Eric Clapton y su sentida esquela musical para JJ Cale

JJ Cale fue aquel tipo solitario que, apartado del mundanal ruido, viviendo en un rancho de Tulsa, hacía discos cuando quería y como quería, rumiando y seleccionando las canciones a su aire, embelesado en su pequeño estudio casero, trucando guitarras o explorando formas de grabación, sin prisas, sin atarse a la agitación de las giras y las actuaciones, lejano al business. Y triunfaba e influía en otros –desde Dire Straits a Lynyrd Skynyrd o Clapton, y aquí desde Sabina a Carbonell- con su sonido ‘laid-back’, tirado, con raíces en el rockabilly, el folk, el blues, el country, el jazz y el rock. Pese a su fama de ser extraño y huidizo, posiblemente falsa, aseguran que tenía un gran sentido del humor y una humildad lacerante: “Hago lo mismo que Britney Spears, pero yo no enseño carne”, dicen que llegó a decir.

Empezó a batallar en los sesenta pero hasta los primeros setenta no empezó a publicar álbumes en solitario, aquellos inolvidables ‘Naturally’ (1971), ‘Really’( 1972), ‘Okie’ (1974), ‘Trobadour’ (1976)…, que forman el cuerpo principal de su discografía y de sus hallazgos musicales. Con largos paréntesis, fueron llegando más discos hasta el año 2009, en que publicó el último, ‘Roll On’. Por los escenarios se le vio en contadas ocasiones y paulatinamente los fue dejando hasta desaparecer de la vista pública. En julio del año pasado moría a los 74 años.

¿Y quién mejor para rendir homenaje a uno de los últimos caídos de la música americana? Pues Eric Clapton, sacristán del ‘hombre del porche’, al que tomó canciones -‘After Midnight’, ‘Cocaine’- tras retornar del infierno de las drogas, hasta hacerlas más suyas que del propio Cale. Lo que, por otra parte, fue una suerte para el ‘okie’ solitario: vivía cómodamente de los royalties.

A principios de este año, Clapton, emocionado y dolido por la muerte de su ‘hermano’ y héroe, se rodeó de diversos amigos -Tom Petty, Willie Nelson, Mark Knopfler…- y entre todos repasaron el repertorio ‘jjcaliano’, dando a luz las 17 piezas que suenan en el álbum ‘Eric Clapton & Friends. Call Me The Breeze’, 17 canciones lúcidas, emocionales, algo más robustas pero muy fieles al espíritu ‘laid-back’ de su autor. Música atemporal, no apta para modernos rabiosos. Una gran esquela musical, sentida y dolorosa.

Imagen de previsualización de YouTube
Publicado en Internacional | Deja un comentario

Taylor Swift, vendiendo el alma al diablo

Taylor SwiftYa es un asunto que se ha dilucidado y debatido aquí por activa y por pasiva, con una conclusión casi general: las divas del pop americano dominan el mercado del disco con canciones banales, pero detrás hay grandes voces. Un último ejemplo: la joven Taylor Swift, en tiempos brillante, o al menos aceptable, cantante de country, y hoy trasvasada a la canción comercial. Otra, podría decirse, que ha vendido su alma al diablo por el dólar y la fama más directa y masiva.

“España huele a pueblo”, cantaba en tiempos un peculiar cantautor sevillano, Benito Moreno. Probablemente, todos los países, ciudades y pueblos tienen un olor especial, reconocible. Estados Unidos huele inconfundiblemente a dólar. Basta poner un pie en la Gran Manzana para no solo atorrarse con el tufo de los puestos callejeros de ‘perritos calientes’ sino casi asfixiarse con los vapores del dólar. ¡Money!!!, que cantaban-gritaban Pink Floyd. Todo allí tiene un precio, todo cuesta, incluso hay que regatear, como en los bazares turcos, a la hora de las ‘tips’ o propinas, todo se mide por el patrón verde del ‘In God We Trust’, un culto que a veces sobrepasa la inmoralidad. Paradigma reciente: ‘El lobo de Wall Street’.

El mundo de la música es otro de esos paradigmas. Basta auscultar ese vasto espacio de las divas americanas que dominan el mercado del disco -Beyoncé, Rihanna, Lady Gaga… – para detectar la enfermedad. Un grueso manojo de artistas que venden música facilona acompañada de exhibición dérmica para hacer más goloso el pastel, pero con fantásticas voces. Hace unas semanas, comentaba aquí, el transformismo Lady Gaga: salió con un disco a dúo con Tony Bennett y dejó pasmado al gallinero. Si resulta que cantaba jazz como las diosas… Luego se supo: un viaje a la adolescencia que una vez que arrancó hacia la madurez juvenil se adhirió a unas canciones de quita y pon y vestimentas estrafalarias para imantar el mercado púber. Objetivo: forrarse. Ser famosa y rica a toda costa, revirtiendo para ello sus cualidades, su voz y sus inicios jazzísticos.

Ahora, otra integrante de ese reino juvenil acaba de hacer el mismo camino: Taylor Swift. Veinticuatro años. Hace unos días presentaba su nuevo disco, ‘1989’, en un escenario plantado ni más ni menos que en pleno Times Square mientras una cadena de TV retransmitía el show. ¡El dineral que costaría la fiesta! Pero productiva inversión: la chica vendió dos discos por segundo durante una semana.

Sin embargo, esta no es la Taylor de hace ocho años. Entonces, en 2006, con 16 años, debutaba con un disco de sedosas canciones de country-pop y un estilo y una voz que recordaba a Linda Ronstadt; canciones que aún redondeó en el más brillante ‘Fearless’ de 2008. Ganó popularidad y dinero, pero quería más (¿genética de padre broker y madre financiera?) y en 2012, tras cambiar Nashville por Nueva York, con el álbum ‘Red’ avisó y ahora con ‘1989’ ha virado a los ritmos bullangueros y esas sintéticas producciones de laboratorio en las que maquetan reiterativamente los productores a estas divas. El premio ha sido abrumador, como fácilmente puede comprobarse en YouTube: su primer single de 2006, ‘Tim McGraw’, cuenta con casi 30 millones de visitas’ en tanto que ‘Shake It Off’, de ‘1989,’ sobrepasa ya ¡los 303 millones!. Menudo salto para acer en un disco banal, mientras el country se quedó en la nevera, pero ahí está la gran voz de Taylor… Y la pasta que estarán recogiendo ella y sus equipos tras su ejercicio de transformismo maloliente. A veces no se sabe si es mejor oler a pueblo o a dólar, a decencia o corromperse.

Aquí, la Taylor de 2006:
Imagen de previsualización de YouTube

Y aquí la de 2014. Hay diferencia.
Imagen de previsualización de YouTube

Publicado en Internacional | 15 comentarios

María José Hernández, entrevista

María José -Juan Miguel MoralesUnas entradas atrás daba cuenta del disco ‘Las uvas dulces’ en el que la cantautora zaragozana María José Hernández ha remodelado una docena de canciones de Labordeta, ajustando arreglos e insertando esa voz sensible y cálida que posee, dominando a la perfección ese registro vocal suyo en el que se mueve. A continuación reproduzco la entrevista completa que he mantenido con ella y que parcialmente, por la evidente falta de espacio, se ha publicado este fin de semana en el Heraldo. Una ‘dulce uva’ para los amigos de las voces delicadas y el intimismo y toda una aportación maravillosa al mundo labordetiano.
A la hora de abordar el disco, ¿saliste con voluntad predeterminada, casi con el cuchillo entre los dientes, de no solo poner tu voz en el cancionero labordetiano sino de arreglar el gran roto que le hicieron a Labordeta en los arreglos de casi todos los discos de los 80-90? ¿O fue algo que luego salió de forma más natural y menos premeditada?
Tenía claro que este no era un disco recopilatorio. Era un disco de Mª José Hernández cantando canciones de Labordeta. Se trataba de traerlas a mi terreno y sentirlas como mías…
¿Tarea difícil?
Realmente, no, porque la poesía de Labordeta no tiene género. Escuché las canciones, las desnudé, dejé intactos los textos y las melodías y junto a Sergio Marqueta al piano partí de cero…
¿Sin ideas preconcebidas?
Exactamente. Comenzamos a trabajar desde un concepto acústico, en el que el piano iba a ser el protagonista, apoyado en el contrabajo y la guitarra como elemento rítmico, sin batería. Así que a los músicos, Julio Calvo, Daniel Escolano y Gonzalo Lasheras, les pasé ya la selección de las primeras maquetas sólo con piano o guitarra, es decir, ya tamizadas, olvidándonos de los arreglos originales para no partir, en efecto, de ideas preconcebidas.
Gonzalo Lasheras, además de músico, productor, ha sido el gran catalizador musical…
Gonzalo entendió perfectamente el sonido que yo quería para este disco y ha gobernado este ‘barco’ con maestría.
Has rebanado bajos y teclados (ay, ‘Nieve en abril’ y aquellos sintetizadores ochenteros), amainado baterías…, suprimido incluso acordeones y arreglos orquestales, como ocurre en ‘Qué queda de ti’, o los saxos y guitarrazos acústicos de ‘Abrí todas las puertas’, has liberado a ‘Guárdate del aire’ de la base de blues eléctrico que tenía… y te has decantado, en general, por el piano como base instrumental y por la melodía. ¿Has buscado austeridad o precisión? ¿El texto o la música?
Cuando escuché por primera vez ‘Nieve en abril’, me quedé impresionada con la letra pero no me gustó nada el arreglo. Lo mismo ocurrió con ‘Con tu voz’, que ha resultado una de las canciones más luminosas, o ‘Guárdate’; así que nos propusimos sacarlas de esos arreglos trasnochados y convertirlas en canciones totalmente diferentes. Simplemente, con despojarlas de artificios, brillaron porque los textos eran impresionantemente bonitos.
Lo que no quita para que, por ejemplo, en ‘Si fueses como la aurora’ aparezca una guitarra eléctrica muy liviana que en origen no existe…
La guitarra eléctrica puede tener un abanico sonoro muy amplio y en este disco hemos buscado sobre todo que aportara tímbrica y texturas redondas y cálidas, siempre todo al servicio de los textos.
En el álbum ‘Paisajes’, de Labordeta, pusiste tu voz en tres canciones. Al final has elegido ‘No me digas ahora’…
Me parece una reflexión preciosa y melancólica; esa que todos en algún momento nos hacemos cuando toca hacer balance de lo vivido. Hice ese arreglo de piano inspirada en las ‘Gymnopedies’, de Satie, porque el texto me evocaba esa atmósfera.
En ‘Caminaremos’ has añadido al final unos coros masculinos que no existen en el original. ¿Tal vez para reivindicar que esta es también una canción ‘comunal’ que hila con el ‘Canto a la libertad’?
Sí, ‘Caminaremos’ es el himno de este disco. No había que olvidar esta faceta del repertorio. Lo que no tenía claro era como plantear el arreglo, y ahí fue Gonzalo Lasheras quien tuvo la buena idea de llevarlo al otro extremo y hacerlo solo con chelo y voz. El arreglo de Dani Escolano es fantástico y el coro está formado por los amigos de La Magdalena a los que pude engañar de un día para otro.
Pese a acudir a aquellas canciones “mal vestidas”, no has obviado la etapa mejor instrumentada, o la más adecuadamente instrumentada, que fue la de los 70. Hay dos piezas del 76, de ‘Cantes de la tierra adentro’…
No quería centrarme solo en las canciones más poéticas y de amor que a priori podían ser más “apropiadas para mi voz” y olvidarme del talante combativo de canciones como ‘Rosa Rosae’, que es una canción autobiográfica tremenda que describe los años de la guerra civil y la vida de posguerra y ‘Caminaremos’, que como he dicho es el himno de este disco.
Como hay tres de ‘Canciones de amor’, la salvedad del estropicio de los 80-90, como fue aquel disco, quizá el más acoplable por no decir más sencillo para tu voz y tu estilo. ¿O mandó la belleza completa de ese disco?
Indudablemente, junto con ‘Trilce’, son dos de los discos con mejores canciones, y ‘Mar de amor’, en concreto, fue la canción que dio origen a este disco, porque fue versionándola junto a Joaquín Pardinilla en un homenaje que se le hizo al ‘Abuelo’, que caí en la cuenta de que ninguna mujer se había atrevido con su repertorio, y ahí se me encendió la bombilla.
Llama la atención que precisamente no hayas incluido la canción que da titulo al disco…
Originariamente se encontraba en la lista de las elegidas porque además su título me parece una metáfora perfecta de lo que para mí son estas canciones… son como esas uvas que están escondidas en el racimo y que en cambio son las más dulces, las más exquisitas… El caso es que no acababa de encontrar un arreglo que me convenciera y al final, con pena, se quedó fuera. Pero ocurrió que, de tanto preguntarme la gente lo mismo, y supongo que por aquello de que “bajo presión llega la inspiración”, dos días antes de la presentación en el Principal, mientras paseaba, se me ocurrió el arreglo y la montamos en un ensayo, la víspera del concierto, para incluirla en el directo.
Cierras con un poema inédito, ‘Nadie’, y además el último que escribió Labordeta, que tú misma has musicado. Emocionante. ¿Cómo te llegó?
Después de morir José Antonio, cuando decidí retomar el proyecto, lo primero que hice fue hablar con Ángela Labordeta y Juana de Grandes porque tenía claro que sin su complicidad no quería hacerlo. Ellas me recibieron y me dijeron que estaban encantadas de que la idea fuera precisamente alejarme del repertorio obvio. Ángela me pidió entonces que musicara, si así lo sentía, este poema que encontraron una vez fallecido su padre, entre sus cosas, porque era el último poema que él escribió, cuando la enfermedad ya casi no le dejaba coger el bolígrafo y era muy especial ya que sentía que era su despedida. Estaba en una hoja de papel, manuscrito y con una letra casi ilegible. Lo musiqué al final de toda la grabación. Simplemente me senté al piano y lo canté; salió así, de tirón, y acabé con los ojos arrasados porque el texto es estremecedor.
José Antonio era consciente de sus limitaciones musicales y así lo confesaba. ¿Qué dificultades técnicas o formales has encontrado?
Creo que el universo musical de José Antonio estaba muy arraigado a la música popular, que constantemente nos demuestra que no hace falta un tratado armónico ni melodías enrevesadas para calar en la gente y perdurar en la memoria. Está claro que él era fundamentalmente un poeta que encontró en la música el medio para decir lo que necesitaba decir y llegar a mucha gente. La fuerza de sus canciones residía en sus textos y en la autenticidad que transmitía su voz y su persona.
En más de una ocasión, recuerdo hablarle y casi reprocharle aquellas canciones festivas –‘Coplas de Severino el Sordo’, ‘Qué vamos a hacer’ o aquella que ahora, con el asunto de la corrupción, estaría bien vigente como ‘El decreto 33’- con un punto de populismo musical que no encajaba con la profundidad de sus canciones más intimistas. Él se medio sonreía y con cierta timidez se justificaba diciendo: “Es que cuando vas a los pueblos…” Ahí no te has atrevido a entrar…
No es que no haya querido entrar, es que teniendo en cuenta que tenía que ceñirme a 12 o 13 temas, había canciones mucho más interesantes dentro de la línea que me había marcado.
Estoy seguro, como lo está su hija Angela, de que a Labordeta no solo le hubiera encantado este disco sino de que te hubiera dado un beso de alegría enorme. Fui testigo de lo mal que lo pasó en los ochenta peleándose con las discográficas y los productores, o por mejor decir, aguantando estoicamente el temporal, parafraseando uno de aquellos discos, de que era lo que tocaba –modernidad- y no había más remedio para sobrevivir en el negocio, hasta el punto de que dio un millón de pesetas a la SER, a los 40, como me confesó en mi libro, para que en el 87 le pincharan su disco ‘Qué vamos a hacer’. ¿Eres consciente del acto de justicia que le has hecho?
José Antonio conoció el proyecto y se entusiasmó con la idea. Incluso se ofreció a mostrarme algunas canciones inéditas y proponerme su propia selección de candidatas, pero desgraciadamente a los meses empeoró su estado y yo aparqué el proyecto. Sinceramente yo también creo que le habría gustado. Juana, su viuda, así me lo manifestó, agradeciéndome que hubiera elegido precisamente esas canciones más poéticas que son las que a ella más le gustaban, y transmitiéndome el gran cariño que su marido me tenía desde siempre.
¿Es en serio que alguien te reprochó o puso cara escéptica con la idea cuando estabas preparando el disco?
¡Ya lo creo! Reproches no hubo pero sí escepticismo. Creo que, en parte porque les costaba imaginar las canciones de José Antonio fuera de la rudeza de su voz. Imagino que también habrá quien me habrá tachado de oportunista, pero eso no me preocupa a estas alturas. Sé quien soy y tenía claro el disco que quería aunque fuera arriesgado.
Supongo que ante semejante arsenal de canciones abordables por tu voz, el proceso de selección sería complejo. ¿Hiciste la tabla selectiva antes de grabar? ¿Fue rápida o costó mucho?
Indudablemente. Lo más difícil en este disco ha sido elegir. Escuché todos los discos, (algunos me costó conseguirlos), pero al final escuché todas las canciones y algunas por primera vez. De forma premeditada, el proceso de selección fue totalmente subjetivo, o sea, estarían las canciones que más me emocionaran y me gustaran a mí. Tan sencillo e instintivo como eso. En una primera criba quedaron como treinta y tantas canciones. Y a partir de ahí vino lo difícil: decidir qué canciones se quedaban fuera para dejar la selección en la duración normal de un disco, porque este no era un disco recopilatorio.
¿Quedó material fuera editable?
Sí pero solo en forma de maquetas. Al estudio fuimos con los doce temas elegidos, porque la grabación se hizo prácticamente en directo, y esto implicaba que el arreglo tenía que estar muy ensayado antes de llegar allí.
¿Crees que volverás de nuevo al cancionero de Labordeta? ¿La experiencia de ‘Las uvas’ estimula a ello?
Estoy muy satisfecha con el resultado y creo que era un disco que tenía pendiente, pero no tengo intención, de momento, de repetir. Mi próximo disco será de nuevo de canciones propias; de hecho, ya tengo mucho material pendiente de ser grabado.
El disco se ha subvencionado a través de crowfunding mediante la web especializada de Siamm. ¿Qué te ha parecido esta nueva modalidad de edición? Creo que enseguida se recaudó la cantidad necesaria para sufragarlo…
Gran parte de la grabación se ha hecho en el Laboratorio Audiovisual de Zaragoza con Carlos Estella y se ha editado con Delicias Discográficas, pero el resto de los costes de todo el proyecto han caído una vez más sobre mis bolsillos, así que el crowfunding ha sido un empujón. Era la primera vez que lo hacía, y mi objetivo no era financiar todo el proyecto, sino promocionarlo y crear expectación. Por eso, se planteó como una venta anticipada del disco y no se pidió una gran cantidad. Lo más bonito, sin duda, ha sido ver la implicación de los mecenas durante el proceso de grabación, el cariño que me han transmitido y la reacción entusiasta de la gente cuando empezamos a poner canciones en Facebook.
Parece magnífica idea la Fundación Labordeta. ¿Tienes ahí un papel que desempeñar?
Me parece fantástico que la Fundación haya comenzado a andar. He estado al tanto de todo el proceso desde que hablé por primera vez con Ángela y Juana, quienes de hecho me propusieron que este disco fuera una de los primeros proyectos de la misma. Sé que ha sido un proceso largo pero creo que era necesario para salvaguardar y seguir dando a conocer la obra y la persona de Labordeta.
¿Cómo va tu nuevo disco?
Sigo trabajando y metiéndome en líos. Mientras continúo con las presentaciones en directo, tengo intención de comenzar a grabar maquetas con nuevas canciones,. Además, paralelamente a ‘Las Uvas dulces’, estoy en un nuevo proyecto que nada tiene que ver con mi faceta de cantautora pero sí con la de cantante, y que ha supuesto un reto nuevo para mí. Es un proyecto que he creado junto a dos grandes amigos y enormes músicos como son Luis Delgado y Joaquín Pardinilla en el que recreamos un repertorio de canciones antiguas (medievales, sefardíes, romances, cantigas, etc.) pero desde la perspectiva del siglo XXI. No tiene ningún talante historicista, sino de recreación de esas melodías maravillosas que han perdurado en el tiempo y que siguen emocionando a quien las escucha después de 500 o 600 años. El proyecto se llama ‘Vivere memento’ (acuérdate de vivir) y el disco saldrá en unas semanas.

