Chuck Berry, se va apagando la era biológica del rock’n’roll

Solo quedan en pie Jerry Lee Lewis, Fats Domino y Little Richard. Se fueron hace ya muchísimos años Gene Vincent, Eddie Cochran, Buddy Holly, Ritchie Valens, Big Bopper y Johnny Burnette. Más tarde, en 1977, diría su adiós definitivo Elvis; en 1981, lo haría Bill Haley; en 1998, Carl Pekins; en 2008 Bo Didley… y ahora acaba de despedirse Chuck Berry, que falleció el sábado pasado aunque ha sido hoy domingo cuando se ha conocido la noticia. Es evidente que se está apagando la era biológica de los grandes creadores del rock’n’roll, aquel género diabólico que removió los cimientos juveniles y, por ende, de la sociedad americana de los cincuenta, proyectando su latido revolucionario en las décadas siguientes.

Honor y loor al máximo generador de aquel terremoto vital, social y musical. Es cierto, Elvis evangelizó al mundo a golpe de pelvis, canciones inmarcesibles y radiante aspecto, pero Chuck Berry fue el creador salvaje del rock’n’roll: escribía, cantaba, creaba y tocaba la guitarra. Era el mayor de toda aquella generación y eso le daba la distancia no solo de la experiencia, del aprendizaje antes que los demás, sino para mirar la vida y el mismo ritmo que acababa de nacer con ojos tan críticos como irónicos, cuando no tan defensivos como humorados. Aquel puñetazo a Beethoven…

También es mala uva que justo cuando tenía un disco en la nevera, después de ¡38 años! sin estrenarse discográficamente que no en los escenarios, que seguía pateando, haya dicho adiós. En sentido necrofílico, podría decirse que se une al clan Bowie-Leonard Cohen, al de los escritores de sus propios requiems.

Aunque para qué engañarnos. Si ese anunciado disco hubiera salido al mercado con él en vida, hubiera pasado prácticamente desapercibido si no recibido con una simple nota en los periódicos o como una anécdota del tipo “hay que ver, 90 años, y ha grabado un disco”… Berry era ya una gran reliquia del pasado que solo interesaba a aficionados recalcitrantes y estudiosos. La generación de los ochenta y las posteriores lo ignoraban, no digamos la de los millennials que les sonará tan lejano y desconocido como Boticelli o Kubala.

Pero, aunque sean unas breves líneas, vaya al menos en este rincón de lo blogosfera el recuerdo y el reconocimiento estelar de esta leyenda del rock’n’roll, a aquel adolescente que cuando consiguió comprar una guitarra española por cuatro dólares se empeñó en aprender a tocarla por sí mismo y en unos cursillos de verano en su propio instituto y después desarrollar un estilo de guitarra y canto que no solo le llevó al éxito sino a marcar el camino a generaciones posteriores.

Su discografía con Chess Records, el sello que le recomendó su admirado Muddy Waters una noche mientras firmaba autógrafos, cobijó sus primeras y grandes creaciones. El álbum ‘Chuck Berry Is On Top’ (1959), con el curioso ‘Anthony Boy’, que no es sino (¡ups!) ‘El gorila’, de Brassens, es la gran Biblia del género, como no podía ser menos, conteniendo, como contiene, ‘Carol’, ‘Maybelline’, ‘Little Queenie’, ‘Roll Over Beethoven’ y, cómo no, el impactante ‘Johnny B. Goode’, que aún me atruena en la voz de Miguel Ríos y el pedazo de recreación que se pegó el año pasado en el Centro Delicias junto a unos Seven conocidos en el mismo escenario, sin el más mínimo ensayo. Por aquí, también hizo estragos el calavera yanqui.

Que el hijo de un carpintero y una maestra no solo creó el género partiendo del blues y el R&B y popularizó el famoso ‘duck walk’, o paso del pato, sino que su vida, sobre todo en su juventud, exhibió algunos de los más insignes galones de perversión y macarrismo rocanrolero: fue arrestado por robo a mano armada en tres tiendas de Kansas City cuando tenía 18 años, pisó el reformatorio, le metieron tres años de cárcel en 1960 por seducir a una joven mexicana de 14 años y meterla en su propio club, según la justicia, un burdel, volvió a la cárcel 19 años más tarde por evadir impuestos, pagó más de un millón de dólares para salvarse de un nuevo ingreso en la cárcel por colocar cámaras ocultas en los baños de señoras de su restaurante, tras la denuncia de 59 mujeres…

