Insolenzia, de monolito

insolenziaLo de Insolenzia es de monolito, no ya en su pueblo natal, Alagón (Zaragoza), que por supuesto, sino en la plaza mayor de la hipotética ciudad de la producción musical. En su haber, tres disco-novelas o novelas-disco, llámese como se quiera a esta ‘insolente’ innovación discográfica, que no hacen sino dejar boquiabierto al más pintado ante presentación formal tan opulenta de rock y literaturas aunados. Sus títulos: ’La boca del volcán’ (2010), ‘Me quema el sabor de tus ojos’ (2011) y ‘Con el mundo entre las piernas’ (2013).

No hay en España ediciones similares, las de Insolencia son únicas. Y me atrevería a proclamar que son únicas en el mundo entero, al menos en la gran historia del rock. No hay precedente alguno de libro-discos como los que este grupo de Alagón factura: una novela escrita magníficamente, con prosa ágil y bella, absorbente, por su cantante Daniel Sancet, y una música, uncida a esa prosa en un difícil ejercicio de funambulismo artístico, despidiendo chispazos de rock melódico y urbano. Eduardo Mendoza y Barricada. Juntos. O Sergio del Molino y Tako. Por citar matrimonios imposibles pero indiciarios.

Ya le he dedicado atención en este blog al grupo. Remito a las tres entradas correspondientes (1, 2, 3) por si alguien quiere remover papeles del pasado. Ahora lo vuelvo a hacer una vez más ante su reciente producción: un disco en directo, que obviamente, como nos tiene acostumbrados el grupo alagonés, es algo más, bastante más, que eso. Pues no en vano viene de nuevo enfundado en duro cartón de portada de libro, sino que en su interior se acantonan, ahí es nada para como están los tiempos, dos cedés y dos deuvedés, amén de un buen tocho de páginas en couché. No, en esta ocasión no hay novela, pero sí cien páginas impresas a todo lujo gráfico, con fotografías y textos de todo tipo, desde la introducción del propio Sancet, exorcizando su neurastenia ante el reto de subirse a un escenario, y más en un día tan remarcado como el que grabaron el disco en el Centro Las Armas de Zaragoza, a un grueso puñado de otros invitados entre escritores, músicos, mánagers, periodistas, poetas… y hasta bandoleros y diseñadores titirititifláuticos, como ellos mismos se autocalifican. Y obviamente no faltan los nombres de los comandos y personas que siguen y apoyan  al grupo a través del micromecenazgo.

Musicalmente, ya saben quienes les siguen, letras llenas de poesía, sensualidad, reivindicación, muy elaboradas, y ese rock eufórico pero pausado, con filiación urbana a lo Leño, Barricada, Tako… Todo material propio, excepto una versión de Manolo Kabezabolo, interpretado con pasión y fuerza, mandando el potente muro de tres guitarras sostenidas por una expansiva sección rítmica y con el sello identitario de Isabel y Daniel en las voces. Aprovecho para decir que son las voces adecuadas a este género, pero seguramente alcanzarían más verismo y solidez si se moldearan y modularan con más precisión, solapando Daniel esa estampa de cantante death metal y cuidando Isabel las afinaciones de las sílabas últimas de algunas frases. Meras apreciaciones personales.

Atención al final, con ‘Y la sal’, con Isabel tocando la guitarra en plan Valdivia y trenzando una de las canciones más significativas del grupo. Por no dejar en el tintero, otras como ‘Sudor frío’, ‘Va a estallar’, ‘A pleno pulmón’, ‘Una sola piel’… A mi entender, Insolenzia está entre lo mejorcito del rock urbano de este país. Esto y estas magnas ediciones discográficas que sirven, bajo un férreo, sufrido y meritorio modelo de autogestión, son motivos de mucha consideración, explican la gran legión de seguidores que tienen. Ya digo, monolito.

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