Sabina, en el sastre equivocado

Y de Carbonell a Sabina. Es decir, sigue el paseo musical de este blog por el mismo territorio sonoro. Ambos, Carbonell y Sabina, se embeben mutuamente, se absorben, se nutren del mismo zumo musical, juegan en la misma liga creativa, que no en la del éxito, claro. Ya comenté al respecto en la entrada anterior. O sea, a disfrutar de la canción de autor más penetrante y diría que exclusiva que se hace en España. Obviamente, con reparos.

Sabina ha tardado ni más ni menos que ocho años en dar salida a un nuevo disco, tras ‘Vinagre y rosas’ (2009), lo que lleva a diversas preguntas: ¿la enfermedad?, ¿seco de instinto?, ¿sin musas?, ¿vagancia?, ¿desilusión?, ¿límite: ya he hecho todo lo que tenía que hacer, imposible superarme?, ¿rentas: para qué un nuevo disco, si como a los Rolling, me piden las canciones viejas?, ¿un disco?: si no se vende… Preguntas que no he visto respondidas por sitio alguno pero que serían las primeras en plantearle en caso de una hipotética entrevista, que me temo no sería posible, dado su fervor –o el de su discográfica- por los grandes medios. Pero sorprende que un artista, pese a nubes negras, nicotina vocal y achaques, aunque en pleno esplendor de fama y aceptación, se guarezca en el agujero de la inactividad creativa durante tanto tiempo (sí, ya sé, hizo lo de Serrat, pero me refiero a trabajo propio). No es comprensible, salvo explicación.

Mas, por fin, merced al reencuentro con Leiva, que ya le metió mano a una de las canciones de ‘Vinagre y rosas’, ‘Tiramisú de limón’, parece que el resorte para hacer un nuevo disco se activó y desde mediados del pasado mes está en el mercado el álbum ‘Lo niego todo’, que, como era de esperar, ha trepado con éxito absoluto en las listas de ventas (dentro, eso sí, del paupérrimo panorama de ventas que vive el país y la industria discográfica).

No es un mal disco, pero es uno más. Sabina quería airear su sonido, esquinar a Pancho Varona y Antonio García de Diego, sus lugartenientes en la composición, y decantarse por alguien que le robara el traje gris y le hiciera uno nuevo, diferente. Leiva ha sido el sastre designado, que no el ideal. Porque el traje, por mucho que el ex Pereza haya abierto costurones y cosido nuevas solapas, sigue siendo el mismo: baladas, rumba, pop, rock, mexicanismo, J. J. Cale, Dylan y el incombustible ‘Knocking On Heaven’s Door’… Lo de discos anteriores, solo que ahora con pespuntes stonianos y hasta de reggae, que le ha traído este Leiva, blandito y diría que fallido, si no postizo, émulo de los Stones y quizá el artífice de que el ritmo jamaicano haya entrado en el cancionero sabiniano siguiendo el hilo Jagger-Peter Tosh.

No, Leiva no es Daniel Lanois o Brian Eno, capaces de darle la vuelta a U2, o el mismo Spector, cosiendo trajes imposibles para los Ramones o Leonard Cohen, pero nuevos, aireados. Leiva ha ideado botones, por no decir pegotitos, de guitarras slide, dobros, country, stonismo, piano, voces de niños…, poca cosa, si no desatinada (¡qué pintan esas voces blancas en medio de una de las grandes piezas del disco, ‘Quién más quien menos’, o esa misma voz suya -la de Leiva-, canija y fea, en ‘Por delicadeza’!)

El centrifugado ha sido más bien de poca intensidad, escasamente ingenioso, viejuno, porque Leiva, pese a ser mucho más joven, es tan o más viejo que Jagger, esto es, el que menos le convenía a Sabina, si realmente quería ventilar y renovar el armario. Pese a lo que dice su albacea Benjamín Prado, ni Sabina empieza de cero ni lleva su música a sitios que nunca antes había estado. ¡Vaya si ha estado! ¿O lo de la rumbita y el corrido mexicano, por decir, eran tierra incógnita?

A este disco no se puede acudir a escuchar música renovadora, candente, nueva. Es lo de siempre –letras eruptivas envasadas en patrones musicales archisabidos-, para lo cual no era preciso apartar a Varona y De Diego, que, con su talla y sabiduría, le han dado lo mejor al jiennense y le podían haber dado igualmente esto o más.

A este disco hay que acudir a escuchar a Sabina y su voz de ceniza, a sus rimas (atosigantes por momentos), a su mundo de putas, ternura, humor, tristezas, sarcasmo, amores turbadores, sexo, supervivientes, cinismo… A lo de siempre (ahora sumado al escozor de Hacienda y el ictus), al Sabina en estado puro literario, al Sabina ingenioso contador de historias, que es valor seguro en la bolsa de la música española.

Por ahí, como siempre, es por donde el disco funciona, donde reúne las mejores cartas para ganar la partida de las listas de venta y de los pabellones, como ya la ha ganado. Canciones como ‘Quien más, quien menos’, ‘No tan deprisa’, ´Lágrimas de mármol’ o la misma ‘Lo niego todo’ entran por derecho propio en el sabinismo mayor, son grandes emblemas de este disco, magníficas canciones, pero me temo que nunca parasoles de luminarias pasadas. Así me lo niegue su autor.

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3 respuestas a Sabina, en el sastre equivocado

  1. María Ramos dijo:

    El último disco de J. Sabina me parece del montón. Si musicalmente es agradable y comercial, se debe al sólo “mérito” de Leiva (J.M. Conejo Torres) , Pablo Milanés, Ariel Roth, Jaime Azúa, etc. que escribieron la mayoría de las músicas. En cuanto a las letras y especialmente las que el autor de esta nota destaca, son sólo formas de mirarse el “ombligo” por parte de Sabina, autorreferenciales a la enésima potencia. Es decir falta en todo el disco la visión de un autor que mira más allá de sus narices, que sale a la calle (parece encerrado en las cuatro paredes de su casa). Salvo contadas ocasiones, sus textos son repetitivos, parecen recordar a canciones ya hechas, a enfoques ya sobradamente transitados. Saludos

  2. Juan Luis dijo:

    Discrepo. Efectivamente me parecen las músicas comerciales, y eso para mi es un acierto, ayuda a escuchar las letras que es de lo que se trata con un disco de Sabina. No me gustan esas músicas del Pancho Varona que me dificultan el escuchar las letras. Las letras del disco me gustan, aunque muchas sean repetitivas en cuanto a la temática, y desconozco que ha aportado Benjamin Prado, algún día nos enteraremos, pero me gustan. Y las 4 canciones que nombras, y postada y la rumba, quedarán en el repertorio. En definitiva un buen disco, el mejor de este siglo, pero es que claro, los del siglo pasado fueron inmejorables, al menos desde el de juez y parte hasta el de 900 noches. ¿Leiva? pues por mi que le haga el siguiente, no me molesta.

  3. woodyalle dijo:

    Tufillo a déjà vu, lo “nuevo” de Sabina. Y es que las maravillosas historias que contó en el pasado las repite hasta la saciedad. Y, claro, si encima se pone en las manos de “Mr.quieroynopuedo” Leiva, nos sale el viejo Joaquín con olor a naftalina. No será un disco para recordar, me temo.

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