Junior, la primera edad de oro del pop español

Hoy miércoles se cumple una semana desde que el cadáver de Junior se encontrara en su casa. Cuando se produce una muerte ilustre, el alboroto entra como un torbellino en las redacciones de los periódicos. Se levantan páginas, se revuelve el archivo, se piden colaboraciones, se buscan fotos, arden los teléfonos, se tira a la basura todo el trabajo del día si el fallecimiento se da a conocer a última hora de la jornada (no quiero pensar en la noche de nervios de mis colegas el día del recientemente fallecido Gabriel García Márquez…).

Significa que hay que correr, sobre todo si la noticia se produce cerca del cierre. Y eso fue lo que me tocó el miércoles pasado cuando bien entrada la tarde me llaman del periódico, me notifican la muerte y me piden el correspondiente obituario. ¿Junior a estas alturas?, me pregunto. Pero enseguida caigo: ¡es carne de los programas rosas de la tele! Debe interesar, así que a correr. Eso sí, me digo, nada de cotilleos. Música, solo música. Debo ubicarle en el panorama de la música española de los sesenta y en el papel que tuvo. Y eso, con el poco tiempo disponible y, como en todo obituario, cogido en fuera de juego, fue lo que hice con mejor o peor fortuna en el Heraldo hace una semana.

Como sé que es un personaje musicalmente olvidado, no quise ni nombrarlo en este blog, pensando en el desinterés que despertaría, pero he aquí que más de un bloguero, ante el aviso de otro asiduo, Abbey Road, lo pidiera, así que “por demanda popular”, lo copio y lo pego en esta entrada. Tal cual, bueno, con algún añadido, ya que el espacio lo permite. Ahí va:

Un sorbito de champán
Para las generaciones más jóvenes, el nombre de Junior seguramente será un ente paleozoico, un desconocido total; que esta España de hoy es país de memoria, no frágil, sino sangrantemente despectiva. Pero Antonio Morales Barreto, o sea, Junior, formó parte notabilísima de la primera edad de oro del pop español, la de los sesenta, la de aquella España yeyé sometida a la tiranía política de la dictadura pero juvenilmente alegre y soleada, con un cúmulo de canciones, conjuntos y solistas alegrando las vidas de miles de adolescentes desde el tocadiscos casero, las sinfonolas, la radio, la televisión, las verbenas o los semiclandestinos guateques.

Con Los Brincos dio un barniz estético nuevo a la España visigoda del franquismo, imponiendo las capas negras con forro interior rojo, los zapatos con cascabeles o aquellas chaquetas a rayas gruesas cubanas y pajaritas de camarero. Una curiosa estampa ‘typical spanish’, entre Los Beatles y la vetusta hidalguía carpetovetónica. Él era el guapo, el centro de atención y de todos los ardorosos deseos de las jovencitas de la época, aunque finalmente se lo llevó Rocío Dúrcal.

Pero lo más sustancioso, ante el pasmo de las discográficas: junto a sus colegas Juan Pardo y Fernando Arbex, implantó el papel de compositor de sus propios temas, entregados hasta entonces a las editoras. Fruto de ello, Junior, a quien, por cierto, Pardo vetó su entrada en el grupo, alentó y tomó parte en los dos primeros y geniales elepés de Los Brincos, grabados en 1964 y 1966, así como en un buen puñado de singles, con gemas como ‘Tú me dijiste adiós’, ‘Sola’, ‘I Try To Find’, ‘Renacerá’, ‘Mejor’, ‘Un sorbito de champagne’…, tragos gloriosos del mejor pop español de todos los tiempos, alguno incluso con cabida en los primeros discos de Los Beatles, caso de ‘Dance the pulga’ o ‘I Try To Find’.

Antes de todo ello, en plena prehistoria personal, que abrió a los diez años, integrándose en Los Jump y durante un lustro en Los Pekenikes, ya Junior intentó convertirse en cantante solista. En 1964 grabó para Philips un EP con ‘When The Girl In Your Arms Is The Girl In Your Heart’, una versión de Connie Francis, y hasta se acercó al mundo del entonces popularísimo Cliff Richard, ganando un concurso de dobles.

Pero fue en comandita con Juan Pardo, a través de Juan & Junior, ambos rebelados contra el protagonismo dictatorial de Arbex, cuando su talento compositivo e interpretativo explotó. Junior ponía la voz más dulce en tanto que Juan le echaba la casta. Una especie de Simon & Garfunkel vistos con perspectiva de grupo pop orquestal. Entre 1967 y 1969, el dúo grabó seis singles, o sea doce canciones, como dice Gerardo Irles, experto en pop español de los sesenta y autor del delicioso libro ‘Solo para fans’, “sin un minuto de desperdicio”. A saber, la popularísima ‘Anduriña’, para la que el mismo Picasso les dibujó la portada, ‘La caza’, ‘Bajo el sol’, ‘A dos niñas’… y la épica, y a gusto de quien suscribe, la gran obra maestra del dúo, ‘Nos falta fe’.

Grabar entonces en las grandes discográficas tenía muchos inconvenientes y servidumbres, pero también grandes ventajas, una de ellas, notabilísima: contar con grandes planteles de músicos, arreglistas, productores… Basta escuchar y disfrutar de la mentada ‘Nos falta fe’ para comprobar lo que digo. Grandes melodías, opulentos arreglos y hasta su punto de vanguardismo de época, con apuntes de soul, psicodelia… Ay, si los grupos de hoy tuvieran aquellas oportunidades y aquel control de calidad que imponían los equipos humanos de grabación… No saldrían muchos de los adefesios que salen al mercado…

Las tiranteces entre ambos, larvadas desde años atrás por su rivalidad por Rocío Dúrcal, volvieron a aflorar, lo que unido a su cansancio de los escenarios y a que Pardo se sintió traicionado cuando el propio manager del dúo preparaba a sus espaldas la carrera en solitario de Junior (otra traición más, se lamentaría años más tarde Pardo), hizo que el tándem saltara por las nubes en 1969.

Junior se casó con Rocío y emprendió una carrera en solitario, grabando cuatro elepés y 16 singles, de éxito ya muy disminuido con respecto al impacto previo. En realidad, una carrera para olvidar, casi de sonrojo. Así que musicalmente murió a finales de los setenta para vivir años después un deterioro vital que aprovecharon con su canibalismo habitual los programas tomboleros y del corazón. Pero esa fue otra historia en la que uno nunca perdió un minuto. En el recuerdo siempre estará aquel joven apuesto y de voz dulce que formó parte de la mejor historia del pop español. Un sorbito de champán en su memoria.

Lástima que no esté completa la intro…
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Aragonian, la jota dice hola al jazz

Lamentablemente el jazz no pasa por este blog con la intensidad y frecuencia que yo quisiera, pero me temo que no es materia, salvo alguna excepción que todos los asiduos tenemos en mente (hola Woodyalle), excesivamente seguida y querida, aunque ojalá me equivoque.

Me salto este supuesto tan dañino y abro compuertas, que se lo merece. ¿Quién? Aragonian. Un grupo que rompe una idea que más de uno tenía asentada, especialmente desde que Carmen París publicase el año pasado su magnífico ‘Ejota con jazz’. Pues no. No es ella, Carmen París, la pionera en la fusión de jota y jazz. Desde 2010 lo viene haciendo Aragonian, grupo fundado por el trompetista oscense Gerardo López, “diplomado en música clásica en el Conservatorio Municipal de Huesca y primer licenciado en trompeta en música moderna en la Escuela Superior de Música de Cataluña (ESMUC)”, según consta en su currículo.

En 2010, Aragonian publicó su primer álbum, ‘5 jotas’, que no sé si hacía referencia al cuerpo de las cinco piezas que configuraban el disco (aunque se añadía una intro y dos bonus) o quién sabe, aunque fuese falsa modestia, era su autocalificación, en plan gastronómico, a su trabajo. Que quizá fuera excesivo pero no inmerecido, porque sonaba estupendamente, con piezas como ‘Habanera de Ejea’, ‘Maño funk’ o la archipopular ‘Pulida magallonera’.

Ahora, siguiendo las mismas directrices de aquel disco, y estimulado López por el cariño que dice sentir a la zona geográfica en la que se ha criado así como al jazz, Aragonian ha publicado su segundo disco, ‘… y 7 son 12’, en el que le acompaña un grupo con diferentes miembros, por el contrario del primero donde había una formación estable.

En este segundo, entre otros, aparecen Miguel Ángel Royo ‘Wally’ (saxo), Óscar Carreras (teclado), Jesús Martí (bajo), Pablo Posa (batería), Humberto Ríos (piano), Julio Salazar (congas), Milena Casado (voz), músicos algunos de ellos bien conocidos en los ambientes jazzísticos aragoneses. Rafa Domínguez hace de técnico de sonido y se abordan piezas como ‘Aragrooving’, ‘Tardiexia’, ‘Las cuatro esquinas de Aguarón’, ‘Cabezudos y candela’, ‘Ya vienen contentos y cantando’ o ‘Palomicazz’.

Pero no se piense, pese al localismo y las referencias de estos títulos, en una intersección de géneros de igual a igual: lo aragonés se revela aquí, como ocurría en el disco primero, en dosis pequeñas, más sugiriendo fraseos y dibujos que pintando lienzos completos. Es la jota diciendo hola al jazz, pero no amigándose con él, menos aún matrimoniándose.

En cualquier caso, en ambos discos, pero sobre todo en este segundo, el resultado final es altamente gratificante, con unas piezas elaboradas, muy ricas, de sonido brillante y muy bien tocadas, que tanto recurren al latin jazz como al dixie, el cool o al bop. Y con un Gerardo López virtuoso y muy versátil que lo mismo se acerca a los espacios sonoros de Miles Davis como a los de Gillespie, Arturo Sandoval, Freddie Hubbard o Wynton Marsalis, cuando no introduce un curioso vibrato, o algo parecido al wah wah, al sonido de la trompeta absolutamente inédito (‘Aragrooving’). Una producción realmente inventiva y extraordinaria. Y eso: un poco de jazz nunca hace daño, bien al contrario, alimenta el espíritu.

Aquí se puede escuchar el primer álbum en Spotify. El seguno aún no está disponible.

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Golosinas discográficas del Record Store Day

Creedence

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Comenzó un año antes, pero fue en 2008, cuando Metallica actuó en la tienda Rasputin Music de San Francisco, cuando quedó establecido el tercer sábado del mes de abril de cada año como fecha de celebración del Record Store Day. Así que el próximo sábado –santo para más señas- se llegará a la octava edición de este evento. ¿Su objetivo? Echar un capote a las tiendas pequeñas de discos, ayudar a sus propietarios y empleados a mantener a flote un negocio cada vez más difícil de mantener como es el de la venta de discos, por la competencia de las grandes superficies y sobre todo por la guadaña de la crisis discográfica, mucho más prematura que la general que vive medio mundo desde el 2007-2008, tras la caída de Lehman Brothers en los USA y el pinchazo de la burbuja del ladrillo en España, en particular.

Vaya, antes de seguir, desde estas modestas líneas el reconocimiento a esos pequeños establecimientos que siguen vivos aún, capeando el temporal de la mejor manera posible, si es que hay alguna, porque el panorama no es precisamente nada favorable.