Publicado en Aragón | 1 comentario

La extraña resurrección de Pink Floyd, veinte años después

Sorprendente y extraña reaparición de Pink Floyd para poner punto final a su carrera cuando ya se creía que se puso en 1994, con ‘Division Bell’, si no antes, con las escasas calorías del último disco con Roger Waters en las filas del grupo, con aquel deficiente ‘The Final Cut’ de 1983. Pero al parecer había que decir adiós oficialmente y rendir homenaje a Rick Wright… uhmmm. Por mucho que sorprenda, no obstante, y pese a las pedradas a los viejos dinosaurios, el disco está arrasando en Inglaterra y otros países. Según el NME, es el disco que más copias ha vendido en el Reino Unido en una sola semana… ¡Toma crisis y modernidades!

Revisada y acotada por los otros tres miembros del grupo, la autobiogafía que en 2004 publicó Nick Mason, batería de Pink Floyd, tenía un tono más bien complaciente. Y a pesar de ello, Roger Waters, bajista, cantante y compositor, no se escapó sin algunos calificativos: megalómano, ególatra, despreciativo, irascible… Un tipo duro de pelar, resumía Mason. Como el guitarrista David Gilmour –añado yo-, un tipo tozudo y rarito sin resuello. “Sería como dormir con la exmujer”, contestó tajantemente negativo cuando Bob Geldof le propuso la idea de reunirse con Pink Floyd en el festival ‘Live 8′ de 2005, algo a lo que previamente, pese a las broncas y juicios miles que mantuvieron en el pasado, había accedido de buen grado el ‘enemigo’ Waters.

Y he aquí una muestra más y última de esa rara idiosincrasia de Gilmour: el disco con el que, al cabo de 20 años, ha reflotado sorprendentemente a Pink Floyd, ‘The Endless River’, publicado la semana pasada. Gilmour dice que está hecho en homenaje y recuerdo del teclista de Pink Floyd, Rick Wright, fallecido en 2008… Hay que rascarse la cabeza como gesto de incredulidad.

En realidad, es un disco que tenía que haber salido en aquel mismo año 1994, como segunda parte de ‘The Division Bell’ y con el título de ‘The Big Spliff ‘ apoyado en imágenes móviles, pero se descartó. Veinte años después Gilmour, amigo y vecino de Phil Manzanera, le pasó una ristra de grabaciones de aquellas sesiones con más de veinte horas de música al exguitarrista de Roxy Music para que las escuchara y viera qué se podía hacer con ellas, sobre todo teniendo en cuanta que allí estaba presente Rick Wright, a quien quería homenajear y de camino poner el epitafio a Pink Floyd.

Manzanera entresacó una hora de aquella veintena y la estructuró en cuatro partes, como si fuera una sinfonía, pero a Gilmour y a Mason no acabó de convencerle. Llamaron a Youth (el bajista de Killing Joke) y este acabó de rematar la faena, reuniendo a Mason y Gilmour en el estudio. Se rehicieron algunas pistas, se grabaron nuevas, se invitó incluso al físico Stephen Hawking y hasta se pidió una letra a la esposa de Gilmour para completar la única canción vocal del disco. Así nació este extraño disco de Pink Floyd.

Parece que el argumento de más peso para abordarlo fue el empeño de Gilmour para rendir homenaje a Rick Wright fallecido en 2008. Los floydianos sabrán perfectamente que Rick fue el ‘patito feo’ de Pink Floyd. Pese a sus solemnes y decisivas aportaciones al grupo, con aquellos planeantes y hasta misteriosos teclados que imprimieron marca de fábrica al cuarteto, Wright fue expulsado del grupo por el megalómano Waters, que le acusó de no implicarse en ‘The Wall’ y lo colocó a sueldo, operación que por otra parte no le vino mal al teclista: fue el único que no perdió dinero en la ruinosa gira de ‘The Wall’. Él cobró su jornal, mientras que los otros tres palmaron. Luego, cuando Gilmour y Mason ganaron a Waters la batalla por el nombre de Pink Floyd y de su subsistencia -Waters quería que desapareciera para que no le hiciera sombra a sus proyectos individuales-, llamaron al teclista, pero de nuevo como asalariado. Gran jugarreta cuando fue Waters el que lo echó…

Así que suena a mala conciencia esta redención, este disco pescado en aguas pasadas. Si tan emocionado estaba Gilmour en el recuerdo al viejo y subestimado colega, ¿por qué no acometió el proyecto de recuperación y homenaje en vida de este? Tuvo 14 años para hacerlo. Caprichosas rarezas del ‘chico bueno’ del fluido rosa. Sobra decir que es el disco más sorprendente, por su gestación que no por su música, del año y probablemente de la historia del rock. Un disco tan atractivo como innecesario, depende del prisma con que se mire.

Si se obvian estas historias y sobre todo el paso del tiempo, yo lo veo a través de un prisma positivo. A fin de cuentas, hay retazos de los Floyd con los que tanto disfruté en su momento, y sigo disfrutando. Dividido en las cuatro partes que de inicio propuso Manzanera y con un total de 18 cortes de los cuales solo uno es vocal y el resto instrumental, este epitafio de Pink Floyd es en realidad un conjunto de autocitas continuadas, nada nuevo ni renovador, pero sí evocador.

Generalizando y resumiendo por no alargar mucho la nueva epopeya pinkfloydiana, la primera parte incide en los Floyd de ‘Wish You Were Here’. La segunda se dispara hacia ‘The Dark Side Of The Moon’ y ‘Meddle’, la tercera son pequeñas porciones con la diana en ‘Run Like Hell’, y la cuarta vuelve a los Floyd planeantes, voz incluida en la pieza de cierre, ‘Louder Than Words’, que esa es otra de las grandes incógnitas: ¿por qué Gilmour, santo y seña vocal del grupo, no ha cantado más?

En fin, pese a incógnitas como esta, a su rara gestación y la tinta negra que le está cayendo, ‘The Endless River’ es una emotiva recreación del canon sonoro pinkfloydiano, bien que hecho con mucho retraso y fuera de tiempo, pero siempre atractivo. Desde luego sus fans de siempre, o al menos una gran parte (sospecho), no van a repudiar estas piezas.., ¡ay!, cuando suenan perlas como ‘Anisina’ o ‘It’s What We Do.’El fluido rosa tira mucho.

Aquí, la primera parte del disco completa. Doce minutos para flotar con el sonido y con las imágenes bellísimas, ensoñadoras, con que se ideó el disco en 1994:
Imagen de previsualización de YouTube

Publicado en Internacional | 6 comentarios

Certezas y añoranzas de La Movida madrileña

“Fue uno de los movimientos culturales más importantes de la España del siglo XXI”, concluye la locutora del documental ‘Frenesí en la gran ciudad’, que la 2 de TVE tripite por enésima vez esta noche de domingo y cuyo primer capítulo acabo de ver. ¿Movimiento? ¿Cultural? Palabras elevadas. Habitualmente se han empleado para la Literatura, la Historia, la Ciencia, la Música Clásica…, ¿pero para el pop?… Es posible: el primigenio rock’n’roll americano nació entre vómitos y piras de la sociedad dominante y al final acabó canonizado. Hasta tiene sus museos y sus leyendas y a alguno de los que lo siguieron, si bien, por otro carril, como Dylan, también otro infectado para el establisment, se ha llevado legiones de honor, príncipes felipes y hasta propuestas de Nobel. Dejémoslo aquí y que cada cual, y sobre todo la historia futura, juzgue y sitúe la Movida.

