Un monumento de Leonard Cohen

Nuevo y sublime, sacramental, disco de Leonard Cohen: ‘Old Ideas’, publicado la semana pasada. Pero una decepción, de entrada: no aparece la bandurria de Javier Mas, y ni tan siquiera su nombre en los créditos, con lo que la mediterraneidad con la que el aragonés pintó la pasada gira del poeta se ha evaporado. Algo sorprendente y extraño, dado el relevante papel que Javier tenía en el grupo. ¿Por qué le habrá dejado fuera? ¿Cómo ha podido prescindir de un instrumento que dejaba boquiabierto al público y al mismo Cohen: ¡si se le ponía de rodillas cuando atacaba un solo! Una incógnita sobre la que nadie reparó cuando el canadiense hizo en Londres la única presentación a los medios que ha hecho hasta ahora, pero que, a poco que se le haya seguido, se echa de menos enseguida. Habrá que investigar.
Mas, superada esta inesperada ausencia, en este disco se abre un mundo sonoro inmaculado, completamente diferente hasta lo ahora ofrecido, con la paleta instrumental ampliada incluso a instrumentos inéditos: la trompeta luce primorosa y tristona en el majestuoso vals, ‘Amen’, respuesta contemporánea a su viejo ‘Hallelujah’, ay, ese momento en que confluye con el violín es de una majestuosidad superior. También aparece la vieja melódica, ¿o es una armónica?, no, creo que es aquella melódica, la de la yenka, sí…., asomando solemne en ‘Lullaby’. Aclaradme el oído… Llamativo resulta también el cuadrado y seco ritmo, cercano a su discípulo Nick Cave, de ‘Different Sides’, una broma de septuagenario que ya canceló las pretéritas ‘various positions’: “Tú quieres cambiar la forma en que hacemos el amor, yo prefiero dejarlo como está’.
Son las cuerdas, sin embargo, las que más presencia tienen en el álbum, almohadillando prácticamente la mitad de las canciones, algo inédito en la sonoridad del canadiense. Ay, ese dolorido celo de ‘Show Me The Way’… Curioso, sin embargo, cómo este sereno almohadillado se pincha con la carga de bombo de ‘Darkness’ –ojo al vecino de abajo-, la pieza que, a su vez, anuncia otra novedad: la entrada, por vez primera, del blues en la paleta estilística del cantante. Blues pantanoso que reflota en el imponente ‘Banjo’, con guitarra, piano y clarinete poniéndole pimienta. A ‘Crazy To Love You’, se ha optado por dejarla desnuda, regresando al Cohen escueto de ‘Songs From A Room’. Todo un mundo de sensaciones sonoras y literarias las que emanan de esta joya. También personales: “No tengo ningún futuro. Sé que mis días están contados. El presente no es agradable. Tengo muchas cosas que hacer, pensé que el pasado me duraría mucho tiempo pero apareció la oscuridad”, canta en ‘Darkness’. Con 77 años, ¡qué otra cosa se puede cantar! Bueno, queda el recurso del humor: “Me gusta hablar con Leonard, un deportista, un pastor, un vago cabrón con traje”, ironiza en la pieza que da entrada al disco, ‘Going Home’.
Queda la voz. Pese a la losa del tiempo y de que su voz ya no respinguea por las notas altas como antes (paradigmático ‘Halleluhaj’), Cohen se muestra lozano, cantando en un tono más profundo y depresivo que nunca un disco que él denomina como el ‘manual de la derrota’. Ya su tímbrica es proverbialmente conocida como la más grave del orbe canoro, pero aquí es que baja varias notas más hasta lograr una profundidad que nunca antes se había logrado en el folk, el pop o el rock, un detalle que aún resalta más la mezcla sonora, subiendo su plano y bajando el de los instrumentos, lo que obliga a la escucha del disco a alto volumen. Las encantadoras hermanas Webb le ponen intensa luz a este retrato sombrío de la derrota en diez canciones para cerrar los ojos, como hizo durante toda la escucha de presentación a los medios, y masticar la majestuosidad, la profunda exquisitez, el alma de un poeta al que se le han muerto las neuronas de la ansiedad y el desasosiego, pero no las de la creación. Un monumento.

Ojo al minuto 4:10

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El día que murió la música

Es una efeméride que nunca debía haberse producido, pero lamentablemente desde aquel fatídico 3 de enero de 1959 –hoy hace 53 años- el calendario marca en negro el día en que ‘murió la música’, el día en que Buddy Holly moría a los 22 años, cuando su carrera apenas había despegado: 18 meses duró exactamente. Un tiempo tan breve que, sin embargo, fue suficiente para alumbrar un manojo de canciones que no solo le encumbraron a los altares del rockabilly y el rock’n’roll sino que fueron determinantes a la hora de marcar el camino a generaciones posteriores de artistas, Los Beatles, en primer lugar.
Holly, hijo de un granjero, creció escuchando blues, country y R&B en un pueblecito de Texas, Lubbock, algo que luego traslució su paleta musical de manera relumbrante. Su corta discografía está llena de piezas al más puro estilo rockabilly como de rocanroles, fogonazos de tex mex, R&B, temas melosos,  cuando no experimentales (para la época). Dar con un productor como Norman Petty, que contaba con un estudio propio, le permitió trabajar y explorar con una tranquilidad que no gozaron sus contemporáneos. También componer en abundancia, algo que no se valoró en su momento, pero que sirvió para marcar el futuro de los llamados conjuntos. También estableció la fórmula de grupo a base de guitarra solista, rítmica, bajo y batería. Todo escueto y propio, muy lejano de las grandes producciones de Elvis. Los Beatles tomaron buena cuenta de todo ello.
Holly no era un rocker en el más puro sentido del término, menos aún, con sus grandes gafas de pasta negra, encajaba bien en la iconografía de un estilo que se consideraba salvaje y pecaminoso. Más bien era un tipo tímido y de maneras amables, muy claro en su vida familiar y matrimonial, tras casarse con la portorriqueña María Elena Santiago. Nada de escándalos, aunque en una ocasión estuvo en el centro, pero no por su culpa. Durante una actuación en Boston junto a Chuck Berry, Jerry Lewis y Larry Williams, entre otros, el gobernador de turno decidió acabar con aquel ‘nido de provocación’ y mandó cortar la luz. Alan Freed, el gran muñidor del género, salió a escena proclamando que “esos perros (los polis) quieren impedir que nos divirtamos” y se armó la marimorena. Holly fue metido en el lote de pervertidores de la juventud y de violento provocador social, tal y como tachaba al rock’n’roll la América puritana, pero nada más lejos.
‘That’ll Be The Day’, que pasó por varias ediciones discográficas, hasta que explotó en agosto de 1957, fue su primer gran hit. Luego, en medio de un curioso doblete de sellos en los que aparecía con su nombre o bajo The Crickets, llegaron un rosario de canciones que conquistaron al mundo, trascendiendo generaciones: ‘Not Fade Away’,  ‘Everyday’, ‘Listen to Me’, ‘Oh Boy!’, ‘Peggy Sue’, ‘Maybe Baby’, ‘Rave On’,  ‘Heartbeat’, ‘Ready Teddy’ (Little Richard), ‘It’s So Easy’… Los Beatles se apoderaron de ‘Words Of Love’, tomando el doblaje de voces, los Rolling adaptaron ‘Not Fade Away’, el supergrupo de Eric Clapton, Blind Faith, tomó ‘Well Alright’… y, en fin, desde los sesenta no han sido pocas las adaptaciones y álbumes de tributo. En el más reciente, ‘Rave On’ (2011), aparecen The Black Keys, Modest Mouse, Florence & The Machine, My Morning Jacket, Kid Rock, Patti Smith, Lou Reed, Paul McCartney, Julian Casablancas y un puñado más de artistas rindiéndole pleitesía. Una fuente inagotable, pese al más de medio siglo transcurrido.
El 3 de febrero de 1959, Buddy Holly murió junto a Ritchie Valens y Big Bopper al estrellarse la avioneta que les conducía a una actuación en Fargo. Buscó este medio de transporte para evitar setecientos kilómetros en un autobús estropeado y sin calefacción en el que viajaba toda la troupe que configuraba una de las peculiares giras rocanroleras, en plan paquete, la del Winter Dance Party. Crónica tragicómica: hubo quien se jugó a ‘los chinos’ la posibilidad de subirse a la avioneta o viajar en autobús, otros cedieron su puesto. Y, en consecuencia, unos salvaron la vida y otros la perdieron, según giró la ruleta.
Don McLean inmortalizó aquella funesta fecha -no la de la muerte de Kennedy, como en principio se interpretó- en su magistral ‘American Pie’, sentenciando que aquel día  ‘murió la música’. En 2007 se exhumaron los restos de Holly al hacerse más intensa la idea de que había muerto por un disparo de su misma pistola, cosa que descartó la  autopsia. Fue el maldito accidente de la avioneta en una noche de frío salvaje y de nula visibilidad lo que se lo llevó al otro mundo. La música no murió, bien al contrario. (Otro día me ocuparé de Ritchie Valens).

