Ty Segall, adicto al trabajo

Toda una fiera de los discos, no solo escuchándolos sino también fabricándolos. Dicen que el californiano Ty Segall está con el depósito casi repleto de todo lo que ha oído, especialmente de los sesenta y setenta, y él mismo ya cuenta con once álbumes desde que empezó a editar en 2008 (a veces, a dos por año), aunque la cifra es muy variable, especialmente si se cuentan los discos compartidos, con otras bandas o la suya propia, Ty Segall Band. Y solo tiene 27 años. El mundo sajón utiliza para esta clase de adictos al trabajo el término workalcoholic. También vale en términos soviéticos el de estajanovista. Que es lo que es.

La culpa de toda esta desbordante producción es el propio estudio que Ty Segall tiene montado en el garaje de su casa en Laguna Beach. Allí pasa horas y horas dando forma a sus discos a cual más rebuscado y diferente, de manera que lo mismo se decanta por la electricidad brutal como llena otro con solo baladas acústicas, caso de ‘Sleeper’ (2013) o se decanta por las resonancias puramente beatlenianas fundidas con Syd Barrett, como hizo en ‘Hair’ (2012), junto a White Fence.

Se le relaciona con un buen puñado de grupos actuales, desde sus amigos White Fence a Black Lips, y señalan a The Stooges y grupos garajeros como The Standells, Sonics o The Kingsmen como sus mayores influencias. Me temo que la cosa no se queda ahí solo, o cuando menos no se centra al completo. Porque este prolífico californiano, incluso con su melena rubia y su cara aniñada, parece primo mayor de Beck, por su espíritu rompedor o al menos por sus intenciones de exprimir el pop y el rock para sacarlo de sus casillas más convencionales, sin llegar, cierto, a los parajes de Swans o Flaming Lips, pero no mostrándose nunca complaciente.

Y es que Ty Segall, un loco de las guitarras, no experimenta, manipula, como dice el título de su undécimo álbum, ‘Manipulator’, maneja los instrumentos y el estudio de grabación a su antojo para producir los más dispares sonidos y las más dispares piezas, de manera que en este doble y reciente álbum lo mismo pueden escucharse rugientes guitarras y fuzz incendiarios que apuntes de blues, humos psicodélicos, sedosas cuerdas, trazos glam o verdores folkies. De los Beach Boys a Lennon, Black Sabbath, Kinks, Syd Barret, The Stooges, T. Rex, The Strokes… o Hawkins (su grupo favorito), un disco variadísimo y con la obligatoriedad por parte del oyente de darle muchas escuchas para sacarle miga. Vamos que, sin caer en la extravagancia, no es música para perezosos.

Recomiendo a quien quiera pasar un rato divertido interactuando con el vídeo y escuchando una buena canción, pseudo tributo a Beach Boys, y que da título al disco, que pinche aquí. Y si no, aquí una de las canciones señeras del disco y su versión en directo. Hendrix parece escapado de la jaula.

Imagen de previsualización de YouTube Imagen de previsualización de YouTube

 

Publicado en Internacional | Deja un comentario

¿Persiguió el franquismo el catalán?

Aunque no lo parezca, e incluso aunque algunos mismos catalanes -por razones quizá muy interesadas- lo hayan olvidado, se cantó mucho en catalán durante el franquismo y la Transición. Veamos.

Elvis Presley no era catalán –todo se andará- pero sus canciones sonaron en la lengua de Espriu durante los años sesenta en voces diversas, la principal Francesc Heredero, luego Francisco Heredero. Este fue el novio yeyé por antonomasia de la época, casó con otra yeyé de postín, Luisita Tenor, pero antes de alcanzar la fama en toda España, debutó en 1963 con un EP, ‘Amic Elvis‘-Exits d’Elvis Presley’, enteramente dedicado al Rey, incluyendo ‘Sentimentalment’ (Sentimental me), ‘La meva sort’ (Good Luck Charm), ‘Carta retornada’ (Return To Sender) y ‘Fes-me adéu’ (Gonna Get Back Somehow). El segundo EP, igualmente titulado que el primero y editado en 1963, también fue consagrado al cantante norteamericano.

The Animals eran ingleses pero sus éxitos mayores, ‘The House Of The Rising Sun’ y ‘Don’t Let Me Be Misunderstood’ tuvieron traslación catalana –‘La casa del sol naixent’ y ‘Comprensió’- a través de Els Dracs. Percy Sledge era norteamericano pero su gran balada soul, ‘When A Man Loves A Woman’, sonó en catalán con los valencianos Els 5 Xics (Quant un home vol una dona’). El Dúo Dinámico era catalán y en catalán cantó ‘Ai aquells ulls tan negres’ (Esos ojitos negros).

Salomé representó a España en el festival de Eurovisión de 1969 y aunque empatada a cuatro ganó el certamen, pero antes, en 1963, ganó la V edición del festival del Mediterráneo cantando en catalán ‘S’en va anar’ que publicó en un EP completamente en catalán donde estaba la hermosa y popular ‘Dame felicidad’ de Enrique Guzmán (Dona’m felicitat).

No quiero abrumar, pero algún ejemplo más. Luis Aguilé era argentino y Tony Ronald holandés, pero ambos cantaron en catalán. Mina, italiana, también lo hizo. Y la madrileña-aragonesa Elia Fleta cantó ‘My Foolish Heart’ en catalán como ‘Cor inquiet’ junto al gran Tete Montoliu. Antes de todos ellos, en 1958, José Guardiola llenó su segundo EP con canciones en catalán, siguiéndole después, en los sesenta, otros cinco EP’s más y un single. Igualmente, en 1958, las Hermanas Serrano hicieron versión catalana y castellana de su segundo EP, ‘Besa’m tres vegades’, lo que volvieron a repetir en 1959 en el sexto, ‘El dia dels enamorats’.

Guardiola y las Hermanas Serrano fueron los primeros en cantar canción pop en catalán. Después lo hicieron decenas y decenas de grupos y solistas, desde los mentados a un pléyade de artistas yeyés, soul, progresivos, orquestales…, dejando aparte a los cantautores de Els Setze Jutges, que aquellos cantaron todo en catalán, e incluso los componentes del llamado rock layetano de los 70, que también cantaron mucho en catalán en el franquismo y la Transición, sobre todo, la Companya Eléctrica Dharma. Por no olvidar al rompedor Sisa.

Que se sepa, ninguno fue encarcelado, ni prohibido, ni integró lista alguna de perseguido por el franquismo réprobo. De esa que no se libraron otros, por motivos bien diferentes: por ejemplo, un ministro de la Gobernación, Alonso Vega, canceló las matinales del Price en 1964 y hasta un gobernador prohibió el jazz en Huesca.

Viene a cuento este rescoldo por culpa del machaqueo del independentismo catalán que tiene en su tabla de agravios principales para irse de España “la persecución desde el franquismo de la lengua catalana”. Hace unos días se vio a un integrante de la ANC en un programa de TV abaleando la permanente letanía persecutoria. Es posible que ello ocurriera, que se persiguiera el catalán. Uno no estuvo allí, pudo ocurrir y no nos enteramos fuera de Cataluña.

Si como define la RAE el término perseguir, o sea, “molestar, conseguir que alguien sufra o padezca procurando hacerle el mayor daño posible” o “proceder judicialmente contra alguien y, por extensión contra una falta o un delito”, no sé si algo similar tuvo lugar, pero insisto, es posible que algo de esto ocurriera y nada se supiera más allá de la propia Cataluña. Si alguien conoce casos concretos, invitado queda a desvelarlos. Cierto es que el catalán no se enseñaba en las escuelas ni era lengua oficial, como no lo eran el vasco, el gallego, el valenciano o el mallorquín, pero esta era otra cuestión…

Resulta, por tanto, muy extraño que parva tan grande de artistas como la mentada anteriormente cantara canciones pop –no tradicionales, sino pop- en la lengua perseguida y no hubiese represalias, máxime contando el Régimen con toda la batería de leyes y autoritarismo que tenía para aplastar, si fuese necesario, a una manada de elefantes subversivos.

popcatalanLa queja, me temo, tiene pocos fundamentos. Y, además, el independentismo no ve ni quiere oír, o solo ve y oye lo que le interesa, porque basta mirar un poco para ver la gran cantidad de discos recopilatorios que en los últimos años se han publicado con canciones de los sesenta cantadas en catalán: Ramalama, por ejemplo, cuenta en su catálogo con un copioso doble cedé, ‘Grans exits del pop en català’, editado en 2012, con nombres como Rudy Ventura, Dyango, Salomé, Betina, Tony Tonald, Francesc Heredero, Lone Star, Hermanas Serrano y hasta ¡Mochi, el Dúo Dinámico y Luis Aguilé!

Pop a la catalana 3En la propia Cataluña, con distribución incluida a través de La Vanguardia de uno de los discos, se han editado tres volúmenes dobles con algunas de aquellas canciones (el último recién publicado) bajo el título de ‘Pop a la catalana’. También el sello La sèpia verda editó en 2003 el recopilatorio ‘Hi ha ieié per aquí. Vol. 1” en tanto que Badabocs Selectors hizo lo mismo entre 2008 y 2010 con tres volúmenes denominados ‘Modernisme aborigen’ y Picap publicó en 2010 ‘Pop ie-ie català’, un CD con 28 canciones, y hay hasta un par de grupos actuales, Angelina i els Moderns y Refugi que recrean aquellos cantos pop sesenteros en catalán.

Todo muy abundante y fresquito para ver, oír y certificar la verdad de la Historia, que remato con una breve anécdota personal: aparte de estudiar ocho años en un internado que era como un pequeño microcosmos nacional, donde estábamos gente de casi toda España, por supuesto de Cataluña también, y donde a nadie se le espetaba si hablaba de una forma u otra, durante un tiempo fui miembro del Orfeón Universitario de Zaragoza. En el repertorio llevábamos una preciosa versión coral, obviamente en catalán, de ‘Al vent’, de Raimon, y la cantamos en colegios mayores, teatros, aulas magnas universitarias… y no recuerdo si hasta en recintos religiosos. Nunca jamás se puso impedimento a tal interpretación, pese a la ideología y el simbolismo trasgresor que tenía. O sea, que, pese a lo que se cuenta y se predica, y con esto no es que quiera erigirme –Dios me libre- en defensor de la oprobiosa, Elvis no estuvo en la cárcel en Cataluña, no se persiguió a nadie que cantase en catalán una música con tanta difusión como el pop. Así fue y así debe contarse.

Imagen de previsualización de YouTube
Imagen de previsualización de YouTube
Imagen de previsualización de YouTube

Publicado en General | 36 comentarios

Bigott, en el séptimo álbum

El zaragozano Borja Laudo, alias Bigott, saltó a la arena discográfica en 2006 con un disco titulado ‘That Sentimental Sandwich’, que editó el efímero sello King Of Patio. Curioso, desconcertante, este bigotudo artista maño. Desde Sisa, Albert Pla o El Niño Gusano no llegaba al panorama nacional un tipo tan singular. Tan rara avis. Un artista que lo mismo evocaba a Nick Cave como al Dave Brubeck Quartete, Sonic Youth, The Doors, Love, Syd Barrett o el mismo Springsteen, un artista de esos a los que inmediatamente había, y hay, que colocarle el cartel de inclasificable. Mas pese a semejante etiqueta, nada de excentricidades o snobismos epatantes. Todo lo contrario. La armonía se imponía al presunto caos de la singularidad y la audacia.

Otra cosa era su presencia o sus entrevistas. En una que le hice en 2010, con motivo de la edición de su álbum ‘This Is The Beginning Of A Beautiful Friendship’, para el fenecido ‘Muévete’ de este periódico, me vaciló todo lo que pudo. Solo un par de preguntas y sus correspondientes respuestas, a modo de ejemplo:
-Hay un olorcillo a sonido Costa Oeste, desde Byrds a los Grateful Dead de ‘American Beauty’, del que no sé si eres conciente…
Soy consciente de muy pocas cosas. El olorcillo ese es bien raro, prefiero el de unas buenas chuleticas de ternasco a la brasa.
-Rara percepción al principio del disco. Creía que iba a sonar Nuestro Pequeño Mundo…
¿Estas tomando algo? Dame un poco. Este es el tipo de pregunta que no lo es, así que, como supongo que no esperas una respuesta, te voy a contar una receta buenísima que hice el viernes: alitas de pollo a la americana…

Y así prácticamente a cada pregunta. No le di la más mínima importancia a sabiendas del frikismo del personaje y menos ante la imposibilidad de la réplica, porque tuve que hacerla por correo electrónico, la única forma, según su editor discográfico, Pedro Vizcaíno, de pillarlo. Ambos, supongo, reímos. La parroquia, también.