Lo que sí sé con plena certeza es que aquellos fueron años trepidantes en el pop español y en un sector juvenil muy definido. Sé también que del conjunto de aquellos grupos salieron canciones que ya forma parte –recurramos al tópico- del imaginario colectivo.

Sé también –se ve perfectamente en el documental- que los componentes de aquellos grupos eran jovencísimos, chavales imberbes que no sabían lo que era el virtuosismo ni por el forro y en su mayoría tan apenas sabían tocar, pero que fueron los artífices de muchas de aquellas perlas, no precisamente ensangrentadas.

Sé igualmente que el llamado movimiento fue un chispazo que en realidad duró un par de años: recuérdese que previamente, en el 80 y el 81, hubo una llamada ‘nueva ola’ integrada por Radio Futura, Nacha Pop, Los Secretos, Mama, Zombies… y alentada desde las multinacionales y grandes sellos españoles –Polydor, Hispavox, RCA, CBS…- que no cuajó y que en el 82 se replegó a los sellos independientes desde los que saltó el gran chispazo de verdad para luego, en algunos casos, volver de nuevo a las multinacionales y apagarse en el 84-85, devorada por el dinero fácil y abundante y sus correspondientes dependencias lisérgicas.

Sé también que la heterodoxia imperaba en aquellos grupos, que lo mismo tocaban punk que pop que rockabilly, electrónica industrial o rock siniestro e incluso que algunos hicieron sorprendentes ejercicios de transformismo pasando de la música oscura al pasodoble (Gabinete) o del psicobilly a la música latina (Coyotes), una heterodoxia que generó decenas de canciones a cual más distinta.

Sé también que no fue un invento de la prensa ni de periodistas corruptos, por más que voces cenizas y destructivas no paren de lanzar la ‘wrecking ball’ contra el ‘movimiento’ y por más que incluso uno de los miembros de Derribos Arias, Alejo Alberdi, recuerde en el documental que Poch sobornaba a los periodistas.

Sé, y añoro, que había muchos, muchísimos programas de televisión dedicados a la música, como bien se recuerda en el documental, desde ‘Popgrama’ y ‘Musical Express’ a ‘Caja de ritmos’, ‘Awanbaluba’, ‘Aplauso’, ‘Pista libre’, ‘La bola de cristal’ o la revolucionaria ‘La edad de oro’, como sé que había una prensa y una radio especializada, además de la generalista que abrió las puertas a aquellos nuevos centauros, sin los que el torrente de grupos se hubiera secado a las primeras de cambio.

Sé igualmente que la llama encendida por aquellos grupos prendió en otros lugares de España, desde Barcelona a Galicia, Andalucía, Asturias… e incluso Zaragoza, provocando el nacimiento de muchas más criaturas deformes, según el estamento bienpensante; de glorias eternas, según los devotos de la nueva religión.

Sé también que en torno o en el epicentro de todo aquello surgieron otras propuestas pictóricas, cinematográficas, periodísticas, literarias, fotográficas, visuales, de moda o cómic… que hincharon socialmente y culturalmente aún más el ‘movimiento’. No digamos el colorido que tomaron las calles españolas con la irrupción de las llamadas tribus urbanas, generando una transformación social y estética que aún perdura.

Sé también que toda aquella tropa de agitadores no salió de las alcantarillas por apoyo político del PSOE, simplemente porque el alcalde Tierno soltara aquella retumbante frase de ‘a colocarse y al loro’, ni de coña, sino por culpa de la explosión nuevaolera de Londres y Nueva York que cual seta nuclear tuvo su impacto en España como lo tuvo en otros muchos países europeos.

Sé también que aquella explosión ocultó otras músicas como la más dura fabricada por Barón Rojo, Obús… Bueno, bueno…, esto es menos claro. Es la típica y tópica queja de sus seguidores, pero aquellos grupos también tuvieron su presencia mediática, por mucho que se niegue y no pocas actuaciones en decenas de recintos. Otra cosa es que se le diera más cancha en los medios, simplemente porque la facción nuevaolera se impuso al rock&rollo de la Transición y del Mariscal Romero y ocupó su espacio propio por su capacidad de ruptura y sus aires renovadores.

Y, en definitiva, sé que, entre 1980 y 1984, en España se dibujó un tiempo nuevo e inolvidable, e incluso salvaje, como cantarían Los Ilegales, que a medida que pasan los años, pese a las viejas y viperinas diatribas de políticos de la derecha, del sector del rock duro o de las guerras tribales entre los mismos grupos, elevan su peso y envergadura tanto como su dificultad para repetirse. De ahí, no por nostalgia, sino quizá por rabia de que no se produzca una nueva explosión en la actualidad con aquel alcance y, sobre todo por el fanal de canciones que dejó La Movida, esta añoranza mía por aquellos tiempos, este enamoramiento eterno de la moda juvenil que esta noche ha vuelto a removerme la tele. Tierno de piel que es uno.

El documental completo, de casi dos horas, se puede ver pinchando aquí

Publicado en Nacional | 8 comentarios

Public Enemy, ¿el mejor disco de los últimos 30 años? ¡Venga ya!

Se ha reunido el sanedrín de la revista Rock de Lux (o Rockdelux, como reza en la portada dándole patadas al diccionario) y ha dictaminado, recurriendo a ese sobado e imposible listado matemático del Arte, que el ‘mejor disco’ de los treinta años de vida que tiene la revista, es decir, del periodo 1984-2014, es…, tachán-tachán… (suenen a todo volumen timbales y clarines ante tan majestuosa elección)… ‘It Takes A Nation Of Millions To Hold Us Back”, de Public Enemy, disco editado en 1988… ¡Tela, lo mejor que le ha pasado a la música pop en los últimos treinta años es este sarpullido de hip-hop y rap!, cuyos autores, por cierto, siendo tan importante como ahora nos dicen que es este disco y como entonces lo consideró uno de los escribas de la revista, Luis Lles –“el futuro del rock’n’roll”, sentenció- no tuvieron en su momento los honores de una portada. Buen ojo periodístico, se llama.

El mismo director de la publicación, Santi Carrillo, saca el botafumeiro y espolvorea sacrosantamente los “monumentos de ritmo y provocación en numerosas canciones gloriosas”, y más exaltaciones que siguen a continuación y que desisto de seguir leyendo. Cansan estos florilegios sobre la nada y el mal gusto musical, no digamos las toscas soflamas raperas, perdonavidas y hasta exaltadoras de la violencia machista de estos individuos: “Voy a desenmascarar a esta puta asquerosa…, robaba dinero a sus novios, nunca la atraparon… y siguió haciéndolo a todos sus hombres, pero esta vez se equivocó de hombre. Y aún hoy la gente se pregunta por qué no la molió a palos”.

Semejante engendro está por encima de obras cualificadas del rock, de obras maestras firmadas en estos treinta años por gentes como U2, The Smiths, Nick Cave, R.E.M., Nirvana, Primal Scream, Tom Waits, Echo & The Bunnymen, Leonard Cohen, Dylan, Radiohead, PJ Harvey, Springsteen, Neil Young, Lou Reed, Belle & Sebastian, Arcade Fire, Blur, Oasis, Sonic Youth, Yo la Tengo, Pavement, Suede, Bowie, The Cure, The Cult, Van Morrison, Morrissey, Patti Smith, Stone Roses, Flaming Lips, Guns ‘N Roses, Metallica… y tantas y tantas otras, españolas incluidas. Un insulto a la inteligencia, al sentido y a la sensibilidad.

A rebufo del New Musical Express y más modernamente de webs como Pitchfork o Janesaispop, Rock de Lux es la revista emblema del modernismo vanguardista, o eso, debe creerse toda o buena parte de la plana mayor de comentaristas –por supuesto, su director- que dan bola en sus páginas. El problema es que imbuida de esa brutal ansia por lo último de lo último, pero sin criba alguna, por su apego al ‘topping up’, como dice Sabino Méndez, a lo novedoso por nuevo, que las más de las veces cae en el más puro esnobismo –“escribo de este disco que solo conozco yo y soy el más moderno, aunque sea basura”-, en definitiva, afiliada al elitismo más obtuso y discriminador, hace que RDL no solo deje fuera de pista a un montón de artistas y discos con cuajo sino (lo peor): vende como glorias las más duras mediocridades, bendice artistas ignotos que apenas duran un soplo en la mente de los propagandistas y no digamos en el mercado.

Basta con echar un vistazo a la portada de un número cualquiera de hace un par de años, no digamos de cinco o diez: nada o casi nada queda de aquellos nuevos nombres glorificados, ni rastro, hundidos en el olvido y en la indiferencia absoluta pese a las pomposas candongas del comentarista de turno. Pura truculencia informativa, sectarismo dañino para el lector común e irritante incluso para más de un experto.

“No leo esa revista porque no me entero de nada”, me decía hace años una conocida locutora radiofónica. Una frase que remacha y concuerda con la apreciación que recientemente, al respecto de este ‘numerito’ extra de RDL, emitía Diego A. Manrique, quejoso de la incapacidad de la crítica española para tratar el ‘mainstream’ y de esta manera sesgada –añado yo- de enfocar el periodismo musical, pues al final no es que elimine del tablero la música más vulgar y superflua, algo obvio por obligado, sino cantidad de grupos y discos con un potencial creativo exuberante pero rechazado no se sabe muy bien por qué: ¿por ser famosos?, ¿por su eco popular?, ¿por línea editorial?, ¿o simplemente por capricho o ignorancia del plumilla en cuestión?

Es cierto que de una empresa privada se trata y de que RDL tiene todo el derecho del mundo a establecer su línea editorial y a funcionar como le plazca y como le interese. Faltaría más. Pero distorsionar la información musical de forma tan sectaria, esnobista y aburrida, de olvidar músicas sólidas y a la vez de gran impacto popular, de salidas de pata de banco como dentro de ese universo esnobista fue darle cancha a Antonia Dell’atte, Azúcar Moreno, Hombres G, Miguel Bosé, Lola Flores, Peret o Raphael (si mal no recuerdo) o de cometer aberraciones como esta de Public Enemy como ¡¡¡mejor disco de los últimos 30 años!!!, tiene su límite para quienes, aun rezongando, hemos ido cada mes al quiosco a hacernos con el número correspondiente del Rockdelux, amén de otras revistas más interesantes.

En mi caso el límite se ha cumplido. A partir de ahora no estoy dispuesto a pagar por soportar semejante alud de disparates: me borro, no volveré a comprar el nuevo ‘Hip-hopdelux’ ni por equivocación. Y unos eurillos que me ahorraré, oiga, que encima, como dicen en este pueblo, son careros de narices: casi diez euros vale el numerito último de la burla. Y con los viejos números haré lo que hacía Christina Rosenvinge: los guardaré para empapar futuras goteras. Adiós.

Imagen de previsualización de YouTube
Publicado en Internacional | 52 comentarios

María José Hernández, frente a frente con Labordeta

Estamos ante uno de los discos más hermosos que se han publicado en los últimos tiempos en Aragón en el terreno de la canción popular. Estamos ante ‘Las uvas dulces’, el título del nuevo disco de María José Hernández, cantautora zaragozana de voz exquisitamente sensible y controlada que se ha volcado en esta ocasión en el repertorio labordetiano.

Aún vivía el gran icono de la canción aragonesa cuando María José tuvo la feliz idea de hacer una enmienda parcial a su cancionero, o sea, remodelar algunas canciones que fueron ‘malvestidas’ en su momento. Tarea no complicada pero sí incómoda para muchos artistas, orgullosos de sus composiciones, no digamos refractarios a que alguien de fuera se atreva a enmendarles la plana. No era el caso de Labordeta.

Buenazo, permisivo y desprejuiciado, Labordet no solo no tenía el más mínimo reparo a que alguien acometiera ese trabajo sino que, al contrario, lo alentaba, lo deseaba. Por una razón básica: por el padecimiento y la quina que tuvo que tragar con los productores que le tocaron en suerte en los ochenta y los noventa. Productores que, al socaire de la ‘posmodernidad’, vistieron no pocas de sus canciones con arreglos estrafalarios: zumbantes guitarras eléctricas, bajos martilleantes, sintetizadores… La sumisión y la confusión de los tiempos le llevó incluso, en el terreno físico, a vestir chaquetas con hombreras, aquel horroroso invento estético de los 80.

Así que Labordeta no solo le dio el placet sino que alentó a María José a enmendar el roto. Él no ha podido ver el zurcido final, pero hoy le daría ‘besos tan dulces como la miel’, que cantase Mauricio Aznar. Y es que la cantautora zaragozana, con esa reverberación tímbrica y delicada de la Cecilia de los setenta, ha derramado todo un torrente de sensibilidad en las relecturas que ha hecho de las doce canciones que ha escogido del repertorio labordetiano. Doce canciones básicamente de los años 80 y 90, en los que se produjo el mayor estropicio, pero también una terna de los setenta para dejar patente su fervor por la poesía labordetiana.

La labor ha sido tan obvia como obligada: María José ha eliminado hojarasca, ha elegido el piano como guía, se ha rodeado de unos arreglos sobrios pero cálidos y precisos, y sobre ellos ha claveteado su deliciosa voz. El resultado son estas doce uvas, no precisamente de la ira, sino dulces, intimistas, embriagantes, cogidas sobre todo de ‘Trilce’ (1989) y ‘Canciones de amor’ (93), un prodigio de exquisitez que se amplía con la musicación inédita del último poema, ‘Nadie’, que escribió José Antonio, estremecedor poema de despedida. Labordeta en voz femenina. La dureza vocal del cantautor transformada en finura de mujer. Un encantamiento al que el mundo labordetiano debiera rendirle pompa y honra y del que más adelante habrá más información en el blog a través de las mismas palabras de la magnífica cantautora aragonesa, otro caso preclaro y evidente de la injusticia del ‘bisnes’, que diría Labordeta, al no haber alcanzado la cima de la música española, cuando ahí arriba habita tanto impostor/a, pero esto es otra cuestión.

Puede escucharse el disco entero y gratuitamente en mariajosehernandez.com, aunque la edición en formato físico es espléndida y muy recomendable, vamos de las que hay que regalar a cualquier novia amorosa y sensible (o viceversa).