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¡Qué duro es hacer música! Howler y Tribes

En el escaparate lucen esplendorosos los triunfadores, los que venden, los que llenan estadios, los que se mueven en salas de mediano aforo, los que miman los medios, los que realizan giras de supervivencia, los que editan sus discos en plan doméstico, los que se ganan unas pelillas en garitos de mala muerte, los buenos, los malos, los mediocres,… y hasta los que simplemente se divierten. Un totum revolutum de figuras en el escaparate entre lo desconocido y la fama apabullante, unos en primera fila y otros muy al fondo, casi invisibles. Pero todos, a fin de cuentas, en movimiento, vivitos y coleando, ‘alive and kicking’, que cantaban Simple Minds.
Porque, en contrapartida, ¿cuántos se quedaron en la trastienda?, ¿cuántos ni siquiera fueron desembalados?, ¿cuántos fueron mercancía averiada?, ¿cuántos, en definitiva, fueron apeados o se apearon de un tren imposible?  El triunfo es fácil de contemplar. Vemos a un artista sobre un escenario o publicando un disco, incluso millonario, y miramos u oímos como el que mira al cielo u oye llover, sin darle importancia, como algo habitual y hasta sin valor. Es lo propio, su oficio, pensamos. Y, sin embargo, cuánto esfuerzo y cuánto sueño roto, cuánto grupo varado en el camino.
No hay estadísticas ni podrá haberlas nunca, pero pondría la mano en el fuego y creo que no me quemaría mucho si apostase a que solo uno de cada mil grupos o artistas mundiales logra vivir en el escaparate. Basta con echar una ojeada en el ámbito doméstico para comprobar o aproximar ese porcentaje. Repaso, por ejemplo, la primera edición del concurso ‘Muévete’ celebrada en 2002, con 63 grupos inscritos: ¡no queda un solo grupo en activo, que se sepa, o si acaso solo uno! Sus ganadores, Karhe, finiquitaron labores hace tiempo, y de The Big City no tengo noticias desde la edición de su último álbum, en 2010, ‘Celebrate It All’, aunque es posible que sigan en danza. En todo caso, uno. El camino es más largo de lo que parece, la supervivencia aún más dura. Este no es oficio nada fácil, pese a la purpurina del escaparate. Escribir una canción, formar un grupo, salir a un escenario… es mucho más complicado de lo que parece, es duro. Hay que sufrir mucho para no morir en el intento.
Y, pese a ello, cada semana, decenas y decenas de grupos de medio mundo se colocan en la parrilla de salida camino del éxito. Ya digo, como mucho, uno de cada millar llegará a conseguirlo, o al menos a colocarse en el escaparate durante un tiempo razonable. El mundo del pop es, por otra parte, así de cainita y efímero. Traigo hoy al blog dos grupos que acaban de colocarse en esa parrilla, por ser muy recientes y porque la prensa especializada –la británica mismamente- ya los jalea.
Aquí está Tribes, jovencísimo cuarteto británico que si algo especial muestra es que, pese a su juventud, toca muy bien, moviéndose en el rango del pop melódico y las baladas. Influjos: Oasis, Pixies, Bowie, Suede… A la prensa británica ya se le cae la baba, o sea, el típico ‘the next big thing’, pero la exageración no le resta expectativas.

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Y aquí está Howler, también jovencísimo quinteto de Minneapolis con su álbum de debut ‘America Give Up’ y once canciones de pop-rock infeccioso, con sus palmadas, sus guitarras correosas y sus pegajosos estribillos. Evocan a Ramones, Weezer, Jesus & Mary Chain, Modern Lovers, Strokes y hasta a The Seeds con sus ramalazos garajeros. ‘Rock sucio’ lo llaman ellos.
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Dentro de un par de años o de un lustro, quizá menos, hablamos. ¿Llegarán tan siquiera a meta?

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Neil Young cabalga de nuevo a lomos de Crazy Horse

Siempre es bueno regresar a los clásicos, máxime si estos guardan artillería para el tiempo presente. Que es el caso indubitable de Neil Young. Gozosa noticia: el canadiense ha vuelto a reunirse, casi diez años después, con sus legendarios Crazy Horse y como adelanto de lo que puede ser el nuevo disco que están grabando, Young ha colgado en su web -bueno, la ha eclipsado- una larga sesión de rock de guitarras calmadas que se supone será el apunte de una canción o quién sabe de una larga suite rockera. Nada al respecto se explica en la web, en la que ha desaparecido cualquier otra referencia o pestaña, viéndose únicamente cómo una ‘steady cam’ planea sobre la mesa y el estudio en penumbra. La sesión se data el 6 de enero pasado. Puede aburrir el atracón de guitarras (Neil no entra con la voz hasta el minuto 23), pero parece que de ahí va a salir sustancia.
Crazy Horse es el trío formado por Ralph Molina (batería), Frank ‘Poncho’ Sampedro (guitarra), que sustituyó al fallecido Danny Whitten, y Billy Talbot (bajo). Básicamente, además de publicar una media docena de discos por su cuenta, durante dos décadas alternas, los setenta y los noventa, acompañó en estudio y en directo a Neil Young, alentando algunos de sus discos más guerreros y notables, desde el inicial  ‘Everybody Knows This Is Nowhere (1969) al último ‘Greendale’ (2003), dejando en medio un soberbio ramillete de discos cruciales en la carrera del canadiense y puede que de la historia del rock: ‘After The Gold Rush’ (1970), ‘Tonight’s The Night’ (1975), ‘Zuma’ (1975), ‘Rust Never Sleeps’ (1979),  ‘Ragged Glory’ (1990), ‘Weld’ (1991)… Si alguien desconoce alguno de estos discos, ya tarda en ir a por ellos. Y perdón por mi tono imperativo, pero es que son biblias rockeras, salvo que alguien me contradiga.
Casi diez años después, por tanto, el gran jinete rockero se sube a lomos de su fiel y combativo ‘Caballo Loco’. Tiene 66 años y muchos kilómetros que cabalgar. Apostaría que lo que entregue en meses próximos será de mucha envergadura.

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El ruido de la calle: Roscón Rock

Este domingo, el ruido callejero del Roscón Rock vuelve al Paseo de Independencia y a diversas plazas zaragozanas. Música a la intemperie del gélido día del patrón de la ciudad para reivindicar, por parte de los grupos más nuevos y jóvenes, facilidades para desarrollar sus capacidades e ilusiones. Los músicos zaragozanos quieren darse a conocer, pero lo tienen difícil. Por eso bracean en el asfalto contra las dificultades, proclamando en la web del evento:  “El espíritu del RosconRock es hacernos oír, que se sepa lo que hay en Zaragoza, que hay una inquietud musical y que no se nos está haciendo caso. Que existe una falta de apoyo por parte de las instituciones y medios de comunicación, obsesionados por la rentabilidad, y cuyas políticas de difusión de la cultura local, creemos son insuficientes. Que no hay recintos habilitados ni para ensayar, ni hay una sala decente de aforo medio para poder tocar, que cada bolo que damos en Zaragoza suelen ser casi clandestinos porque los locales no tienen licencia. Que en otras localidades los ayuntamientos tienen locales de ensayo a bajo precio, salas para dar conciertos, etc. Que estamos a años luz de otras ciudades”.
Mirando en la web de Aragón Musical, que un año más presta respaldo a la celebración, la tabla en detalle de reivindicaciones, se observa que ahí siguen algunas importantísimas adheridas a la piel del olvido o de la indiferencia, caso, por ejemplo, de la cesión gratuita por parte del Ayuntamiento de Zaragoza de los centros culturales. Y son ya ocho ediciones. O los grupos hacen poco ruido reivindicativo o los políticos y gestores de todo tipo ni lo oyen ni quieren oírlo. Mucho me temo que se trata de esto último.
Bien es verdad que algunas cosas se han conseguido o caminan por una senda esperanzadora para conseguirlas: la apertura de locales de ensayo en el llamado Túnel de Valdefierro han facilitado a los grupos ‘entrenar’ en condiciones y hasta grabar discos;  se ha escapado de la amenaza de cierre algunas Casas de Juventud; Aragón TV ha iniciado recientemente la emisión de un programa dedicado a la música aragonesa (aunque bien es verdad que el formato monográfico, su brevedad, el horario o los tópicos que allí se oyen a la hora de conducir las entrevistas no hacen presagiar un largo futuro); se han concedido pequeñas subvenciones (cien euros) a los grupos que actuaron en la pasada edición del Roscón (no es mucho, pero dicen que han sido bien recibidas para sufragar gastos de transporte de equipos); se ha creado la Asociación Profesional de Salas de Música ‘Aragón en Vivo’ para buscar soluciones a la situación en la que muchos bares y salas se encontraban para poder realizar conciertos sin ser denunciados; se ha editado por parte del Ayuntamiento una laboriosa y exhaustiva guía de grupos zaragozanos recopilada por Sergio Falces, o se ha creado una Mesa de la Música, aunque por ahora, casi un año después, es solo papel, una declaración de buenas intenciones futuras.
Por el contrario, son muchas las reivindicaciones que siguen sin atenderse. Las recojo aquí, tal y como las plantean los organizadores del Roscón:

• Que desde las instituciones públicas, no se pongan más trabas a los establecimientos y asociaciones que desarrollan una actividad cultural importante desde hace años.

• Que desde las instituciones públicas, se apueste realmente y se preste atención a TODA la música que se hace en esta tierra, de todos los estilos y grados de consolidación.

• Que se creen espacios ocio-culturales municipales, aprovechando las infraestructuras de Centros Cívicos, instalaciones y salas municipales, la red de Casas de Juventud o creando nuevos espacios para potenciar la cultura de base, modelos de ocio alternativos y la posibilidad de una participación real y de gestión de los usuarios en dicha creación cultural, artística o musical.

• Centros cívicos totalmente gratuitos para propuestas culturales locales en eventos organizados sin empresas intermediarias con finalidad lucrativa.

• Mejora de infraestructuras de los Centros Cívicos que carecen de las condiciones necesarias para poder realizar conciertos mínimamente aceptables de calidad.

• Mejorar el horario de las instalaciones destinadas a ensayo, especialmente en las fechas festivas y/o propensas para realizar conciertos a la hora de coger y recoger el material.

• Que desde las salas de programación, y los programadores privados, se valore y dignifique el trabajo que hacen todos los músicos locales, también a quienes empiezan, y se les ofrezca unas condiciones dignas para realizar sus actuaciones.

• Que se generen permisos especiales y excepcionales, cuando se realicen conciertos que puedan tener una asistencia importante de público menor de edad y estos puedan asistir libremente.

• Despertar interés social sobre la situación de la música en Aragón y sobre el trabajo artístico de las distintas propuestas musicales aragonesas. Que la gente de a pie conozca lo que hay en su ciudad y que acuda a los conciertos a apoyar la música.

• Que se amplíe la difusión musical y que englobe a todo tipo de sonidos, corrientes, niveles de calidad y grado de consolidación, por parte de todos los medios de comunicación, especialmente desde la televisión pública, donde se debería crear algún programa exclusivamente musical de televisión, y también debería aumentar y mejorar la difusión de TODA la música aragonesa. Que se equiparen más los estilos de música que apenas son tenidos en cuenta con los más comerciales.

• Mayor importancia de la enseñanza de la música en todo tipo de centros educativos y de formación.

