Los Rolling Stones y el blues

Hoy, después de once años sin discos en estudio,  se ha publicado ‘Blue & Lonsome’, un nuevo álbum en el que los Rolling Stones vuelven a la adolescencia con un completo racimo de versiones de blues de grandes maestros del género, desde Howlin’ Wolf a Memphis Slim, Little Walter, Jimmy Red y Willie Dixon, combinados con otros nombres de menor rango popular, signo de los vastos conocimientos que Jagger y Richards poseen del género negro. Algo que a su vez reitera la grabación del disco en tan solo tres días del mes de diciembre del año pasado. Se dice que en realidad se metieron en el estudio de Mark Knopfler para grabar nuevas canciones pero al ver que no funcionaban se fueron de forma casi instintiva al blues de sus años mozos y salieron las doce piezas de este nuevo álbum.

Los Rolling Stones cierran así el círculo. Hace casi 60 años unos imberbes Mick Jagger y Keith Richards, que habían compartido pupitre en la escuela de Dartford, se reencontraron en una estación de metro londinense y por culpa de un par de discos -exactamente uno de Muddy Waters y otro de rock’n’roll, de Chuck Berry- que Jagger llevaba bajo el brazo estalló un trueno de complicidad musical mutua que aún sigue haciendo ruido.

Con  Brian Jones como capitán de la nave, en 1962, formaron The Rolling Stones, tomando el título de una pieza de Muddy  Waters. Su repertorio inicial se nutrió de todas aquellas canciones de blues que les habían roto las neuronas mezclándolas con otra de sus grandes devociones, Chuck Berry y el rock’n’roll. Y ya no lo abandonaron en toda su carrera, como prueba ‘Blue & Lonsome’.

Vaya por delante y de inmediato que se las han tenido mejor en los no pocos temas de blues que han incrustado en su larga discografía. ‘Blue 6 Lonesome’ no es un  disco sacramental de blues blanco: la historia, desde los primeros bluesmen británicos, empezando por Alexis Korner y siguiendo por Mayall y toda su escuela, y saltando después a los USA con la Paul Butterfield Blues Band y Canned Heat o Roy Buchanan a la cabeza, está apretujada de joyas insuperables. Hoy mismo, aunque de forma casi incógnita, saltan al mercado docenas de discos con mucho más gramaje y brillo que este ‘Blue & Lonesome’. Clapton ya hizo lo mismo en ‘From The Cradle’ y luego en sus recreaciones de Robert Johnson.

Y obvia señalar su nula capacidad de sorprender en tiempos actuales, menos aún de escandalizar como lo hicieron en aquel terreno virgen de los primeros sesenta, añadiendo a los blues el descaro juvenil  y la impudicia virginal que ellos le añadieron. Pero resulta indiscutible el nivel de fidelidad e interpretación de estos blues por unos Rolling viejunos pero en plena forma (materia casi de estudio para la ciencia médica, por cierto).

La apertura del álbum surge de forma correosa y cabeceante, con ‘Just For Your Fool’, un blues a lo Fleetwood Mac de vieja escuela, que es casi como decir de Elmore James, aunque su autor es el gran armonicista Little Walter. La armónica de Jagger sale a relucir de inmediato, al primer segundo, como aviso de su omnipresente presencia en el disco y del buen manejo que siempre hizo de ella. En esta misma dinámica burbujeante y optimista se mueven ‘Commit A Crime’, ‘I Gotta Go’, ‘Rid’em On Down’, ‘Just Like I Treat You’ e incluso ‘Hoo Doo Blues’. El resto, hasta completar la docena de piezas del disco, es decir, la otra mitad, son blues lentos. La banda al completo, con la aparición de Eric Clapton en dos piezas, que andaba por allí rematando su último disco, se mueve como tiburón en el agua, tal es la voracidad, sangre y groove que saca de la faena, aunque siendo algo quisquilloso, ese final y súper clásico ‘I Can’t Quit You Baby’, con un Jagger algo gritón y forzado, no tiene oros suficientes  para fajarse con la versión de Mayall en su fastuoso ‘Crusade’ (1967).

