La edad de oro de Paloma Chamorro, hoy inconcebible

En el momento no fuimos conscientes de que estábamos ante un hito histórico, aunque suene grandilocuente calificarlo ahora así. ‘La Edad de Oro’ fue un programa de televisión que rompió moldes en los inicios de los ochenta, aquella década de tantos sueños materializados, de tanta ruptura, de tantos cambios, de tanta modernidad.

España acababa de salir de una corta aunque angustiosa transición política. El franquismo y todas sus ataduras, todos sus venenos, había quedado atrás en diciembre del 78 con la aprobación aplastante de la Constitución. Y los ochenta estallaron en el país con un estruendo de color y modernidad juvenil que llamó la atención incluso fuera del país. Periódicos y televisiones de Inglaterra, Francia y Estados Unidos se hicieron eco del estallido.

Pero debo decir que más de uno ceñíamos el gesto. No era para tanto, pensábamos. El pop británico había abierto el camino. Lo que aquí ocurría, lo que se veía en la calle, en las revistas o en los bares, o lo que se escuchaba en algunas radios o en la misma ‘Edad de Oro’, venía empujado especialmente desde Inglaterra con sus sacudidas musicales y estéticas; primero con el punk, después con la new wave y a renglón seguido con los nuevos románticos y el tecno. También con el heavy, aunque fuera enemigo (o viceversa) de la llamada Movida. Aquí simplemente se mimetizaba, bien es cierto que con más urgencia que nunca, pero sin sorpresa alguna porque ya estábamos avisados.

Y tampoco era algo excepcional. A fin de cuentas, era lo que tocaba en un país en el que estaba todo por hacer y por conseguir. O sea, que si en la tele había un programa como ‘La Edad de Oro’ era por obligación. Los tiempos empujaban imperiosamente a ello. Incluso, pensábamos, era hasta fácil. Pasar de la nada, de la TV en blanco y negro, de los cantautores pelmazos, de la grisura… al pop de pintalabios, que diría Lennon, las revistas guais y los ropajes estrambóticos era un paso que no requería esfuerzo alguno. Había incluso impostura, creíamos, al moler y presentar aquellos ‘tiempos salvajes’ (Ilegales definieron).

Personalizo: recuerdo que cuando el socialista Luis García Nieto se hizo cargo de la concejalía de festejos del ayuntamiento de Zaragoza peleaba con él en el periódico y cara a cara para que dejara de darnos la tabarra con los cantautores y los festivales latinos en La Romareda y se metiera en harina de los nuevos tiempos. Lo tenía incluso sencillo, porque, por decirlo burdamente, le habían dejado delante, no un patatal, sino un campo fértil como la huerta zaragozana. Bastaba con airearlo y meterle un poco de agua, que allí brotaba cualquier cosa, tal era su calidad para la siembra. Y así fue. A regañadientes, pero finalmente entrando en la senda del nuevo tiempo, el rock llegó incluso a la Romareda, primero con Miguel Ríos y Burning, y después con gente como Spandau Ballet, cuya actuación se transmitió en directo por TVE desde el estadio.

Quiero decir con todo ello que, aun costando, era lo que los tiempos demandaban y, por tanto, lo que teníamos que recibir. Una sensación de que, en consecuencia, todo era fácil y obligado, que todo tenía que llegar imperiosamente, lo mismo desde un ayuntamiento sociata que desde la radio o la televisión. Insisto, era lo que tocaba y además en un paso que no tenía vuelta atrás.

Dios mío, quién nos diría que no era así, que el tiempo podía retroceder, que aquella oleada de modernidad, o llamémosle de actualización o acompasamiento al paso de fuera, podía romperse de un momento a otro, que aquello realmente era un espejismo. Imposible. Habíamos ganado mucho territorio para que ello ocurriera. Pero pasó. Sí.