De todo esto, además de mostrar sus facultades musicales, darán cuenta este día 29, por la mañana en las plazas y por la tarde en Independencia, una treintena de grupos locales repartidos en las habituales mantas, a saber:
Mañanas:

Manta 1 – Huracan Virgilio + Majama + Miguel Oliveira

Manta 2 – Tierra Vertical + Sinestética

Manta 3 -

Manta 4 -

Manta 5 -

Tardes:

Manta 1 – Passion’s Shadows + Leyenda Prohibida + The Wall

Manta 2 – Bigtopo + Kelvin helmholtz + Salvatorecoco

Manta 3 – Bajo La Escalera + Zorras Adolescentes + La Espe’ y los Marianos

Manta 4 – Outbreak + Plaga + Mad Men Rock

Manta 5 – Napalm + Dedo Acusador + Keep Rockin’

Manta 6 – Samba da Praça + Chenchu Guzman

Manta 7 – Proyecto Dharma + Entresuelo

Manta 8 – Hardway + 40 Grados + Bloodra1n

Manta 9 – Aragón Suena (Set de Radio y TV con entrevistas)

Manta 10 – Skakeo Reggaé Band + Puntopelota + Villacura

Manta 11 – Calzones Unlimited + Ser-Vizio Publiko + Catorce Dias

Manta 12 – Los Chicos Voodoo + Bird-23rd + Cara B

Manta 13 -

Manta 14 -

Manta 15 -

Manta 16 -

Manta 17 -

Manta 18 -

Manta 19 -

Manta 20 -
Puede observarse que en esta edición no se han llenado todas las mantas, quedando vacías prácticamente la mitad de las 25 previstas, algo que no recuerdo que ocurriera en ediciones pasadas, sino al contrario. ¿Síntoma de fatiga? ¿Miedo al frío? ¿Cansado de predicar en el desierto? ¿Disminución del número de  grupos en la ciudad? Hecho para reflexionar y quizá preocupante, aunque, como dice su organizador más visible, el  voluntarioso Carlos Morte, “a la organización no le importa si hay 500 grupos tocando o sólo lo hacen 20”. “La organización –apostilla Morte en el foro de Aragón Musical-  prefiere mil veces más que todos los grupos que se apunten sean conscientes de por qué se celebra este festival, aunque sean pocos, y prefiere que no se apunte ningún grupo que no quiera respetar el espíritu con que fue creado el Roscón”. Dicho lo cual, que suene el ruido de la calle. Y que lo oigan quienes tienen que oírlo.

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Músicos predicadores

Según han recogido los medios, Bunbury remató su pasado concierto en Zaragoza con una sentencia del estilo: “Se está desmoronando el sistema económico que nos está tocando los cojones a todos”. Previamente, en una larga entrevista con la revista Rolling Stone, en la que se habló más de política y de su vida en Los Angeles que de música, dijo que no vota y que es ridículo votar al PSOE, al PP o a otros partidos porque están dentro de un sistema que no comparte. Recordables son también sus frases de apoyo al 15-M. Respetables opiniones y actitudes.
Pero, ¿deben los artistas dar la chapa públicamente y tan persistentemente con sus ideas  políticas? Bruce Springsteen tiene mucha experiencia en eso de hacer política al margen o dentro de la música. En la penúltima campaña electoral, la que ganó Bush por segunda vez, salió en apoyo del demócrata John Kerry, cantando incluso con él en un mítin callejero. Hurgó tanto en los sentimientos conservadores que se desató una feroz campaña en contra suya. Perdidas las elecciones por Kerry, el rockero se enclaustró abatido en su granja y, cuando salió, confesó que había llegado a sentirse extraño en su país, tal fue la avalancha de insultos y descalificaciones que le llegaron, algo parecido aquí a lo ocurrido con el llamado ‘clan de la ceja’. No es cuestión de hacer el listado de músicos de aquí y de allá que de una forma u otra se han implicado en política o expresado sus ideas en escenarios, entrevistas y discos, pero desde los mentados anteriormente a U2 o R.E.M, el censo es más que nutrido.
Nada malo. Los artistas, como según expresó también Bunbury en el concierto de Zaragoza, deberían hablar como lo hacen los carpinteros o fresadores, o sea, como cualquier hijo de vecino. Lo que ocurre es que a los hijos de vecino se les oye poco, o nada, y a los artistas mucho. Y empiezan a cansar. Es cierto que su posición les permite convertirse en radares de la sociedad para la que cantan, escriben, actúan o pintan, pero ¿por qué sus opiniones han de ser más válidas que la de los fresadores y carpinteros? ¿Por qué una entrevista con alguno de ellos se convierte, en no pocas ocasiones, en un panfleto ideológico? ¿Qué saben ellos de primas de riesgo, bonos alemanes, PIBs, estrategias políticas y demás metralla cotidiana con las que nos machacan constantemente los medios para que a las primeras de cambio, inducidos por el periodista de turno, saquen a relucir sus mandamientos ideológicos? Personalmente he llegado a cansarme de leer entrevistas con grandes artistas en las que se habla mucho de política, economía,  sociedad, cotilleos varios… y muy poco de lo suyo, de música. Llegan a hacerse pesados. Sobre todo, cuando evangelizan desde sus púlpitos de oro.
Bono predica contra la pobreza del mundo, pero en sus manos está una de las fortunas mayores del rock. Springsteen, que acaba de enseñar una bajísima carta musical de su próximo disco, llena de mensajes políticos (otros dicen de patrioterismo), ya cargaba en 2001, a través de un periódico de New Jersey, contra la política de recortes y el gasto social (¿suena por aquí?) mientras él llenaba estadios a más de 60 euros la entrada más barata y su mansión estaba (está) enclavada en medio de una gran finca, según le censuraban los conservadores. ‘Liberal de limusina’, ‘falso agricultor’ y evasor de impuestos, le tildaron.
El colega Javier Losilla reflexionaba en su crónica posconcierto bunburiano que el zaragozano debería referirse a “ese sistema económico que le permite cobrar casi 40 euros por una entrada para el concierto y embolsarse una buena pasta (bien ganada, vale) mientras otros engrosan las filas del paro y de la miseria. La filípica estaba de más, cuando menos dicha tal cual la soltó”. No es mi intención negar el pan y la sal de la palabra a nadie sobre un escenario, salvo que el predicador sea un artista subvencionado en dinero o en especie, y sé que el músico de rock lleva intrínseco, por herencia, su papel de ‘agitador de conciencias’, pero, ya digo, me rechinan los oídos y la vista, estoy harto de leer y oír los sermones y las cuitas domésticas que a menudo nos lanzan los músicos de rock -otra cosa son los cantautores- desde escenarios, radios, televisiones, periódicos, revistas… (cuestión diferente es hacerlo en sus mismas canciones, algo que forma parte de su propio papel creativo).
Tampoco recurriré a una frase –por despectiva y racista- que me viene a la memoria de una vieja película –“canta negro, canta”- pero no estaría mal que se contuvieran un poco o, al menos, se centraran más en su oficio musical cuando salen ante los medios o suben a un escenario. Ante todo, los artistas son entretenedores –no expertos en teoría política y económica- y sus comentarios no tienen por qué tener más consideración que los emitidos por un simple ciudadano, aunque sea en la barra del bar. La realidad, sin embargo, indica lo contrario. Por último, es difícil imaginar al súper banquero Botín arengando a los pobres o despotricando contra el sistema.

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¿Quieres atracarte de pop limpio de guitarras? Real State

El pop ha sido corriente dominante en el mundo de la música popular desde que esta existe: una buena melodía, arreglos sencillos y luminosos y una buena voz. No hay más secretos. Uno de los fabricantes mayores del género, Paul McCartney, lo ha reafirmado con aplomo estos días: “Sin una buena melodía no hay una buena canción”. Este es el pilar fundamental del pop diáfano. Luego vendrán decenas de ramificaciones, fusiones  y visiones: mezclado con psicodelia, con rock, con noisy (ruido), con electrónica, con punk.., pero siempre quedará la melodía como hilo conductor.
El pop limpio de guitarras, una de sus variantes, tuvo su arranque con Los Beatles, verdaderos orfebres para ensamblar melodías, armonizaciones y guitarras. Los Byrds se lo llevaron al terreno folk, los Kinks lo cruzaron con el rock, la Creedence le  inyectó vitamina americana, Simon & Garfunkel lo solemnizaron, los Beach Boys lo reinventaron… y la vanguardia de finales de los sesenta lo enterró, para resucitar con el advenimiento de la nueva ola, desde Paraíso, Nacha Pop o Los Secretos en España al power pop americano de Romantics, la Dwight Twilley Band y The Beat y el estallido británico de los ochenta: The Smiths, Aztec Camera, Prefab Sprout, Lightening Seeds… o los inmensos Stones Roses y House Of Love. La última década, desde Belle & Sebastian a Bon Iver,  Fleet Foxes, Midlake…, ha sido pródiga en grupos que cultivan la melodía con exquisitez y sensibilidad.
En este tren viaja Real State, un cuarteto de New Jersey, que ha grabado dos discos hasta ahora; el último, ‘Days’, tan limpio e impoluto como refleja la claridad gráfica de su portada. De la primera a la última canción, incluso cuando se acelera un poco el ritmo, se respira un ambiente tranquilo, con las guitarras resplandeciendo, la voz de su cantante mostrándose intimista y sedosa y las armonías vocales haciendo acto de presencia en todo momento. Con tal homogeneidad, resulta difícil destacar una canción sobre otra, pero a mi juicio hay una que cala más, seguramente por su ritmo y estribillo power-pop y por la locuacidad de la guitarra en el intermedio, ‘It’s Real’. Curiosa también resulta la instrumental  ‘Kinder Blume’ por su concepción naïf, pero, ya digo, todo el disco mantiene una línea muy similar y homogénea. ¿Quieres atracarte de pop limpio y buen gusto? No hace falta que recurras a los clásicos mentados arriba. Este ‘Days’ está calentito, salió en el último trimestre del pasado año.
Aquí tienes la citada ‘It’s Real’, con su guión perruno y un cierto toque evocador de Días de Vino y Rosas, y el reciente clip de la canción que abre el disco, ‘Easy’, con una depravada historia de acoso para convertir al personal al sacerdocio Real State, que…, uhppp, no es mi intención  con esta entrada, aunque me gusta el grupo y sus discos.

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God save the punk zaragozano

Hay que echarle valor, que cantaban los Radio Futura. Con los chuzos de punta que caen, está la cosa como para embarcarse en atrevidas aventuras discográficas…, ¿que no? Pues hete aquí un valiente paisano que ha montado un sello de ‘música diabólica’ -robándole el título a uno de sus discos-, es decir, de punk y  hardcore, que no son precisamente estilos que den rentabilidad a lo Richard Brandson. Se llama el aguerrido promotor de la iniciativa Óscar Gándara, o también Ladoire, según le apodan en plan coña los amiguetes, y su sello Go! Mongo Records. Ya cuenta con tres referencias firmadas por tres grupos zaragozanos: Polpot, Criatura y Electroyonkis, las dos primeras en LP y la última en EP, todas, en vinilo, que es el formato rey del sello.
Polpot han sido el detonante que ha llevado a Óscar a fundar el sello, sorprendido por el  sonido del grupo, con unas canciones en inglés que echan la vista hacia Joy Division y Killing Joke; o sea, no es tan estricto y cortante como cualquier grupo punk al uso, aunque por momentos asoman en él vetas puras del género.

