Morrissey, melodía y gran estocada a la fiesta taurina

Sin llegar a aquel maravilloso y sereno lago de melancolía que era ‘Everyday Is Like Sunday’, el reciente álbum de Morrissey, ‘World Peace Is None Of Your Bussiness’, el décimo de su trayectoria en solitario tras acabarse The Smiths, encapsula grandes momentos de melodismo. En esto, el británico tiene patente: la canción que da título al disco es una celebración spectoriana, el culmen de su melodismo, contrapesado con la más sobria ‘Smiler With Knife’. Pero en medio tampoco faltan los apuntes ásperos y hasta disruptivos, como el final de ‘I’m Not A Man’, con una guitarra en ruidoso celo, cuando no presencias nuevas o poco comunes: el acordeón en ‘Earth Is The Loneliest Place’, las trompetas y castañuelas en ‘Kiss Me A Lot’…

Pero lo que resulta más llamativo de esta nueva entrega son los aires hispanos reiterados en varias canciones, desde el apunte de ‘Neal Cassady Drops Day’ a ese baño de guitarra flamenca en espuma de pop británico, ‘Staircase At The University’, por cierto, una de las mejores canciones del disco, y la nada sorprendente desembocadura (‘Meat Is Murder’, cantó antaño) en su rabiosa estocada a la fiesta de los toros, ‘The Bullfighter Dies’, una miniatura con aires de pasodoble en la que cita ciudades españolas como Sevilla, Málaga, Barcelona, Murcia, Valencia… y en la que coloca un estribillo crudo y compasivo a la vez: “El torero muere y nadie llora porque todos queremos que el toro sobreviva”.

Otro disco donde no faltan los puyazos y la denuncia, desde la mentada a los toros a la inutilidad del voto, haciendo incluso una llamada a no ir a las urnas, pasando por la condena de la violencia de género, su desdén de la masculinidad convencional, la maldada del hombre o el autoritarismo paterno.

Sin pelos en la lengua una vez más, limpio de voz y ese vibrato vocal inconfundible, el gran maestro de la melodía y la melancolía sigue respirando, lo que no es poco después de los sustos que le está dando la salud. Quizá, o seguro: este ‘World Peace Is None Of Your Bussiness’ no es su mejor album en solitario, no brilla a la altura de ‘Viva Hate’ (1988), ‘Your Arsenal’ (1992), ‘Vauxhall And I’ (1994) o el mismo ‘Morrissey, You Are The Quarry’ (2004), sus cuatro mejores perlas, pero tiene excelentes momentos –pongamos aquí, por ejemplo, el single redondo ya citado, ‘Staircase At The University’- y, al cabo de cinco años, devuelve a un Morrissey que, tras los latigazos de la enfermedad –se habla de que tiene cáncer de próstata, enfermedad que cita en ‘I’m Not A Man’-, no se sabe de dónde ha sacado fuerzas para hacer un disco con 18 canciones en su versión deluxe y encima emprender una gira que le ha traído recientemente a Madrid y Barcelona.

Por supuesto, penalidades y polémicas declaraciones le siguen acompañando, verbigracia: su nuevo sello le echó nada más salir el disco por quejarse de no promocionarlo –Big Mouth es un obseso de las listas de ventas- y en el último número de Rock de Luxe declara que los reyes en estos tiempos son un timo y que Juan Carlos I debería estar en la cárcel por la matanza de elefantes. A los taurinos también los tendrá contentos: “Los toreros deberían matarse entre ellos”, dijo a El País recientemente, apostillando con rabia una frase –“matar toros es torturar”- que soltó en 1985 en su primera visita a España, en aquel concierto del Paseo de Camoens madrileño que retransmitió TVE en directo (¡qué tiempos televisivos!), completada en su reciente visita a la capital, con su conocida inquina contra el maltrato a los animales, con otra más incisiva todavía: “¡Los toros son la vergüenza de España!”. Genio y figura. ¡Y olé!

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Marea discográfica

La industria musical está pulverizada, o eso se dice; casi nadie compra discos, o eso se revela en encuestas como la realizada en este blog; las grandes discográficas se han desmoronado como azucarillos en el café, o eso parece… Y, sin embargo, la avalancha de discos que cada temporada cae sobre nuestras cabezas es para buscar cobijo. Peligrosa. Y, por supuesto, inaprensible, imposible de abordar ni en su diez o veinte por ciento, por mucho que cualquier tragadiscos se convierta en una devoradora máquina.

¿Alguien lo entiende? Quizá no a primera vista, pero debe entenderse, y puede ser fácil hasta explicarlo: ha cambiado el método de venta de discos, el virtual le hace sombra al físico, ha crecido el archipiélago de pequeños sellos discográficos, se ha implementado la autoedición, Spotify, pese a sus pérdidas, se ha convertido en la gran biblioteca moderna de Alejandría si de música se trata, es ineludible, hay que estar en ella… y, qué caray, pese a todo, no se es nadie sin un disco en la calle. El camino de un artista se sigue midiendo por sus discos, más que por los conciertos, porque sin los primeros, salvo escogidos casos, no hay segundos. La cadena discográfica con la que se enlazaban los eslabones del éxito desde tiempos inmemoriales sigue siendo hoy todavía imperiosamente necesaria. Lo que explica, un otoño más, la gozosa cantidad de álbumes que llena la crisis, por muy contradictorio que suene semejante aserto.

Breve apunte de lo que ha llegado y está por llegar –que da pereza montar un gran listado- para centrarse medianamente… y para preparar el bolsillo o el disco duro. Ya están en danza los nuevos álbumes de Morrissey, Leonard Cohen, Robert Plant, Prince, U2, Lenny Kravitz, Marianne Faithfull, Jackson Brown… Lo más llamativo, que no sorprendente, acostumbrados a sus volantazos, es esa reaparición de Prince con dos discos al unísono, uno en cada cartuchera, como los viejos pistoleros del Oeste. Veremos si hay balas o pólvora mojada. Aunque quien más sorprende, por cuestión biológica más que musical, es ese Cohen que con 80 años se niega a tirar la toalla. Dios le bendiga. En el planeta indie, mejor no detenerse, de momento, salvo peligro de ahogamiento. Quizá convenga esperar el oleaje y ver lo que deja a medida que baje la marea, porque la mar, como ocurre cada temporada, viene brava.

Algo que igual convendría hacer en el plano de las reediciones: abrumadoras o agobiantes, según se mire. Desde los insoslayables Beatles a The Who, Bowie, Springsteen, Harrison, Allman Brothers, Dylan, Genesis, Iron Maiden, Sinatra, Mike Oldfield, Velvet Underground…, venga recopilatorios, remasterizaciones y opulentas cajas. La más gruesa, la del fallecido rockbluesman Steve Ray Vaughan que viene el próximo 28 con doce discos. Lógico: en tiempos duros, las discográficas tienen que explotar al máximo sus pozos petrolíferos. Ante estos reiterados asaltos al fondo de armario, muchos rabian, algunos se tapan la nariz y otros dan saltos de alegría. C’est la vie. En lo nacional hay llamadas a la puerta de Manolo García, Enemigos, Serrat, Australian Blonde, Arizona Baby… y en lo aragonés, habrá que esperar unos meses más a Amaral, no así a Bigott o Mariano Casanova. Crisis, pero discos como setas otoñales, que para eso andamos en la estación apropiada.

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‘El rock de la cárcel’, aniversario de una película más allá del musical

Vince Everett era un tipo broncas, aficionado al juego, rebelde…, pero con principios. Trabajaba en una obra y la primera visita que hacía nada más recibir su paga semanal era la del bar. Le gustaba invitar a la clientela, jugarse a pulsos unos dólares, charlar con la gente y hasta impactar, con su fantástica planta juvenil, a maduritas mujeres, lo que acabaría creándole grandes problemas.

En una ocasión, en el bar, se le acercó una de estas mujeres. Rubia, bella, copa en mano y unas arrugas en el rostro que ponían distancia con una juventud de exuberante belleza. Apenas hubo tiempo para cruzar palabra. De inmediato, apareció su marido, un tipo bravucón y con dos copas demás, que le reprochó con muy malos modos que se acercara al joven, hasta el punto que la golpeó para separarla de su lado. Everett podía ser un golferas, pero no un tipo insensible ante el maltrato a una mujer. Así que nada más ver el primer empujón del marido a su esposa, se lanzó hacia él y le soltó tal paliza que lo dejó hecho un rollito de primavera para el cementerio. Muerte casual. El juez lo mandó obviamente a la cárcel.

Entre rejas, Everett congenió con su compañero de celda, un veterano cantante de medio pelo condenado por atracar un banco que en la cárcel tenia montado un tingladete mafioso que a base de sobornos a los funcionarios le permitía vivir como un rey, vendiendo tabaco y favores a los reclusos. Everett, rebelde y pendenciero pero moralmente íntegro, no pasó por los chanchullos de su compañero de celda pero a través de él se aferró a su arma salvadora: una vieja guitarra que le enseñó a tocar y que al salir de la cárcel le sirvió para convertirse en una estrella de la música.

La anterior es una historia imaginaria que nos contó en el cine el director Richard Thorpe y que protagonizó Elvis Presley (Vince Everett) en 1957 con el título de ‘Jailhouse Rock’ o ‘El rock de la cárcel’. Hoy oigo en la radio de refilón una referencia a la película y no cojo la onda, vamos, no sé por qué se habla de ella. Investigo y descubro que tal día como hoy 17 de octubre de 1957 se hizo el primer pase privado de esta película en Estados Unidos, posteriormente estrenada en noviembre, y yo aprovecho para evocar una de las mejores películas del ‘Rey’, junto a ‘King Creole’, y, aun con lo devaluadas que para la crítica cinematográfica suelen ser las películas musicales, y más cuando giran en torno a un ídolo musical, casi una película de cine-fórum, un film para analizar más allá de su superficie a la búsqueda en su fondo de los grandes mensajes que encierra.

Y es que ‘Jailhouse Rock’ habla de la amistad, de la fidelidad, de la superación de la adversidad, de la debilidad humana, de la ambición del dinero, de la mentira, de la fatuidad del éxito…, una cantidad de mensajes subliminales que parece increíble que anden agazapados tras la piel de una simple película musical. Uno de ellos, la superación de la adversidad, es quizá uno de los más valiosos de la cinta. En la cárcel, en el trabajo, en la enfermedad, en la vida misma, sacar fuerzas de flaqueza para afrontar las dificultades, no rendirse, como cantaba otro gran rockero como Springsteen, buscar una tabla de náufrago en medio del peligroso mar de la adversidad, es una cualidad humana a la que nunca debe renunciarse por muy dura que sea la situación y los peligros.

La música es una de esas tablas…, qué digo, un macizo y fabuloso tablón al que aferrarse para sobrevivir al peligro y a las circunstancias adversas. Anima, reconforta, mantiene en vilo, calma, purifica, ayuda… Hay muchos más, claro, desde la lectura a la familia, la amistad, el deporte, el trabajo redentor…, pero cualquiera es válido si uno se agarra a él con fe y esperanza. Al final, casi siempre, el temporal amaina y llega la calma si no total si lo suficientemente serena para seguir vivo, para proyectarse en el futuro, para salvarse.

Thorpe lo contó en esta magnífica metáfora del triunfo y la derrota que es ‘El rock da la cárcel’ a la vez que Elvis enganchó y visualizó una fabulosa canción, la trepidante ‘Jailhouse Rock’, que con su espectacular puesta en escena, y con tres décadas de adelanto, anunciaba la era del videoclip. Un tablón de náufrago de la mano del rock. Y en el año 57. Pues tampoco era tan diabólico ni tan corruptor como lo vio y condenó la carcundia moralista de la época. Más bien, al contrario. Fuerza y fe, las dos efes, siempre ante la adversidad.