REM
Springsteen
Uno de los puntales básicos de esta fiesta de apoyo, llamémosla así, es la edición de discos especiales, esencialmente en vinilo aunque también salen cedés, que solo se venden en las tiendas seleccionadas o adheridas a la celebración. Discos de tirada limitada y exclusivos para este día y estas tiendas que desde el mismo momento que se anuncian ya son preciadas piezas de coleccionismo.
Ramones
Jimmy Page

Diría, y creo que no resbalo, que la edición de este año es la más feraz e interesante de todas cuantas se han celebrado hasta ahora. El próximo sábado podrá accederse a piezas más que suculentas, desde la reedición en doble vinilo del doble álbum de The Doors, ‘Extrañas escenas en la mina de oro’, como se le llamó en España y con el que se dio a conocer aquí el grupo de Jim Morrison, a una caja con cuatro LPs de R.E.M., un doble LP con tomas alternativas del segundo y tercer disco de Gram Parsons, la reedición por vez primera desde 1969 del maravilloso ‘Spirit In The Sky’, de Norman Greenbaun, un single de Kings Of Leon con cara B inédita, un single inédito de Nirvana grabado en 1994, el doble LP en vinilo que marcó el punto de salida de Of Montreal, reedición en doble vinilo verde de ‘Watershead’, de Opeth, triple LP en directo de Jimmy Page con The Black Crowes, un EP promocional de Los Ramones del año 80, LP en directo de Tame Impala, single de 1974 de Frank Zappa con cara B inédita, un maxi de cuatro canciones inéditas de Bruce Springsteen y hasta una casette de Green Day. Una lista larguísima, un vastísimo océano de más de un millar de golosinas cuyos nombres, carpetas y detalles varios puede consultarse y paladearse pinchando aquí.
Tame Impala
Opeth

En Zaragoza, únicamente Linacero participa en este día, o al menos así figura en la web oficial del RSD, pero, atención, como no todo el material anunciado llega a todas las tiendas, Linacero ha hecho público el listado de lo que va a poder ofrecer el próximo sábado a coleccionistas y clientes, haciendo notar además que algunos ejemplares puede que no estén disponibles, pues la demanda de estas publicaciones es tan alta que muchos discos ni llegan a las tiendas. Recuerda: son objetos fetiches.

Aquí se puede consultar el listado de Linacero, establecimiento que, por cierto, ha aplazado otra de las jugosas actividades del día, cual es la de conciertos a las puertas de los establecimientos, al próximo sábado 26, debido al carácter santo y semanasantero del inminente sábado 19. Yo ando peleando por un maxi especial desde hace más de un mes, mandando mensajes incluso a tiendas de fuera, y mucho me temo que me quedaré sin él. Está difícil pues no vale ni la reserva. En fin, crossing fingers. ¿Te llama algo la atención del largo listado?

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Spotify, el nirvana de la música

Es verdad que, hace ya unos cuantos años, cuando me hablaron de Spotify, lo recibí con cierta indiferencia, incluso con desprecio. Mi afición a tocar y oler los discos, amén, claro está, de meterlos en el reproductor o en el giradiscos, y el hecho de que no estuviese todo el material que consideraba y me interesaba, me hizo torcer el gesto.

Pero, ahora, con el tiempo, y comprobando la cantidad de música que encierra, y hasta la practicidad que le estoy encontrando para este mismo blog, permitiéndome enlazar los discos que comento, me está haciendo mover el gesto en dirección contraria. Es innegable su utilidad y su comodidad: a un golpe de ratón, toda una galaxia discográfica y sin tener que ir a la estantería, no digamos a la tienda.

¡Ah, si con 15 o 18 años, tengo a mi alcance tamaña mina! ¿Hubiera comprado, coleccionado y conservado los cientos de discos que me rodean? Seguramente que no. ¿Para qué, si abrir este programa es como abrir la gran biblioteca de Alejandría en versión discográfica? No está todo, obviamente, pero sí mucho de lo que ha dado y sigue dando la historia de la música, desde el rock al jazz o la clásica. Algo abrumador. Me asombra repasar discografía de artistas y ver como el cursor baja y baja, como perforando la mina y esta no se agota. Música para una vida entera y seguirían faltando años. Gran invento con todos los pros y contras que se quieran.

La empresa sueca ya ha cumplido más de una década y, pese a la incertidumbre con que llegó al mundo virtual, se ha asentado como la gran despensa musical del mundo. Junto a ella, otras más recientes como Deezer, Pandora, Soundhalo o Grooveshark. Por ahora, todo son excelentes augurios, hasta el punto de que en el pasado MIDEM de Cannes, un alto directivo de las más potentes agencias artísticas del mundo, WME, que lleva a Lady Gaga o Adele, anunció eufóricamente que el ‘streaming’, es decir, lo que hacen Spotify o Deezer, es ‘el santo grial’, ‘el nirvana’ de la música en un futuro a corto plazo de diez años. O, por mejor decir, el Apocalipsis que va a barrer del mundo al disco físico.

Es posible que ello ocurra al paso que corren los tiempos tecnológicos y los hábitos de consumo de las generaciones más jóvenes. Pero antes, creo que tendrán que modificarse drásticamente tres vectores: la cuota anual, 120 euros, es todavía elevada, máxime teniendo en cuenta que es el público más joven su usuario más directo (aunque, si se traga los anuncios, sale gratis; y ya no hay límites de escucha). Muchos artistas están descontentos con los pagos exiguos, por lo que algunos, caso como es sabido de Radiohead, han retirado sus canciones o no han dado permiso para su inserción, caso también de Los Beatles, aunque no son pocos los que se contentan con al menos estar en el escaparate mundial, que es lo más importante que asegura el invento sueco. El tercer vector resistente es el de los usuarios más veteranos y fetichistas que han crecido comprando discos y, por tanto, valorando no solo el contenido sino también el continente: créditos, libretos, fotos… Un cuarto sería el de la calidad de sonido, el traído y llevado mp3, pero este, me temo que hasta que las redes mundiales de Internet no corran a 100 megas y los servidores sean capaces de albergar torrentes de gigas, será una quimera.

Pero si estas plataformas consiguen darle la vuelta a esos inconvenientes, es decir rebajar cuotas, abonar a los artistas cantidades más suculentas y menos irrisorias (dan para púas, como mucho, dice un artista nacional de relieve) e introducir créditos, libretos o cuando menos portadas y contraportadas legibles así como información, es posible que el clic en Spotify sea hábito permanente, adicción; que el fin del disco físico como objeto de consumo masivo, y ya lo vaticiné tiempo atrás, esté cada vez más cerca. Aunque se escuche un gran lamento universal.

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¿Se puede volver 44 años después, con 71, y un precioso disco? Linda Perhacs

Otra sorprendente historia, paralela a la de Bill Fay, a quien ya le dediqué una entrada de rendida admiración en el blog. Si este cantautor británico de los 60-70 se retiraba en el año 71, tras el fracaso de sus dos únicos álbumes con Decca, y cuatro décadas después, en 2012, con 69 años, volvía a la arena discográfica con un precioso disco, ‘Life Is People’, en la misma tesitura vital se coloca Linda Perhacs.

Nativa de Los Angeles, allá por los años sesenta, ejercía de dentista pero también de folk-singer en sus ratos libres. Casualidades de la vida: un día se presentó en su consulta Leonard Roseman, compositor de las bandas sonoras de ‘Rebelde sin causa’ y ‘Barry Lyndon’, entre otras gemas históricas, y ganador de varios grammies, o sea, un artista bien asentado. Hablando con ella en diversas visitas, descubrió que componía canciones y le pidió que le pasara alguna de sus composiciones.

Dicen las crónicas que Leonard se quedó impresionado con aquellas canciones y enseguida le arregló unas sesiones de grabación con diversos músicos que él mismo se encargó de reclutar y de las que, en 1970, salió un disco medio folky medio psicodélico, ‘Parallelograms’. Editado por Kapp, un sello licenciado por Universal, sin embargo, generó un enfado tremebundo tanto en Linda como en su productor al ver ambos que, tras la entrega de los masters, el sello los manipuló, cambiando registros vocales para hacerlo más accesible. Linda desapareció del mundo del disco aunque siguió escribiendo.

A mediados de los 90, un melómano y a la sazón dueño de un pequeño sello discográfico, The Wild Places, al conocer aquel primer álbum de Linda, se puso a la búsqueda de la cantante. Dio con ella y la convenció para que le diera permiso para reeditar el disco de forma oficial –previamente lo había hecho ‘clandestinamente’ y de forma cutre- y, en efecto, en 2003, ‘Parallelograms’ salió de nuevo al mercado con canciones extra y con una nueva masterización, utilizando las viejas cintas que la misma Linda guardaba.

Bingo: folksingers de este milenio, Devendra Banhart, Sufjan Stevens, Joanna Newson y hasta Mikael Akerfeldt, del grupo de metal progresivo Opeth, quedaron prendados del álbum y corrieron la voz. En 2007, Devendra Banhart invitó a Linda a colaborar en su álbum ‘Smokey Rolls Down Thunder Canyon’, Daft Punk incluyó una de las canciones del disco en su película ‘Electroma’ y en 2010 Linda hacía la primera actuación de su vida. Dos años más tarde, en 2012, Sufjan Stevens la convenció para que de nuevo volviera al estudio y, con su sello, salía el mes pasado su segundo disco, ‘The Soul Of All Natural Things’. 44 años después. Insólito.