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Criatura, sin embargo, pisa el suelo más sólidamente punk, con sus andanadas guitarreras y unas letras que escapan formalmente de la praxis habitual del punk. Desaparecen los mensajes cortos y directos del tipo ‘no future’ para enhebrar unos complejos textos en los que, ahí sí, se vuelve a la idiosincrasia más genuina del estilo: escupitajos contra el capitalismo, gobernadores, dinero…

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Este primer lote de Go! Mongo Records se completa con un trallazo pop-punk, en formato EP, a cargo del propio fundador del sello y su grupo Electroyonkis, que vuelven tras diez años en el limbo. Son los nuevos Nikis. Sus canciones raspan y divierten como el viejo grupo de Algete, o sea, conectando con los Ramones. Y el envoltorio es deslumbrante: una carpeta al viejo estilo de los EPs de los sesenta y del cómic de aquella época… (lástima, no es el que aparece debajo de estas líneas).

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Bien por estos ‘yonkies electrónicos’ y bien por este francotirador que, pese a chuzos, primas de riesgo y crisis, y aplicándose el displicente ‘never mind the bollocks’, se ha echado al monte discográfico en busca de ‘música diabólica’. God save the punk zaragozano y a sus agitadores.

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Echo & The Bunnymen: ¿Y qué importa si cierran Megaupload?

¡Qué cantidad de buenos discos y maravillosos grupos internacionales en los 80! The Cure, U2, Simple Minds, Bauhaus, Joy Division, Smiths, R.E.M., Pixies, Trowing Muses, Talking Heads, Sonic Youth, The Clash, Cocteau Twins, Police, Stone Roses, Dream Syndicate, New Order, Godfathers, Inmaculate Fools, Long Riders, Rain Parade, Jesus & Mary Chain, The Teardrop Explodes, Siouxsie & The Banshees, Echo & The Bunnymen… Ay, estos últimos. Debían haber sido un grupo de masas, o eso que los británicos denominan como stadium-group, casi a la misma altura de U2, pero no se sabe bien por qué no alcanzaron semejante estatus.
Grabaron tres elepés entre el 80 y el 83, ocurrentes y punzantes, con un planteamiento que rescataba la psicodelia de los Doors enlazada con las nuevos postulados del pop nuevaolero, pero quizá de manera árida, difícil de asimilar por el gran público. Mas,  en 1984, limaron asperezas, pulieron al máximo los arreglos y la producción, bien es verdad que dejando algún rasguño (‘Thorn Of Crowns’), y salieron con ‘The Ocean Rain’ y allí hubo que hincar la rodilla, reverenciar a uno de los discos más preclaros y emocionante de la década. U2 iban todavía por ‘The Unforgettable Fire’, o sea, no eran superconocidos. Las quinielas daban a Echo & The Bunnymen, tras editar el mentado ‘Ocen Rain’, como el gran grupo de la década. Poseía canciones demoledoramente bellas, había un grupo con actitud e integridad que tenía su legión de exigentes fans y al frente se colocaba un cantante, Ian McCulloch, con una magnífica voz que dramatizaba sus melodías con el mismo doliente entusiasmo de Bono, y el guitarrista más imaginativo, y a la vez más desconocido del pop de aquella época y puede que en general, Will Sergeant. Sin embargo, tras la edición de este álbum, el grupo se desmoronó inexplicablemente como un castillo de naipes. Llegó incluso hasta, tras un par de reunificaciones, no tener sello discográfico.
Nunca, sin embargo, podrán olvidarse las exquisiteces de ‘Ocean Rain’ en el que el grupo echó mano incluso de una pequeña orquesta de cuerda para redondear plateadas piezas como ‘Silver’, ‘Seven Seas’, ‘My Kingdom’, ‘Ocean Rain’ o la impresionante  ‘The Killing Moon’. Un álbum para colocar al lado de ‘The Joshua Tree’, ‘The Queen Is Dead’, ‘The Head On The Door’, ‘Closer’, ‘Reckoning’, ‘Remain In Light’, ‘Psychocandy’… y tantas joyas inolvidables de los ochenta.
Lo traigo hoy al blog en preocupante ataque de nostalgia, quizá, pero también en una evidente constatación de lo poco nuevo que aportan los grupos actuales y más jóvenes e incluso alguno de los ya talluditos. Ayer cerraban Megaupoload: la batalla contra la piratería ha subido un escalón muy alto. Ha entrado en acción el FBI en lo que parece un atropello, pues no se conoce que haya habido orden judicial para el cierre. Nada de ello, sin embargo, me quita el sueño. Estoy seguro que sobreviviré felizmente el resto de mis días con lo que guardan mis estantes.
Un lector de este blog escribió, no hace mucho, un mensaje pidiendo stop a la edición de discos: no podía asimilar todo lo que almacenaba o todo lo nuevo le parecía un pestiño. No lo explicaba. En todo caso, un plácido y voluntario sobreviviente a la tormenta. No me alineo al completo con él –el arte no tiene fin-, pero desde luego que con discos como este ‘Ocean Rain’, y con las decenas de obras maestras del pasado, no importa que se acabe el mundo (discográfico).

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Las discográficas como boutiques

Da la impresión de que las grandes multinacionales del disco se han convertido en boutiques de lujo. Desde hace unos años, pero sobre todo en los dos últimos, la publicación de cajas carísimas, rebañando en los fondos de catálogo y adornándolas de oropel y de extras tan amusicales como bufandas o las mismas gafas de Bono, lleva a pensar en ello.

El año pasado, EMI empezó a reeditar toda la discografía de Pink Floyd en una avalancha programada y sin precedentes. En septiembre, llegó ‘The Dark Side Of The Moon’ en los más variados e increíbles formatos: caja ‘Immersion’ de seis discos, doble álbum ‘Experience’, LP de vinilo para coleccionistas y varios formatos digitales. Además, en el mismo mes, se publicaron los 14 álbumes en estudio del grupo, remasterizados digitalmente. Se podían conseguir individualmente o en una caja con la colección completa.

En noviembre, apareció ‘Wish You Were Here’, de nuevo, presentado en los mismos formatos: caja ‘Immersion’ con cinco discos, edición ‘Experience’ con dos discos, LP en vinilo y varios formatos digitales. Igualmente apareció ‘A Foot In The Door: The Best Of Pink Floyd’, una colección de sus canciones de mayor éxito. La avalancha de flujo rosa se reanudará el 24 de febrero próximo con la publicación de ‘The Wall’, también en múltiples formatos y numerosos extras.

Han hecho lo propio, en los últimos meses, U2 con ‘Achtung Baby’, The Who con ‘Quadrophenia’, Sting con toda su discografía, los Rolling con ‘Some Girls’, Nirvana con ‘Nevermind’… Abrumador. Las compañías saben de la devoción de los fans de estos grupos y de sus posibilidades económicas al tratarse de público adulto que gusta de la exquisitez y el completismo y no tiene reparos en pagar 200 o 300 euros por alhajas de este tipo. La boutique del disco como medio de  inyectar dinero fresco a sus maltrechas arcas. No sé si lo habrán conseguido y esa es mi inquietud con esta entrada del blog. ¿Se habrán vendido en abundancia estas opíparas piezas? ¿Nos hemos perdido algo grande quienes, siendo admiradores de estos grupos, no hemos sido valientes para desembolsar las cantidades que valen estos productos? ¿Qué pueden aportar de nuevo, por ejemplo, las dos ediciones realizadas hasta ahora de Pink Floyd? ¿Es pura y superflua mercadotecnia en tiempos de crisis? O, como ha sugerido Pete Townshend, una forma de engordar fácilmente la cuenta corriente: “La discográfica (Universal) me paga un buen dinero para que busque en mis cajones de ropa interior y encuentre pares de calcetines sin usar”.

Si hay alguien por ahí que, tras el típico derroche navideño, se haya hecho con alguno de estos artefactos que dé cuenta, por favor. Uno también ama el confort y los discos bien presentados, pero no el lujo por el lujo. ¿Qué me he perdido?

 

 

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Recuerdos discográficos del 2011

El sábado pasado hice en el Heraldo un somero repaso a lo que nos dejó el 2011, en fin, que abrí el ‘kariniano’ baúl de los recuerdos y lo primero que me encontré, como seguramente más de uno se encontrará, si se toman en consideración parámetros de popularidad y calidad, fue el segundo disco de Adele, ‘21’, un álbum que, además de contener excelentes canciones, exponer la potencia vocal de la cantante británica para abordar el soul, el folk y el pop y haber vendido más de 15 millones de copias, consiguió algo nada habitual: acercar, digamos, al gran público al más exigente. No es algo fácil ni repetido.

Luego, en un año que ya es recuerdo y está completamente archivado, aparecieron en el baúl discos destacables, en el apartado internacional, como los de  Decemberist, Mogwai, Iron & Wine, Vaccines, Anna Calvi, The Pains Of Being Pure, Bon Iver, The Dears, Girls, Dark Dark Dark, Kitty, Daisy & Lewis, Black Keys, Smith Westerns, PJ Harvey… y hasta Artic Monkeys… La salud del pop-rock internacional sigue estando medianamente potable, aunque ya sea difícil espigar grandes y perdurables obras maestras.

Más débil está, sin embargo, la del pop nacional, en el que se pueden contar con los dedos de la mano los discos con verdadero interés, aunque, asombrosamente por aquí, por tierras aragonesas, se hayan dado a luz discos más que notables, el de Patinettes especialmente, el tercero de DAB, el debut punk de Los Lügers, el rock tradicional de Hotel, la opulenta combinación de novela y rock callejero de Insolenzia, el pop límpido de Copiloto o, cómo no, la transparencia e inmediatez sonora de Amaral.

He huido en el repaso de clasificaciones y de la famosa etiqueta de ‘lo mejor de’ porque, como ya comenté el año pasado, qué sistema de pesas y medidas hay para calibrar un disco sobre otro y más aún para categorizar en términos absolutos con ‘lo mejor de’. Sí, ya sé, es pecado que personalmente, llevado por la corriente, cometí durante muchos años, pero del que públicamente me arrepentí hace tiempo.

