Abuelo, veríamos a parroquianos, vecinos o amiguetes llenando ese pabellón de casa, convertidos en artistas de fuste nacional e incluso internacional, como ha sido el caso? Yo no lo hubiera pensado en aquel momento ni soñado en la peor pesadilla. Pero es lo que había antes y lo que hay ahora, después de un cuarto de siglo de trayecto. Sí, sí, Zaragoza da y ha dado para tanto. Esta ciudad tiene algo especial para la música. Y que le quiten lo cantao.

Aquí, la entrevista con Virginia y Adriana en Aragón TV. Con todo mi agradecimiento, por supuesto.
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Nostalgia y años sesenta, ¡¡no!!

Hoy, el magazine informativo de las mañanas de Aragón TV, antes de las nueve, ha dedicado un espacio generoso de tiempo a los años sesenta. Lo ha hecho al hilo del libro Zaragoza60’s y en él hemos estado Pablo Ferrrer y yo junto a la presentadora Ana Benavente. Previamente y después de nuestra intervención, Sergio del Molino y Juan Luis Saldaña han dado sus opiniones sobre aquella década… Sergio ha recurrido de inmediato al tópico de la nostalgia. Discrepo totalmente con él. Con todo el cariño y la admiración que le profeso, claro.

¡Sergio, no has leído el libro! Si lo hubieras hecho, verías que precisamente en la introducción hago hincapié en ese asunto porque sabía que de inmediato quienes no estuvieran al tanto iban a juzgar de esta manera. ¡Bah, abuelitos recordando batallitas…! Y nada más lejos.

Es curioso: si se analiza una década primeriza del siglo pasado o no digamos del XIX, de la Edad Media o de los romanos, no se recurre al latiguillo, a veces despreciativo, de la nostalgia, simplemente se habla de Historia. Pero cuando se pone el retrovisor sobre décadas próximas, aunque se analice, se cuente el momento, se ubique lo que aconteció, las transformaciones que hubo, los personajes que las protagonizaron, las vidas de las personas, los paisajes sociales…, que es lo que he pretendido en este libro (otra cosa es que lo haya conseguido), enseguida surge el recurso a la “nostalgia sublimada y como producto de consumo”, tal cual ha comentado Sergio.

No, Sergio, hablar o escribir del pasado -según se haga, claro- no es apesebrarse en la melancolía o en el recuerdo. Es hacer historia, investigar hechos, valorarlos y contarlos. Como lo puede hacer cualquier profesional de las humanidades. Si además esa historia trae recuerdos, conocimiento y bienestar emocional pues miel sobre hojuelas.

De eso trata mi libro, echando mano de la socorrida y cursi frase que usan políticos y técnicos culturales a las primeras de cambio, de ‘poner en valor’ la música de una década y de sus protagonistas, de aquellos valientes que, en medio de la dureza de unos tiempos salvajes para la misma supervivencia humana en una dictadura infausta, cogieron unas guitarras o modularon su voz para llevar entretenimiento, felicidad y sabiduría a sus congéneres. Y ello, ubicado en la sociedad de su tiempo. Ni más ni menos, que no es poco.

No tengo nostalgia alguna por el pasado, pero me gusta el pasado como historiador y como periodista. Y me gusta disfrutar de las obras artísticas que nos dejaron los siglos previos a nuestras vidas actuales, sea un cuadro de Boticelli, una escultura de Praxíteles, una sinfonía de Mozart, el Quijote, una novela de Proust, una pieza de Miles Davis o un rock’n’roll de Elvis o de aquellos primigenios rockers zaragozanos. Es Historia, es Cultura.

En fin, ahí estamos Pablo y compañía en Aragón TV –al menos, no hay vaquillas en ese momento- dándole pábulo a la nostalgia y al pasado. Cada cual que lo mire como mejor quiera o le parezca. Tiempos pasados nunca fueron mejores, pero conviene no olvidarlos.

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Miguel Ríos, doble lección rocanrolera en Zaragoza

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Habrá, y es seguro que los hay, quienes colocan la regla y el calendario del tiempo sobre las canciones, y cuando estas pertenecen al pasado remoto las desdeñan, como si se tratara de trapos viejos. Allá cada cual con sus calendarios, sus filias y sus fobias. Yo estoy plenamente en el bando contrario: las canciones, si son buenas, si me transmiten, si están bien ejecutadas, me emocionan profundamente al margen de fechas y edad.

El pasado lunes, día 9, refrendé esta convicción, como al parecer lo hicieron masivamente las más de 400 personas que llenaban la Rotonda de Delicias, aplaudiendo, bailando y jaleando a Miguel Ríos y al resto de participantes en el minifestival que se organizó con motivo de la presentación de mi libro Zaragoza60’s, del que ya he dado cuenta en este mismo blog y no quiero ser pesado, aunque volveré a la carga porque fue una noche con muchas emociones y guardo imágenes en la memoria y físicamente en vídeo que quiero compartir con todos aquellos que leen el blog o simplemente les gusta la música sin edad.