Y no, no se crea que Linda ha grabado un disco ‘yayista’. Con 71 años, suelta una voz de querubí recién llegado al cielo musical. Una voz dulce y preciosa que puede colocarse entre las de Enya, Alela Diane, Joni Mitchell, Joan Baez o Sinead O’Connor. Además, un pulso firme para componer canciones actuales y, como antaño, singulares y poco convencionales, con arreglos de hoy (véase la maravillosa ‘River Of God’ y la base percusiva de cajón), cuerdas, insertos de ‘spoken word’ e incluso con pinceladas tan insólitas como la incrustación de guitarra flamenca en la misma pieza que da título al álbum. También con una fina habilidad para doblarse su propia voz hasta sacar coros celestiales. Canciones especiales, caricias de pura delicadeza. La curiosidad no mata al gato pero sí apalea al pop para devolver historias tan insólitas y bellas como la de Bill Fay o esta más reciente de Linda Perhacs. Sí, se puede a los 71 años.
Linda a los 27
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Linda a los 71
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“Llegué a pensar que era imposible que Héroes se acabasen”. Gonzalo Valdivia publica su cuarto álbum

El largo matrimonio de Gox Valdivia con ‘The Wall’ se palpa en el reciente cuarto álbum, ‘El hombre de ojalá’, del excantante de En Pecado, alma mater de El Alquimista y esporádico quinto Héroe del Silencio a través de algunos vástagos con ADN pinkfloydiano. Y no es un lastre sino todo lo contrario: esos vástagos lucen sanos y con rostro agraciado. Dos de ellos incluso, son hijastros: hay una versión de Snowy White, guitarrista de Pink Floyd, y otra del mismo David Gilmour. Significa que abundan los pasajes de niqueladas guitarras sobre tempos suaves y las atmósferas envolventes para cerrar los ojos, como le gusta a Valdivia que se escuchen sus canciones. El lastre quizá resida en la excesiva duración del álbum, mal menor con la tijera en la mano. Es un ‘goxzoso’ y plácido disco sobre el que el hermano de Juan Valdivia reflexiona así como sobre su paso por Héroes en la espectacular reaparición del año 2007.
¿Cuál ha sido el motivo de la tardanza en sacar este disco? Aunque se te hubiera tildado de oportunista, ¿no hubiera sido bueno que lo hubieras sacado al poco de la reunión de Héroes?
Supongo que hubiera sido bueno a nivel promocional pero haber sacado algo en esas fechas hubiera sido algo forzado y no natural puesto que en 2008 no tenía acabadas, y ni siquiera proyectadas, ninguna de estas canciones que hoy forman ‘El hombre de ojalá’. Yo solo entiendo sacar trabajos o álbumes si estás convencido que tienes algo que contar. También creo es muy posible que adoptar el oportunismo forzado acabe pasando factura. La música solo puede salir adelante cuando sale naturalmente.
¿Ha habido una idea común para hilvanar las canciones, o estas han ido saliendo aleatoriamente a lo largo de estos años o anteriores a lo de Héroes?
Seleccioné entre mucho natural, algo que yo creía que tenía un sentido y salió este álbum, hay muchas que se han quedado sin entrar. Lo cierto es que en el 2008 sucedieron acontecimientos en mi vida para mí muy tristes y, junto a la muerte de mi madre, me sentí unos años perdido “dentro de la ballena”, como dice el corte 4 del disco. Tenia de toda esa época unos textos muy tristes y la única manera que quería sacarlos era con la mejor música posible. Ha sido ahora cuando he decididido sacarlos en forma de álbum de canciones, soltar estas canciones para poder seguir adelante haciendo discos, puesto que empezaba a tener demasiado material y quería cerrar una etapa musical para poder seguir adelante. De todas estas canciones de estos años siempre pensaba “ojalá un día las acabe, las grabe y continúe”, y de todo ello ha salido el título del disco.
Imposible desatar el lazo Pink Floyd. ¿Has hecho algún esfuerzo por hacerlo o al contrario te has sentido con más ganas de profundizarlo?
He dejado que las influencias en este disco salieran sin tapujos tranquilamente. La naturalidad sin esconder sus influencias. Llevo años tratando de encontrar mi manera de contar y a veces he desechado muchas cosas porque sonaban a esto o a lo otro, y por todo eso en este álbum no quería que volviera a pasar. Es la verdad, más bonita o más fea, pero la mía. Creo que hay muchos grupos que me apasionan que de vez en cuando suenan en el disco, desde Mark Knopfler a Héroes, Gilmour, los pianos de Supertramp… De todas maneras, creo que si de “floyd sound hablamos”, suena más a la época en solitario de Roger Waters en ‘Amused To Death’ (1992) que al propio sonido Floyd de David Gilmour. He utilizado delay y chorus en la guitarra eléctrica, junto con el piano y el ‘slow tempo’ de rock y todo eso ha hecho que haya una identidad de sonido, muy soft de los 70, pero no dejan de ser los colores de un cuadro. En ‘El hombre de ojalá’ las sonoridades del disco son las combinaciones de instrumentos que a mí siempre me han gustado.
Exactamente, ¿por qué esas dos versiones de Gilmour y Snowy White?
Estas canciones me han acompañado durante estos últimos años casi como mis ‘canciones farmacia’, y porque es un homenaje a los guitarristas que más me han gustado en mi vida con la guitarra: uno es David Gilmour, otro es Snowy White, que creo que es uno de los mejores sonidos de Gibson Less Paul limpio que he oído. Recomiendo ‘Midnight Blues’ para que se entienda lo que digo. Y el otro, cómo no, es mi hermano Juan.
¿Y esa autoversión de ‘Equivoca2? Creo que tienes como unas 22 distintas…
Tengo un gran recuerdo de las sesiones de grabación en los Pirineos de Yeste en ‘Lacasia de la Música’, un estudio de grabación situado en Yeste, un pueblo deshabitado del pirineo aragonés. Aquella semana de grabación helaba y estábamos prácticamente incomunicados, y en aquel contexto estar allí dejó unas sesiones de grabación nocturnas que recordare siempre. A esta versión de ‘Equivocado’, que me gustó mucho por como había quedado la voz aquella noche, le añadimos una guitarra afinada en mi bemol, haciendo un nuevo arreglo, y los armónicos de una acústica manteniéndola en poema hasta la entrada de la batería al final donde se vuelve canción. Un experimento alquimista y guiño al pasado.
Faltan las letras en el disco. ¿Hay algo común que las una? ‘¿Sé volver?’ se transforma al final en ‘Sé volver’.
Si haces varias escuchas del disco, notarás que algunas letras se llaman entre sí, algunas estrofas de algunas canciones cogen sentido en otros cortes del disco. Es una manera de trabajar que he empezado a adquirir hace poco y que me interesa aún desarrollarla más. Hago que las canciones formen parte de un mismo esquema y eso me permite dar sorpresas a quienes hagan varias escuchas del álbum y se adentren en el juego de la letra. ‘¿Sé volver?’ (interrogativa) fue la primera canción que se compuso para el álbum, y el álbum se cierra son la afirmación ‘Sé volver’, un corte instrumental desarrollado de otra manera. Es como decir “sé volver pero por otro camino”.
El plantel de músicos ha sido limitado, ¿por medios o porque tú has tenido una parte muy activa?
No es un disco de colaboraciones, tal vez porque es muy introspectivo, alguna guitarra la he grabado junto a Juan Carlos Bernal, quien me ayuda a hacer la criba del álbum y ha estado conmigo preparando las canciones estos años viendo como han ido creciendo. Rut Etayo es una gran voz aquí, de Zaragoza, tiene un preciosa voz rota y bien afinada, fue un placer meter sus coros de voz en ‘Can’t find love’. Del Morán se encargó de bastantes bajos, también hubo algún piano que metió el productor David Marco en ‘El horizonte del lienzo’, y finalmente el saxo de Juan Oliver. Ese solo de saxo que aparece ahí llevaba grabado en mi casete de cinta algo así como 16 años en una sesión de grabación con él en una tarde. Ahora ha salido a luz…, a ver si la propia canción me pone en contacto con él porque hace 16 años que no lo veo. Esperemos que la escuche, ojalá. ‘El hombre de ojalá’ como track del disco también es un homenaje al primer Alquimista de 1995. La idea de la canción es de Salva Honrubia que estaba en una cinta también desde hace 20 años, cuando me pasaba casetes para que cantara cosas encima. En concreto, en esta canción nunca supe qué cantar, es uno de mis ‘ojalás’ pendientes que se quedó en instrumental. Para mí era un cierre de la primera cara, porque pensé que el disco saldría en dos cedés, pero al final, por razones de maquetación, se metió todo en uno. De ahí, que tal vez sea demasiado extenso. Estoy pensando en ediciones siguientes y seguramente saldrá doble y dejar la primera edición como la edición genuina.
Inevitable sacar a colación el tema Héroes, máxime sin haber hablado contigo públicamente de este tema. ¿Cómo guardas en tu libro vital de sensaciones y sentimientos la experiencia de la reunión? ¿Volverías a involucrarte?
Un sueño cumplido difícil de poner en palabras. Preguntarme si volvería es como preguntarle a un futbolista si le gustaría volver a jugar en el Madrid o en el Barça.
¿Qué fue lo más positivo que sacaste de todo aquello?
Los ensayos preparatorios a la gira creo que fueron de los momentos más emocionantes de mi vida, más incluso que los conciertos, por todo lo que aprendí en ellos. Y revisar ese repertorio mano a mano con Juan fue genial. Un aprendizaje a todos los niveles.
¿Y qué aprendiste?
Aparte de cómo tocar las canciones de Héroes correctamente, ver lo que es hacer una gira mundial de éxito masivo. Es como poder ser astronauta en un corto viaje a las estrellas, y luego tener que vivir sin estrellarte. Más o menos.
¿Viste en algún momento que aquello podía tener continuidad o palpaste que era una reunión artificiosa, de trámite? ¿Hubo tensiones?
Hubo algún concierto en que llegué a pensar que era imposible que Héroes se acabasen por el nivel que estaba tomando, pero en ese momento fue un espejismo. ¿Tensiones? En las canciones, a veces, metimos en los acordes la novena, la treceava, la sexta menor y algún Maj 7.
Volviendo al disco. La presentación es muy atractiva, aunque se echa en falta un pequeño libretito de créditos y letras, pero ya es un gran esfuerzo económico que desde la independencia se hagan cosas así. ¿Una pequeña colleja a las multinacionales?
El diseño lo hizo Susana Pons, diseñadora gráfica de Zaragoza. En un principio quería hacer un juego musical con dados y todo, pero al final se simplificó. Y tienes razón, el libreto con las letras no lo hemos metido en esta primera edición, pero tal vez salgan en ediciones venideras. Hoy en día ya no se venden discos, qué menos que tener una buena presentación para quien se digne a comprarlo.
¿Cómo organizas y has organizado tu vida profesional en estos años?
No solo estoy en esto del disco, también imparto clases de música en el Estudio de Musica donde estudié piano y en Centros de Jóvenes en Zaragoza. El año pasado estuvimos preparando ‘The Wall’ para dejarlo de tal manera que siempre se pueda hacer si se contrata debidamente.
¿Seguirás pues con el espectáculo ‘The WallDivia’?
Solo si lo contratan. Ya no se puede arriesgar con el show, con el IVA cultural y la que está cayendo. Es una pena, porque la ultima versión del año pasado con músicos virtuales en 3D era me hubiera gustado haberla podido presentar en varios sitios.
Una consideración retrospectiva. Me acuerdo cuando con En Pecado te recriminaba que cantases gritando. Ahora, o desde tiempo atrás, la voz es grave y casi confesional. Los ardores de la juventud prematura y el asentamiento de la madurez, supongo…
¿Cual de las dos voces te gustaba mas?
La de ahora.
En este disco me ha salido utilizar mi voz de hablar más que mi voz de cantar, pero siempre tu voz adquiere el estado de ánimo en que te encuentras. No he querido forzar nada, y así ha salido esta vez. Ya veremos en futuras grabaciones en qué plano se sitúa.
¿Algo más?
Últimamente tengo la costumbre de escuchar en Spotify los discos que comentas en Heraldo cada sábado. Utilizo tus artículos para estar un poco en contacto con la vorágine musical que sucede cada semana en el mundo de la música. Ya es casi imposible estar al tanto de todo lo que se hace, ya sabes. En concreto me ha gustado bastante el de Rosanne Cash y el de Linda Perhacs, aunque a Rosanne le pondría una estrella más, o sea, cinco, porque el disco crece en las escuchas sucesivas.
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¿Vaguean las estrellas del rock?