Desde aquel año de debut, Bigott ha ido casi a disco por año, vamos que ya cuenta con siete, unos más logrados que otros. No extraña tanta fecundidad si, como me decía en aquella entrevista, él no consideraba oficio el hacer canciones, y que estas le salían como churros: “Pues sí, salen como churros, qué quieres que te diga. Hombre, solo hago eso durante la mayor parte del día, así que no tiene mucho misterio”. Bigott ha dado y da la sensación de estar en esto de la música como de paso, como el que mastica un chicle y cuando lo agota lo tira. Pero ya se ve que la cosa no es así en la realidad.

Ahora acaba de editar el séptimo álbum, ‘Pavement Tree’, un título con ese ‘pavement’ dentro que enseguida recuerda al grupo ‘indie-noisy’ del mismo nombre y que inclina a pensar que Borja Laudo se ha pasado al ‘ruidismo’…, una de despiste. Porque, en las antípodas del grupo californiano, cabeza de puente del indie de los noventa, este es el disco más orgánico y homogéneo, el menos disperso y ecléctico, que ha trazado el zaragozano, zurciendo sus canciones con el hilo de la Velvet más lírica y con unos deliciosos bordados de melancolía. Un disco muy agradable de escuchar, intimista, sin extravagancia alguna… y sin vaciles extemporáneos.

Imagen de previsualización de YouTube

Publicado en Aragón | 6 comentarios

Pedro Andreu, de Héroes, vuelve a su batería con La Red

AndreuEl batería de Héroes del Silencio, Pedro Andreu, debuta con grupo nuevo, La Red, y con un disco con tres canciones de rock a caballo entre los 70 y los 90. Tenía unas ganas enormes de “volver a su batería”, dice. Es su tercer grupo fuera de Héroes. Cree en este nuevo ‘reto’ aunque no busca el éxito inmediato.  Y no está cerrado a una segunda reunificación de Héroes del Silencio. Si llega, asegura que está preparado.

Antes de nada, ¿un grupo como La Red supone la cancelación de DAB?
Luis Sancho, DJ Positive, sigue con la producción de nuevos temas de DAB para Café del Mar, además de impartir clases magistrales en esa materia vía internet. Nos seguimos llevando bien y por ahora no tenemos planteado hacer un nuevo disco, pero no está cerrado.
Ni Pura Vida, ni DAB, ni Héroes, en el disco hay un acercamiento o cruce entre el hard rock setentero (esos wah wah) y el rock duro de ahora o de traza pseudogrunge que marcan sobre todo las guitarras… aunque al final, especialmente escuchando la cara B, denota una cierta inclinación por el rock melódico… ¿Cómo surgió este sonido? De manera espontánea o muy buscada?
Cuando inicié el proyecto quería una banda de rock. Eso incluye mis influencias en ese estilo que van desde mis Fab 4 o Springsteen, Black Sabbath, AC/DC, Soundgarden o Foo Fighters. Podría nombrar 50 más y me dejaría muchos.
Lo que sí demuestra es que tenías unas ganas inmensas de volver al rock…
Así es. Y de volver a mi batería. Eso especialmente.
¿Cómo se ha ido forjando el grupo? Primero el chispazo inicial, ¿quién y cómo se prendió? Y segundo, ¿los cambios de formación hasta la actual?
Hice un llamamiento por las redes. Me contestaron muchos músicos de aquí y de otros países e hice una primera selección de gente que estaba cerca por la cuestión logística. Mi plan era montar una banda aquí y otra en América. Finalmente mis compañeros son de Zaragoza (David Abad), Barbastro (David Albalá) y Ciudad Real (El Parri), todo muy cosmopolita, jejeje
¿Fue costoso el proceso?
La formación definitiva ha llegado después de un año. Es difícil encontrar hoy el compromiso entre los músicos por motivos comprensibles. Trabajo y garantías. Creemos en el proyecto.
¿Molesta que la gente se refiera a La Red (¿o l4Red?) como el grupo de Pedro Andreu? ¿Pesa mucho sobre él el nombre de un Héroe del Silencio?
Ningún problema. De hecho, es lógico. Tiene su peso, claro, pero como te digo, a mí no me importa. Me reta. El grupo es La Red. Lo de l4Red fue para el anagrama.
Lo que está claro es que no se trasluce en absoluto que sea el grupo de un batería. Te has aplicado a cumplir de forma muy ortodoxa tu función, sin brillos especiales ni virguería alguna. ¿Has querido evitar todo tipo de protagonismo o estrellato pasado?
Siempre he sido un batería alejado de florituras y muy poco demostrativo. Sigo aprendiendo. Le aporto mi manera diferente de expresar con el instrumento y mi criterio siempre ha sido el mismo. Todos somos importantes, Mi escuela son los HDS y como dice Angus Young: “Las baterías sencillas son las mejores”
Firmáis las canciones los cuatro, ¿es tan colectivo el proceso de composición?
Es un tema complicado. Normalmente David Abad (guitarra) trae una idea y la desarrollamos entre los dos. Luego se une Parri (voz) y en adelante contaremos con David Albalá (bajo).
Las letras, ¿qué quieren contar y cómo nacen?
Dejo las letras por el momento al cantante. Hablan de lo cotidiano, con un toque onírico y sin caer en el refranero español.
Y esta presentación del disco tan especial en vinilo y en formato de diez pulgadas, en color blanco y portada toda negra, ¿por qué?
Mi pretensión es darle un valor añadido a nuestras canciones. Tal y como están las ventas, los oídos y los tiempos pienso que los creadores debemos buscar fórmulas interesantes. Me gusta el vinilo, entre otras cosas, porque no es digital.
Eso es extraño en alguien que tiene un dúo con el nombre de Digital Analog Band…
Quiero decir que me gusta por lo que representa el vinilo y por las cualidades que tiene –el tacto, la presentación, el olor…-, cualidades que no tiene el CD.
¿Significa que esto es un simple aperitivo y que a no mucho tardar habrá álbum?
Es un comienzo. Nuestro plan es ir haciendo canciones y tocar en directo hasta conseguir atención por parte de nuestros oyentes y que nos obliguen a editar un disco completo.
¿Cómo ha sido la acogida del disco y de las actuaciones que hasta ahora habéis hecho?
Estamos satisfechos de lo que vamos haciendo aunque lo cierto es que acabamos de empezar y hay mucho que hacer. No busco el éxito inmediato y entiendo que las cosas llevan su tiempo.
No quiero entrar en exceso en un tema recurrente como Héroes, pero seguramente que no se me perdonaría. Simplemente quisiera que explicaras, qué pasó tras la reunión de Joaquín, Juan y tú. ¿Por qué se cortaron los ensayos y no seguísteis adelante?
Te lo agradezco. Los motivos son varios, y personales. Yo pienso que no había la ilusión necesaria y se decidió dejarlo. Me llevé un disgusto monumental pero acabé por comprender y rebelarme… montando un nuevo grupo. La música para mí no es una obligación, es mi vida.
Cuando recientemente Bunbury declaró que era hora de cantar canciones de Héroes, se armó un revuelo sobre otra nueva vuelta del grupo. Yo aseguré que Héroes están muertos. ¿Qué opinas?
Nunca se sabe, amigo. La vida da muchas vueltas. Si llega… estaré preparado.
¿Algo más que quieras añadir?
Gracias a la gente de Ok Corral. El disco está a la venta en Linacero y el próximo concierto será el día 13 de diciembre en La Casa del Loco.

La primera canción del disco en un vídeo de Jorge Nebra:

Imagen de previsualización de YouTube
Publicado en Aragón | 3 comentarios

¿El mejor cantautor español? Joaquín Carbonell

¿Exagero si afirmo que Joaquín Carbonell es dueño del cancionero más rico y variado de los cantautores tradicionales españoles? A quien las sombras del cerebro le impidan ver más allá de los estereotipos y de los nombres más famosos seguramente pensará que alucino. Y es posible. Pero yo mantengo la teoría que hace unos años, en 2005, ya solté en una página del Heraldo, citándole, con Sabina fuera de combate por su famoso y desdichado ‘marichalazo’, como ‘el mejor cantautor nacional’. Ahora, incluso con Sabina en acción de nuevo, sigo pensando lo mismo.

Sobre todo al escuchar y reescuchar la cata perfecta que él mismo ha hecho a su propio cancionero, extrayendo 19 piezas grabadas tras su reaparición en 1995, tras trece de retiro, y reunirlas en el cedé ‘1 vida & 19 canciones’. No ha podido meter la sonda en los anteriores, en los de los setenta, porque, pena marinera, por no decir otra cosa más áspera, no es dueño de los derechos de aquellos cuatro discos que grabó con RCA, y por tanto ni tocarlos si no ‘sueltas la pasta ya’, parafraseando una de sus últimas y divertidas piezas. No obstante, no hay que preocuparse, al menos su canción bandera de aquellos años en cuanto a musicalidad y armonía, o sea, ‘Me gustaría darte el mar’, está entre las seleccionadas, aunque en versión distinta, que mejora la original. Y también está aquella sátira sobre el poder del dinero, ‘La peseta’, a cuyo tintineo se alzan coronas y tronos, nacen ministros y reyes, especuladores y ladrones, que le soltó al franquismo en plenos años de plomo…

Inciso: el de Teruel no era precisamente el más ‘cabroncete’ a la hora de soltar metralla antidictadura, él tendía a ocuparse más del verso y la musicalidad que de la soflama, aunque por lo bajini, subliminalmente, que diría un cursi, metía sus puyazos en los discos y en directo se desfogaba de vez en cuando. Nunca olvidaré un recital en el abarrotado salón de actos del Colegio Mayor del Carmen donde cantó una pieza que nunca grabó y que se titulaba, si mal no recuerdo, ‘El cuadro’, donde a cada dos por tres repetía en el estribillo algo así (ay, la memoria) como que cuándo se iba a caer el cuadro y a morir ‘el animal’, no siendo otro el animal que el mismísimo Franco, como la parroquia intuyó rápidamente en medio del jolgorio general. Ya se sabe, entonces, en la dictadura había que hablar y cantar entre líneas.

Pasaron aquellos aciagos años, con los cantaurores al servicio de los políticos, y entre la patada en el culo que estos últimos, ya subidos al machito, los del PSOE especialmente, le dieron, y la riada de la posmodernidad y la Movida, Carbonell se quedó en la estacada. Durante años estuvo en el retiro, o por mejor decir, fuera de la canción, haciendo cosas en TV y escribiendo con mucho ingenio crónicas televisivas. Hasta que inesperadamente volvió y empezó a grabar discos: ‘Canta a Brassens’ (96), ‘Cariño y tabaco’ (97), reeditado en el 98 como ‘Tabaco y cariño’, ‘Homenage à trois’ (2000), ‘Sin móvil ni coartada’ (2003), ‘La tos del trompetista’ (2005) y ‘Clásica y moderna’ (2008).

Básicamente de estos discos procede la cata que ha resumido en el cedé mentado anteriormente, ‘1 vida & 19 canciones’, con fotos de un imberbe Carbonell en 1963, con 14 años, sentado a la batería de la Orquesta Bahía de su pueblo. Repito: perfecta. Y es que canciones como ‘Con las luces encendidas’ no solo iluminan sino que rompen el alma, no digamos la citada ‘Me gustaría darte el mar’, ‘Los versos de Pablo Neruda’, ‘Mon amour’…

Son 19 canciones en las que el de Alloza se comporta como un atleta de la rima y de la melodía, saltando de género en género como el que se ventila los siete metros de longitud en una zancada. Blues, jazz manouche, ranchera, vals, bolero, rumba, swing, reggae, country, Brassens, Dylan, JJ Cale… y hasta adaptaciones gloriosas como la de ‘Pay My Money Down’, versión a su vez de Springsteen sobre un tema de Pete Seeger, o la delirante historia brasseniana del gorila encelado con un severo juez, son los materiales con los que Carbonell traza la urdimbre de estas canciones, tan cuidadas e ingeniosas en los textos, tan transparentes y directas.