Imagen de previsualización de YouTube
Imagen de previsualización de YouTube

Publicado en Aragón | 10 comentarios

The New Pornographers, el color del pop nuevaolero en 2014

Un grupo donde figure la dulce Neko Case es para echarle cuando menos una mirada. Aquel ‘Blacklisted’ de 2002, marcado por el influjo de Nick Cave aunque ella militaba o procedía del entonces denominado (idiotamente) ‘alt country’, pues no era sino música vaquera de siempre, no se olvida fácilmente. La virginiana, además de guapa a matar, componía, cantaba exquisitamente y tocaba guitarras y órgano. Una alhaja de chica que todavía sigue su carrera en solitario, pero que compatibiliza -en otro registro- como invitada de The New Pornographers

Curiosa formación canadiense de Vancouver que funciona más como colectivo que ‘supergrupo’, como le denominan: dos compositores, tres cantantes femeninas y dos masculinos, más músicos. En 2005, con ‘Twin Cinema’, se ganó la consideración del mundo pop y ahora, al cabo de cuatro años, tiene en el mercado su séptimo álbum, ‘Brill Bruisers’, que, seguramente debido a la configuración tan especial del grupo, encierra una clase de pop desigual que lo mismo se derrama desde odres spectorianos que del tecno-pop juguetón de los ochenta mientras las voces, entre ellas la de la mentada y adorable Neko Case, se van turnando en el papel principal y las otras arropan, cual si unos Mamas & The Papas modernos se tratara (aunque a mucha distancia, claro).

Para los devotos del pop, las voces y los experimentos (¿con gaseosa?) una golosina y al tiempo un latigazo de colorido y alegría nueva olera que el grupo ha enfilado por la vía rápida, tras una serie de funestos acontecimientos ocurridos en el seno familiar del grupo y de su líder A. C. Newman. Basta meterse en ‘Dancehall Domine’ para ponerse como unas castañuelas de contento/a.

Por cierto, el título del disco, no lo sé, pero igual evoca el ‘Brill Building’ neoyorkino, aquel nutrido colectivo de compositores –de Leiber & Stoller a Burt Bacharach- ubicado en un edificio de Broadaway que llenó el pop americano de los 50 y los sesenta de populares canciones que tarareó media América. La canción que da título al álbum juega en cierta manera a construir aquel muro de sonido de Spector, integrante también del Brill, aunque como productor, con los instrumentos y los juegos vocales. Es posible. Entre colectivos anda el juego.

Imagen de previsualización de YouTube
Publicado en Internacional | 2 comentarios

Berlín 1990, el elefantiásico muro musical de Roger Waters

El próximo domingo día 9 se cumple el 25 aniversario de la caída del muro de Berlín. Los medios ya llevan recordando tan histórica fecha con documentales y debates, y uno se une modestamente a efeméride tan crucial en el desarrollo del siglo XX –se acabó la guerra fría que tanto aterrorizó al mundo durante varias décadas, especialmente en la de los sesenta- evocando la gran muesca que el acontecimiento generó en la historia del rock: el concierto de Roger Waters en Berlín, ocho meses después de la caída, exactamente el 21 de julio de 1990. La teatralización más colosal que nunca se haya dado en el mundo pop.

Once años antes, Waters, todavía con Pink Floyd, fue el artífice de ‘The Wall’, un doble álbum que narraba la historia de un individuo y el transcurso de su vida, con todos los ladrillos que la vida le va poniendo delante; el muro, en suma, de dificultades que, como dijo Roger Waters, “le va levantando la alienación, la violencia, la injusticia y los problemas de comunicación entre la gente”, hasta que ese individuo (que somos todos) es capaz de romper todos esos ladrillos y derribar ese simbólico muro vital. Una metáfora más que acertada de lo que es la vida.

Mejor argumento y disco más adecuado en aquel momento para tocarlo en directo, imposible. Fue, parece, el alcalde de Berlín quien se dirigió a Waters para que hiciera el concierto que representaba la liberación de la ciudad y del mundo mismo. En cualquier caso, no hubo que insistirle mucho: en terrenos de la teatralización del rock y de la grandiosidad, Waters y sus Pink Floyd estaban ya muy curtidos, eran los reyes desde muy atrás.

Nueve millones de dólares costó la fiesta celebrada en la Potsdamer Platz, un espacio en ruinas muy cercano a la puerta de Brandemburgo y al mismo muro ya descompuesto. Acudieron 250.000 personas y más de 50 televisiones del mundo llevaron el macroespectáculo a mil millones de personas. En tiempos en que la televisión pública española era una televisión cultural y de servicio, y todavía no envenenada por las audiencias y las cadenas privadas, que aún no habían nacido, los españoles también tuvimos la oportunidad de ver en directo espectáculo tan grandioso, el concierto más grande que hasta ahora ha conocido la historia del rock en cuanto a despliegue visual y medios.

A ‘The Wall’ y a aquel concierto le salieron y le seguirán saliendo iracundos enemigos por todas partes. Dos enormes grúas, soldados, ambulancias, camiones militares, grandes figuras hinchables, un helicóptero, un cuarto de estar, luces, lásers, proyecciones, una gran orquesta sinfónica, otra militar, decenas de figurantes, motos, una limousina, los enormes bloques de poliuretano con los que se iban construyendo el muro en vivo… eran una colosal mezcla de circo, teatro y rock. Los músicos eran como insignificantes figuras en medio de aquel espectacular montaje, y algunos no estaban a la altura del disco y de la calidad requerida, pero aun con todo fue un gran show. Waters quiso reunir a sus excompañeros de Pink Floyd, pero estos declinaron la invitación: ya estaban vacunados contra los excesos pasados del megalómano Waters. Por ello recurrió a diversos invitados, Dylan, entre ellos, aunque este también rechazó la oferta.

Hoy, visto de nuevo, no deja de sorprender semejante movimiento de masas y de acercamiento visual del rock a la ópera. Una desmesura, pero que obviamente tiene sus devotos, como también sus detractores. Ya en origen, musicalmente, a ‘The Wall’, se ha ha dicho, y yo lo suscribo, le sobraban minutos. Al igual que en Berlín, pero, bueno, solo por ver a la guapa Ute Lemper cantando delicadamente ‘The Thin Ice’, a Sinead O’Connor con miembros de The Band en ‘Mother’, en una toma no exactamente del concierto sino del ensayo del día anterior porque se fue la luz, y sobre todo a Van Morrison en ‘Confortably Numb’ con The Band y orquesta más los solos de guitarra de Rick di Fonzo y Snowy White (sí, se echa en falta a Gilmour pero…), ya es un regalo este concierto, que se editó en todos los formatos habidos y por haber, laser disc incluido, aunque la imagen deja bastante que desear. Y de camino, comprobar que, pese a todo, el mundo es más libre o al menos no tan aterrador, por la dichosa guerra fría, como lo fue en los sesenta. Y parece que era ayer cuando uno estaba frente al televisor gozando de semejante retransmisión. Al margen contenidos y gustos, cómo hemos ido para atrás. ¡Qué pena!

Imagen de previsualización de YouTube
Imagen de previsualización de YouTube
Imagen de previsualización de YouTube

Publicado en Internacional | 1 comentario

Marianne Faithfull, ángel y demonio

Marianne 3No se me van de la cabeza algunas páginas del libro ‘Una autobiografía’ (1995), de Marianne Faithfull cada vez que suena o leo su nombre, no digamos cuando aparece con un nuevo disco. Asombra su juvenil promiscuidad sexual pero tiemblan las membranas del cerebro al recordar aquel pasaje en el que la llamada ‘novia eterna’ describe sus años viviendo en un solar del Soho londinense con un grupo de jonkies. Ella misma se retrata como un desecho humano. Y es estremecedor. Cada vez que aparece en público se sigue preguntando cómo es posible que aún siga viva. Muchos excesos, mucha vida en el lado salvaje.

Algo incomprensible si se miran conductas por el catalejo del pasado: familia aristocrática, buenos colegios, rigor doméstico, modales distinguidos… y una belleza adolescente deslumbrante. Pero entró en el perverso mundo de los Rolling Stones y se convirtió en musa y deseo. “Un ángel con tetas”, dijo Richards. Fue novia de Mick, cantó hermosas canciones folk –a veces sonaba como una especie de Joan Baez- y algunas pop -la litúrgica ‘As Tears Goes By’- y cayó en los infiernos de la droga. Autodestrucción total.

Se recuperó en los finales de los setenta y pudo proseguir su carrera discográfica. Su voz de dulce sirena entonces se tiznó como el carbón, pero empezó a ofrecer sus mejores conquistas musicales. La más relevante, aquel ‘Broken English’ del 79, seguida de un buen puñado de obras mayores: ‘Strange Weather’ (1987), ‘Weill The Seven Deadly Sins And Other Songs’ (1998), ‘Vagabonds Ways’ (1999), ‘Before The Poison’ (2005)…

Ahora llega ‘Give My Love To London’, maravillosa escultura sonora tallada junto a Steve Earle, Roger Waters, Anna Calvi, Brian Eno o el mismo Nick Cave. Luz y oscuridad, pop y folk, blues y country, rock y baladismo, humor y drama, electricidad y violines, placidez y agitación, un disco hermoso de contrastes, elaborado hasta la última nota, que escupe rabia antibélica en ‘Mother Wolf’ por el mundo tan incierto que van a recibir sus nietos, preocupación en ‘Late Victorian Holocaust’ por los niños que la crisis a orillado al hambre o comprensión del Londres ardiente de 2011 en ‘Give My Love To London’.

Pero más relevante aún es la lección de inventiva elasticidad que Marianne imparte a nuevas y viejas generaciones, mostrando que el pop o el rock no son géneros acabados ‘per se’ sino según las manos que lo acojan. Ella, con ese equipazo de músicos y compositores con el que se ha rodeado, lo acoge con rabia pero también con suavidad, con aflicción pero también con sonrisas, lo amasa, lo renueva. La Velvet, los Stones y Leonard Cohen se dan la mano y ella hace de médium. Tiene casi 68 años. Ha superado un cáncer de mama, una rotura de cadera y un negro pasado de vino y rosas. La música no ha terminado.

Imagen de previsualización de YouTube
Publicado en Internacional | Deja un comentario

Royal Blood, el ‘boom’ actual del rock inglés (y son solo dos)

Más difícil todavía: en vez de un ‘power trío’, al modo Cream, un ‘power dúo’, o sea, un bajista y un batería mano a mano. Dos jóvenes músicos británicos sacando astillas de blues, rock y metal de tan solo una batería, un bajo y la voz, algo que ha dejado boquiabierta a la parroquia británica.

Los impulsores de este ejercicio, aparentemente minimalista, son Mike Kerr y Ben Thatcher, ambos compis de infancia que decidieron unir fuerzas musicales cuando el primero dejó su trabajo de pescatero para coger el bajo en su Brighton natal y unirse al batería amigo. La historia exacta de cómo decidieron formar el dúo es de lo más insustancial: Thatcher fue a buscar a su amigo Kerr al aeropuerto, cuando este regresó de Australia, tras dejar su oficio de pescatero (otros más finolis dicen, ‘chef marisquero’), y en el mismo coche de regreso a casa decidieron unirse como músicos y empezar a ensayar al día siguiente, o sea, a finales de 2012. Pese a la urgencia aparente, no eran neófitos: ambos llevaban diez años tocando y componiendo en plan amateur.

Cuando se dieron cuenta que ellos dos solitos podían sonar como un grupo total, no buscaron más. Thatcher, evocando apellidos sonoros –algunos dirán ilustres- de la política inglesa, es un batería de hierro, fuerte, preciso, expansivo, con una pegada brutal de bombo –“el más salvaje de Brighton”, dice Kerr-, mientras este se las arregla con gran ingenio y seis pedales para que el bajo retumbe más allá del sonido propio de este instrumento. Cuando le preguntan por qué no toca una guitarra, él se despacha en plan coña diciendo que su cerebro no le da para más de cuatro cuerdas. Simpático el chaval, que además se hace cargo de la voz en un estilo entrecortado que recuerda al de Jack White de White Stripes y que, pese a la base hard del sonido no tiene nada que ver con el rock duro o el heavy.

Enseguida cocieron un sonido que podría situarse entre Cream, Queens Of The Stone Age, Two Gallants, Black Keys… y hasta Hendrix, Nirvana y Franz Ferdinand, tal es el montón de evocaciones que provocan sus canciones, y dejaron rendida a parroquias tan selectas como las de Artic Monkeys, que los llevaron de teloneros (algo –dicen- que tuvo que ver con compartir el mismo manager, no por méritos). Asimismo la BBC los seleccionó a finales del pasado año en su lista de nuevos talentos para el 2014.

El goteo de varios singles, con el contundente ‘Out Of The Black’, provisto de un inicio de guitarra hendrixiano, a la cabeza, seguido de ‘Little Monster’, desembocó en su debut discográfico en álbum a finales del pasado agosto con Warner, con el mismo título que el del nombre del grupo. Ha sido el detonante para que Royal Blood se haya convertido en el ‘hype’ actual de la música británica, alcanzando el número uno de ventas en el Reino Unido y seleccionado como finalista de los prestigiosos premios Mercury.

Ya veremos lo que dan de sí y lo que duran. La verdad es que de no saberlo es imposible imaginar que semejante torrente sonoro solo operen dos obreros. Increíble: parecen seis. Mas personalmente me parecen más anecdóticos que sustanciales, y musicalmente, aparte de su singularidad como ‘dúo power’, no aportan nada que no se haya oído ya, lo que no quita para prestarle atención, especialmente por las nuevas hornadas rockeras. Una cosa al menos, al margen de lo musical, tienen a su favor: son solo dos para pelearse, deporte muy extendido entre los grupos de éxito, como la historia atestigua.

