Richard Hawley, los valores clásicos del pop

Jarvis Cocker lo rescató de grupetes de segunda división, y aún mejor, del pozo de las drogas y se lo llevó a Pulp. Menudo rescate y menudo fichaje. Un tipo con tanta sensibilidad y talento no podía desaparecer por el sumidero de la miseria. Enseguida dio muestras de ello tomando parte en un gran disco de Pulp como ‘We Love Life’, de 2001. El mismo Jarvis le animó a editar en solitario, y así, en aquel mismo año, llegó el debut del gran Richard Hawley, un minielepé de título homónimo.

Ya se sabía que era un excelente guitarrista pero nadie sabía de sus dotes como cantante melódico y sensible, en la estela de Roy Orbison, Scott Walter, Morrissey o Nick Drake. Corrió la voz y a finales de aquel 2001 llegó el disco con el que se encendió la primera chispa de popularidad, ‘Late Night Final’, once ensoñadoras piezas, con ligeros pespuntes country, que invitaban al suspiro amoroso.

La continuación vino con ‘Lowedges’ (2003) y ‘Coles Corner’ (2005), otros dos discos colmados de serenas baladas orquestadas, aunque todavía seguía en las filas de Pulp. Este último disco no se llevó el premio máximo de la música británica, el Mercury Prize, porque de por medio se cruzaron unos imberbes en crecimiento, los Artic Monkeys, y se lo birlaron: “Que alguien llame al 999 (la policía), han robado a Richard Hawley”, soltaron los Monkeys, en una frase para la historia, nada más subir a recoger el galardón.

¿Pero qué es esto? En la era en la que el viejo romanticismo pop se fue letrinas abajo, un tío de Sheffield, la ciudad del acero, en efecto, la ciudad más garrula que uno ha conocido en el norte de Inglaterra, insiste en hacer canciones de terciopelo, sonidos épicos de factura spectoriana… El colosal ‘Lady’s Bridge’, su quinto álbum, estaba en la calle. Parafraseando la vieja canción, “conocer a Hawley era quererle”, amar sus melodías templadas al fuego de Elvis, Johnny Cash o los citados Roy Orbison y The Walker Brohers, sus ídolos. Hawley era el último eslabón de una cadena de cantantes románticos que en los ochenta tuvo a Chris Isaac y en los 90 a Jarvis Cocker.

En aquel quinto disco del “crooner moderno”, ya nada más abrir con “Valentine”, cualquier corazón mínimamente sensible caía rendido a la espectacularidad satinada de los arreglos, a los crescendos de la orquesta, a las cuerdas que subían al cielo, al tono lastimero, a la voz de caucho de Hawley… ¡Qué gran despiste del guardián supremo de la bazofia! Cómo se le pudo colar esta delicatessen… Lo mismo que al año siguiente se le coló ‘Trulove’s Gutter’…

Y lo mismo que ahora, en tiempo de petardeo gaguero, se le ha colado otra joya: ‘Standing At The Edge’s Sky’. Es verdad que ya no hay orquestaciones, pero, salvo arranques de velocidad como el que impone ‘Down In The Woods’, persiste el mismo espíritu sereno y profundo de las melodías, ahora envueltas en chorros de guitarras y efectos, lo que anega el disco de psicodelia y en una producción exuberante, casi espacial al modo Spiritualized, en la que hay desde tamburas a sitar, violin… Sin ánimo de hacer comparaciones odiosas, pero por el disco flota la psicodelia de The Verve y la maestría melódica de Pink Floyd, el talento y la sensibilidad guitarrística de David Gilmour; basta con escuchar la primera pieza, la densa ‘She Brings The Sunlight’ o la última, la refinada ‘Before’ para que el cerebro no segregue un evocador fluido rosa.

En su primera gira, con 14 años, por clubs de ‘striptease’, contaba recientemente a El País, aprendió dos cosas que se mantiene imperturbables en este nuevo álbum: “Saber utilizar tu instrumento, y no dar el coñazo”. Bajo esta consigna, ha fabricado una discografía de oro a la vez que ha aportado colaboraciones a un montón de gente, desde Pulp, claro, a Artic Monkeys, All Saints, R.E.M., Nancy Sinatra, Morrissey… y un sinfín, incluida la hija de su adorado Elvis, Lisa Marie, con la que se encuentra preparando su retorno.

Aquí sigue pues, con su perenne look rockabilly, maravillando y convertido en todo un artesano moderno de la melodía y la orquestación. Un creador que cultiva intensivamente los valores más clásicos e imperecederos del pop. ¿Un creador, por ello, pasado de moda, como él mismo le confesaba, el mes pasado en Heraldo, al colega y devoto suyo, Losilla Eixart? Ni en broma. El buen gusto, la clase, la elegancia, el romanticismo… no tienen fecha de caducidad.
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2 respuestas a Richard Hawley, los valores clásicos del pop

  1. Brand new sound dijo:

    Excelente disco y artista. Muy elegante, sí. Creo que lo colgué el otro día en la sección de vídeos pues estaba en escucha gratuita en diario The Guardian. Aquí dejo otra vez la dirección. Espero que la página continúe activa: http://www.guardian.co.uk/music/2012/apr/29/richard-hawley-exclusive-album-stream?CMP=twt_gu&fb=native
    Por cierto, otro que me perdí en directo el otro día gracias a mi cansancio proletario. Gracias por el vídeo en directo. Suena muy potente. Lo menos, el look y la actitud de las coristas y el look del propio Hawley, demasiado hipster lower east side, demasiado “a la mode”, casi innecesario ante tanta calidad…Lo más, el sonido y el temazo, simple y elegante…Me quedo tranquilo al ver que conecta una Ricken a un Blackstar como el mío: me puedo comprar la Gretsch de mis sueños con un resultado así de potente…;-)

  2. ufffff dijo:

    Debo a este blog el conocimiento de Richard Hawley, alguien puso Valentine en las mejores canciones, o perfectas, y desde entonces he ido escuchando sus discos. Estupendos, para disfrutar. De verdad que os lo agradezco. Este último es sorprendente, juega más con los sonidos de la guitarra, sicodelia, pink floid, claro, por qué no?
    saludos

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