Dover se va… y da pena

Hoy domingo se ha hecho pública en los grandes medios la disolución de Dover… y da pena. La guitarrista Amparo Llanos lo explicó el pasado miércoles en Radio 3 de esta manera al hilo de la presentación en Madrid del primer disco de su nuevo grupo, New Day: “Cuando teníamos claro que Dover nos íbamos a separar, me apetecía seguir haciendo música. Durante el verano pasado empecé a hacer algunas canciones y durante el invierno llamé a Samuel [bajista de Dover] y le dije: “¿te aburres? Yo también, ¿por qué no hacemos un grupo?”. Y nació el mentado New Day y la desaparición a su vez de Dover. “Gracias a todos por vuestro apoyo. Dover como grupo deja de existir pero nuestra música seguirá sonando en vuestros corazones”, han remachado las hermanas Llanos en Twitter sobre esta separación.

El cuarteto madrileño es de lo poco y más presentable que dio la música española de éxito en el último cuarto de siglo. Deja en la nevera una colección de discos dispersa y polémica, pero no por ello menos apreciable y se diría que pionera en el pequeño islote del indie español.

‘Devil Came To Me’ (1997), con ‘Loli Jackson’, ‘Serenade’ y la titular dentro, fue su disco de ruptura y desbordamiento en un mundo tan poco explosivo en las listas españolas como el independiente. Marcado por la melodía y la rabia del grunge, tan de moda en el primer lustro de los noventa, y tan influyente en grupos como los mismos Dover, a cuyas ubres se formó el cuarteto madrileño en 1992, era el segundo de los ocho álbumes que llegó a publicar. Antes quedó un disco de tanteo y debut como fue ‘Sister’ (1995).

Después del estallido y con la singularidad en el rock español de incluir a dos chicas en su configuración no solo como guitarristas y cantante sino como compositoras y ‘front woman’, siguieron su línea melódico-grunge y su devoción nirvanera hasta el punto de que tanto ‘Late To Night’ (1999) como ‘I Was Dead For 7 Weeks In The City Of Angels’ (2001) se grabaron en la cuna del género, en Seattle. A estas alturas, las multinacionales ya habían ejercitado uno de sus deportes favoritos: la absorción de los grupos notables provenientes de los sellos independientes. La vieja historia: el pez grande, en este caso Chrysalis/EMI, comiéndose al pequeño, lo que afortunadamente no hizo que las hermanas Llanos levantaran el pie del acelerador, mostrándose en estos discos hasta incluso más espídicas y rasposas sin perder por ello musicalidad, como bien remachó el breve ‘The Flame’ (2003).

Mas como es norma obligada en cualquier faceta del arte y más aún en la música pop, esto es, evolucionar, reinventarse, no vivir permanentemente en el mismo espacio disparándose selfis sonoros una y otra vez, unido a la repercusión de influjos vitales imprevistos, originó que el grupo diera a continuación una serie de bandazos creativos que dejaron descolocados a buena parte de su parroquia y con los que se incrementó su fama de grupo odiado/querido, sometido tanto al halago supremo como a la befa descarnada.

Dover se soltó el cinturón, y de los efluvios nirvaneros saltó a la electrónica con ‘Follow The City Lights’ (2006) y el imparable ‘Let Me Out!’ de estandarte. Un ejercicio de reconversión insólito. Más la cosa no paró allí. En 2010 no es que Dover descolocase, es que sufrió un colocón extraño, abrazando el africanismo con ‘I ka kené’ ‘por culpa’ de un novio africano que le salió a la rubia Amparo. El bandazo, pese a momentos exquisitos como ‘Solitaire’, y sus toques folk no fue letal, para dejar a las hermanas Llanos definitivamente en la cuneta, pero estuvo a punto.

Un fracaso comercial del que sobrevivieron con ‘Complications’ (2015) y su retorno a los tiempos de ‘Devil Came To Me’ en que pusieron patas arriba el tablero del rock indie hispano. Aquel álbum bebía de aquellos inicios, pero acentuando una faceta larvada entonces como la del punk. Había momentos -‘Too Late’, ‘Complications’, ‘Four The Floor’- en los que la guitarra tenía un punto Steve Jones (Sex Pistols) más que evidente y nutritivo. Y como era habitual, Dover, en medio del guitarreo y la acción, volvió a definir con tiralíneas sus melodías infecciosas y urgentes, con logros mayores como ‘Sisters Of Mercy’.

Se puede creer en ellos o no, en sus complicaciones para evolucionar, escribía hace tiempo uno en Heraldo, pero si se despelleja a Dover -cosa algo habitual, por desgracia- habría que hacer tabla rasa en el rock nacional. Así que da pena que se acabe, pero también es ley de vida, y más en este negocio tan volátil como el del pop.

El nuevo grupo de Amparo, junto al mentado bajista de Dover, Samuel Titos, y el batería Jota Amijos, se decanta por el folk y por el eco de las canciones de Paul McCartney con cierto poso de electrónica, como muestran las dos canciones colgadas hace tres días en Youtube: ‘Stay’ y ‘Say Yeah’. Ello, lo de New Day, no significa, según parece, que las dos hermanas Llanos vayan a montar un ‘pollo’ tipo Gallagher, sino todo lo contrario. Las relaciones entre ambas son excelentes, y la misma Cristina, que en realidad fue la que encendió la chispa de la separación al no sentirse motivada con el grupo e incluso con la música, está aconsejando a su hermana menor en su nuevo proyecto, a la vez que la apoya. El pasado 24 se la vio en el concierto de New Day en la sala madrileña Wurlitzer. Ella, por su parte, no tiene decidido nada sobre su camino musical. “Le apetece descansar y vivir la vida”, le comentó Amparo a Julio Ruiz en Radio 3. Según parece, tiene intenciones de dedicarse a la literatura. Veremos.
Yo hago una apuesta: Dover volverá.




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