¡Qué tiempos más perrunos, falsarios y ladinos nos está tocando vivir! Manda güevos que este viernes el Gobierno se rinda ante el paro, que hoy me quede sin médicos en la planta del hospital que cada año revisa mi ajada carrocería… Dan ganas de asaltar la Bastilla de nuevo… Pero más vale no ponerse dramático ni incendiario. Seguir el destino y disfrutar con lo que tenemos, la música, por ejemplo.
Si hay por ahí alguien con unos euretes de sobra –cosa cada vez más difícil en estos tiempos, ya digo, de roña económica- y le gustan los discos y además comprarlos –algo también cada vez más difícil con la crisis y el famoso mangoneo cibernético-, que mire tiendas físicas y virtuales, que hay verdaderas gangas. Especialmente, y excusas por la publicidad, pero es que no hay más remedio, en Amazon.es. Si no fuera por los momentos tan duros que vivimos, diría bien alto y sin pudor alguno que quien no compra discos hoy en día es porque no-le-da-la-real-gana. Santo Dios, la cantidad de material sagrado que hay en esa tienda a precios casi de risa…, desde los cuatro o cinco euros en adelante hasta los 15 máximo, que puede valer un disco de novedad… Y pensar que hace veinte años, en aquel usurero tránsito del vinilo al compacto, los precios habituales andaban en torno a las tres mil pesetas (18 euros), llegándose incluso a las 3.500 (21 euros) en el caso de Pink Floyd, por ejemplo, que nunca bajaba, no se sabe bien por qué, se supone que para mantener los lujazos de los ejecutivos de la EMI.
Pues eso, que en la mentada Amazon, hace unos meses me hice con una caja de soul imponente. Caja preciosa con veinte discos originales, misma portada y contraportada del viejo vinilo editado en los sesenta, imitación gráfica de los elepés, grueso libreto, maravillosas canciones, artistas de oro, ni más ni menos que todos del sello Atlantic… ¿El precio? ¡Dos euros cada disco! A lo largo de mi vida he comprado gangas, pero como esta, pocas.
¿Y por qué, a estas alturas, un lote como este de soul cuando mi discoteca rebosa vinilos y cedés a manta? En mi caso, y me da que en el de una gran mayoría, bien fácil. Por lo general, con el soul ha ocurrido que su difusión se ha hecho a base de canciones sueltas y recopilatorios, no con los álbumes originales, que para mayor inri no llegaban a España en su momento. Pues en esta caja, denominada ‘Soul Legends’ y publicada a finales del pasado año 2012, hay 20 elepés originales y completos de nombres clásicos, y vaya nombres: Ray Charles, Otis Redding, Solomon Burke, Wilson Pickett, Percy Sledge, Sam & Dave, Eddie Floyd, Booker T. & The M.G.s, Ben E. King, Rufus Thomas, The Drifters, Don Covay, Percy Sledge, Bar-Kays, Eddie Floyd, Arthur Conley, Aretha Franklin, Donny Hathaway… Y discos que van desde el año 1959 a 1975, la gran edad de oro del soul.

Atlantic fue fundada por Herb Abramson y los hermanos Ertegun, Ahmet y Neshui, ambos hijos del embajador turco en Nueva York. Abramson un judío neoyorkino, director de A&R de una pequeña discográfica, National, fue quien ideó el proyecto. Se lo propuso a los hermanos Ertegun y estos se lanzaron a la aventura, no precisamente pidiendo ayuda a su acaudalado padre, sino a un amigo dentista, el doctor Sabit, que les prestó 10.000 dólares. Con ellos, en 1947, válgame Dios, un judio y dos musulmanes montaron una oficina en Nueva York y empezaron a editar discos, primero de R&B y luego ya de soul pleno, algunos de los cuales se encuentran en esta caja sin desperdicio alguno y, entre ellos, varias joyas históricas del género, caso de ‘Lady Soul’ (Aretha Franklin), ‘Otis Blue’ (Otis Redding) o ‘In The Midnight Hour’ (Wilson Pickett).
Detrás de la dirección corporativa de Atlantic, tan amante de la música como los mismos músicos (cosa casi marciana en la industria), la compañía discográfica, al igual que hizo su rival Motown, armó un equipo de técnicos, productores, compositores y músicos de sesión que pusieron en órbita un fanal de éxitos, desde ‘What’d I Say’ a ‘Stand By Me’, ‘When A Man Loves A Woman’, ‘Chain Of Fools’, ‘Sweet Soul Music’, ‘Spanish Harlem’, ‘I’ve Been Loving You Too Long’, ‘Mercy, Mercy’, ‘Walking The Dog’, ‘In The Midnight Hour’, ‘Land Of 1000 Dances’… Jerry Wexler, experiodista convertido en productor, inventor de la etiqueta Rhytm’n’Blues y Tom Down, ingeniero de sonido y antiguo militar que había, uhhh, contribuido a la fabricación de la bomba atómica, fueron los capitanes del equipo.
Atlantic extendió también sus tentáculos a la distribución, haciéndose con Stax, con lo cual su emporio creció hasta la cima mayor del soul. Booker T. Jones, Sam & Dave, Bar-Kays, William Bell o Eddie Floyd fueron algunos de sus gloriosos artistas o grupos que aparecen en esta caja. Caja que se ve enriquecida con tres discos de Clarence Wheeler, Sam Dees y Howard Tate de apenas difusión en los USA, no digamos por estos páramos. De hecho, el de Sam Dees, ‘The Show Must Go On’ (1975), ya briznada por el sonido disco pero con epicentro en el soul sinfónico y el funk, era una gema largamente perdida y editada ahora por vez primera en cedé.
El goce es total. Estas canciones hiperconocidas, que tantas veces sonaron aisladamente en discotecas, radios, sinfonolas o tocadiscos caseros, adquieren aquí, en medio del conjunto de piezas que le rodean en sus respectivos álbumes, un sentido mayor y más completo, redimensionando a sus intérpretes. Vamos que Ben E. King y Percy Sledge eran algo más que ‘Stand By Me’ y ‘When A Man Loves A Woman’, respectivamente.
Toda esta fuente de sublimes manjares de música del alma, ya digo, está a tiro de piedra de unos eurillos, todo este festín de ‘sweet soul music’ es posible disfrutarlo por unas monedas gracias a esa macrotienda de Internet. Un calmante eficacísimo para rebajar el cabreo colectivo al que nos están sometiendo estos inoperantes políticos de hoy y estos tiempos depresivos. Hasta yo mismo noto ahora su efecto benefactor tras escribir estas líneas y degustar algunos de esos manjares: a la cama, mejor que a la barricada.