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En la mina de oro de The Doors

The Doors

Los recopilatorios hay que tomarlos con sumo cuidado: desenfocan la visión general de la trayectoria de un grupo, máxime si se trata de un grupo con poso y extensa discografía. A veces, sin embargo, son excelentes puertas para entrar en el mundo desconocido de esos grupos o artistas, sobre todo cuando se está en fase catecumenal, fase por la que todos hemos pasado.

Me ocurrió con The Doors. Y no por culpa mía, sino por la escasísima información musical –quitado lo más cercano y consabido- que entonces había en España, tanto en radio como en prensa, y sobre todo por el maldito e insano estado de la industria discográfica hispana a finales de los sesenta y comienzos de los sesenta. Para hacerse idea: el primer disco que llegó a las tiendas españolas fue ‘L. A. Woman’, en 1971, es decir, cuando Jim Morrison había fallecido o le faltaban escasas fechas.

Entonces, por si alguien todavía lo desconoce, no existía Internet, ni pirateo, ni spotifies y ni tan siquiera el socorrido casete con el que poder navegar más allá del vinilo. Menuda aberración: la industria española se comió completa toda la carrera de los Doors y dejó huérfanos a los españolitos de la época de sus discos.

Y ahí voy, a los recopilatorios, a la maravillosa puerta de acceso que pueden abrir. En 1972, Hispavox publicó un doble LP en serie económica, aquellos que venían con el ‘Especial 500’ en la portada, con la etiqueta en letras rojas sobre fondo azul, que llevaba el título en español de ‘Extrañas escenas dentro de la mina de oro’ (luego supe su título original en inglés: ‘Weird Scenes Inside The Gold Mine’). Me fascinó. Un disco económico y 22 canciones repartidas en sus cuatro caras con los títulos en español y debajo, en letra pequeña, en inglés. Aquí, atención, inconscientemente, las compañías hacían un loable esfuerzo para instruirnos en la lengua inglesa, lo cual no solo era de agradecer sino que con el tiempo convirtieron aquellos discos en preciadas piezas de coleccionismo internacional.

Pero a lo que iba, aquel disco me abrió las puertas a los Doors, un mundo para mí, entonces, sombrío, extraño y hasta opaco, pero absolutamente subyugante. Desde aquellas palizas que le di en aquellos días al doble álbum no había vuelto a desenfundarlo hasta hoy. Obviamente, al poco me hice con toda la discografía del grupo, que Hispavox goteó con celeridad, y cuando se impuso el CD atrapé una caja antológica con todos sus álbumes. Ya no hizo falta el doble ‘Extrañas escenas dentro de la mina de oro’. Hasta hoy en que, más por nostalgia que por otra cosa –sí la nostalgia bien utilizada es una saludable medicina espiritual y hasta fetichista-, lo he vuelto sacar de la estantería: ¿El motivo? Por vez primera se ha reeditado en CD. Y vuelvo a escucharlo y vuelvo a sentir la emoción y casi los mismos escalofríos que cuando cayó en mis manos en 1972 (sí, este no es un ‘blog de viejos’, por mucho que se empeñe algún modernete, son los viejos artistas los que siguen nutriéndolo estelarmente junto a nuevos grupos).

De nuevo, aquellas 22 canciones maravillosas, aquel Morrison paseando por la pasarela del blues, el rock y hasta el cabaré, con aquel latigazo de voz y aquel trío detrás acompañándole en sus malévolas filigranas, suenan a gloria (y sin ruiditos y tan apenas chisporroteos, que tengo la manía de cuidar los discos como el oro). Abría con ‘El encuentro’, según tradujo Hispavox la bombástica ‘Break On Through’ y su desgarrador grito de aliento a la fuga en todos sus sentidos. Era una de las tres canciones emblemáticas del primer LP, ‘The Doors’, publicado en 1967, en aquella España que entonces escuchaba a Los Brincos y a Los Bravos como lo más moderno de consumo interno. Las otras dos eran el apocalíptipco ‘The End’, usado por Coppola para ‘Apocalipsy Now’, que cerraba el álbum, dejando en medio el glorioso ‘Light My Fire’, la canción que catapultó al grupo en Estados Unidos, manteniéndose durante tres semanas en el número uno de las listas de singles. Está considerado, no ya como el mejor disco del cuarteto californiano, sino como uno de los grandes discos de la historia del rock y de los más relevantes debuts.

Desde entonces, el ascenso del cuarteto (ojo, sin bajista, papel que sustituía Manzarek con los pedales del órgano) fue imparable en todo el mundo. Morrison y sus compinches traían perversión, fuerza y poesía al rock y lo metieron en un ámbito hasta entonces inédito en la música pop y desde luego contracorriente del resto de los grupos. Mientras el mundo juvenil y el del rock más concretamente se movía dentro del optimismo fraternal del sueño hippy, los Doors, como la Velvet en la otra costa americana (más a contracorriente todavía), propugnaban una música llena de desesperanza y sordidez, impregnada en la poesía de Rimbaud (Morrison se veía a sí mismo más como poeta que como cantante) y en el sentido dramático de la tragedia griega. Factores no muy favorables precisamente para el éxito masivo, más en aquella época.

Jim Morrison había nacido en Melbourne (Florida), el 8 de diciembre de 1943. Formó The Doors -nombre tomado al poeta William Blake vía Aldous Huxley- en 1965, junto al guitarrista Robert Krieger, el teclista Ray Manzarek y el batería John Paul Densmore. En el mismo 1967 publicó su segundo LP, ‘Strange Days’, que como excepcional prolongación del primero, incluía la réplica a ‘The End’: ‘When The Music Is Over’, toda una exaltación de sentimientos humanos expuesta en clave de rock.

El tercer LP, ‘Waiting For The Sun’ (1968), sirvió para anunciar el final del sueño hippy a través de ‘Summer Almost Gone’. Musicalmente, un álbum más complejo, con estructuras tomadas incluso del sinfonismo, caso de la insólita ‘Spanish Caravan’, basada en una pieza de Albéniz, que rebajó el color instrumental del sonido primigenio al quedar reemplazado el órgano por el piano y el clavecín. Una sofisticación de sonido que explotó en el cuarto, ‘The Soft Parade’ (1969), más barroco y sofisticado, por lo que no cayó muy bien entre los seguidores del grupo: el álbum más unánimemente rechazado de los Doors.

Un doble en directo sensacional, ‘Absolutley Live’ (1970), devolvía al grupo a sus fuentes primigenias, recogiendo todo el espíritu transgresor y escandaloso de Jim Morrison (salía embriagado a escena, se masturbaba ante el público, lo detenía la policía, cantaba contra el sueño americano…). Era el mejor trasvase posible de sus venenosos espectáculos al mundo del vinilo. Morrison, sin embargo, declaraba al Rolling Stone, que la explosión inicial se había acabado, e incluso afirmaba con toda severidad que “el rock se había convertido en algo decadente”. De ahí quizá el tono más refinado de, por así decir, de la continuación con otras dos obras maestras: ‘Morrison Hotel’ (1970) y ‘L. A. Woman’ (1971). Para entonces, el grupo estaba completamente disgregado y enfrentado, hasta el punto que en una sola microcélula habitaban otras tres completamente independientes: Densmore y Krieger, unidos por la meditación; Ray Manzarek, limpio de drogas y de mente, y Morrison, alcohólico perdido. Decadencia pura.

Después de editarse el último álbum, Morrison se fue a París con su novia Pamela en busca de la vida bohemia y de otros aires que le descontaminaran de su propia creación y de sus propios compañeros. Y consumó la tragedia griega. Tras unos días desenfrenados, moría hinchado de alcohol y drogas, barbudo, obeso, una imagen completamente desfigurada de aquella esbelta, arrogantememente agresiva y bella que había lucido tan solo cuatro años antes.

Formando parte del ilustre club de los 27, como dijo el New York Times, se fue “el símbolo sexual más poderoso aparecido en la cultura popular desde James Dean y Elvis Presley”, una especie de Dionisos que descendía a la tierra para tocar y seducir a las mujeres, como bien transparentaban sus actuaciones, bacanales llenas de música fuerte y sensualidad por la mujer. Morrison quiso imbuir al rock del sentido dramático de la tragedia griega y con su diabólico carisma, su preparación literaria, sus escándalos y su fervor por el blues, Elvis y Sinatra, le dio al rock un sentido de teatralidad dionisiaco que hasta entonces era inédito en el género. Dicen que Nietzsche intentó lo mismo.

En más de una ocasión, se definió a sí mismo como extremista. También como “un ser humano sensible, inteligente, abrumado por un alma de payaso que siempre me obliga a estropear todo en los momentos más importantes”, según confesó en una ocasión. Escandaloso, rebelde, virulentamente caótico -”me interesa todo lo que sea rebeldía, desorden, caos…, ese es el camino de la libertad”-, llevó hasta sus últimas consecuencias la excitación y la mala leyenda del rock. Sus ojos permanentemente semicerrados traslucían su afición constante por el alcohol y las drogas que consumía a caño abierto. De su cuerpo oscilante se desprendía la violencia y la sensualidad; de su rostro aniñado, el complejo edípico que siempre arrastró, y de la ausencia de preocupación por su cuerpo, las tres fijaciones que transparentan sus poemas: el juego, la muerte y el sexo.

Un tipo demasiado poliédrico y complicado que dio a luz aquellas 22 canciones que ahora renacen a través de aquella mina que gozosamente descubrí en 1972. Repasa los seis discos que grabaron The Doors entre el 67 y el 71 e incluye dos piezas que no figuran en esos discos: ‘(You Need Meat) Don’t Go No Further’, de Willie Dixon, cantada por Ray Manzarek y cara B del explosive single ‘Love Her Madly’, así como una inédita de 1969, ‘Who Scared You’, que había ocupado la cara B de otro single,‘Wishful Sinful’. Si algún joven de hoy no conoce a este insigne grupo, y está en disposición de abrir las puertas de la percepción, le animo a meterse en esta abundosa mina de oro. Va a salir hipnotizado. A los veteranos no hace falta recordarles nada, espero.