Carbonell, reitero, oyendo y disfrutando de este rico friso sonoro, al que ha añadido piezas inéditas, posee uno de los repertorios de cantautor más lúcidos y variados de España: Serrat sigue en lo mismo desde hace cuarenta años, Sabina no ha salido del dylanismo, la rumba y las rancheras, Paco Ibáñez es musicalmente un monolito… si acaso Llach –maravilloso e ingenioso ‘Astres’- ha sabido salir del carril de sus campanadas a muerte…, pero el resto de su generación no ha sabido manejar géneros con tanta amplitud y tanta riqueza sonora como lo ha hecho Carbonell.

El turolense es nítido en la voz, brillante en el verso y armonioso en la música. Y, sin embargo, como si una maldición maya hubiera caído sobre él, sigue cardando lana, viviendo un ostracismo inmerecido mientras otros, más famosos pero muchísimo menos creativos y dotados, celebran cincuentenarios a lo grande. Si este disco sale con la firma de otro notable del reino, petardazo seguro, pero es de un turolense, que aunque, según cuenta en el libreto ha sido “demasiado para un chico de Teruel”, merecía y ha merecido mucho más. En cualquier caso, sin chauvinismo ni amiguismo de por medio, este gran disco le hace justicia: es un gran retrato de la creatividad, de las buenas canciones de cantautor que por ser vecino quizá no se le considere lo debido; también, por esto último y por no haber salido en Madrid o Barcelona, del peso que el ‘bisnes’ le ha sisado injustamente.

Por cierto, estando los tiempos como están, el disco solo se puede adquirir en la web del autor por un precio módico de 7,95 euros. Háganse el esfuerzo.

Publicado en Aragón | 7 comentarios

U2 en Times Square: pese a Springsteen, Bono no tiene quien le sustituya

Anonadado estoy. Justamente mientras preparo la página de discos sabatina para el Heraldo, me entra un correo desde la web oficial de U2 avisándome que en breve el grupo estará tocando en directo en la misma Times Square a beneficio de los enfermos de SIDA. Dan un enlace a YouTube… y alehop! Ahí están los irlandeses, previo speech de Bill Clinton pidiendo ayuda para comprar medicinas contra la enfermedad…, pero sin Bono.

¿Dónde está el cantante? Cómo es sabido, convaleciente del tortazo que se arreó hace unos días en Central Park mientras montaba en bicicleta y seguramente que todavía reponiéndose del gran susto que se llevó otros días más atrás cuando su avión privado que le conducía a Berlín perdió (o se le abrió) una puerta trasera y se salvó de milagro, según un experto aeronáutico. No están los hados con él.

En su lugar es Chris Martin, de Coldplay, quien canta las dos primeras canciones –‘Beautiful Day’ y ‘With Or Without You’-, cogiendo el testigo la rubia Carrie Underwood, a continuación Kanye West y finalmente, ladies and gentlement, ¡The Boss!, quien canta ‘Where The Streets Have No Name’ y ‘I Still Haven’t Found…’. También aparece Obama, pero este desde el despacho Oval (parece). Insólito happening en la plaza de la luz y las grandes pantallas.

Es breve, 50 minutos, pero me quedo, como digo al principio, anonadado. Primero porque no tenía ni idea del happening –de ahí la sorpresa- y después por el lugar, Times Square, que hace no mucho visité y me dejó atontolinado con tanta luz y tanta publicidad en gran pantalla (el capitalismo más obsceno, dirá alguno).

Pero sobre todo me martillea de nuevo la percepción de cómo estos americanos son capaces de montar un sarao a la mínima y por la causa más noble que se presente. Y cómo se prestan a colaborar músicos famosos y millonarios que no tienen necesidad ni de publicidad ni de dinero. Al contrario, utilizan su fama para llamar la atención al mundo ante un problema que, aunque haya rebajado grados de presencia en los telediarios, sigue azotando a mucha gente. Para estas cosas son únicos.

Musicalmente ya es otra cosa. Hay algo evidente: Bono es insustituible. Martin defiende sus dos canciones con suavidad y discreción. Le falta el pulmón de Bono. La tal Carrie, salida de la Operación Triunfo americana, o sea, Pop Idol, va a lo suyo y canta sus canciones con su grupo; Kanye West, ejem, mejor me ahorro adjetivos, rapea sobre bases pregrabadas y hasta no sé si hay playback en la voz, vamos que me agua la fiesta, y Bruce es mucho Bruce, pero Bono es único e inimitable. Le mete rasmia y ese desgarro particular suyo cuando rockea pero las dos canciones pierden sin la presencia del titular. Eso sí, al menos recupero el mono de ‘delays’ que me dejó el último álbum de U2: tres de las cuatro canciones del grupo que suenan en Times Square son de ‘The Joshua Tree’.

Por último, la gran evidencia de que el futuro quizá no muy lejano de la televisión está en Internet o por Internet. Retransmisión perfecta en cuanto a sonido e imagen, dentro, claro está, de las posibilidades actuales, que no puedo enlazar porque escribo nada más acabar el happening, pero seguro que enseguida aparecerá en YouTube. Pese al West dichoso ha sido una gozosa sorpresa cibernética en medio de la madrugada. Y eso, Bono no tiene quien le escriba, o sea, quien le sustituya. A recuperarse cuánto antes.

Publicado en Internacional | 4 comentarios

La gozosa vuelta al papel de la revista Efe Eme

En la entrada de hace unos días sobre la elección de la revista Rock de Lux del segundo álbum de Public Enemy como el mejor de los últimos 30 años hubo polémica y opiniones para todos los gustos. Me sorprendió, pese a mi acerada opinión sobre Rock de Lux, la sentencia de algún bloguero de que lo propio y más conveniente era no leer revistas musicales, escasas de talento y de información, se venía a decir más o menos. Discrepancia absoluta por mi parte.

Leer revistas musicales es una afición y un disfrute que personalmente ejercito desde los viejos tiempos del Disco Express. Los viernes eran para mí, en los setenta, días sacrosantos esperando la llegada del número semanal de aquel periódico que se inventó en Pamplona aquel nefasto propagandista de la música y de los 40 Principales, o sea, Joaquín Luqui, y que luego, tras el periodo de la cateta España rockera que nos salvó el denostado pero imprescindible Jordi Sierra i Fabra, asaltaron, afortunadamente, plumas extraordinarias como las de Diego A. Manrique o Antonio de Miguel, hasta darle un vuelco total.

Aquel semanario y luego Mundo Joven, el viejo Vibraciones, el Popular 1, Extra, Top Magazine, El Musiquero, Sal Común… y otras publicaciones de efímera existencia fueron fuente y escuela de aprendizaje y disfrute musical. Allí me encalomé de música, discos y cultura underground hasta las meninges y con ellas, con las francesas Best y Rock & Folk o el Melody Maker y el New Musical Express e incluso el Rolling Stone americano, y por supuesto con los libros de Jordi Sierra, fui formando mi gusto, mi criterio y mi información/formación musical moderna. Desde entonces no he cesado de aprovisionarme y de leer revistas musicales, incluido el RDL, aunque sus postulados anden en las antípodas de lo que yo entiendo como periodismo (y gusto) musical. Así que siento una inmensa alegría por la vuelta al papel de Efe Eme.

Los tiempos, ya se sabe, están peliagudos para el papel. Llegar al quiosco, sobre todo en el caso de las revistas musicales, es una heroicidad desde que Internet marcó la vida del planeta y desde que la crisis económica dio el gran zarpazo. Por su culpa, por su gran culpa, desapareció de los quioscos esta excelente revista como Efe Eme. Cocinada en Valencia desde 1998, pero con redactores distribuidos por todo el país y plumas prestigiosas, tenía una visión amplia y sin prejuicios del mundo musical; mas no pudo ser y en 2007 cerró y se replegó al espacio virtual de Internet, donde a diario otea la actualidad.

Pero, oh sorpresa, sus editores se han puesto de nuevo las pinturas de guerra y la revista ha vuelto al papel. Bien es verdad que con otro formato, otra visión y otra periodicidad (trimestral), pero aquí está de nuevo Efe Eme, cual gladiadora del papel, entablando de nuevo pelea. No es poca su valentía, con el ritornelo permanente de la crisis.

Lejos de modernismos esnobistas y de la rapidez de Internet, el nuevo Efe Eme, antetitulado ahora con la palabra ‘Cuadernos’ y con un formato de libro, enfoca la música de forma sosegada y atemporal, buscando la historia y el análisis, la lectura tranquila y profunda del hecho musical con “voluntad cultural”, según reza su editorial. El fondo y los contenidos sobre la rabiosa actualidad.

Ello da pie a que se dediquen páginas a grupos y artistas desaparecidos o semidesaparecidos, caso de The Flaming Groovies o Simon & Gafunkel; también a escarbar en asuntos que habitualmente no se indagan en las revistas mensuales, como el fenómeno del yeyé femenino francés de los sesenta en su parte oculta, y sobre todo a masticar largas entrevistas. En este apartado, Bunbury ocupa el papel estelar en el primer número, con una charla a calzón quitado de 28 páginas. Aparecen también los Rolling, Burning, M Clan, Quique González & Lapido… o un interesante recorrido de Julio Valdeón por los locales musicales neoyorkinos históricos ya desaparecidos. Remata Manrique, del que esperamos más presencia y alpiste, con un comentario evocando los tiempos de gloria de las discográficas cuando invitaban a los periodistas a viajar a conciertos y entrevistas. En total, un número en formato libro-revista de 224 páginas que se convierte en una nueva forma de hacer periodismo musical. Sin extravagancias y sin sectarismos esnobistas, ahondando en el fenómeno musical… ¡Y en papel! Una fortuna volver a gozarla, volver a leerla.

Sí, aquellos que me quieran hacer caso y les interese la música y los discos, lean revistas musicales. No todo está en Internet, como alguno opina. Es más, en el espacio cibernético, por muy oceánico e inabarcable que se aparente, no hay nada en profundidad al lado de lo que proponen estas revistas, incluido el RDL aunque se vaya por los cerros de Úbeda. Las hay para todos los gustos.

Por cierto que Efe Eme no se vende en los quioscos. Lo hacen desde su web a 18 euros el número (es un libro), que envían a casa con prontitud y sin gastos. Los peliagudos tiempos mandan, qué le vamos a hacer.

Publicado en General | 6 comentarios

Carmen París y su merecido Premio de las Músicas Actuales

Tengo mis dudas y mis reservas sobre los premios artísticos de toda condición y con dinero público. Premio de las ciencias, las artes, la música…, está muy bien reconocer a los creadores y a quienes inventan un mundo mejor, ¿pero con dinero de todos? ¿No sería mejor invertir ese dinero en formación, por ejemplo? Más como están los tiempos y con ese iva cultural que hace sangre… Y  ‘mes a mes’ ¿por qué no preguntar antes de que un envenenado nacionalista catalán pegue portazo? ¿Y, ya puestos, por qué no premiar también al mejor charcutero, al mejor panadero, al mejor frutero…, a toda esa gente corriente que con su esfuerzo nos sostiene impecablemente en la vida diaria? Son dudas y lucubraciones mías, simplemente.

Pero superadas estas dudas y aceptados los premios, me parece muy bien que a Carmen París le haya concedido el Ministerio de Cultura el Premio de las Músicas Actuales, que antes recibieron los aragoneses Amaral y Santiago Auserón, y que está dotado con 30.000 euros. Carmen ha desarrollado una carrera de fondo zigzagueante hasta encontrar su sitio en la fusión de la jota con otros géneros, una labor que aquí rechina entre la ortodoxia e incluso fuera de ella, pero que tiene un gran mérito, como, por ejemplo, muestra el espléndido disco ‘Ejazz con jota’, o lo que es lo mismo, tirar del hilo de las raíces para “regenerar la música lírica tradicional”, como ha señalado el jurado, algo que fuera se lleva haciendo desde décadas y que se acepta con toda normalidad. En realidad, ¿qué es el rock, sino una suma de influencias que parte de la música rural americana, de las raíces populares, como por estos lares es la jota?