Imagen de previsualización de YouTube
Publicado en Internacional | 9 comentarios

Leonard Cohen, desnudo

Es lógico que a una edad tan avanzada para los discos y los escenarios, como son los ochenta años de Leonard Cohen, no se le pueda exigir mucho más, o incluso nada. Bastante es que el gran bardo tenga la fuerza y las ganas de poner en el mercado un nuevo disco, por muy breve que este sea, unos 36 minutos. El disco, ya lo sabrá quien mínimamente siga los vaivenes musicales actuales, se titula ‘Popular Problems’ y habla, como siempre, de sus historias y del mundo, con mirada irónica cuando no desdichada.

Pero aún así, con esos 80 años, sorprende y hasta irrita que con esa monumental banda que le acompaña en directo, la mejor banda que ha llevado en su vida y que cualquiera se daría de bruces por conseguirla, quede olvidada a la hora de meterse en el estudio de grabación. Ignoro las causas por las que el canadiense ha prescindido de nuevo de este monumento, pero sí imagino el disco que podría haber salido a su lado y no junto a un productor como Patrick Leonard que le pega a la música de Cohen como un sonajero.

Este Patrick Leonard es socio musical de la Madonna de ‘Ray Of Light’, lo que ya dice mucho de las molestas programaciones de ‘Slow’ o ‘Nevermind’ o ese martilleante golpe de ritmo sintético con el que se acompaña la primera canción del disco, ‘Slow’, un martilleo que evoca los golpes de John Lee Hooker sobre la tabla que se colocaba a los pies, pero, claro, sin la naturalidad de esta.

En ‘Ten New Songs’ fue su misma corista la que se hizo cargo de la producción y así salió uno de los discos más débiles del autor de ‘Suzanne’. Da la sensación de que deja estos menesteres al albur del primero o primera que pase por allí. Patrick Leonard además le ha sometido a una desnudez instrumental que ya no se sabe si ha sido por cuestiones estéticas, monetarias o por imposibilidad de cuadrar agendas, pero sea por lo que sea, es una desnudez casi obscena, no responde a lo que estas nueve canciones, aunque ya el anciano Cohen recite más que cante, se merecen y podrían haber sido con esa banda de directo al completo en el estudio. En este habitáculo, digámoslo así, Leonard Cohen vaguea, se pasea en paños menores, en tanto que en los escenarios se arropa como un lord. No se entiende muy bien. ¿Los motivos? Me gustaría saberlos, pero me temo que pasa del asunto, que él deja su canto para que luego otros lo vistan, sin importarle mucho los resultados. También es verdad que a su edad, como diría Labordeta, uno se ‘desprejuicia’ de todo.

No significa, no obstante, que este sea un disco para que los cohenianos lo dejen tirado, porque, pese a lo dicho, hay materia para disfrutarlo: esa voz imperial aunque ya le cueste remontar notas, esas deliciosas voces femeninas (aunque volaron las hermanas Webb por una corista de Madonna) que levantan el tono abatido del álbum y al menos una terna de canciones -‘Almost You Got The Blues’, ‘Samson In New Orleans’ y especialmente ‘You Got Me Singing’-, por no olvidar el divertido trotecillo country de ‘Did I Love Lou’, que siguen centrando y manteniendo la admiración hacia este artista tan grandioso. Pero, coño, Leonard, ‘perezoso bastardo’, como te llamabas a ti mismo en ‘Old Ideas’, ¡vístete!

Lo mejor del disco.., y sin puñeteras programaciones:
Imagen de previsualización de YouTube

Publicado en Internacional | 3 comentarios

Lady Gaga, ¿pero es ella?

Estaría con la boca desencajada, completamente perplejo, si no fuera consciente de que tanto Lady Gaga como toda la tropa de colegas femeninas que militan en su misma división, desde la Spears a Rihanna, Aguilera, Beyoncé…, poseen unas magníficas voces. El asunto es que dilapidan ese caudal, derramándolo en el mar del pop comercial, en esas cancioncejas cuyo único objetivo es captar fácilmente al público adolescente y poco exigente, y de camino embolsarse unas cuantas toneladas de ego, luxe y, por supuesto, parné.

Pero aquí está la Gaga dejando de hacer gagadas y dedicando sus talentos vocales a dar salida a un puñado de piezas inolvidables del jazz de los años 40-50, ‘estándars’ le llaman. Lo hace en su último disco titulado ‘Cheek To Cheek’, como una de las más memorables del ‘Great American Songbook’, firmada por Irving Berlin, y junto a un colega que de esto sabe más que los ratones colorados, Tony Bennett.

El resultado, con ambos moviéndose como delfines en el agua por los repertorios de Cole Porter, el citado Irving Berlin, Billy Strayhorn o Duke Ellington, es espléndido, con la intérprete de ‘Born This Way’ exponiendo su voz a los más diversos peligros pero saliendo espectacularmente airosa, desde las tonalidades graves a los dulces trinos agudos de la sublime ‘Nature Boy’, a la complicidad para duetear (qué divertido ‘Googy Goody’), a la sofisticada balada o al scat, como si una Fitzgerald se tratara. De no saber nada al respecto, nadie diría que es una cantante ajena al mundo del jazz (al menos hasta ahora). Sabiéndolo, ya digo, perplejidad total. ¿Pero realmente es ella?

Bien es verdad que en alguna ocasión le sale el pico de ‘chica material’ –ay esa versión extra de ‘Bang Bang’- y entonces se piensa en la Gaga pop, pero son las menos o casi ninguna. Ha tenido que hacer un ejercicio de disciplina tremendo de adaptación vocal, pero algo todavía más importante: un ejercicio de amor al jazz, porque un género como este, aunque navegue en sus aguas más serenas, no es nada fácil y hay que conocerlo y quererlo para después hacer una grabación como esta. Se cuenta que ya en el instituto Lady Gaga cantó jazz y ella misma confiesa que lo hizo desde niña, aunque luego eligió otros derroteros ya conocidos para hacerse famosa, aunque también tenía una amplia experiencia en el teatro y el cabaré, que la ha ayudado mucho para meterse en una aventura como esta.

Bien es verdad también que no se ha buscado mal compañero. Bennett es todo un icono del jazz y la canción popular americana, un crooner de leyenda que cercano a los 90 años sigue en plena forma. Gaga fue invitada a participar en su segundo álbum de duetos y después fue ella misma la que le pidió a Bennett que hiciera un disco a su lado. Se quedó muy sorprendido, pero una vez metido en harina aún se sorprendió más ante la voz y la disposición de la cantante. “Lady Gaga sabe cantar jazz”, afirmó rotundamente.

Y es que hay que oírla lidiar, por ejemplo, en una balada tan bien entonada como ‘Ev’ry Time We Say Goodbye’ o en ese difícil clásico que es ‘Lush Life’, casi en plan club con acompañamiento de piano y suave apoyo orquestal donde una nota mal dada tira por tierra a cualquier intérprete. (Por cierto, en España, si la memoria no me traiciona, lo hizo muy bien Elia Fleta -en la única grabación que existe en voz femenina- cuando en el 67 grabó con Tete Montoliu para el sello Concentric).

Tras ambos hay varias orquestas y músicos de primera categoría –el mismo Joe Lovano- y más de un año de ensayos y grabación. Todo esto se nota en el resultado final del disco, cuya duración, once canciones más cinco extras en la edición deluxe, revela que ambos estaban disfrutando, que había deseo y química.

No se interpreten, sin embargo, estas líneas como una exaltación sacra de la cantante hasta el punto de que ya tenemos otra Ella Fitzgerald viva. Las cosas en su justo límite. Y el límite es que nadie en su sano juicio, y ni tan siquiera los más puristas y expertos, pueden quitarle el más mínimo gramo de mérito a este disco y a esta reunión, pese a los antecedentes conocidos de la estrambótica Gaga.

Lástima que el festival de Jazz de Zaragoza no le haya echado el guante. Menudo bombazo. Pero, como pórtico al festival, bienvenido este disco y esta sorpresa que nos ha dado la diva. Y a esperar en días próximos la campaña navideña que H&M ha preparado con Benett y Lady Jazz (empieza el 25 de noviembre). Confieso que esta Gaga me ha ganado y que desde ahora la tendré que mirar con otro color. Como espero que los más jóvenes empiecen a no mirar al jazz como un bicho raro.

Pues sí, es ella:
Imagen de previsualización de YouTube
Imagen de previsualización de YouTube

Publicado en Internacional | 14 comentarios

Los sudores de U2

Si desde que atravesaron el rubicón de la fama, vamos desde que con ‘The Joshua Tree’ pasaron de grupo de culto a grupo de estadio, cada disco de U2 ha sido motivo de polémica, a veces encarnizada, no lo va a ser, o está siendo ahora, su más reciente álbum, ‘Songs Of Innocence’. Un disco escrutado por miles de oídos, que llegó como regalo imprevisto (y en muchos casos no deseado) a los clientes de iTunes en otra jugada maestra del más puro marketing tecnológico a expensas de Apple, que entregó al grupo la bonita cifra de 100 millones de dólares y encima le puso alfombra roja hasta las bibliotecas sonoras de unos 500 millones de personas.

No han sido pocos los que han criticado esta operación: unos por los cien kilos, que se dan de bofetadas con la mesiánica apostura de Bono y sus proclamas contra la pobreza en África, y otros por la ‘imposición’ del disco a los usuarios de iTunes. Bueno, todo en esta vida tiene su punto de relatividad. Bono es multimillonario, pero, que se sepa, no ha atracado bancos, no ha tenido tarjetas black ni ha recibido dinero público. Él y sus colegas, como todo artista que graba discos y se sube a un escenario, se lo han ganado con el sudor de su frente y el fervor de sus fans. No le inhabilita pues para que luche contra la pobreza y se codee con los capos políticos del planeta en defensa de esa y otras causas nobles. Lo del disco en el reproductor de iTunes, tampoco es tan ofensivo, molesto o insultante. Bastaba, cuando estaba disponible, con no escucharlo o tirarlo a la papelera de la misma manera que se tira la tonelada de publicidad que llega a los buzones de correo de todo el mundo. Tampoco es para condenar a nadie a la hoguera.

Otra cosa, la esencial, es su trabajo, sus nuevas canciones. No se sabe muy bien cómo se viviría desde dentro, pero desde fuera, con la retirada de su eterno manager y protector Paul McGuinness, los retrasos y el desfile de productores, el rechazo de su discográfica a la primera copia… da la sensación de que U2 ha vivido un tiempo de incertidumbre, si no de confusión total, hasta finalizar las once canciones de ‘Songs Of Innocence’.

Y se entiende. Bono y compañía ya han demostrado en más de una ocasión su inquietud por reinventarse, desde los tiempos de ‘Rattle & Hum’ a ‘Achtung Baby’ o ‘Pop’. Y llegados a un punto como el de ‘No Line On The Horizont’ (2009), un buen disco pese a los palos que le cayeron, pero quizá demasiado convencional, decidieron que había que sacar los afeites de nuevo y pintar otro rostro musical al cuarteto. Ha costado más de lo que se cree, según Bono, llegar al final del trayecto. “La sangre, el sudor y las lágrimas de unos tipos irlandeses están en su buzón”, escribió el cantante en la web del grupo el día que salió el disco en iTunes.

Y no extraña con tan solo tener en cuenta el puñado de productores que han puesto sus manos en el disco, primero Danger Mouse y después un quinteto más que incluye trabajos junto a estrellas millonarias y actuales como Adele, Beyoncé, Taylor Swift o Coldplay. O sea, darse la mano con los jóvenes triunfadores y no con el pasado. Más marketing seguramente, pero ¡que le den! Que hablen las canciones, que es lo que de verdad importa.

Naturalmente, habrá mucha división de opiniones, pero para mí, que los he seguido desde el primer instante que en el año 80 editaron su primer álbum (ventajas de la Base Americana), se trata de un excelente disco, con canciones, muy bien definidas en las melodías y con arreglos nuevos, tirando mucho de bajos, programaciones y guitarras endurecidas, algo que se ha llevado por delante casi al completo los característicos ‘delays’ de The Edge, esa ‘guitarra infinita’ tan propia de U2, que muchos echarán de menos. Decisión muy arriesgada, pues ha borrado una de las grandes marcas de fábrica del grupo, pero a cambio ha traído a otros U2 que no han hecho otra revolución al modo ‘Achtung Baby’, pero sí le han dado un meneo a su sonido tradicional y, cuando menos, ha obligado a los fans a reescuchar una y otra vez las canciones: descolocan a la primera, hay chicha después.

Confieso, no mi aversión pero sí mi desagrado, ante la primera del disco, ‘Miracle’, lanzada como single y bomba de impacto el día de la presentación ‘manzánica’. Esa especie de patulea sioux que pregona a gritos como de guerra en el salvaje Oeste la entrada de la canción con carga de bombo para de inmediato diluirse en la estrofa que empieza a cantar Bono me parece un exceso de producción. La preciosa versión acústica, por así decir, incluida en las ‘Acoustic Sessions’ del disco extra, así me lo confirma. A partir de ahí, no hay una sola canción, cada una en su textura y estilo, que me disguste y hasta me emocione. Para no cansar, no voy a extenderme destripando una a una, pero insisto, todas tienen su jugo y su chicha especial.

En lo temático, no es un disco conceptual, pero sí lleno de recuerdos y situaciones tanto sentimentales como musicales o sexuales de la etapa adolescente del cuarteto en el Dublín de los 70. ¿Ataque nostálgico? Quizá: la edad madura agita los recuerdos. Lo que no significa que por recordar a la calle de su ciudad natal donde Bono creció suenen gaitas irlandesas y se pongan a entonar jigas y reels como posesos. Como tampoco que el hecho de que Bono afirme que gracias al concierto de Los Ramones que vieron cuando eran unos simples adolescentes se entreguen al rock’n’roll hierático de Joey y compañía. Como tampoco imitan ni de lejos a The Clash por el mero hecho de rendirles tributo. Son textos simplemente evocadores que miran a una etapa de sus vidas.

Es, por otra parte, muy recomendable hacerse con la edición ‘deluxe’, porque ahí, en los 22 minutos de las ‘Acoustic Sessions’, está escrito el argumentario de las dudas del grupo: siete canciones del disco sin identificar en los créditos, no precisamente acústicas, sino en versiones prácticamente acabadas en algunos casos, con cuerdas, piano, guitarras, batería y hasta trompetas que luego se han diluido. No me hubiera importado que incluso hubieran salido tal cual, sin los retoques de la tropa productora. Me encantan así, tal cual.

