Ex Hex, furor femenino

Desde los grupos pop spectorianos de los sesenta y especialmente desde las cinematografiadas The Runaways, los grupos femeninos de pop y rock han sido y siguen siendo más abundantes de lo que se piensa. Sin entrar en listados ni en regresiones, paso directamente al grano con este reciente trío de Washington que de manos de una veterana como Mary Timony (perteneció a Helium, Sleater-Kinney y Wild Flag) ha debutado con un álbum, ‘Rips’, que acude al punk y al power-pop para abastecerse de inmediatez y frescura, algo que trasvasado al directo debe ser sudor a caños. Algo así como unos The Beat cruzados con Richard Hell en femenino y con los Ramones iluminando la escena y las Go-Go’s y Pretenders apuntándose a la merienda, vamos que en los 80 hubieran sido una verdadera bomba.

Sonido crudo y muy físico, con las chicas haciendo coros continuamente y con las guitarras ardiendo pero muy controladas. Y con detalles curiosos como esa indisimulada y pegajosa afloración del ‘Sweet Jane’ velvetiano en ‘Hot & Cold’. Música, en fin, sin muchas pretensiones, pero oye que alegra el ánimo cantidad. A ver la continuidad que tiene el furor de este trío femenino. Por lo pronto, ahí va el primer vídeo del álbum, ‘Waterfall’, una fábula marciana ideada por el caricaturista neoyorquino M. Wartella que no se esconde a la hora de definir su trabajo: “El vídeo narra la historia de tres buenorras rock’n’roleras del espacio que invaden Washington DC”. Pues a dejarse raptar.


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Diana Krall, sirope de récord

Me temo que por estos lares blogueros no hay excesiva devoción por Diana Krall, pero aún así muevo ficha y me vuelvo a ocupar de ella. A mí, pese a sus fugas del jazz, me gusta esa dualidad para el canto y el piano que posee, más desde que la vi en directo en la sala Mozart hace unos años, mostrándose como jazzista pura, y luego conseguí unas grabaciones de sus primeras actuaciones en el Auditorio de Zaragoza, cuando todavía era una desconocida. Además es la artista jazzera con más tirón mediático del momento. Y si no, hechos: la semana pasada alcanzó el número uno de ventas en España. Récord insólito. No se tiene noticia de semejante éxito comercial en el pasado, salvo que la memoria me traicione y Norah Jones consiguiera el mismo trofeo, cosa que no creo que haya ocurrido. Será cuestión de revisar las listas de Afyve, cosa que he intentado pero es tarea muy laboriosa.

El jazz, ya se sabe, es música minoritaria que no alcanza los estándares de popularidad del pop o del rock para encaramarse en la cima de los gustos hispanos, pero ahí está ella, la protagonista de la hazaña: Diana Krall. Mas conviene aclarar de inmediato: el disco con el que la canadiense ha logrado llegar al número uno no es un disco de jazz, es un disco pop. Diana, como saben los conocedores de su trayectoria, no es una artista de jazz al uso. Su carrera, impulsada por el influjo familiar de un abuelo y un padre pianistas, ha transcurrido por la pista jazzística pero en los últimos tiempos lleva saliéndose de ese carril con descaro, no se sabe si para probar con otras músicas o para ampliar su popularidad. Sin ir más lejos, en 2009 abordó la música brasileña en ‘Quiet Nights'; en 2012, con ‘Glad Rag Doll’, retrocedió a los años 40 para recordar la colección de discos de su padre y ahora, con el disco que ha logrado el primer puesto en España y otros países, ‘Wallflower’, ha querido evocar las canciones que en su niñez escuchaba en la radio.

Es un disco pop, un disco de versiones que ella ha envuelto en una nube de azúcar. No serán pocos quienes soplen contra esa nube: los violines aplastan al piano, sumiendo al álbum en un baño de sirope. Algunos críticos americanos la han fusilado por ello, si bien es más culpa del productor que de ella, aunque a ella le ha encantado la decisión, máxime no habiéndose ocupado del piano por vez primera en su carrera debido a que necesitaba concentrarse mucho en la interpretación, según ha comentado.

Al mismo tiempo, otro de los signos distintivos del disco es la fuga que la cantante hace en algunas canciones, marchándose por derroteros distantes de las versiones originales. El más preclaro: ‘California Dreamin’. Nada que ver con la original de The Mamas & The Papas. Se han eliminado las floridas armonías vocales y el fondo se ha tapizado de cuerdas. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Bien es cierto que Diana conoció esta canción a través de José Feliciano. Luego, siguen versiones de Gilbert O’Sullivan, Eagles, Elton John, Dylan, a quien corresponde la canción que da título al disco y más brilla, y hasta una inédita de Paul McCartney, completando así su ‘Pin Ups’ particular. Los puristas fruncirán el ceño, si no braman, pero el álbum no deja de ser un eficiente bálsamo. Y a la vez, un atípico cohete para disparar a una jazzista al número uno de ventas en España. Algo nuevo totalmente por estos pagos.

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Sergio Gisbert, el doble zaragozano de Springsteen

Queen, Pink Floyd, Beatles, Héroes del Silencio… siguen con vida física. Claro, doblada. Fotocopiada carnalmente por las bandas tributo. ¿Una moda? ¿Un entretenimiento pasajero? No parece, a tenor del tiempo que llevan prodigándose e incluso dedicándose profesionalmente a ello; algunas, con unos montajes técnicos que ya quisieran muchos grupos de hoy. Y, por lo general, con una cercanía al modelo que da vértigo, por su fidelidad y por lo atinado de sus copias.

Una de estas bandas atiende al nombre de Spirits In The Night y su modelo es Bruce Springsteen. Está considerada como una de las mejores de Europa y su líder, quien ejerce como Boss, es Sergio Gisbert, zaragozano afincado en Cataluña, músico de larga caminata y devoción por el de New Jersey desde hace un buen puñado de años. Ahora, hasta ha publicado un disco que ha titulado ‘Loose Ends. A Tribute To Bruce Springsteen’s 78-80 Era’, es decir, un disco que rasca nada más y nada menos que en ‘Darkness On The Edge Of Town’ y ‘The River’.

Y ahí están ‘Jackson Cage’, ‘Prove It All Night, ‘Fade Away’, ‘Adam Raised A Cain’, ‘Factory’, ‘Racing In The Street’… y, cómo no, la litúrgica ‘Darkness’. Además, piezas de aquella época que no salieron en los dos discos mentados pero sí en la caja de inéditos, ‘Tracks, que se publicó en 1999. Y como propina fuera de época, la emblemática ‘Thunder Road’. Catorce piezas en total.

Sí, Gisbert es un versionero, aunque tiene su vida propia como artista, y muy apreciable, por cierto, pero usemos la razón no para mirar despectivamente sino para valorar la valentía de meterse en la piel de otro artista y no solo salir despellejado, sino con la cabeza alta. Y el zaragozano, a través de esta grabación doméstica –las bases musicales son de esas típicas prefabricadas que se venden al retail, pero fieles y eficientes, y la voz grabada ¡en una sola tarde!- sale bien parado e incluso algo más, porque hay que ver (oír) cómo en este disco no es que clone al mismo Springsteen pero sí lo fotografía con una veracidad pasmosa, haciendo gala de sus registros vocales con un rigor increíble, cogiéndole el tono certeramente. Cosa nada fácil, como puede imaginarse. Cuántos no quisieran hacer esto mismo simplemente por empeño personal o por divertirse un rato con los amigos…, pero ni en broma

Es verdad y sobra decirlo que reunir las canciones originales en un cedé sirve para derrotar a Gisbert y a quien se atreva a imitar al Boss, mas como muestra de las habilidades del zaragozano y a la vez para disfrutar un par de horas a su lado en ausencia del ídolo principal es más que suficiente. A fin de cuentas, no se le busquen tres pies al gato, de eso van las bandas tributo.

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Madonna, ¿filtración o márquetin?

Otra vez, Madonna. Huele a chamusquina. No ya por la unidad de quemados en sí que es su vida discográfica, que es tema aparte, sino por las filtraciones. En 2012, meses antes de publicar ‘MDNA’, afloró en Internet una de las canciones del disco y se armó la mundial, y nunca mejor dicho, porque el asunto llegó a las cuatro esquinas del globo.

Increíblemente, se atribuyó la filtración a un fan zaragozano. Una broma que no había por dónde cogerla: ¿desde Zaragoza alguien saquea el ordenador de la diva y le chupa una canción? No hay quien se crea la historia. La filtración tuvo que salir del propio entorno de la cantante, si no fue de ella misma, que todo podría ser, conociendo su ambición rubia y su poder de control, por no decir su determinación para cualquier cosa con tal de lograr sus fines personales. No se me olvidará nunca la frase de un ejecutivo medio de la CBS en Nueva York, camino de un concierto de Bruce Springsteen en el Giant Stadium, en 1985: “Yo he follado con Madonna”, reveló. En cualquier biografía de la diva se retratan aquellos primeros años suyos en la Gran Manzana humedeciendo sábanas de cualquiera que le pudiera acercar a una buena discográfica. Había dejado atrás una dura adolescencia y su objetivo rayaba en la paranoia: triunfar. Lo consiguió, en efecto, y ahora no parece satisfecha con esa corte de nuevas reinas que poco a poco la van bajando del pedestal. Contra ellas y en su interés propio, cualquier cosa. Incluso montar la farsa de una filtración para ganar publicidad. No digo que esto sea así, que sea real, pero deja muchos interrogantes.

Cuando se produjo la primera filtración y se señaló al fan zaragozano, la reina, atacada de los nervios o simulándolo, envió de inmediato a la ciudad a una de las mejores tropas de abogados españoles -los Garrigues Walker- a por el osado filtrador, y enseguida le cayeron querellas como tortas. El presunto filtrador se defendió como pudo de las garras de los abogados, que contraatacaban sin éxito cada sentencia (había suculento bocado, amigo). Finalmente, el acusado salió absuelto.

Ahora, ante el nuevo álbum, ‘Rebel Heart’, vuelve a repetirse la historia, pero a lo grande, en cascada. No una sola canción, sino el álbum completo en tandas. La señora echa sapos y culebras y llega a calificar la acción como ‘acto terrorista’, algo que rectifica pocas horas después: es claro que ambas magnitudes no son equiparables. En esta ocasión se señala a Israel como base del filtrador, un tal Adi Lederman, ya detenido. Y por allí andará, se supone, otra legión de abogados dispuestos a fumigarlo… ¿Qué puede pensarse? Es posible que alguien haya robado esas maquetas, incluso desde tan lejos si se trata de un hacker avezado, ¿pero puede ser una estrella de su altura tan incauta como para almacenar esas canciones en un ordenador conectado a Internet? No cuadra. Así que ¿por qué no pensar en otra nueva y malévola operación de márquetin? Muy barata, además. Y con más difusión global que la campaña más grande que una firma de prestigio pueda diseñar.

Huele mal. Bowie, Beyoncé y U2 guardaron bajo siete llaves sus últimos discos, nadie supo de ellos hasta el mismo día que, por sorpresa, los dieron a conocer. ¿Sabiendo su poder controlador, no pudo Madonna haber hecho el mismo blindaje? Es verdad que un disco en ciernes puede tener muchos puntos de fuga, pero también es verdad que hay medios para tapar esos escapes. Ahí están, insisto, Beyoncé, U2 y Bowie. La diva no debió darse cuenta de los agujeros, lo cual es una ingenuidad, o quizá ella misma o su entorno cogieron la picoleta para hacerlos más grandes. Todo muy sospechoso. Cada cual que piense lo que quiera. Lo que está claro es que, filtrase quien filtrase, Madonna ya tiene hecha la campaña promocional: todo el mundo sabe que está a punto de editar un nuevo disco. Objetivo básico conseguido. Y de forma gratis y global. Por mucho que pregonen los alarmistas, son más los beneficios que los daños. Y es que ni la mejor campaña que le pudiera preparar su discográfica, más en estos tiempos de recortes y crisis, obtendría semejantes frutos. Por otro lado, ¿una filtración va retener al verdadero fan a no comprar el disco? No. Me temo que ya se estará estudiando esta nueva y malévola fórmula publicitaria en las escuelas de márquetin.

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Insólito: Belle & Sebastian bajo la bola de espejos

Si hay un grupo de la hornada indie que en las dos últimas décadas ha cultivado y detentado como nadie la sensibilidad y el buen gusto, el pop de orfebrería, ese es Belle & Sebastian. En una entrada de 2011, a raíz de su álbum ‘Write About Love’ resaltaba la exquisitez, la sensibilidad a flor de piel de estos escoceses liderados por Stuart Murdoch, un tipo de aspecto enfermizo y frágil que pasó toda su juventud encerrado en casa por culpa de una enfermedad neurológica grave –encefalomielitis miálgica- que provoca mucha fatiga, dolor muscular, intolerancia a la luz e incluso hiperacusia o rechazo a los sonidos altos. Un tipo a su vez obsesionado por la Literatura y por las canciones pop, hasta el punto que asegura que “hay una línea que conecta a Bach, a Mozart y Beethoven con el mejor pop”.

Tal vez por ello, su discografía, iniciada en 1996 con ‘Tigermilk’ y que ya camina por su novena entrega, está inflamada de textos refinados y canciones suaves y melancólicas en las que relucen las armonías vocales, los dibujos de trompeta, las pinceladas de cuerdas, el bucolismo no exento de ritmo bailable y especialmente las melodías, tan sencillas y directas, tan pegajosas que las convierten en encantadoras. El trabajo, en definitiva, de un grupo que hace pie melódico en el pop de los 60 pero nada con soltura de campeón en aguas actuales.

No debería calificarse de sorpresa, puesto que ya en aquel primer disco había una ‘verruga’, como él califica ‘Electronic Renaissance’, metida con calzador en medio del bucolismo del resto del álbum, o aquel ‘White Collar’, de ‘The Life Poursuit, en el que fusilaba el discotequero ‘Son Of My Father’ de Giorgio Moroder, por no esquinar las canciones de baile que aparecieron en el recopilatorio ‘The Third Eye Centre’, pero sí hay que decir que los escoceses han dado la vuelta a sus sonido habitual colocándose bajo la bola de espejos en su más reciente disco, ‘Girls In Peacetime Want To Dance’, publicado hace unas semanas. Pop de baile que dio la voz de alerta con el aperitivo de ‘The Party Line’ y su toque funky y que ahora tira de espaldas con ‘Enter Sylvia Plath’, puro dance entre Fangoria y aquellas dos seductoras hispano germanas que se comieron la pista de baile en los setenta, Baccara.