Debo desatascar el cerebro para recordar la primera vez que la recién premiada asomó a un escenario. Afortunadamente la hemeroteca del Heraldo es el mejor desatascador. Confieso que me dejó anonadado. Fue un 19 de diciembre de 1990, en la sala En Bruto. Allí estaban Iñaki Fernánez y Yosu García (grandes músicos y guitarristas) junto a otros colegas, que formaban Blues Power, rindiendo homenaje a John Lennon, cuando de repente apareció en los coros una joven sílfide, tan delgada que no tenía perfil, con una camisa roja con lunares blancos atada con un nudo a la altura del ombligo (tal como los flamencos) y con una voz de estrépito. Oirla cantar ‘Help Me To Help Myself’, en plan Tina Turner, con un feeling estremecedor, fue una alucinación. Aquella noche, escribía luego en mi crónica de urgencia, a aquella desconocida cantante y corista le salieron novios a porrillo entre los grupos y músicos zaragozanos que andaban por la sala abarrotada del viejo En Bruto, desde los mismos Héroes del Silencio a Mauricio Aznar e incluso a músicos de los sesenta: más de uno suspiró por tenerla en sus filas.

Naturalmente, cuando terminó el homenaje me fui a conocer a aquella alucinación. ¿De dónde puñetas había salido? Si no se la conocía en los ambientes musicales… Me dijo que trabajaba de camarera en una bar de copas, el Cinemascopa (¡qué bonito nombre!), ubicado en la calle San Antonio María Claret, y que fuera a verla allí. Fui. Pero estaba a tope de trabajo y no puede entrevistarla, así que quedamos para otro día. Extrañamente, sin embargo, desapareció.

Durante un año no se supo nada de ella. Se había ido a Granada a hacer un curso ¡de música renacentista! y al volver, ya a principios del 92, me llamó: se había convertido en Carmen La Nuite. Flipé y la entrevisté. En la página de discos del 9 de febrero de aquel año de fastos olímpicos y expos sevillanas aparecieron sus primeras declaraciones en letra impresa. Repaso ahora la entrevista y sonrío ante su precocidad: “A los dos años ya usaba la mano del almirez como micrófono”, contaba para expresar su devoción por la música. Veo que en cierta manera se cumplió uno de sus deseos mayores: ubicarse en el jazz. Ese era su más deseada localización artística, después de haber probado con la copla, el tango, el rock, el blues…, pero me deja tieso cuando leo que, al socaire de su voracidad para abarcar todo tipo de estilos –“me encanta probarlo todo”-, confiesa que hasta entonces “menos jotas, he cantado de todo”. Paradojas de la vida: la jota, sin embargo, fue y sigue siendo el revulsivo de su carrera, el oro bruñido en jazz con el que ha ganado este notable premio. Tiene para una novela esta París.

Publicado en Aragón | 7 comentarios

Eric Clapton y su sentida esquela musical para JJ Cale

JJ Cale fue aquel tipo solitario que, apartado del mundanal ruido, viviendo en un rancho de Tulsa, hacía discos cuando quería y como quería, rumiando y seleccionando las canciones a su aire, embelesado en su pequeño estudio casero, trucando guitarras o explorando formas de grabación, sin prisas, sin atarse a la agitación de las giras y las actuaciones, lejano al business. Y triunfaba e influía en otros –desde Dire Straits a Lynyrd Skynyrd o Clapton, y aquí desde Sabina a Carbonell- con su sonido ‘laid-back’, tirado, con raíces en el rockabilly, el folk, el blues, el country, el jazz y el rock. Pese a su fama de ser extraño y huidizo, posiblemente falsa, aseguran que tenía un gran sentido del humor y una humildad lacerante: “Hago lo mismo que Britney Spears, pero yo no enseño carne”, dicen que llegó a decir.

Empezó a batallar en los sesenta pero hasta los primeros setenta no empezó a publicar álbumes en solitario, aquellos inolvidables ‘Naturally’ (1971), ‘Really’( 1972), ‘Okie’ (1974), ‘Trobadour’ (1976)…, que forman el cuerpo principal de su discografía y de sus hallazgos musicales. Con largos paréntesis, fueron llegando más discos hasta el año 2009, en que publicó el último, ‘Roll On’. Por los escenarios se le vio en contadas ocasiones y paulatinamente los fue dejando hasta desaparecer de la vista pública. En julio del año pasado moría a los 74 años.

¿Y quién mejor para rendir homenaje a uno de los últimos caídos de la música americana? Pues Eric Clapton, sacristán del ‘hombre del porche’, al que tomó canciones -‘After Midnight’, ‘Cocaine’- tras retornar del infierno de las drogas, hasta hacerlas más suyas que del propio Cale. Lo que, por otra parte, fue una suerte para el ‘okie’ solitario: vivía cómodamente de los royalties.

A principios de este año, Clapton, emocionado y dolido por la muerte de su ‘hermano’ y héroe, se rodeó de diversos amigos -Tom Petty, Willie Nelson, Mark Knopfler…- y entre todos repasaron el repertorio ‘jjcaliano’, dando a luz las 17 piezas que suenan en el álbum ‘Eric Clapton & Friends. Call Me The Breeze’, 17 canciones lúcidas, emocionales, algo más robustas pero muy fieles al espíritu ‘laid-back’ de su autor. Música atemporal, no apta para modernos rabiosos. Una gran esquela musical, sentida y dolorosa.

Imagen de previsualización de YouTube
Publicado en Internacional | 7 comentarios

Taylor Swift, vendiendo el alma al diablo

Taylor SwiftYa es un asunto que se ha dilucidado y debatido aquí por activa y por pasiva, con una conclusión casi general: las divas del pop americano dominan el mercado del disco con canciones banales, pero detrás hay grandes voces. Un último ejemplo: la joven Taylor Swift, en tiempos brillante, o al menos aceptable, cantante de country, y hoy trasvasada a la canción comercial. Otra, podría decirse, que ha vendido su alma al diablo por el dólar y la fama más directa y masiva.

“España huele a pueblo”, cantaba en tiempos un peculiar cantautor sevillano, Benito Moreno. Probablemente, todos los países, ciudades y pueblos tienen un olor especial, reconocible. Estados Unidos huele inconfundiblemente a dólar. Basta poner un pie en la Gran Manzana para no solo atorrarse con el tufo de los puestos callejeros de ‘perritos calientes’ sino casi asfixiarse con los vapores del dólar. ¡Money!!!, que cantaban-gritaban Pink Floyd. Todo allí tiene un precio, todo cuesta, incluso hay que regatear, como en los bazares turcos, a la hora de las ‘tips’ o propinas, todo se mide por el patrón verde del ‘In God We Trust’, un culto que a veces sobrepasa la inmoralidad. Paradigma reciente: ‘El lobo de Wall Street’.

El mundo de la música es otro de esos paradigmas. Basta auscultar ese vasto espacio de las divas americanas que dominan el mercado del disco -Beyoncé, Rihanna, Lady Gaga… – para detectar la enfermedad. Un grueso manojo de artistas que venden música facilona acompañada de exhibición dérmica para hacer más goloso el pastel, pero con fantásticas voces. Hace unas semanas, comentaba aquí, el transformismo Lady Gaga: salió con un disco a dúo con Tony Bennett y dejó pasmado al gallinero. Si resulta que cantaba jazz como las diosas… Luego se supo: un viaje a la adolescencia que una vez que arrancó hacia la madurez juvenil se adhirió a unas canciones de quita y pon y vestimentas estrafalarias para imantar el mercado púber. Objetivo: forrarse. Ser famosa y rica a toda costa, revirtiendo para ello sus cualidades, su voz y sus inicios jazzísticos.

Ahora, otra integrante de ese reino juvenil acaba de hacer el mismo camino: Taylor Swift. Veinticuatro años. Hace unos días presentaba su nuevo disco, ‘1989’, en un escenario plantado ni más ni menos que en pleno Times Square mientras una cadena de TV retransmitía el show. ¡El dineral que costaría la fiesta! Pero productiva inversión: la chica vendió dos discos por segundo durante una semana.

Sin embargo, esta no es la Taylor de hace ocho años. Entonces, en 2006, con 16 años, debutaba con un disco de sedosas canciones de country-pop y un estilo y una voz que recordaba a Linda Ronstadt; canciones que aún redondeó en el más brillante ‘Fearless’ de 2008. Ganó popularidad y dinero, pero quería más (¿genética de padre broker y madre financiera?) y en 2012, tras cambiar Nashville por Nueva York, con el álbum ‘Red’ avisó y ahora con ‘1989’ ha virado a los ritmos bullangueros y esas sintéticas producciones de laboratorio en las que maquetan reiterativamente los productores a estas divas. El premio ha sido abrumador, como fácilmente puede comprobarse en YouTube: su primer single de 2006, ‘Tim McGraw’, cuenta con casi 30 millones de visitas’ en tanto que ‘Shake It Off’, de ‘1989,’ sobrepasa ya ¡los 303 millones!. Menudo salto para acer en un disco banal, mientras el country se quedó en la nevera, pero ahí está la gran voz de Taylor… Y la pasta que estarán recogiendo ella y sus equipos tras su ejercicio de transformismo maloliente. A veces no se sabe si es mejor oler a pueblo o a dólar, a decencia o corromperse.

