U2: ‘The Joshua Tree’, treinta años creciendo

Treinta años. Recurriendo al tópico: parece que fue ayer. Me veo en un bar de copas de la zona de la calle La Paz, de cuyo nombre, ¡coñe!, no consigo acordarme, al que solía acudir en noches toledanas, a veces con calaveras inveterados como Sabina; me veo, digo, oyendo absorto una cinta de casete que Emilio Velilla, representante de Ariola en Zaragoza, ha llevado al bar para su escucha antes de publicarse el disco en España.

No doy crédito a lo que me llega a los oídos: el sonido de la guitarra de The Edge y sus típicos delays, el ritmo atronador de la batería en el inicio del disco, la suavidad melódica, rozando el gospel de la segunda y tercera –aún no conocemos los títulos-, la psicodelia apocalíptica de la cuarta, la armónica y el folk a lo Ry Cooder de ‘Paris, Texas’ en la siguiente, la furia que brota hacia el final…, y como remate la tristeza que anega el tema último…

Son las nuevas canciones de U2, las de ‘The Joshua Tree’, el álbum por antonomasia del cuarteto, escrito por un Bono impactado por la pobreza en Africa y la tiranía de los dictadores de Latinoamérica, zonas que acaba de visitar. El largo conflicto minero en la Inglaterra tacheriana entra también en el espacio ideológico del álbum al igual que el tributo al asistente personal de Bono, muerto en accidente de moto, y la religiosidad del grupo, o al menos de Bono, quien años antes ha asegurado que asistía a misa cada domingo. Pero es la América que han recorrido en sus giras previas lo que sustenta el andamiaje literario del disco. Enamorado de los USA pero plenamente opuesto a la política de Reagan e inquieto por los ‘desiertos mentales’, según él, de la civilización occidental en contraposición a los físicos que Bono ha visto en África, las letras del disco aluden veladamente a la política militarista de Estados Unidos y sus zonas oscuras. De ahí que el título inicial sea ‘The Two Americas’ aunque finalmente, tras contemplar también el de ‘The Deserter Songs’, se impone el ‘The Joshua Tree’, que mantiene la idea de los desiertos mentales y físicos que envuelven al hombre. La estética negra de la portada, con el árbol de Josué, tomada en el desierto de Mojave, en la contraportada de un disco de doble funda en su formato original en vinilo, profundiza en la simbología del álbum, que musicalmente retrocede, por consejo del mismo Dylan, a sus raíces irlandesas y a las americanas.

Todavía no es un grupo de audiencias masivas, aún no se ha producido su gran estallido de popularidad, es casi una banda minoritaria, de culto. Pero yo tengo ya en mis oídos varios cebos que me tienen apresado a los irlandeses. Uno de ellos, el descubrimiento del grupo con su primer álbum, cuando el disco no había llegado todavía a España, aunque allí estaba la Base Americana a través de la cual llegó a mis manos el LP (alguna ventaja debíamos tener a cambio de ver sobrevolar los bombarderos yanquis sobre nuestras cabezas). Otro cebo: la edición del extraordinario ‘The Unforgettable Fire’ y a renglón seguido el festival Live Aid y Bono y su mística interpretación de ‘Bad’, una de las más grandes canciones de la historia del pop.

‘The Joshua Tree’ no me hace sino confirmar, y perdón por la inmodestia, que tal y como vaticiné en mi querido Disco Actualidad, antes de que cualquier otra publicación española se hiciera eco del disco, que U2 sería la gran banda del futuro. No tuvieron que pasar muchos meses. En el verano de aquel mismo año 87, Bono y compañía petaban el Bernabéu, abierto por vez primera al rock.

Concierto histórico que disfrutamos en medio de unas apreturas peligrosas pero con la emoción a flor de piel. Aquel Bono encaramado a los andamios del escenario, aquel Bono iluminando al público con un gran foco, respondiendo ‘¡Yo soy el toro!’, cuando la gente empezó a corearle ¡torero, torero!, la despedida uno a uno del escenario mientras sonaba ‘40’… Escenas y fuego inolvidable.

Y sí, treinta años. Increíble. “El tiempo es como un río que arrastra rápidamente todo lo que nace”, escribió un ilustre filósofo y emperador romano, Marco Aurelio. Pero afortunadamente, añadiría uno, en ese arrastre no se van los recuerdos, los grandes recuerdos. Bien al contrario, sedimentan en la mente hasta cristalizarlos en clavos de acero donde agarrarse emocionalmente durante toda la vida de cada cual. Y eso es lo que a mí me ocurre con este magistral disco de U2. Sigue siendo una presencia permanente enganchada a mi memoria musical y personal, una fuente de placer inagotable, por lo que estas tres décadas que ha cumplido esta semana, por mucha longevidad que detente, son un suspiro, un apasionado chasquido vital ocurrido hace tan apenas unos minutos, los mismos que dura su enésimo pase por el reproductor mientras hilo estas líneas y vuelvo a disfrutar con sus once maravillosas canciones, especialmente con la de cierre, ‘Mothers Of The Disappeared’, puesta en bucle y escuchada medio centenar de veces en horas posteriores (no exagero, a veces soy cabezón con una canción hasta romperme las neuronas). ¡Que delirio de mística belleza! Una desolada oración por los hijos arrebatados a las ‘madres de la plaza Mayo’ en Argentina y por extensión a las de Chile y El Salvador.