Pongan los más veteranos los ojos y la memoria en aquellos primeros ochenta y levanten la visera y miren al tiempo presente. ¿Qué fue, por ceñirme exclusivamente a la televisión, de aquel programa con atinado nombre buñueliano, ‘La Edad de Oro’? Bajó la persiana en el 85, después de 55 emisiones, y ya no hubo continuidad. Se esfumaron muchos sueños y muchos logros. ¿Dónde está el equivalente actual de aquel torbellino visual, estético, musical y hasta cultural, emitido nada más y nada menos que en directo? No es necesario malgastar el tiempo buscando. No hay nada. Estamos de nuevo en el páramo. O peor, vivimos envueltos en la idiocia televisiva más ofensiva, en una burbuja de imbecilidad, como jamás podríamos imaginar.

Y al observar aquel tiempo pasado, que sí, aunque duelan prendas, en muchos aspectos fue mejor, se calibra la importancia y el valor de ‘La Edad de Oro’ y su época, aquel primer lustro de los 80. Entonces, pese a los gritos de la derechona y los escándalos que suscitó el programa, con el cantante de Lords of The New Church bajándose los pantalones o Genesis P. Orridge, más fumado que una locomotora de hace dos siglos, mostrando un crucifijo con cabeza de cerdo, algunos lo considerábamos como un hecho ‘normal’, pero hoy la perspectiva ha cambiado: fue algo trascendental, un revulsivo que cambió la vida y la piel de este país. Abrió muchas puertas, tanto estéticas como musicales y sociales, por la que entraron ideas y manifestaciones de todo tipo, que quizá, más incluso que algunos de los grupos que presentó, fue su mayor logro. El impulso que dio a la gente joven a hacer cosas nuevas, a moverse, a sacudirse la caspa de años de rigor y opresión, fuese de la ‘tribu’ que fuese, resultó bramante. Nada fue igual a partir de entonces.

Al frente de aquel programa estaba Paloma Chamorro, con sus cardados, sus redondos hombros al aire, sus preguntas muchas veces banales, su pinta de progre y de moderna sobrevenida, pero atrevida, trasgresora, iconoclasta, como ella sola. Hoy, a medida que ha ido pasando el tiempo y viendo lo que hemos visto, se la valora mucho más. Lo que hizo entonces hoy es un milagro. Así de simple, así de contundente. Y si no, ¿qué televisión se ha atrevido y se atrevería en este inicio de nuevo milenio a emitir una ‘Edad de Oro’ del siglo XXI? O preguntando de forma más filosófica y ecuménica: ¿Qué nos ha pasado para que un programa como aquel sea hoy inconcebible?

Por ello me ha invadido la pena y la nostalgia al enterarme este lunes de su fallecimiento. Ah, aquellas noches de martes programando el vídeo para grabar el programa. Aún conservo decenas de cintas grabadas en aquellas noches televisivas, tan ‘normales’ entonces, tan imposibles hoy. Paloma tenía 68 años. Tras ‘La Edad de Oro’ volvió a lo suyo, al arte, en uno de cuyos programas previos, creo que fue ‘Imágenes’, presentó a Radio Futura, pero desapareció por completo de la modernidad –o quizá la hicieron desparecer- y prácticamente del mismo mundo televisivo. No supimos públicamente de ella hasta hoy en que se ha despedido definitivamente. Vaya mi adiós más valorativo y más cariñoso.

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4 respuestas a La edad de oro de Paloma Chamorro, hoy inconcebible

  1. Juan Luis dijo:

    Popgrama, musical express, la edad de oro, incluso si me apuras aplauso y tocata … ah, y el de Miguel Rios y esas 24 horas seguidas de cantautores …. ¿en que momento se jodió todo? a mi me pillo liado con el curro y otros menesteres, pero solo sé que de repente volví a poner la tele y resultó que solo estaba operación triunfo. Cuando se lo cuento a mis hijas mientras vemos lo cachitos y similares les veo cara de envidia.

  2. Juan Luis dijo:

    … Ah, y solo he puesto algunos, que también estaba la bola de cristal, el de si yo fuera presidente, los de iñigo y demás, que también echaban alguna actuación, el abambabuluba, caja de ritmo …. Daba igual el día, siempre había algo con música.