Aquí, la Taylor de 2006:
Imagen de previsualización de YouTube

Y aquí la de 2014. Hay diferencia.
Imagen de previsualización de YouTube

Publicado en Internacional | 16 comentarios

María José Hernández, entrevista

María José -Juan Miguel MoralesUnas entradas atrás daba cuenta del disco ‘Las uvas dulces’ en el que la cantautora zaragozana María José Hernández ha remodelado una docena de canciones de Labordeta, ajustando arreglos e insertando esa voz sensible y cálida que posee, dominando a la perfección ese registro vocal suyo en el que se mueve. A continuación reproduzco la entrevista completa que he mantenido con ella y que parcialmente, por la evidente falta de espacio, se ha publicado este fin de semana en el Heraldo. Una ‘dulce uva’ para los amigos de las voces delicadas y el intimismo y toda una aportación maravillosa al mundo labordetiano.
A la hora de abordar el disco, ¿saliste con voluntad predeterminada, casi con el cuchillo entre los dientes, de no solo poner tu voz en el cancionero labordetiano sino de arreglar el gran roto que le hicieron a Labordeta en los arreglos de casi todos los discos de los 80-90? ¿O fue algo que luego salió de forma más natural y menos premeditada?
Tenía claro que este no era un disco recopilatorio. Era un disco de Mª José Hernández cantando canciones de Labordeta. Se trataba de traerlas a mi terreno y sentirlas como mías…
¿Tarea difícil?
Realmente, no, porque la poesía de Labordeta no tiene género. Escuché las canciones, las desnudé, dejé intactos los textos y las melodías y junto a Sergio Marqueta al piano partí de cero…
¿Sin ideas preconcebidas?
Exactamente. Comenzamos a trabajar desde un concepto acústico, en el que el piano iba a ser el protagonista, apoyado en el contrabajo y la guitarra como elemento rítmico, sin batería. Así que a los músicos, Julio Calvo, Daniel Escolano y Gonzalo Lasheras, les pasé ya la selección de las primeras maquetas sólo con piano o guitarra, es decir, ya tamizadas, olvidándonos de los arreglos originales para no partir, en efecto, de ideas preconcebidas.
Gonzalo Lasheras, además de músico, productor, ha sido el gran catalizador musical…
Gonzalo entendió perfectamente el sonido que yo quería para este disco y ha gobernado este ‘barco’ con maestría.
Has rebanado bajos y teclados (ay, ‘Nieve en abril’ y aquellos sintetizadores ochenteros), amainado baterías…, suprimido incluso acordeones y arreglos orquestales, como ocurre en ‘Qué queda de ti’, o los saxos y guitarrazos acústicos de ‘Abrí todas las puertas’, has liberado a ‘Guárdate del aire’ de la base de blues eléctrico que tenía… y te has decantado, en general, por el piano como base instrumental y por la melodía. ¿Has buscado austeridad o precisión? ¿El texto o la música?
Cuando escuché por primera vez ‘Nieve en abril’, me quedé impresionada con la letra pero no me gustó nada el arreglo. Lo mismo ocurrió con ‘Con tu voz’, que ha resultado una de las canciones más luminosas, o ‘Guárdate’; así que nos propusimos sacarlas de esos arreglos trasnochados y convertirlas en canciones totalmente diferentes. Simplemente, con despojarlas de artificios, brillaron porque los textos eran impresionantemente bonitos.
Lo que no quita para que, por ejemplo, en ‘Si fueses como la aurora’ aparezca una guitarra eléctrica muy liviana que en origen no existe…
La guitarra eléctrica puede tener un abanico sonoro muy amplio y en este disco hemos buscado sobre todo que aportara tímbrica y texturas redondas y cálidas, siempre todo al servicio de los textos.
En el álbum ‘Paisajes’, de Labordeta, pusiste tu voz en tres canciones. Al final has elegido ‘No me digas ahora’…
Me parece una reflexión preciosa y melancólica; esa que todos en algún momento nos hacemos cuando toca hacer balance de lo vivido. Hice ese arreglo de piano inspirada en las ‘Gymnopedies’, de Satie, porque el texto me evocaba esa atmósfera.
En ‘Caminaremos’ has añadido al final unos coros masculinos que no existen en el original. ¿Tal vez para reivindicar que esta es también una canción ‘comunal’ que hila con el ‘Canto a la libertad’?
Sí, ‘Caminaremos’ es el himno de este disco. No había que olvidar esta faceta del repertorio. Lo que no tenía claro era como plantear el arreglo, y ahí fue Gonzalo Lasheras quien tuvo la buena idea de llevarlo al otro extremo y hacerlo solo con chelo y voz. El arreglo de Dani Escolano es fantástico y el coro está formado por los amigos de La Magdalena a los que pude engañar de un día para otro.
Pese a acudir a aquellas canciones “mal vestidas”, no has obviado la etapa mejor instrumentada, o la más adecuadamente instrumentada, que fue la de los 70. Hay dos piezas del 76, de ‘Cantes de la tierra adentro’…
No quería centrarme solo en las canciones más poéticas y de amor que a priori podían ser más “apropiadas para mi voz” y olvidarme del talante combativo de canciones como ‘Rosa Rosae’, que es una canción autobiográfica tremenda que describe los años de la guerra civil y la vida de posguerra y ‘Caminaremos’, que como he dicho es el himno de este disco.
Como hay tres de ‘Canciones de amor’, la salvedad del estropicio de los 80-90, como fue aquel disco, quizá el más acoplable por no decir más sencillo para tu voz y tu estilo. ¿O mandó la belleza completa de ese disco?
Indudablemente, junto con ‘Trilce’, son dos de los discos con mejores canciones, y ‘Mar de amor’, en concreto, fue la canción que dio origen a este disco, porque fue versionándola junto a Joaquín Pardinilla en un homenaje que se le hizo al ‘Abuelo’, que caí en la cuenta de que ninguna mujer se había atrevido con su repertorio, y ahí se me encendió la bombilla.
Llama la atención que precisamente no hayas incluido la canción que da titulo al disco…
Originariamente se encontraba en la lista de las elegidas porque además su título me parece una metáfora perfecta de lo que para mí son estas canciones… son como esas uvas que están escondidas en el racimo y que en cambio son las más dulces, las más exquisitas… El caso es que no acababa de encontrar un arreglo que me convenciera y al final, con pena, se quedó fuera. Pero ocurrió que, de tanto preguntarme la gente lo mismo, y supongo que por aquello de que “bajo presión llega la inspiración”, dos días antes de la presentación en el Principal, mientras paseaba, se me ocurrió el arreglo y la montamos en un ensayo, la víspera del concierto, para incluirla en el directo.
Cierras con un poema inédito, ‘Nadie’, y además el último que escribió Labordeta, que tú misma has musicado. Emocionante. ¿Cómo te llegó?
Después de morir José Antonio, cuando decidí retomar el proyecto, lo primero que hice fue hablar con Ángela Labordeta y Juana de Grandes porque tenía claro que sin su complicidad no quería hacerlo. Ellas me recibieron y me dijeron que estaban encantadas de que la idea fuera precisamente alejarme del repertorio obvio. Ángela me pidió entonces que musicara, si así lo sentía, este poema que encontraron una vez fallecido su padre, entre sus cosas, porque era el último poema que él escribió, cuando la enfermedad ya casi no le dejaba coger el bolígrafo y era muy especial ya que sentía que era su despedida. Estaba en una hoja de papel, manuscrito y con una letra casi ilegible. Lo musiqué al final de toda la grabación. Simplemente me senté al piano y lo canté; salió así, de tirón, y acabé con los ojos arrasados porque el texto es estremecedor.
José Antonio era consciente de sus limitaciones musicales y así lo confesaba. ¿Qué dificultades técnicas o formales has encontrado?
Creo que el universo musical de José Antonio estaba muy arraigado a la música popular, que constantemente nos demuestra que no hace falta un tratado armónico ni melodías enrevesadas para calar en la gente y perdurar en la memoria. Está claro que él era fundamentalmente un poeta que encontró en la música el medio para decir lo que necesitaba decir y llegar a mucha gente. La fuerza de sus canciones residía en sus textos y en la autenticidad que transmitía su voz y su persona.
En más de una ocasión, recuerdo hablarle y casi reprocharle aquellas canciones festivas –‘Coplas de Severino el Sordo’, ‘Qué vamos a hacer’ o aquella que ahora, con el asunto de la corrupción, estaría bien vigente como ‘El decreto 33’- con un punto de populismo musical que no encajaba con la profundidad de sus canciones más intimistas. Él se medio sonreía y con cierta timidez se justificaba diciendo: “Es que cuando vas a los pueblos…” Ahí no te has atrevido a entrar…
No es que no haya querido entrar, es que teniendo en cuenta que tenía que ceñirme a 12 o 13 temas, había canciones mucho más interesantes dentro de la línea que me había marcado.
Estoy seguro, como lo está su hija Angela, de que a Labordeta no solo le hubiera encantado este disco sino de que te hubiera dado un beso de alegría enorme. Fui testigo de lo mal que lo pasó en los ochenta peleándose con las discográficas y los productores, o por mejor decir, aguantando estoicamente el temporal, parafraseando uno de aquellos discos, de que era lo que tocaba –modernidad- y no había más remedio para sobrevivir en el negocio, hasta el punto de que dio un millón de pesetas a la SER, a los 40, como me confesó en mi libro, para que en el 87 le pincharan su disco ‘Qué vamos a hacer’. ¿Eres consciente del acto de justicia que le has hecho?
José Antonio conoció el proyecto y se entusiasmó con la idea. Incluso se ofreció a mostrarme algunas canciones inéditas y proponerme su propia selección de candidatas, pero desgraciadamente a los meses empeoró su estado y yo aparqué el proyecto. Sinceramente yo también creo que le habría gustado. Juana, su viuda, así me lo manifestó, agradeciéndome que hubiera elegido precisamente esas canciones más poéticas que son las que a ella más le gustaban, y transmitiéndome el gran cariño que su marido me tenía desde siempre.
¿Es en serio que alguien te reprochó o puso cara escéptica con la idea cuando estabas preparando el disco?
¡Ya lo creo! Reproches no hubo pero sí escepticismo. Creo que, en parte porque les costaba imaginar las canciones de José Antonio fuera de la rudeza de su voz. Imagino que también habrá quien me habrá tachado de oportunista, pero eso no me preocupa a estas alturas. Sé quien soy y tenía claro el disco que quería aunque fuera arriesgado.
Supongo que ante semejante arsenal de canciones abordables por tu voz, el proceso de selección sería complejo. ¿Hiciste la tabla selectiva antes de grabar? ¿Fue rápida o costó mucho?
Indudablemente. Lo más difícil en este disco ha sido elegir. Escuché todos los discos, (algunos me costó conseguirlos), pero al final escuché todas las canciones y algunas por primera vez. De forma premeditada, el proceso de selección fue totalmente subjetivo, o sea, estarían las canciones que más me emocionaran y me gustaran a mí. Tan sencillo e instintivo como eso. En una primera criba quedaron como treinta y tantas canciones. Y a partir de ahí vino lo difícil: decidir qué canciones se quedaban fuera para dejar la selección en la duración normal de un disco, porque este no era un disco recopilatorio.
¿Quedó material fuera editable?
Sí pero solo en forma de maquetas. Al estudio fuimos con los doce temas elegidos, porque la grabación se hizo prácticamente en directo, y esto implicaba que el arreglo tenía que estar muy ensayado antes de llegar allí.
¿Crees que volverás de nuevo al cancionero de Labordeta? ¿La experiencia de ‘Las uvas’ estimula a ello?
Estoy muy satisfecha con el resultado y creo que era un disco que tenía pendiente, pero no tengo intención, de momento, de repetir. Mi próximo disco será de nuevo de canciones propias; de hecho, ya tengo mucho material pendiente de ser grabado.
El disco se ha subvencionado a través de crowfunding mediante la web especializada de Siamm. ¿Qué te ha parecido esta nueva modalidad de edición? Creo que enseguida se recaudó la cantidad necesaria para sufragarlo…
Gran parte de la grabación se ha hecho en el Laboratorio Audiovisual de Zaragoza con Carlos Estella y se ha editado con Delicias Discográficas, pero el resto de los costes de todo el proyecto han caído una vez más sobre mis bolsillos, así que el crowfunding ha sido un empujón. Era la primera vez que lo hacía, y mi objetivo no era financiar todo el proyecto, sino promocionarlo y crear expectación. Por eso, se planteó como una venta anticipada del disco y no se pidió una gran cantidad. Lo más bonito, sin duda, ha sido ver la implicación de los mecenas durante el proceso de grabación, el cariño que me han transmitido y la reacción entusiasta de la gente cuando empezamos a poner canciones en Facebook.
Parece magnífica idea la Fundación Labordeta. ¿Tienes ahí un papel que desempeñar?
Me parece fantástico que la Fundación haya comenzado a andar. He estado al tanto de todo el proceso desde que hablé por primera vez con Ángela y Juana, quienes de hecho me propusieron que este disco fuera una de los primeros proyectos de la misma. Sé que ha sido un proceso largo pero creo que era necesario para salvaguardar y seguir dando a conocer la obra y la persona de Labordeta.
¿Cómo va tu nuevo disco?
Sigo trabajando y metiéndome en líos. Mientras continúo con las presentaciones en directo, tengo intención de comenzar a grabar maquetas con nuevas canciones,. Además, paralelamente a ‘Las Uvas dulces’, estoy en un nuevo proyecto que nada tiene que ver con mi faceta de cantautora pero sí con la de cantante, y que ha supuesto un reto nuevo para mí. Es un proyecto que he creado junto a dos grandes amigos y enormes músicos como son Luis Delgado y Joaquín Pardinilla en el que recreamos un repertorio de canciones antiguas (medievales, sefardíes, romances, cantigas, etc.) pero desde la perspectiva del siglo XXI. No tiene ningún talante historicista, sino de recreación de esas melodías maravillosas que han perdurado en el tiempo y que siguen emocionando a quien las escucha después de 500 o 600 años. El proyecto se llama ‘Vivere memento’ (acuérdate de vivir) y el disco saldrá en unas semanas.

Publicado en Aragón | 1 comentario

La extraña resurrección de Pink Floyd, veinte años después

Sorprendente y extraña reaparición de Pink Floyd para poner punto final a su carrera cuando ya se creía que se puso en 1994, con ‘Division Bell’, si no antes, con las escasas calorías del último disco con Roger Waters en las filas del grupo, con aquel deficiente ‘The Final Cut’ de 1983. Pero al parecer había que decir adiós oficialmente y rendir homenaje a Rick Wright… uhmmm. Por mucho que sorprenda, no obstante, y pese a las pedradas a los viejos dinosaurios, el disco está arrasando en Inglaterra y otros países. Según el NME, es el disco que más copias ha vendido en el Reino Unido en una sola semana… ¡Toma crisis y modernidades!

Revisada y acotada por los otros tres miembros del grupo, la autobiogafía que en 2004 publicó Nick Mason, batería de Pink Floyd, tenía un tono más bien complaciente. Y a pesar de ello, Roger Waters, bajista, cantante y compositor, no se escapó sin algunos calificativos: megalómano, ególatra, despreciativo, irascible… Un tipo duro de pelar, resumía Mason. Como el guitarrista David Gilmour –añado yo-, un tipo tozudo y rarito sin resuello. “Sería como dormir con la exmujer”, contestó tajantemente negativo cuando Bob Geldof le propuso la idea de reunirse con Pink Floyd en el festival ‘Live 8′ de 2005, algo a lo que previamente, pese a las broncas y juicios miles que mantuvieron en el pasado, había accedido de buen grado el ‘enemigo’ Waters.

Y he aquí una muestra más y última de esa rara idiosincrasia de Gilmour: el disco con el que, al cabo de 20 años, ha reflotado sorprendentemente a Pink Floyd, ‘The Endless River’, publicado la semana pasada. Gilmour dice que está hecho en homenaje y recuerdo del teclista de Pink Floyd, Rick Wright, fallecido en 2008… Hay que rascarse la cabeza como gesto de incredulidad.