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Amaral, hay que esperar

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Por comentarios, por informaciones, porque este otoño se han cumplido ya tres años desde que Amaral editó su último disco… se daba por hecho que, en estos momentos, ‘Hacia lo salvaje’ ya tendría sucesor. No ha sido así. Hasta el año que viene, y aún sin fecha, no llegará ese sucesor. Por ello, sin más intenciones profundas, hoy he sondeado en el Heraldo, en una doble página,  a Juan y Eva para que expliquen cómo va la preparación de su nuevo disco. Esta es la transcripción de la entrevista.
En estos instantes, por cierto, en plenas fiestas del Pilar, ¿cuál es la situación del nuevo disco? ¿Precocinado? ¿Cocinado? ¿Todavía con los ingredientes en la nevera?
Tenemos muchas canciones en diferente fase de elaboración. Algunas muy terminadas, otras solamente como ideas. Algunas son solo ideas de letras a las que buscamos el ambiente adecuado, otras están escritas con una guitarra y estamos probamos distintos ritmos. Es un proceso que a veces es una búsqueda y a veces es como un juego
¿Pero cuántas canciones hay definitivamente terminadas?
No sabríamos decir exactamente. Son muchas más de las que caben en un disco de duración convencional. De momento solo nos preocupamos de ver terminadas todas ellas. Luego será el momento de elegir cuáles van al disco o no.
Esto significa que, como mínimo, hasta primeros del año que viene o más, no va a salir el álbum. ¿Se puede hablar de retraso, teniendo en cuenta que se hablaba de su salida para septiembre y sobre todo para este año?
La verdad es que nunca, ni cuando estábamos en una multinacional, nos hemos impuesto fechas concretas para publicar un disco. Lo normal es acabarlo sin fechas. Máxime, teniendo en cuenta que nos ocupamos de todo lo que rodea a las canciones, desde obviamente la música y las letras a las portadas y el resto de elementos.
Decís que hay más canciones en las que trabajaís de las que caben en un disco convencional…, ¿una veintena, quizá?
Más.
¿Una treintena?
Por ahí andará.
¿Y qué pasará con ellas?, ¿quedarán en la reserva?, ¿habrá otro disco inmediato?
Quedarán en la reserva, sí, pero el hecho de que algunas se queden fuera no significa que no vayan a ser editadas tarde o temprano. Muchas veces es la propia canción la que nos dice si está terminada. Lo que sí tenemos claro es que para el próximo álbum no tardaremos tanto en editarlo.
Algunos títulos de esas canciones en las que trabajais…
‘Nocturnal’, ‘Laberintos’, ‘Unas veces se gana y otras se pierde’, ‘La Niebla’, ‘Quinientas vidas’, ‘Chatarra’, ‘Cazador’, ‘No lo entiendo’, ‘Desde entonces ya no creo en nada’… Pero algunos de ellos podrían cambiar y muchas otras aún no tienen título o es provisional.
¿’Ratonera’ quedará fuera del disco?
Aún no lo sabemos seguro, pero creemos que se quedará fuera. Es algo que no nos parece importante. Nunca pensamos en términos de singles y todas estas cosas, que nos parecen un poco del pasado.
Por lo que contáis, se deduce que tampoco habrá todavía algún título genérico para el disco. ¿Barajáis alguno?
Siempre ponemos el título al final o cuando casi todas las canciones están acabadas. En cuanto lo tengamos lo contaremos a través de nuestras redes (@amaraloficial en Twitter y Facebook)
Siendo tan prolíficos como sois creativamente, ¿por qué no editais más material? ¿No sería bonito recuperar aquellos hábitos tan excitantes de los grupos de los sesenta que en un año, pongamos Los Beatles, igual sacaban dos LPs, y un puñado de EPs y singles? O la lluvia de maxis de los grupos de los ochenta…
Aunque desde fuera parezca que no estamos activos, la verdad es que siempre estamos en movimiento. Hemos hecho las giras más largas de nuestra historia por América y también por Europa. Experimentamos con instrumentos nuevos para nosotros. También necesitamos tiempo para asimilar experiencias, sonidos, ideas… etcétera. Si hablamos de los Beatles, grupo emblemático para ambos, hasta donde la historia nos deja saber, parece que acabaron completamente saturados de una industria y unos medios voraces.
Vamos, que no es lo mismo, que se trata de otro mercado y de otros tiempos…
A nosotros nos ha tocado vivir una época de cambios y muchas veces necesitas marcar tu propio ritmo al margen del sistema. De hecho, desde el principio, en la época de nuestras primeras maquetas, nos imaginábamos el grupo al margen de casi todo.
Lo que sí habrá ya es un enfoque, una línea maestra del sonido y de las composiciones del disco: ¿más eléctrico y guitarrero?, ¿más salvaje que ‘lo salvaje’ de antes?
Creemos que la base rítmica va a sonar más abierta y contundente, las guitarras más presentes. Es verdad que siempre hemos dicho casi lo mismo antes de cada disco, pero lo cierto es que ahora queremos que en el disco esté nuestra identidad, nuestro sonido de guitarras y nuestra voz, a la vez que estamos abiertos a cosas nuevas que nunca hemos probado.
¿Por ejemplo, a nuevos instrumentos? ¿Se afianza el anuncio de experimentación con viejos y nuevos sintetizadores?
Sí, pero, a día de hoy, mandan las guitarras. La guitarra es nuestro instrumento básico. Componer con guitarras es algo físico. Puedes tocar suavemente y pasar directamente a algo mucho más enérgico. Aunque utilizamos otros instrumentos creemos que las guitarras van a mandar a lo largo de todo el disco.
Algo interesante y en lo que los fans tienen curiosidad. ¿Hasta qué punto interviene el resto del grupo en la composición de las canciones?
Normalmente, componemos los dos solos hasta que la canción tiene una identidad propia y está bastante terminada. Una vez que tenemos la letra, la melodía, una idea de ritmo y el ambiente de las guitarras lo compartimos con la banda y lo llevamos más lejos en equipo. Siempre lo hemos hecho de la misma manera.
¿Y ya habéis decidido el productor y el estudio donde se grabará el disco e incluso alguna fecha aproximada de edición?
Aunque tenemos una idea bastante aproximada de cómo va a ser todo el proceso, lo sabremos seguro cuando todas las canciones estén terminadas y entonces lo contaremos. Por ahora, no hay fecha. Ahora estamos trabajando con Chris Taylor como productor, al que conocimos grabando ‘Gato Negro-Dragón Rojo’ en Nueva York y que, además, ha tocado el bajo con nosotros en la gira y disco de ‘Hacia lo salvaje’.
Algunos seguidores están obviamente impacientes con el disco y con la gira… Al parecer seguiréis con la misma banda. ¿Ha habido una evolución notable a lo largo de toda la gira de ‘Hacia lo salvaje? Dada la tendencia a cambiar de músicos para cada gira, ¿se puede decir que ahora hay banda para rato?
‘Hacia lo salvaje’ ha sido una gira muy larga, hemos escuchado mucha música juntos y hemos viajado por primera vez todos por Europa. Obviamente hemos ido evolucionando en cuanto a la sonoridad de las canciones. Además, a Jaime y a Toni les conocíamos de haberles visto tocar mucho antes y a Chris también le conocíamos desde la grabación de ‘Gato Negro-Dragón Rojo’. Sabíamos que todos ellos encajarían con nuestra forma de tocar.
Aunque queda lejos, ¿érais conscientes del cisco que se iba a armar con ‘Ratonera’? ¿Cómo os tomásteis las reacciones de fans, medios, público en general y hasta de algún político, si lo hubo?
Nos parece muy interesante el debate que se originó y que diera pie a hablar de cosas que no aparecen en la canción e incluso a que la gente hiciese sus propios vídeos imaginarios. La primera premisa que debe tener una canción es estar viva y desde luego sentimos que ‘Ratonera’ lo está. Si hablamos más en el terreno personal, recoge un sentimiento que ambos necesitábamos expresar.
¿Estamos ante unos Amarales más contestarios que nunca, politiqueros y hasta votantes de Podemos? ¿Qué decir a quienes no encajan vuestra música con la denuncia social, o sea, que entienden que eso es más bien coto para el heavy o el punk?
No nos planteamos este tipo de cosas. Hablamos de lo que nos late. No tenemos ningún espíritu de tipo partidista, respetamos todo tipo de pensamientos y creemos que nuestra forma de mirar la realidad es una cuestión personal. La manera de escribir ‘Ratonera’ es la misma que cuando escribimos ‘Cuando suba la marea’ o ‘Hacia lo salvaje’, por poner un ejemplo.
Hoy es el día grande de las fiestas, el día del Pilar. ¿Qué os sugieren las fiestas? ¿Qué recuerdos tenéis de ellas?
Imaginamos que son parecidos a los que puedan tener todos los zaragozanos. Cuando éramos pequeños, las clases empezaban mas tarde, después de las fiestas. Luego, el Pilar fue sinónimo de juerga y conciertos. Los últimos años no hemos podido estar porque estábamos viajando o en el estudio
Habiéndolo hecho otros y siendo la de los grandes conciertos en La Romareda una tradición potente, ¿no os apetecería hacer un concierto en La Romareda y en unas fiestas del Pilar? Aparte de merecido y deseado por mucha gente, seguramente tendría mucho tirón. ¿Es una asignatura pendiente tocar en estadios?
Nunca nos hemos planteado donde tocar. Lo más importante para nosotros es que el sonido sea bueno, somos obsesivos con esto. Queremos que todos los asistentes escuchen perfectamente lo que está pasando en el escenario.
La energía es la misma tanto si tocamos en el bar de un amigo como si tocamos en el Príncipe Felipe. Nunca hemos tocado en la Romareda. No tenemos ningún problema en hacerlo siempre que haya garantía total de que va a sonar bien. De todas formas ahora mismo no pensamos en eso. Estamos totalmente metidos en las nuevas canciones y terminando el nuevo disco.

INQUIETUDES DE FANS

Amaral cuenta con una nutrida legión de seguidores que, como es obvio, miran al grupo con lupa, se conocen todas sus canciones e incluso los más recónditos recovecos de su repertorio. Y, por supuesto, le siguen allá donde pueden, haciendo kilómetros y peleando por las entradas o las primeras filas de los conciertos. Margalida (administrativa de la Universidad de Palma) y Laia (profesora de Inglés en Secundaria) son dos de ellas, dos mallorquinas prendadas del dúo maño desde hace años y naturalmente ahora expectantes e inquietas ante el nuevo disco y la subsiguiente gira. Quieren saber si de nuevo van a tocar en teatros, si repetirán con Toni, Jaime y Chris Taylor e incluso si verán a Eva sentada a la batería. “Esto último es casi una súplica”, apostillan. A lo que el dúo responde con brevedad: “A día de hoy, estamos muy centrados en enfocar cada canción y encontrar el sonido del disco. Hasta que no esté terminado no será el momento de plantearnos cuestiones como el formato de banda que llevaremos al directo o el tipo de recintos”. Ambas, Margalida y Laia, muestran también interés por una canción, ‘Juguetes Rotos’, que tocaron en el café La Palma y que no llegó a entrar en el anterior disco y que, según ellas, tiene similitud, en cuanto a temática, con ‘Ratonera’. “La letra es buenísima, la música no tanto, le faltaba fuerza, quedó rara, estaba casi hilvanada, pero creemos que tiene potencial para seguir atizando a los políticos”, aseguran. A lo que Juan y Eva responden: “‘Juguetes Rotos’ es una canción que está ahí, que nos gusta. Pero muchas veces es como si la propia canción cobrase vida y te dijese cuando está terminada. Eso es lo que nos pasó con ‘No soy como tú’. La empezamos a escribir en Zaragoza antes de grabar el primer disco y acabó en ‘Pájaros en la cabeza’, años mas tarde”. Siguen con ‘Ratonera’: algunos de sus riffs y acordes les recuerdan a ‘Revolución’, y en especial a la ‘versión maxi single’ que escucharon en la sala Luz de Gas, de Barcelona, el pasado 19 de febrero, cuando el dúo improvisó, según ellas, un final increíble a petición de Juan, quien también pidió que se le grabara y subiera a Youtube para luego buscarlo él. ¿Nació ‘Ratonera’ allí? ¿Tienen que ver algo ambas canciones? “Creemos que no. Aquella improvisación surgió de manera espontánea, casi inconsciente y el origen de ‘Ratonera’ fue distinto, fue como una chispa en otro momento distinto”.

EL AÑO DE LOS FESTIVALES

Este año, Amaral solo se ha asomado a los escenarios a través de varios festivales, una decisión inédita en la historia musical española, y puede que de fuera, y que muy pocas formaciones se pueden permitir. “No sabemos si somos el primer grupo que ha hecho esto o no. En cualquier caso, quisimos hacer una pequeña gira. Solamente nueve fechas. Quisimos hacer justo lo contrario de lo que se suele hacer. Es decir, salir a tocar canciones que estaban en un estado muy inicial y verlas crecer en las pruebas de sonido y en los conciertos. Capturar la energía del momento y que esta vaya al disco. En ese sentido creemos que ha merecido la pena y es algo que se va reflejar en el disco, al igual que todos los viajes que hemos hecho. Al final, hay un sentimiento de movimiento permanente que encaja perfectamente con la idea que nosotros tenemos del disco, idea difícil de explicar en este momento”. En todo caso, ¿qué ofrece un macrofestival a un músico que tiene resuelto el éxito por sí mismo, con su público en exclusiva? “La posibilidad de ver tocar a otras bandas, de reencontrarte con algunos amigos”.

 

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Acotaciones a la encuesta (y 3): la piratería no tiene remedio

Finalizo esta troceada y larga entrada sobre la encuesta veraniega. Ya perdonará algún crítico por su longitud y su reiteración, pero era interesante sopesar y comentar los datos que ha arrojado.