Además, hay otras dos tomas alternativas, dos descartes y hasta una oculta al final, quizá solo reconocible de inmediato por los muy adeptos (por si acaso, la desvelo: es una toma alternativa de ‘Invisible’, una de las dos únicas canciones públicas desde ‘No Line’, que el grupo estrenó en febrero pasado como soporte de un anuncio de la Superbowl y que se colgó durante solo 24 horas en iTunes para recaudar dinero –tres millones de dólares- para RED, la fundación de Bono contra el sida). Son solo en apariencia cinco canciones en este disco extra, pero en total hay 47 minutos de música que revelan algo muy simple: el sudor de un grupo en el estudio para no repetirse. Que cada cual saque sus conclusiones y disfrute u odie el disco. Yo, con perdón de la audiencia, seguiré rindiendo pleitesía a U2, aunque me falten los ‘delays’ de The Edge. Ah, tema también para la polémica: la portada. Ahí lo dejo.

Una de las más hermosas del álbum, en acústico y sorpresa final:
Imagen de previsualización de YouTube

Publicado en Internacional | 13 comentarios

¿Qué sabes de ‘música moderna’?

Un rápido sondeo a tus conocimientos de ‘música moderna’, si tienes tiempo y ganas. Y a ver si contestas con inmediatez:

1.- ¿Cómo llama a su guitarra B. B. King?
2.- ¿De qué gran género es subestilo el ‘bebop’?
3.- ¿Quién es el autor e intérprete de ‘Johnny Be Good’?
4.- Robert Allen Zimmerman es el nombre de pila de un histórico cantautor. ¿Quién?
5.- ¿George Martin fue el productor de un famoso cuarteto. ¿Cuál?
6.- Motown es un sello discográfico dedicado a la música….
7.- ¿Quién es el autor y guitarrista del doble LP ‘Electric Ladyland’?
8.- ¿Qué género de música tocaba Bob Marley?
9.- ¿Quién triunfó en las pistas de baile de los 70 con ‘Sex Machine’?
10.- ¿En qué género musical se encuadra a Iron Maiden?
11.- ‘Never Mind The Bollocks’ es el título del LP de un famoso grupo punk. ¿Cuál?

Más abajo tienes las respuestas. Si has fallado alguna o no has contestado con inmediatez, y te interesa el mundo de la música popular o pop, tienes que recurrir obligatoriamente a la ‘Guía para entender la música moderna’, un libro escrito por la zaragozana Esther Lafuente y editado por Doce Robles. Lafuente es profesora del Departamento de Música Moderna de la Escuela Municipal de Música y Danza de Zaragoza. Nacida en 1966, estudió Filología Hispánica así como piano, solfeo, armonía y percusión para decantarse finalmente por la batería, que tocó en grupos como Mestizos, Al Son del Sur, Dos Lunas, Deveró y Dos Pasos.

La imagino practicando su docencia musical, tratando de llevar los conocimientos básicos de ‘música moderna’, como ella denomina a toda una larga historia que arranca en el siglo XIX en las plantaciones de algodón del sur de Estados Unidos y llega hasta la electrónica actual, a sus alumnos, intentando comprimir esa larga historia en breves clases y con pocos y sencillos medios escritos.

De ahí nació esta guía, de sus fichas diarias para dar sus clases. Un paseo no superficial pero sí por la superficie del hecho musical para dejar bien claros estilos, artistas, discos, canciones… que conformaron y siguen conformando esa historia. Es un libro básico destinado especialmente a los alumnos de la Escuela Municipal de Música de Zaragoza, pero también a otras escuelas, institutos y hasta universidades, porque mucha es la información que circula por Internet pero no tan bien sistematizada como la expone Lafuente.

Evidentemente comprimir toda esa larga historia en 250 páginas es poco menos que intentar meter un cadillac en una caja de cerillas, un imposible por no decir un absurdo. Lo que obligatoriamente da lugar a ausencias e incluso mixtificaciones que no se corresponden con la realidad, al menos en el momento en que algunos estilos nacieron. Por ejemplo, el rock progresivo: jamás Pink Floyd o Genesis fueron grupos progresivos en su momento sino grupos de ‘Rock sinfónico’, como hard rock y heavy fueron estilos diferentes en su nacimiento y exposición pública.

Asimismo, en el apartado de ausencias, se echa en falta un capítulo dedicado a la ‘primera edad de oro del pop español’, es decir, a los sesenta, como otro a las músicas francesas e italianas que tanto influyeron en el ye-yé español, por no decir el rock andaluz y el layetano de los setenta y hasta la Movida de los 80. Sería una pena que los alumnos de Esther o de cualquier otro profesor salieran de la escuela sin conocer nombres y discos de Los Brincos, Bravos, Buenos, Smash, Máquina o Triana, que tanta impacto tuvieron en la sociedad juvenil española en su respectivas épocas.

Pero, ya digo, es imposible prensar tanta historia en tan pocas páginas. Lo cual no le quita mérito a esta guía, porque al menos será muy práctica y servirá para guiar a cualquiera que intente iniciarse en las lides musicales. Están mínimamente trazadas las vías por donde discurrir y descubrir los estilos y sus características.

Sobre todo, hay un apartado en cada género con una tabla de los 25 discos esenciales así como un compendio final con ‘Los 50 discos que no deberías perderte’, votados por diversos profesores de la Escuela de Música que pueden ayudar bastante a los principiantes. Ah, y un decálogo con las 10 canciones más ilustrativas en cada género seleccionada por especialistas, entre los que se me ha incluido abordando el rock, que obviamente es un decálogo polémico por no decir mentiroso, no porque no se corresponda con el género, sino porque está hecho desde las filias y fobias, y por tanto desde la subjetividad de cada cual, como lo haría cualquier aficionado al que se le propusiera el juego, que de matemático y objetivo tiene poco, y eso da resultados muy dispares.

Pero aun con todo, el libro es útil, práctico, curioso y divertido. Y diría que no solo para los que no hayan dado una en las preguntas del principio de esta entrada sino incluso para los más avezados, pues siempre viene bien refrescar la memoria e incluso descubrir algún detalle que pasó por alto. ¿Alguien lo ha leído o lo tiene?

Las respuestas:
1.- Lucille
2.- Jazz
3.- Chuck Berry
4.- Bob Dylan
5.- The Beatles
6.- Soul
7.- Jimi Hendrix
8.- Reggae
9.- James Brown
10.- Heavy
11.- Sex Pistols

Publicado en General | 10 comentarios

Morrissey, melodía y gran estocada a la fiesta taurina

Sin llegar a aquel maravilloso y sereno lago de melancolía que era ‘Everyday Is Like Sunday’, el reciente álbum de Morrissey, ‘World Peace Is None Of Your Bussiness’, el décimo de su trayectoria en solitario tras acabarse The Smiths, encapsula grandes momentos de melodismo. En esto, el británico tiene patente: la canción que da título al disco es una celebración spectoriana, el culmen de su melodismo, contrapesado con la más sobria ‘Smiler With Knife’. Pero en medio tampoco faltan los apuntes ásperos y hasta disruptivos, como el final de ‘I’m Not A Man’, con una guitarra en ruidoso celo, cuando no presencias nuevas o poco comunes: el acordeón en ‘Earth Is The Loneliest Place’, las trompetas y castañuelas en ‘Kiss Me A Lot’…

Pero lo que resulta más llamativo de esta nueva entrega son los aires hispanos reiterados en varias canciones, desde el apunte de ‘Neal Cassady Drops Day’ a ese baño de guitarra flamenca en espuma de pop británico, ‘Staircase At The University’, por cierto, una de las mejores canciones del disco, y la nada sorprendente desembocadura (‘Meat Is Murder’, cantó antaño) en su rabiosa estocada a la fiesta de los toros, ‘The Bullfighter Dies’, una miniatura con aires de pasodoble en la que cita ciudades españolas como Sevilla, Málaga, Barcelona, Murcia, Valencia… y en la que coloca un estribillo crudo y compasivo a la vez: “El torero muere y nadie llora porque todos queremos que el toro sobreviva”.

Otro disco donde no faltan los puyazos y la denuncia, desde la mentada a los toros a la inutilidad del voto, haciendo incluso una llamada a no ir a las urnas, pasando por la condena de la violencia de género, su desdén de la masculinidad convencional, la maldada del hombre o el autoritarismo paterno.

Sin pelos en la lengua una vez más, limpio de voz y ese vibrato vocal inconfundible, el gran maestro de la melodía y la melancolía sigue respirando, lo que no es poco después de los sustos que le está dando la salud. Quizá, o seguro: este ‘World Peace Is None Of Your Bussiness’ no es su mejor album en solitario, no brilla a la altura de ‘Viva Hate’ (1988), ‘Your Arsenal’ (1992), ‘Vauxhall And I’ (1994) o el mismo ‘Morrissey, You Are The Quarry’ (2004), sus cuatro mejores perlas, pero tiene excelentes momentos –pongamos aquí, por ejemplo, el single redondo ya citado, ‘Staircase At The University’- y, al cabo de cinco años, devuelve a un Morrissey que, tras los latigazos de la enfermedad –se habla de que tiene cáncer de próstata, enfermedad que cita en ‘I’m Not A Man’-, no se sabe de dónde ha sacado fuerzas para hacer un disco con 18 canciones en su versión deluxe y encima emprender una gira que le ha traído recientemente a Madrid y Barcelona.

Por supuesto, penalidades y polémicas declaraciones le siguen acompañando, verbigracia: su nuevo sello le echó nada más salir el disco por quejarse de no promocionarlo –Big Mouth es un obseso de las listas de ventas- y en el último número de Rock de Luxe declara que los reyes en estos tiempos son un timo y que Juan Carlos I debería estar en la cárcel por la matanza de elefantes. A los taurinos también los tendrá contentos: “Los toreros deberían matarse entre ellos”, dijo a El País recientemente, apostillando con rabia una frase –“matar toros es torturar”- que soltó en 1985 en su primera visita a España, en aquel concierto del Paseo de Camoens madrileño que retransmitió TVE en directo (¡qué tiempos televisivos!), completada en su reciente visita a la capital, con su conocida inquina contra el maltrato a los animales, con otra más incisiva todavía: “¡Los toros son la vergüenza de España!”. Genio y figura. ¡Y olé!

Publicado en Internacional | 16 comentarios

Marea discográfica

La industria musical está pulverizada, o eso se dice; casi nadie compra discos, o eso se revela en encuestas como la realizada en este blog; las grandes discográficas se han desmoronado como azucarillos en el café, o eso parece… Y, sin embargo, la avalancha de discos que cada temporada cae sobre nuestras cabezas es para buscar cobijo. Peligrosa. Y, por supuesto, inaprensible, imposible de abordar ni en su diez o veinte por ciento, por mucho que cualquier tragadiscos se convierta en una devoradora máquina.

¿Alguien lo entiende? Quizá no a primera vista, pero debe entenderse, y puede ser fácil hasta explicarlo: ha cambiado el método de venta de discos, el virtual le hace sombra al físico, ha crecido el archipiélago de pequeños sellos discográficos, se ha implementado la autoedición, Spotify, pese a sus pérdidas, se ha convertido en la gran biblioteca moderna de Alejandría si de música se trata, es ineludible, hay que estar en ella… y, qué caray, pese a todo, no se es nadie sin un disco en la calle. El camino de un artista se sigue midiendo por sus discos, más que por los conciertos, porque sin los primeros, salvo escogidos casos, no hay segundos. La cadena discográfica con la que se enlazaban los eslabones del éxito desde tiempos inmemoriales sigue siendo hoy todavía imperiosamente necesaria. Lo que explica, un otoño más, la gozosa cantidad de álbumes que llena la crisis, por muy contradictorio que suene semejante aserto.

Breve apunte de lo que ha llegado y está por llegar –que da pereza montar un gran listado- para centrarse medianamente… y para preparar el bolsillo o el disco duro. Ya están en danza los nuevos álbumes de Morrissey, Leonard Cohen, Robert Plant, Prince, U2, Lenny Kravitz, Marianne Faithfull, Jackson Brown… Lo más llamativo, que no sorprendente, acostumbrados a sus volantazos, es esa reaparición de Prince con dos discos al unísono, uno en cada cartuchera, como los viejos pistoleros del Oeste. Veremos si hay balas o pólvora mojada. Aunque quien más sorprende, por cuestión biológica más que musical, es ese Cohen que con 80 años se niega a tirar la toalla. Dios le bendiga. En el planeta indie, mejor no detenerse, de momento, salvo peligro de ahogamiento. Quizá convenga esperar el oleaje y ver lo que deja a medida que baje la marea, porque la mar, como ocurre cada temporada, viene brava.

Algo que igual convendría hacer en el plano de las reediciones: abrumadoras o agobiantes, según se mire. Desde los insoslayables Beatles a The Who, Bowie, Springsteen, Harrison, Allman Brothers, Dylan, Genesis, Iron Maiden, Sinatra, Mike Oldfield, Velvet Underground…, venga recopilatorios, remasterizaciones y opulentas cajas. La más gruesa, la del fallecido rockbluesman Steve Ray Vaughan que viene el próximo 28 con doce discos. Lógico: en tiempos duros, las discográficas tienen que explotar al máximo sus pozos petrolíferos. Ante estos reiterados asaltos al fondo de armario, muchos rabian, algunos se tapan la nariz y otros dan saltos de alegría. C’est la vie. En lo nacional hay llamadas a la puerta de Manolo García, Enemigos, Serrat, Australian Blonde, Arizona Baby… y en lo aragonés, habrá que esperar unos meses más a Amaral, no así a Bigott o Mariano Casanova. Crisis, pero discos como setas otoñales, que para eso andamos en la estación apropiada.