En realidad, es un disco que tenía que haber salido en aquel mismo año 1994, como segunda parte de ‘The Division Bell’ y con el título de ‘The Big Spliff ‘ apoyado en imágenes móviles, pero se descartó. Veinte años después Gilmour, amigo y vecino de Phil Manzanera, le pasó una ristra de grabaciones de aquellas sesiones con más de veinte horas de música al exguitarrista de Roxy Music para que las escuchara y viera qué se podía hacer con ellas, sobre todo teniendo en cuanta que allí estaba presente Rick Wright, a quien quería homenajear y de camino poner el epitafio a Pink Floyd.

Manzanera entresacó una hora de aquella veintena y la estructuró en cuatro partes, como si fuera una sinfonía, pero a Gilmour y a Mason no acabó de convencerle. Llamaron a Youth (el bajista de Killing Joke) y este acabó de rematar la faena, reuniendo a Mason y Gilmour en el estudio. Se rehicieron algunas pistas, se grabaron nuevas, se invitó incluso al físico Stephen Hawking y hasta se pidió una letra a la esposa de Gilmour para completar la única canción vocal del disco. Así nació este extraño disco de Pink Floyd.

Parece que el argumento de más peso para abordarlo fue el empeño de Gilmour para rendir homenaje a Rick Wright fallecido en 2008. Los floydianos sabrán perfectamente que Rick fue el ‘patito feo’ de Pink Floyd. Pese a sus solemnes y decisivas aportaciones al grupo, con aquellos planeantes y hasta misteriosos teclados que imprimieron marca de fábrica al cuarteto, Wright fue expulsado del grupo por el megalómano Waters, que le acusó de no implicarse en ‘The Wall’ y lo colocó a sueldo, operación que por otra parte no le vino mal al teclista: fue el único que no perdió dinero en la ruinosa gira de ‘The Wall’. Él cobró su jornal, mientras que los otros tres palmaron. Luego, cuando Gilmour y Mason ganaron a Waters la batalla por el nombre de Pink Floyd y de su subsistencia -Waters quería que desapareciera para que no le hiciera sombra a sus proyectos individuales-, llamaron al teclista, pero de nuevo como asalariado. Gran jugarreta cuando fue Waters el que lo echó…

Así que suena a mala conciencia esta redención, este disco pescado en aguas pasadas. Si tan emocionado estaba Gilmour en el recuerdo al viejo y subestimado colega, ¿por qué no acometió el proyecto de recuperación y homenaje en vida de este? Tuvo 14 años para hacerlo. Caprichosas rarezas del ‘chico bueno’ del fluido rosa. Sobra decir que es el disco más sorprendente, por su gestación que no por su música, del año y probablemente de la historia del rock. Un disco tan atractivo como innecesario, depende del prisma con que se mire.

Si se obvian estas historias y sobre todo el paso del tiempo, yo lo veo a través de un prisma positivo. A fin de cuentas, hay retazos de los Floyd con los que tanto disfruté en su momento, y sigo disfrutando. Dividido en las cuatro partes que de inicio propuso Manzanera y con un total de 18 cortes de los cuales solo uno es vocal y el resto instrumental, este epitafio de Pink Floyd es en realidad un conjunto de autocitas continuadas, nada nuevo ni renovador, pero sí evocador.

Generalizando y resumiendo por no alargar mucho la nueva epopeya pinkfloydiana, la primera parte incide en los Floyd de ‘Wish You Were Here’. La segunda se dispara hacia ‘The Dark Side Of The Moon’ y ‘Meddle’, la tercera son pequeñas porciones con la diana en ‘Run Like Hell’, y la cuarta vuelve a los Floyd planeantes, voz incluida en la pieza de cierre, ‘Louder Than Words’, que esa es otra de las grandes incógnitas: ¿por qué Gilmour, santo y seña vocal del grupo, no ha cantado más?

En fin, pese a incógnitas como esta, a su rara gestación y la tinta negra que le está cayendo, ‘The Endless River’ es una emotiva recreación del canon sonoro pinkfloydiano, bien que hecho con mucho retraso y fuera de tiempo, pero siempre atractivo. Desde luego sus fans de siempre, o al menos una gran parte (sospecho), no van a repudiar estas piezas.., ¡ay!, cuando suenan perlas como ‘Anisina’ o ‘It’s What We Do.’El fluido rosa tira mucho.

Aquí, la primera parte del disco completa. Doce minutos para flotar con el sonido y con las imágenes bellísimas, ensoñadoras, con que se ideó el disco en 1994:
Imagen de previsualización de YouTube

Publicado en Internacional | 6 comentarios

Certezas y añoranzas de La Movida madrileña

“Fue uno de los movimientos culturales más importantes de la España del siglo XXI”, concluye la locutora del documental ‘Frenesí en la gran ciudad’, que la 2 de TVE tripite por enésima vez esta noche de domingo y cuyo primer capítulo acabo de ver. ¿Movimiento? ¿Cultural? Palabras elevadas. Habitualmente se han empleado para la Literatura, la Historia, la Ciencia, la Música Clásica…, ¿pero para el pop?… Es posible: el primigenio rock’n’roll americano nació entre vómitos y piras de la sociedad dominante y al final acabó canonizado. Hasta tiene sus museos y sus leyendas y a alguno de los que lo siguieron, si bien, por otro carril, como Dylan, también otro infectado para el establisment, se ha llevado legiones de honor, príncipes felipes y hasta propuestas de Nobel. Dejémoslo aquí y que cada cual, y sobre todo la historia futura, juzgue y sitúe la Movida.

Lo que sí sé con plena certeza es que aquellos fueron años trepidantes en el pop español y en un sector juvenil muy definido. Sé también que del conjunto de aquellos grupos salieron canciones que ya forma parte –recurramos al tópico- del imaginario colectivo.

Sé también –se ve perfectamente en el documental- que los componentes de aquellos grupos eran jovencísimos, chavales imberbes que no sabían lo que era el virtuosismo ni por el forro y en su mayoría tan apenas sabían tocar, pero que fueron los artífices de muchas de aquellas perlas, no precisamente ensangrentadas.

Sé igualmente que el llamado movimiento fue un chispazo que en realidad duró un par de años: recuérdese que previamente, en el 80 y el 81, hubo una llamada ‘nueva ola’ integrada por Radio Futura, Nacha Pop, Los Secretos, Mama, Zombies… y alentada desde las multinacionales y grandes sellos españoles –Polydor, Hispavox, RCA, CBS…- que no cuajó y que en el 82 se replegó a los sellos independientes desde los que saltó el gran chispazo de verdad para luego, en algunos casos, volver de nuevo a las multinacionales y apagarse en el 84-85, devorada por el dinero fácil y abundante y sus correspondientes dependencias lisérgicas.

Sé también que la heterodoxia imperaba en aquellos grupos, que lo mismo tocaban punk que pop que rockabilly, electrónica industrial o rock siniestro e incluso que algunos hicieron sorprendentes ejercicios de transformismo pasando de la música oscura al pasodoble (Gabinete) o del psicobilly a la música latina (Coyotes), una heterodoxia que generó decenas de canciones a cual más distinta.

Sé también que no fue un invento de la prensa ni de periodistas corruptos, por más que voces cenizas y destructivas no paren de lanzar la ‘wrecking ball’ contra el ‘movimiento’ y por más que incluso uno de los miembros de Derribos Arias, Alejo Alberdi, recuerde en el documental que Poch sobornaba a los periodistas.

Sé, y añoro, que había muchos, muchísimos programas de televisión dedicados a la música, como bien se recuerda en el documental, desde ‘Popgrama’ y ‘Musical Express’ a ‘Caja de ritmos’, ‘Awanbaluba’, ‘Aplauso’, ‘Pista libre’, ‘La bola de cristal’ o la revolucionaria ‘La edad de oro’, como sé que había una prensa y una radio especializada, además de la generalista que abrió las puertas a aquellos nuevos centauros, sin los que el torrente de grupos se hubiera secado a las primeras de cambio.

Sé igualmente que la llama encendida por aquellos grupos prendió en otros lugares de España, desde Barcelona a Galicia, Andalucía, Asturias… e incluso Zaragoza, provocando el nacimiento de muchas más criaturas deformes, según el estamento bienpensante; de glorias eternas, según los devotos de la nueva religión.

Sé también que en torno o en el epicentro de todo aquello surgieron otras propuestas pictóricas, cinematográficas, periodísticas, literarias, fotográficas, visuales, de moda o cómic… que hincharon socialmente y culturalmente aún más el ‘movimiento’. No digamos el colorido que tomaron las calles españolas con la irrupción de las llamadas tribus urbanas, generando una transformación social y estética que aún perdura.

Sé también que toda aquella tropa de agitadores no salió de las alcantarillas por apoyo político del PSOE, simplemente porque el alcalde Tierno soltara aquella retumbante frase de ‘a colocarse y al loro’, ni de coña, sino por culpa de la explosión nuevaolera de Londres y Nueva York que cual seta nuclear tuvo su impacto en España como lo tuvo en otros muchos países europeos.

Sé también que aquella explosión ocultó otras músicas como la más dura fabricada por Barón Rojo, Obús… Bueno, bueno…, esto es menos claro. Es la típica y tópica queja de sus seguidores, pero aquellos grupos también tuvieron su presencia mediática, por mucho que se niegue y no pocas actuaciones en decenas de recintos. Otra cosa es que se le diera más cancha en los medios, simplemente porque la facción nuevaolera se impuso al rock&rollo de la Transición y del Mariscal Romero y ocupó su espacio propio por su capacidad de ruptura y sus aires renovadores.

Y, en definitiva, sé que, entre 1980 y 1984, en España se dibujó un tiempo nuevo e inolvidable, e incluso salvaje, como cantarían Los Ilegales, que a medida que pasan los años, pese a las viejas y viperinas diatribas de políticos de la derecha, del sector del rock duro o de las guerras tribales entre los mismos grupos, elevan su peso y envergadura tanto como su dificultad para repetirse. De ahí, no por nostalgia, sino quizá por rabia de que no se produzca una nueva explosión en la actualidad con aquel alcance y, sobre todo por el fanal de canciones que dejó La Movida, esta añoranza mía por aquellos tiempos, este enamoramiento eterno de la moda juvenil que esta noche ha vuelto a removerme la tele. Tierno de piel que es uno.

El documental completo, de casi dos horas, se puede ver pinchando aquí

Publicado en Nacional | 8 comentarios

Public Enemy, ¿el mejor disco de los últimos 30 años? ¡Venga ya!

Se ha reunido el sanedrín de la revista Rock de Lux (o Rockdelux, como reza en la portada dándole patadas al diccionario) y ha dictaminado, recurriendo a ese sobado e imposible listado matemático del Arte, que el ‘mejor disco’ de los treinta años de vida que tiene la revista, es decir, del periodo 1984-2014, es…, tachán-tachán… (suenen a todo volumen timbales y clarines ante tan majestuosa elección)… ‘It Takes A Nation Of Millions To Hold Us Back”, de Public Enemy, disco editado en 1988… ¡Tela, lo mejor que le ha pasado a la música pop en los últimos treinta años es este sarpullido de hip-hop y rap!, cuyos autores, por cierto, siendo tan importante como ahora nos dicen que es este disco y como entonces lo consideró uno de los escribas de la revista, Luis Lles –“el futuro del rock’n’roll”, sentenció- no tuvieron en su momento los honores de una portada. Buen ojo periodístico, se llama.

El mismo director de la publicación, Santi Carrillo, saca el botafumeiro y espolvorea sacrosantamente los “monumentos de ritmo y provocación en numerosas canciones gloriosas”, y más exaltaciones que siguen a continuación y que desisto de seguir leyendo. Cansan estos florilegios sobre la nada y el mal gusto musical, no digamos las toscas soflamas raperas, perdonavidas y hasta exaltadoras de la violencia machista de estos individuos: “Voy a desenmascarar a esta puta asquerosa…, robaba dinero a sus novios, nunca la atraparon… y siguió haciéndolo a todos sus hombres, pero esta vez se equivocó de hombre. Y aún hoy la gente se pregunta por qué no la molió a palos”.