Mañana lunes, como ya anuncié hace un par de entradas, Amaral dará a conocer una de las canciones, ‘Ratonera’, que formará parte de su nuevo álbum. Un momento deseado por muchos de los fans que el dúo tiene. Mas como el álbum no se publicará hasta el otoño que viene, para cuando salga al mercado, habrán transcurrido tres años desde la edición de su último trabajo, ‘Hacia lo salvaje’. Demasiado tiempo.

Es un ejemplo, el de Amaral, por lo cercano y reciente, pero basta con rastrear las discografías últimas de los grandes grupos internacionales, e incluso en las de los nacionales, para constatar la distancia temporal entre disco y disco, lo que les cuesta a las estrellas parir un nuevo trabajo.

Nada que ver con la producción vertiginosa de los grupos de los sesenta e incluso de los ochenta. Los Beatles, por ejemplo, en 1964, año de su explosión mundial, publicaron tres elepés y casi una treintena de singles y epés. Los Smiths, en 1987, tres álbumes y una docena de singles y maxis. La nómina de famosos grupos productivos es extensísima, pero todos, por lo general, ya veteranos.

¿Son más vagos los grupos de ahora? ¿Remolonean? ¿Son más reflexivos? ¿Se lo piensan demasiado por si acaso sueltan una flatulencia inconveniente? ¿O es que tienen que sacar tiempo para disfrutar la pasta que ganan con sus grandes giras? Yo diría que no, que no vaguean. Simplemente que han cambiado los modos de trabajo y de explotación comercial de los discos. En los sesenta se grababa por tomas, con lo que un álbum podía rematarse en un par de semanas. Sin embargo, desde que se empezó a grabar por pistas y a pensar y repensar composición, instrumentaciones, mezclas y demás gabelas, los grupos se eternizan hasta alumbrar un álbum. A ello se añade la explotación de esos discos en largas giras que los mantienen desconcentrados para grabar nuevos discos, aunque bien es verdad que Los Beatles o los Stones también actuaban mucho y a la vez editaban discos a mansalva.

No obstante, sea lo que sea, lo cierto es que, salvo casos como los de Neil Young o Van Morrison, por lo general, los fans de los grandes artistas ‘llenaestadios’ y en activo, tipo Springsteen, Metallica, Madonna, Bob Dylan, Coldplay, AC/DC, U2, Aerosmith, Bon Jovi, Muse…, y no digamos los Rolling, que ya ni siquiera graban un disco para salir de gira, e incluso de artistas con menos poder de convocatoria que los citados pero muy de culto (Nick Cave, PJ Harvey, Tom Waits, Radiohead…), quedan huérfanos de material discográfico hasta eso, dos o tres años.

El récord creo que lo tiene Springsteen que desde el 95 en que sacó ‘The Ghost Of Tom Joad’ no volvió a sacar un trabajo nuevo hasta el 2002, con ‘The Rising’. Total, un hiato de 7 años. Bueno, le superó Leonard Cohen con 9 años entre ‘The Future’ (1992) y ‘Ten New Songs’ (2001). Y no contemos las dos largas ausencias de Patti Smith, aunque estas fueron por motivos muy personales.

Qué bueno, puestos a fabular, que, contra esas largas sequías, se rescatase el viejo EP, aquella galleta de vinilo con cuatro canciones enfundadas en cartón brillante, hoy fetiche y ayer sustento permanente para fans hambrientos. Antaño, una forma fantástica, junto a los singles, de mantener activado el mercado durante todo el año. Una idea para las multinacionales y contra la crisis: rescatarlos. Mas como esto, ya lo sé, resulta un imposible, al menos, ya que andamos en feraces tiempos tecnológicos, que la fábrica digital funcione a un ritmo más rápido. Que los artistas sean más expeditos y se amuermen menos. Sería bueno para mantener la tensión (y el negocio) y para que no se enfríen excesivamente las relaciones discográficas entre fans y artistas. ¿O no irrita que tus artistas favoritos tarden dos, tres, cuatro… años en sacar material nuevo? A mi, personalmente, hubo un tiempo en que sí.

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Toy, el grupo psicodélico inglés de una chica de León

Probablemente, hace unas semanas, me excedí colocándole cuatro estrellas, señalándolo como ‘disco de la semana’ en la página de Discos del Heraldo…, pero está tan difícil en estos instantes encontrar discos buenos de verdad, acreedores de altos galardones, que hasta soy autoindulgente y me perdono el posible patinazo, que a lo mejor no. Ustedes dirán. Me refiero al grupo británico Toy y su segundo álbum ‘Joint The Dots’, marcado por el psicodelismo, materia de la que me declaro forofo empedernido.

Rebobinemos mínimamente: Grateful Dead llevaron la psicodelia a extremos casi tortuosos. Por el contrario, Pink Floyd, Kaleidoscope y no digamos los mismos Beatles la endulzaron, combinando melodía con lisergia. Pues bien, en este último bando se alinea este bisoño quinteto, ya considerado como una de las grandes esperanzas blancas del rock británico.

En él se aloja la teclista Alejandra Díaz, nacida en León aunque residente en Inglaterra desde hace unos años. En Londres conoció a Dominic O’Dair, Tom Dougall, Maxim Barron y Charlie Salvidge y con ellos, en plan paritario, sin egos ni primacías, como ella se encarga de remarcar en las entrevistas, formó Toy. Era el año 2010. En el 2011, en un ‘esfuerzo hercúleo’, sacaron 100 copias de su primer single, ‘Left Myself Behind’; en 2012, empujados por sus amigos The Horrors, debutaron con ‘Toy’ y en diciembre del pasado año alumbraron este segundo álbum, ‘Join The Dots’, que evoca a Flaming Lips, a Kaleidoscope, a Neu… a la vez que recrea las difuminadas postales de Syd Barret pero metiéndole más color y hasta aplicándole el Photoshop para dejarlas más nítidas y coloridas. El disco, como el primero, está grabado por tomas y no por pistas, pues algo que disfruta Toy es verse todos frente a frente en el estudio, como si estuvieran en el escenario.

Un largo y trepidante instrumental de siete minutos, ‘Conductor’, puesto en primer lugar del disco como aviso de las intenciones neopsicodélicas del quinteto, aunque a ellos no les guste que les etiqueten como grupo exclusivamente psicodélico, pero es lo que hay Alejandra, abre las puertas al viaje de colores e hipnóticas sensaciones que siguen a continuación, con piezas que invitan al viaje y a cruzar espacios interestelares, caso especialmente de la pieza que da título al álbum y que de nuevo supera los siete minutos o del cierre, ‘Fall Out Of Love’, que ya se va a los nueve. Hay géneros como el psicodélico que no se van a doblegar en la vida, y esta es una prueba más. Ayer lo pudieron comprobar en Barcelona y hoy en Madrid. Igual no me pasé con las cuatro estrellas.

Por cierto, ¿cuántos discos cuatro estrellas, no digamos cinco, y de reciente aparición tienes en tu reproductor? Confieso que a mí me cuesta cada semana encontrar uno. En las últimas semanas, entre otros, he destacado en el Heraldo a The Fauns, Beck, Warpaint, Dum Dum Girls, Sharon Jones, Amy Ray, Tinariwen, Monster Magnet, Los Twangs, Russian Red, Cage The Elephant, The War On Drugs, Rosanne Cash, Drive-By Truckers, Olga y Los Ministriles… Pese a la abundancia, hay tanta mediocridad circundante…

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‘Ratonera’, la primera canción del nuevo disco de Amaral

Acostumbrados al detallismo y a la búsqueda de la perfección, no extraña que Amaral lleven más de un año preparando su nuevo disco. Son otros tiempos. En los sesenta, Beatles, Rolling y compañía producían a velocidad de vértigo. Desde hace varias décadas, sin embargo, los grandes esparcen sus discos con cuentagotas, transcurriendo por lo general dos y tres años como mínimo entre álbum y álbum. Son diversas las causas de estos largos periodos de espera, pero no es el objeto de esta entrada.

El objeto es anunciar que, definitivamente, Eva y Juan tienen ya una canción completamente terminada para su próximo álbum y que la darán a conocer públicamente el próximo día 7 de abril a través de emisoras de radio, redes sociales y obviamente su web. Se titula ‘Ratonera’ y trae a unos Amarales ‘cabreados’, por así decir, con los problemas sociales que vive el mundo y quienes los alientan o permiten.

La letra es punkarra total, preguntando a un supuesto personaje si duerme bien mientras su acción político-social provoca calamidades intolerables. En realidad, un patrón literario que puede servir lo mismo para un político que para un banquero, un corrupto o un mismo jefecillo de empresa, vamos, para cualquier ‘puteador’, permítaseme la expresión. La idea de la letra le vino al dúo viendo en Berlín unas imágenes de las concertinas instaladas en las vallas contra la inmigración de Ceuta y Melilla. Su destinatario más directo: el ministro de Interior, Jorge Fernández. Pero ya digo que el patrón puede aplicarse a un amplio abanico de gente.

Solo he podido escuchar la canción en ‘versión telefónica’, con Juan en directo a la voz y la guitarra. Llama la atención el melodismo pese a la dureza de la letra. El día 7 comprobaremos el resultado definitivo de esta pieza que se ha grabado en el estudio propio de Amaral y también en otro de Londres y que tiene muy buena pinta.

Juan y Eva siguen dándole vueltas al disco, que será probablemente más eléctrico y guitarrero que ‘Hacia lo salvaje’ y con entrada de los sintetizadores, algo en lo que andan experimentando por vez primera. Hasta finales de año no saldrá al mercado. Hay exceso de producción y de ideas y en lo que andan ahora es seleccionando piezas y dándoles el perfil definitivo.

Atención a otra pieza que me ha llamado la atención y que pudiera titularse ‘Niebla’. Juega con el doble sentido de la niebla zaragozana y la niebla que cubre el cerebro de alguna gente. Tiene un riff de arranque muy Byrds y una preciosa melodía, pero como el resto, salvo la mentada ‘Ratonera’, está sin grabar todavía. La idea es rodar estas nuevas canciones en la tanda de festivales que van a hacer de aquí al otoño y después meterse en el estudio definitivamente.

Mucha calma porque no quieren meterse en la ‘ratonera’ del repeticionismo, y mientras no vean que tienen un disco superior y diferente a lo ya publicado hasta ahora, no habrá disco nuevo. Autoexigencia y también la ventaja que da ser dueños de su ruta profesional merced a su sello discográfico propio.

En cuanto esté disponible la canción la colgaré en esta misma entrada… Ah, y atención al día 6 en que habrá una sorpresa en la misma calle con cariz reivindicativo. Por ahora, prefieren no hacer públicos los detalles.
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Cage The Elephant, fieras de la jungla indie cazadas por las multinacionales

El mundo indie es una verdadera jungla de grupos por la que circulan las más variadas especies. Un mundo inabarcable donde los grupos se esfuerzan para sonar de manera nueva y moderna, por no repetir moldes pasados, algo que resulta tan difícil que en no pocas ocasiones les lleva a lo grotesco, a discos mediocres que no hay león que se los zampe.