Nadie diría, con estas alusiones, que estos son los Belle & Sebastian de siempre, o tal vez sí, pues aunque ‘las chicas quieran bailar’, afortunadamente los ‘sebastianes’ muestran destellos de su melancólica luminosidad y finura hasta en algunas de las bailables, caso de ‘Play For Today’ o la misma ‘The Party Line’. E incluso en esa rara ‘The Everlasting Muse’, con salpicón balcánico-ruso. Mas conviene afirmar bien alto que Stuart y compañía no han nacido para el baile hortera sino para la orfebrería y, afortunadamente, esta brota en abundancia: ‘The Cat With The Cream’, ‘Today’, esa simulación del ‘Sweet Jane’ velvetiano que trasluce ‘Ever Had A Little Faith?’ y sobre todo en ‘Nobody’s Empire’, la apertura del disco en la que, en medio de un hirviente optimismo pop, Stuart recuerda la gravedad de su enfermedad de juventud, que al parecer ha superado totalmente.

No, no es el mejor disco de los escoceses, que por ahí anda un ‘The Life Poursuit’ con la preciosa ‘Another Sunny Day’ y ese curioso toque glam que brota por algunas esquinas del disco, o el anterior ‘Write About Love’ (2010), y cómo no, el más completo de su discografía, ‘If You’re Feeling Sinister’ (1996), pero vuelve a ser otro delicioso disco de pop sensible, divertido y actual. Aunque tenga ‘verrugas’.

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Dylan y Sinatra, incompatibles

Me temo que Bob Dylan y Frank Sinatra son caracteres musicales incompatibles. Personalmente parece que tuvieron una relación cordial, pero fue tardía, ya cuando Sinatra reconoció que el rock’n’roll, en el que incluía a todos quienes se salían del típico sonido Tin Pan Alley, que durante los 40 y 50 dominaba las ondas y los circuitos musicales norteamericanos, era menos rudo, bruto y hasta nauseabundo de lo que expresó a finales de la década en que nació el género.

Pero, pese a aquel desprecio inicial que Sinatra dejó reflejado en octubre de 1957 en la revista francesa Western World, la ilusión y el deseo de Dylan, como reveló en 1997 a través de Newsweek, era hacer algún día un disco con él, cantando canciones de Hank Williams. No pudo ser, aunque al de Minnesotta no se le fue nunca de la cabeza la idea. Y ha sido ahora, aprovechando ese espacio de retromanía, que diría Simon Reynolds, en que lleva moviéndose desde 2001, desde que editó ‘Love & Theft’, cuando ha cuajado su deseo; aunque, claro, sin Frankie al lado, sino simplemente recurriendo a su repertorio.

En ese ancho espacio de retromanía, menudeando por el famoso American Song Book, Dylan ha generado jugadas fructíferas, incluso se diría que maestras, como el citado ‘Love & Theft’, ‘Together Through Life’ o el penúltimo, ‘Tempest’ (no, en ‘Modern Times’, apropiándose descaradamente de piezas de Muddy Waters, hubo menos fortuna). Ahora, esa fiebre por el pasado le ha llevado, por fin, a Sinatra, grabando diez canciones suyas, o por mejor decir, interpretadas por él, en el álbum ‘Shadows In The Night’, que se editó el pasado martes, y la jugada ha resultado menos jugada maestra y más boliche de feria. Vocalmente y artísticamente son, insisto, se pongan como se pongan los defensores de este nuevo trabajo ‘retromaniaco’, dos caracteres incompatibles.

A Sinatra, que, como decía antes, miró despectivamente a aquellos músicos jóvenes que en los 50-60 le arrebataron la peana musical (Elvis, Dylan, Los Beatles…), le han parafraseado, versionado y hasta clonado decenas de artistas; sin ir más lejos, los más populares Jamie Cullum, Michael Bublé o Harry Connick Jr, por no olvidar en otro nivel al zaragozano Salvatore Stars, pero todos, con más o menos rasguños e incluso heridas graves, se han despeñado. La Voz era y sigue siendo única. Nunca salió del swing y las baladas, pero en lo suyo era imbatible.

Y a lo que se ve, lo sigue siendo ante un peso pesado como Dylan. ‘Shadows In The Night’, centrado exclusivamente en las baladas, es un disco sin alma, plano, pobre. Suena más a capricho que a verdadero empeño por entregar una obra memorable, como tantas jalonan su discografía. Es su disco más insólito, junto al de villancicos; también el más mediocre. Por favor, Dylan canta a su manera, su voz es fea y aburrida para muchos, aunque con ella ha hecho durante 50 años auténticos malabares, pero no es la voz más recomendable para embutir las canciones de Frankie.

Basta con acudir a cualquiera de las 10 baladas, pero especialmente a ‘Stay With Me’ (¡qué dislexia en la modulación, cantando a trompicones!), que ha exhumado en este breve disco de apenas 35 minutos para darse cuenta de la distancia sideral. ‘Bob Sinatra’ desnaturaliza el modelo, lo enseña sin relieve junto a un sobrio quinteto con apenas presencia musical, sin brillantes planos sonoros, alejado de la voz y con soporte tenue en la pedal steel. Amuerma. Asegura Dylan que Sinatra es la montaña que hay que escalar aunque solo hagas una parte del camino. Suficiente para despeñarse.

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Vivere Memento, el pasado lejano bajo la luz del presente

Vamos con música de una sensibilidad extrema, pero con muchos años, siglos, encima. Música sin fronteras, como es lema de este blog, siempre y cuando transmita emociones y esté creada con inteligencia, buen gusto y sentimiento, cual es el caso.

Un acreditado investigador musical, productor, multiinstrumentista y compositor (Luis Delgado), un guitarrista impecable (Joaquín Pardinilla) y una voz celestial (María José Hernández) configuran el trío Vivere Memento. El primero es madrileño del barrio de Chamberí, y los dos segundos, como bien sabrá la parroquia local, zaragozanos. Los tres han creado este proyecto para interpretar música sefardí, cantos medievales y tradicionales de Aragón… Noooo, nadie retroceda. La forma en que lo hacen es mirando al pasado pero también al presente. Como dice Luis Delgado, reavivando esta música tal y como les pide su percepción actual, en la reafirmación de que estas canciones no pertenecen a ningún tiempo ni a ninguna época pues la música, sentencia, es de cuando sucede.

Y con esta visión, el trío, no solo afronta los conciertos que ya ha dado, sino fundamentalmente el disco reciente que, con el título del proyecto, ‘Vivere Memento’ (Acuérdate de vivir), ha editado bajo el paraguas de la pasión y el riesgo que es en estos tiempos el de la autoproducción, única forma, o casi, de sacar adelante estas aventuras tan singulares, tan valientes.
Vivere Memento

Y así, suenan en este disco, subtitulado ‘Música antigua a la luz de nuestro tiempo’, viejas canciones sefardíes como ‘La calleja Matalón’, ‘Yo me acodro’ y la ‘Comida a la mañana’ que, según Delgado, un sabio de la música tradicional hispana al que conocí hace muchos años, cuando se dedicaba a promocionar apasionadamente los sabrosos manjares que RCA editaba dentro del sello Rabel, están recogidas en los ‘Chants Judeo-Espagnols’, que publicara Isaac Levy en 1955. También se incluye una versión de ‘Las tres hermanicas’, recogida en los textos de la intelectual sefardí Laura Papo, así como ‘Está Rachel lastimosa’, según la versión de Susana Weich-Shahak en 1979, y según datos, insisto, del sabio Delgado.

Dos de los tres grandes cancioneros aragoneses, el de Arnaudas y Mingote, aportan piezas como ‘La rueda de la fortuna’, ‘Despedida’, ‘Mayos de alba’ y ‘Romance llamado moro’. Asimismo, el romancero popular aparece a través de ‘El enamorado y la muerte’, basándose en los textos de ‘Flor Nueva de Romances Viejos’, que Menéndez Pidal editó en 1928. También se incluye la popular ‘La mañana de San Juan’, según versión publicada por Diego Pisador en 1522 en su ‘Libro de música de vihuela’, y un cantiga gallega de amigo, del trovador gallego Martín Codax, ‘Ay ondas que eu vin veer’. Pero la cumbre vocal del disco, por el exquisito registro sacro de soprano, hasta ahora inédito, que María José Hernández luce, es el vírelay ‘Mariam Matrem’, contenido en el códice ‘Llivre Vermell de Monserrat’, un códice del siglo XIV salvado de las llamas por pura casualidad. María José está aquí inmensamente lírica y exquisita.

Ella misma me explicaba en las páginas de Heraldo el sentido de estas canciones y de este disco: “No tiene ningún talante historicista, sino de recreación de esas melodías maravillosas que han perdurado en el tiempo y que siguen emocionando a quien las escucha después de 500 o 600 años”.

No es pues este un disco inclemente, pese a los aires intelectuales que puedan envolverle y a la pátina del tiempo que oxida aparentemente el Arte. Basta con afilar un poco la sensibilidad y las ganas de escuchar algo fuera de lo cánones sonoros que a diario nos rodean para gozar con Vivere Memento. La voz de María José es un antídoto de hermosura y calma para tiempos de ruido, y la panoplia de instrumentos que tanto Pardinilla como Delgado manejan, desde guitarras a mandola, zanfona, oud, santur, saz, viola amarantina, mandolina, bandurria…, le dan a cada pieza una tersura y unos colores de gran riqueza a la vez que, por mor de la tecnología actual y de la electrónica muy comedida, un punto de actualidad.

Muchas veces me pregunto si los norteamericanos contasen con este bagaje y con este pasado tan largo y espeso como el europeo, y más concretamente con el hispano, qué no hubiéramos escuchado ya en el pop de las últimas décadas… Mejor, no hacer conjeturas y disfrutar de discos como este que nos ponen el pasado tan luminosamente cerca de los ojos y de los oídos que es imposible resistirse. Vamos, si se tiene un mínimo de sentido estético.

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¡Felices 20, Wilco!

Wilco cumple dos décadas. No es poco mérito en un mundo tan volátil como el del rock, y más en el del apartado de grupos si no indies, que grabó para Warner, sí de grupos de culto, casi minoritarios. Wilco representa el estandarte de la música alternativa americana de los noventa. Ha conjugado el clasicismo de Neil Young y Los Beatles con el experimentalismo indie y con unas estructuras armónicas poco confortables aunque ingeniosas y diferentes, mostrando que el rock no es un pozo agotado cuando hay ideas y talento. El aniversario se celebra con un doble recopilatorio y una extensa caja de piezas inéditas. Veinte años, a veces dan para mucho, como es el caso de este grupo norteamericano.

Wilco nació de las cenizas de uno de los grupos más ensalzados por la progresía rockera de los primeros noventa, de Uncle Tupelo, y al tiempo que ello ocurría se destapaba uno de los cerebros musicales más consistentes y creativos de la música pop de estos últimos veinte años, Jeff Tweedy. Nativo de Illinois, aun con sus problemas de salud –padece unos dolores de cabeza tremendos- y de sus adicciones varias, ha trabajado febrilmente: ha compuesto bandas sonoras, ha producido a otros artistas, ha perfilado una rutilante discografía con su grupo, ha tomado parte en el sugestivo proyecto de recuperación del legado inédito de Woodty Guthrie que Billy Brag emprendió con el proyecto ‘Mermaid Avenue’, ha trabajado en solitario y hasta se ha unido a su hijo para grabar un disco y salir de gira (mañana y pasado los tenemos en Barcelona y Madrid).

Ante Wilco surge de inmediato la dicotomía: ¿el grupo vaquero o el experimental? ¿El de álbumes como aquel fantasioso doble heredero de Neil Young y los Flying Burrito, ‘Being There’, o el del enrevesado ‘A Ghost Is Born’? Va en gustos y ahí están quienes siguen sacando el botafumeiro ante aquel doble, lleno de country y soul, o aquellos que se aferran a la fase experimental de ‘Yankee Hotel Foxtrot’ (2002) y el citado ‘A Ghost Is Born’ (2004), fase de la que en Zaragoza quedó señal en la sala Oasis, en uno de los conciertos más memorables, se dice, celebrados en la ciudad en años y cuya señal de aquel momento se recogió en el directo ‘Kicking Television: Live In Chicago’, con un monumental Nels Cline a la guitarra.

Pero quizá lo mejor sea obviar esa dicotomía y verla como las dos caras, por muy diferentes que sean, de la misma moneda, la de un grupo inquieto que no solo le ha dado la vuelta a la música tradicional americana, sino que ha hecho de la experimentación y el ruidismo una marca.

Toda esta gran fotografía musical puede contemplarse a tamaño reducido en el doble álbum, ‘What’s Your 20?’, publicado recientemente con motivo de este 20º aniversario, un recorrido por sus nueve álbumes, añadiendo varios picotazos en los sabrosos ‘Mermaid Avenue’. Los recopilatorios, ya se sabe, no dan la imagen nítida y completa de un artista, aunque son puertas muy adecuadas para entrar en sus mundo creativos. Este, sin duda, lo es, toda vez que recoge todas y cada una de las fases creativas de Wilco, desde su primer álbum hasta el último, desde ‘A.M’, del 95, al último hasta ahora, el fenomenal ‘The Whole Love’ (2011), con doce minutos de gracia en una tristona ‘One Sunday Morning’ y Radiohead o Los Beatles asomando sus alas por el disco, pasando por el obligatorio ‘Being There’ y su amoroso country-rock, con el que básicamente empezó a darse a conocer, y, cómo, no, por el aún más obligatorio ‘Summerteeth’ (1999), los citados anteriormente y más experimentales, ‘Yankee Hotel Foxtrot’ (2002) y ‘A Ghost Is Born’ (2004) -donde se mezclaban temas intimistas con desgarrados latigazos eléctricos hasta debocar en paranoias intragables como los doce minutos de ‘ruidito-hormigonera’ adosados a los tres de la introspectiva ‘Less Than You Think’- y siguiendo por ‘Sky Blue Sky’ (2007), ‘Wilco (The Album), de 2009.

Para ello Warner, cosa que no suele ser muy corriente, ha recurrido a sellos ajenos como Nonesuch y al propio de Wilco, dBpm/Anti, haciendo así el trayecto completo por su discografía. Bien es cierto que falta presencia del excelente doble en directo ‘Kicking Television’ o de ‘Sukierae’, el álbum grabado el pasado año junto a su hijo de 18 años. Pero los más entregados pueden atracarse con una caja, ‘Alpha Mike Foxtrot: Rare Tracks 1994-2014’, con cuatro cedés, 77 piezas inéditas que Wilco dejó por el camino. Son restos, pero hay grupos en los que los restos suenan a gloria. ¡Felices 20!