Como no es cuestión de repetir todo lo que saqué del baúl, adjunto la página del Heraldo del sábado mostrando la visión general de lo más destacado y hasta de lo más vendido y algunas sorpresas. Obviamente es una visión personal, aunque ello no quiere decir que sea un reflejo exacto y completo de mis gustos. Podría haber recurrido a la ya rijosa costumbre de buscar discos que solo han escuchado cuatro y alardear de ser el más moderno o el más snob del lugar, que en eso se han convertido los listados de las revistas especializadas, tanto en papel como en Internet, pero no es traje que me guste lucir, amén de que es imposible acceder y escuchar todo lo que se edita en un año. Para destacar estos discos, he tenido en cuenta esencialmente cuatro vectores: calidad, popularidad, gusto personal e impacto. Por eso están en el baúl, por ejemplo, la mentada Adele, Amaral o Héroes del Silencio, cuyos discos seguramente muchos desecharán, pero ahí quedó su eco popular y su buen aspecto musical. Bueno, abro la caja de los truenos para que cada cual exponga sus acuerdos y desacuerdos. Pincha aquí:  Resumen 2011

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Un disco benéfico y beneficioso desde Bilbao: Walk On Project

Es una lástima que para llegar a discos como este –‘2t’, firmado por el colectivo Walk On Project- haya habido antes un germen maligno: la enfermedad rara de un niño. Su padre, Mikel Rentaría, compuso las trece canciones que configuran el álbum y una serie de amigos, desde el mismo Steve Wynn a Mark Olson, Aurora Beltrán, Ariel Roth o Mariano Casanova, han ayudado a moldearlas con pasta americana, con ecos sonoros de Dylan, Springsteen, Neil Young… Flaquea en ocasiones la voz pero solo por piezas como ‘Walking On The Sun’, y no digamos su trasfondo humano para salvar al hijo de Mikel, es necesario un disco como este: benéfico y beneficioso para el espíritu.

Mariano Casanova explica que “este disco es un canto de esperanza y es por este motivo, por encima de todo, por el que me presté a colaborar en este proyecto. Y no solo porque la causa lo merece, sino porque estas canciones son maravillosas, son realmente conmovedoras. Un álbum que  -aún sin tener una sola noticia previa acerca de la grave causa que mueve a su compositor y a la Asociación The Walk On Project – dejaría a cualquiera igualmente enamorado de sus acordes y de sus letras”.

Casanova interviene con la canción ‘13 de Octubre’. “Fue –comenta el cantante de los fenecidos Distrito 14- la primera canción compuesta por Mikel Rentería que yo escuché. Esa fue la canción que me envió para proponerme colaborar en este disco. Me impactó profundamente, como un puñetazo en el estómago, una canción que me dejó casi sin respiración”. Junto a ella hay otras doce más con una sonoridad en la mejor tradición del rock americano.

El proyecto ‘Walk On Proyect’, convertido a su vez en fundación, no solo busca la financiación para sanar al hijo del bilbaíno Mikel Rentaría, sino que amplía sus objetivos a esferas más altas y loables: información y sensibilización sobre las enfermedades raras, recaudación de fondos para la investigación en leucodistrofias y canalización de distintas formas de expresión y celebración de la solidaridad con los enfermos y sus familias.

Están en la pelea. Merece la pena echarles una mano, no solo para disfrutar de un buen disco sino sobre todo para que Mikel y su esposa lleguen cuanto antes a sus fines humanitarios y de padres batalladores por salvar a un hijo. Esta es su web: www.walkonproject.org

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Decálogo de deseos imposibles (o casi) para el año 2012

Cerró el 2011 y, al menos, hemos sobrevivido. Bueno, más. Que pese a los malos augurios con que se nos presentaba, aún hemos tenido nuestros ratos de gloria, desde el disfrute de algún que otro buen disco al degüello de la ley Sinde, los conciertos que cada cual haya disfrutado (pues no han faltado, pese a todo) o el hermoso discurso de Leonard Cohen en Oviedo, por recordar algunos de esos momentos.

El 2012 no es que se presente con mejores augurios con que se presentaba hace doce meses el 2011, pero, pese a ello, vamos a ponerle fe y a no dejarnos seducir por el pesimismo de la crisis para que, al menos, sea igual o parecido. He aquí el decálogo de mis deseos, casi totalmente imposibles, pero por si acaso, para este año:

1.- Que acabe de una j… vez esta maldita crisis económica.

2.- Que lleguen al mercado toneladas de discos buenísimos, que cada vez me cuesta más encontrar material potable para la página de discos del Heraldo.

3.- Que se cuele menos paja con la etiqueta indie.

4.- Que haya un lavado y centrifugado del pop-rock nacional establecido para que, no ya los Melendi, Dalma, Bustamante, Bisbal y compañía, nos dejen en paz, sino algún que otro nombre pop-rocanrolero y reconocido haga lo idem (rellénese a gusto del consumidor, desde Manolo García, Alaska, Oreja… en adelante).

5.- Menos mariachis y más rock’n’roll.

6.- Que se desmantele la SGAE, una anacrónica agencia de recaudación de impuestos que nació en tiempos en que el soporte de venta eran las partituras, o sea, antes del diluvio.

7.- Que no nos peguen el cambiazo con la supresión del canon digital.

8.- Que aminore la matraca futbolera del fin de semana en las radios generalistas y surja algún rayito musical en las ondas. ¡Qué suplicio! Desde las cuatro de la tarde, sábados y domingos, e incluso ahora también los domingos por la mañana. Maratones letales.

9.- Que vuelvan los Héroes.

10.- Que las revistas especializadas ‘modennas’ (o snobs), tanto en papel impreso como en Internet, vendan menos humo.

11.- Que nazca un programa musical de calité, al estilo ‘Días de cine’, en TVE.

12.- Que definitivamente cojan vacaciones eternas Miguel Bosé y Alejandro Sanz.

13.- Que la tele aragonesa rebaje el colocón semanal de jotas, que aun gustándome mucho, estoy empezando a marearme y las voy a aborrecer (lo poco agrada, lo mucho empacha, decían nuestras abuelas).

14.- Que, mentando la tele aragonesa, se acuerden de una vez de la música de verdad, desde la clásica al pop, y no vuelvan las venenosas ‘super sessions’ de vaquillas y recortadores. Aunque, ahora que miento a recortadores y recortes, ¿por qué no la cierran o la privatizan? Total, para lo que vertebra el territorio, con pelis del Oeste y la Champions… Aunque, menos mal que nos queda ‘Borradores’.

15.- Que el vinilo se ponga a la par del CD y los listos dejen de aprovecharse con el precio. No cuesta tanto fabricarlo como dan a entender los elevados precios de venta.

16.- Que al concejal de Cultura, antes de Grandes Proyectos, le busquen un puesto de acomodador en el Principal o algo parecido, no más. A fin de cuentas, sin un duro en las arcas municipales y para lo que sirve el cargo y él vale como gestor musical…

17.- Que La Romareda se llene con Springsteen, Madonna, AC/DC o U2, por ejemplo.

18.- Que no se le vaya la mano al nuevo ministro de Educación y Cultura con lo de las descargas, que, en principio, tal y como ha entrado, con el cuchillo en la boca, parece que a la exministra Sinde la va a convertir en un angelito.

19.- Que Lady Gaga se tome una larga temporada de descanso, comiéndose los filetes de sus vestidos o paseando con Beyoncé a 100.000 kilómetros a la redonda.

20.- Que no vuelvan Dalma, Ana Belén y Bisbal para Navidad.

21.- Que los ayuntamientos no se gasten un duro en contratar figurillas de barro para cumplir el expediente en fiestas. Preferible que vuelvan las orquestas de siempre, y además ahorrarán unos cuantos euros.

22.- Que no quede rastro ni de un solo triunfito (bochornoso el recuerdo de los años 70 con uno de ellos en un especial emitido por La 1).

23.- Que despunte hacia la cima algún artista o grupo aragonés nuevo.

24.- Que no decaiga la actividad de las pequeñas salas e incluso que abran más.

25.- Que, para promocionar sus discos, los artistas patrios con cierto glamur no tengan que recurrir a estrategias tan cutres, de revistas del corazón, como enseñar sus cocinas, mientras cocinan espaguetis.

26.- Que vuelva el festival Luna Lunera de Sos del Rey Católico.

27.- Que si algún bar de renombre se deslocaliza que no se llore como si se llevaran el Pilar.

Que… Uy, el decálogo se ha hecho más largo de lo que tenía previsto. No importa. Incluso puedes seguirlo tú para, al menos, seguir viviendo en la utopía, y, por tanto, como recordaba el año pasado, en el principio de todo progreso y en el diseño de un porvenir mejor, que dijo Anatole France. A por el 2012.

 

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Lana Del Rey, nueva reina del pop

Los quince millones de visitas de su primer clip, ‘Video Games’, subido a Youtube en agosto pasado, y los casi ocho del segundo, ‘Born To Die’, subido a mitad de  diciembre, muestran bien a las claras la expectativas que Lana Del Rey, cantante y compositora neoyorkina, ha generado: su álbum de debut, del mismo título que su segundo vídeo, está en la pole de salida de este año como el más esperado de 2012. No tendrán que morderse mucho las uñas sus seguidores: saldrá el próximo 30 de este mes.

Un inciso. El mundo del pop está lleno de rasgos físicos mutados en rasgos icónicos: los morritos de Mick Jagger, las piernas de Tina Turner, el flequillos de Los Beatles, el pelo escoba de Rod Stewart… Curiosamente, siendo los labios femeninos, como son, una de las representaciones más vistosas y repetidas en la publicidad y en la misma iconografía musical, extraña que no exista una ‘morritos’ femeninos… Hasta ahora. Porque Lana Del Rey parece que ya se ha hecho con el puesto icónico: Youtube hierve a comentarios sobre sus labios –hinchados de botox- y sobre su belleza, que tildan de híbrida entre Natalie Portman y Julia Roberts. Argumentos físicos de peso para tanto barullo.

Pero, ¿y la música? En efecto. Sería una frivolidad por mi parte traer al blog a esta chica por sus morritos y sus aires de sex symbol. Nada más lejos de mi intención. Ocurre que no solo la música de los dos vídeos es solvente, seductora y enigmática se diría, sino que antes hay unas canciones que no suenan nada mal e incluso la cara B del primer vídeo single, ‘Blue Jeans’, cantada con voz desganada y sensual, resulta atractiva, una buena canción pop.