Pero obviamente, están los que salen airosos de este empeño por sonar de forma personal y quizá por ello consiguen pasaporte a las multinacionales. Y aquí está este quinteto de Kentucky, de nombre algo extraño, Cage The Elephant, que no hace mucho, tras dejar el indie y fichar por RCA, publicaba su tercer álbum, ‘Melophobia’, con resultados más que notables. Los Pixies, se dice, están en su base, lo que es algo discutible. Hay también quienes los colocan en el fardo del grunge…, como nuevos continuadores del sonido de Seattle de los primeros noventa. También les han ‘ennoviado’ con los Strokes y Artic Monkeys… Otros los colocan al lado de The Kills, cuya cantante, precisamente colabora en una de las canciones del tercer disco…

Etiquetas y encasillamientos al margen, lo cierto es que, aunque un poco desconcertante al principio y hasta algo chirriante en la voz aguda de su cantante, es un grupo de los que aporta y apetece escuchar reiteradamente. Me recuerda los tiempos iniciales de la new wave de los ochenta, cuando a cada dos por tres llegaba un grupo con nuevas cosas que ofrecer y pegabas el oído de inmediato.

Los Cage las ofrecen en este tercer disco dentro de un lienzo sonoro en el que hay trazos tan dispares que, como digo, desconciertan al principio. Y es que lo mismo se arrancan con una vigorosa pieza con palmaditas y ambiente glam –fenomenal ‘Spiderhead’- que luego se colocan en modo reposo y atinan con baladas a lo Bowie como ‘Cigarette Daydream’ o la misma ‘Hypocrite’ y los embadurnados de metal que le colocan, se van al pop-funk bailable (‘Take It Or Leave It’) o pasan a la estridencia con la distorsión y un saxo de raíz free jazz en ‘Teeth’. Tienen miga, son variados, imaginativos. No hay peligro, es estimulante divisar fieras como esta en la jungla indie. Tal vez por ello la ha cazado una multinacional.

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30 años de la Muestra de Pop-Rock y otros Rollos

Tal día como hoy, 24 de marzo, se iniciaba una celebración colectiva de música y modernidad que cambió la piel de Zaragoza y abrió las puertas al torrente de grupos que llegaría después, con visualización notable en el panorama nacional del rock español, Héroes del Silencio a la cabeza. Me refiero a la Muestra de Pop Rock y otros Rollos que tuvo lugar durante el fin de semana de los días 24, 25 y 26 de marzo de 1984 y de la que, por tanto, se cumplen ahora treinta años.

Tres décadas después, la figura de aquella celebración se agiganta aún más, porque nunca, ni antes ni después, se ha producido en la ciudad una movilización creativa de semejantes características. A ella ya le dediqué una entrada en este blog, con motivo de la reedición fallida que tuvo lugar en el año 2010, por lo que no voy a repetir datos y detalles que daba entonces, pero sí quisiera hacer alguna que otra consideración.

La primera y principal, que aun siendo un evento masivo, no surgió por generación espontánea, como puedan pensar las nuevas generaciones y como incluso pudo pensarse en su momento. Aquel borbotón de modernidad no fue algo excepcional que nos inventamos aquí. España vivía nuevos tiempos de libertad y de agitación creativa con la llegada de la democracia y con la victoria del PSOE en las elecciones generales del 82, pero no fue aquella la causa determinante de la Muestra. Esta vino rodada desde tiempo atrás y no por empuje político o social, aunque obviamente ayudó, sino por los vientos de modernidad que llegaron, primero, desde la Inglaterra, con la new wave, y después con la Movida madrileña.Vientos que se encargaron de difundir la radio, la prensa y las revistas especializadas.

De hecho, la Muestra zaragozana fue un acto reflejo tardío de aquellos dos movimientos musicales. Hay que tener en cuenta que en aquel 84 la new wave británica ya se había apagado dos años antes, con la entrada de los Nuevos Románticos y el tecno-pop, y hasta estos estilos habían empezado a decaer tras la vuelta de las guitarras, con el llamado Nuevo Rock Americano, que era lo que entonces empezaba a mandar en el mundo del rock internacional.

En el plano de la Movida, hay que recordar que los Radio Futura, Gabinete, Alaska… ya habían grabado sus mejores obras y aquella misma Movida entraba en su recta final, si no lo había hecho ya. O sea, que el tren de modernidad que se apoderó de Zaragoza durante tres días era un tren tardío, aunque afortunadamente se cogió. Ya se vio después a dónde llevó: al vergel de grupos de toda índole que se asentaron en el segundo lustro de los ochenta.

Aquel estallido, por otro lado, fue único por una simple razón: todo era nuevo, estaba por hacer. De ahí que, aunque se intentó su reedición en 2010, y falló, no se haya vuelto a producir algo igual en la ciudad. Si hoy se volviera a intentar, fallaría igualmente. Y no porque no haya grupos, sino bien al contrario, que hay más y tocan mejor de lo que tocó aquel medio centenar que pasó por el escenario doble de la antigua Feria de Muestras, sino porque en la historia, aunque cíclica, según las teorías, toynbianas, los hechos no se repiten de la misma forma. Y ahora es que ni hay formas y diría que ni interés; vamos, que es imposible que hoy se movilicen 26.000 personas, como entonces ocurrió, para ver tocar a grupos locales, prácticamente todos desconocidos.

Aquellos tres días permanecerán, pues, en la memoria y en los anales de la historia musical de la ciudad como tres días cruciales en el devenir musical aragonés. Lo mejor fue el estallido y la consiguiente siembra que dejaron en cuanto a grupos y músicas venideras. La Muestra marcó un punto de inflexión en la música de esta tierra. Tarde, pero nos hizo meternos en la posmodernidad, que diría Umbral, y con ello la posterior puesta en el mapa musical de Zaragoza, considerada en los primeros 90 como el nuevo Eldorado del rock español. Lo peor, que hoy somos 30 años más viejos, mecáchis…

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Voces inolvidables de la radio musical española: Ángel Álvarez

Hace unas semanas, se celebraba el Día de la Radio y recuerdo las semblanzas y recuerdos que en algunas emisoras se realizaron de veteranos locutores. Todo muy bonito y afectivo. Pero, lamentablemente, no oí ni una sola palabra de las grandes voces de la radio musical que España tuvo en décadas pasadas, especialmente la del pionero, la del gran Ángel Álvarez. Me prometí que tenía que evocarlo en el blog, y aunque un poco distanciado ya del pasado Día de la Radio, y tras leer en la web de la revista Rolling Stone varias entrevistas a diversas voces de la radio, hoy me animo a meterle el diente sin más dilaciones. Se echan tanto de menos gentes tan honestas y tan sabias en la radio de hoy que estos vacíos aún engrandecen más a los grandes del pasado.

La voz cálida y serena de Ángel Álvarez se alzó en medio de la España de la pandereta y la copla para mostrar los tesoros de la música americana. Fue una voz insustituible de la radio musical española. Murió en 2004, a los 87 años, tras haber certificado 44 de ellos ante el micrófono. Prefiero reproducir el texto que escribí en Heraldo tras su muerte que rehacerlo, para que no pierda la calidez que en su momento creo que tenía. Así que ahí va. Más adelante me ocuparé de otras voces como las de Raúl Matas, Iñigo, Sotillos, el Mariscal Romero y tantos otros.

Recuerdos, grandes recuerdos, es todo lo que nos queda de aquel beatle especial, el más serio y espiritual personaje de aquel cuarteto de Liverpool que cambió para siempre el rumbo de la música de los jóvenes, y del que hoy ya solamente quedan dos de sus miembros… desde ‘Vuelo 605’  te habla… Ángel Álvarez…” Para las generaciones más jóvenes este nombre y este vuelo quizá no signifique nada, pero para quienes ya calzamos una cierta edad es un nostálgico revolcón a la memoria, una proyección en la pantalla del presente de un dorado trozo del pasado. Ángel Álvarez, que, en diciembre de 2002, abría su programa aniversario de homenaje a George Harrison con las palabras entrecomilladas anteriormente, fue la voz y la elegancia del pop transportado desde Estados Unidos a España, un auténtico pionero de la radio, piloto profesional y piloto musical que condujo a miles de españoles al pop americano y a sus grandes estrellas cuando aquí reinaba la copla y la pandereta. Un inductor cómplice y de mucha confianza al sano vicio de las canciones ya antañonas pero sin caducidad. Un maestro.

En los últimos tiempos aún seguía siendo una delicia sintonizarle. En medio de la “radio-barraca” y la música-basura” que propagan las radio-fórmulas, el locutor asturiano era un oasis de paz, la sabiduría, la calidez, el sentido común, el buen gusto…, todo lo que un buen aficionado puede pedirle a un programa musical de radio. Se nos fue con 87 años hace unos días y puede decirse que con él se han apagado definitivamente las grande voces de la radio musical española de todos los tiempos.

Empezó a ejercer como “pinchadiscos” en el mismo inicio de los sesenta, en una España, ya se sabe, dominada por el nacional-franquismo y la música de rancio abolengo folclórico, cerrada a cal y canto a cualquier extravagancia venida de fuera. Un contexto difícil para abrirse camino, pero que a él se le allanó porque -desvelemos secretos con carga de ‘enchufismo’ pero no determinantes de su éxito profesional- encontró un padrino de lujo. Ángel era piloto de Iberia destinado en la línea Madrid-Nueva York porque sabía inglés. Eso le permitió entrar en contacto con la música americana del segundo lustro de los cincuenta, es decir, con la mismísima eclosión del rock’n'roll, y que se le contagiara como una mala fiebre. En uno de aquellos viajes conoció al fundador de El Corte Inglés y le convenció para que abriera una sección de discos porque, como le aventuró, se avecinaba una gran revolución musical en el mundo juvenil. El dueño de los grandes almacenes le hizo caso y acertó de pleno. Se produjo la revolución anunciada y el establecimiento madrileño se convirtió en el primer punto de venta de discos de la capital. Desde entonces y hasta su última emisión, El Corte Inglés patrocinó siempre sus programas. Fue tal el cariño que le profesaba el propietario de los grandes almacenes que, aseguran, que hasta en su testamento hizo constar la obligación del establecimiento a patrocinarle de por vida. Menudo portón para entrar en cualquier cadena de radio. Pero seguramente que sin este potente padrinazgo Ángel hubiera triunfado y subsistido igualmente ante el micro tantos años como subsistió: su categoría profesional, su estilo personalísimo y su devoción por la música eran avales incuestionables.

Siempre mantuvo su peculiar forma de transmitir y de poner discos. No hablaba, susurraba, parecía un confidente hablando muy de cerca a sus oyentes. A ello unió su pasión por la música americana y su refinado gusto para seleccionar canciones, amén de la puntillosa información que lanzaba a las ondas. Y creó una escuela única, inimitable, imposible de reeditar una vez desaparecido él. Pero, qué paradojas del oficio, nunca hizo un programa en un estudio de radio… Tenía un piso donde se hizo construir un rudimentario estudio de grabación y donde almacenaba su enorme discoteca y de allí salían las grabaciones con destino a la radio y a sus miles de oyentes.