Añado algo más sobre la visión más bien pesimista del panorama actual de la música aragonesa, que un 64% lo considera regular o pobre, cuando no malo, mientras que el 36% restante lo ve bien o muy bien. Es cierto que hay muchos grupos y muchas tendencias, pero no es que despeguen o no, es que se quedan en el más sigiloso silencio mediático y así es difícil calibrar la situación tanto por los medios como por el público en general. Los grupos piensan que con grabar un disco-maqueta y repartirla entre familiares y amigos o colgarla en una plataforma digital, ya está todo hecho. No, amigos, hay que expandir más el mensaje y llegar a radios y periódicos, salas y circuitos, ayuntamientos y promotores, webs y blogs especializados… difundir el mensaje hasta casi el spam para que la gente les conozca si es que realmente se quiere salir adelante y sobre todo si se está convencido de la solvencia de su trabajo. Me juego el bigote a que muchos de los que han visto el panorama así de rácano no han escuchado ni la mitad de lo que por ahí circula. Culpa de la afición pero más aún de los mismos grupos. Ante este panorama no extraña que sea mayoritaria la opinión de que no hay alguna nueva estrella a la vista, con la proyección de Héroes, Bunbury y Amaral (un 88%).

La piratería no tiene remedio. Un 70% confiesa bajarse música protegida de Internet, porcentaje que habla por sí mismo de la pulverizada situación en que se encuentra la industria discográfica, aunque en torno al 65% confiesa comprar discos con más o menos asiduidad, lo propio de un blog como este donde hay mucha gente que ama los discos y los música, pero una excepción, se diría, dentro de la generalidad, que no se gasta un euro en música.

Ya se ha tratado el asunto en más de una ocasión: sigo opinando que bajar material protegido de forma gratuita es un robo a las discográficas y a los artistas. Nadie regala su trabajo (salvo ahora U2, aunque a partir del 14 toque pasar por caja). Otra cosa es el famoso canon discográfico, que no ha desparecido (está en los presupuestos generales del Estado), y que no tiene razón de ser alguna. No extraña que casi un 70% considere que hay que cerrar la SGAE, una agencia tributaria más, cuando en realidad solo hay una (o debiera) que es la que coordina la Hacienda pública. Una agencia, la SGAE, sobrante, inútil (salvo para el bolsillo de sus beneficiados, claro).

La radio musical sale bien parada -Radio 3 y Rock FM tienen una buena clientela, un total de un 70% dice escucharlas-, pero las revistas especializadas no gozan de mucha salud en cuanto a lectores. Un 42% dice no leer ninguna, siendo Mondo Sonoro (¿por ser gratis?) la más seguida, con un 32%, en tanto que Rock de Luxe y Ruta 66 se llevan unos porcentajes paupérrimos de un 4%, algo imperdonable en seguidores de un blog musical como este. En Internet no está todo, amén de que existe mucho amateurismo. Es cierto que Rock de Luxe sigue con su proverbial elitismo de pinza en la nariz e intentando crear, o hacer pasar por estrellas o artistas interesantes, a nombres que son pura bisutería: hay meses que no hay por donde cogerla, pero algo provechoso siempre queda, más aún en Ruta 66, especialmente desde que ha levantado el trasero del asiento exclusivo del pasado. Por cierto, le dedicaré una entrada un día de estos a ese prometedor cuaderno de música que ha creado recientemente Efe Eme, con magníficos artículos de fondo y buenas firmas en general. Muy recomendable. Ah, y curioso, solo hay un bloguero que lee revistas de heavy metal, el Metal Hammer, e igualmente otro que lee Cuadernos de Jazz.

El ordenador, curiosamente, se lleva el primer lugar como medio para escuchar música, con un 40%. Uhmm, tengo mis dudas. Ahora mismo, mientras escribo, escucho lo nuevo de U2 a través del ordenador pero pasando el sonido al equipo HI-FI, que es el medio, creo, insoslayable para escuchar en todo su esplendor y nitidez la música. Hacerlo a través de unos simples altavoces, de esos de baratillo que se adosan al ordenador, es pecado de lesa majestad. Confío en que no sea de esta manera cómo la escucha esa mayoría que se ha decantado por el artilugio informático.

Parte política relacionada con la música: el PP ha maltratado a la música, es lo que dice abrumadoramente un 81% en tanto que, pese al ascenso de Podemos, no cree o duda de que con ellos la cultura mejore. Un 90% se muestra escéptico. Ya veremos en qué queda este fenómeno y su ruido mediático.

Y finalmente, apartado de aprecios y desaprecios a este blog. Un abrumador 80% (233 lectores) pide que siga abierto, lo cual, por lo que a mí me compete, agradezco mucho. No entiendo, no obstante, ese 17% (51 votos) que piden su cierre. Y no por el cierre en sí mismo o porque sean 51, que lo mismo sería con uno solo, sino por la intransigencia que adivino que hay detrás de esta petición, intransigencia que percibo, en realidad, como reflejo de la España intolerante y crispada de hoy en todos los niveles. Las redes sociales o los foros son el preclaro ejemplo de ello, una selva con muchos individuos intransigentes, exaltados, faltones, que consideran su verdad como única e inmutable. ¿No es lo más adecuado, cuando algo no te gusta, no comprarlo? ¿Alguien entra a un bar o a una tienda que aborrece? Lo misma pregunta se puede aplicar a este u otro blog. Si no te gusta, no entres. Pero deja que cada cual siga su curso, cuelga la intolerancia en la percha, amigo. Vive y deja vivir.

De cualquier forma a esos 51 intolerantes -¿y resentidos?- que piden el cierre les voy a dar una alegría: despejadas dudas e incertidumbres que me hicieron vacilar a principios de verano sobre si seguir con el blog o no, les diré que… ¡¡VOY A CONTINUAR!!

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Acotaciones a la encuesta (2): La música, esencial en nuestras vidas

Sigo repasando los resultados de la encuesta fin de curso. Detroit Rock City (45%) queda proclamado como el bloguero-comentarista con más predicamento. Sus permanentes enlaces en la pestaña de vídeos a músicas habitualmente del pasado y con el rock duro como bandera gozan del mayor agrado de los lectores. La ironía de nosferatu y el mesurado pulso de megg para comentar, no solo las andanzas de sus queridos amarales sino cualquier otro tema del blog, goza también de gran aceptación. Entre el 18% que optan por otras opciones priman la del “todos [los comentarios] en general [me gustan]” y la de los que dicen no leerlos. Y una salida de pata de banco: “Nosferatu o es un pelota o el alter ego de Matías Uribe”. Ya sabes nosferatu: ¿habrá que mostrar la partida de nacimiento a este incrédulo?

Tema polémico: la moderación o no de los comentarios para evitar que salgan a la luz pública insultos, exabruptos, infundios y hasta amenazas veladas, que en algún caso han acabado en manos de abogados, contra el autor del blog o contra cualquier bloguero, algo consustancial a cualquier foro abierto por culpa, como comentaba en la entrada anterior, del anonimato, pero inadmisibles. Un 60% está en contra de esa moderación frente al 40%. No habrá pues moderación pero sí borrado –lo siento- de cualquier comentario que no se atenga a las más estrictas reglas del respeto y los buenos modales. Alguna vez habrá que poner vallas a este coto salvaje de la Red.

Como era esperable en un blog musical y tan específico como este, es ABRUMADORA la mayoría de lectores para quienes la música ocupa un lugar esencial e importante en sus vidas: un 74%. Para un 26%, ocupa un lugar normal, en tanto que nadie señala que no le interese. De todos ellos, un 66% se decantan por el pop y el rock como estilos favoritos, quedando en lugares apenas residuales la electrónica, el indie, el jazz o la música clásica. Entre el 23% que señalan otros géneros, obviamente hay de todo, desde la americana al blues, el heavy, el folk, el reggae, la salsa, la música latina, todos, “la música de ahora, el pasado ya ha pasado”, las nuevas tendencias, R&B, ‘el zaragozano’ (sic)…, pero el mayor número de señalamientos (9) apunta al rap. Mal lugar han elegido estos últimos para satisfacer sus gustos musicales.

Igualmente, ese 74% que procesa la música como esencial en su vida unido al 26% que la consideran como normal entre sus preferencias eligen a Los Beatles como grupo favorito o de cabecera con un 38% mientras que Bunbury se lleva un 10% y Springsteen es el más señalado, con 9 votos, entre el 40% que elige a otros artistas predilectos. También hay unos pocos votos para Héroes del Silencio, los Rolling Stones, Led Zeppelin y Pink Floyd. Solo un señalado de última hornada: The Nacional.

Asimismo, la década preferida es la de los setenta, con un 47%, pero sumando la de los sesenta, setenta y ochenta, el porcentaje asciende al 80%, recogiendo la de los 90 un 15% y las de los 2000, solo un raquítico 5%, lo que indica claramente el peso de la música del pasado en los gustos de los encuestados. Item más: Los Beatles ha sido el grupo/artista seleccionado como más grande de todos los tiempos, con un 56%, dejando muy atrás a todos los predeterminados como elegibles, no digamos a las opciones personales, donde desde Bach a Springsteen, Queen, U2, Pink Floyd, Led Zeppelin… hay una amplia panoplia de nominaciones, pero muy lejana a ese 56% de los Fab Four.

¿No habrá que considerar que finalmente, vistos estos resultados, este es un blog para viejos, como censura algún dilecto adversario? No le daré la razón en absoluto al malévolo inquisidor: el buen gusto, la excelencia, las grandes obras, no son materias medibles por la edad sino por su calidad. Hay gente joven a la que le encantan viejos grupos, y en el blog, como ya he recalcado más de una vez, lo mismo se habla del pasado que del presente. Por otro lado, la tónica de los datos de la encuesta no se aparta de otras encuestas mayores realizadas por el Rolling Stone americano en las que el pasado se impone abrumadoramente sobre el presente. Dato para abrir un interesante debate sobre si la música de hoy está en crisis, es peor o tiene poco que hacer frente a las grandes figuras del pasado. Lo abriremos.

La valoración y estima de la música actual aragonesa no sale muy bien parada. Un 35% ve el panorama muy bien o bien, mientras que el resto, un 65% lo ve entre regular, malo y muy pobre. Hay muchos grupos y mucha variedad, y uno piensa que en algunos hay gran calidad, pero, como confirma la siguiente pregunta de la encuesta, no hay tan apenas un grupo o solista que pueda llegar a la altura de la proyección de Héroes, Bunbury o Amaral. Un 87% en total así lo detecta, en tanto que entre el 10% que afirma que sí, se señala a Tachenko, Hotel, María José Hernández, Cuti, My Expansive Awareness, Calavera, Ana Muñoz, The Sustanciaus, Carmen París, Krisenka Finley, Patricia Destoky, Big City, El Polaco, Minerva, La Ronda de Boltaña, Rapsusklei, Las Novias, Angelitos Negros…, y algun cachondo hasta resucita a Buñuel. Otro sentencia: ¿Qué más da? Importa que tengan calidad. ¡Qué obsesión!”.

Lo de la copas con un artista, pues ahí está: Ramoncín. El rey del pollo frito, tan denostado y criticado, es sin embargo el artista con el que personal (un 25%) señala que le gustaría tomar una copichuela, antes que con Sabina (12%), Bunbury (16%) y Amaral (15%). En el 30% que ha señalado otros personajes musicales, la selección es tan extensa que solo hay tres coincidencias en dos: Kase O y Santiago Auserón. El resto es tan disperso que cuesta listarlo, aunque los dos freakies que han elegido a Frank Sinatra y Goya o han venido del más allá o tendrán que esperar unos años o décadas hasta que los vean por ahí arriba. Supongo.