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Adiós al Roscón Rock

Ayer, festividad de San Valero y como marca el dicho, el cierzo ventoseó Zaragoza de lo lindo y se llevó el Roscón Rock. No deja de ser una pena la cancelación de una iniciativa tan original y atinada como esta, pero lo cierto es que hacía tiempo que llevaba dando signos de agotamiento e incluso de degradación de su idea primigenia, fundamentalmente desde que el Ayuntamiento lo absorbió como acto festivo del día en una de las incongruencias mayores que se hayan visto. ¿Cómo es posible que aquél contra el que fundamentalmente se protesta, aunque haya más entidades señaladas, te eche la mano por el hombro y se convierta poco menos que en mecenas mientras a cambio te da unas migajas y sobre todo no solventa los problemas por los que protestas? Hay que imaginar un alzamiento de voz así ante un conflicto laboral en una empresa, aunque sean similitudes exageradas: un acto incoherente, imposible.

Pero ha habido muchas más razones para que el cierzo se haya llevado el Roscón. Carlos Morte, su organizador, las resume para este blog, y se entiende su postura. Esto es lo que alega:

“En realidad, no es que se haya cancelado, simplemente, yo he dejado de organizarlo, y nadie ha tomado el relevo. El primer año lo organizó ACMMA, y el segundo Luis con un montón de músicos que venían de ahí, a los que yo me uní a ellos para ayudarles. Si el tercer año no me hubiese encargado yo de organizarlo, ahí se habría acabado la historia, pero seguí al frente durante los últimos 8 años, los primeros con ayuda, que iba disminuyendo cada año, hasta que ya los últimos lo tuve que sacar adelante yo solo…

Hace dos años ya tomé la determinación de dejar de organizarlo, lo avisé a los grupos que participaron en dicha edición, y animé a que alguien se pusiera al frente, para ayudarle en esos años, pero no hubo suerte. El año pasado, comuniqué que lo dejaba por distintos medios, sobre todo a los 318 grupos que habían participado en alguna edición, al fín y al cabo, ellos han sido los protagonistas y los verdaderamente importantes. En este foro público, también publiqué el escrito donde lo anunciaba.

Puedo explicar algunos de los motivos que me llevaron a dejarlo, que han sido unos cuantos. Expondré los más significativos:
– El que más valoré fue todo el tiempo que estaba invirtiendo en los demás, del que además no sacaba un beneficio propio, y que podría dedicar a mi gente y a mi grupo, Segunda Piel. De normal no tengo tiempo para nada, y ya estaba en el límite de no poder llegar a tiempo a prepararlo.

- El segundo, todas las críticas destructivas (también las hubo constructivas, pero esas venían bien), y las faltas de respeto, alguna incluso grave, por parte de músicos, gente anónima, y alguno que otro que se escondía bajo seudónimos anónimos recién creados (no todos se atreven a dar la cara y decir lo que piensan abiertamente). Me cansé de aguantar a ese tipo de gente que solo buscaba destruir. Es mejor no hacer nada.

- Había grupos o músicos, que por tener un poquito de nombre, o veteranía, se creen que están en un nivel superior, que tienen que tocar en un mega-escenario con el mejor equipo de sonido, cuando lo que tenían que haber hecho es ayudar a los grupos que estaban empezando y aportarles su experiencia. No se dan cuenta que ninguno somos nada, que nuestro techo ya lo hemos alcanzado, y que la única manera de superarlo es ayudar a los que empiezan para que sean ellos los que lo superen.

- Los grupos que se apuntaban por tocar y no les importaba el sentido ni el porqué salíamos a la calle a protestar. Esto ayudó también a que muchas veces, no supimos, o no conseguimos transmitir el mensaje del porqué estábamos en la calle protestando, o de que esto lo organizábamos los músicos que participaban.

- Los políticos… Puedo decir que son de distintos colores aunque sean todos iguales, que les gusta hacerse fotos, que suelen recibirte, pero casi nunca te escuchan, y no suelen actuar con lo que te dicen. A sus hechos (o no hechos) de los últimos años me remito. Ah!! Y uno de ellos, el año pasado se estuvo mofando de todos nosotros, lo hizo en mi cara delante de toda la “Mesa de la Música”, para mí, tanto él como todo su partido perdió toda credibilidad en ese mismo momento…

- Y luego, esto repercutía también negativamente en mi grupo musical. Al menos con lo que respecta a Aragón Radio, la radio autonómica que pagamos todos. Desde el Roscón Rock siempre hemos hecho críticas constructivas o solicitudes de mejoras en todos los sectores, y este no fue uno menos, pero como yo era la cabeza visible y quien decía las cosas, pues imagino que eso no debe sentar bien. En los últimos 4 años sólo han querido poner nuestra música en 2 ocasiones, pese a haber estado activos, generado noticias, realizado conciertos importantes, y habiéndoles pasado material nuevo que nunca hasta la fecha han emitido. El último, se lo mandamos el pasado noviembre, perteneciente a nuestro nuevo EP “Daltónico”, y, hoy por hoy, sigue sin sonar. Que cada uno piense lo que quiera. Ya les pedí explicaciones de por qué actuaban así con nosotros, y lo que me dijeron no tuvo desperdicio. Al fin y al cabo, yo no soy NADIE para pedir a una emisora pública que suene un grupo aragonés, ¿no?

He tenido muchas satisfacciones, mucha gente que me ha ido ayudando a lo largo de estos años, muchos grupos y gente que me ha dado las gracias por lo que hacía, muchos objetivos conseguidos, pero al mirar la balanza… ya no me compensaba. Aunque sea impagable lo que se siente cuando concluía la jornada del 29 y con cada una de las cosas que se conseguían.

Tras estas explicaciones, y pese a todo, Morte considera que el Roscón ha sido un éxito, no un fracaso. “No tengo ninguna duda, desde el momento en que se ha conseguido mejorar un solo punto de los que hemos pedido estos años, que ya es un éxito. Además de todos los grupos que han participado, 318 distintos, y muchos de ellos repitieron, o la cantidad de gente que nos arropaba cada año, las calles estaban llenas de música y de público (eso haría falta en las salas), grupos que comenzaron ahí y después se han ido haciendo grandes, la camaradería que por norma general había siempre entre todos los músicos… Se han conseguido mejorar muchas cosas, así que me siento muy orgulloso de todo, porque yo he ayudado a ello, al igual que los que comenzaron esta historia, o cada uno que ha participado, o que lo ha anunciado, o que han apoyado la causa. Entre todos lo hicimos, y UNIDOS PODEMOS CONSEGUIR LO QUE QUERAMOS, todos los músicos, da igual lo que toquemos o cómo seamos, todos deberíamos estar unidos para mejorar las cosas”.

Interesa la opinión al respecto de uno de sus principales impulsores iniciales, de Luis Wasabi, quien asegura: “Ni frustración ni pena, yo lo resumiría en que la mitad de su vida, más o menos, funcionó bien y después perdió interés; es algo yo creo que lógico. También creo que al principio era algo organizado por mucha gente, y después sólo se quedó una persona, la fórmula no varió mucho, acciones un tanto discutibles, no sé, de todo un poco, yo creo que ha durado mucho y que le ha sobrado la mitad de su existencia, yo al menos en el momento que hubiera captado hostilidad o indiferencia al proyecto lo hubiera cerrado, no obstante he de reconocer que Morte ha tragado un montón de mierda y ahí ha estado, habrá acertado y se habrá equivocado pero el tío ha sido erre que erre. Lo valoro de forma muy positiva, nació de mano de la generación anterior de grupos que le pusieron mucha ilusión y funcionó, mucha gente se lo trabajó y es un mérito haberlo llevado hasta aquí, yo no habría sido capaz”.

En fin, RIP. La idea, ya digo, sobre todo, en sus comienzos, era tan insólita como positiva y estimulante. Si al menos se ha conseguido alguno de los objetivos planteados, pues, en efecto, habrá merecido la pena. Otra cosa es que el panorama siga pintando oscuro para aquellos que quieran hacer música en esta ciudad. No sé, por ejemplo, si algo tan necesario y evidente como que los grupos tengan posibilidad de tocar en los centros cívicos o de si hay acceso fácil al estudio de grabación municipal se ha conseguido. Igualmente si el Ayuntamiento cuenta con ellos en la medida que debe contar con ellos en sus ‘grandes’ programaciones, la del Pilar fundamentalmente. Para mí que, al final, con la absorción del Roscón como acto festivo y no reivindicativo, y pese a algún objetivo conseguido, el Ayuntamiento le ha doblado el pulso a los grupos y de camino a la música zaragozana. Vamos, que el polémico concejal Blasco habrá respirado hondo. Un marrón que se quita de encima, aunque parece que ha hablado de celebrar el Roscón el 21 de junio. ¿Qué será? ¿El Helado del verano? ¿La fiesta rockera del solsticio? ¿Quién lo va a organizar? ¿Él mismo para protestar contra sí mismo? Ideícas para cubrirse la espalda, y más en año electoral. Ya veremos lo que ocurre.

Y, por cierto, asumida la integración del Roscón en los actos festivos, y habiendo faltado este año la actividad, vaya programica tan rácano y desustanciado que se marcó ayer el concejal, más si se mira al pasado y a aquellos granados conciertos de la víspera de la fiesta en el pabellón Francés, en la carpa de la calle Moret… Ayer, los cabezudos, el tragachicos…, y vale. ¿Para esto o para unas fiestas del Pilar inaceptablemente, y contra los mismos principios socialistas, entregadas en lo musical y en otras parcelas al sector privado, es necesaria una concejalía de Cultura y Festejos y pagarle a su responsable en torno a los 70.000 euros anuales, o por ahí? Crisis, crisis, crisis…, ¿pero qué crisis?, se preguntaban Supertramp. Y se pregunta el vecindario.

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Aphrodite’s Child, la gloriosa prehistoria de Demis Roussos

Ha muerto Demis Roussos y, por supuesto, uno lamenta su adiós definitivo, pero obviamente no sería objeto de atención en este blog si no fuera por el pasado que tuvo en sus comienzos, en los sesenta, bien alejado de la comercialidad que desplegó después en solitario, especialmente durante la década de los setenta, en que se convirtió en gran figura del pop europeo con su estampa oronda, su larga pelambrera, sus túnicas imposibles, sus chalecos, sus altas botas y canciones como ‘We Shall Dance’, ‘Velvet Morning’ (la del ‘Triki Triki Triki’), ‘Forever And Ever’, ‘Goodbye My Love Goodbye’…, que sonaron abundantemente en discotecas, emisoras de radio y televisión. Material pop con toques griegos y mediterráneos, puro entretenimiento comercial.

Antes, sin embargo, fue completamente distinto, formando parte de Aphrodite’s Child, grupo oriundo de Grecia, aunque él había nacido en Egipto, en Alejandría concretamente, un grupo que se convirtió a finales de los sesenta en una de aquellas gloriosas y escasas anomalías musicales que saltó fronteras europeas sin carnet británico, como fue el caso de Los Bravos, Shocking Blue, el mismo Miguel Ríos o posteriormente los afamados Abba.

Hay que señalar con rapidez para quienes no vivieron la época que Aphrodite’s Child, en el militaban además de Demis Roussos, el batería Lucas Sideras y el luego famosísimo Vangelis, fueron alimento permanente y deseado de los famosos guateques de los sesenta en el tramo final de la década. Bombillas rojas y a buscar acercamiento y dermis femenina que las canciones de Roussos y su dulce, personalísimo y robusto falseto, junto a su colega Vangelis, cerebro compositor y genio avanzado de los teclados, mellotron incluido, invitaban radicalmente a ello, con el romanticismo y la sensualidad que derramaban. ‘Rain & Tears’, ‘End Of The World’, ‘It’s Five O’Clock’, ‘Spring, Summer, Winter & Fall’ y ‘Marie Jolie’ formaron el repóker ganador con el que calentaron aquellos guateques. Repóker al que habría que añadir ‘I Want To Live’. En los guateques y en las en las famosas sinfonolas, con este manojo de maravillosas canciones, cultivaron la fama que alcanzaron en la España del 68-71.

Lo que se desconocía entonces, porque solo llegaban los singles, era que aquellas amorosas canciones resultaban meras excepciones, brotes raros de una discografía atrevida e iconoclasta que apostaba básicamente por la psicodelia y la experimentación, por el rock progresivo que se diría después. Aún hoy, el primer álbum del grupo, ‘End Of The World’ (1968), que incluía la canción del título y la deliciosa ‘Rain & Tears’, cuesta digerirlo y no digamos entenderlo si en la mente queda, o quedó, solo el eco de aquella media docena de canciones.

Lo mismo ocurre con el siguientes álbum que el grupo griego grabó en 1969, ‘It’s Five O’Clock’, donde al lado de la excitante canción que lo titulaba y de la magistral y romántica ‘Marie Jolie’, aparecían ejemplos de serrería psyco-experimental como ‘Funky Mary’ o una perla de pop barroco psicodélico que también saltó a la fama, ‘Let Me Love Let Me Live’, aunque bien lejos de la seda del repóker. Otro álbum más incómodo de lo que podían sugerir aquellas canciones de amoroso terciopelo.

No digamos el último álbum que los griegos publicaron en 1971: ‘666’, una rara tableta doble y experimental, un disco conceptual basado en el Apocalipsis de San Juan, por el que circulaba un torrente de sonidos letánicos, extravagancias y exceso, como marcaba el reglamento del rock progresivo, desde canciones de rock a rezos, carreras de bajo y guitarra, soplidos caóticos de saxos, esquizofrénicos gritos moribundos si no sexuales de la actriz Irene Papas, delirantes epopeyas de 19 minutos (‘All Seats Were Occuppied’) o pasajes cósmicos con guitarras, sintetizadores y voces interestelares, vamos, lo que hicieron Tangerine Dream y luego Mike Oldfield. Un disco de difícil digestión, disperso, raro, sin embargo, hoy considerado como angular en el rock progresivo, que lo mismo se iba por ramas pinkfloydianas que pisaba terreno de King Crimson o Soft Machine y para el que el trío tuvo que ampliar plantilla, alquilando incluso al compositor Costas Ferris para que le echara una mano a Vangelis, un disco que deja atrás mucha experimentación, incluso actual. Aun con todo, y aparte del seductor nervio de ‘The Four Horsemen’, incluyó un hit europeo con aires blueseros: ‘Break’.