Lana es una chica refinada que, ante todo, cuenta con una bonita voz, marcada por la facilidad con que salta de los registros graves a los altos, en una mezcla entre Amanda Lear y Madonna. Dio cuenta de ello en 2009, en un primer EP, ‘Kill Kill’, apenas conocido, y luego en un álbum de escasísima circulación, toda vez que, no conforme con los resultados, se retiró de las tiendas. Todavía se llamaba Lizzy Grant, muy cercano a su nombre real, Elizabeth Grant.

Para entonces, ya contaba con un potente equipo de marketing y abogacía. Los tiburones del negocio habían olido sangre fresca y fueron los que se encargaron de cambiarle el nombre y encauzar su carrera. Estaban convencidos, y lo siguen estando, de tener en sus manos a una nueva Lady Gaga, pero sin sus extravagancias y musicalmente más sólida y refinada. El nombre de la reinvención surgió de la mixtura entre el de la actriz Lana Turner y el modelo de coche Ford Del Rey. Y a partir de ahí, los dos vídeos que han revolucionado Youtube, y que dejo al final para su visión y escucha.

¿Estamos a las puertas del ascenso de una nueva estrella del pop contemporáneo? Ya se verá. A mí personalmente me gustan las tres canciones que enlazo abajo, así como las de los dos discos  anteriores. Me gusta la voz y los arreglos orquestales. O sea que estaré atento a la llegada del álbum. Este negocio es celérico, quema nombres y rostros como fuegos artificiales, pero yo creo que esta chica no va arder en la pira de inmediato, ni va ser una más de las divas ‘sin sustancia’ que pululan por la pasarela del pop. Le veo futuro. Sus  ‘morritos’ van a perdurar en la vitrina de iconos visuales del pop, intuyo. Ha nacido otra reina. Se admiten apuestas.

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‘Bridge Over Troubled Water’, de Simon & Garfunkel: por qué no mueren los clásicos

A falta de grandes obras maestras contemporáneas, no quisiera terminar el año sin hacerme eco de una del pasado y que este 2011 celebró su 41 aniversario con una reedición más que notable. Me refiero a ‘Bridge Over Troubled Water’, de Simon & Garfunkel, que el verano pasado volvió a ‘garrapatearme’ el equipo de sonido y hoy la escucho de nuevo con todo el placer que me produce la música pop con mayúsculas. Antes de seguir escribiendo una sola línea más, no tengo más remedio que reverenciar la fabulosa monografía que el admirable Agustín Sánchez Vidal le dedicó al dúo en 1975, dentro de la colección musical de Júcar. Cualquier palabra mía es calderilla al lado de lo allí escrito. Permiso pues, maestro…

‘Bridge Over Troubled Water’, editado en Estados Unidos a finales de enero de 1970, es un álbum eterno, tan heterogéneo como sublime y magnético. Un álbum de difícil elaboración, en el que no solo afloraron muchas tensiones entre el dúo sino que estuvo presidido casi obsesivamente por la búsqueda de nuevos arreglos, sonoridades y efectos de todo tipo, especialmente el eco y la reverberación, en los que el ingeniero Roy Halee se empleó a fondo, compulsivamente. Asombra, en el documental que se ha añadido a esta nueva reedición, cómo se buscan los lugares más variados y hasta insólitos con tal de conseguir sonoridades nuevas e impactantes: los pasillos del estudio, una sala de eco, la entrada de un ascensor, la capilla de una iglesia… y hasta un estadio para conseguir el palmoteo de 8.000 personas. Una pelea técnica que lleva a doblar 14 veces la voz de Paul Simon en ‘The Only Living Boy In New York’ y a viajar de costa a costa buscando los estudios apropiados, no digamos arreglistas y orquesta. Todo ello se palpa en la sonoridad tan exuberante y a la vez tan variada del disco; una caudalosa, mimada y carísima forma de trabajar que hoy se antoja imposible, máxime tratándose de un dúo que, pese a ‘El graduado’ o ‘Los sonidos del silencio’, aún no había pisado la estratosfera del éxito.

El documental citado, en el que intervienen tanto Simon como Garfunkel, pasa, sin embargo, de puntillas sobre sus tensiones mientras grababan el disco, en noviembre del 69. Tensiones no solo artísticas sino también económicas: ambos cobraban al 50% en discos y conciertos, lo que a Simon no le convencía mucho; para eso componía la mayoría de las canciones y además aportaba la voz, no tan brillante y en primer plano como la de su colega, pero sí muy eficiente e imprescindible.

En cierto modo, en ambos la pugna se desató de forma similar a cómo se había desatado en el seno de Los Beatles, entre Paul McCartney y John Lennon, durante la grabación de ‘Let It Be’: el primero, tendente a la sobriedad, en tanto que el segundo quería  grandiosidad spectoriana y detallismo. En el dúo, Simon era el partidario de hacer las cosas de manera sencilla mientras que Garfunkel, azuzado por el productor e ingeniero Roy Halee, era el spectoriano. A tal punto llegó el desencuentro, que en la grabación de una de las canciones, ‘So Long Frank Lloyd Wright’, Simon dio portazo y se largó del estudio, dejando la canción, que era completamente suya, en manos de Garfunkel. “Hazla como te dé la gana”, le dijo enfadadísimo. La pieza quedó sobria, pero Garfunkel no se retuvo en meterle fondo de violines y flautas. Ganó él.

Tampoco coincidieron en el enfoque de la canción que daría título al álbum. Simon, que había compuesto la pieza escuchando un disco de gospel de Swans Silvertones, buscaba un sonido cercano, consecuentemente, al gospel en tanto que Garfunkel persistía en su obsesión spectoriana y en el trabajo que el productor había realizado con The Righteous Brothers. También ganó la batalla, no solo llevando la canción al terreno que él quería sino pidiendo, casi exigiendo, a Paul que compusiera una tercera estrofa que, luego se comprobó, remató la pieza magistralmente, convirtiéndola en una mini sinfonía pop.

A la contra, Simon se empeñó en meter una canción andina –‘El cóndor pasa’- que había conocido en un viaje a París a través del grupo peruano Los Incas. Con ella se adelantaba al etnicismo de los noventa en más de dos décadas.  También hubo sus más y sus menos con ‘The Boxer’. A Simon le repateaba su final ampuloso, como le fastidiaba el aspecto pseudo reggae de ‘Why Don’t You Write Me’ o el soporte de rock’n'roll clásico que había en ‘Keep Your Coustumer Satisfied’. Garfunkel le contestó no cantando en dos piezas del disco: ‘Song For The Asking’ y ‘Baby Driver. En el capítulo de anécdotas, curioso fue el nacimiento de ‘Cecilia’: sobre un ritmo fuerte y metronómico que surgió espontáneamente una noche de fiesta en una casa alquilada de Los Angeles –la misma que había inspirado a Harrison ‘Magical Mistery Tour’- mientras el dúo y sus amigos palmoteaban al unísono sobre sus rodillas y muslos.

‘Bridge Over Troubled Water’ fue, es suma, como ocurrió con el álbum blanco de Los Beatles,  el producto de las desavenencias de dos músicos separados y enfrentados, que luego el tiempo y sus ventas -25 millones de copias- refrendarían como uno de los álbumes capitales de la historia del pop. La imposibilidad de superarlo y los desencuentros entre la pareja llevó a su ruptura.

La reedición, además del mentado e interesantísimo documental rodado este mismo 2011, incluye un valioso concierto inédito del 69 y otro documental televisivo emitido también aquel año en el que se mezclan política y música, en una radiografía crítica de la sociedad americana del momento, con Vietnam, la violencia racial, la pobreza, el hambre, la lucha por los derechos civiles… y hasta el poderío hippy de Woodstock bajo el foco. Fantásticos alicientes para engrandecer aún más un disco que 41 años después es una obra maestra de ‘turbulenta’ belleza. Por eso no mueren los clásicos.

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¡Feliz Navidad!

No soy muy fiestero, pero la Navidad me gusta. Las luces, el espumillón, el árbol, las campanillas, la pandereta, el belén, la chimenea… son alarmas que despiertan mi nostalgia, llamando a mi más remota infancia, a aquella infancia de escasez en la que con cuatro cartulinas, varias figuritas y un puñado de musgo montaba el belén familiar. Mientras, la radio de válvulas no paraba de emitir villancicos. Ambientación perfecta.

Algo similar les habrá ocurrido y ocurrirá a tantos rockeros y músicos de todo pelaje, algún sentimiento, imagino, de nostalgia o fervor litúrgico les habrá explotado en el cerebro para que, pese a su presunto paganismo, desde Elvis a Coldplay, se hayan acercado a la Navidad con tanta insistencia, naturalidad y hasta devoción. No voy a repetir el texto que hace un año escribí listando de la manera más exhaustiva posible el espeso rimero de artistas que han cantado villancicos de todo tipo, desde rockeros a jazzísticos, metálicos, twangueros, vaqueros, blueseros… (puedes repasar aquel texto aquí), pero sí quisiera, al calor y al olor de estos días, hacer profesión navideña y felicitar cordialmente las fiestas a todos cuantos pasáis o habéis pasado por este blog.

Os animo de camino a dejar constancia de uno de vuestros villancicos preferidos, que estoy seguro de que mucha gente compartirá mis nostalgias y devociones navideñas. Llamadme garrulo, sensiblero y lo que queráis, pero uno de los villancicos que me siguen rebotando en el cerebro y que me siguen deleitando, pese al machaqueo Navidad tras Navidad desde el mismo 1965 en que lo grabó y pese al poco apego artístico que le tengo a Raphael, es ‘El tamborilero’, que aquí creímos durante tiempo que era obra suya hasta que un día descubrimos a Bowie y Bing Crosby cantándolo, o sea, que venía de fuera. Pues, hala, con el incombustible ‘niño de Linares’, aunque este año le haya tomado el relevo en TVE Ana Belén, paz, alegría y felicidad y un buen año 2012, pese a los duros tiempos que corren.