Semejante engendro está por encima de obras cualificadas del rock, de obras maestras firmadas en estos treinta años por gentes como U2, The Smiths, Nick Cave, R.E.M., Nirvana, Primal Scream, Tom Waits, Echo & The Bunnymen, Leonard Cohen, Dylan, Radiohead, PJ Harvey, Springsteen, Neil Young, Lou Reed, Belle & Sebastian, Arcade Fire, Blur, Oasis, Sonic Youth, Yo la Tengo, Pavement, Suede, Bowie, The Cure, The Cult, Van Morrison, Morrissey, Patti Smith, Stone Roses, Flaming Lips, Guns ‘N Roses, Metallica… y tantas y tantas otras, españolas incluidas. Un insulto a la inteligencia, al sentido y a la sensibilidad.

A rebufo del New Musical Express y más modernamente de webs como Pitchfork o Janesaispop, Rock de Lux es la revista emblema del modernismo vanguardista, o eso, debe creerse toda o buena parte de la plana mayor de comentaristas –por supuesto, su director- que dan bola en sus páginas. El problema es que imbuida de esa brutal ansia por lo último de lo último, pero sin criba alguna, por su apego al ‘topping up’, como dice Sabino Méndez, a lo novedoso por nuevo, que las más de las veces cae en el más puro esnobismo –“escribo de este disco que solo conozco yo y soy el más moderno, aunque sea basura”-, en definitiva, afiliada al elitismo más obtuso y discriminador, hace que RDL no solo deje fuera de pista a un montón de artistas y discos con cuajo sino (lo peor): vende como glorias las más duras mediocridades, bendice artistas ignotos que apenas duran un soplo en la mente de los propagandistas y no digamos en el mercado.

Basta con echar un vistazo a la portada de un número cualquiera de hace un par de años, no digamos de cinco o diez: nada o casi nada queda de aquellos nuevos nombres glorificados, ni rastro, hundidos en el olvido y en la indiferencia absoluta pese a las pomposas candongas del comentarista de turno. Pura truculencia informativa, sectarismo dañino para el lector común e irritante incluso para más de un experto.

“No leo esa revista porque no me entero de nada”, me decía hace años una conocida locutora radiofónica. Una frase que remacha y concuerda con la apreciación que recientemente, al respecto de este ‘numerito’ extra de RDL, emitía Diego A. Manrique, quejoso de la incapacidad de la crítica española para tratar el ‘mainstream’ y de esta manera sesgada –añado yo- de enfocar el periodismo musical, pues al final no es que elimine del tablero la música más vulgar y superflua, algo obvio por obligado, sino cantidad de grupos y discos con un potencial creativo exuberante pero rechazado no se sabe muy bien por qué: ¿por ser famosos?, ¿por su eco popular?, ¿por línea editorial?, ¿o simplemente por capricho o ignorancia del plumilla en cuestión?

Es cierto que de una empresa privada se trata y de que RDL tiene todo el derecho del mundo a establecer su línea editorial y a funcionar como le plazca y como le interese. Faltaría más. Pero distorsionar la información musical de forma tan sectaria, esnobista y aburrida, de olvidar músicas sólidas y a la vez de gran impacto popular, de salidas de pata de banco como dentro de ese universo esnobista fue darle cancha a Antonia Dell’atte, Azúcar Moreno, Hombres G, Miguel Bosé, Lola Flores, Peret o Raphael (si mal no recuerdo) o de cometer aberraciones como esta de Public Enemy como ¡¡¡mejor disco de los últimos 30 años!!!, tiene su límite para quienes, aun rezongando, hemos ido cada mes al quiosco a hacernos con el número correspondiente del Rockdelux, amén de otras revistas más interesantes.

En mi caso el límite se ha cumplido. A partir de ahora no estoy dispuesto a pagar por soportar semejante alud de disparates: me borro, no volveré a comprar el nuevo ‘Hip-hopdelux’ ni por equivocación. Y unos eurillos que me ahorraré, oiga, que encima, como dicen en este pueblo, son careros de narices: casi diez euros vale el numerito último de la burla. Y con los viejos números haré lo que hacía Christina Rosenvinge: los guardaré para empapar futuras goteras. Adiós.

Imagen de previsualización de YouTube
Publicado en Internacional | 59 comentarios

María José Hernández, frente a frente con Labordeta

Estamos ante uno de los discos más hermosos que se han publicado en los últimos tiempos en Aragón en el terreno de la canción popular. Estamos ante ‘Las uvas dulces’, el título del nuevo disco de María José Hernández, cantautora zaragozana de voz exquisitamente sensible y controlada que se ha volcado en esta ocasión en el repertorio labordetiano.

Aún vivía el gran icono de la canción aragonesa cuando María José tuvo la feliz idea de hacer una enmienda parcial a su cancionero, o sea, remodelar algunas canciones que fueron ‘malvestidas’ en su momento. Tarea no complicada pero sí incómoda para muchos artistas, orgullosos de sus composiciones, no digamos refractarios a que alguien de fuera se atreva a enmendarles la plana. No era el caso de Labordeta.

Buenazo, permisivo y desprejuiciado, Labordet no solo no tenía el más mínimo reparo a que alguien acometiera ese trabajo sino que, al contrario, lo alentaba, lo deseaba. Por una razón básica: por el padecimiento y la quina que tuvo que tragar con los productores que le tocaron en suerte en los ochenta y los noventa. Productores que, al socaire de la ‘posmodernidad’, vistieron no pocas de sus canciones con arreglos estrafalarios: zumbantes guitarras eléctricas, bajos martilleantes, sintetizadores… La sumisión y la confusión de los tiempos le llevó incluso, en el terreno físico, a vestir chaquetas con hombreras, aquel horroroso invento estético de los 80.

Así que Labordeta no solo le dio el placet sino que alentó a María José a enmendar el roto. Él no ha podido ver el zurcido final, pero hoy le daría ‘besos tan dulces como la miel’, que cantase Mauricio Aznar. Y es que la cantautora zaragozana, con esa reverberación tímbrica y delicada de la Cecilia de los setenta, ha derramado todo un torrente de sensibilidad en las relecturas que ha hecho de las doce canciones que ha escogido del repertorio labordetiano. Doce canciones básicamente de los años 80 y 90, en los que se produjo el mayor estropicio, pero también una terna de los setenta para dejar patente su fervor por la poesía labordetiana.

La labor ha sido tan obvia como obligada: María José ha eliminado hojarasca, ha elegido el piano como guía, se ha rodeado de unos arreglos sobrios pero cálidos y precisos, y sobre ellos ha claveteado su deliciosa voz. El resultado son estas doce uvas, no precisamente de la ira, sino dulces, intimistas, embriagantes, cogidas sobre todo de ‘Trilce’ (1989) y ‘Canciones de amor’ (93), un prodigio de exquisitez que se amplía con la musicación inédita del último poema, ‘Nadie’, que escribió José Antonio, estremecedor poema de despedida. Labordeta en voz femenina. La dureza vocal del cantautor transformada en finura de mujer. Un encantamiento al que el mundo labordetiano debiera rendirle pompa y honra y del que más adelante habrá más información en el blog a través de las mismas palabras de la magnífica cantautora aragonesa, otro caso preclaro y evidente de la injusticia del ‘bisnes’, que diría Labordeta, al no haber alcanzado la cima de la música española, cuando ahí arriba habita tanto impostor/a, pero esto es otra cuestión.

Puede escucharse el disco entero y gratuitamente en mariajosehernandez.com, aunque la edición en formato físico es espléndida y muy recomendable, vamos de las que hay que regalar a cualquier novia amorosa y sensible (o viceversa).

Imagen de previsualización de YouTube
Imagen de previsualización de YouTube

Publicado en Aragón | 10 comentarios

The New Pornographers, el color del pop nuevaolero en 2014

Un grupo donde figure la dulce Neko Case es para echarle cuando menos una mirada. Aquel ‘Blacklisted’ de 2002, marcado por el influjo de Nick Cave aunque ella militaba o procedía del entonces denominado (idiotamente) ‘alt country’, pues no era sino música vaquera de siempre, no se olvida fácilmente. La virginiana, además de guapa a matar, componía, cantaba exquisitamente y tocaba guitarras y órgano. Una alhaja de chica que todavía sigue su carrera en solitario, pero que compatibiliza -en otro registro- como invitada de The New Pornographers

Curiosa formación canadiense de Vancouver que funciona más como colectivo que ‘supergrupo’, como le denominan: dos compositores, tres cantantes femeninas y dos masculinos, más músicos. En 2005, con ‘Twin Cinema’, se ganó la consideración del mundo pop y ahora, al cabo de cuatro años, tiene en el mercado su séptimo álbum, ‘Brill Bruisers’, que, seguramente debido a la configuración tan especial del grupo, encierra una clase de pop desigual que lo mismo se derrama desde odres spectorianos que del tecno-pop juguetón de los ochenta mientras las voces, entre ellas la de la mentada y adorable Neko Case, se van turnando en el papel principal y las otras arropan, cual si unos Mamas & The Papas modernos se tratara (aunque a mucha distancia, claro).

Para los devotos del pop, las voces y los experimentos (¿con gaseosa?) una golosina y al tiempo un latigazo de colorido y alegría nueva olera que el grupo ha enfilado por la vía rápida, tras una serie de funestos acontecimientos ocurridos en el seno familiar del grupo y de su líder A. C. Newman. Basta meterse en ‘Dancehall Domine’ para ponerse como unas castañuelas de contento/a.

Por cierto, el título del disco, no lo sé, pero igual evoca el ‘Brill Building’ neoyorkino, aquel nutrido colectivo de compositores –de Leiber & Stoller a Burt Bacharach- ubicado en un edificio de Broadaway que llenó el pop americano de los 50 y los sesenta de populares canciones que tarareó media América. La canción que da título al álbum juega en cierta manera a construir aquel muro de sonido de Spector, integrante también del Brill, aunque como productor, con los instrumentos y los juegos vocales. Es posible. Entre colectivos anda el juego.

Imagen de previsualización de YouTube
Publicado en Internacional | 2 comentarios

Berlín 1990, el elefantiásico muro musical de Roger Waters

El próximo domingo día 9 se cumple el 25 aniversario de la caída del muro de Berlín. Los medios ya llevan recordando tan histórica fecha con documentales y debates, y uno se une modestamente a efeméride tan crucial en el desarrollo del siglo XX –se acabó la guerra fría que tanto aterrorizó al mundo durante varias décadas, especialmente en la de los sesenta- evocando la gran muesca que el acontecimiento generó en la historia del rock: el concierto de Roger Waters en Berlín, ocho meses después de la caída, exactamente el 21 de julio de 1990. La teatralización más colosal que nunca se haya dado en el mundo pop.

Once años antes, Waters, todavía con Pink Floyd, fue el artífice de ‘The Wall’, un doble álbum que narraba la historia de un individuo y el transcurso de su vida, con todos los ladrillos que la vida le va poniendo delante; el muro, en suma, de dificultades que, como dijo Roger Waters, “le va levantando la alienación, la violencia, la injusticia y los problemas de comunicación entre la gente”, hasta que ese individuo (que somos todos) es capaz de romper todos esos ladrillos y derribar ese simbólico muro vital. Una metáfora más que acertada de lo que es la vida.

Mejor argumento y disco más adecuado en aquel momento para tocarlo en directo, imposible. Fue, parece, el alcalde de Berlín quien se dirigió a Waters para que hiciera el concierto que representaba la liberación de la ciudad y del mundo mismo. En cualquier caso, no hubo que insistirle mucho: en terrenos de la teatralización del rock y de la grandiosidad, Waters y sus Pink Floyd estaban ya muy curtidos, eran los reyes desde muy atrás.

Nueve millones de dólares costó la fiesta celebrada en la Potsdamer Platz, un espacio en ruinas muy cercano a la puerta de Brandemburgo y al mismo muro ya descompuesto. Acudieron 250.000 personas y más de 50 televisiones del mundo llevaron el macroespectáculo a mil millones de personas. En tiempos en que la televisión pública española era una televisión cultural y de servicio, y todavía no envenenada por las audiencias y las cadenas privadas, que aún no habían nacido, los españoles también tuvimos la oportunidad de ver en directo espectáculo tan grandioso, el concierto más grande que hasta ahora ha conocido la historia del rock en cuanto a despliegue visual y medios.

