Los Grammy: la basura, en el cubo

En ese oasis cultural de la paupérrima televisión de este milenio que, aunque con cierto aire de elitismo, es el programa de La 2,‘¡Atención Obras!’, el protagonista de la excelente película ‘El hombre de las mil caras’, Eduard Fernández, le confesaba literalmente a Cayetana Guillén Cuervo que “los Goya no tienen nada que ver con la profesión, que son un jueguito, un sistema, para vendernos el cine y hacer promoción”. Un mentiroso zoco, en resumen.

No puedo estar más de acuerdo. No ya con la visión del actor catalán de los Goya sino de cualquiera de estos ‘jueguitos’ embaucadores, y sospecho que manipulados, sean de cine, televisión, radio, teatro o música, empezando por los Grammy. Me han importado un pimiento siempre estas fiestas espurias, especialmente los mentados Grammy. Primero, porque no creo en absoluto que la creación sea una olimpiada ni se pueda medir con números y, por tanto, tratarla matemáticamente como el resultado de un partido o el salto de un atleta, es decir colocando a un creador por encima o por debajo de otro. Y, segundo, porque las selecciones de nominados, y en consecuencia de los premiados, me inspiran confianza cero.

Aun con todo, caigo casualmente como un pocholito en la transmisión de los Grammy, que este año salta al aire de manera gratuita a la TDT por uno de esos canales que no ve ni el tato, Dkiss se llama. Y mientras suena el pastelón de fondo, escribo estas líneas y, como no tenía ni idea de que esta madrugada se entregaban los infaustos premios ni quiénes estaban en la absurda contienda , consulto en Internet los nominados…

Aggg, bramo al ver los escogidos para el ‘premio gordo’, pero del bramido paso al estupor cuando veo a Bowie encuadrado en la categoría de ‘rock alternativo’… Vaya, vaya, una veteranísima y reputada leyenda mundial resulta que ahora la encuadran en categoría alternativa, que, a tenor de su significado primigenio, es pasto de minorías. Benditos lumbreras los que organizan y dan paso a aberraciones como esta.

Y mientras escribo, suena de fondo o veo de refilón la parada de monstruos. Hay dos tipos que recogen sus premios en calzoncillos (todo por la notoriedad), Adele hace un Patti Smith en la entrega del Nobel a Dylan, interrumpiendo y volviendo a empezar pidiendo perdón, y Beyoncé muestra ese maravilloso milagro de la naturaleza que es la maternidad, pero su canción es un churro tan largo y tan grande como una catedral… ‘Lemonade’, su inciensado álbum de 2016, incluidas, cómo no, revistas como la truculenta e infame Rockdelux, me aburre soberanamente. Creatividad nula. Neo R&B con trazos de country y rap que reduce y tritura el viejo y sabroso R&B a la nada.

Como el nivel de seleccionados y de invitados, en medio de la mediocridad reinante en el panorama propuesto por los Grammy, que sería preocupante si coincidiera con la realidad, aunque cada vez se acerca más, y viendo el menú propuesto para llevarse el gordo, amén del coñazo de las largas y constantes pausas para la publicidad, que en estos fiestorros yanquis de avaricia por el dólar rayan en lo obsceno, corto y cierro. Me voy. Me importa un bledo si gana fulanita o menganito –imagino que Beyoncé barrerá, lo cual aún me irritará más, aunque ojalá que Adele le tuerza el brazo- e incluso si Metallica, como está anunciado, se une a Lady Gaga (cosas veredes). La basura, mejor en el cubo. Y servidor, con un buen libro en la cama. Eduard Fernández se quedó corto.

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2 respuestas a Los Grammy: la basura, en el cubo

  1. Brand Old Sound dijo:

    Enmienda a la totalidad o a la cuasi totalidad, y puntualizaciones.

    La industria estadounidense es lo que es, y utiliza los medios que están a su alcance para autopromocionarse e imponer su huella cultural, desde premios hasta revistas especializadas, mitos y hagiografías varias (y en esto ni Beatles ni cia. están fuera del círculo.). Nada nuevo, ningún interés, siquiera para dedicarle un post. Tampoco podemos quejarnos cuando les hemos puesto la alfombra roja desde hace 50 años.

    He echado un ojo a los nominados y aparecen, Bob Dylan, Patti Smith, Dutilleux, Bowie (que ha ganado tres), Jean-Michel Jarre, Vangelis, Brad Meldhau, John Scofield, PJ Harvey, Weezer, Radiohead, Chucho Valdés, Gilberto Gil…No creo que sea muy positrivo enviarlos al cubo de la basura…Por cierto, es “Blackstar” el que ha sido nominado, y ganador, del “mejor album alternativo” y no él como artista pues aparece nominado en otras secciones. Aunque no me gusten las etiquetas en el ámbito pop-rock comercial, y me pierda en ellas, la lógica de estos premios hace que tenga sentido. No me sorprende, ni me choca lo más mínimo. Para mí, no hay querella, más allá de que se alabe un disco que no estaría ni entre los diez mejores de Bowie.

    El disco de Beyoncé tiene todos los ingredientes clásicos para ser una bomba: swing bailable, mala hostia, garra vocal, letras que revientan (para los tiempos que corren) y que sorprenden a propios y a extraños, varias lecturas temáticas, un sonido potente, actitud, imagen…No conviene ser tan duro, es algo que se lleva haciendo desde James Brown, con Jackson y prince como primeros apóstoles; en este álbum lo bordan, y digo “lo” porque se trata de un equipo, una máquina de producto musical. ¿Creatividad nula? Escucho samples de electrónica de los 70 a Isao Tomita, a Led Zep, un collage de música americana; veo una popuesta visual de última generación en forma de película de 50 minutos acompañando el CD, un mensaje político arriesgado para una artista comercial…¿Triturar el viejo rn’b? No parece que las reinas del género de aquel tiempo estén para nada de acuerdo, así que lo que tengamos que decir nosotros igual no es tan importante.

    Y, bueno, Eduard Fernández puede decir lo que quiera de los Goya, él que tiene dos y sabe cómo esto ha sido beneficioso para su carrera. Tampoco es que él trabaje en el cine independiente…

  2. CSMY dijo:

    Por mi parte, hoy por hoy donde esté el último trabajo de Bejoncé, que juega al menos a intentar ser diferente que se quite Adele, que auizá tenga una buena voz, pero que me hace bostezar mucho más que emocionarme

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