Publicado en General | 9 comentarios

‘El rock de la cárcel’, aniversario de una película más allá del musical

Vince Everett era un tipo broncas, aficionado al juego, rebelde…, pero con principios. Trabajaba en una obra y la primera visita que hacía nada más recibir su paga semanal era la del bar. Le gustaba invitar a la clientela, jugarse a pulsos unos dólares, charlar con la gente y hasta impactar, con su fantástica planta juvenil, a maduritas mujeres, lo que acabaría creándole grandes problemas.

En una ocasión, en el bar, se le acercó una de estas mujeres. Rubia, bella, copa en mano y unas arrugas en el rostro que ponían distancia con una juventud de exuberante belleza. Apenas hubo tiempo para cruzar palabra. De inmediato, apareció su marido, un tipo bravucón y con dos copas demás, que le reprochó con muy malos modos que se acercara al joven, hasta el punto que la golpeó para separarla de su lado. Everett podía ser un golferas, pero no un tipo insensible ante el maltrato a una mujer. Así que nada más ver el primer empujón del marido a su esposa, se lanzó hacia él y le soltó tal paliza que lo dejó hecho un rollito de primavera para el cementerio. Muerte casual. El juez lo mandó obviamente a la cárcel.

Entre rejas, Everett congenió con su compañero de celda, un veterano cantante de medio pelo condenado por atracar un banco que en la cárcel tenia montado un tingladete mafioso que a base de sobornos a los funcionarios le permitía vivir como un rey, vendiendo tabaco y favores a los reclusos. Everett, rebelde y pendenciero pero moralmente íntegro, no pasó por los chanchullos de su compañero de celda pero a través de él se aferró a su arma salvadora: una vieja guitarra que le enseñó a tocar y que al salir de la cárcel le sirvió para convertirse en una estrella de la música.

La anterior es una historia imaginaria que nos contó en el cine el director Richard Thorpe y que protagonizó Elvis Presley (Vince Everett) en 1957 con el título de ‘Jailhouse Rock’ o ‘El rock de la cárcel’. Hoy oigo en la radio de refilón una referencia a la película y no cojo la onda, vamos, no sé por qué se habla de ella. Investigo y descubro que tal día como hoy 17 de octubre de 1957 se hizo el primer pase privado de esta película en Estados Unidos, posteriormente estrenada en noviembre, y yo aprovecho para evocar una de las mejores películas del ‘Rey’, junto a ‘King Creole’, y, aun con lo devaluadas que para la crítica cinematográfica suelen ser las películas musicales, y más cuando giran en torno a un ídolo musical, casi una película de cine-fórum, un film para analizar más allá de su superficie a la búsqueda en su fondo de los grandes mensajes que encierra.

Y es que ‘Jailhouse Rock’ habla de la amistad, de la fidelidad, de la superación de la adversidad, de la debilidad humana, de la ambición del dinero, de la mentira, de la fatuidad del éxito…, una cantidad de mensajes subliminales que parece increíble que anden agazapados tras la piel de una simple película musical. Uno de ellos, la superación de la adversidad, es quizá uno de los más valiosos de la cinta. En la cárcel, en el trabajo, en la enfermedad, en la vida misma, sacar fuerzas de flaqueza para afrontar las dificultades, no rendirse, como cantaba otro gran rockero como Springsteen, buscar una tabla de náufrago en medio del peligroso mar de la adversidad, es una cualidad humana a la que nunca debe renunciarse por muy dura que sea la situación y los peligros.

La música es una de esas tablas…, qué digo, un macizo y fabuloso tablón al que aferrarse para sobrevivir al peligro y a las circunstancias adversas. Anima, reconforta, mantiene en vilo, calma, purifica, ayuda… Hay muchos más, claro, desde la lectura a la familia, la amistad, el deporte, el trabajo redentor…, pero cualquiera es válido si uno se agarra a él con fe y esperanza. Al final, casi siempre, el temporal amaina y llega la calma si no total si lo suficientemente serena para seguir vivo, para proyectarse en el futuro, para salvarse.

Thorpe lo contó en esta magnífica metáfora del triunfo y la derrota que es ‘El rock da la cárcel’ a la vez que Elvis enganchó y visualizó una fabulosa canción, la trepidante ‘Jailhouse Rock’, que con su espectacular puesta en escena, y con tres décadas de adelanto, anunciaba la era del videoclip. Un tablón de náufrago de la mano del rock. Y en el año 57. Pues tampoco era tan diabólico ni tan corruptor como lo vio y condenó la carcundia moralista de la época. Más bien, al contrario. Fuerza y fe, las dos efes, siempre ante la adversidad.

Imagen de previsualización de YouTube
Publicado en Internacional | 2 comentarios

En la mina de oro de The Doors

The Doors

Los recopilatorios hay que tomarlos con sumo cuidado: desenfocan la visión general de la trayectoria de un grupo, máxime si se trata de un grupo con poso y extensa discografía. A veces, sin embargo, son excelentes puertas para entrar en el mundo desconocido de esos grupos o artistas, sobre todo cuando se está en fase catecumenal, fase por la que todos hemos pasado.

Me ocurrió con The Doors. Y no por culpa mía, sino por la escasísima información musical –quitado lo más cercano y consabido- que entonces había en España, tanto en radio como en prensa, y sobre todo por el maldito e insano estado de la industria discográfica hispana a finales de los sesenta y comienzos de los sesenta. Para hacerse idea: el primer disco que llegó a las tiendas españolas fue ‘L. A. Woman’, en 1971, es decir, cuando Jim Morrison había fallecido o le faltaban escasas fechas.

Entonces, por si alguien todavía lo desconoce, no existía Internet, ni pirateo, ni spotifies y ni tan siquiera el socorrido casete con el que poder navegar más allá del vinilo. Menuda aberración: la industria española se comió completa toda la carrera de los Doors y dejó huérfanos a los españolitos de la época de sus discos.

Y ahí voy, a los recopilatorios, a la maravillosa puerta de acceso que pueden abrir. En 1972, Hispavox publicó un doble LP en serie económica, aquellos que venían con el ‘Especial 500’ en la portada, con la etiqueta en letras rojas sobre fondo azul, que llevaba el título en español de ‘Extrañas escenas dentro de la mina de oro’ (luego supe su título original en inglés: ‘Weird Scenes Inside The Gold Mine’). Me fascinó. Un disco económico y 22 canciones repartidas en sus cuatro caras con los títulos en español y debajo, en letra pequeña, en inglés. Aquí, atención, inconscientemente, las compañías hacían un loable esfuerzo para instruirnos en la lengua inglesa, lo cual no solo era de agradecer sino que con el tiempo convirtieron aquellos discos en preciadas piezas de coleccionismo internacional.

Pero a lo que iba, aquel disco me abrió las puertas a los Doors, un mundo para mí, entonces, sombrío, extraño y hasta opaco, pero absolutamente subyugante. Desde aquellas palizas que le di en aquellos días al doble álbum no había vuelto a desenfundarlo hasta hoy. Obviamente, al poco me hice con toda la discografía del grupo, que Hispavox goteó con celeridad, y cuando se impuso el CD atrapé una caja antológica con todos sus álbumes. Ya no hizo falta el doble ‘Extrañas escenas dentro de la mina de oro’. Hasta hoy en que, más por nostalgia que por otra cosa –sí la nostalgia bien utilizada es una saludable medicina espiritual y hasta fetichista-, lo he vuelto sacar de la estantería: ¿El motivo? Por vez primera se ha reeditado en CD. Y vuelvo a escucharlo y vuelvo a sentir la emoción y casi los mismos escalofríos que cuando cayó en mis manos en 1972 (sí, este no es un ‘blog de viejos’, por mucho que se empeñe algún modernete, son los viejos artistas los que siguen nutriéndolo estelarmente junto a nuevos grupos).

De nuevo, aquellas 22 canciones maravillosas, aquel Morrison paseando por la pasarela del blues, el rock y hasta el cabaré, con aquel latigazo de voz y aquel trío detrás acompañándole en sus malévolas filigranas, suenan a gloria (y sin ruiditos y tan apenas chisporroteos, que tengo la manía de cuidar los discos como el oro). Abría con ‘El encuentro’, según tradujo Hispavox la bombástica ‘Break On Through’ y su desgarrador grito de aliento a la fuga en todos sus sentidos. Era una de las tres canciones emblemáticas del primer LP, ‘The Doors’, publicado en 1967, en aquella España que entonces escuchaba a Los Brincos y a Los Bravos como lo más moderno de consumo interno. Las otras dos eran el apocalíptipco ‘The End’, usado por Coppola para ‘Apocalipsy Now’, que cerraba el álbum, dejando en medio el glorioso ‘Light My Fire’, la canción que catapultó al grupo en Estados Unidos, manteniéndose durante tres semanas en el número uno de las listas de singles. Está considerado, no ya como el mejor disco del cuarteto californiano, sino como uno de los grandes discos de la historia del rock y de los más relevantes debuts.

Desde entonces, el ascenso del cuarteto (ojo, sin bajista, papel que sustituía Manzarek con los pedales del órgano) fue imparable en todo el mundo. Morrison y sus compinches traían perversión, fuerza y poesía al rock y lo metieron en un ámbito hasta entonces inédito en la música pop y desde luego contracorriente del resto de los grupos. Mientras el mundo juvenil y el del rock más concretamente se movía dentro del optimismo fraternal del sueño hippy, los Doors, como la Velvet en la otra costa americana (más a contracorriente todavía), propugnaban una música llena de desesperanza y sordidez, impregnada en la poesía de Rimbaud (Morrison se veía a sí mismo más como poeta que como cantante) y en el sentido dramático de la tragedia griega. Factores no muy favorables precisamente para el éxito masivo, más en aquella época.

Jim Morrison había nacido en Melbourne (Florida), el 8 de diciembre de 1943. Formó The Doors -nombre tomado al poeta William Blake vía Aldous Huxley- en 1965, junto al guitarrista Robert Krieger, el teclista Ray Manzarek y el batería John Paul Densmore. En el mismo 1967 publicó su segundo LP, ‘Strange Days’, que como excepcional prolongación del primero, incluía la réplica a ‘The End’: ‘When The Music Is Over’, toda una exaltación de sentimientos humanos expuesta en clave de rock.

El tercer LP, ‘Waiting For The Sun’ (1968), sirvió para anunciar el final del sueño hippy a través de ‘Summer Almost Gone’. Musicalmente, un álbum más complejo, con estructuras tomadas incluso del sinfonismo, caso de la insólita ‘Spanish Caravan’, basada en una pieza de Albéniz, que rebajó el color instrumental del sonido primigenio al quedar reemplazado el órgano por el piano y el clavecín. Una sofisticación de sonido que explotó en el cuarto, ‘The Soft Parade’ (1969), más barroco y sofisticado, por lo que no cayó muy bien entre los seguidores del grupo: el álbum más unánimemente rechazado de los Doors.

Un doble en directo sensacional, ‘Absolutley Live’ (1970), devolvía al grupo a sus fuentes primigenias, recogiendo todo el espíritu transgresor y escandaloso de Jim Morrison (salía embriagado a escena, se masturbaba ante el público, lo detenía la policía, cantaba contra el sueño americano…). Era el mejor trasvase posible de sus venenosos espectáculos al mundo del vinilo. Morrison, sin embargo, declaraba al Rolling Stone, que la explosión inicial se había acabado, e incluso afirmaba con toda severidad que “el rock se había convertido en algo decadente”. De ahí quizá el tono más refinado de, por así decir, de la continuación con otras dos obras maestras: ‘Morrison Hotel’ (1970) y ‘L. A. Woman’ (1971). Para entonces, el grupo estaba completamente disgregado y enfrentado, hasta el punto que en una sola microcélula habitaban otras tres completamente independientes: Densmore y Krieger, unidos por la meditación; Ray Manzarek, limpio de drogas y de mente, y Morrison, alcohólico perdido. Decadencia pura.

Después de editarse el último álbum, Morrison se fue a París con su novia Pamela en busca de la vida bohemia y de otros aires que le descontaminaran de su propia creación y de sus propios compañeros. Y consumó la tragedia griega. Tras unos días desenfrenados, moría hinchado de alcohol y drogas, barbudo, obeso, una imagen completamente desfigurada de aquella esbelta, arrogantememente agresiva y bella que había lucido tan solo cuatro años antes.

Formando parte del ilustre club de los 27, como dijo el New York Times, se fue “el símbolo sexual más poderoso aparecido en la cultura popular desde James Dean y Elvis Presley”, una especie de Dionisos que descendía a la tierra para tocar y seducir a las mujeres, como bien transparentaban sus actuaciones, bacanales llenas de música fuerte y sensualidad por la mujer. Morrison quiso imbuir al rock del sentido dramático de la tragedia griega y con su diabólico carisma, su preparación literaria, sus escándalos y su fervor por el blues, Elvis y Sinatra, le dio al rock un sentido de teatralidad dionisiaco que hasta entonces era inédito en el género. Dicen que Nietzsche intentó lo mismo.

En más de una ocasión, se definió a sí mismo como extremista. También como “un ser humano sensible, inteligente, abrumado por un alma de payaso que siempre me obliga a estropear todo en los momentos más importantes”, según confesó en una ocasión. Escandaloso, rebelde, virulentamente caótico -“me interesa todo lo que sea rebeldía, desorden, caos…, ese es el camino de la libertad”-, llevó hasta sus últimas consecuencias la excitación y la mala leyenda del rock. Sus ojos permanentemente semicerrados traslucían su afición constante por el alcohol y las drogas que consumía a caño abierto. De su cuerpo oscilante se desprendía la violencia y la sensualidad; de su rostro aniñado, el complejo edípico que siempre arrastró, y de la ausencia de preocupación por su cuerpo, las tres fijaciones que transparentan sus poemas: el juego, la muerte y el sexo.

Un tipo demasiado poliédrico y complicado que dio a luz aquellas 22 canciones que ahora renacen a través de aquella mina que gozosamente descubrí en 1972. Repasa los seis discos que grabaron The Doors entre el 67 y el 71 e incluye dos piezas que no figuran en esos discos: ‘(You Need Meat) Don’t Go No Further’, de Willie Dixon, cantada por Ray Manzarek y cara B del explosive single ‘Love Her Madly’, así como una inédita de 1969, ‘Who Scared You’, que había ocupado la cara B de otro single,‘Wishful Sinful’. Si algún joven de hoy no conoce a este insigne grupo, y está en disposición de abrir las puertas de la percepción, le animo a meterse en esta abundosa mina de oro. Va a salir hipnotizado. A los veteranos no hace falta recordarles nada, espero.