Eso le provocó más de una disputa con los directivos de las emisoras, pero siempre ganó la batalla. Sandro D’Angeli que fue director suyo durante más de un lustro en M-80 intentó “renovarle” técnicamente, mas fue imposible. “A veces le mandaba técnicos de la misma radio para que le ayudasen y le pusieran los aparatos a punto, pero él se mostraba muy nervioso. No quería saber nada de nuevas tecnologías ni de cambios, y por supuesto se negaba a ir a la radio”. Y es que sabía que, cuando lo sacaran de su micro comprado en los años sesenta y de sus magnetófonos Revox, su voz y su estilo no serían lo mismo. “Entonces me di cuenta que era contraproducente, que Ángel era Ángel y así había que dejarlo”, asegura D’Angeli quien tuvo un trato entrañable con él.

Muy fatigado, se bajó del avión musical unos meses antes de su muerte, pero dejaba registrado todo un récord insólito e inigualado en la radio musical: 44 años ante el micro. Sus 38.000 horas de vuelo en Iberia fueron nada al lado de los miles de horas de discos y radio. Ángel Álvarez era un gran conversador, una persona afable y algo solitaria, siempre en su nube musical. Empezó a volar a Nueva York a mediados de los cincuenta y en pocos años se hizo con una colección de discos que hoy valdrán una millonada. Cuando le dieron pista en la radio, en 1960, comenzó a volar por las ondas y a mostrar aquellos tesoros, siendo el primero en ‘pinchar’ a Elvis y Bob Dylan. Un ejemplo de constancia en un mundo tan efímero como el del pop. Casi un milagro en las ondas. Fue el pionero de la radio musical moderna en España. A su estela, surgieron decenas de voces que marcaron también impronta.

Aquí, un precioso recuerdo a La Voz de la radio española en sus tiempos de ‘Caravana’, el primer programa de Angel Álvarez, al que en el 63 le siguió ‘Vuelo 605′, que duró hasta unos días antes de su muerte, en 2004. En los últimos años se emitió a través de M-80 Radio.

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Carmen París, ganadora suprema en los Premios de la Música Aragonesa

Si en los Oscars el premio gordo es el de ‘mejor película’, en música su equivalente es el de ‘mejor disco’. Y en esta categoría, la elección del álbum de Carmen París, ‘Ejazz con Jota’, fue más que merecida y, por tanto, la convirtió en la ganadora suprema de la décimo quinta edición de los Premios de la Música Aragonesa, que se celebró el pasado lunes en el Teatro Principal.

No estaba nominado ni tan siquiera Bunbury, lo que sigo considerando una arbitrariedad, máxime optando con uno de los mejores y más elaborados discos de su carrera, el balsámico ‘Palosanto’. Debía haber competido con el de Carmen París, pero Bunbury, es cierto, juega en otra liga, y eso quizá no guste o sea una muestra más del conocido ‘borderío aragonés’. Lo cual no quita mérito a la París, cuyo álbum, sacado adelante a pura fuerza de tenacidad y sensibilidad, es una joya de fusión entre el jazz y la jota, una experiencia musical única. Premio pues merecidísimo para ella, y como se trataba del ‘gordo’ pues justa triunfadora de la noche.

Como también lo fue el premio de Tachenko en otra de las categorías de peso, la de mejor grupo, o la de Cuti como mejor solista. El anverso de Bigott, que, pese a las tres nominaciones que llevaba, se quedó en blanco. ¿Fin del romance entre Laudó y ese público que le jalea cualquier garabato musical que traza? El tiempo dirá.

En el resto de categorías, cada cual juzgue. Hay algunas que no entiendo (los ganadores), caso de mejor directo, video y apoyo, pero para gustos los colores, dicho de forma tópica, o quién sabe si los clanes de votantes, el formato de las votaciones o las factibles trampas tecnológicas al elegir premiados; que, por aquí, sigo pensando que los premios tienen agujeros negros que convendría de una vez tapar, amén de asegurar la máxima transparencia ante notario. ¿Se entiende, por ejemplo, que un programa de radio diario como Comunidad Sonora, de Aragón Radio, nunca aparezca ni entre los nominados?

Lo más sorprendente fue la reaparición de La Nube, un grupo surgido a finales de los noventa con restos de El Regalo de Silvia y que, con sus canciones rotundas de guitarras cortantes y voces femeninas energéticas, un remake perfectamente triangulado de bandas como Sonic Youth, Breeders, Pixies, Yo La Tengo, Throwing Muses… en la Zaragoza de hace dos décadas, dejó para la historia tres buenos discos, especialmente el último, ’90-60-90’, medidas perfectas para un sonido hilvanado por Nines, Cristina, Silvia y Pepe  bajo la dirección de  Alan Boguslawsky. A ver lo que depara este inesperado retorno. Y ya, entrados en el juego, a ver los premios que trae el 2014.

Este fue el balance final:

 

Premio Especial a una Trayectoria
Antón García Abril

Premio Global de la Música Aragonesa
Elefantes

Premio Especial
Federación Aragonesa de Radios Libres

Mejor Vídeo 2013
“20 Aniversario de O’Carolan” de O’Carolan por Luna Nueva Estudio
- “Bonus Extra” de Pecker por María Tresaco y Pecker -
“Despierta” de Bunbury por Alexis Morante
“Síndrome esquizofrénico” de Dr Leen por Carlos Ansotegui

Mayor Apoyo 2013
Ámbar Z Music
Mondo Sonoro
- Radio 3 -
Siamm.es

Mejor Programación Musical 2013
El Veintiuno
Festival Polifonik Sound
- La Lata de Bombillas -
Slap!

Otras Músicas 2013
Justo Baguëste
Lurte
- Nacho Estévez ‘El Niño’ -
Trivium Klezmer

Mejor Discjockey 2013
- Andrés Campo -
Carlos Hollers
David Sausán
Meganimals

Mejor Directo 2013
Carmen París
Crisálida
Maybe Boom
- Pecker -

Mejor Canción en Lengua Autóctona Aragonesa 2013
“Encara Rematau” de Gran Carvin
- “O rocanroll ye asinas” de Los Inestables -
“Paretz Crebadas” de Prau
“Sobre una chisla de Cierzo” de La Vidriera Irreverente

Mejor Canción 2013
“Find a Romance” de Bigott
“La vieja señal” de Hotel
“Soñar despierto” de Dr. Loncho
- “Postales envenenadas” de Las Novias -

Mejor EP 2013
“Disparados al Infierno” de Leyenda Prohibida
- “El libro de la vida” de Dr Loncho -
“En memoria…” de Sanromán
“Invasión” de Visitantes

Mejor Álbum autoeditado 2013
“1990-2013” de KBKS
- “Círculo de guerra” de Sick Brains -
“Última frontera” de Lurte
“Used Funk” de Telephunken

Mejor Álbum 2013
“Blue Jeans” de Bigott
“Comercial” de Pecker
- “Ejazz con Jota” de Carmen París -
“West West“ de The Fractal Sound

Mejor Portada 2013
“Danza del bosque encantado” de Vegetal Jam por María José Llorente
“El libro de la vida” de Dr Loncho por Iñaki Goñi
“La Gran Mentira” de Stabilito por Pedro Popker y Stabilito
- “Lucifer” de Los Lügers por Sergio Pastor -

Mejor Producción 2013
“Commit to the light” de The Patinettes
“Con el mundo entre las piernas” de Insolenzia por Iker Piedrafita
“Palosanto” de Bunbury por Bunbury
- “West West“ de The Fractal Sound por José M. Huerta y Carlos Estella -

Mayor Proyección 2013
- Ana Muñoz -
Calavera
El Gol de Nayim
Maybe Boom

Mejor Solista 2013
Bigott
Carlos Sobreviela
- Cuti -
Minerva

Mejor Grupo 2013
Big City
Los Lugërs
The Fractal Sound
- Tachenko -

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Cuando Elton John era una voz respetada…

Juro que cuando lo vi disfrazado de pato Donald, se me cayeron todos los palos del sombrajo: no más Elton John, no más circo, no más histrionismo. Y casi he mantenido, y sigo manteniendo, a raya aquella deserción. Cuando ha habido algún disco nuevo, lo he escuchado, lo he comentado si ha dado lugar, lo mismo que si ha dado un concierto en Zaragoza, como hizo en el 89, lo cubrí para el Heraldo y pasé página. Desde hace muchos años no me interesa musicalmente y menos aún estéticamente Reginaldo Kenneth Dwight, alias Elton John.

Pero hubo un tiempo en que la comunión con él era total. Fue a raíz de la publicación de su sexto álbum, ‘Madman Across The Water’, en 1971, y más aún con los tres siguientes: ‘Honky Chateau’ (1972), ‘Don’t Shoot Me, I’m Only The Piano Player’ (1973) y ‘Goodbye Yellow Brick Road’ (1973), es decir, la época creativa mayor y más consistente del artista más extravagante que dado la historia del pop. Un músico, cantante, compositor y pianista, con una capacidad increíble para fabricar pop-rock artesanal. Una voz respetadísima.

Recuerdo esto porque en unos días, el próximo 24, se va a reeditar ‘Goodbye Yellow Brick Road’ en una opulenta edición que en la versión deluxe va a incluir cuatro cedés y un deuvedé con el disco en sí, otro con canciones versionadas por artistas de hoy (desde Ed Sheran a Imelda May), otro de caras B y temas extras y otro con un concierto en el Hammersmith de Londres. El DVD, por su parte, incluirá el documental de 1973, filmado por Bryan Forbes, con el título de “Elton John and Bernie Taupin Say Goodbye To Norma Jean and Other Things”. Además se incluirá un libro de tapa dura de 100 páginas.

Y ya puestos a echar la casa por la ventana, el disco saldrá también en edición simple nuevamente remasterizado, en este caso por el prestigioso Bob Ludwig, en otra edición en doble cedé, en blu ray audio y, ah, en vinilo doble original, como en su día se editó, un prodigio de presentación gráfica, un tríptico que magnifica los viejos valores del plástico. Aún permanece en mi copia adherida la pegatina con el precio que pagué por él en su momento: 650 pesetas, poco menos de 4 euros de hoy. Una ganga hoy, un pastón entonces.

El doble álbum era un compendio de géneros dispares, desde el sinfonimo progresivo de ‘Funeral For A Friend’ / Love Lies Bleeding’ y sus 11 minutos, al rock’n’roll cincuentero de ‘Your Sister Can’t Twist’. En medio, desde reggae a rock, country… y baladas a porrillo: la mayor, la que daba título al álbum, pero la más clásica, ‘Candle In The Wind’, especialmente a partir del funeral de Lady Di. Un gran disco con muchos problemas de grabación y de estudios, aunque al final se remató en tan solo 17 días cuando el glam ya empezaba a agonizar, pese a que el amigo Reginaldo no se enterase de que las plataformas ya empezaban a estar obsoletas.

Un disco, en fin, que recuerdo hoy a raíz de su inminente enésima reedición y porque a mí, personalmente, me impactó, como previamente lo había hecho ‘Madaman Across The Water’, ¡qué discazo con aquel solemne ‘Levon’!, y no digamos ‘Honky Chateau’, y el inmenso ‘Rocket Man’. Aún los escucho con inmenso placer, eso sí quitándome de la mente a Reginaldo travestido de pato Donald o de Mozart pelucón.