Un 57% lamenta que los DJs hayan sustituido las actuaciones mientras que un 41% piensa que no es así. Opiniones, pero que le pregunten a los músicos a quienes, incluso los grandes y las mismas orquestas, cada vez les cuesta más ligar un bolo en fiestas y verbenas. Un tipo poniendo discos en una discoteca móvil llena un montón de horas de fiesta, la gente baila y a los ayuntamientos les sale baratísimo, ¿para qué gastar dinero, y más ahora que no hay? En cuanto a los grandes estrellones de la electrónica de masas sería cuestión de abrir otro debate que daría mucho juego, seguro. Por cierto, he detectado con asombro que, al hilo de los discos, se está implantando en fiestas y sesiones escolares una vieja fórmula, la de ‘Escala en HI-FI’, o sea, gente suplantando a los artistas, haciendo sus gestos y moviendo los labios entre coreografías varias mientras suenan las canciones originales. Ya puestos, no es mala idea. A ver si no quién puede contratar en el pueblo o en el cole a Madonna, Michael Jackson o Shakira…
Remataré esta larga entrada más adelante.

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Acotaciones a la encuesta (1): ¡ay, los anonimatos de Internet!

Obligatorio resulta, en la ya sobada y cursilona rentrée otoñal, un análisis de la encuesta con la que despedía el blog en los inicios del verano. Han sido una media de unas 200 personas las que han contestado cada una de las 25 preguntas propuestas.

No está mal esta media aunque a priori parezca escasa, es cifra aceptable para una encuesta de este tipo en un blog, por lo que se pueden extraer conclusiones no contundentes pero sí orientativas que merece la pena comentar. Los seguidores del blog, según revela la primera pregunta, son abundantes, un promedio muy alto, aunque, por los datos internos de administración del blog, son muchos más de los que revela la encuesta quienes la han leído (más de 4.000 visitas), pero no todos tuvieron la paciencia y el ánimo necesario para responderla. Esos adictos, casi el 15%, debieran hacérselo mirar –el veneno ‘uríbico’ mata-, pero en todo caso muy agradecido. Básicamente un 80% lo sigue con cierta asiduidad, lo cual, ya digo, no está mal.

Los textos generales del blog, o sea, lo que un servidor comenta y opina, con un 63%, es lo que más interesa del blog, pero no conviene olvidar ese 23% de fans amaralianos pendientes de la pestaña dedicada a Eva y Juan. Su espacio cuenta con fans de muchos quilates, gente respetuosa, muy bien informada y ‘maja’, como se dice por estas tierras. Es un honor haberles abierto este pequeño rincón.

Era difícil encontrar unanimidad absoluta sobre una entrada favorita, máxime al ser tan variadas y abundantes, más del medio millar, y muchas haber caído en el olvido después de más de cinco años de la apertura del blog. Por cierto, petición de ayuda tecnológica: me gustaría encontrar la manera, o sea, el widget adecuado, que me permita listar las entradas en la columna de la derecha del blog, como veo que aparecen en otros blogs, pero no he dado con él. ¿Alguien puede echar una mano?

De todas formas, la de ‘Los discos de mi vida’ se ha llevado la palma con un 40%. Fue una entrada que tocó fibra sentimental y por ello, quizá, la siguió tanta gente, más de 10.000 lectores. Entre el 22% que dan otras entradas diferentes a las propuestas son muchos los que no recuerdan –ay, ese imperioso widget- y se repiten las de Héroes-Bunbury, Springsteen, Lana Del Rey y Siouxsie. Y no faltan cuatro protestones: “Son basura”, “son para viejos”, “no leo a viejos”, “este hombre escribe como la vieja escuela”… Vaya, The War On Drugs, Cage The Elephant, Wooden Shjips, Fauns, Dum Sum Girls, Wairpaint, Amy Ray, Bardo Pond, Naam…, por citar algunos nombres últimos que han pasado por el blog, como le refrescaba la memoria a un replicón, son unos viejos… Y la juventud como valor intrínseco, el ‘edadismo’ como simple blasón inquisidor para descalificar, qué desgracia. Afortunadamente son más (un 38%) los que aquí encuentran mucha información musical y entretenimiento (un 33%), objetivos básicos del blog.

El personal echa en falta más géneros como el heavy y el rap (43%) –lo siento, este no es su sitio, sobre todo en el segundo estilo- y también pide un mayor respeto en los comentarios (13%), con razón porque a veces a alguno se le va la mano no solo desacreditando sino hasta insultando. Es lo malo del anonimato de Internet. Seguramente que esa gente no opinaría lo mismo o no soltaría esos exabruptos con nombre, apellido y foto. De hecho, me lo he planteado, aunque sea una iniciativa inédita y loca en la Red y me quedara medio solo. No importa, pero si yo doy la cara, ¿por qué no los demás? ¿Entablan los anónimos tertulia con desconocidos en un bar o en la calle para insultar? Algún día, espero y deseo, se acabarán estos foros de gentes con la cara tapada.

Por cierto, entre el 25% de gente que opta por otras opciones en esta pregunta hay quien pide que la gente se quite la careta, aunque la que abrumadoramente se repite es la que “está bien como está”. Se agradece. También se reclaman más entradas semanales (¡ufff!), más críticas de discos e incluso que se edite la página de los sábados en el Heraldo. Hay también una freakada -“Más atención a la música barroca del sur de Italia”- y no falta la incisiva: “Hablar más ameno, no como un señor de 80 años”; vaya, curso obligado a la vista de guays, tíos, mola, tronco, cool… y demás sobados y vulgares vocablos modernetes.

Lo dejo aquí para no cansar. Sigo en otro momento sacando conclusiones a la encuesta. No, lo del ‘mitico’ post que alguien pide sobre la música de las fiestas del Pilar, lo olvido. Me rindo. Mientras siga gobernando esta panda de inútiles, no hay remedio. Es estrellarse contra un muro.

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Encuesta fin de curso y despedida

Toca una temporadita de holganza. Llegado el verano en profundidad, que ya le ha costado, al menos por tierras aragonesas, dejo esta última entrada del curso -y ya veremos si definitivamente la última- con una ‘breve’ encuesta para que no andéis ociosos durante las vacaciones. Veinticinco preguntas en total, seleccionadas de un total de casi un centenar, que pueden dar lugar a una radiografía certera de este blog y también de otros aspectos musicales interesantes.

Ánimo, aunque parezca un poco ladrillo, se contesta rápido. Además, no es necesario contestarla de una tacada, se puede tomar en pequeñas dosis, es decir, en varios días o semanas, porque en realidad cada pregunta es una mini encuesta.

Obvia decir que es completamente anónima y que no permite votaciones repetidas, el sistema las rechaza. O sea, que vota una sola vez y comprueba los resultados cuantas veces quieras. Igualmente si alguna cuestión quedó fuera de la encuesta y deseas manifestarla, tenemos, como es habitual, la sección abierta de comentarios al final de esta entrada para que comentes lo que te apetezca. Tu opinión, como sabes, siempre es muy importante en este blog.

A final de verano, comprobaremos esas opiniones y veremos si hay sorpresas o todo sigue su cauce normal y previsible. Buenas vacaciones y hasta septiembre (espero).


























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Los Héroes están muertos

En tiempo de holganza pero vigilante ante la actualidad y con la vista puesta permanentemente en el blog, como no podía ser menos, que para eso, como unos cuantos/as más, mi grado de interés por esta criatura alumbrada por un servidor es adictivo.

Saltan las alarmas en el mundo Héroes. El Heraldo de hoy abre su sección de Cultura con una página en la que Bunbury confiesa ante los medios norteamericanos que “siente que ha llegado el momento de retomar las canciones de Héroes del Silencio” (ver las declaraciones completas en el diario) y se monta el revuelo. Lo que muchos fans de Héroes siguen esperando como agua de mayo desde 2007, o sea, el retorno del grupo zaragozano, podría producirse en un futuro próximo, a tenor de las palabras del cantante…

No se hagan ilusiones. Héroes están enterrados de por vida. La gira de reunificación del 2007 lejos de cicatrizar las heridas que habían quedado abiertas tras la disolución del grupo en 1996 quedaron aún más abiertas, sangrantemente más abiertas. El mismo Bunbury hace unos meses bromeaba en el Heraldo y en este blog sobre esa posibilidad de nueva reunificación, afirmando que estaría encantado de ver a sus compañeros en una merienda pero no tocando juntos. Los otros tres seguramente dirían que ni para eso, tales fueron las turbulencias que dejó atrás aquella gira de hace siete años.

Bien es verdad que el futuro no está escrito y que todo podría ser, pero habrían de ocurrir “sucesos extraordinarios”, rememorando ‘El Quijote’, para ver de nuevo a los cuatro Héroes sobre el escenario y no digamos en un disco nuevo. Por ejemplo, que corra el dinero, y en abundancia, como ya ocurrió en 2007.

Lo que Bunbury está avanzando sobre sobre su futuro musical es, en cierta forma, una consecuencia natural de su evolución como músico. Empezó rockero y rockero quiere seguir, pese a esos quiebros mediterráneos y demás florituras latinas que ha ofrecido a lo largo de sus 30 años de carrera.

Recuerdo que al final del concierto de The Who en Zaragoza, en 2006, me lo encontré a la salida del pabellón Príncipe Felipe. Charlamos unos minutos y, vista la energía rockera desplegada por Pete Townshend y compañía en el escenario, le espeté en plan irónico: “El rock está en manos de los abuelos”. A lo que me respondió secamente: “Yo siempre he hecho rock”.

Y aquí está la clave de esta reciente declaración de intenciones de Bunbury en el futuro inmediato. Como es habitual en él, estará removiendo el cerebro y maquinando nuevas líneas de trabajo para su próximo disco; líneas, intuyo, que le van a llevar no a resucitar a Héroes en vivo o en disco, sino, después de un ‘Palosanto’ balsámico y sereno, a lanzarse por un camino más agitado, por el del rock, el pop y la electricidad. O sea, por el de sus orígenes. No es el primer artista que lo ha certificado, pero los Héroes, lamentablemente, están muertos.

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Esta sí es Lana Del Rey

Alabada y denostada, me coloco sin dudar del lado de Lana del Rey; eso sí, siempre que deje de meterse en musiquillas facilonas como las que, por regla general, sirvió en su álbum de debut, ‘Born To Die’. Lo contrario de lo que ha hecho en su nuevo álbum, ‘Ultraviolence’. Aquí la queríamos ver, bien lejos del pop-dance sintetizado de aquel disco, no embarrándose en el infecto solar sonoro del artisteo del llamado nuevo R&B por culpa de unos avaros e irresponsables productores que pensaron antes en el dólar fácil que en las exigencias de la integridad, camino para romper artistas nacientes como a un jarrón chino.

Sabiamente, y eso que, según dicen las malas lenguas, la neoyorkina tiene recalentada la mente al sol, ha razonado, se ha dado cuenta de la cueva de lobo donde la metieron y ha rectificado a tiempo (ya empezó, en realidad, con ‘Ride’ y las canciones de ‘Paradise’). Se ha olvidado de aquella producción infantiloide del primer disco, ha tirado por el pop limpio, desangrado de ritmillos facilones, carnaza de execrables canales televisivos engaña-adolescentes, y se ha mudado a un territorio sonoro en el que hay cuerdas, guitarras punzantes aunque lejanas, teclados, baterías naturales, unos intencionados ramalazos Badalamenti, detallismo… y, claro esa voz, que es todo un regalo celestial. Pop serio. ¡Bien!

No lo ha explicado con profundidad, pero se intuyen las dificultades e incertidumbres por las que ha debido pasar para dar forma final a este segundo álbum (tercero si se considera como independiente la reedición de ‘Born To Die’ con temas extras, es decir, ‘Paradise’). Hubo un momento en que confesó públicamente que estaba absolutamente bloqueada y que no sabía si iba a sacar adelante el disco. Habló incluso de retirarse.

Las dudas unidas a un acentuado carácter depresivo, que incluso le ha llevado a cantar frases como ‘ojalá estuviera muerta’, apostillada en The Guardian con su declarada devoción por Kurt Cobain y Amy Winehouse por el mero hecho de estar muertos –aunque luego ha rectificada por petición de la misma hija de Cobain y Courtney Love-, conforman el contexto en que se ha grabado este álbum. Lejos de infantilismos sonoros aunque eso sí, depresivo en volumen y marco atmosférico.