Publicado en Internacional | 23 comentarios

Amaral, hay que esperar

Amaral entrevista.qxd

Por comentarios, por informaciones, porque este otoño se han cumplido ya tres años desde que Amaral editó su último disco… se daba por hecho que, en estos momentos, ‘Hacia lo salvaje’ ya tendría sucesor. No ha sido así. Hasta el año que viene, y aún sin fecha, no llegará ese sucesor. Por ello, sin más intenciones profundas, hoy he sondeado en el Heraldo, en una doble página,  a Juan y Eva para que expliquen cómo va la preparación de su nuevo disco. Esta es la transcripción de la entrevista.
En estos instantes, por cierto, en plenas fiestas del Pilar, ¿cuál es la situación del nuevo disco? ¿Precocinado? ¿Cocinado? ¿Todavía con los ingredientes en la nevera?
Tenemos muchas canciones en diferente fase de elaboración. Algunas muy terminadas, otras solamente como ideas. Algunas son solo ideas de letras a las que buscamos el ambiente adecuado, otras están escritas con una guitarra y estamos probamos distintos ritmos. Es un proceso que a veces es una búsqueda y a veces es como un juego
¿Pero cuántas canciones hay definitivamente terminadas?
No sabríamos decir exactamente. Son muchas más de las que caben en un disco de duración convencional. De momento solo nos preocupamos de ver terminadas todas ellas. Luego será el momento de elegir cuáles van al disco o no.
Esto significa que, como mínimo, hasta primeros del año que viene o más, no va a salir el álbum. ¿Se puede hablar de retraso, teniendo en cuenta que se hablaba de su salida para septiembre y sobre todo para este año?
La verdad es que nunca, ni cuando estábamos en una multinacional, nos hemos impuesto fechas concretas para publicar un disco. Lo normal es acabarlo sin fechas. Máxime, teniendo en cuenta que nos ocupamos de todo lo que rodea a las canciones, desde obviamente la música y las letras a las portadas y el resto de elementos.
Decís que hay más canciones en las que trabajaís de las que caben en un disco convencional…, ¿una veintena, quizá?
Más.
¿Una treintena?
Por ahí andará.
¿Y qué pasará con ellas?, ¿quedarán en la reserva?, ¿habrá otro disco inmediato?
Quedarán en la reserva, sí, pero el hecho de que algunas se queden fuera no significa que no vayan a ser editadas tarde o temprano. Muchas veces es la propia canción la que nos dice si está terminada. Lo que sí tenemos claro es que para el próximo álbum no tardaremos tanto en editarlo.
Algunos títulos de esas canciones en las que trabajais…
‘Nocturnal’, ‘Laberintos’, ‘Unas veces se gana y otras se pierde’, ‘La Niebla’, ‘Quinientas vidas’, ‘Chatarra’, ‘Cazador’, ‘No lo entiendo’, ‘Desde entonces ya no creo en nada’… Pero algunos de ellos podrían cambiar y muchas otras aún no tienen título o es provisional.
¿’Ratonera’ quedará fuera del disco?
Aún no lo sabemos seguro, pero creemos que se quedará fuera. Es algo que no nos parece importante. Nunca pensamos en términos de singles y todas estas cosas, que nos parecen un poco del pasado.
Por lo que contáis, se deduce que tampoco habrá todavía algún título genérico para el disco. ¿Barajáis alguno?
Siempre ponemos el título al final o cuando casi todas las canciones están acabadas. En cuanto lo tengamos lo contaremos a través de nuestras redes (@amaraloficial en Twitter y Facebook)
Siendo tan prolíficos como sois creativamente, ¿por qué no editais más material? ¿No sería bonito recuperar aquellos hábitos tan excitantes de los grupos de los sesenta que en un año, pongamos Los Beatles, igual sacaban dos LPs, y un puñado de EPs y singles? O la lluvia de maxis de los grupos de los ochenta…
Aunque desde fuera parezca que no estamos activos, la verdad es que siempre estamos en movimiento. Hemos hecho las giras más largas de nuestra historia por América y también por Europa. Experimentamos con instrumentos nuevos para nosotros. También necesitamos tiempo para asimilar experiencias, sonidos, ideas… etcétera. Si hablamos de los Beatles, grupo emblemático para ambos, hasta donde la historia nos deja saber, parece que acabaron completamente saturados de una industria y unos medios voraces.
Vamos, que no es lo mismo, que se trata de otro mercado y de otros tiempos…
A nosotros nos ha tocado vivir una época de cambios y muchas veces necesitas marcar tu propio ritmo al margen del sistema. De hecho, desde el principio, en la época de nuestras primeras maquetas, nos imaginábamos el grupo al margen de casi todo.
Lo que sí habrá ya es un enfoque, una línea maestra del sonido y de las composiciones del disco: ¿más eléctrico y guitarrero?, ¿más salvaje que ‘lo salvaje’ de antes?
Creemos que la base rítmica va a sonar más abierta y contundente, las guitarras más presentes. Es verdad que siempre hemos dicho casi lo mismo antes de cada disco, pero lo cierto es que ahora queremos que en el disco esté nuestra identidad, nuestro sonido de guitarras y nuestra voz, a la vez que estamos abiertos a cosas nuevas que nunca hemos probado.
¿Por ejemplo, a nuevos instrumentos? ¿Se afianza el anuncio de experimentación con viejos y nuevos sintetizadores?
Sí, pero, a día de hoy, mandan las guitarras. La guitarra es nuestro instrumento básico. Componer con guitarras es algo físico. Puedes tocar suavemente y pasar directamente a algo mucho más enérgico. Aunque utilizamos otros instrumentos creemos que las guitarras van a mandar a lo largo de todo el disco.
Algo interesante y en lo que los fans tienen curiosidad. ¿Hasta qué punto interviene el resto del grupo en la composición de las canciones?
Normalmente, componemos los dos solos hasta que la canción tiene una identidad propia y está bastante terminada. Una vez que tenemos la letra, la melodía, una idea de ritmo y el ambiente de las guitarras lo compartimos con la banda y lo llevamos más lejos en equipo. Siempre lo hemos hecho de la misma manera.
¿Y ya habéis decidido el productor y el estudio donde se grabará el disco e incluso alguna fecha aproximada de edición?
Aunque tenemos una idea bastante aproximada de cómo va a ser todo el proceso, lo sabremos seguro cuando todas las canciones estén terminadas y entonces lo contaremos. Por ahora, no hay fecha. Ahora estamos trabajando con Chris Taylor como productor, al que conocimos grabando ‘Gato Negro-Dragón Rojo’ en Nueva York y que, además, ha tocado el bajo con nosotros en la gira y disco de ‘Hacia lo salvaje’.
Algunos seguidores están obviamente impacientes con el disco y con la gira… Al parecer seguiréis con la misma banda. ¿Ha habido una evolución notable a lo largo de toda la gira de ‘Hacia lo salvaje? Dada la tendencia a cambiar de músicos para cada gira, ¿se puede decir que ahora hay banda para rato?
‘Hacia lo salvaje’ ha sido una gira muy larga, hemos escuchado mucha música juntos y hemos viajado por primera vez todos por Europa. Obviamente hemos ido evolucionando en cuanto a la sonoridad de las canciones. Además, a Jaime y a Toni les conocíamos de haberles visto tocar mucho antes y a Chris también le conocíamos desde la grabación de ‘Gato Negro-Dragón Rojo’. Sabíamos que todos ellos encajarían con nuestra forma de tocar.
Aunque queda lejos, ¿érais conscientes del cisco que se iba a armar con ‘Ratonera’? ¿Cómo os tomásteis las reacciones de fans, medios, público en general y hasta de algún político, si lo hubo?
Nos parece muy interesante el debate que se originó y que diera pie a hablar de cosas que no aparecen en la canción e incluso a que la gente hiciese sus propios vídeos imaginarios. La primera premisa que debe tener una canción es estar viva y desde luego sentimos que ‘Ratonera’ lo está. Si hablamos más en el terreno personal, recoge un sentimiento que ambos necesitábamos expresar.
¿Estamos ante unos Amarales más contestarios que nunca, politiqueros y hasta votantes de Podemos? ¿Qué decir a quienes no encajan vuestra música con la denuncia social, o sea, que entienden que eso es más bien coto para el heavy o el punk?
No nos planteamos este tipo de cosas. Hablamos de lo que nos late. No tenemos ningún espíritu de tipo partidista, respetamos todo tipo de pensamientos y creemos que nuestra forma de mirar la realidad es una cuestión personal. La manera de escribir ‘Ratonera’ es la misma que cuando escribimos ‘Cuando suba la marea’ o ‘Hacia lo salvaje’, por poner un ejemplo.
Hoy es el día grande de las fiestas, el día del Pilar. ¿Qué os sugieren las fiestas? ¿Qué recuerdos tenéis de ellas?
Imaginamos que son parecidos a los que puedan tener todos los zaragozanos. Cuando éramos pequeños, las clases empezaban mas tarde, después de las fiestas. Luego, el Pilar fue sinónimo de juerga y conciertos. Los últimos años no hemos podido estar porque estábamos viajando o en el estudio
Habiéndolo hecho otros y siendo la de los grandes conciertos en La Romareda una tradición potente, ¿no os apetecería hacer un concierto en La Romareda y en unas fiestas del Pilar? Aparte de merecido y deseado por mucha gente, seguramente tendría mucho tirón. ¿Es una asignatura pendiente tocar en estadios?
Nunca nos hemos planteado donde tocar. Lo más importante para nosotros es que el sonido sea bueno, somos obsesivos con esto. Queremos que todos los asistentes escuchen perfectamente lo que está pasando en el escenario.
La energía es la misma tanto si tocamos en el bar de un amigo como si tocamos en el Príncipe Felipe. Nunca hemos tocado en la Romareda. No tenemos ningún problema en hacerlo siempre que haya garantía total de que va a sonar bien. De todas formas ahora mismo no pensamos en eso. Estamos totalmente metidos en las nuevas canciones y terminando el nuevo disco.

INQUIETUDES DE FANS

Amaral cuenta con una nutrida legión de seguidores que, como es obvio, miran al grupo con lupa, se conocen todas sus canciones e incluso los más recónditos recovecos de su repertorio. Y, por supuesto, le siguen allá donde pueden, haciendo kilómetros y peleando por las entradas o las primeras filas de los conciertos. Margalida (administrativa de la Universidad de Palma) y Laia (profesora de Inglés en Secundaria) son dos de ellas, dos mallorquinas prendadas del dúo maño desde hace años y naturalmente ahora expectantes e inquietas ante el nuevo disco y la subsiguiente gira. Quieren saber si de nuevo van a tocar en teatros, si repetirán con Toni, Jaime y Chris Taylor e incluso si verán a Eva sentada a la batería. “Esto último es casi una súplica”, apostillan. A lo que el dúo responde con brevedad: “A día de hoy, estamos muy centrados en enfocar cada canción y encontrar el sonido del disco. Hasta que no esté terminado no será el momento de plantearnos cuestiones como el formato de banda que llevaremos al directo o el tipo de recintos”. Ambas, Margalida y Laia, muestran también interés por una canción, ‘Juguetes Rotos’, que tocaron en el café La Palma y que no llegó a entrar en el anterior disco y que, según ellas, tiene similitud, en cuanto a temática, con ‘Ratonera’. “La letra es buenísima, la música no tanto, le faltaba fuerza, quedó rara, estaba casi hilvanada, pero creemos que tiene potencial para seguir atizando a los políticos”, aseguran. A lo que Juan y Eva responden: “‘Juguetes Rotos’ es una canción que está ahí, que nos gusta. Pero muchas veces es como si la propia canción cobrase vida y te dijese cuando está terminada. Eso es lo que nos pasó con ‘No soy como tú’. La empezamos a escribir en Zaragoza antes de grabar el primer disco y acabó en ‘Pájaros en la cabeza’, años mas tarde”. Siguen con ‘Ratonera’: algunos de sus riffs y acordes les recuerdan a ‘Revolución’, y en especial a la ‘versión maxi single’ que escucharon en la sala Luz de Gas, de Barcelona, el pasado 19 de febrero, cuando el dúo improvisó, según ellas, un final increíble a petición de Juan, quien también pidió que se le grabara y subiera a Youtube para luego buscarlo él. ¿Nació ‘Ratonera’ allí? ¿Tienen que ver algo ambas canciones? “Creemos que no. Aquella improvisación surgió de manera espontánea, casi inconsciente y el origen de ‘Ratonera’ fue distinto, fue como una chispa en otro momento distinto”.

EL AÑO DE LOS FESTIVALES

Este año, Amaral solo se ha asomado a los escenarios a través de varios festivales, una decisión inédita en la historia musical española, y puede que de fuera, y que muy pocas formaciones se pueden permitir. “No sabemos si somos el primer grupo que ha hecho esto o no. En cualquier caso, quisimos hacer una pequeña gira. Solamente nueve fechas. Quisimos hacer justo lo contrario de lo que se suele hacer. Es decir, salir a tocar canciones que estaban en un estado muy inicial y verlas crecer en las pruebas de sonido y en los conciertos. Capturar la energía del momento y que esta vaya al disco. En ese sentido creemos que ha merecido la pena y es algo que se va reflejar en el disco, al igual que todos los viajes que hemos hecho. Al final, hay un sentimiento de movimiento permanente que encaja perfectamente con la idea que nosotros tenemos del disco, idea difícil de explicar en este momento”. En todo caso, ¿qué ofrece un macrofestival a un músico que tiene resuelto el éxito por sí mismo, con su público en exclusiva? “La posibilidad de ver tocar a otras bandas, de reencontrarte con algunos amigos”.

 

Publicado en Aragón | 3 comentarios