‘The Joshua Tree’ no mengua. Al contrario: se agranda a medida que pasa el tiempo. Ha crecido en estos treinta años, y sigue creciendo. Más, palpando la carencia de grandes obras y de artistas nuevos que el rock ha ido soltando en los últimos años. Su valor está a la misma altura de muchos de los grandes álbumes que se trabaron en la mitificada década de los sesenta, con los Beatles, los Rolling, Doors… y demás nutrida patrulla de dioses musicales.

Es, por otro lado, uno de los grandes símbolos identitarios, por no decir el mayor, de lo que fue la monumental década de los 80 y los fantásticos discos y grupos que alumbró. La ‘guitarra infinita’ de The Edge, el carisma de Bono y su potente voz de tenor del rock, única e irrepetible, la psicodelia emboscada en las canciones menos aparentes, los fondos de sintetizador, el trabajo a dúo de Daniel Lanois y Brian Eno en la producción… y, cómo no, su pirotecnia melódica, su arsenal de icónicas canciones (‘Where The Streets Have No Name’, ‘I Still Haven’t Found What I’m Looking For’, ‘With Or Without You’…) le dieron identidad a aquella década, como se la dieron The Smiths, The Cure, The Jesus & Mary Chain, Joy Division, Simple Minds, The Cult, Depeche Mode, Cocteau Twins, Siouxsie & The Banshees, The Waterboys o Echo & The Bunnymen. Hallazgos letales, chorros de esa arrebatadora hermosura que uno busca en la música y que le hacen seguir creyendo en el gran arte de la creación. Eso fue y sigue siendo ‘The Joshua Tree’, un poderoso torrente de música moderna con raíces en el pasado (Doors, Van Morrison, Dylan…), una reinvención del rock, como confesó The Edge que era el objetivo del grupo a la hora de afrontar su quinto álbum.

El 2 de junio próximo preparen bolsillos fans y coleccionistas. Después del rescate en 2007, con motivo del 20 aniversario, llega otra reedición de ‘The Joshua Tree’ a lo grande, al modo ‘Achtung Baby’, en esta ocasión con siete elepés o en su caso cuatro cedés en los que junto a la remasterización del álbum original, entre otras golosinas, se encontrarán un concierto de la gira del 87 en el Madison Square Garden, 27 canciones inéditas o diversos remixes. Los 28 millones de copias vendidas hasta ahora subirán unos cuantos puntos más. Y el árbol de Josué y de U2 seguirá creciendo.

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5 respuestas a U2: ‘The Joshua Tree’, treinta años creciendo

  1. Woodyalle dijo:

    Después de leer tu espléndido artículo (uno de los mejores de los últimos años), poco más que añadir. Tuve la suerte de iniciar mis tiernos veinte años con este disco que hoy es banda sonora de una de las mejores etapas de mi vida. Temas que te agarran, te sacuden y no te sueltan, envolviéndote en una montaña rusa de emociones y principios tambaleados.
    Grandes U2, grande “The Joshua Tree”…

    • Matías Uribe dijo:

      Gracias woody, ¡cuánto alegra encontrarse con alguien que siente los mismos placeres musicales! Incluidos los del jazz, of course.

  2. Dedé dijo:

    Para mí este sublime disco es el que me hizo engancharme a los 15 años, y para siempre, a la música como oyente y como músico.
    U2 pasó a ser, y lo sigue siendo, mi grupo favorito.
    Desde que salió quise ser rockero como ellos, y afortunadamente desde los 18 años no he dejado de tocar. Gracias U2 por engancharme a esta droga, la más maravillosa que existe.
    Como cuentas en tu artículo, yo también escuchaba en bucle muchas canciones. “Where the streets have no name” no dejó de sonar todos los días, durante meses, en mi casa, me parecía lo más increíble que había oído nunca.
    Y poco a poco fui descubriendo su pasado. Me fliparon y flipan especialmente “The unforgettable fire” y “War”.
    Durante muchos años mi canción favorita del rock ha sido una de las menos conocidas del Joshua, “Red Hill Mining Town”, sencillez, emoción y épica rock a la vez, Bono en plenitud vocal…quizá por eso mismo es la única que no tocaron ni tocan en directo de este disco, exigencia máxima en los agudos en el climax de la melodía, algo imposible para Bono en estos tiempos…
    También hay que recordar las sensacionales caras B que acompañaron a los singles, temas como “Spanish eyes”, “Silver and gold”, “Sweetest thing”… que en alguna antigua recopilación se recuperaron junto a sus hermanas mayores.
    En definitiva, Historia con mayúsculas del rock. Gracias por recordarlo, Matías.

    • Matías Uribe dijo:

      Un placer Dede leer comentarios como el tuyo y comprobar los maravillosos efectos devastadores que puede provocar un disco. A seguir disfrutando.

  3. Luis dijo:

    Hola Matias
    Gracias por esta maravillosa revision. Yo recuerdo un poster en un bar de la calle La Paz (Amaranta, no se si era el que tu dices)que anunciaba un viaje al concierto por aquel entonces inalcanzable por mi edad y economía ( UB40, Pretenders…), pero queda el recuerdo de un disco que sin duda es de los favoritos , directo al corazón , descubrir un disco que bebe de los clásicos para ser un clásico, con canciones que son canciones de la vida de uno. Seguimos disfrutando

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