A ‘The Wall’ y a aquel concierto le salieron y le seguirán saliendo iracundos enemigos por todas partes. Dos enormes grúas, soldados, ambulancias, camiones militares, grandes figuras hinchables, un helicóptero, un cuarto de estar, luces, lásers, proyecciones, una gran orquesta sinfónica, otra militar, decenas de figurantes, motos, una limousina, los enormes bloques de poliuretano con los que se iban construyendo el muro en vivo… eran una colosal mezcla de circo, teatro y rock. Los músicos eran como insignificantes figuras en medio de aquel espectacular montaje, y algunos no estaban a la altura del disco y de la calidad requerida, pero aun con todo fue un gran show. Waters quiso reunir a sus excompañeros de Pink Floyd, pero estos declinaron la invitación: ya estaban vacunados contra los excesos pasados del megalómano Waters. Por ello recurrió a diversos invitados, Dylan, entre ellos, aunque este también rechazó la oferta.

Hoy, visto de nuevo, no deja de sorprender semejante movimiento de masas y de acercamiento visual del rock a la ópera. Una desmesura, pero que obviamente tiene sus devotos, como también sus detractores. Ya en origen, musicalmente, a ‘The Wall’, se ha ha dicho, y yo lo suscribo, le sobraban minutos. Al igual que en Berlín, pero, bueno, solo por ver a la guapa Ute Lemper cantando delicadamente ‘The Thin Ice’, a Sinead O’Connor con miembros de The Band en ‘Mother’, en una toma no exactamente del concierto sino del ensayo del día anterior porque se fue la luz, y sobre todo a Van Morrison en ‘Confortably Numb’ con The Band y orquesta más los solos de guitarra de Rick di Fonzo y Snowy White (sí, se echa en falta a Gilmour pero…), ya es un regalo este concierto, que se editó en todos los formatos habidos y por haber, laser disc incluido, aunque la imagen deja bastante que desear. Y de camino, comprobar que, pese a todo, el mundo es más libre o al menos no tan aterrador, por la dichosa guerra fría, como lo fue en los sesenta. Y parece que era ayer cuando uno estaba frente al televisor gozando de semejante retransmisión. Al margen contenidos y gustos, cómo hemos ido para atrás. ¡Qué pena!

Imagen de previsualización de YouTube
Imagen de previsualización de YouTube
Imagen de previsualización de YouTube

Publicado en Internacional | 1 comentario

Marianne Faithfull, ángel y demonio

Marianne 3No se me van de la cabeza algunas páginas del libro ‘Una autobiografía’ (1995), de Marianne Faithfull cada vez que suena o leo su nombre, no digamos cuando aparece con un nuevo disco. Asombra su juvenil promiscuidad sexual pero tiemblan las membranas del cerebro al recordar aquel pasaje en el que la llamada ‘novia eterna’ describe sus años viviendo en un solar del Soho londinense con un grupo de jonkies. Ella misma se retrata como un desecho humano. Y es estremecedor. Cada vez que aparece en público se sigue preguntando cómo es posible que aún siga viva. Muchos excesos, mucha vida en el lado salvaje.

Algo incomprensible si se miran conductas por el catalejo del pasado: familia aristocrática, buenos colegios, rigor doméstico, modales distinguidos… y una belleza adolescente deslumbrante. Pero entró en el perverso mundo de los Rolling Stones y se convirtió en musa y deseo. “Un ángel con tetas”, dijo Richards. Fue novia de Mick, cantó hermosas canciones folk –a veces sonaba como una especie de Joan Baez- y algunas pop -la litúrgica ‘As Tears Goes By’- y cayó en los infiernos de la droga. Autodestrucción total.

Se recuperó en los finales de los setenta y pudo proseguir su carrera discográfica. Su voz de dulce sirena entonces se tiznó como el carbón, pero empezó a ofrecer sus mejores conquistas musicales. La más relevante, aquel ‘Broken English’ del 79, seguida de un buen puñado de obras mayores: ‘Strange Weather’ (1987), ‘Weill The Seven Deadly Sins And Other Songs’ (1998), ‘Vagabonds Ways’ (1999), ‘Before The Poison’ (2005)…

Ahora llega ‘Give My Love To London’, maravillosa escultura sonora tallada junto a Steve Earle, Roger Waters, Anna Calvi, Brian Eno o el mismo Nick Cave. Luz y oscuridad, pop y folk, blues y country, rock y baladismo, humor y drama, electricidad y violines, placidez y agitación, un disco hermoso de contrastes, elaborado hasta la última nota, que escupe rabia antibélica en ‘Mother Wolf’ por el mundo tan incierto que van a recibir sus nietos, preocupación en ‘Late Victorian Holocaust’ por los niños que la crisis a orillado al hambre o comprensión del Londres ardiente de 2011 en ‘Give My Love To London’.

Pero más relevante aún es la lección de inventiva elasticidad que Marianne imparte a nuevas y viejas generaciones, mostrando que el pop o el rock no son géneros acabados ‘per se’ sino según las manos que lo acojan. Ella, con ese equipazo de músicos y compositores con el que se ha rodeado, lo acoge con rabia pero también con suavidad, con aflicción pero también con sonrisas, lo amasa, lo renueva. La Velvet, los Stones y Leonard Cohen se dan la mano y ella hace de médium. Tiene casi 68 años. Ha superado un cáncer de mama, una rotura de cadera y un negro pasado de vino y rosas. La música no ha terminado.

Imagen de previsualización de YouTube
Publicado en Internacional | Deja un comentario

Royal Blood, el ‘boom’ actual del rock inglés (y son solo dos)

Más difícil todavía: en vez de un ‘power trío’, al modo Cream, un ‘power dúo’, o sea, un bajista y un batería mano a mano. Dos jóvenes músicos británicos sacando astillas de blues, rock y metal de tan solo una batería, un bajo y la voz, algo que ha dejado boquiabierta a la parroquia británica.

Los impulsores de este ejercicio, aparentemente minimalista, son Mike Kerr y Ben Thatcher, ambos compis de infancia que decidieron unir fuerzas musicales cuando el primero dejó su trabajo de pescatero para coger el bajo en su Brighton natal y unirse al batería amigo. La historia exacta de cómo decidieron formar el dúo es de lo más insustancial: Thatcher fue a buscar a su amigo Kerr al aeropuerto, cuando este regresó de Australia, tras dejar su oficio de pescatero (otros más finolis dicen, ‘chef marisquero’), y en el mismo coche de regreso a casa decidieron unirse como músicos y empezar a ensayar al día siguiente, o sea, a finales de 2012. Pese a la urgencia aparente, no eran neófitos: ambos llevaban diez años tocando y componiendo en plan amateur.

Cuando se dieron cuenta que ellos dos solitos podían sonar como un grupo total, no buscaron más. Thatcher, evocando apellidos sonoros –algunos dirán ilustres- de la política inglesa, es un batería de hierro, fuerte, preciso, expansivo, con una pegada brutal de bombo –“el más salvaje de Brighton”, dice Kerr-, mientras este se las arregla con gran ingenio y seis pedales para que el bajo retumbe más allá del sonido propio de este instrumento. Cuando le preguntan por qué no toca una guitarra, él se despacha en plan coña diciendo que su cerebro no le da para más de cuatro cuerdas. Simpático el chaval, que además se hace cargo de la voz en un estilo entrecortado que recuerda al de Jack White de White Stripes y que, pese a la base hard del sonido no tiene nada que ver con el rock duro o el heavy.

Enseguida cocieron un sonido que podría situarse entre Cream, Queens Of The Stone Age, Two Gallants, Black Keys… y hasta Hendrix, Nirvana y Franz Ferdinand, tal es el montón de evocaciones que provocan sus canciones, y dejaron rendida a parroquias tan selectas como las de Artic Monkeys, que los llevaron de teloneros (algo –dicen- que tuvo que ver con compartir el mismo manager, no por méritos). Asimismo la BBC los seleccionó a finales del pasado año en su lista de nuevos talentos para el 2014.

El goteo de varios singles, con el contundente ‘Out Of The Black’, provisto de un inicio de guitarra hendrixiano, a la cabeza, seguido de ‘Little Monster’, desembocó en su debut discográfico en álbum a finales del pasado agosto con Warner, con el mismo título que el del nombre del grupo. Ha sido el detonante para que Royal Blood se haya convertido en el ‘hype’ actual de la música británica, alcanzando el número uno de ventas en el Reino Unido y seleccionado como finalista de los prestigiosos premios Mercury.

Ya veremos lo que dan de sí y lo que duran. La verdad es que de no saberlo es imposible imaginar que semejante torrente sonoro solo operen dos obreros. Increíble: parecen seis. Mas personalmente me parecen más anecdóticos que sustanciales, y musicalmente, aparte de su singularidad como ‘dúo power’, no aportan nada que no se haya oído ya, lo que no quita para prestarle atención, especialmente por las nuevas hornadas rockeras. Una cosa al menos, al margen de lo musical, tienen a su favor: son solo dos para pelearse, deporte muy extendido entre los grupos de éxito, como la historia atestigua.

Imagen de previsualización de YouTube
Publicado en Internacional | 9 comentarios

Leonard Cohen, desnudo

Es lógico que a una edad tan avanzada para los discos y los escenarios, como son los ochenta años de Leonard Cohen, no se le pueda exigir mucho más, o incluso nada. Bastante es que el gran bardo tenga la fuerza y las ganas de poner en el mercado un nuevo disco, por muy breve que este sea, unos 36 minutos. El disco, ya lo sabrá quien mínimamente siga los vaivenes musicales actuales, se titula ‘Popular Problems’ y habla, como siempre, de sus historias y del mundo, con mirada irónica cuando no desdichada.

Pero aún así, con esos 80 años, sorprende y hasta irrita que con esa monumental banda que le acompaña en directo, la mejor banda que ha llevado en su vida y que cualquiera se daría de bruces por conseguirla, quede olvidada a la hora de meterse en el estudio de grabación. Ignoro las causas por las que el canadiense ha prescindido de nuevo de este monumento, pero sí imagino el disco que podría haber salido a su lado y no junto a un productor como Patrick Leonard que le pega a la música de Cohen como un sonajero.

Este Patrick Leonard es socio musical de la Madonna de ‘Ray Of Light’, lo que ya dice mucho de las molestas programaciones de ‘Slow’ o ‘Nevermind’ o ese martilleante golpe de ritmo sintético con el que se acompaña la primera canción del disco, ‘Slow’, un martilleo que evoca los golpes de John Lee Hooker sobre la tabla que se colocaba a los pies, pero, claro, sin la naturalidad de esta.

En ‘Ten New Songs’ fue su misma corista la que se hizo cargo de la producción y así salió uno de los discos más débiles del autor de ‘Suzanne’. Da la sensación de que deja estos menesteres al albur del primero o primera que pase por allí. Patrick Leonard además le ha sometido a una desnudez instrumental que ya no se sabe si ha sido por cuestiones estéticas, monetarias o por imposibilidad de cuadrar agendas, pero sea por lo que sea, es una desnudez casi obscena, no responde a lo que estas nueve canciones, aunque ya el anciano Cohen recite más que cante, se merecen y podrían haber sido con esa banda de directo al completo en el estudio. En este habitáculo, digámoslo así, Leonard Cohen vaguea, se pasea en paños menores, en tanto que en los escenarios se arropa como un lord. No se entiende muy bien. ¿Los motivos? Me gustaría saberlos, pero me temo que pasa del asunto, que él deja su canto para que luego otros lo vistan, sin importarle mucho los resultados. También es verdad que a su edad, como diría Labordeta, uno se ‘desprejuicia’ de todo.

No significa, no obstante, que este sea un disco para que los cohenianos lo dejen tirado, porque, pese a lo dicho, hay materia para disfrutarlo: esa voz imperial aunque ya le cueste remontar notas, esas deliciosas voces femeninas (aunque volaron las hermanas Webb por una corista de Madonna) que levantan el tono abatido del álbum y al menos una terna de canciones -‘Almost You Got The Blues’, ‘Samson In New Orleans’ y especialmente ‘You Got Me Singing’-, por no olvidar el divertido trotecillo country de ‘Did I Love Lou’, que siguen centrando y manteniendo la admiración hacia este artista tan grandioso. Pero, coño, Leonard, ‘perezoso bastardo’, como te llamabas a ti mismo en ‘Old Ideas’, ¡vístete!

Lo mejor del disco.., y sin puñeteras programaciones:
Imagen de previsualización de YouTube

Publicado en Internacional | 4 comentarios