Únase a ello su fama de huraño, su mal carácter con sus propios músicos, que por lo general alquilaba huyendo de los fijos, sus espantadas, su arrogancia, su extravagancia… y su fama de gran tacaño, hasta el punto de seguir el mercado de divisas para, en función de las fluctuaciones, pedir el cobro en efectivo, cobrar por las entrevistas, impedir la filmación de un solo minuto de sus conciertos si no había pago previo o escatimar a su socio en la composición, el pianista Johnnie Jonson, el más mínimo centavo de derechos de autor –hablamos de canciones emblemáticas como ‘No Particular Place To Go’, ‘Sweet Little Sixteen’ o ‘Roll Over Beethoven’- hasta que a este se le hincharon las narices y lo demandó en el 2000, y tendremos el retrato del prenda.

Nada de ello, sin embargo, empaña su papel en la invención y desarrollo del rock’n’roll. Charlie Gillet escribió en su imponente obra ´Los sonidos de la ciudad’: “Si la importancia en la música popular se pudiera medir en términos de imaginación, creatividad, imaginación e ingenio, así como según la habilidad de convertir una variedad de experiencias y sentimientos en formas musicales prestigiosas y duraderas, Chuck Berry, sería, sin duda, la mayor figura del rock’n’roll”.

Nick Cohn lo señaló como su letrista pop favorito: “Sus letras trataban de interminables romances de teenagers y las cantaba con un cinismo vicioso y maligno que le daba todo su encanto”. De todas cuantas escribió, la mejor, según Cohn, fue ‘You Never Can Tell’, que describía, como hasta entonces nadie había conseguido, por muchos intentos que se hicieron antes, el mito de los sueños adolescentes. Tuvo que ser un rocker el que diera en la tecla, si bien la canción, extrañas paradojas del negocio musical, no alcanzó éxito hasta que Tarantino la eligió para el famoso y sensual baile de Travolta y Uma Thurman en ‘Pulp Fiction’.

Y es que, siguiendo a Nick Cohn, Bogart había probado que para ser grande no se necesitaba ser intelectual. “Lo que se necesita es estilo, fuerza y una imagen específica, esto es lo que exactamente a Chuck le sobraba”. La causa por la que Dylan, Keith Richards o los Beatles le adoraran e incluso de que ellos mismos existieran en el rock, tal era su admiración hacia él.

Lástima que ese nuevo disco, 38 años después de tan extraña sequía pese a seguir rodando por los escenarios, no le coja en vida. Veremos qué depara.

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3 respuestas a Chuck Berry, se va apagando la era biológica del rock’n’roll

  1. Woodyalle dijo:

    Se han “celebrado” con mucho más pompa y boato los decesos de Prince, Cohen, Bowie o, sin ir más lejos, de George Michael, que el de Chuck Berry, como no podía ser de otro modo. Y es que el de Missouri es un elemento antediluviano del que poca gente (de cuarentones para arriba) se acuerda. Lo que sucede es que algunos grupitos como Beatles, Rolling Stones, Ramones, Eric Clapton, Supersucker, Bob Dylan, The Clutch, … no serían lo que fueron (son) sin este negro petulante y malencarado. Impagables las anécdotas con un tal Keith Richard, al que en una ocasión, versionando los compases de “Johnny be good” le dijo que lo hacía mal (cuando fueron el santo grial de su formación como guitarrista), hasta cuando le propinó una hostia cuando el guitarrista de los Rolling osó puntear una de las guitarras de Berry…
    Cuando leemos el post de “qué escuchan los adolescentes de hoy en día”, lamentablemente me atrevo decir que el 99% no han escuchado a esta parte fundamental de la historia de la música del siglo XX.
    Solo espero que el tiempo sepa poner en su sitio a este genio intemporal. DEP

  2. Ricardo Gil Salinas dijo:

    Supongo que voy a caer en lugares comunes, pero es que para mí fue un pilar en mi formación musical. Cuando decidí adentrarme en su discografía, más allá de aquello que durante mucho tiempo sólo conocí vía Beatles/Rolling Stones y poco más, descubrí una música cavernaria. Era rudo tocando la guitarra (o al menos tal es la impresión que yo como ignorante percibo), pero me gustaba. Recuerdo haber visto en televisión (sí, en la televisión de España, y creo recordar que fue en Tele 5, en sus comienzos, oculto entre las Mama Chicho -o cómo se diga) un concierto del año 1972, en el BBC Theatre, con Tina Turner. Se convirtió para mí en una referencia y ése fue el Chuck Berry que siempre admiré.

  3. Folk dijo:

    Muy grande, Chuck Berry!!!

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