Miguel Ríos, tras presentar el libro junto a Agustín Sánchez Vidal y Gavy Sander’s, se subió al escenario y cantó dos rocanroles inmortales. ¡Y cómo los cantó! Ay, amigo, cuando se tiene el feeling, la voz y la sabiduría… Aunque el vídeo está rodado con una diminuta cámara creo que da fe de la fuerza y la calidad que le pusieron todos en el escenario. Sube el volumen y compruébalo: esa batería, ¡como chuta!, ¡cómo lleva la manija de las canciones!, ¡esa guitarra!, el saxo, los teclados, esas chicas… Seven hicieron una interpretación brutal y Miguel Ríos encajó con ellos como si llevaran toda la vida haciendo lo mismo… Mas lo cojonudo es que se conocieron en el mismo escenario, no hubo ensayo previo ni prueba alguna. Todo fluyó de manera espontánea, señal inequívoca del poder universal y comunicativo del lenguaje del rock.

Lo previsto era que Ríos, que simplemente quería hacer algo informal y anecdótico, cantase esa pieza tan histórica como es ‘El rock de la cárcel’, y a la vez hoy tan de moda, con tanto corrupto y chorizo que nos rodea, pero se calentó e inesperadamente atacó con un memorable ‘Johnny B. Goode’ en medio del buen humor que le caracteriza.

Algo histórico. Y no porque el granadino estuviera presente en la presentación de mi libro -Dios me libre, la petulancia la dejo para el cuarto de baño- sino porque son canciones que Miguel no canta desde hace siglos. ‘El rock de la cárcel’ lo grabó en el LP de los memorables conciertos de ‘Rock y amor’ del 72 y en el CD de la gira de ‘El gusto es mío’, del 96. ‘Johnny B. Goode’ no está recogido en disco alguno, salvo que me falle la memoria y el archivo; aunque las neuronas no me fallan para recordar la versión que Miguel hizo a finales de los sesenta o principios de los 70 en la sala San Jorge de Zaragoza junto a Franklin, todo empapado en sudor y una ancha camisa blanca, de corte hipilondio, pegada al cuerpo de aquel chorro de sudor que manó de su cuerpo. Siempre se ha entregado como un jabato en el escenario.

Desde entonces no se lo había oído nunca. Y el lunes tuve oportunidad de hacerlo de nuevo, con la fuerza y el brío que lo escuché en la sala San Jorge hace más de 40 años, con esa voz macerada para el rock, como salida de serie de su garganta para interpretar el género eterno, que él atesora. Hacía tiempo que no se me removían las entretelas como la noche del lunes. Más de uno de los que anduvo por allí me expresó lo mismo. A ver si disfrutáis como yo lo hice. En este blog tenemos la suerte de gozar con un verdadero tesoro, único, con dos canciones interpretadas por el mejor cantante de rock que ha dado este país. ¡Y con casi 72 años!

En el camerino, después de semejante lección rocanrolera, reímos conjuntamente: “Miguel habrá que cambiar el título de ‘Bye Bye Ríos’ por el de ‘Welcome Back Ríos’”, le dije entre bromas y buen humor. Está espléndido de voz y de fuerzas, así que será un placer volver a escucharle en Zaragoza el próximo 15 de octubre dentro de la reedición de la gira ‘El gusto es nuestro’.

Por cierto, para los que ponen la regla del tiempo y la edad sobre la música: ¿qué hacemos con Mozart o Miles Davis?

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Una noche inolvidable

Digiriendo la gran noche que tantos amigos y músicos zaragozanos me habéis regalado esta noche. Lo mismo que Agustín Sánchez Vidal, Gavy Sander’s y Miguel Ríos que me han subido los colores y la bilirubina en la presentación. Ha sido un inmenso placer que ha tenido como corolorario el minifestival con Gavy, Seven, Los Ibéricos, Los Twangs, Los Guayanes y un Miguel Ríos en plena forma, cantando ‘El rock de la cárcel’, himno apropiadísimo para estos tiempos de tantos corruptos y chorizos, y después, sin que estuviera previsto, un ‘Johnny B.Goode’ de matrícula. Se ha calentao y se ha metido en faena de manera vibrante. Él acuñó la frase y la está haciendo realidad: “Los viejos rockeros nunca mueren”. Habrá que pedirle que cambie el Bye Bye Ríos por el Welcome Back Ríos. Solo por esta magnífica tarde-noche ha merecido la pena el esfuerzo del libro. Mil perdones a todos los que no he podido firmárselo, pero tras más de una hora dándole al boli sin parar he tenido que subir al escenario a presentarlo, o de lo contrario me echan a los leones.
Para mí, una noche inolvidable. Si alguien ha grabado algo, por favor, que lo suba a algún sitio. Mil gracias a todos los que habéis abarrotado el Centro Cívico Delicias.