Hay que añadir que el trío no hubiera logrado plasmar esta música ni alcanzar el éxito que alcanzó si no hubiera trasladado su base de operaciones a París, donde se empapó de los efluvios psicodélicos y progresivos del momento a la vez que permitió que Vangelis se abasteciera con la tecnología puntera del momento. Igualmente allí, en la ciudad francesa, encontró la plataforma adecuada para llevar todas sus grandes canciones al continente europeo: el sello Vertigo, filial de Phonogram.

En fin, también es casualidad que Grecia salte a los medios en un par de días por sus elecciones (por la fatalidad de Syriza, dicen algunos), por el accidente de un avión militar y por la muerte de uno de sus músicos más notables y populares junto a Nana Mouskouri, Mikis Theodorakis o el citado Vangelis. Conjunciones astrales, que diría la ministra aquella.

El repóker y su propina:
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Sombrías expectativas discográficas para el 2015

Hecho el recuento de los discos más destacados del 2014, hay que mirar al futuro, a lo que puede llegar en este incipiente 2015, que, por ahora, confiemos que no sea tan frío como climatológicamente está empezando el año. Por lo leído y rastreado en Internet, no hay, a primera vista, un panorama muy goloso de nuevas ediciones.

Bien es verdad que aún es pronto para avanzar novedades y también que, capitidisminuidas las multinacionales, que antaño anteponían con bastante antelación trompeterío y gran fanfarria a sus lanzamientos, resulta difícil conocer con exactitud los trabajos que llenarán el escaparate discográfico de 2015. No obstante, ya hay algunos avisos.

El más sorprendente o llamativo, el de Bob Dylan cantando a Sinatra. Tras el insólito álbum de villancicos que dejó el de Minnesotta en 2009 será uno de sus discos más atípicos. Al tiempo, el más extraño o chocante. Sinatra no hizo excelentes migas con aquellos advenedizos que le pisaron el trono de la fama juvenil en los 50-60, o sea, Elvis, Dylan o los Beatles. Los aceptó pero miró de reojo: “el rock es nauseabundo”, dijo. Ahora, Dylan se encara a algunos de sus temas. Veremos cómo sale del trance, pero, por lo avanzado hasta ahora, no parece un destino cómodo.

Seguramente sí lo será la continuación que U2 le dará a ‘Songs Of The Innocence': antes de que salgan de gira tendrán en la calle un nuevo disco: ‘Songs Of The Experience’, que se antoja como un trabajo con raíces en los artistas que influyeron su madurez. Belle & Sebastian acaban de alumbrar álbum nuevo, como Decemberist o Pond, en el terreno indie. Y The Strokes y Libertines tomarán de nuevo la palabra en 2015, al igual que Noel Gallagher y Björk. Archive acaba de hacerlo.

En el jazz, por su popularidad mediática, hay que volver de nuevo la vista a Diana Krall, que, tras su enfermedad, sacará el aplazado ‘Wallflower’, en tanto que en el rock duro se rumorea nueva entrega de Metallica (ya toca) y en el dance Madonna y Rihanna vuelven a la carga. Springsteen anda por ahí rondando: hace meses su mujer, Patti Scialfa, adelantó que estaba grabando con una especie de mariachi mexicano, así que a ver por dónde sale, porque lo que sí está claro es que el Boss está con muchas ganas y con unas fuerzas increíbles para su edad. ¿Mala conciencia de haber espaciado tanto sus discos en décadas pasadas? No se le perdona, no obstante, que no haya dejado testimonio en DVD de una de las mejores giras de su vida, la llevada a cabo entre 2012 y 2014… Sí, ya sé que a algunos lectores de este blog se le ponen las uñas rojas con tan solo oír el nombre de Springsteen. Lo tienen bien fácil: cambien de sintonía.

En territorio hispano, hay anunciados discos de Dover, Supersubmarina y, salvo cataclismo nuclear, de Amaral. No espero grandes cosas del pop-rock español. Cada día, incluido el territorio indie donde abundan las medianías, por no decir discos insoportables, aunque bien jaleados por las revistas del género, que con algo han de alimentar su mal interpretada modernidad, cada día, digo, cae en picado. Salvo, honrosas excepciones, claro, es difícil encontrase con un disco medianamente potable. Vaya, que si ‘Resituación’, de Nacho Vegas, fue lo mejor de 2014 para alguna de esas revistas ‘modennas’, confirma lo mal que está el patio rockero patrio.

Mas en lo que no va a haber muchas dudas será en el aluvión de recopilatorios y reediciones que van a inundar el mercado. La industria sigue aferrada -qué remedio- a la explotación de los fondos de catálogo, por lo que en nada se verán dobles cedés con el título genérico ‘De cerca’ retratando a veteranos cantantes hispanos o unos interesantes sets de tres discos de una variada selección de artistas internacionales bajo el título de ‘Triple Album Collection’, amén de las seguras cajas recopilatorias. A ver si de verdad el escaparate se llena de vistosas novedades. Por ahora, la cosa no pinta demasiado bien, no resulta muy estimulante. Sombrías expectativas que a buen seguro, como las borrascas, se irán despejando conforme avance el año.

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¿Pero qué demonios tiene AC/DC?

Visto y no visto. En un pis pas, AC/DC despacharon aproximadamente 150.000 entradas para sus conciertos en España, allá por mayo-junio de este año. Dos Calderones y un estadio Olímpico ‘vendidos’ en minutos. Récord olímpico que añadir a los Springsteen, Rolling, U2…

¿Pero qué demonios tienen estos australianos para semejante tirón popular, y ya sesentones o casi (Angus pisa el seis el próximo 31 de marzo)? Toda su discografía, que no es corta precisamente, es un compendio, podría decirse, de canciones mellizas, tan parecidas unas a otras que configuran un largometraje una y mil veces visto.

Desde aquel primer álbum en Europa, ‘High Voltage’ (1976), al último, ‘Rock Or Bust’ (2014), este ‘gemelismo’ aflora permanentemente. Que me refresquen la memoria o me corrijan sus más fieles seguidores, pero no recuerdo una sola balada insertada en esos discos u otra pieza que se salga de ese carril que aúna el rock con el blues y el hard-rock, como, por ejemplo, trazaron ejemplarmente Led Zeppelin. No lo podrán hacer: como Ramones, AC/DC es el único grupo que no tiene una sola balada. Y al cabo de 40 años sigue explotando la misma fórmula, esa fórmula singular, maciza, que aúna aceradas melodías de tono cuasi hooliganesco con ritmos cañoneros, con esa voz etilizada, esa guitarra siempre rugiente y en primer plano y esa sobriedad sonora envuelta en una energía voltaica.

No hay más, sonido de acero, pero ahí está la sustancia, el quid: con estas armas tan elementales, los australianos conectan de forma inmediata con su público, ávido de sudor, vatios y diversión. Hablan de público de clase obrera, pero el precio de las entradas (75-80 euros) no es precisamente proletarial. Lo que significa que el rock y el heavy en particular son más transversales y menos clasistas de lo que se cree.

Luego, hay un factor cotidiano también notable: en el rock, como en otras artes y en tantos aspectos de la vida, hacer las cosas bien aunque se repitan cada día y siempre tengan el mismo sabor, como hacen el panadero o el churrero de la esquina, da dividendos; no siempre hay que colocarse al borde del abismo o subirse al alambre para el más difícil todavía. Desde los tiempos en que se trasladaron a la Inglaterra del punk, en la que le mojaron la oreja a los mismos Pistols, Angus Young y compañía siguen aferrados a esa fórmula. Ese es su éxito: la fidelidad a su sonido básico, a sus principios.

La fórmula es, por otro lado, tan segura y fiable, tan pétrea, que salvo la ausencia del colegial Angus no la rompería la espantada de cualquier otro miembro. De hecho, salvaron la muerte de Bon Scott con la entrada de Brian Johnson y estos mismos próximos conciertos es posible que solo toque uno solo de los miembros fundadores, exactamente el mismo Angus Young. Su hermano Malcom, el verdadero artífice del grupo en sus inicios, ha tenido que dejar la música por demencia, amén de problemas pulmonares y cardiacos, el batería Phil Rudd se las tiene que ver en juicio por la acusación de asesinato a través de un sicario, el bajista Cliff Williams es sustituto, aunque lejano, de Mark Evans, y el cantante Brian Johnson, como es sabido y ya se ha mencionado, sustituyó a Scott en 1980.

No importa, mientras el menudo Angus –quien, por cierto, con su 1,60, tiene que utilizar una Gibson de tamaño reducido- no falte en las filas del grupo, la supervivencia de AC/DC está asegurada. En él, en la energía que derrocha, en su estampa escénica de rebelde colegial, estampa que precisamente escogió como repulsa y burla a sus años escolares, en su pasito chuckberriano tocando la guitarra, en la sencillez que él y sus colegas transmiten de colegas barriales y en esos truenos sonoros que sueltan en el escenario y en los discos, aunque prácticamente todos tengan la misma intensidad y sean mellizos, en esa gratificante fórmula de fosilización del rock y en la pirotecnia escénica, estriba fundamentalmente el éxito de los australianos, el porqué de esas 150.000 entradas vendidas en España para los días 29 de mayo (Estadio Olímpico de Barcelona), 31 de mayo y 2 de junio (Vicente Calderón de Madrid). La furia bruta e inoxidable del rock apretando con hipertemia sanguinaria en la autopista al infierno.

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Los discos favoritos de 2014

Agotado el periodo vacacional de Navidad, ayer volví a la página discográfica de los sábados en Heraldo e hice el tradicional balance de cada año, en este caso obviamente del 2014. Un año que, pese a la crisis y a las exiguas ventas, dejó un caudaloso río de discos. ¿Imponentes? ¿De los que son capaces de cambiar el mismo curso de ese río? ¿Históricos como un ‘Sgt. Pepper’, un ‘Electric Ladyland’, un ‘Higway 61 Revisited’, un ‘In The Court Of The Crimson King’, un ‘The Dark Side Of The Moon’, un ‘Never Mind The Bollocks’, un ‘The Joshua Tree’, un ‘Nevermind’…? Lamentablemente, no. El nuevo milenio no está siendo precisamente generoso con el rock mayúsculo, en discos revulsivos. Pero sí fecundo en discos para guardar y volver a sacar de la estantería dentro de unos años con la seguridad de que van a producir de nuevo goces y disfrute.

El río de 2014 lo llenó fundamentalmente la música internacional, la de fuera. Más abajo, se muestra una lista de discos favoritos de quien suscribe y que han pasado por la página de Heraldo a lo largo del año. Obviamente, es una tabla subjetiva, como cada cual puede tener la suya, una tabla depurada y pensada, valorando sobre todo la musicalidad de esos discos, la implantación de buenas melodías y buen gusto en ellos, cuando no su capacidad de experimentación a la búsqueda de salidas para el pop y el rock, los dos géneros de los que se nutre básicamente esta página y, en general, el mundo musical. ‘Melophobia’, de los norteamericanos de Kentucky, Cage The Elephant, figura en la cima de la tabla internacional con su rock alternativo, mezcla de melodía, psicodelia, garajismo y algún brote de esquizofrenia…, Barret con Kaleidoscope, The Standells, Pixies, Strokes o Artic Monkeys.

El afluente nacional, pese a su caudal, derramó aguas turbias, dicho en plata, de discos intrascendentes, que el panorama, sobre todo el indie, es paupérrimo, vamos que no me dijeron nada discos como los de Nacho Vegas, Silvia Pérez Cruz, Los Punsetes, Ornamento y Delito, Tortel…, por citar unos cuantos que otros medios han destacado. Curiosamente, el que más me gustó, que fue el ‘Agent Cooper’, de Russian Red, lo dejaron en la cuneta. Rarito que debe ser uno.

Afortunadamente, la música aragonesa, y no es un sarpullido de chovinismo, dejó gotas más que refrescantes y limpias, con músicas muy variadas -marca de la tierra- que lo mismo se acicalaron en la barbería del flamenco que en la de pop, la psicodelia, el rock, el jazz, el rockabilly o la canción de autor. Muchas señales para recordar el 2014 con agrado.

He aquí la lista de los quince discos favoritos –ojo, que no “los mejores”, categoría absoluta, que, como ya he señalado en más de una ocasión, detesto- que más me motivaron en los doce meses pasados y de los que así dejé constancia en la página sabatina del Heraldo. Hala, a zumbar al muñeco…

INTERNACIONALES
1.-Cage The Elephant. Melophobia
2.-The War On Drugs. Lost In The Dreams
3.-Beck. Morning Phase
4.-The Fauns. Light
5.-Lana Del Rey. Ultraviolence
6.-U2. Songs Of The Innocence
7.-Neil Young. Storytone
8.-Ty Segall. Manipulator
9.-Swans. To Be Kind
10.-Eels. The Cautionary Tales Of Mark Oliver Everett
11.-Toy. Joint The Dots
12.-Russian Red. Agent Cooper
13.-Amy Ray. Goodnight
14.-Sharon Van Etten. Are We There
15.-Marianne Faithfull. Give My Love To London

ARAGÓN
1.-María José Hernández. Las uvas dulces
2.-Joaquín Carbonell. 1 vida & 19 canciones
3.-Bunbury. Madrid, Área 51
4.-Peabodys. Physicodelia
5.-Los Twangs. Are We Cool Enough?
6.-Las Novias. Invicto
7.-Bigott. Pavement Tree
8.-My Expansive Awareness. Uroboros
9.-Orquesta Popular de la Magdalena. Flamenco diásporo
10.-Olga y Los Ministriles. Es a veces amar
11.-Aragonian. ”… y 7 son 12”
12.-La Red. La jugada
13.-Zaragoza Feliz. Idem
14.-Despierta McFly. Utopías
15.-Gox Valdivia. El hombre…

Y os dejo con una de las canciones del año, la que abre el disco de Cage The Elephant, que ya coloqué en la entrada dedicada a este grupo de Kentucky:

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Vibraciones, la revista rock de los 70, el orgullo de Ángel Casas

Ángel Casas. A los viejos rockeros les sonará de un programa antediluviano de los setenta que emitía el segundo canal de TVE con la cabecera de ‘Popgrama’, al que siguió ‘Musical Express’, y al público general le vendrá a la memoria un señor de barba que en los 90 hacía entrevistas en un programa estelar de TVE, ‘Un día es un día’, que cerraba con un striptease. Obviamente, el curriculo de este profesional, que ha dedicado toda su vida al periodismo y a la comunicación, es mucho más que lo nombrado, pero estas son dos huellas laborales muy reconocibles y recordables en él.