No es mal disco, insisto. Pero la pregunta salta de inmediato. ¿No tenían otra cosa que abordar los Rolling para rellenar un disco? ¿O querían hacer un simple tributo al blues? Era innecesario. Ya lo han hecho aunque haya sido a trompicones. Su discografía está trufada de numerosos encuentros con Satán en el cruce de carreteras, como los de Robert Johnson, en busca del ‘mojo’ del blues. ‘Midnight Rambler’ es el premio mayor que les otorgó el diablo en aquella interpretación que dejaron en ‘Let It Bleed’(1969) y luego, desde ‘Get Yer-Yaya’s Out’, en sus muchos discos en directo, no digamos en carne viva en los escenarios donde la crónica del estrangulador de Boston, Albert De Salvo, se engrandece musicalmente en originalidad y pulsión emocional hasta rascar la espina dorsal del mismo Satán.

Afortunadamente, en Zaragoza probamos esta sanadora medicina bluesera en aquella inolvidable noche de 2003 en la Feria de Muestras: a la séptima canción saltó ‘Midnight Rambler’ que Jagger acabó en español con un “sois geniales, ¡eh!”. “Si alguien quiere saber lo que son los Rolling Stones debe escuchar ‘Midnight Rambler’. Eso somos nosotros. Es la quintaesencia de lo que son los Stones”, explicaba Keith Richards en 2012, en el documental ‘Crossfire Hurricane’ con el que conmemoraban sus 50 años de actividad.

No era la primera vez que el blues afloraba en los surcos de sus discos. En el primer LP ya colaron tres, pero bajo el seudónimo de Nanker Phelge: Jagger y Richards tenían miedo de no estar a la altura. En el segundo atacaron ‘I Can’t Be Satisfied’, de Muddy Waters, y en el tercero saltó otra de sus grandes y venenosas versiones: ‘Little Red Rooster’, de Willie Dixon. Desde entonces, aun ya enfilando su carrera con material exclusivamente propio, hubo blues stoniano para adoquinar el camino al infierno: ‘Doncha Bother Me’, ‘Parachute Woman’, ‘Prodigal Song’, ‘You Gotta Move’, ‘I Got The Blues’, ‘Love In Vain’, ‘You Gotta Move’, ‘You Got The Silver’, ‘Shake Your Hips’, ‘Casino Boogie’, ‘Manish Boy’…

Blues para indigestar a una reserva de bisontes. El nuevo disco cierra así el círculo de sus trayectorias musicales, certificando que los Rolling, lamentablemente, ya no están para trotes creativos. Y ni ganas. O lo ven como ejercicio vano: “¿Para qué vamos a grabar discos nuevos si la gente solo quiere los éxitos del pasado”, se lamentó Jagger cuando, en 2012, salió el recopilatorio ‘Grrr’. Afortunadamente -por más que la clientela tocapelotas y mefítica insista en su retirada- sí lo están para volver la vista con nitidez a su adolescencia y sobre todo para seguir pateando los escenarios con decoro y entrega. Su reciente DVD, ‘Havana Moon’, vuelve a martillar en el clavo.

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2 respuestas a Los Rolling Stones y el blues

  1. ufffff dijo:

    Un poco flojo, algo le falta. Me gusta más el nuevo de otro abuelo, “Keep me singing” de Van Morrison. Saludos.

  2. Al dijo:

    Aunque no venga a cuento aquí, quería dejar constancia que Gregg Lake, de Emerson, Lake and Palmer, murió anteayer, 7 de diciembre, a los sesenta y nueve años, de cáncer. Keith Emerson murió el pasado mes de marzo, sólo queda Carl Palmer. Espero que Matías le dedique su correspondiente epitafio.

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