Todo el disco es una letanía de música monacal, valga la sincrética y metafórica definición. Once canciones de una lentitud mayestática y de un canto hundido en la bruma. ¿Negativo? Nada más lejos. En estos tiempos de ruido gratuito se agradecen escenas blancas y placenteras para el ánimo como las que ofrece Lana del Rey. Bien es verdad que en este disco podría haber buscado un poco más de variedad, salir en algunas canciones de ese ritmo perezoso y casi asfixiante que lo inunda, pero, en fin, solo por oírla encoger y estirar su virginal voz por estas canciones, ya vale su peso en oro esta letanía.

Dan Auerbach, de Black Keys, ha sido el conductor y el artífice de que Lana no se quedara en el pozo musical y anímico en que se encontraba. Cuando la conoció y esta le pidió ayuda, regrabó al completo el disco que ya tenía medio finalizado, parece que con los mismos productores de ‘Born To Die’, o alguno de ellos. Y en buena hora. La mudanza de terreno sonoro ha sido tan positiva como fructífera y deseada por quienes vemos en esta cantante a una artista con talento –además de cantar, ha compuesto casi todas las canciones- y a alguien más que una integrante del paquete de chicas epidérmicas.

Lana Del Rey ha hecho un disco más bien otoñal, pero vendrá bien para las noches estrelladas de este verano. Canciones como ‘Cruel World’, ‘Ultraviolence’, con esas raras frases farfulladas en castellano –“yo soy la princesa…”-, la excelsa ‘Shades Of Cool’, todo un recital de elasticidad tímbrica vocal, ‘Sad Girl’, ‘Money Power Glory’, ‘Old Money’, basada en el tema de amor de ‘Romeo y Julieta, de Nino Rota y popularizado vocalmente por Andy Williams y Johnny Mathis, entre otros, como ‘A Time For Us’, si no es un plagio descomunal, o la versión de ‘The Other Woman’, arrancada del repertorio de Nina Simone, son los galones mayores de este álbum que luce tristón pero, ya digo, que es una joya vocal. Era el camino esperado y obligatorio por el que esta sensible cantante debía caminar, no por el de las spears, gagas y compañía. A ver a donde conduce en el futuro. Por cierto, que se está hinchando de números uno en varios países, España entre ellos, asentando su papel de fenómeno mundial.

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Llegan los Rolling con un telonero, Leiva, que les ha pegado una patada en el culo

Llegan los Stones hoy miércoles al Bernabéu, con todas las entradas vendidas en un santiamén hace un par de meses y con toda la expectación que despiertan pero realmente sin la más mínima sorpresa escénica o musical: un concierto de Jagger y compañía es tan previsible como el día y la noche. Tocarán bajo un gran aparato de luces y pirotecnia tecnológica y abordarán un repertorio lleno de clásicos que repiten una y otra vez y al día siguiente otra vez porque saben que eso es lo que quiere el personal y para qué molestarse.

Por no grabar, ya ni graban discos. El mismo Jagger se ha dado por rendido. “Para qué grabar si luego en los conciertos nos piden las mismas de siempre”, dijo quitándose el muerto de encima cuando sacaron el recopilatorio ‘Grrr!’, con dos únicas canciones nuevas, en vez de un álbum nuevo, que era lo que tocaba. Quiere decirse que vistos una vez los Rolling, es más que suficiente para saber lo que se cuece en sus directos, lo que no quita para que siga apeteciendo volver a verlos cuantas veces apetezca y sea posible, que obviamente cada vez se van recortando las posibilidades. Porque esa es la gran sorpresa y la grandeza vital de sus Satánicas Majestades: su permanencia en plena forma en los escenarios, con un Jagger ya convertido ¡en ‘bisabuelo’! y todos pisando el acelerador a los 70 años ante públicos masivos. Esto es lo increíble. Una hazaña rockera sin precedentes y puede que sin sucesión.

Claro que lo increíble, y quizá esa sea la sorpresa en Madrid, aunque exógena al grupo, es la del telonero, Leiva. Manda huevos, que dijo Trillo. Corre por la red un vídeo en el que el ex de Pereza le pega una patada en el culo a los Rolling, acusando a Jagger de ‘profesora de fitness’ y a sus conciertos de ‘parques temáticos’ a la vez que asegura que se tenían que haber separado hace muchos años. Esto es lo que dijo textualmente a la web hereunidoalabanda.com cuando le preguntaron por la banda que debía separarse:

“Indudablemente hace muchos años creo que lo deberían haber hecho los Rolling Stones. Tendré muchos detractores diciendo esto, pero bueno, que Mick Jagger parece una profesora de fitness y que es muy joven en el escenario está bien. Pero que hace años que tendrían que haber parado de girar, por lo menos. Grabar discos me parece interesante que alguien diga “voy a seguir investigando” y creo que con 60 y 70 tacos se pueden contar cosas interesantes, pero creo que los Stones hace años que deberían haber dejado de girar. Creo que la gira ‘Voodoo Lounge’ con Black Crowes de teloneros yo les vi y tal, y ahí que era un cartel muy potente ya piensas “joder, ya basta, ya tenéis que parar esto, habéis hecho todo lo más increíble que se podía hacer, ¿qué más queréis?”. Creo que están ahí porque Keith ya no puede estar en casa y se pone nervioso pero un concierto de los Rolling Stones tiene más que ver con un parque temático que con un show de la banda que todos queremos que sea”.
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Bien, es una opinión, como todas, respetable. Pero, después de haberles pegado la patada, ¿es de recibo que acepte tocar de telonero en ese ‘parque temático’? ¿No resulta impropio que, según el comunicado de Doctor Music, Leiva esté como un niño con zapatos nuevos porque “se va a meter en la cocina donde se guisan las grandes canciones de la historia”? Suena a incongruencia total, pero allá cada cual con su pasado y sus actitudes. A ver cómo afronta la situación ante Jagger -esto, Mick, ejem, yo lo que quería decir es que…-, aunque seguramente ni tendrá acceso a él, y sobre todo cómo reacciona el público, que se ha gastado una pasta y no poco esfuerzo en conseguir una entrada, ante alguien que ha roto a sus ídolos. Interesante tarde-noche la de hoy en Madrid.

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Imelda May, un rayito de rock’n’roll en Pirineos Sur (hora era)

Buena noticia: Pirineos Sur abre un pequeño resquicio al rock’n’roll clásico y en general al rock, tan escasamente visible en sus carteles. Hora era. La nubarrina etno-africana imperante, al cabo de 23 ediciones, deja pasar este año un rayito de música de cuño cincuentero, cual es el de Imelda May, lo que no deja de ser sorprendente en un festival aparentemente plurimusical y diverso pero en realidad sectario, muy constreñido a determinados estilos y nombres fijos a la vez que vetado a nombres, no de otra galaxia, sino bien cerca de aquí.

Aún recuerdo, por ejemplo, la amargura con que Mauricio Aznar me contaba sus intentonas para que le hicieran un hueco en el cartel cuando ya ejercía de ‘trovero argentino’, cosa que nunca consiguió. “Me voy a tener que poner un tanga y pintarme de negro para que me contraten”, se me quejaba con resignación y con su sorna habitual. Dicen las malas lenguas que si algún día se hurgase en las tripas de esta cita pirenaica saldrían cosas un tanto inexplicables y hasta impactantes. Dejémoslo ahí. Si alguna de esas malas lenguas quiere moverla públicamente, hágalo aquí, o donde crea conveniente, y si no calle para siempre.

Y vayamos con Imelda May, que actuará el próximo 11 de julio, en su segunda visita a Aragón, tras pasar, hace unos años, en 2010, por el tristemente desaparecido festival Luna Lunera de Sos del Rey Católico. Con una imagen especial y unos discos marcados por el rockabilly, la irlandesa ha logrado el éxito mundial. Tiene nuevo LP, ‘Tribal’, que le ha puesto de nuevo en marcha tras su maternidad (está casada, por cierto, con el excelente guitarrista de su grupo).

Hay gallineros familiares que son verdaderas bibliotecas musicales: un pisito, por ejemplo, con dos habitaciones donde viven cinco hermanos obsesos por la música y cada cual con su rollo estético. Por ahí tiene que circular mucho aire caliente y estimulante. Ejemplo vivificado de esta situación: la familia irlandesa de los May, los padres y cinco hermanos dándole todo el día al play. Un gallinero, sí, pero un lugar fantástico para impregnarse de estilos y canciones a porrillo. Si encima, eres la pequeña de la saga, mimada y con ventaja para tomar prestado conocimientos de los hermanos mayores, no extraña que Imelda May decantara su vida profesional por la música. A los 16 años, en 1990, ya era profesional y a los 29, en 2003, tras patearse decenas de clubs y ejercer de cantante en espectáculos de burlesque, publicaba su primer disco.

En casa había escuchado de todo, pero fueron el punk, el jazz y sobre todo el rockabilly los estilos que más le tocaron. El día que uno de los hermanos la llevó a una tienda a comprar un grandes éxitos de Billie Holiday lo tiene guardado en la memoria como uno de los días más importantes y decisivos de su vida: quería cantar lo mismo que aquella desgraciada dama de voz excelsa. Solo que el popurrí mental la llevó finalmente y fundamentalmente al rockabilly, a la música de los cincuenta, sus peinados, sus coches… Y en este terreno, con desvíos hacia el blues, el soul y el jazz, sigue moviéndose como una verdadera anguila. Tras ‘No Turning Back’ (2003), ‘Love Tattoo’ (2008) y ‘Mayhem’ (2010), acaba de publicar su cuarto y magnífico álbum, ‘Tribal’, en el que de nuevo aflora la música de aquella década mezclada con subrepticios chispazos punk, evocaciones dolientes a Billie Holiday, lloroso glamour a lo Rita Hayworth y baladas de cuño Gene Vincent (‘Little Pixie’).

¿Revivalismo? No se le nombre vocablo semejante a Imelda y, en general, a cualquier devoto de los cincuenta so pena de recibir un exabrupto. Es música tan actual como cualquier otra desde el momento que acaba de salir de fábrica y desde el momento que hay mucha gente joven y no tan joven que la practica y la disfruta. ¿O Mozart o Los Beatles, por nacer cuando nacieron, son reliquias? Imelda tiene 39 años, una timbrada y rabiosa voz y un tirabuzón rubio incrustado en su tupé moreno que la distingue. Es la marca estética de su frondosa música rockabilly. Llegará a Pirineos Sur al día siguiente de cumplir los 40. Felicítenla los que puedan por su cumple y por sus muchos méritos musicales.

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Rival Sons, hijos de los setenta

Vámonos con los Zeppelin, los Purple, Bad Company o incluso los Black Crowes o Pink Floyd…, que por ahí pisan Rival Sons, californianos, con un cantante primo hermano de Robert Plant y con cuatro álbumes en su haber, el último recién aparecido: ‘Great Western Valkyrie’.

El grupo editó su primer disco en 2009, conjugando básicamente el rock con el blues y el baladismo, haciendo, por resumir, hard-rock clásico y declarándose hijos de los setenta y especialmente de los Zeppelin (bueno, no lo hicieron públicamente, que yo sepa, pero estaba claro de donde venía su genética). Desde entonces se han chupado un montón de festivales y giras por los USA y Europa (Azkena incluido) y han teloneado a AC/DC, Kiss, Alice Cooper, Kid Rock, Evanescence, Eagles Of Death Metal, Sammy Hagar…

Al igual que los Zeppelin, una de sus virtudes, aunque sin llegar a entrar en el folk tan profundamente como hicieron Plant y compañía, es el equilibrio que mantiene entre energía y serenidad, echando mano, cuando hace falta, de las guitarras acústicas, si bien, naturalmente, la eléctrica es el puntal básico de su sonido, con unos solos flamígeros. Su reciente cuarto álbum es un buen espejo de lo que señalo. En el disco, que poco a apoco se va ralentizando, hasta finalizar con la solemne y psicodélica ‘Destination Of Course’, hay huellas también de Bad Company, o por mejor decir del modo de interpretar de Paul Rodgers (‘Where I’ve Been’), de los Floyd (la mentada ‘Destination On Course’), y de los Purple (basta escuchar el inicio de ‘Secret’, con la cabalgada de órgano y ritmo, para evocar enseguida el ‘Highway Star’ del Machine Head’ cruzado con los Zeppelin).