  3. Brand Old Sound dijo:

    Excelente programa, claro. Con las luces que conocemos, con ese inmenso plató que daba una sensación de infinito y libertad, la música en directo, aunque sonase rematadamente mal en antena; y con las sombras de un cierto centralismo, amiguismo y esnobismo mal entendido en lo nacional, por culpa de ese invento-engendro político y mediático que llamaron “la movida”. Echo en falta a los alemanes, si de vanguardia musical y artística hablamos, pues en lo extranjero se centraban en lo anglosajón. Con el retrovisor puesto, creo que Chamorro se manejaba mejor con los artistas plásticos en las entrevistas que con los músicos donde se caía en la insustancialidad (Kaka de Luxe, Sieniestro, Derribos, etc) o en la incomprensión (Lou Reed, John Cale, Genesis P Orrigde). Aún así, un mérito y un esfuerzo enorme, que según he leído, la dejó agotada, y no hablemos ya del desencanto final.

    Para responder a la pregunta, dos razones: ese programa fue inconcebible ya a partir de 1985, no hace falta hablar en presente, Y ningún medio, que no escatimaron en palos desde el primer día, ni tampoco esa “fantástica” juventud ni esos “fantásticos” grupos hicieron nada por evitar el cierre. Porque fue un cierre con candadazo, y a Chamorro, amen del ostracismo profesional, la juzgaron por el programa con Psychik TV. No se oyó ni una sola voz. Ni una, Y es que la caspa, si no ventilas la habitación regresa a la hombrera de la chupa de cuero con una rapidez que…Y el puyazo, la llegada de las teles privadas. Y es que, de modernos modernosos se pasaron de la raya. El presente, me temo que no tiene ninguna culpa

    Por cierto, todo el mundo evoca el asunto con Genesis P Orridge y la cabeza de cerdo, y el caso es que ni la cabeza es de cerdo, que es de elefante, y que en ningún momento el susodicho sale en él. El vídeo creo que es de Derek Jarman, que aparece en el quizás mejor programa de toda la serie, junto al inefable Jordi Serra que protagoniza otro vídeo y hace una performance ultra violenta bajo el nombre de Vagina Dentata Organ a la que se encadena otra brutal de La Fura del Baus con música concrète. Si a eso añadimos la actuación de los Psykik, las palabras sin desperdicio de un Genesis, se hubiese lo que se hubiera tomado, el programa fue una bola de demolición…para consigo mismo. Impagables las palabras de Chamorro advirtiendo, y casi disculpándose (en plena contradicción) ante los espectadores por lo que iban a ver. Quizás se pueden leer como insurgencia ante algo que le habían dicho que no podía programar…En cualquier caso, todo el mundo habla, y creo que nadie lo ha visto; igual siquiera el juez que la imputó, por un vídeo ajeno… Por si interesa, el resumen está por aquí http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-edad-de-oro/antologia-mejor-edad-oro-capitulo-6/986768/ No aparece Moonchild ni la segunda parte de la actuación de Psychik (en You Tube, fácil de encontrar) y sí una entrevista con Mapplethorpe, que aunque sea excelente, metieron con calzador,

    La segunda: hoy los jóvenes no ven ni escuchan música por televisión. Tienen tal acceso a ella a ella que un programa con un discurso tan aleccionador (normal en aquel tiempo), casi jesuítico, como el de la Edad de oro sería carne de zapping. Y no faltarían razones. Otra sociedad, otros tiempos. Y soy de la opinión de un Alex Ross cuando dice que los jóvenes de hoy han escuchado más música en sus auriculares que sus padres con abonos del Lincoln Center.

    En mi caso, los 90 fueron infinitamente peores. Hoy no tengo ni tele. Soy incapaz de seguir incluso una cadena con contenidos de calidad como Arte France, y si la veo, es porque he seleccionado el contenido en internet.

  4. michael laudrup dijo:

    Yo por edad no lo llegué a ver en directo, pero sí después porque sacaron los programas en DVD hace unos años, como dices hemos ido para atrás, ahora mismo el único programa de música es Los Conciertos de Radio 3 a horas prohibitivas.

    Tengo vagos recuerdos de Rockopop pero creo que llevaban de vez en cuando a estrellas internacionales, en los 90 surgió Música Sí que era bastante malo aunque lo veía siempre, y en los dosmiles un programa llamado Ipop de corto recorrido. Es lamentable lo de la tele y la música este país.

    pd: gracias por la entrada de Insolenzia, aunque no soy muy fan le echaré una oreja

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