Hace unos días, Ángel Casas comentaba, en una entrevista en Heraldo de Aragón, que se jubilaba el 31 de diciembre pasado. Ya lo habrá hecho. No sé a qué dedicará ahora su tiempo totalmente libre ni si seguirá fumando puros Davidoff a los que era tan aficionado, además de a la buena mesa, pero como le meta la turbina al cerebro no va a parar de remover recuerdos y aventuras musicales. Porque tiene donde sacar.

Y es que este periodista catalán, nacido en 1946 en Barcelona, donde se bregó mayormente fue en el mundo del rock (o ‘gock’, como tan peculiarmente y simpáticamente pronunciaba él por problemas de articulación con la r). Por ello, no extraña que en la mentada entrevista diga, pese a los picos de popularidad televisiva que tuvo con aquel programa rompedor, primero y único de los stripteases, que su mayor orgullo fue la fundación de la revista Vibraciones… Y ahí, pese a irritarme algunas veces por la superficialidad con que trataba determinados aspectos en Musical Express, lo que a veces le llevaba a meterse en charcos raros (glorioso el cabreo al que llevó a Chrissie Hynde preguntándole insistentemente por Akron, cuando ella estaba instalada desde años en Inglaterra), pues ahí, decía, me toca la fibra…

vibracionesVibraciones, con el subtítulo debajo de la cabecera de ‘La evolución musical de los años 70’, fue la revista musical por antonomasia de aquella década. Era el bebedero obligatorio al que cualquier buen aficionado al rock, pero también al folk, el reggae y otros géneros, tenía que acudir (acudía) obligatoriamente. Lucía un sano aspecto gráfico, excelentes fotografías de Francesc Fábregas, contagiosas secciones fijas… pero sobre todo contaba con la mejor plantilla periodística posible e imaginable en aquel momento e inimaginable hoy en día, en que por las revistas del género circula tanto vendedor de pócimas, tanto indocumentado y tantos aspirantes a literatos de mercadillo. En el ‘Vibrata’, como se le conocía en el mundo del ‘rock’n’rollo’, escribían Constantino Romero, Oriol Llopis, Claudi Montañá, Lluis Crous, José María Pallardó…, pero sobre todo Jaime Gonzalo, Ignacio Juliá, Antonio de Miguel, Jesús Ordovás, Julio Murillo… y, más aún, Diego A. Manrique.

En tiempos de tan abundante escasez informativa y de dificilísimo acceso a las fuentes musicales, aquella revista, que salía cada mes al precio inicial de 50 pesetas, era la Biblia, y más con aquella plantilla de redactores. Por supuesto, Disco Express había dejado una impronta imborrable y en los kioscos ya estaba Popular 1 cuando llegó Vibraciones, en octubre del 74, pero el ‘Vibrata’ era, como digo, un maná insustituible, información alimenticia de primera necesidad con aquella tropa de periodistas de categoría, la tropa que en realidad asentó el periodismo musical serio, documentado y riguroso en este país, y que aún no ha sido superado ni creo que ocurra en lustros. (Con muchos de los nombre citados, por cierto, haciendo un aparte un tanto narcisista –excusas-, tuve el honor de contar en Disco-Actualidad, mi soñada, atropellada y fallida aventura por implantar en España el espejo del Melody Maker y del New Musical Express).

vibraciones 2Vibraciones contaba conciertos en Londres, en París o Los Ángeles, incluía entrevistas a las estrellas de la época, desde Zappa a King Crimson, Genesis o Jethro Tull e incluso, llegados el punk y la nueva ola, se las tenía con los Clash, los Pistols o Blondie, albergaba una sección de críticas discográficas de categoría…, pero ante todo el fuerte de la revista eran los Vibs, unas doce páginas centrales, con póster añadido, dedicadas a un grupo o tema genérico, desde Bowie a Pink Floyd, The Doors, la Velvet, Clapton, Grateful Dead, la Incredible String Band, Deep Purple, Elvis, los Beatles, el rock californiano o el punk. Aquello era un pozo de sabiduría inagotable, una academia superior de periodismo musical, con un Manrique o un De Miguel increíbles, dos craks sacando información internacional que aquí era imposible de rastrear por cualquier otro conducto. ¡Y cómo escribían los condenados! Manrique, afortunadamente, sigue.

En fin, no quiero extenderme, porque este milagro periodístico sería motivo de tesis en aquella España tan distante del desarrollismo musical angloamericano y europeo y en busca de una modernidad que aún tardaría unos años en llegar. Dijo adiós en 1982, en una última época confusa, en la que insertó artículos del Melody Maker y el New Musical Express, y fue una pena. Guardo los 92 números publicados como oro en paño, como un gran tesoro del periodismo musical español y como exponente de aquella España cimbreante entre el franquismo y la Transición, ansiosa por descubrir territorios nuevos y hasta entonces casi prohibidos, hoy tan familiares y normales.

No extraña que, como me contaba hace tiempo el amigo Gervasio Sánchez, algunos ejemplares figuren expuestos en el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla (MUSAC), de León. Un testimonio ya histórico que, con el Rock & Folk como norte fundacional, alentó Ángel Casas junto a un vecino químico, hace ahora 40 años, y con el que asegura que perdió dinero y supongo que salud, pero ahí quedó eso. Buena y lozana jubilación, Ángel.

Por cierto, aquí me las vi con Casas en 1980 en el inolvidable Musical Express.
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Alvvays, son tan tiernos….

Poco que contar sobre este joven y novísimo grupo de Toronto, por eso, porque se formó en 2011 y debutó el año pasado. Lo típico: chica que canta y toca la guitarra y que conoce a una vecina que toca el teclado y ambas deciden formar un grupo, para lo cual buscan guitarrista, batería y bajo y se meten en harinas musicales. Bien es verdad, que hay un par de cosas que se salen del retrato de atipicidad con se formó el quinteto y en general de cómo se forman la mayoría de los grupos: la chica, Molly Rankin, es hija de padre músico de gran éxito en el folk canadiense y antes de alentar Alvvays lo intentó en solitario con un EP que pasó sin pena ni gloria.

No así su primer álbum, de título homónimo, que aunque, alternativo y minoritario, no ha pasado desapercibido para algunos amantes del pop sencillo y adolescente, hasta el punto de que ha habido listas que lo han incluido en su selección de lo más destacado del año.

Criaturas…, no descubren la pólvora, es cierto. Acuden a fuentes ya conocidas como las del pop ‘ensoñador’ de Beach House, Tennage Fanclub o los mismos Raveonettes, pero construyen bien las canciones para hacerlas agradables, suenan frescas, naïf y como de cuento, con la voz sutil de la cantante, con el buen trato de las melodías y ese fondo de guitarras con su pico de distorsiones. ‘Adult Diversion’, con la que se abre el disco, es su canción más ‘popular’, pero le siguen ‘Archie, Marry Me’ y ‘Next Of Kin’. Canciones sencillas, pegajosas… Y ellos son tan tiernos…

Por aquí se les asociaría con La Buena Vida y hasta con Fresones Rebeldes, que por centímetros no rozan el ‘tontipop’. Pero, en fin, mejor que mirarles el diente, disfrutadlos. Sobre todo poperos y amantes de voces femeninas cristalinas. Machomen, abstenerse.

Ay, si alguien te pide así que te cases con ella…
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Y si te ha gustado, aquí este miniconciertillo en Seattle, donde no todo es grunge y sucio. Atentos a algún desacople vocal, pero sobre todo a la telegénica presentadora y al realizador que se olvida de que en el grupo hay un batería…
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Johnny Winter, arrepentido de sus pecados

Un poco de blues para empezar el año y para destaponar los oídos y la garganta después de los atracones navideños de villancicos y polvorones… Ah, el blues…, tan emocional y cálido, tan bello e influyente, y ya tan olvidado. La madre de todos los géneros, la raíz de la que brotó todo, desde el jazz al boggie, el rock’n’roll, el rock…, ahora tan esquinado e ignorado por los medios y no digamos la progresía indie, por estos tiempos que se pretenden modernos y, sin embargo, supuran tanta basura…, bueno, dejemos los lamentos y las disquisiciones…

Y vayamos al grano. A ese último disco póstumo del tejano Johnny Winter, ‘Step Back’, disco que él no pudo ver en la calle puesto que se editó el pasado trimestre final de año y él fallecía en Zurich el mes de julio, a los 70 años. Un disco de blues. Y no digo, naturalmente, de blues, por aquello de que Winter figura etiquetado en las enciclopedias como bluesero. No. Porque hubo una época que, envalentonado con el rock y su devoción por los Rolling Stones y empujado hasta por la misma CBS que lo tenía en su catálogo, le dio por rockear y aunque alcanzó más prestigio y ganó dinero, prostituyó sus mismas creencias en el género y en sus héroes, aquellos que le lanzaron a tocar la guitarra y a sentir y tocar el blues como los negros aun a pesar de su piel albina.

En 2004 editó un álbum con el título de ‘I’m A Bluesman’, pero dentro ardía el viejo cruce rockero, no se atenía al purismo de su años de formación, hasta que en 2010 hizo acto de contrición y volvió a las raíces, editando el bien expresivo ‘Roots’, lleno de piezas clásicas. “Voy a ser un bluesman hasta que me muera”, dijo en su última visita a España, o sea, en mayo de 2014.

Entonces ya había grabado su disco póstumo y estaba pagando la penitencia de sus pecados pasados. Había hecho un disco genuino de blues, aunque se le fuera la mano abordando el rocanrolero ‘Long Tall Rally’ o el ‘Unchain My Heart’, de Ray Charles: había grabado ‘Step Back’, disco que recomiendo y que todo bluesero de buen paladar va a disfrutar, o estará disfrutando, enormemente.

Es blues genuino que lo mismo pasa por Muddy Waters (al que ayudó a coger brios nuevos en los ochenta con una triada de álbumes impagables –‘Hard Again’, ‘I’m Ready’ y ‘King Bee’-) que por los Fleetwood Mac de Peter Green, vía Elmore James, o el blues-folk acústico del Reverendo Gary Davis o Brownie McGhee. Una paleta colorida que se acrecienta con la nómina de invitados: Eric Clapton, Joe Bonamassa (tremendo duelo guitarrero sobre órgano en los ocho minutos de ‘Sweet Sixteen’), Ben Harper, Joe Perry… o su mismo productor, Paul Nelson. Un disco nada innovador, pero de una monumental y genuina solidez bluesera. Al menos, para gozo de los buenos aficionados al género, Johnny cogió su fusil y cumplió su palabra: acabó como bluesman puro. (Lo de su legendaria presencia en el Principal de Zaragoza, para otra ocasión).

Una pieza del álbum con Ben Harper, emulando a los Fleetwood Mac y por ende a Elmore James:
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Deseos para la música y la cultura

Aunque no se crea, y dadas las posibilidades tecnológicas y los medios de este tiempo que vivimos, los artistas nuevos cada vez lo tienen más difícil para asomar el pescuezo en el panorama nacional, los veteranos tampoco es que anden muy holgados, las músicas que llegan tanto de unos como de otros no son, a mi modo de ver, todo lo estimulantes que desearía y que en otros tiempos fueron, el público no ayuda mucho, la cultura en general y la música en particular, como tantas cosas, viven momentos de zozobra…

Pero mientras hay futuro hay esperanza, y, por ello, dado que nos encontramos ante un año triplemente electoral y que la crisis, según dice Rajoy, ya es agua pasada, le he puesto unas miajas de optimismo al año que acaba de empezar y, tras hacer unas reflexiones previas sobre lo difícil que resulta hacerse artista en España en estos tiempos, lo poco estimulante que ofrecen los nuevos e incluso los consagrados, el papel del público o la mediocridad que nos rodea, he apuntado a continuación algunas cosas que si al menos en un tanto por ciento discreto se cumplen, me sentiría muy satisfecho dentro de doce meses. Es mi consabida carta de deseos para 2015.

Semanas atrás, el pintor Eduardo Arroyo confesaba que, si ahora tuviera veinte años, no se le ocurriría ser artista. Y lo dice quien ha triunfado y hasta se ha hecho millonario con su ácido ‘pop-art’ hispano. No importa. Pese a esta acumulación de dinero y fama a barba regada, Arroyo insistía en que no se le ocurriría vivir en “este horrible circo”, donde todo el mundo es artista, todos quieren estar en los museos, todos son fotógrafos con sus móviles. Malos tiempos para pasar de simple capea a consagrado matador. No le faltan motivos al pintor madrileño para expresarse así.

Salir hoy al ruedo artístico es meterse en terreno minado. Es posible que el aspirante traiga ideas y valores que mostrar, ¿pero cómo escapar de ese circo y llegar al Escaparate de la Verdad? Ortega y Gasset, en ‘La rebelión de las masas’, hablaba del hecho de la aglomeración, del “lleno”. “Las ciudades –escribía a finales de los felices y prósperos años 20- están llenas de gente. Las casas, llenas de inquilinos. Los hoteles, llenos de huéspedes. Los trenes, llenos de viajeros. Los cafés, llenos de consumidores. Los paseos, llenos de transeúntes. Las salas de los médicos famosos, llenas de enfermos. Los espectáculos, como no sean muy extemporáneos, llenos de espectadores. Las playas, llenas de bañistas. Lo que antes no solía ser problema empieza a serlo casi de continuo: encontrar sitio”.

Ahí está el quid. ¿Cómo encontrar sitio artístico desde la abundancia en la España de hoy? Una pregunta en apariencia banal cuando los medios, la riqueza y la tecnología son grandes aliados de los tiempos modernos. Puro espejismo. La larga crisis, la saturación, los embelecos de la política y la cultura han dejado desnudo al nuevo artista. Mecenas, promotores, galeristas, productores cinematográficos, teatrales… están prácticamente en retirada, no digamos, en el caso de la música, con las discográficas hundidas y las actuaciones menguadas. Cierto: Internet se presenta como el túnel para la gran evasión del anonimato, pero tampoco ofrece tantos caminos de salida como aparenta. Es una jungla espesa, “llena”, con muchos aspirantes, aunque muy pocos artísticamente musculados, y con escasa gente esperándoles. ¿Quién va a perder el tiempo ante lo profundo en la era del facilismo y lo rápido, en la de los 140 caracteres mal escritos?

