Un disco singular: el más olvidado y, a la vez, el más reivindicado. El primer disco de la Velvet Underground, que este 2012 ha cumplido 45 años de vida, fue un disco maldito durante más de una década, pero en los ochenta numerosos grupos comenzaron a reivindicarlo hasta el punto de convertirlo en uno de los discos más influyentes de la historia, si no el que más. Desde los Stooges a Patti Smith, Television, Suicide, Modern Lovers, Bowie, Sonic Youth, Dream Syndicate, Siouxie & The Banshees, Pixies, Mercury Rev, R.E.M., Spacemen 3…, y una legión más, todos han vestido espinoso terciopelo en algún momento de sus vidas discográficas.
Fue un descubrimiento de Andy Warhol, ‘El Mago de la Nada’, uno de los inventores más significativos del ‘pop-art’. El neoyorkino tenía una concepción muy peculiar sobre la producción del arte: lo miraba de manera ambiciosa y reduccionista a la vez, abierto a todo tipo de manifestaciones pero luego consumado en sucintas viñetas cotidianas. Un arte, según Umberto Eco, “destinado a encontrar una nueva forma de belleza, al elegir como objeto de interés estético aquéllas cosas banales que pasaban desapercibidas en la sociedad de consumo”.
Warhol había instalado The Factory en un local próximo a la neoyorkina calle 47. Un lugar de encuentro y pasarela de vanidades: por allí pasaban pintores, cineastas, poetas, guionistas, músicos…, gente rara y fuera de lo convencional. Un latigazo contra lo establecido. Warhol pergeñaba un espectáculo multimedia con proyección de películas y diapositivas, danzantes, humos, luces y música, pero le faltaban precisamente los músicos. Una noche, avisado por una amiga cineasta, acudió a una destartalada cafetería de Nueva York donde un grupo de ‘pirados’ cantaba crónicas chirriantes, desquiciadas, sobre la ciudad. Encontró lo que necesitaba y se los llevó a la Factoría. Y allí nació la Velvet Underground: Lou Reed, John Cale, Sterling Morrison y Maureen Tucker. A ellos se uniría unos meses después, la gélida Nico, rubia ‘chanteuse’ que había hecho un papelito en ‘La dolce vita’ de Fellini y por cuya belleza estaba turbado Warhol. El mismo Reed buscó el nombre del grupo, inspirándose en el título de un libro semi pornográfico.
El espectáculo multimedia, llamado ‘Plastic Exploding Inevitable’, fue un fracaso rotundo: despuntaba el hippismo y aquel universo de demencia, sadomasoquismo y sonidos enloquecedores que Warhol exponía iba no sólo contra los mensajes soleados de los chicos de las flores sino hasta contra los mismos principios del buen gusto. En San Francisco, el espectáculo fue abucheado. Warhol, sin embargo, confió en ‘su grupo’ de músicos y hasta se las ingenió para buscarles un estudio y sufragarles la grabación de sus primeras canciones. De nuevo, las dificultades. Unas compañías discográficas se negaban a editarlas, otras ponían reparos a la voz del cantante, las más se quejaban de los chirridos de las guitarras. Curiosamente, y unos cuantos meses después de su grabación, fue un sello jazzístico, el prestigioso Verve, el que se comprometía a darles salida. Los capitostes de Polydor, dueño del sello, no sabían donde encuadrar aquella galleta tan extraña.
En marzo del 67 se editaba el primer disco de la Velvet Underground, tres canciones cantadas por Nico y ocho por Lou Reed. Un puzzle de sonoridades de terciopelo encajadas en medio de un tapiz de espinas. La dulzura de la ‘chanteuse’ frente al rechinar de las guitarras, la disonancia de la viola de Cale y los textos destructivos de Lou Reed. “Porque cuando el caballo empieza a fluir / entonces realmente ya no me preocupa nada / oh, cuando la heroína está en mi sangre y esa sangre en mi cabeza / doy gracias a Dios por sentirme tan bien como muerto”. Demasiado explícito y duro.
Las otras canciones hablaban de prostitutas, camellos, sadomasoquismo y muerte. No lo salvaban ni los hermosos versos de amor de ‘I’ll Be Your Mirror’ ni las seductoras ‘Femme Fatal’ y ‘All Tomorrow’s Parties’ (bien la conocerán los/las amaralianos/as), y el disco se censuró en muchos países. En España incluso se le prohibió y hasta el 79 no llegó a editarse. El fracaso comercial fue absoluto en los USA y fuera. Pero la Velvet, con su primer disco, tan hermoso como violento, había sembrado el futuro del rock. Hoy es el disco más influyente de la historia, y si no, uno de los que más.


¡Qué gran disco!
Recomiendo esta divertida y sólida semblanza que el colega Sergio del Molino ha hecho en su blog sobre Jon Lord. El teclista de los Purple pasa con laureles bajo la prosa exquisita y a la vez macarra, implacable e ingeniosa del novelista y periodista de Heraldo. Pero, Sergio, ¿y la Gemini Suite? Bueno pa qué pregunto, si ya veo como vapuleas el Concerto. Pincha aquí: http://sergiodelmolino.com/2012/07/21/jon-lord-el-ingles-total/
¡Si hasta tengo en vinilo la Gemini Suit! Nuevecita, oiga, sin gastar. Creo que sólo he sido capaz de escucharla entera dos veces. Aunque podría darle uso como narcótico. Qué pestiño, oiga.