Con Miguel Ríos, Gavy Sander’s y Agustín Sánchez Vidal en el camerino del Centro Delicias, antes de la presentación del libro. Gentileza de Aragón TV.
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Evocaciones de los sesenta zaragozanos en Delicias

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Bienvenidos hijos del rock’n’roll…
El 9 de mayo presento en el Centro Cultural Delicias mi libro Zaragoza60’s, un acto inscrito dentro de la excelente exposición fotográfica sobre grupos musicales zaragozanos de los sesenta y setenta que nuevamente presentará el inquieto Pascual Orduna, tras su paso por el Centro Las Esquinas. Me acompañarán Miguel Ríos, Gavy Sander’s y Agustín Sánchez Vidal y habrá un minifestival de la época con cuatro grupos de los que debajo doy unos breves datos. De Miguel Ríos, que cantará una canción muy propia de estos tiempos, y de Gavy Sander’s, que también hará lo propio, no es menester andarse con biografías y florituras, pero por si algún marciano lee estas líneas y no sabe donde se encuentra, remito a la web de Miguel
y a las dos entradas (1 y 2) de este blog dedicadas a Gavy.

El minifestival, tal y como recoge el cartel de arriba, lo presentará José María Pemán, feraz presentador y locutor de la época, avezado en estas lides como un gran campeón y todavía en una forma física y vocal envidiables.

Estos son los grupos:

SEVEN en AURA 3SEVEN
Grupo formado por músicos jóvenes y veteranos, bajo la dirección de Chema González, componente de los brillantes e inequívocos Ranger’s, y solicitadísimos por toda la región, con su repertorio de clásicos del pop y del rock desde los años 50 a los 80, así como sus tributos a figuras del tipo Sabina, Miguel Ríos, Loquillo, Joe Cocker… etcétera. Una banda competente y muy bien armada que cuenta con el mentado Chema González (guitarra), Juan Carlos Vinués (teclados, voz), José Manuel Pérez Jota’ (batería), Fran Sierra (guitarra, armónica), Guille Pérez (bajo) y Aida Santos y Laury de San Pio (cantantes femeninas). Por curiosidad, visiten su página web, no solo para comprobar la solidez como músicos sino el ajetreo que lleva una banda como esta, que hábilmente ha sabido encontrar un hueco perfecto en el mundo del pop y del rock.

GUAYANES 2016LOS GUAYANES
El conjunto más popular de la Zaragoza de los sesenta y el de mayor longevidad: empezaron en 1961 y todavía continúan en la brecha, ahora -en una de las docenas de mutaciones que han tenido en su larga historia- con un plantel primigenio y clásico, toda vez que han vuelto miembros como el mismo Fernando Brosed, ejemplo de precocidad en las lides rocanroleras (a los nueve años ya cantaba en el grupo). Actualmente, siguiendo de izquierda a derecha su foto, son: Federico Artigas (teclados y voz), Fernando Brosed (cantante), Pepe Brosed (guitarra rítmica y voz), Alfonso Garnica (guitarra solista), Joso Miguel (bajo y voz) y Luis Gracia (batería).

Ibéricos Café DublínLOS IBÉRICOS
Uno de los grupos clásicos y populares de los sesenta zaragozanos. Comenzaron en 1965 y todavía siguen hechos unos chavales, dándole a las guitarras y haciendo versiones de todo tipo, aunque su especialidad fueron The Shadows. Lo forman en la actualidad Jesús Lacoma (guitarra solista), Isidro Pastor (guitarra rítmica), José Francisco Orna (bajo), Miguel Ángel Gimeno ‘Michel’ (batería, ¿alguien lo recuerda de Bawlers?), y un clásico de la escena sesentera Miguel Ángel Camarero (voz y teclados). En 2000 grabaron un excelente disco de versiones.

_DSC21949_1-003LOS TWANGS
De ellos ya ha habido abundante información en este blog, por lo que remito a ella (1, 2 y 3). Solo comentar que, por así decir, son nuestros Trashmen locales, unos tipos que, además de humor, derrochan energía y ritmo garajero. Pero además, como son entusiastas de los sesenta, abordan versiones de la época y hasta tienen un EP dedicado a versiones españolas de Bruno Lomas, Los Gatos Negros o Los Mustang. También cuentan con una versión del Dúo Dinámico metida en uno de sus tres LPs. Se sienten deudores de aquella década y, como además, tocan de maravilla, razón demás para señalar que es un honor que estén en esta fiesta.

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