Tampoco digamos que el público, pese a esas torrenteras tontunas que de repente se desatan ante tal o cual ídolo, ayude mucho. La crisis azota, los bolsillos están maltrechos, la mediocridad en muchos escenarios es ofensiva, la exigencia de la gente está bajo mínimos, el desinterés por el hecho cultural acuciante y, ay, la malvada guadaña que degüella el espectáculo: la piratería. Consecuencia: salas de conciertos medio vacías, cines en familia, libros sin lectores, discos que no compra nadie…

Un panorama hostil, en efecto, para el desarrollo de la cultura y del arte. Pero, ojo, que esa hostilidad no es exógena. El enemigo no está fuera, también dentro. ¿Qué ofrece el nuevo artista e incluso el ya coronado para interesar a la clientela? Se diría, generalizando, que no mucho, o nada. Basta con mirar, en el caso de la música pop, a las listas de ventas: melendis, bosés, alboranes, fitipaldis… Desolador. Y si es al archipiélago ‘indie’, tampoco el panorama es para batir palmas: montonadas de sellos, autoproducción a granel, artistas y discos a caño abierto, pero solo cuatro potables, y quizá se exagere la cifra. Mucho ruido de fondo, poca nitidez. Un magma disperso que lejos de generar nuevas tendencias y obras con aspiración de perdurar ha generado desconcierto y público minoritario.

Vivimos, como diría Vargas Llosa, en la civilización del espectáculo, en la banalidad mayor de las artes, en el todo vale. Grupos mediocres, cantantes infumables, exposiciones que no entiende ni dios, ídolos de medio pelo, novelistas por doquier sin nada que contar por más que se les emperifolle en los suplementos literarios, ‘torrentes’ cinematográficos, un insoportable aluvión futbolero en la radio, telebasura, chismorreos, sálvames, granhermanos… Todo eso es lo que básicamente nos rodea. Vulgaridad y simpleza. Un gran cáncer cultural en un tiempo en el que ya se piensa más con las yemas de los dedos que con el cerebro.

Es urgente, si no sanar, sí prevenir este cáncer. ¿Cómo? Sin ánimo de pontificaciones de sumo sacerdote, solo unas ideas a voleo: hay que potenciar la cultura, no recortarla; hay que aspirar a unos medios de comunicación generosos con la cultura pero críticos con ella; conciencia social y sobre todo de los mismos artistas de sus limitaciones; incentivos, no subvenciones; regeneración de la televisión pública y no digmamos d ela privada; creación de infraestructuras y acceso libre a las existentes (¿qué pasa con los centros cívicos en Zaragoza?); productos culturales con el mismo tratamiento fiscal que las medicinas (ay, ese sangrante IVA del 21%); centros educativos y además culturales, con las puertas abiertas toda la semana ofreciendo actividades… y, sobre todo, educación de la sensibilidad y el buen gusto desde la más tierna infancia, empezando por la música clásica, la madre de todas las sensibilidades. La cultura tiene que sufrir un vuelco para que este país drene fango y suciedad. De lo contrario, habrá que darle la razón a Arroyo. El año que ha empezado es electoral: ¿veremos algún programa culturalmente esperanzador?

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Discos recientes para Reyes

Discos y discos, montonadas de discos. Spotify, YouTube, Deezer, Napster, iTunes, Amazon, Emule…, y, por supuesto, las tiendas físicas. Grandes contenedores para contentar a todos los gustos musicales. No sé si aquella vieja tradición de regalar o autorregalarse discos para Reyes permanece –ay, aquellas colas ante la caja en Linacero o El Corte Inglés- pero más bien me temo que, como las discográficas, la tradición ha quedado sepultada.

De todas formas, por si todavía hay algún romántico que compre discos de verdad (los físicos) y, como a veces reina la indecisión o la búsqueda resulta difícil, va a continuación una brevísima selección de algunos de los discos más notables que sobre todo en el terreno pop y rock han llegado a esos grandes contenedores en la presente temporada de otoño-invierno y que pueden alegrar los inminentes Reyes a alguno que lea este blog (entendidos, autosuficientes, quisquillosos, decididos… abstenerse). Sugerencias escogidas, vaya, en época propicia para el regalo o el autorregalo. Y, ojo, reitero: discos recientes, de este último trimestre.

En el apartado de las figuras llenaestadios, el último álbum de U2, ‘Songs Of Innocence’, se lleva la palma. Bono y compañía se han estrujado las meninges para no sucumbir al fracaso y han acertado con un disco que ha perdido ‘marca’ pero ha ganado en inventiva. Su gira del año que viene lo reafirmará. En tiempos, Pink Floyd, eran reyes de esos grandes espacios. Ya no lo serán definitivamente nunca más. Al margen del inesperado retorno y trucaje, su epitafio discográfico, ‘The Endless River’, al menos complacerá a quienes en algún momento disfrutaron con los vuelos planeantes y la psicodelia del cuarteto.

Otro veterano, Eric Clapton, apareció con un homenaje a su fallecido amigo JJ Cale, vía ‘The Breeze’: es disfrutable. Como lo es el último de la gran dama vaquera, Lucinda Williams (‘Down Where The Spirit Meets The Bone’). Más veteranos: antes de morir, Johnny Winter dejó un genuino disco bluesero, ‘Step Back’, la cantante Naomi Shelton volvió a dibujar las esencias del blues y el gospel en ‘Cold World’, Leonard Cohen fue breve y desatinado con las programaciones, pero aún así, meritorio ‘Popular Problems’ y otro doble desde Dublin, aunque aún más meritorio lo ha sido Marianne Faithfull, quien además de buenas canciones se mostró con muchas ganas de renovación en ‘Give My Love To London’.

De los fondos del indie, varios nombres: Ty Segall, The New Pornographers, First And Kit, Oh! Pears, Royal Blood, y el mismo Thurston Moore. Hueco también para Morrissey y su ‘World Peace…’. Del indie nacional, casi mejor me abstengo, por lo menos del último trimestre…

Y, finalmente, buenas cosas de la tierra: el recopilatorio de Carbonell, el satinado séptimo álbum de Bigott, los caminos de encuentro de la jota y el flamenco con la Orquesta Popular de la Magdalena y los dos álbumes de María José Hernández, el labordetiano ‘Las uvas dulces’ y su participación en ‘Vivere Memento’.

No es mucho lo seleccionado. Al menos que a un servidor le haya llamado la atención e incluso le guste. El horno discográfico, pese a la abundancia, no está para muchos bollos jugosos. Reina la atonía y la mediocridad general. En cualquier caso, si alguien tiene por ahí algún disco notable que recomendar (insisto, del último trimestre), que lo cante a esta comunidad bloguera cuanto antes, vamos, antes de que pasen los Reyes por el balcón. Se agradecerá.

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La vida de James Brown en el cine

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Veo que la película biográfica, o dicho en plan cursilón, el ‘biopic’ de James Brown aún ronda por los cines zaragozanos. Algo extraño, dado lo efímero de este tipo de películas en las pantallas. No he ido a verla, esperaré a la salida en DVD o blu-ray para degustarla cómodamente en casa, si bien estas biografías filmadas, aunque me gustó mucho ‘Ray’ o ‘Walk The Line’, me producen cierto repelús: no acabo de encajar el rostro verdadero del artista en otro ajeno, por muy bien que lo caractericen. Manías, quizás, sobre todo, desde aquel patético Jim Morrison que encarnó Val Kilmer en la versión de Oliver Stone. En lo que no soy nada exigente (o poco) es en la técnica cinéfila que mis colegas de esa parte siempre se empeñan en ver y analizar desde el lado fílmico y no desde el musical, que es el que realmente interesa a los seguidores del artista biografiado. Una peli de Elvis, por ejemplo, es para su lucimiento, no para montar un cine-forum. Pero, bueno, doctores y gustos tiene la iglesia. De todas formas, algo de lo que cuento a continuación supongo que habrá quedado reflejado en el celuloide. Si alguien ya ha visto la peli, que lo confirme, y si no, como digo, esperaré el blu-ray.

“The star of the show, the hardest working man in the show bussines…, ladies and gentlemen… Jaaames Brown”. El anuncio a grito pelado por el speaker de que a través del disco llegaba a la pista de baile “Sex Machine” era todo un ramalazo eléctrico en las discotecas de principios de los años setenta de todo el mundo. En seguida, mientras “Mr. Dinamita” empezaba a desgranar los primeros compases de aquella tórrida pieza, la pista se llenaba de jóvenes _ellos, vestidos con pantalones acampanados y ceñidas camisas; ellas, con aparatosas minifaldas_ dispuestos a trotar con el ritmo entrecortado, casi epiléptico, que James Brown iba marcando con su voz monocorde y sus gritos desgarrados.

“¡One, two, three…, get it up, get it up…” El famoso “guerapa”, como se le conocía castellanizando los versos en inglés, sonaba reiterativamente y entonces la sesión discotequera entraba en su fase más caliente: decenas de cuerpos juveniles sincronizaban sus movimientos bajo un baño de luces multicolores al ritmo de una música machacona y tremendamente rítmica, idónea para alentar el rito tribal del baile e infalible para llenar las pistas. Funky de pura cepa en manos de su inventor.  También para darle un respiro laboral a los disc-jockeys: los temas Mr. Brown, con sus reiterativos diálogos entre cantante y orquesta y sus largos desarrollos rítmicos, duraban a veces más de un cuarto de hora, e incluso toda la cara de un disco, lo que permitía a los “pinchadiscos” abandonar la cabina y darse una vuelta por la discoteca en busca de los amigos o de alguna novia perdida entre el barullo sudoroso de la nutrida concurrencia de jóvenes que llenaban las discotecas las tardes de domingo. Otros tiempos, otras costumbres, pero indudablemente masivas celebraciones lúdicas en las que Mr. Brown era uno de sus oficiantes mayores. Una bomba. Y es que a comienzos de los setenta, James Brown, el inventor del soul en los sesenta, era el furor de las discotecas, todo un fenómeno de la historia de la música negra que vendía discos por toneladas.

Primeros éxitos
Para El Padrino del Soul, como ya se le conocía, no era, sin embargo, la primera vez que paladeaba las mieles del éxito. Antes, en el último tramo de los cincuenta y comienzos de los sesenta, su nombre alcanzó también fama y popularidad merced a un racimo espesísimo de éxitos: “Please Please Please”, “Think”, “Night Train”, “Out Of Sight”, “Papa’s Got A Brand New Bag”, “I Got You”, “It’s A Man’s Man’s Man’s World” y “Say It Loud, I’m Black And I Am Proud”, entre otros, con los que James Brown no solo ganó plata a sacos llenos sino que provocó las mismas reacciones de histeria que por aquellos años el público blanco tributó a Elvis Presley, obviamente desde el lado del público negro.

Las armas con las que se ganó esta euforia popular fueron esencialmente dos: un sentido del espectáculo tremendamente vivo y caliente, rayando en el paroxismo, y unas canciones elásticas capaces de despertar tanto románticas emociones como irrefrenables deseos de bailar. Mr. Dinamita exhibía en sus actuaciones una presencia visual demoledora: el pelo, largo y estirado; los pantalones, ceñidos; y todo él, envuelto en chillonas capas de seda. Además, le acompañaba un grupo de bailarines y bailarinas y una sección de viento que jaleaba sus desgarros guturales y su permanente ajetreo por el escenario, lo que unido a una cierta y efectiva truculencia escénica convertía sus actuaciones en un puro torbellino de música y vitalidad.

¿Hay un médico en la sala?
James Brown programaba sus conciertos al milímetro, de manera que fueran subiendo progresivamente de temperatura emocional hasta llegar al estallido último en que simulando desfallecer caía desmayado al pie del micrófono. Entonces, sus ayudantes se abalanzaban sobre él tratando de socorrerle mientras un speaker reclamaba a grito pelado si había algún médico en el local. Solo que antes de que nadie subiera, “resucitaba” de un salto felino y volvía a ponerse delante del micro ante el asombro y el delirio del público que abarrotaba los locales donde aparecían él y su troupe. Puro circo musical que a veces, no obstante, ponía en peligro la vida del artista, porque era tal su entrega que, en efecto, hubo ocasiones en que no se pudo levantar, asfixiado y desfallecido por el esfuerzo, teniendo que ser evacuado al hospital más cercano.

Esta entrega, este pundonor escénico que James Brown sudaba en sus actuaciones de los años sesenta y setenta, explica las críticas que años más tarde el propio artista hacía a los grupos jóvenes, estáticos y sin sangre rítmica en el cuerpo, la mayoría de ellos. “El público actual _se quejaba a finales de los ochenta_ no conoce el verdadero espectáculo. Es cómico: ahora puedes subir a un escenario e impresionar más haciendo menos. Si el público pudiera verme haciendo un show de James Brown completo, estallarían las cabezas. Se darían cuenta de lo mucho que les están robando los otros artistas. Lo digo abiertamente aunque no quiero decir que los otros sean conscientes de que están robando, es que no saben hacer nada mejor, son sus mánagers los que se están aprovechando del público”.

Delincuente y rey
De delincuente a rey negro, de pobre paria al gran artista que junto a Ray Charles sentaría a finales de los cincuenta y principios de los sesenta los cimientos del soul _ritmo, sentimiento, intensidad emocional, corazón caliente y garganta sin límites_, ganándose con ello los múltiples títulos con que se le distinguieron: The Godfather Of Soul, Mr. Dinamita, Soul Brother Number One, Mr. Sex Machine, The Minister Of New Super Heavy Funk, The Hardeste Working Man In Show Busines, Black Caesar y otros tantos más destinados a realzar espectacularmente su figura y su influjo en la música de las tres últimas décadas.

Su llegada al mundo musical tuvo un prólogo sórdido, marcado por la miseria, la marginación y hasta la cárcel, perfilando así ese retrato que tantas veces ha repetido el mundo del deporte, el cine o la música en los Estados Unidos: chico pobre, criado en el ghetto y sin padres que le tutelasen. El desarraigo total.

Limpiabotas y boxeador
Nacido el 17 de junio de 1928 en Pulaski (Tennesee), a temprana edad tuvo que irse a vivir con una tía suya a un barrio negro de Augusta debido al divorcio de sus padres. Las condiciones de vida de sus primeros años en esta ciudad del sur profundo de los Estados Unidos fueron ciertamente duras. Vivía en una chabola y para aportar alguna ganancia a casa ejerció trabajos de todo tipo, siendo el más duradero el de limpiabotas por las calles de la ciudad. Pronto se enroló también en una banda de delincuentes juveniles, lo que le llevó a pasar más de una temporada entre rejas. “No recuerdo cuando empecé a robar”, escribiría en su autobiografía “The Godfather Of The Soul”, “pero sí por qué: para tener ropa decente para ir a la escuela”. Más tarde probaría en el boxeo y definitivamente, después de aprender a cantar gospel en la iglesia, se dedicaría de lleno a la música.