¡Gracias por la recomendación, maestro! Un honor.
Gemini Suite, que me he comido la e.
Una de las canciones que me ponen la piel de gallina (all tomorrow´s parties), que tiene el don de sonar bien la interprete quien la interprete, ahora mismo la acabo de escuchar en versión de Beck y una tal Antonia (?), y lo mismo: genial, pero entre tantísimas versiones que hay (cientos), me quedo con 2: la de Siouxsie y sus Banshees, por el misterio que siempre rodea a mi Siouxsie, y su voz muy similar a la de Nico, y por supuesto, la versión pseudo punkarra de Nick Cave & The bad seeds, con sus cánticos tipo hinchada britanica futbolera. La versión original de la Velvet, mira que suena mal en cuestión de calidad sonora, con ese estereo-cutre de 2 canales, pero es una de esas que si se remasterizara con mas calidad, perdería “algo”…mejor dejarla como está….sublime.
No estoy de acuerdo, aunque sí creo que al mismo tiempo lo estamos. En cuestión de sonido el disco entero suena perfecto. Como intuyo que señalas, el sonido forma parte esencial de esta magna obra. Me hace pensar al fuzz de Hendrix cuyo origen estaba en su ampli petado. Más tarde pidió a Fender que contruyera otro ampli con un canal que reproduciera la masa del antiguo amplificador. Para mí, el sonido del disco reproduce la frialdad mortífera de su tono como si hubieran estado tocando dentro de un tonel de acero…frío y crueldad: no es rock n roll festivo. El intento de aliar el gesto artístico al rock, de la mano del funambulista, charlatán y comerciante Warhol, convierte el álbum en una experiencia inédita. Al contrario de los Beatles, tanto Reed como Cale se acercan aquí en su lirismo a Europa: Sade, Cocteau, expresionismo, surrealismo, existencialismo…Encarnan el mal, con temas como la sexualidad, las drogas o el desamor de las “amistades peligrosas”con un refinamiento poco corriente en el rock: poco importa el fracaso de ventas, la Velvet significaba Nueva York y Nueva York, el universo. Ningún tema tiene desperdicio, aunque mi preferido sea “Venus in Furs” con el respiro que da “I’ll be your mirror”.
Me debato entre All Tomorrows y Venus in Furs… aunque el disco enterito es sublime. Y, como dice Matías, debo agradecer a los amarales, también, que me hicieran redescubrir esta joya, que escuchaba, sin ser demasiado consciente, en muchas reuniones ochenteras de amigos que lo tenían como disco de cabecera.
Desde luego no es un disco fácil -la atmósfera general es oscura e inquietante- y sin embargo te hipnotiza, te captura.
Lo habré escrito trescientas veces, pero que retumben los primeros acordes del All Tomorrows Partie’s como preludio de los conciertos de Amaral, además de ser un ritual imprescindible y una señal clara del exquisito gusto de los maños, forma parte del concierto al solaparse con el primer tema de la noche, en este caso Hacia lo salvaje…
En ocasiones, Aguirre se ha soltado con un fragmento de Venus in Furs intercalada en Es sólo una canción, creo recordar que fue en Pozuelo de Alarcón… y Eva vestía toda de cuero negro, y unas Shiny, Shiny Boots of Leather ¿casualidad? Seguro que sí, pero me gusta pensar que se inspiró en ellas.
A veces me pregunto si mantendrán a la Velvet para las siguientes giras, y me digo que sí, que sería difícil encontrar sustituta más aterciopelada y elegante, y lo dicho, es parte intrínseca del show, como el Moon River final, otro clásico que ya no podemos escuchar sin asociarlo al dúo.
GRAN GRAN TRABAJO, coincido contigo, uno de los discos más influyentes. Yo me lo pongo y me parece estar en otro mundo, aunque hay gente que lo odia. A mí me relaja, y creo que hoy en día sigue tan vigente como antes. Es atemporal. Sobretodo me flipa “Sunday Morning”, aparte de las ya conocidas “All Tomorrow’s…” y “Venus in Furs” como bien ha explicado Megg.
Como complemento a la cuestión del sonido, salió otra versión del álbum, exactamente el mismo, pero con sonido mono, en internet se pueden descargar los 2 conjuntamente, y sobre que suena mal, sigo opinando lo mismo, pero no como crítica, de hecho en el anterior comentario ya e dicho que remasterizarlo para que sonara mejor sería un crimen, su extraño sonido es un “plus” extra, pero eso no quita para decir que suena mal, hay veces que se salen los “picos”, distorsiona…..y que si, que gran disco, me encanta, brutal, genial, imprescindible, sonido a lo “tonél de acero”, frio, cruel, drogo-melancólico, visceral……y suena mal, o por lo menos, “raro”, y repito, no es crítica, me encanta, por ejemplo, con The Shadows, -que también grababan en plan “stereo-desmesurado”, es decir, el 50 % de instrumentos por un canal, y el otro 50%, por el otro-, el jugar con el balance del equipo para quitar unos sonidos u otros.