Para rematar faena, por cierto, de mercadotecnia, que es de lo poco que ya les queda a las multinacionales y a los artistas venidos a menos, han montado un sarao mediático de esos transmundiales. Reginaldo ofrecerá el próximo 22 un concierto desde Las Vegas a través de un montón de cines de medio mundo en el que estará a la altura de sus conocidos excesos escenográficos. Ya se anuncia que el piano, con 68 pantallas led, pesa 1.500 kilos. Yamaha ha estado trabajando en él cuatro años… Casi ná.

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The Fauns, bofetón de pop moderno

Una pequeña pildorita de ‘la gran belleza pop’ cuando este se sale de sus límites canónicos y tradicionales para hacer pie en el tiempo presente sin perder solera pasada, la de los ochenta concretamente. La firma el grupo británico The Fauns con el título de ‘Lights’.

Y es como subirse a una vaporosa nube, guiada por la voz angelical de Alison Garner, la cantante del grupo, una voz entre Elizabeth Fraser, Hope Sandoval o Sharin Foo, pura delicadeza. ‘Shoegaze’, música ensimismada, que este quinteto de Bristol configura con esmero infinito con sus melodías aéreas, esa mentada voz susurrante de su cantante, ritmo y una coraza de guitarras distorsionadas pero jamás agresivas.

Como en su debú, otra segunda y perfecta pulsión en busca de la gran belleza recóndita del pop, con llamada a Cocteau Twins, Jesus & Mary Chain, My Bloody Valentine, The Cure… Y con respuesta recibida. La sutileza se da la mano con las guitarras rasposas, distorsionadas pero sonoramente limpísimas.

Ahí está la maravillosa ‘Seven Hours’, con la voz de Alison Garner como si fueran los hermanos Reid en femenino. Antes, abriendo el disco, le precede un breve pasaje de ‘música espacial’, a base de guitarra y teclados cósmicos. Y luego, el cartel de canciones ‘dream-pop’ es imparable: ‘In Flames’, ‘Nothing Ever’, ‘Lights’ (buenísima, con su atmósfera Echo & The Bunnymen), ‘With You’ (delicada apología noisy), la impulsiva ‘Let’s Go’…

El disco se publicó en diciembre del pasado año, pero por aquello de hasta que se hace visible en el mercado y llega a los oídos fuera del estrecho círculo indie, puede considerarse como un disco de este año, como uno de los discos a guardar en el haber de las buenas sensaciones de 2014. Para quienes piensan que el pop ya está agotado, bofetón.
La bella canción que da título al disco:
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Y aquí, otra de las maravillas del disco:
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Olga y Los Ministriles, salvando los peligros del pop

Nacidos del seno de los veteranos Hato de Foces, Olga y Los Ministriles han editado su tercer disco con el título de ‘Es a veces amar’, música de raíz aragonesa. Con Gabriel Sopeña convertido en un nuevo ‘ministril’, el grupo oscense ha hecho un amago de búsqueda de nuevos caminos, intentando acercarse al pop pero sin llegar a transitarlos. Hubiera sido aventurado haberlo hecho: por esos caminos acechan peligros que fácilmente pueden tumbar un disco si no se dispone del equipamiento adecuado para andar por ellos. Y Olga y Los Ministriles no lo tienen, porque lo suyo es básicamente la música tradicional y el folk; revestido y atildado con toda la modernidad que se quiera, pero folk en definitiva, música de raíz.

Respiren (respiramos) con alivio quienes, a tenor de algunas declaraciones del grupo comandado por la bella voz de Olga, pero inapropiada para el pop, pensasen que se iban a encontrar con unos Presuntos Implicados o algo similar. No. Sopeña, que ha compuesto y musicado con tino las canciones, así como el propio grupo, que se ha hecho cargo de los arreglos, han sabido contenerse y no cruzar al otro lado del río. Los sones, desde la balada al pasodoble, la albada, la rumba cubana… y, sobre todo, las instrumentaciones de acordeón, gaita aragonesa, flauta, pito, mandolina, zanfona o bouzuki mantienen las raíces del grupo, aunque con menos purismo que con Hato de Foces, en territorio folky.

Aportan los textos poetas aragoneses actuales -Angel Guinda, Pérez Morte, Magdalena Lasala, José Martí, Adolfo Burriel, Gómez Milián, José Ignacio Ciordia…- y suena una música sensible y evocadora, con bajos y baterías y guitarras eléctricas, pero embridada en todo momento a los instrumentos tradicionales. Solo ‘Tus ojos’, con texto del polifacético Antón Castro y con su acento cubano, se aparta de la horma sonora. Como también se sale del concepto general del álbum la versión de ‘Hay una cruz en el saso’, de Más Birras, que los Ministriles enfilan por el sendero del pasodoble, desvelando algo inédito: que el género cañí no está tan lejos del rockabilly. Mauricio Aznar aplaudiría, máxime estando su amigo Sopeña al timón de este disco, tan aragonés y universal.
Aquí, ‘Tus ojos’ y su sabor cubano, una canción que no define en absoluto el estilo del grupo oscense y que no es su camino:
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Y estos, los auténticos Ministriles. Confiemos que no se pierdan en experimentos ajenos a su propia idiosincrasia:
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Bono entre peperos

¿Qué hace un rockero sermoneando a todo un cónclave político de derechas europeas? Algo inaudito. Jamás se vio semejante cosa. Pero allí estaba, hace unos días, Paul Hewson, Bono, el cantante de U2, arengando al cónclave a reforzar la construcción europea y pidiendo más democracia, entre otras cosas. ¿Quién podría imaginar un acto así hace 20 o 30 años, no digamos en los cincuenta? ¿Quién podría imaginar a una legión de políticos conservadores poniendo alfombra roja a Elvis, Chuck Berry o los mismos Beatles? Los tiempos cambiaron hace mucho tiempo, my friend. El rock, para bien o para mal, ha ganado respetabilidad.

No sé ni cómo ni por qué ese papel estelar ofrecido a Bono, supongo que por celebrarse la cumbre en su país. Desconozco exactamente si su ideología es de derecha, pero al aceptar esa presencia ante los populares europeos da la sensación de que sintoniza con ella, lo que es darle árnica sus detractores. Él es católico y eso en Irlanda pesa mucho. Alguien puede pensar por esto que simpatiza con los conservadores, aunque, dado su conocido activismo social, parece que no sea así. En cualquier caso, libre es cada cual para pensar como quiera y alinearse con quien quiera y donde quiera.

Su presencia y su plática, eso sí, no ha pasado desapercibidas. Enseguida se ha desatado una riada de comentarios de todo signo que ha llegado a las columnas de los periódicos, a los foros de Internet y a los debates televisivos. El sábado, en la Sexta, le sacaban los trapos sucios de sus manejos financieros y una reputada periodista, Nativel Preciado, le atacaba soltando que si ha hecho esta comparecencia es porque “Bono no da puntada sin hilo”, es decir, que “algo tiene que vender”, dijo. Me temo que fue ella la que equivocó la puntada. A estas alturas, no creo que Bono necesite acudir a tribuna alguna, y más aún política, para vender nada. Y menos todavía, el próximo disco de U2, que está lejano: lo han aplazado hasta el verano, como mínimo. No son precisamente estos los mecanismos más directos para vender discos. O sea que por ahí, difícil cogerle.

¿Por dónde cogerlo entonces? ¿Por su presunto derechismo al participar en cónclave tan evidente? ¿Por sus ansias de protagonismo? ¿Por la inadecuada presencia de un rockero en un acto de este tipo? Búsquense los lazos que se quieran para cazarlo y criticarlo. Pero así como en alguna ocasión he comentado que no me gustan los rockeros que sueltan mítines en el escenario, creo que fuera de él, como cualquier otro menda, tienen derecho a expresarse y decir lo que les plazca. Bono lo hizo el otro día, como Springsteen salió a las calles a hacer campaña a favor de Kerry y Obama en sus respectivas campañas electorales, y están en su pleno derecho. Libertad de pensamiento y acción intelectual se llama. No marketing para vender discos o conciertos.

De todas formas, Bono no acudió al congreso popular europeo a pasarle la mano por el lomo a sus líderes, desde Merkel a Rajoy, que presidían la tribuna. Lanzó invectivas contra la troika, que obligó –dijo- al rescate financiero de su país, elogió a algunos líderes socialistas como Hollande o Martin Schulz, cargó contra una Europa racista, condenó los nacionalismos radicales e hizo peticiones para mejorar la democracia y la solidaridad de los europeos. Palabras, pero no vanas.

Y por lo que nos concierne más directamente, un detalle elogiable, pidiendo apoyo a España, ante un Rajoy apático -¿sabrá quiénes son Bono y The Edge?-, con estas palabras: “¿Donde está la respuesta de la familia europea? ¿Dónde está la campaña paneuropea para que la gente vaya de vacaciones a España, compre productos españoles y escuche música española, para hacer que U2 haga un álbum de flamenco? ¿Sabéis de qué estoy hablando? De vecindad”.

Ni la más costosa campaña de publicidad: gratis, el apoyo al turismo y a los productos españoles llegó a todo el mundo. El irlandés, que soltó el discurso sin leer una sola palabra, debe seguir todavía impactado por aquel inolvidable concierto que ofreció en el Bernabeu en 1988. Se agradece en momentos tan puñeteros como estos en España. Eso sí, confiemos en que su euforia pro hispana no le lleve a grabar un disco de flamenco, ugg.

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¿Son modernos Los Twangs?

¿Es más moderno un grupo indie actual? ¿O es igual de moderno, e incluso más, un grupo de músicos veteranos que tocan añejo rock’n'roll de los 50-60? La obviedad inclina la balanza hacia lo primero…

¡Alto! Afirmación falsa, o cuando menos discutible para Los Twangs, el grupo zaragozano que entrega su tiempo y su alma a los sonidos añejos. “El rock´n´roll es la música moderna por excelencia, la primera que se hizo por y para teenagers, y los que la practicamos seguimos manteniendo ese punto juvenil, aunque ya estemos entrados en años. Nos hacen gracia todos los modernos que ahora van de ‘hipsters’. El termino ‘hipster’ se acuñó en los años 40 y se aplicó durante muchos años a aquel que ‘estaba en la onda’. Ahora, se dejan barbas, se ponen gafas de pasta y se hacen llamar así (risas)”. A tenor de esta concepción de la modernidad, Los Twangs titulan su novísimo disco de forma retadora: ‘Are We Cool Enough?’ (¿Somos suficientemente modernos?). “La respuesta está en estas canciones”, añaden al título. Y a continuación despliegan una docena de canciones percheronas, pujantes y permeables a través de cualquier piel con un mínimo sentido del ritmo y gusto por los sonidos de los cincuenta y sesenta.