James Brown nunca ocultó esta parte sórdida de su juventud, más bien la destapaba siempre que podía con ánimo moralista para arengar a la gente joven sobre los peligros de la delincuencia: “Fui delincuente juvenil _declaraba a principios de los ochenta_ y sé de lo que hablo. Me gustaría decir a los chicos que se encuentran en prisión que no es el fin del mundo. Me acuerdo de una de las veces que fui arrestado que salí de la cárcel yo solo sin necesidad de abogados. Escribí una carta al juez diciéndole que yo era muy joven y que había cometido errores pero que estaba firmemente dispuesto a cambiar. Y cambié”. Curiosamente, cuarenta años más tarde y ya convertido en una superestrella, el cantante volvería a pisar la cárcel. Fue a finales del año 88 por conducción temeraria, embriaguez y amenazas a la policía. Le cayeron seis años de los que solo cumplió dos y medio.

Quince dólares de premio
La primera vez que Mr. Dinamita subió a un escenario fue en 1946. Tenía 16 años y lo hizo participando en un concurso para nuevos talentos. Junto a un grupo amateur llamado Cremona, cantó una canción de gospel que había aprendido en la iglesia y se llevó el primer premio, quince dólares, que le animaron a proseguir el oficio de cantante. Diez años más tarde, en 1956, con dos amigos, Bobby Bird y Johnny Terry, formó su primer grupo profesional, The 3 Swanees, con los que recorrió los bares y clubs de la región hasta establecerse en Macon siguiendo los exitosos pasos de Little Richard, que ya había estallado en el pop americano con su “Tutti Frutti”. Para James Brown el sonido de puro R&B que destilaban los primeros discos de Little Richard y, sobre todo, su nervio en escena, era el modelo a seguir, razón por la que amplió su trío a quinteto, dando entrada a Sylvester Kees y Nafloyd Scott, y volcándose en el R&B. Con ello, nacían The Famous Flames, su primera banda profesional con la que recorrería los sesenta y parte de los setenta hasta luego convertirla simplemente en The JB’s.

Una noche el propio mánager de Little Richard, Clint Branley, acudió al club donde tocaban los Flames e inmediatamente decidió hacerse cargo de ellos, buscándoles actuaciones y un estudio para grabar una maqueta que pronto llegaría a oídos de Ralph Bass, director artístico del sello discográfico King Records, exclusivamente dedicado a editar música negra. En la maqueta estaba “Please Please Please” que dejó boquiabierto no solo al director artístico sino al propio dueño del sello, Syd Nathan, e inmediatamente _febrero de 1956_ la canción salió al mercado, consiguiendo entrar en el Top Ten de las listas de R&B. Un triunfo inesperado y prematuro que puso a la banda en las nubes pero que también tuvo su reverso, enseñando a James Brown bien pronto a conocer las miserias del negocio. Brown y sus compinches esperaban recibir una buena suma de dinero por el éxito del disco, pero el mánager les descontó de la nómina no solo los gastos de grabación del disco, abogados y viajes sino hasta la última botella de cerveza que se bebieron en el estudio, teniendo al final casi que poner dinero para “sufragar” el éxito. Desde entonces, James Brown controló su carrera con ojos de lince, desconfiando de todo el mundo y llevando personalmente sus cuentas. “Me trataron mal al principio por lo que no me quedó más remedio que estar atento a todo lo que ocurría a mi alrededor. Este negocio está lleno de gente sin escrúpulos que solo busca el dinero de los músicos”, se quejaba a finales de los ochenta en la revista francesa Best.

Ultimátum
El camino de éxito abierto por “Please Please Please” quedó, sin embargo, truncado no solo por la jugarreta del mánager sino también por la propia sequía creativa de James Brown y su grupo. Los siguientes singles pasaron desapercibidos y los Famous Flames entraron en un bache de popularidad. Al cabo de dos años sin nuevos éxitos discográficos, Nathan lanzó un ultimátum al cantante: o sacaba otro “impacto” o se iba a la calle. Entonces, James Brown compuso una tierna balada, “Try Me”, todo un clásico del soul versioneado infinitud de veces, que de nuevo lanzó a los Famous Flames a las listas. El single alcanzó el millón de copias vendidas en USA y, en consecuencia, fue el primer disco de oro de James Brown.

Entonces, Mr. Dinamita, tras la negativa experiencia comercial de su primer disco, se vio en condiciones de exigir y marcar las reglas del juego. Y no se lo pensó dos veces. Por lo pronto, puso de patitas en la calle a su mánager Clint Brantley, después cambió de compañía discográfica, firmando con Universal Attractions, y a continuación señaló a su nuevo mánager, Ben Bart, las condiciones de trabajo: un sabroso porcentaje de taquilla de todas sus actuaciones, además del caché fijo, iría a sus bolsillos mientras que la recaudación completa pasaría primero por sus manos y él mismo se encargaría de pagar directamente a los promotores y a su propio mánager. Asimismo a la compañía discográfica le exigió un parte mensual de las ventas de sus discos así como que no se tomase ninguna decisión sobre nuevas grabaciones, conciertos o promoción de discos suyos sin haberla aprobado él previamente. De entonces, cómo no, le venía al Padrino la fama que tenía en el negocio de “artista de hierro”, lo que por otra parte le sirvió para levantar todo un imperio económico propio en el que lo mismo había restaurantes que editoriales o emisoras de radio.

Más éxitos
Claro que ello no hubiera sido posible si a “Try Me” no le hubiera seguido otra jugosa colección de éxitos. Entre enero del 59 y febrero del 61, James Brown encadenó once impactos en las listas que comercialmente le proporcionaron un status millonario y artísticamente la consolidación de su sonido personal, alejado de sus primeras influencias y puntuado por el papel relevante que alcanzó la banda, cada vez más amplia, que le acompañaba, con secciones de viento y coristas, y con una perfecta sincronización musical con su jefe.

Primero llegó “I’ll Go Crazy” y luego “Think”, una vieja pieza de una de las bandas favoritas de James Brown, los Five Royales, a la que seguirían “This Old Heart”, “The Bells”, “Bewildered”, “I Don’t Mind”, “Baby You Are Right”, “Just You And Me Darling”, “Lost Someone” , “Night Train” y “Shout And Shimmy”, once éxitos que el cantante apoyó comercialmente con sus numerosas actuaciones a lo largo y ancho de los Estados Unidos y siempre bajo la férula de su implacable disciplina para el trabajo.

¿Zapatos sucios?
Y es que pertenecer a la orquesta de James Brown era un honor y al tiempo una saneada forma de ganarse la proteína pero también un duro oficio con ribetes casi castrenses. Brown tenía implantado un régimen espartano de trabajo que penaba con multas y sin la más mínima gota de piedad los más variados deslices: pantalones mal planchados, zapatos sucios, bebida antes de las actuaciones, retrasos en los ensayos o en las actuaciones… Incluso si un músico perdía un avión tenía que pagar de su propio bolsillo, aparte de la correspondiente penalización, el billete hasta la ciudad más próxima para unirse a la troupe. Un general Patton reencarnado con piel negra en el mundo del pop.

Pues Brown no solo era inflexible con sus músicos sino también con su compañía discográfica. Un detalle: En aquellos primeros años quiso grabar un tema instrumental pero Syd Nathan lo rechazó aduciendo que no tendría éxito al no aparecer la voz del cantante. Este a su vez cogió tal enfado que se fue directamente al dueño de la compañía TK Records en Miami y le hizo la propuesta de grabar ese disco instrumental. El dueño aceptó y TK editó con el nombre de Nat Kendrick (su batería) And The Swans, pues legalmente no podía figurar el nombre de James Brown, un single con el conocido “Mashed Potatoes” que fue todo un hit en el año 60. El golpe fue tan duro para Nathan que desde entonces dejó plena libertad a James Brown para que grabara lo que quisiera.

Reacciones de histeria
La carrera musical de El Padrino estaba plenamente enfilada a comienzos de los sesenta. Entre el 62 y el 64 alcanza nuevos éxitos y provoca reacciones de histeria en todos sus conciertos, con su arrolladora presencia en el escenario y cual si de un Elvis negro se tratara. Su compañía discográfica lanza entonces un disco grabado en el mítico Apollo de Nueva York y el efecto es contundente: el disco supera el millón de dólares de recaudación y James Brown, sonando a todas horas por la radio, es elegido como el mejor cantante americano de R&B. Por vez primera, el público negro consume masivamente un álbum de un artista de color.

Ante la avalancha de popularidad que se le viene encima y haciendo gala de su instinto comercial, James Brown se da cuenta de que su sello discográfico se le queda pequeño y que no defiende convenientemente sus intereses por lo que en unión de su mánager, decide crear su propia compañía discográfica, Fair Deal, cuya representación para todo el país cederá a Smash Records de Chicago, una filial de la potente Mercury. A Syd Nathan, la “jugada” le cae como un rayo y se querella en los tribunales, aduciendo que James Brown es artista suyo. Inesperadamente, Nathan gana la querella, dictando los jueces que James Brown solo puede sacar en su sello discos instrumentales. Mas cuando esta resolución se hace pública, Mr. Dinamita ya tiene en el mercado un nuevo álbum y dos singles. Nadie puede frenar ya el impacto de estas nuevas ediciones, sobre todo la del single “Out Of Sight” que marcaría un hito en la carrera de James Brown: fue el primer disco suyo consumido también masivamente por el público blanco.

Ante este ascenso espectacular, Syd Nathan entierra la querella contra James Brown y le propone que vuelva de nuevo a su sello, King Records, a lo que el cantante se opone, sacando nuevos discos que aceleran su ascenso en el mercado blanco ante la irritación del dueño de King Records que ve como su viejo pupilo se va convirtiendo en una estrella total sin que él participe plenamente en los copiosos beneficios que este estrellato va dejando detrás.

Un año después, sin embargo, llega la reconciliación. James Brown, con su olfato comercial siempre vigilante, se da cuenta de que las reediciones que Nathan va poniendo en el mercado son una sustanciosa fuente de ingresos. Y para participar de ellos decide volver a su viejo sello, aunque con la condición de controlar totalmente su carrera discográfica.

El primer disco que le entrega a King Records es el inmediatamente popularísimo y ya todo un clásico del género, “Papa’s Got A Brand New Bag”, que entra en las listas como una exhalación, otorgando a James Brown el status de megaestrella: conciertos televisados, reseñas continuas en los diarios de información general, tumultos a la salida y entrada en los aeropuertos… Un status que el cantante mantendrá en los años siguientes hasta finales de los sesenta merced a la colección de elepés y singles que King Records va editando: “I Got You” (diciembre del 65), “It’s A Man’s Man’s Man’s World” (junio del 66), “Cold Sweet” (septiembre del 67), I Gotta Feeling” (mayo, 68) y “Say It Loud, I’m Black And I’m Proud” (octubre del 68), todos ellos auténticas gemas del soul más puro y caliente.

Conciencia negra
Paralelamente a este estallido de popularidad, en el interior de James Brown va creciendo su orgullo racial, su conciencia de hombre negro, lo que le lleva no solo a hacer declaraciones al respecto sino hasta a componer canciones en defensa de su pueblo, que en el caso del single anteriormente citado, “Say It Loud, I’m Black And I’m Proud”, (Dilo bien alto, soy negro y estoy orgulloso), terminan por convertirse en un himno de los negros que lo cantan repetidamente en las grandes manifestaciones que tienen lugar en Estados Unidos durante el verano del 68.

La concienciación racial del cantante llega hasta el punto de reducir sus conciertos para dedicarse más de lleno a la defensa de la causa negra en mítines, conferencias y charlas en emisoras de radio y foros de debate. Se habla incluso de su retirada de la música al verle conferenciando en Costa de Marfil y Vietnam y, sobre todo, sentado a la mesa del presidente Johnson quien le llamó a la Casa Blanca para pedirle que contribuyera a apaciguar los ánimos violentos de la población negra, agitada virulentamente tras la muerte de Martín Luther King. La aparición de James Brown un par de veces en televisión dirigiéndose a sus hermanos negros parece que contribuyó a calmar esa grave situación, evitando hasta algún muerto en las calles, pero por otra parte provocó las airadas críticas de los líderes más radicales, entre ellos los Panteras Negras, que lo acusaron de traidor a la causa negra y sometido al “stablisment” capitalista blanco.

Para el cantante es una situación comprometida. Sin darse cuenta se ha metido entre dos fuegos y casi ha abandonado su oficio musical, por lo que opta por apartarse de la primera línea de la lucha y ocuparse con más dedicación a su trabajo, llegando otro nuevo chorro de éxitos, especialmente a comienzos de los setenta, cuando aparecen “Sex Machine”, “Superbad”, “Hot Pants” o “Hey America”, que le convierten en el rey de las discotecas de todo el mundo y le obligan a abandonar definitivamente King Records para asegurar una distribución mundial de sus discos. El sello elegido entonces para ello es Polygram, hoy Universal, que tiene la mayor parte de los derechos de edición de los discos del cantante.

Es la época más rutilante del Padrino en el mundo del pop, la época en la que “Sex Machine” o “Hot Pants” electrizaban las pistas de baile de todo el planeta, de manera que no podía concebirse una buena cabina de disc-jockey sin alguno de los álbumes de James Brown.

Decadencia
Desde poco más de mediados los setenta, sin embargo, la estrella de James Brown comienza a declinar. Sus discos, repetitivos hasta la saciedad y sin la chispa comercial de antaño, y especialmente la llegada del Munich Sound y el sonido Disco, con los Travolta, Gloria Gaynour, Donna Summers… etcétera, le dejan en la cuneta. El Padrino sigue trabajando y sacando discos pero sin el eco de los anteriores por lo que los ochenta los pasa casi sumido en el anonimato, formando parte más bien de un pasado glorioso que de un presente candente y fértil.

Sus actuaciones incluso a veces resultaban patéticas. En Zaragoza, por ejemplo, en La Romareda, en las fiestas del Pilar del 87, la presencia del Padrino fue realmente deplorable. Escaso de ganas y de fuerzas, barrigudo y más preocupado por sus trajes y su pelo _exigió decenas de toallas y varios secadores_ que por su actuación, Mr Dinamita fue gaseosa inofensiva, una caricatura del James Brown que antaño electrizaba a las audiencias. Nervioso y desconcentrado, se pasó todo el espectáculo entrando y saliendo del escenario, con largas ausencias que sus músicos rellenaban de la mejor manera posible para que no se notara en exceso la debilidad física de su jefe, tal vez provocada por la ingestión de alguna sustancia sospechosa. Para colmo, semanas después de esta patética presencia, y ya en su país, fue arrestado por conducción temeraria, drogas, disparos al aire y amenazas a la policía, lo que le costó pasar dos años y medio en la cárcel de los seis que le cayeron. Desde entonces su carrera no volvió a levantar vuelo, convirtiéndose su nombre más en leyenda que realidad. Moría el día de Navidad de 2006, siguiendo un largo y polémico entierro.