Enseguida se planteará la eterna cantinela de si son meros revivalistas y, por tanto, la conclusión por parte de algunos de su carencia de interés, dado que lo suyo ya lo han inventado otros mucho antes. Allá cada cual con sus percepciones y opiniones, pero si se tira mucho de este hilo igual se deshilacha la historia misma del rock y hasta de grupos como Los Beatles, ¿o es que estos no ‘fusilaron’ en sus inicios el rock’n’roll primitivo o el R&B de los cincuenta? No digamos los Rolling. Pues eso.

Disfruten quienes les gusta el guitarreo y el rock setentero y no le miren en exceso el diente al rocín: este cuarto álbum es un gozo para viejas y nuevas generaciones rockeras (menuda vibra la de ‘Secret’). Y atención a los cinco bonus, tres de ellos en directo, del disco: fantásticos. Sí, qué lejos quedan los setenta, pero qué necesarios y estimulantes siguen siendo.

El primer vídeo del último álbum:
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¿Es esta la foto panorámica del pop zaragozano actual?

Zaragoza feliz¿Es esta la foto panorámica del pop zargozano actual? Veamos los precedentes en vinilo editado en Aragón, porque en vinilo se ha tirado la foto. En 1984, el sello Soñua mostró el escaparate de ‘La Movida rockera de Huesca’ (así se llamaba el LP). Aquel mismo año, quién lo diría, las Cortes de Aragón pusieron en la vitrina los nombres más destacados del folk. Dos años más tarde llegó un maxi, se diría de culto, con la revista Menos 15. En 1987 Huesca volvería a exhibir sus jóvenes talentos rockeros por mediación de la discoteca Energy así como a los pop a través del LP ‘Savia nueva’. Y en aquel mismo año Ondas Divididas recogió lo más sobresaliente del concurso Expresión Joven de la DGA en sendos álbumes dedicados al pop y al rock. También aquel 1987 se editaron dos álbumes sobre ‘novísmos’ más que notables: ‘Sangre española’, de la mano de Cachi y Radio Zaragoza, y ‘Monegros’, invención de Mariano Chueca.

Era esta una fórmula para promocionar y dar a conocer grupos incipientes de los ochenta, fórmula que expandió con éxito, en 1985, el sello DRO y su doble LP ‘La única alternativa’, en el que aparecían, los desconocidos entonces, Duncan Dhu o La dama se esconde. Luego murió el vinilo, y aunque en 1993 se editó el álbum ‘A gritos’, el invento desapareció en los 90 (insisto, en vinilo).

Ahora, el colectivo ‘Zaragoza felizfeliz’ ha retomado aquella iniciativa y acaba de poner en la calle un LP (en vinilo, of course) con once nombres que sus promotores consideran que conviene no perderles la pista. A saber: Ana Muñoz, Calavera, Nosequé y Los Catalíticos, El Gol de Nayim, My Expensive Awareness, El Brindador, Pol Pot, Maybe Boom, Underdogs, The Fractal Sound y Kim Fasticks. Algunos, ya conocidos, y otros, al menos para quien suscribe y supongo que para muchos de quienes leen estas líneas ahora mismo, completamente anónimos. Y, como es natural, la variedad impera: desde el pop límpido de Ana Muñoz, que abre, hasta el folk minimalista de Kim Fasticks, que cierra, el abanico se abre a la electrónica, el garaje, el pop, la psicodelia…

Músicas y nombres con sustancia. Aceptables canciones, aunque nadie ose ver el álbum como una fotografía panorámica y fidelísima de la música aragonesa actual en conjunto. Del plano, como es natural, se escapan decenas de grupos, tal es la cantidad imperante por estas tierras. O a lo mejor, hay quien sí lo ve así: un reflejo perfecto y fiel de la música zaragozana del momento, de eso tan cursi que algunos llaman ‘grupos emergentes’. Puede, pero a mí me faltan muchos nombres para completar el mapa.

Lo que sí resulta encomiable es la iniciativa y la valentía de sus propulsores. Una señal más de que la música aragonesa sigue en perpetuo movimiento. Otra cosa es lo que depare el futuro a estos elegidos. A lo mejor, nada, a tenor de cómo están los tiempos de duros y complicados, pero ahí se muestran para quienes quieran echar una ojeada rápida a la ‘Zaragoza feliz’ de hoy.

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Neil Young, desde la cabina

No es el primero, pero a su edad y con todo lo que ha quedado detrás, otro capricho de los que muy pocos como Neil Young se pueden dar. En esta ocasión, como hace no mucho hizo Pat Metheny con su ‘orchestrion’, el canadiense se ha puesto tecnológicamente retro. Su nuevo disco, ‘A Letter Home’, está grabado en una cabina de los años cuarenta.

¿Que qué era eso? Difícil conocerla de cerca porque este tipo de tecnología sonora de grabación nunca llegó a España ni nada se supo de ella, incluso sonaba a ‘marcianada’ cuando uno leía las primeras biografías de Elvis. Sin embargo, en la América de finales de los cuarenta y principios de los cincuenta, era algo común, de la misma manera que en España, y muchos lugares del mundo, se implantó después la sinfonola.

La cabina de grabación era eso, una cabina parecida a una telefónica, un poquitín más grande, en la que por unas monedas cualquiera podía grabar su voz directamente en un vinilo y si se dominaba un instrumento acompañarse de él. Exactamente lo que hizo Elvis, metiéndose en una de aquellas cabinas y sacando un disco de regalo para el cumpleaños de su madre. Lo bueno es que allí estaban Sam Phillips y su secretaria para palpar de inmediato que aquel chico tenía porvenir en el mundo de la canción. Y vaya si lo tuvo.

Es lo mismo que ahora ha hecho Neil Young, un aficionado a todo lo vintage (colecciona coches antiguos, trenes, armonios…), casi setenta años después de la irrupción de aquel invento. El impulsor o culpable de esta ‘marcianada’, en cierto modo, ha sido Jack White, otro devoto del cacharreo y de revolotear por el pasado pese a su cuño de ‘moderno’. White –dicen- cuenta en Nashville con un magnífico estudio de grabación, Third Man Records, en el que además hay una tienda de discos, y allí ha instalado una cabina del año 47, marca Voice-O-Graph que encontró, parece ser, en un anticuario. Neil Young, que comparte con él aficiones tecnológicas del pasado y del presente, la conoció y no dudó en empuñar la guitarra y meterse a grabar un puñado de canciones de una tacada, todas ajenas, y todas antiguas, algunas de ellas de las que escuchaba en su adolescencia y juventud en su casa de Winnipeg, en Canadá . Y de ahí ha salido este disco.

Obviamente, si es por calidad sonora, suspenso total. Las versiones de Phil Ochs, Dylan, Gordon Lightfoot, Springsteen, Everly Brothers, Bert Jansch, Willie Nelson, Tim Hardin… suenan a castaña pilonga, con un recorte de frecuencias que ni de carnicero, y por supuesto, con los clicks propios del vinilo, pero, sin embargo, mantienen el esplendor emocional de siempre. Es el Loner sensible, jugando al papel de trovador intimista desarrollado en discos como ‘Comes A Time’, el que vuelve a estas canciones, salvo en la inicial, en un guiño a Elvis, en la que se dedica a mandarle un largo mensaje hablado a su madre difunta, algo que repite más brevemente en ‘Reason To Belive’, evocando la casa donde vivía en Winnipeg, en la Groosvenor Avenue, y donde en un tocadiscos Seabreeze escuchaba a sus primeros ídolos.

En todas se acompaña a la guitarra acústica y a veces añade la armónica, que ocupan poco espacio físico para meterse en la cabina –bueno, en un par de ellas Jack White también se metió en el estrecho habitáculo a hacer voces-, aunque hay un trío –‘Reason To Believe’, ‘On The Road’ y ‘Since I Met You’- en las que suena un piano. Einnnn… ¿entró un piano en la cabina? Imposible, lo cual hace pensar en un añadido tramposo, algo contrario a la religión del primigenio ‘do it yourself’ de las grabaciones.

En todo caso, si uno se abstrae del sonido, aunque resulte difícil, es para disfrutar, si bien está claro que este es un artefacto exclusivamente para fans del canadiense de oro. Son caprichos de una estrella pero no aptos para consumo en todas las casas. Ya digo, el sonido es del pleistoceno. Y entretanto, peleándose con el Pono… Genio y figura.

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Días de fútbol… y música

Ayer empezó el Mundial de Fútbol Brasil 2014. Lo voy a pasar pipa. Aunque alguien se sorprenda e incluso me abofetee, soy un fervoroso aficionado al pelotón. Me gusta desde chico en que, con diez años, estando interno en un colegio, me escapaba a comprar el Marca en un quiosco de la plaza Castilla de Madrid. Con ‘La Marca’, que años más tarde diría un profesor ‘muy elevado’ y que nos repetía “no lean La Marca ni El Caso” para sacarnos de la burricie, eché, como quien dice, los dientes periodísticos y mi fervor también por el periodismo y los periódicos, que siempre devoré. Mi ilusión de crío, síiiiiii, era convertirme en periodista deportivo, lo que, para alguno de los que me mandan al pudridero, hubiera sido un gran alivio, pero mira…, el tiempo me llevó a donde me llevó y aquí seguiré.

Digo que me lo voy a pasar pipa, pero con comedimiento. Me gusta el fútbol, pero el de alto nivel, el de los mundiales, los europeos, la Champions, los enfrentamientos Barça-Madrid… De ahí para abajo, ya la cosa decae mucho –vamos que un Betis-Levante, por decir algo, y con todo respeto, no me atrae- y por tener, ni tengo equipo favorito y menos aún soy hooligan de nadie. Aunque no lo parezca, me ocurre igual con la música. Me gustan centenares y centenares de discos y grupos, pero no me rompo los dientes por nadie, no ‘idolatro’ a ningún becerro de oro, no milito en facción yihadista alguna. Item más: si aquel grupo o solista que tanto me gusta, y a mi parecer la pifia en un disco o en concierto, pues lo reconozco y si es necesario, a la hora de escribir, lo digo y punto pelota. Es lo mismo en otros aspectos: fundamentalismos fuera.

Excusas por esta perorata previa, pero es que ya ando subido en la nube del mundial. Ayer ganó Brasil de forma bochornosa, y a ver cómo le va a la selección española hoy frente a Holanda. Me espera una placentera indigestión futbolera. Y me parece que no soy el único dentro del terreno musiquero. Escurriendo la memoria, me vienen un montón de conexiones entre música y fútbol, infinitas y desde los más diversos ángulos.

Por remontarme a tiempos lejanos, recuerdo al primero en mi memoria, a Rocky Kan, que hizo una trepidante elegía en 1961 en una de sus canciones: “Gol, gol, gol, rock’n’roll del fútbol, así grita la afición hasta enronquecer al ritmo del rock’n’roll”. Bien es verdad que Rita Pavone y Gelu, le pegaban un punterazo a tan desatada afición. “¿Por qué, por qué, los domingos por el fútbol me abandonas…”, recriminaban agriamente a ritmo pop a sus maridos/novios.

