Los Bravos reviven en papel

En los mejores tiempos de venta de libros musicales, es decir, cuando no existía Internet, se decía que el porcentaje medio de venta de un ejemplar dedicado a un artista determinado era de un 10% en relación con el público que le seguía: cifra no muy allá, pero aceptable. Tal y como han ido transcurriendo los tiempos y la tecnología, me da que esa cifra debe andar ahora de capa caída, vamos que tengo, o tenía, poca confianza en que se compraran y se leyeran libros musicales…. Pues hete aquí que el autor madrileño Guzmán Alonso Moreno me acaba de soltar un crochet en pleno mentón que me ha dejado al borde del K.O. Aunque duela, saludable crochet.

Y es que Guzmán me saca de esa ensoñación mía de que ni se venden ni se leen libros musicales haciendo una segunda reedición de un libro espléndido sobre el grupo Los Bravos, que editó en 2004 y que es el libro mejor documentado que se ha realizado nunca en este país, con permiso de Xavier Valiño y su reciente ‘Veneno en dosis camufladas’ sobre la censura musical franquista, también espectacular en cuanto a información e investigación. El crochet: ¡Guzmán ha agotado la primera edición de aquel suculento libro!, lo que a mí particularmente me alegra mucho, y en general el mundo de la música y del libro también debiera hacerlo. No es dato baladí.

El valiente Guzmán, siempre tirando de voluntad y bolsillo propio, se pasa al papel couché y revisa y corrige su primera edición, con una extensa tabla de correcciones de datos y junto al texto central añade un segundo álbum de fotos y de carpetas de discos, que muestran el gran nivel de internacionalidad que alcanzó el quinteto, y también diversas entrevistas con miembros del grupo, de los muchos que tuvo hasta su disolución definitiva en 1976. Mucho material nuevo, por si ya fuera poco el original, pero es que hay que tener en cuenta que Guzmán hizo esta ‘tesis doctoral’ en los noventa, sin esa grandiosa herramienta que es Internet en sus manos y el material recopilado posteriormente a la primera edición ha sido mucho. Animo pues a darse un baño refrescante y prolongado en las páginas de este opulento y detallado libro que narra la historia del grupo pop más ‘rompedor’ e internacional de la España de los sesenta, Los Bravos.

Mike Kennedy y sus compinches no solo propiciaron un fanal de brillantes canciones, desde la internacionalísima ‘Black Is Black’ a la vibrante y originalísima ‘Bring A Little Loving’ o la reivindicativa y veraniega ‘Los chicos con las chicas’ y otras muchísimo menos conocidas pero fabulosas, dentro de un estilo R&B y soul-rock más que depurado –ay, la deliciosa ‘Make It Easy For My Love’-, que pusieron color a la España franquista, sino que tras ellos se fraguó una de las estrategias comerciales más insólitas y productivas de la historia del pop.

El quinteto supuso una conmoción musical y hasta social en la España de mediados los sesenta. Lo curioso es que alcanzara el éxito siendo una total anomalía en aquella España rancia del franquismo. Aún todavía hoy resulta difícil comprender cómo se les pudo colar a los celosos guardianes de la moral aquel forúnculo juvenil: cantaban en inglés, representaban todas las maldades juveniles de las democracias europeas, tenían un extravagante cantante alemán, Mike Kennedy, incitaban al escapismo y la liberación (aunque no se interpretó así en su momento), eran polémicos, provocaban altercados de orden público, su organista se suicidó y hasta su cantante se atrevió a insultar a la policía, llamándola fascista, en un escenario. Musicalmente, grababan sus discos en Inglaterra, se editaban antes fuera que aquí, contaban con compositores y músicos extranjeros y hasta su debut se produjo en un recinto sacrosanto e insólito para el pop como el Teatro de la Zarzuela. Demasiadas anomalías para un conjunto pop.

Su secuencia, sin embargo, de fantásticos singles, entre 1966 y 1968, desde ‘No sé mi nombre’ a ‘La parada del autobús’, ‘Black Is Black’, ‘La moto’, ‘Trapped’, ‘Sympathy’, ‘Al ponerse el sol’, ‘Los chicos con las chicas’ y ‘Bring A Little Loving’ fue devastadora, convirtiéndole cronológicamente en el tercer fenómeno de la música pop española, tras el Dúo Dinámico y Los Brincos.