PERFIL DEL CESAR NEGRO
Bailarín. Además de cantante e intrumentista (en sus años jóvenes tocó la batería y los teclados), James Brown pasó a la historia como uno de los mejores bailarines en escena, habiendo inventado incontables pasos o danzas. La mayor de todas fue la llamada por él mismo simplemente como “James Brown” que englobaba a las demás: “One Leg”, “Splits”, “Camel Walk”, “Shuffle Box”, “Boogaloo”, “Underdog”, “Popcorn”, “Skate”, “Swim”, “Mashed Potatoes”… y hasta una decena más.
Negocios. Fue un lince para ellos. Lo que le permitió convertirse en un empresario poderoso. En 1981, contaba, por ejemplo, solo en Augusta, con cuatro discotecas, dos cadenas de restaurantes, treinta coches, un avión particular, cuatro emisoras de radio, una televisión local y varias villas. Un fortunón que tenía tentáculos en bolsa y otros negocios fuera de su ciudad. Claro que ganando ocho dólares por minuto como se calcula que ganaba a finales de los sesenta…
Música. Además de la suya, la música preferida de James Brown era la latina y la afrocubana, además del reggae, que decía no entender muy bien pero que tenía, según él, un sentido positivo, considerando a sus intérpretes como hermanos suyos por el sentido de lucha contra el opresor que los rastas tienen.
Sueño. Idealista y luchador por la igualdad racial, James Brown soñaba con que un día la gente de cualquier raza se diese la mano, se respetase y se amase. Él mismo aseguraba que jamás se había encontrado con una persona a la que no pudiese querer y que cuando encontraba a alguien que no le respetaba él trataba de amarla para que cambiase de actitud. Por ello, estaba convencido de que las personas acabarían entendiéndose entre ellas.
Influjo. El Padrino del Soul fue una fuente permanente de inspiración para numerosos grupos de rap, soul, hip hop y otras aromáticas hierbas para la pista de baile. Se calcula que sus canciones aparecen en breves ráfagas o “samplings” en más de dos mil piezas de otros grupos y cantantes. Lo que para él, lejos de ser una “fechoría” a perseguir _no cobró ni un centavo por ello, toda vez que hasta tres segundos de sampling eran y son legales_ resultaba un motivo de orgullo. Springsteen es uno de sus discípulos más aplicados escénicamente. Antes lo fue Mick Jagger, productor por cierto de su actual ‘biopic’. Y, por supuesto, Michael Jackson.
Drogas. En alguna ocasión tuvo problemas con ellas pero era un enemigo nato de las drogas, aprovechando cualquier ocasión para recomendar a los jóvenes que se apartasen de ellas y se dedicara a estudiar. “Sé de lo que hablo”, les dijo en alguna ocasión. “Lo más importante es el estudio. Por experiencia sé que la educación es lo más importante para triunfar en la vida. Cuando digo esto, no lo hago desde la distancia pues vengo del ghetto y siempre llevo en la mano mi caja de crema para limpiar los zapatos. Así empecé”.
Generoso. Ganó mucho dinero pero no todo fue a sus bolsillos o a sus numerosas empresas. James Brown, en el fondo, era un corazón altruista como lo demuestra la gran cantidad de dólares que destinó a obras sociales, ayudando a los menos afortunados, no solo de raza negra sino también a los blancos.

UNA INTRINCADA SELVA DISCOGRAFICA
La discografía de James Brown es una intrincada selva de grabaciones en la que resulta difícil entrar ordenadamente, debido a que la mayoría de ellas están descatalogadas cuando no reunidas en reediciones poco aconsejables. En cualquier caso, si se decide entrar en esa jungla, hay que buscar de inmediato el camino que conduzca a dos álbumes esenciales en su carrera: “Live At The Apollo” (1962) y “Sex Machine” (1970), máximos exponentes de los momentos culminantes del sonido y del éxito del cantante.

El primero es una fantástica colección de los primeros hits de Mr. Dinamita interpretados en directo en el mítico teatro neoyorkino The Apollo. Se trata de un disco que, aparte de demoledor, es uno de los primeros grabados en directo en la historia de la música pop. La comunicación entre banda, público y cantante es de puro vértigo, una explosión de fuerza y vigor que un crítico calificó acertadamente como de “soultómica”.

El segundo álbum muestra al Brown robustamente “discotequero”, con largos diálogos con su orquesta, riffs sostenidos de guitarra, pequeños juego de piano, versos reiterativos, gritos y ese ritmo inapelable con el que se hizo dueño de las pistas de baile. La más pura esencia Brown en un doble álbum que también tuvo un pequeño hueco para éxitos del pasado como los emotivos “It’s A Man’s Man’s Man’s World” y “Please Please Please”.

Por delante y por detrás de “Live At The Apollo” y “Sex Machine” hay una colección de unos setenta elepés oficiales, sin incluir recopilatorios, que con mayor o menor acierto tienen siempre como punto de referencia ambos discos. Algunos de los más destacados son “Soul On Top”, donde la elasticidad musical del artista le lleva a meterse en terrenos jazzísticos, contando para ello con la colaboración del saxofonista Ernie Watts o el contrabajista Ray Brown; “Gravity” (1986), con el que de nuevo volvió a las pistas de baile aunque curiosamente fue un disco en el que Big Brother, que tuvo como invitados a Steve Winwood, Steve Ray Vaugham y Alison Moyet, solo puso la voz: ni compuso, ni arregló, dejando la producción en manos de Dan Hartman; “Revolution Of The Mind”, con un James Brown tras unas rejas carcelarias y en su periodo más incendiario de concienciación racial; los nuevos volúmenes grabados en el Apollo…, y, en fin, todos aquellos de los primeros setenta, cuando James Brown era el auténtico rey negro de las discotecas.

Entre la montaña de recopilatorios, recomendable el cofre de cuatro compactos editado por Polygram en 1993 con el título de “Star Time”. El primer CD recoge los grandes éxitos de James Brown entre el 56 y el 65, la etapa de “Please Please Please”, “Try Me”, “It’s A Man’s Man’s World”, “Think” o “Night Train” en la que consolida su leyenda como showman explosivo.

El segundo disco recrea al James Brown inventor del funk y personaje concienciado con la causa negra. Desde “Papa’s Got A Brand New Bag” (1965) a la combativa “Say It Loud I’m Black And I’m Proud” (1968), el abanico de éxito es amplio y robusto.

En el tercer CD está el James Brown alegre y dicharachero de las discotecas, pura dinamita bailona, con el imprescindible “Sex Machine” y todos los temas satélite que rodearon a aquel gran impacto del “Soul Brother”: “Hot Pants”, “Hey America”…

Y en el cuarto, lo más flojo pero obligado en toda recopilación seria. El tramo de mediados los setenta hasta los noventa en el que se recoge la decadencia y resurrección del mito negro, con meteduras de pata como la revisión rapera de “Payback” en 1980 o el “Living In America” para la banda sonora de “Rocky IV” en 1986, pero con un feliz regreso a los discos, tras un periodo carcelario de dos años y medio, con “I’m Real” y “Universal James”, producido por Jazzie B., líder de Soul II Soul. En suma, cuatro CD’s que vienen a ser la Biblia del dios del soul, el mejor camino para entrar en la espesa selva de sus grabaciones.

SETENTA Y CUATRO CARTUCHOS DE DINAMITA
(Los 74 álbumes grabados por James Brown, excluidos recopilatorios, grandes éxitos y directos no oficiales. Dada la dispersión de ediciones, esta discografía es posible que no coincida con otras o se salten fechas. Esta sigue la del voluminoso y prestigioso volumen “The Great Rock Discography”, de Martin C. Strong, publicado por la editorial británica Canongate)
1.-“Please Please Please” (1957)
2.-“Try Me” (1959)
3.-“Think” (1960)
4.-“The Amazing James Brown” (1961)
5.-“Live At The Apollo” (1962)
6.-“Shout & Shimmy” (1962)
7.”Prisoner Of Love” (1963)
8.-“Pure Dynamite/Live At The Royal” (1964)
9.-“Out Of Sight” (1964)
10.-“Showtime. Live” (1964)
11.-“Tell Me What You’re Gonna Do” (1964).
12.-“Grits And Soul” (1965)
13.-“Papa’as Got A New Brand Bag” (1965)
14.-“James Brown And His Famous Flames Tour The USA” (1965)
15.-James Brown Plays James Brown. Today And Yesterday” (1965)
16.-“I Got You” (I Feel Good”) (1966)
17.-“Plays New Breed” (1966)
18.-“It’s A Man’s Man’s Man’s World” (1966)
19.-“The James Brown Christmas Album” (1966)
20.-“Mihgty Instrumentals” (1967)
21.-“Handful Of Soul” (1967)
22.-“Raw Soul” (1967)
23.-“Live AT The Garden” (1967)
24.-“Mr. Excitement” (1967)
25.-“Cool Sweet” (1967)
26.-“The James Brown Show. Live” (1967)
27.-“James Brown Plays The Real Thing” (1967)
28.-“I Can’t Stand Myself” (1968)
29.-“Mr. Dynamite” (1968)
30.-“I Got The Feeling” (1968)
31.-“Live At The Apollo. Vol II” (1968)
32.-“Say It Loud, I’m Black and I’m Proud” (1969)
33.-“Gettin’ Down To It” (1969)
34.-“James Brown Plays And Directs The Popcorn” (1969)
35.-“It’s A Mother” (1969)
36.-“Turn It Loose” (1970)
37.-“The Popcorn” (1970)
38.-“Ain’t Funky” (1970)
39.-“Soul On Top” (1970)
40.-It’s A New Day” (1970)
41.-“Sex Machine Live” (1970)
42.-“Superbad” (1971)
43.-“Hot Pants” (1971)
44.-“Revolution On The Mind. Live At The Apollo. Vol III” (1972)
45.-“There It Is” (1972)
46.-“Get On The Good Foot” (1973)
47.-“Slaughter’s Big Rip-Off Ost” (1973)
48.-“The Payback Mix” (1974)
49.-“It’s Hell” (1974)
50.-“Reality” (1975)
51.-“Sex Machine Today” (1975)
52.-“Everybody’s Doing The Hustle” (1975)
53.-“Hot” (1976)
54.-“Get Up Offa That Thing” (1976)
55.-“Bodyheat” (1977)
56.-“Mutha’s Nature” (1977)
57.-“Jam’s 1980” (1978)
58.-“Take A Look A Those Cakes” (1979)
59.-“The Original Disco Man” (1979)
60.-“People” (1980)
61.-“James Brown… live. Hot On The One” (1980)
62.-“Soul Syndrome” (1980)
63.-“The Third Coming” (1981)
64.-“Bring It On” (1983)
65.-“Gravity” (1986)
66.-“I’m Real” (1988)
67.-“Static” (1988)
69.-“Love Overdue” (1991)
70.-“Universal James” (1993)
71.-“Live At The Apollo 1995” (1995)
72.-“I’m Back” (1998)
73.-“The Merry Christmas Album” (1998)
74.-“The Next Step” (2002)

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Un cuarto de siglo de Stone Roses, ¿el mejor disco grupal de los 80?

Grupos foráneos e inolvidables de los ochenta: The Cure, Echo & The Bunnymen, Smiths, U2, R.E.M., New Order, Human League, James, Joy Division, The Cult, Siouxsie, The Stone Roses, Guns N’ Roses, Dream Syndicate, Rain Parade, Violent Femmes, House Of Love, The Jesus & Mary Chain, Sisters Of Mercy, Bauhaus, XTC, Police, The Alarm, Pixies, Galaxy 500, Throwing Muses, Cocteau Twins… Ufff, lo tendría muy complicado si tuviera que elegir un solo disco de aquella gloriosa década, pero no tengo la menor duda de que entre los cinco primeros no me faltaría el debut de Stone Roses, un disco del mismo título, publicado en 1989.

O sea, que se han cumplido un cuarto de siglo de su edición, y precisamente, porque se publicó en el último trimestre de aquel 89 no quiero que se escurra el 2014 sin que de nuevo haga mención a este disco por el que no pasan los años, un ejemplo magnífico de pop de los ochenta y en general de toda la historia. Y es que no hay una sola canción que no sea de single redondo. Desde la primera, ‘I Wanna Be Adored’ a la última, ‘I’m The Resurrection’, un carrusel inagotable de melodías perfectas, de guitarras luminosas y de un dinamismo rítmico propio del sonido bailable del Manchester de la época. Puedes pinchar esta entrada del blog para ampliar sobre un grupo con uno de los debuts más rutilantes de la historia y luego ido a pique.

Decía que este disco no me faltaría en mi selección de cinco favoritos de grupos de los ochenta, ahora que tocan revivals y nostalgias de aquella década mágica del diseño, el postureo, la modernidad y una música inolvidable. ¿Cuáles serían los otros cuatro? Dados mis gustos –sí, al señor Uribe, dando réplica a un ‘atrevido lector’, por decirlo cortésmente, que hace poco, sin conocerme y sin saber de mis debilidades, me hacía con una simpleza digna de elogio un retrato musical absurdo, le chifla el pop y lo defiende por sus cualidades creativas y melódicas, pero también le gustan muchos otros géneros que el, reitero, ‘atrevido lector’, desconoce-, decía pues que, dados mis gustos y mi devoción por la melodía, las voces y los arreglos cuidados e inventivos del pop, señalaría en primer lugar a Echo & The Bunnymen con ‘Ocean Rain’; en segundo a U2, con ‘The Joshua Tree’; en tercero, en efecto, al debut de The Stone Roses; en cuarto a The Smiths, con ‘The Queen Is Dead’ y en quinto a The Cure con ‘The Head On The Door’.

Con harto dolor, se me queda fuera una porrada enorme de discos indestructibles de grupos diversos, entre ellos todos los mentados al comienzo, pero obligado a elegir un quinteto, y solo un quinteto, yo me iría a la isla cual náufrago encantado con estos cinco discos grupales de los 80. ¿Meterías tú a The Stone Roses en ese paquete de cinco? ¿Cuál sería el primero? Hala, valiente. Recuerda: solo grupos.

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