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Tocomocho Madonna

Soy por naturaleza bastante crédulo en asuntos policiales, pero el de la filtración por Internet del nuevo disco de Madonna desde Zaragoza me suena a tocomocho, inverosímil, no me creo nada absolutamente, pero nada. ¿En qué cabeza cabe que un supuesto mañico, por muy fan que sea de la cantante, haya tenido él solito acceso a un material que se guarda bajo siete llaves? No me lo puedo creer ni en la peor de mis alucinaciones, salvo que me lo expliquen mejor.
Dice el comunicado de la Jefatura Superior de Policía de Aragón que “un ‘gran fan’ de Madonna fue detenido el martes pasado por la Policía en Zaragoza como presunto autor de la filtración por Internet del último trabajo de la artista estadounidense ‘Gimme All Your Luvin’ (‘Dame todo tu amor’)”. La información, que ayer daba Heraldo, citando fuentes policiales, añadía que “las pesquisas se iniciaron después de detectarse en el entorno de la cantante filtraciones de su último trabajo, todavía en fase de preparación y que no ha sido expuesto ni al público ni a la crítica”. Ante lo cual, el despacho de abogados de la cantante se puso inmediatamente a investigar hasta dar en Zaragoza con el presunto filtrador, un tal J.M.R., de 31 años.
Sigo absolutamente atónito. Es obvio que cuando alguien se mete en un estudio a grabar un disco son muchas manos las que tocan botones y tienen acceso a la grabación, desde técnicos a músicos, empleados, ejecutivos discográficos y hasta el chico de los cafés. Pero desde mucho antes que Internet cambiara nuestras vidas ese material ha sido vigilado y conservado en caja fuerte. ¿Cómo narices se ha roto esa vigilancia? ¿Y cómo, más narices, ha sido un tipo desde Zaragoza quien lo ha conseguido? ¿No habrá que disparar antes, y por elevación, hacia alguien más cercano al entorno de Madonna y no a un simple fan residente o que pasaba por Zaragoza? Es de cajón que sí. Aquí, el hilo de la narración, si de una película policíaca se tratase, falla estrepitosamente. Es inverosímil.
No encaja nada, salvo que, como ya se lee por foros y comentarios a la noticia, sea un montaje publicitario, que todo podía ser, sabidas las arteras maniobras de la señorita Ciccione para saciar sus ansias de éxito y poder, y más ahora que Lady Gaga la está ensombreciendo. O esto, o poniéndonos jocosamente maquiavélicos, que se trata de un señalamiento internacional de España como paraíso de la piratería, o que sea la misma Sinde la que ha urdido la estratagema como venganza por tumbarle su querida ley anti descargas. Más sencillo: me temo que nos han adelantado una semana el día de los Santos Inocentes.
Yo no me creo nada. Al menos, tal y como lo ha contado la Policía. De lo que sí estoy seguro es de que, con la cantidad de churros que Madonna lleva haciendo últimamente, tampoco me va a atacar la fiebre por encontrar el disco en Internet, que si el tal J.M.R. lo colgó, seguro que está en algún rincón. Lo que tiene mandanga es que, funestamente, el nombre de Zaragoza -”a city in northern Spain”- haya saltado al mundo por una historia tan increíble -¿o habrá que decir imbécil?- como esta.

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Kitty, Daisy & Lewis: ¿una alucinación?

Posiblemente, si no te va el asunto o desconoces el lejano pasado, cuando veas una foto u oigas una canción suya, enseguida te asalte un pensamiento displicente del tipo: ufff, qué carrozada del siglo pasado. E incluso que mires el almanaque, por si estás sufriendo alguna alucinación y el tiempo haya retrocedido a 1955, el año en el que se oficializó el nacimiento del rock’n'roll. Suena el primer álbum de Kitty, Daisy & Lewis y da la sensación de que estamos en aquella época, viviendo una fantasmagoría: sonido genuino de los cincuenta y ropajes y peinados de entonces. Sin embargo, la fecha inserta en el cedé te despertará de cualquier delirio mental: 2008.
O sea, hace tres años que tres criaturas de 15, 17 y 19 años editaban este disco con canciones que escuchaban sus abuelos en los cincuenta. Otros tres años antes, habían grabado su primer single, ‘Honolulu Rock’, una versión, como prácticamente son todas las piezas del álbum, versiones de hace más de medio siglo, bandeándose entre el hillbilly, el country, el R&B, el boggie, el blues… y hasta la música hawaiana. Asombra la vitalidad y el genuino ardor que le echan, aunque en piezas como el clásico ‘Got My Mojo Working’ asomen rastros todavía infantiles en la voz de la cantante Daisy.
Gente de hoy pero con las espuelas musicales en otro tiempo. Por no saber, ni saben (eso dan a entender) qué es un iPod o un mp3. Lo suyo es ‘vintage’ infeccioso que se mete hasta en lo tecnológico: el disco se grabó en el dormitorio de la criatura mayor, quien, a base de piezas antiguas analógicas, se montó su propio estudio. Tiene su explicación, aquello de ‘de casta le viene al galgo’. Los tres, con genes asiáticos aunque nacidos en Londres, son hermanos e hijos de familia musical. El padre es ingeniero de sonido y la madre tocaba la batería con The Raincoats. Ambos les guían e incluso salen al escenario a tocar junto a sus vástagos. Familia unida, familia feliz, que decía un viejo slogan. Tiene guasa: hace 55 años, a los hijos que querían tocar rock’n'roll, los progenitores les soltaban un guantazo, hoy les dan clases particulares.
Este año, el trío ha soltado su segundo álbum, ‘Smoking In Heaven’, ya con todo piezas propias y manufactura analógica y en la que la paleta estilística se ha abierto a otros géneros que también le privan: el jazz y sobre todo el ska, el rock steady y el calypso. Quizá esto fastidie a puristas y a quienes hayan tomado a un grupo como este como si fueran un eslabón entre Hank Williams, Stray Cats e Imelda May, como si solo el rockabilly habitara en ellos. Nada más lejos: “Nosotros no pertenecemos a escena alguna, no somos una banda de rockabilly”, han sentenciado por si acaso. No son puristas del rockabilly, pero cuán genuina resulta su estampa y cuánto se disfruta una música como esta por poco original  que parezca y lo añosa que es en su origen. Da igual. Me encantan estas alucinaciones.

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DAB, el grupo más internacional de Aragón

A la chita callando, DAB es el grupo más internacional de Aragón, por encima incluso de Amaral. De Zaragoza a Dubai, Ibiza o Shangai, su música, como sus componentes revelan, se escucha “en todo el planeta”, bien en directo o bien en clubs y discotecas. Con la elegancia, el relax, el brillo, la sensualidad y el confort como bandera, el dúo, formado por Pedro Andreu y Luis Sancho, y siguiendo la saga ‘The Best’, ha vuelto a ensartar otro disco balsámico (el tercero). Un disco en el que, de nuevo, se pone de manifiesto la especial habilidad del dúo para trabajar el collage sonoro, recurriendo a los más diversos sonidos y climas y haciendo gala de un detallismo abrumador. Once piezas de colores crepusculares y en las que afloran sonidos de guitarras que evocan a Pink Floyd, Mike Olfield o Paco de Lucía, baterías tratadas, bajos profundos, programaciones, teclados, flautas, voces femeninas y masculinas, detalles infinitos,  reggae, africanismo, flamenco, bossa, trip hop… ensamblan el collage de forma primorosa, invitando al sosiego y a la escucha plácida, a sentir el sonido como analgésico emocional. Aquí no caben zaborrerías ni excentricidades, menos aún el ruido gratuito, solo el buen gusto y, digamos, el glamur.

Imagino que, como los anteriores, ha sido un disco de muy costosa elaboración, con esta paleta de tantos colores sonoros, tantos estilos y tanta gente que conjuntar, además de la creación, claro…

‘The Best 3′ es el álbum al que más tiempo hemos dedicado. Como siempre, con ánimo de superación y de obtener un resultado que nos convenciera a nosotros mismos. Pensamos que tiene muchísima calidad.

 ¿Y compensa, en estos tiempos de usar y tirar, hacer discos tan laboriosos?

Relativamente. Es una cuestión que a priori, y sobre todo en el proceso creativo, no nos hemos planteado. Hasta ahora no hemos pensado en fórmulas de rentabilidad/tiempo. Nos gusta hacer lo mejor posible nuestro trabajo.

El espectro musical se abre quizá más que en los dos anteriores… Reggae, trip hop, pop, bossa… ¿O simplemente es diferente? Por ejemplo, ya no hay blues.

Simplemente es diferente. En realidad este disco es más pop.

Esa es una cuestión que me lleva al tema sempiterno de las etiquetas, siempre incómodas y criticadas, pero una vez asumidas, creo que a DAB se le está etiquetando erróneamente. No creo que sea una música chill out ni electrónica estrictamente, ni incluso lounge… Para mí es pop ‘orquestado’ de forma diferente a lo usual. Todas las canciones, excepto una instrumental (‘Secret Name’), que curiosamente es la de estribillo más pegadizo, tienen una melodía reconocible, su estribillo, su cantante, e incluso se defienden en directo orgánicamente, no con máquinas…

Totalmente de acuerdo, DAB es una fusión de muchos estilos, por lo que etiquetar nuestra música no es fácil. La definición que has hecho de nuestra música se acerca mucho más que cualquier etiqueta-estilo en la que se nos haya podido encasillar hasta ahora.

Sorprende ‘Secret Name’: se conjuga el trip hop con el bolero, Pink Floyd y el acordeón tanguero. ¿Se mezcla para sobrevivir, como dijo Bosé, por devoción o por la búsqueda inequívoca de la belleza?

DAB fusiona o mezcla porque ha sido siempre nuestra filosofía y siempre con el ánimo de obtener algo innovador y creativo. No hay un motivo por el que mezclamos un poco de todo, lo sentimos así, nos hace diferentes.

¿Cabe todo en el sonido DAB? ¿Hay géneros o instrumentos proscritos? ¿Podría, por ejemplo, tener cabida la jota, ahora que se busca su renovación y se la mezcla con el jazz, como hace Carmen París?

Estamos abiertos a multitud de instrumentos y ritmos, casi de cualquier estilo de música y de cualquier lugar del mundo.

¿Qué busca y qué pretende DAB con sus discos, cuando se pone a trabajar?

En primer lugar, expresarnos nosotros mismos. En segundo lugar, componer canciones que emocionen y transmitan a quien las escuche, y, en tercer lugar, quedarnos satisfechos con nuestro trabajo de producción de sonido.

Sorprende el tono ‘mikeolfieldiano’ que imprime Mariano Conget a la guitarra, viniendo de un músico jazzista. La de Gox, sin embargo, no esconde su devoción pinkfloydiana. La suerte de un grupo como este es poder ofrecer esta clase de matices tan diferentes, o al contrario, ¿os gustaría más uniformidad?