Surgieron de la fusión de dos grupos, The Runaways y Los Sonor, y enseguida se transformaron en el talismán para hacer reales los sueños de un avispado productor, Alain Milhaud, quien con técnicas de mercadotecnia tan agresivas como las de una marca de detergente planificó su camino y los movió como títeres: no permitió que tomaran parte en las composiciones, utilizó músicos de estudio ingleses (Jimmy Page, entre ellos, aunque este aspecto ande todavía en discusión) para prácticamente todas las grabaciones, seleccionó el repertorio, inventó un efectista concurso radiofónico para bautizarles con un nombre que previamente ya tenía decidido, marcó los tiempos de edición de los discos, planificó las actuaciones y las apariciones televisivas, los embarcó en el cine y hasta inventó inverosímiles estrategias de promoción, como sacar en varias actuaciones al organista inglés sustituto de Manuel Fernández, quien se había suicidado, con un yelmo o una capucha para mantener el suspense, o la más estrambótica de hacerlos cabalgar a caballo por la Gran Vía, vestidos con casacas militares, para acudir al estreno de la película ‘Los chicos con las chicas’.

Los Bravos sólo tenían que poner la cara, sobre todo Mike, en el que descansaba toda la fuerza visual y musical del conjunto. La estrategia, a Milhaud, le salió a la perfección, hasta el punto que pudo crear una poderosa escudería, luego imitada por el tándem Trabuchelli-Waldo de los Ríos, y convertirse en todo un ‘jefazo’ de la industria musical. Su empeño, sin embargo, por lanzar a Mike en solitario, el carácter inestable y difícil de éste, y la ‘rebelión’ cada vez mayor del resto del grupo acabaron dinamitando a ‘Los Bravos de oro’ a principios de 1969, siguiéndoles otros Bravos sin Mike que con menos éxito dieron sin embargo en la diana con alguna que otra canción, especialmente con la originalísima ‘People Talking Around’, cantada por Andy Anderson, hermano de Jon, cantante de Yes. Todo esto y muchísimo más lo narra Guzmán, cual amanuense del pop, de manera pormenorizada y fantásticamente documentada en su libro ‘Los Bravos. Recuerdos de una leyenda’, editado por la Agrupación Hispana de Escritores. Recomendabilísimo, insisto.
Y la correspondiente (y sobresaliente) ilustración sonora. Igual te suenan…


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3 respuestas a Los Bravos reviven en papel

  1. tonico dijo:

    Igual hubo algún gap, pero a Manolo lo sustituyó el después reconocido compositor de bandas sonoras, Jesús Gluck, músico valenciano que provenía de los primeros grupos rockeros mediterráneos. Cuando se fue Mike Kogel y pasó a ser Kennedy, Toni y Jesús pasaron a dirigir junto a Andy Anderson. Eran magníficos, pero su cartel bajó con la ausencia del alemán. Recuerdo que hasta iban por toda España actuando en medio de un espectáculo de circo. Además del “People talking..” recuerdo que hacían una versión espléndida del “Spinning wheel” de Blood, Sweet and Tears. Anderson era tan bueno como su hermano Jon y el grupo había madurado y estaba en su mejor momento, pero… Milhaud no les apoyó. Tony, el guitarra, era bueno y semejante físicamente a una buena cosecha de guitarristas con gafas de vidrio ancho: Hank Marvin, el inolvidable Shadow, o Manolo Madruga, de Los Sirex. Incluso el primer Emilio Baldoví (luego Bruno Lomas) tenía esa pinta con Los Milos, su primer grupo. ¡Que mañanas de domingo oyendo el Gran Musical!

    • Matías Uribe dijo:

      Tonico, no hubo gap alguno. A Manolo le sucedió Peter Shelley, inglés integrante de The Thunderbirds, como digo, el famoso organista enmascarado, el del yelmo. Solo estuvo mes y medio con Los Bravos hasta que, cansado, se largó -decían que porque él consideraba que Los Bravos eran muy malos- y entonces, sí, entró Jesús Gluck. Todo esto lo cuenta estupendamente Guzmán en su libro.

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