Otro guantazo, el tercero ya, de rock’n'roll y surf music con esquejes de garaje, rockabilly, R&B…, y con más temas propios que nunca y por supuesto con sus infaltables versiones, que para eso está con ellos Francho Angás, el gran arqueólogo nacional de aquellos lejanos sonidos (seguid la pista de su serie ‘Instromonster’), que habla de ellas: “Las versiones se han reducido a tres, y además les hemos dado un toque que hace algunas irreconocibles. ‘Tijuana’ es la cara B de último single que Link Wray grabó para Epic, antes de su famosa etapa con Swan. Siempre metemos algún tema de Link Wray en nuestros LPs, y a éste le hemos dado un toque más fronterizo y tex-mex que el original. ‘Estampida’ es un tema original de The Scarlets, titulado ‘Stampede’ en origen. Es uno de esos temas que todo el mundo lo califica de antesala de la música surf, se grabó en el 59, y nosotros hemos puesto énfasis en las guitarras en lugar del saxo y el piano del original. ‘Little Baby’ es uno de los temas menos conocidos de Buddy Holly, y a mí uno de los que más me gustan. No obstante tampoco aquí hemos respetado el original, nuestra versión es mucho más New Orleans, gracias desde luego al fantástico piano que ha grabado Cuty”.

Entre las piezas propias -¡radiantes guitarras!-, destaca una en honor a Bo Diddley, que suena fresca y bulliciosa, como si la hubiera escrito el propio Elias McDaniel, por no esquinar la que abre, ‘Cool Enough’, y su sabor a garaje con guitarras Ventures. Y no sigo con más distinciones, porque todo el disco es un disfrute contínuo. Total: otra joyita del rock’n'roll nacional, sin fecha de caducidad, sin ataduras a modas, con su pizca de buen humor y más brillante de sonido que nunca. Por ello quizá ha llevado mucho tiempo prepararlo. “Hacía casi cuatro años que editamos el ‘Mondo Twango’, y aunque hemos seguido editando algún EP, estos han sido más caprichos temáticos que otra cosa, para mantenernos en caliente. Por circunstancias, gente que se va del grupo, otros que vuelven… nos ha costado más de la cuenta prepararlo, pero gracias a eso los temas han estado mas trabajados y creo que tienen un aire más personal que en ninguno de nuestros otros discos”, afirma Francho, quien, por si quedara duda sobre actualidad y moderneces, apuntilla: “Este disco es un conjunto de canciones modernas de la muerte, hablan de amor, de frontera, de tierras exóticas, de mujeres y de artistas que no volverán, en definitiva, de cosas que nos apasionan y de muchas experiencias de vida”. Mondo twango en toda regla.

¿Son modernos o no Los Twangs? Métele el diente a su nuevo álbum, ‘Are We Cool Enough?’, que de nuevo han grabado con el sello malagueño Sleazy, toda una marca de garantía y prestigio en el rock’n’roll español. Como lo son ellos en el rock aragonés. Hace poco lo presentaron en La Casa del Loco. ¿Alguien anduvo por allí?

Este fue el single en vinilo de adelanto del álbum. ¡Ojo, por si hay por ahí algún coleccionista perdido! El cuarteto zaragozano no solo profesa veneración al vinilo sino que cuida sus ediciones de manera impecable y con un delicioso sabor a pasado. La cara B de este single no está ni en la edición en vinilo ni en la de cedé. Se puede contactar con Sleazy en su estupenda web sleazyrecords.com o por mail: info@sleazyrecords.com
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Beck, ruborizante belleza

¿El sinfonismo de moda? A ver. No me refiero a aquellos discos orquestales de rock y pop que entregaron desde Moody Blues a Deep Purple o Procol Harum entre los sesenta y setenta. Me refiero a los discos pop orquestados con cuerdas, algo que, por ejemplo, hicieron muy bien años atrás Pulp, Suede o Richard Ashcroft y que ahora reverdecen Bunbury y Beck. Supongo que será una mera coincidencia, pero bendita coincidencia. Si el de Bunbury se vestía de raso, el de Beck viene envuelto en satén.

El antaño chico travieso del pop, que era capaz de cacharrear con toda clase de géneros e instrumentos y obtener gemas subversivas como su debú con ‘Mellow Gold’ (1994) y su consolidación con el gran ‘Odelay’ (1996), ha aplacado de nuevo el ritmo, como ya hizo en ‘Mutations’ (1998), y entregado un nuevo álbum, ‘Phase Morning’, angelical, lleno de confort, acabado hasta la última coma. El segundo disco balsámico del año, tras el de Bunbury.

Y todo por una enfermedad medular de la que no ha trascendido nada y que le ha tenido en silencio público durante media década. En este tiempo, Beck ha orientado su trabajo a la producción, trabajando con Charlotte Gainsbourg o Thurston Moore, o hacia la composición de bandas sonoras, y en lo personal ha curado heridas acudiendo a la majestuosidad, olvidándose de rarezas pasadas y dando continuidad a ‘Sea Change’, del que este nuevo álbum no solo es su heredero más directo, sino que lo supera.

Para ello, para conseguir el sonido precioso y orgánico, ‘saténico’, que despliega todo el disco ha contado, ahí es nada, con más de 50 músicos bajo la dirección de su padre, David Campbell, antaño músico callejero, que se ha hecho cargo de arreglos e instrumentaciones, como ya lo hizo en ‘Sea Change’. El disco se abre con un breve flash sinfónico, y a continuación, con un Beck dominando exquisitamente la voz, reverberándola, doblándola mágicamente para conseguir unas celestiales armonías, y con unas instrumentaciones cuidadísimas, al igual que el sonido, limpísimo, brota toda una riada de sensibilidad y de ensoñadoras canciones –‘Morning’, ‘Heart Is A Drum’, ‘Unforgiven’, ‘Wave’, ‘Blackbird’, ‘Turn Away’…- que fluctúan entre Nick Drake, Cat Stevens, David Gilmour, Simon & Garfunkel, Cat Stevens o Neil Young.

Nada de samplers, nada de electrónica, nada de cruce de géneros. Música pura, baladismo melancólico, con esporádicos pespuntes countries (‘Country Down’) fruto de una primera tentativa hacia tierras vaqueras en Nasville. Una obra fabricada a la manera de los trovadores con el corazón roto, como ya hizo en ‘Sea Change’, tras una ruptura sentimental. Es su nuevo álbum en casi seis años sin edición propia, el duodécimo de su carrera. Una sublimación del pop curativo. Bellísimo hasta ruborizar.
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Y así todo el disco…, con ‘Wave’, ‘Turn Away’… ¡Qué maravilla! No me canso de disfrutarla. Estoy alimentado para semanas. Cinco estrellas se llevó el pasado sábado en mi sección de Discos del Heraldo.

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Russian Red, ¿el mejor grupo pop de hoy en España?

Es muy subjetivo y hasta casi resulta feo eso de categorizar el arte y por ende la música: el mejor disco de la historia, las mejores canciones del año, los mejores cantantes… El superlativo en algo que no se puede medir ni pesar… Absurdo. Pero sí que es factible resaltar, elevar, el hecho de que un grupo o cantante sobresalga o ensarte discos o conciertos de gran calado. Y ahí, en lo destacable, en el cielo de los grandes ‘acts’, que dirían los sajones, estaría, a mi parecer, Russian Red, de lo más notable en el panorama pop actual de España. Sus dos primeros discos apuntaban alto, eran, cada uno en su momento y con los medios que se grabaron, dos buenísimos discos de pop-folk, pero con este tercero ha alcanzado el sobresaliente, el asentamiento como grupo de futuro y ya se verá si no masivo. Estamos ante un manojo de deliciosas canciones pop, todas destacables, una producción espectacular y ante una voz supinamente preparada, con una gran riqueza de matices y una dicción pop limpísima, angelical.

Portada Rolling StoneSorprendentemente la dulce Lourdes Hernández, esa chica madrileña de 28 años con aspecto de niña de instituto, se medio destapa físicamente en varias revistas e incluso protagoniza una insinuante portada en el Rolling Stone. ¿Epidermis al aire para vender un disco? ¿El viejo truco del sexo para llamar la atención? Es posible y allá cada cual si engancha ese cebo para pasar por caja. Porque lo esencial, y en eso hay que quedarse, es que Lourdes, o su alter ego Russian Red, ha confeccionado un tercer disco de pop-rock, ‘Agent Cooper’, de gran categoría pop, con estupendas canciones, muy directas y magnéticas, canciones que atrapan a poco que uno tenga especial devoción por el pop y las melodías, canciones que, por la producción, se distancian de aquel folk inicial y en las que paradójicamente, frente a esos destapes físicos con que ha sorprendido, está más arropada musicalmente que nunca.

El impacto de Los Angeles a donde Lourdes se trasladó a vivir y donde ha grabado el álbum ha sido determinante en esta metamorfosis física, psiquíca y musical. Conducir por las calles y bulevares angelinos así como impregnarse de la rica escena musical de la ciudad le ha llevado a hacer un repaso literario de los hombres que “le han inspirado en su vida”, según ha dicho, y musicalmente a marcar las guitarras eléctricas, a explorar en los efectos técnicos (delays, reverbs, distorsiones…), olvidarse de las acústicas y envolverse en una superproducción sonora de la que son culpables sus músicos y una triada de manitas norteamericanos del estudio y de la mesa de mezclas: Joe Chiccarelli (The White Stripes, The Strokes, Morrissey, My Morning Jacket, U2, The Shins, Brian Wilson, Beck o Mika) como productor, Mark Needhan (The Killers, Fleetwood Mac, Bloc Party, Blondie, Chris Isaak) en las mezclas y Emily Lazar (Vampire Weekend, Björk, David Bowie, Lou Reed) en la masterización. Menuda aportación la suya a este disco.

Todos ellos han proyectado en gran pantalla esta superproducción musical española que a lo que menos suena es a española, por el buen inglés que siempre utiliza la madrileña en el canto, por el lujo de la grabación y por la espectacular fineza de la envoltura musical. Lo que sería poco, o menos, relevante si esta alimenticia envoltura no contuviera a la hermosa y timbrada voz de Lourdes, que si ya en ‘I Love Your Glasses’ (2008) y ‘Fuerteventura’ (2011) demostró su solvencia vocal aquí se supera en unos ejercicios de registro casi circenses. Solo ella y, claro, Eva Amaral pueden ofrecer este tipo de saltos mortales en España.

Con ecos de Twin Peaks, Badalamenti y Julie Cruise y con tinturas esporádicas del pop sintético de los primeros ochenta (John Michael’) o de guitarra ‘juanvaldiviana’ (‘Xabier’), el tono general del álbum, etéreo, sensible y fugazmente enérgico, evoca el elaborado pop inglés de finales de los ochenta, aquel que practicaban House Of Love, Inmaculate Fools, James… Algo no buscado pero real, o al menos a mi me ha venido a la memoria aquel sonido de entonces. Pop carnoso con piel femenina, pero sonido totalmente irreproducible en directo, que es lo peor que tiene este disco.

No es Russian Red, en fin, el mejor grupo español actual, pero sí uno de los más notables, uno de los más representativos de lo más granado que hoy pueda escucharse en España en el terreno pop-rock, un grupo por el que, por sus tres discos, merece la pena someterse a una investigación de aquel inquinoso agente Cooper de Twin Peaks, en el que precisamente se ha inspirado Lourdes, devota de la serie.

Casper, el primer single:
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Y tres piezas de las que se quedan en la memoria:
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