De nada sirvió. Música y balompié se han cruzado, casi con forofismo, en no pocas ocasiones. The Wedding Present debutaron en 1988 con un gran disco de pop, entonces llamado C-86, dedicado al mítico extremo derecho George Best. En 1999 era Calamaro quien homenajeaba a Maradona en su álbum ‘Honestidad Brutal’ y a su vez el astro hasta cantó con Pimpinela. Housemartins, agobiados por el centralismo de la gran metrópoli, pusieron un título futbolero a su primer disco: London 0; Hull, 4, al que, más cachondos, los mismos Wedding Present respondieron con ‘Hull 0, Leeds 1’. Ricky Martín e Iggy Pop han hecho canciones en torno al fútbol. Ian Broudie, de Lightning Seeds, escribió ‘Three Lions’, la canción oficial de Inglaterra para la Eurocopa del 96, Zona de Obras editó un CD con 27 canciones futboleras. Mendieta era un forofo musiquero (Pixies y Velvet en especial) como lo es Xavi Alonso. Rod Stewart, en sus años mozos, durmió a las puertas del Nou Camp en busca de una oportunidad. Julio Iglesias, de tanta ‘cantada’ como portero reserva del Madrid, acabó cantando de verdad, yeah.

El caso inverso lo corrió el Mono Burgos, quien después de grabar varios discos y dejar definitivamente el fútbol, quiso convertirse en estrella del rock. Algo que también han intentado y conseguido a medias tres futbolistas de las divisiones inferiores del Madrid bajo el nombre de Pignoise. En los 80, Julio Alberto, del Barça, grabó un disco con el título de ‘Medianoche en Moscú’.

New Order dicen que escribió la mejor canción futbolera de todos los tiempos, ‘World In Motion’, Tachenko hacía alusiones futboleras en su canción ’1986′, La Habitación Roja se equivocó afortunadamente componiendo en 2006 ‘Nunca ganaremos un mundial’, La Granja homenajeó a Eto’o, Elton John llegó a comprar un modesto equipo de fútbol, Morrissey es un forofo del Manchester United como Elvis Costello lo es del Liverpool, Mick Jagger de la selección inglesa, o Tete Montoliu lo era empedernidamente del Barça (sorpréndanse: a veces, hacía conciertos mientras con un auricular seguía un partido por la radio).

A James Hetfiel, de Metallica, se le ha visto enfundado en la camiseta española. Guardiola mentalizaba a su Barça de oro con el ‘Viva la vida’, de Coldplay. Un puñado de rockeros grabaron un disco con la canción ‘Born In England’ en apoyo a la selección inglesa para la Eurocopa del 2004. Los mismos jugadores del Madrid grabaron recientemente un vídeo con un nuevo himno que, según parece, va a poner a cien a los seguidores merengues en la próxima temporada. Como la canción ‘You Walk Alone’, de Gerry & The Pacemaker, convertida en himno, pone a los del Liverpool, que la entonan casi religiosamente.

En este terreno, el de los himnos, Plácido Domingo canta el segundo del Madrid, en tanto que Pilarín Lasheras ganó un concurso en los sesenta cantando y grabando un disco con un himno particular del Zaragoza, equipo al que Joaquín Carbonell le escribió otro, fuera del oficial. Como hizo Sabina al Atlético de Madrid… Claro que la mundial la montaron Queen: compusieron varias canciones de apoyo a la selección inglesa en el Mundial de España del 82, las incluyeron en su álbum ‘This Time’ y una de ellas, quién se lo iba a decir al difunto Mercury, la tantas veces oída, ‘We Are The Champions’, quedaría al poco como sello distintivo de euforia para celebrar un triunfo en cualquier competición deportiva.

No entro en la ingente cantidad de canciones simplonas, pero muy tarareables y eficientes para el fin perseguido, que se han compuesto para las ediciones de los mundiales. En este último, por la parte latina, no podía faltar Shakira. También Ricky Martin se ha unido a la fiesta. Aunque una de las cosas que más me llama la atención en los últimos tiempos es la inmensa nube de música que cae sobre los futbolistas. ¿Los ven que todos van con el coco encajonado entre unos grandes auriculares? ¿Qué música saldrá por esos cascos? Me gustaría saber lo que escuchan algunas estrellas, aunque hay quien asegura que nada, silencio, que es una forma para esquivar a periodistas y forofos…

En fin, que estamos ya en una nueva vorágine futbolera. Y lo siento por aquellos/as que no les guste. A mí me van las competiciones de alto nivel y las disfruto (en la tele solo, en el campo no gastaría ni un euro). Y no me tapo: ojalá gane de nuevo la selección española, pero me temo que va a ser tarea muy difícil. En cualquier caso, y de no ser así, tampoco me tapo, con tal de que no ganen la copa ni Argentina ni Brasil, me doy por satisfecho. Manías. Días de fútbol… y música, que el blog, pese al atracón que me espera, no va a cerrar. Y no me abofeteen por vicios tan insalubres. ¿Alguien más los comparte?

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Peabodys, psicodelia zaragozana

Esto huele muy bien. Son solo cinco canciones pero son tan nutritivas que saben a muy poco. Lo que puede dar de sí el correspondiente álbum… En Peabodys, trío zaragozano se refugia Patricia Destoky, la voz femenina de The Patinettes, gran grupo que a buen seguro ha sufrido una gran pérdida con su salida, al parecer definitiva, aunque eso –lo de la pérdida- se verá en el próximo trabajo de los ‘patinadores’, que creo andan en ello.

Patricia, gran voz rockera, junto a Alba Gorjón (Antihéroes), formaban dúo acústico desde 2010 aunque nunca grabaron disco alguno ni maqueta (creo). Es ahora cuando, tirando de la autoproducción y cantando exclusivamente en inglés, debutan en disco –‘Physicodelia- y en formato eléctrico junto al batería Francisco Gorjón y la dirección de Rafa Domínguez, que es todo un aval de garantía hoy por hoy en la música aragonesa. Además de producir y grabar en su estudio La Cafetera Atómica, Rafa (exguitarrista de INK y Bunbury así como alma mater de Guisante) ha colaborado en el disco, tocando la guitarra y el vibraslap, un raro instrumento de percusión –perdón por la ignorancia pero jamás lo había oído o no le había puesto atención- que consiste en una bola de madera y una pequeña base también de madera con dientes de metal dentro, ambas unidas por un grueso alambre metálico. Sobre esta base percute la bola. Por su parte, Patricia se hace cargo de la voz y la guitarra y Alba de la guitarra, la voz y, uhh, el viejo melotrón.

Fotografía en blanco y negro en la portada, pero mucho color musical en la galleta. El título ya aventura por dónde van los tiros: por la psicodelia entre Los Beatles, Syd Barret o Kaleidoscope, por evocar aproximaciones. Una psicodelia melódica y nada enrevesada que suena placentera y atractiva, lo que no quita para que, como sugieren esas ‘hy’ intercaladas del título ande impregnada en fuerza y determinación. Equilibrio de sonoridades que, con piezas como ‘One/44’, ‘Hollywood St.’, The Otherside’, ‘Stereo Lover (Dot)’ y la titular ‘Physicodelia’, redondean un EP al que yo recomendaría ponerle el oído atentamente. Escúchalo o descárgalo en bandcamp. Psicodelia física y diáfana. La ciudad sigue en movimiento.

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Rock documental y cine, compañeros distantes

Me da que los documentales rockeros no aguantan bien la gran pantalla. Dos semanas ha durado en la cartelera de Zaragoza la película documental ‘Tu voz entre otras mil’, sobre Antonio Vega. Un soplo comparado, no ya con los grandes éxitos de taquilla, sino incluso con los medianos.

No, el documental musical, pese a ese chispazo genial que fue ‘Searching For Sugar Man’ (mes y medio en exhibición), está reñido con la gran pantalla. Cuesta pagar una entrada y gastar dos horas en una sala de cine para que un grupete de amigos, periodistas, familiares y allegados cuenten las virtudes beatíficas de un músico, por muy ídolo que este sea. Sin ir más lejos, aunque con otros tintes, el también reciente ‘Springsteen & I’ fue flor de un día en las taquillas (vamos que duró exactamente eso: un día en el Palafox).

Al cine se va a ver comedias, romances, dramas, terror, películas de esas tan modernas de acción y mucho ruido que tanto gustan a la gente más joven, pero no a visualizar biografías de mártires del rock. Para eso está la tele, el deuvedé y antaño las cintas de vídeo.

Y no es una cuestión, afortunadamente, que afecte en exclusiva al documental musical. Es cuestión general, para cualquier tipo de género documental. Y si no, que los expertos cinematográficos hablen… Bien, hay que retroceder muchos años atrás, a 1969, para evocar aquel fenómeno que fue ‘Helga’, un documental educativo alemán para niños sobre el parto y el milagro de la vida. El coqueto cine Elíseos quizá no haya registrado llenos en su historia tan constantes como se produjeron entonces. Había colas a diario, como las había en todas las grandes ciudades españolas.

Colas ante un cine de Barcelona para ver 'Helga'

Colas ante un cine de Barcelona para ver ‘Helga’

Pero no se engañen las nuevas generaciones: el gancho no era el documental en sí. Era una consecuencia de la represión sexual de aquella España carpetovetónica y casposa: todo por unos genitales femeninos en la gran pantalla. Ni más ni menos. Para mayor exquisitez, el documental se pasaba en una sala de las llamadas entonces de ‘Arte y Ensayo’, donde solo se proyectaban películas ‘intelectuales’, para minorías selectas. Hoy ni dios aguantaría un documental como aquel en el batiburrillo ‘cultureta’ de La 2.

En realidad, por así decir, la época dorada de los documentales musicales en la gran pantalla fue la de los setenta, con ‘Concert For Bangla Desh’, ‘Woodstock’, ‘Monterey Pop’, ‘The Last Waltz’, ‘Gimme Shelter’… que llenaron los cines y aguantaron en cartelera varias semanas entre cines de estreno y de reestreno. Pero entonces no existía ni el vídeo ni el deuvedé.

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Patéticos Blondie

¿Es este grupo el mismo que facturó ‘Heart Of Glass’ o ‘Union City Blue’? ¿Es esta Debbie Harry de 68 años aquella muñeca que deslumbró al mundo de la new wave? Ni en un relato de ciencia ficción. La muñeca perdió sex-appeal, claro, y, lo peor, la voz. Y el grupo se enzarza en su nuevo disco, ‘Ghosts Of Download’, con ¡el reggaeton!, el rap latino y el dance de baratillo, cuando no recurriendo a inocuas versiones como la del viejo ‘Relax’ de Frankie Goes To Hollywood.

Basta escuchar la primera canción del disco, perreo incluido, o la sexta, con rapeo cubano (ay, aquel magnético ‘Rapture’), para soltar el lamento más profundo. Blondie –parece- que ha querido hacer un disco ‘moderno’ de dance y le ha salido un desastre épico, del que no lo salva ni los buenos propósitos pop de antaño que traen ‘Winter’ o ‘Take Me In The Night’, y se diría que a partir de la mitad del disco, cuando se acaban las colaboraciones raras.

El disco se acompaña de un extra con once viejos hits regrabados este 2014, cosa que me creo solo a medias o casi nada, básicamente por la voz de Debbie. Más bien parece que se les ha colado el enemigo en casa y los ha puesto ahí para sacarles los colores. En fin…

Acostumbrado a la eterna cantinela de por qué no se retiran ‘los viejos rockeros’, verbigracia Mick Jagger, casi parece ofensiva esa letanía –Jagger no ha perdido ni un miligramo de voz-, escuchando a estos patéticos Blondie. Es cierto, cuando en un escenario o en un disco se luce la blanca palidez del fin, lo más adecuado es irse, no asirse al madero de náufrago y menos intentar aventuras desdichadas como las que intenta Blondie. Lo que fueron y en lo que se han convertido.

Deambular por el ring medio sonado en el boxeo se interpreta como signo de decadencia. No seré yo, pese a todo, quien pida la retirada de Debby y compañía, allá cada cual con sus vidas y sus oficios, pero sintiéndolo mucho por los buenísimos momentos que nos dieron en los 80, igual debieran reflexionar al respecto. Esto es realmente impresentable, teniendo detrás el glorioso pasado que se tiene. Por cierto, que vienen de cabeza de cartel del próximo Azkena… Sin más comentarios.

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