No pretendemos hacer un disco en el que suena la misma instrumentación en todas las canciones, con el mismo vocalista cantando en el mismo tono… En un proyecto como el nuestro, la suerte es poder huir de todos esos tópicos. Contamos con diferentes cantantes y músicos, por lo que no podemos ser uniformes en ese sentido. En cuanto al trabajo con los músicos nos gusta llevarlos fuera de su terreno. Es decir, si Mariano Conget, como mencionas, es un guitarrista de jazz (magnífico, por cierto), nosotros intentamos que toque en temas que no sean de su estilo, como el reggae o el soul… Pretendemos que nazca algo nuevo, fresco y sorprendente.

Sois un dúo, pero ¿podría hablarse más bien de DAB como colectivo abierto y casi infinito?

Luis Sancho y Pedro Andreu somos compositores, músicos y productores, y siempre hemos contado desde nuestro primer álbum con innumerables colaboraciones por lo que siempre estamos abiertos al infinito siguiendo nuestro criterio.

DAB en Shangai

DAB en Shangai

¿Es difícil integrar una batería orgánica en un sonido como este? ¿Por qué no la hay, o yo no la percibo?

No es nada difícil integrar una batería convencional en este proyecto, y de hecho en el 90% de nuestras composiciones, las bases rítmicas están compuestas por baterías convencionales y el resto por sonidos electrónicos de cajas de ritmos.  Las baterías orgánicas que utilizamos llevan mucho trabajo de producción y tienen un sonido especial.

¿Cómo se hace la selección de voces? Se compone la canción y se busca una voz adecuada o a la inversa?

Solemos componer la canción primero y después de tener la letra es cuando buscamos la voz adecuada. Timbre, tesitura, intención… Luego viene la grabación, y después producimos frente a la pantalla.

La grabación, creo, ha sido presencial al mínimo. Internet ha sido una buena herramienta de comunicación y trabajo. ¿Resulta cómodo trabajar así o hubierais preferido la grabación en conjunto y en vivo?

Ha habido un poco de todo.  Casi todos los músicos e instrumentistas con los que hemos trabajado en este álbum han grabado en vivo en nuestro estudio. Algunas de las voces se han grabado a través de la red pero debido más a la logística. Así no hemos tenido que traer al vocalista correspondiente a nuestro estudio unos días a grabar, etc…

¿Cuanto hay de digital y cuanto de analógico en DAB?

Indudablemente hay un trabajo masivo de producción y de composición con ordenadores por un lado y la aportación física de músicos por otro. ¿Que tal si lo dejamos en un 50 a 50%?

Lo de número 1 de Café del Mar, que aparece en el celofán del disco, ¿es mera promoción, o, en efecto, es real? ¿Qué relación tenéis con el sello y el club ibicenco? ¿Actuáis allí alguna vez o al menos suena vuestra música?

Hay que entender el mensaje. Nunca nos ha gustado ponernos medallas.  DAB fue, es y será el primer artista que publicó un álbum de autor dentro del sello Café del Mar,  algo que hasta entonces no había sucedido ya que sólo publicaba recopilatorios. Nuestra música suena en la isla blanca y también en el resto del planeta.  Somos un grupo que hace música global, nuestras letras son en inglés en su mayoría (también, portugués y francés) y eso hace que lleguemos a muchos países. La relación actual con la compañía no es buena por problemas internos en la misma, por eso licenciamos este disco con  Blanco y Negro, y no lo sacamos con Café del Mar que era lo que estaba previsto.

¿Realmente, Pedro Andreu, con un pasado como el suyo, se encuentra cómodo haciendo este tipo de música?

Pedro: Para mí, el rock o el pop no son pasado. En el proyecto DAB mi labor es muy diferente a la que tengo en otros proyectos. Cuando DAB comenzamos a trabajar juntos, encontré que queríamos hacer música de calidad con una forma de trabajar diferente. Me parece interesante y sigo aprendiendo mucho en este lado. A la hora de tocar, me resultó complicado porque hay que saber entender lo que la música necesita que aportes y en la música de DAB mi lugar es muy distinto al que pueda tener en una banda de rock como HDS. De todas formas, en DAB también soy letrista y guitarrista ocasional y eso también me gusta.

El relax y la limpieza priman en esta música. ¿Buscará DAB otros estilos o más excitación en el futuro? ¿Puede imaginarse a unos DAB en plan Prodigy, pongamos por caso?

Actualmente estamos trabajando en un nuevo proyecto que musicalmente se aleja mucho de DAB. Todavía no tenemos claro si lo publicaremos con el mismo nombre o con un  alter ego.

Habéis trabajado con Nebra en el vídeo. ¿Estáis satisfechos del enfoque que le ha dado a ‘I Promise’, del equívoco entre historia de amor y maternidad que sugiere?

Estamos muy satisfechos con el resultado del videoclip. Cuando lo vimos por primera vez nos emocionó. Creemos que aporta sensaciones y que es emocionante. Claro que para ver eso necesitas tiempo, tiempo para ver el video y hoy en día todo corre y las cosas deben ser inmediatas. La idea original para el guión fue nuestra. Jorge Nebra aportó su conocimiento y sus muy buenos contactos para que fuera mejor. Nos gusta ser parte fundamental de todo lo que nos rodea: videoclips, páginas web, diseños de portadas…

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Robos en locales de ensayo: no compres material musical de procedencia dudosa

Tema colateral pero no menos importante, sobre todo para los músicos, y más si desafortunadamente les toca la china: los robos de instrumentos y material en los locales de ensayo, cuando no en las mismas salas de actuaciones. Lamentablemente es un hecho si no frecuente, sí repetido. Detrás hay un mercado negro que sin escrúpulos absorbe todo ese material, provocando pingues beneficios a los cacos y en muchas ocasiones la ruina económica de músicos y empresarios.

El más reciente y repugnante atraco ha tenido lugar en el complejo musical Monkey Bussines, ubicado en el polígono Empresarium cercano a La Cartuja. Este complejo estaba sacando adelante una idea fantástica, cual es la de proporcionar locales de ensayo a los grupos a la vez que prestarles también un escenario donde exponer sus ideas. También organizaban actuaciones cada fin de semana. La ubicación en un lugar sin molestias a los vecinos, su cercanía a la capital y su fácil accesibilidad y aparcamiento, amén de su magnífica provisión técnica estaban cuajando este arriesgado proyecto cuando unos desalmados le dieron el tajo. Ahora será muy difícil volver a poner en marcha el proyecto, y más con los tiempos que corren, aunque confiemos en que no todo esté perdido, máxime con la dedicación y el empeño que su artífice, Teresa Auserón, le había puesto al asunto.

Para hacerse cargo de la magnitud del destrozo, reproduzco más abajo el listado de todo lo sustraído, ofrecido por la propia empresa. Una auténtica salvajada, contra la que se puede luchar simplemente no adquiriendo material de segunda mano y procedencia sospechosa, por muy tentadora que sea la oferta. Mañana puede ser el propio adquisidor el que caiga en las garras de los desalmados. Hay muchas historias reales en torno a este problema, apenas conocido, pero latente en Zaragoza y en otras ciudades españolas. Algún músico de los que lea estas líneas puede dar fe de ello. Por otro lado, queda el problema de la conciencia personal: ¿Estará tranquilo un grupo o un músico tocando con un instrumento que a todas luces suena a robado? ¿No sonarán demasiado sucias sus músicas? Personalmente, por muy buena que fuera esa música, si llegara a mis oídos que fue música compuesta y tocada con material robado, le daría el matarile inmediato. No me extiendo más. Allá cada cual con su conciencia y allá los cacos con su condena, si caen en manos de la justicia, que es lo menos que les debe pasar.

Este es el listado de lo robado en Monkey Business:

         Ordenador INNOBO AMD ATHLON 64X2 5600/2GB, impresora HP Deskjet D2460 y pantalla LG Flatron W2042T.
2 CAJAS DB TECHNOLOGIES Modelo Opera 605
1 SUBGRAVE DB TECHNOLOGIES Modelo S20
1 Caja DB TECHNOLOGIES Modelo 405
1 Mesa Fostex modelo 820.
1 Mesa Pionnner CDM800.
1 GIRADISCOS TECHNNICS 1210M5G.

1 Amplificador de guitarra fender twin reverb de 140 w de potencia a transistores. Con su flycase-caja de protección plateada.
1 Amplificador de Bajo Peavy TNT 15BM.
Equipo de voces compuesto por:
2 Cajas potenciadas Yamaha de 250 W cada una + cabezal Peavy XR-680C Made in U.S.A. Mixer potenciado.
Cabezal de 8 canales. 8 cannon XLR/PLUG. Ecualizadores parametricos en cada canal y ecualizador grafico general de 9 bandas. Power phanton 48 volt para micros cannon XLR.300 watts, 2 OMHs x 2 salidas, todo con sus flycase-caja de protección plateada correspondientes.

2 cables de conexión jack-jack y 1 cannon-cannon.
2 micro Shure SM58, 2 pies de micro y sus correspondientes cables cannon-cannon.
AMPLIFICADOR HUGHES&KETTNER SWITCHBLADE HEAD
PEDALERA BOSS ME70
TARJETA DE SONIDO MAUDIO FAST TRACK ULTRA
GUITARRA SQUIER TELECASTER
MICRO SHURE SM57
MICRO TBONE SC600
MICRO TBONESC 140 STEREO SET
FUNDA GUITARRA

1 PLATO TECHNICS SL 1210 M5G
1 PLATO TECHNICS SL 1210 M5G
1 MESA DE MEZCLAS RANE TTM 57 SL
2 CAPSULA ORTOFON CONCORDE Q-BERT
4 AGUJA ORTOFON DIGITRACK
AURICULARES SENNHEISER HD 25 C II
MALETA PARA VINILOS WALKASTE LP 100
VINILOS (90 UNIDADESS X 20 EUROS/UNIDAD)

PEDALERA BAJO BOSS GT-10B
BAJO EPIPHONE THUNDERBIRD PRO-IV TB
AMPLIFICADOR ORANGE TERROR BASS
BAJO FENDER MEX 60 CLASSIC JAZZ BASS RW SB
FUNDA RIGIDA PARA BAJO FENDER JAZZ BASS
FUNDA MOCHILA PARA BAJO EPIPHONE
AMPLIFICADOR HUGHES KETTNER ATTAX 100 HEAD
GUITARRA EPIPHONE SG 400 BL PARA ZURDOS

MEZCLADOR HARD EQUIPO DE VOCES
2 CABLES CABEZAL-PANTALLA AMPLIFICADOR GUITARRA
3 CABLES JACK – JACK GUITARRA
2 CABLES CANNON – CANNON MICROS
TORRE ORDENADOR PENTIUM 4 ( 2 AÑOS ANTIGUEDAD)

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