Lana Del Rey canta la felación de Janis Joplin a Leonard Cohen

Imagen de previsualización de YouTube
La acabo de descubrir y me he quedado atónito, más después de que anteayer me empapara el blu-ray de ‘Songs From The Road’, como comentaba en el blog ayer: Lana del Rey versionando una canción emblemática de Leonard Cohen, ‘Chelsea Hotel No. 2”, aquella que el canadiense compuso tras su relación con Janis Joplin, la que hablaba sin tapujos de una felación en el famoso hotel neoyorkino: “Te recuerdo claramente en el Hotel Chelsea…mamándomela en una cama deshecha mientras las limusinas esperaban en la calle…”. Carajo.

Esta chica es tan atrevida como imprevisible. Y sin pudor ni pelos en la lengua. “Mi coño sabe a ‘Pepsi-Cola”, cantaba en ‘Cola”, y ahora aparece recreando la felación de la Janis a Cohen… Más que cantar parece que la tararea, pero qué toque más delicado y angelical le da a la canción, con un rasgueo de guitarra apenas audible y unas imágenes oscuras, misteriosas, no precisamente en alta definición sino en plan película super-8 de los setenta. A su manera se adueña de la canción, la hace suya, seduce. Y ello con solo esa voz desganada y angelical y una simple guitarra. Así también se ganan las versiones. ¿A dónde coño irá esta tía? ¿Qué estará tramando? ¿Por dónde asomará en su segundo álbum? ¿Enfilará el camino correcto o seguirá por el facilón y trillado?

Llamadme pelma y obsesivo, pero esta mujer tiene algo especial, mejores condiciones musicales que la puerilidad con que le enlataron algunas melodías de su álbum ‘Born To Die’. Ya lo dejó clarito con los varios singles de adelanto: ‘Blue Jean’, ‘Born To Die’, ‘Video Games’… Posiblemente me quemaré, pero creo que en su segundo álbum, si eleva el tiro como aquí lo hace, vamos a ver desarrolladas todas esas capacidades que yo intuyo grandes y que no son precisamente las del chumba-chumba salchichero de las gagas, beyoncés y compañía. Veremos.

En la última entrada dedicada a ella, a raíz de la reedición de ‘Born To Die’ y el bonus ‘Paradise’, con canciones como ‘Ride’, ‘American’ o ‘Yayo’ y la versión de ‘Blue Velvet’, pedía una nueva oportunidad para ella. Escuchando esta adaptación de Leonard Cohen –no ha disparado bajo, no-, creo más firmemente en esa segunda oportunidad. Si no se deja comer por los productores ‘amasadólares’, estoy convencido de que el segundo disco puede ser algo importante. Esta tía tiene personalidad y una voz tan sensual como seductora, para lograr dejar boquiabierta a la parroquia. Por lo pronto, el vídeo lleva tres días en YouTube y ya tiene casi dos millones de visitas…

Por si acaso: La canción la incluyó Leonard Cohen en su álbum de 1974, ‘New Skin For Old Ceremony’. En una ocasión le preguntaron si era cierto que la mujer que compartía su cama en el Chelsea Hotel era Janis Joplin y no tuvo más remedio que corroborarlo: en la gira del 72 ya presentaba la canción como una elegía a la inolvidable cantante. Probablemente es una de las cosas que más se haya arrepentido en su vida, antes o después de sus borracheras en el convento zen junto a su instructor. Años después de editarse el disco, confesó estar avergonzado de haber cometido semejante indiscreción, de la que se arrepentía enormemente (“an indiscretion for which I’m very sorry, and if there is some way of apologizing to the ghost, I want to apologize now, for having committed that indiscretion”). Es la razón, seguramente, por la que tan apenas aparece en sus conciertos. No obstante, aquí la tenemos en la interpretación que aparece en ‘Songs From The Road’, el blu-ray que me ví anteayer y que, precisamente me llamó la atención por esta versión, amén de la divertida, vaquera y poco habitual ‘Heart With No Companion’, y, cómo no, por la memorable ‘The Partisan’, que no aparecía en el ‘Live In London’. E ipsofacto, llega la ‘morritos’ con su particular versión… Maravillosas coincidencias.
Imagen de previsualización de YouTube

Publicado en Internacional | 12 comentarios

Música para un funeral perfecto

Hace ya tiempo que dediqué una entrada a la música clásica, o por mejor decir a palpar el grado de atracción hacia esta música entre los lectores del blog y al tiempo proclamar mi devoción por ella. Lo dije, lo he escrito en más de una ocasión y vuelvo a repetirlo: no soy ni rockero, ni folky, ni bluesero, ni indie, ni heavy, ni jazzero… soy melómano. Eso, obviamente, quiere decir que me gusta, o mejor, me apasiona la música en general, sea del género que sea. Y la clásica figura en mi tabla de preferencias tan alta como el pop, el jazz, el rock, el blues… Hay un momento y un tiempo para cada música. No me valen los compartimentos estancos. Respeto al fan ‘monoartista’ o ‘monogénero’, pero no lo entiendo, con la gran riqueza que hay en el planeta musical. Mas, allá cada cual con sus gustos y preferencias.

Viene este introito a cuento de que ayer me aticé otra larga sesión de deuvedés de música clásica, entre ellos el Concierto número 5 para piano y orquesta de Beethoven, más conocido como Emperador, dirigido por ese monstruo que es Daniel Barenboim: increíble verle llevar la batuta y hacerse cargo del piano. ¡Y sin partitura! Messi infiltrado en la música clásica.

Otra maravilla que cayó una vez más, fue el Requiem de Mozart, con Sir Georg Solti a la batuta, la Filarmónica de Viena y Cecilia Bartoli, entre otros, en un concierto celebrado en la esplendorosa catedral vienesa de San Esteban, en el bicentenario de la muerte del mago de Salzburgo, es decir, el 5 de diciembre de 1991. Impresionante el marco e impresionante esta obra.

El Requiem, ya se sabe, se le encargó a Mozart por un desconocido que durante meses le atormentó para que lo acabara. El compositor estaba en las últimas, después de sus excesos físicos y de su exceso de trabajo, y aquella obra le hizo sufrir lo indecible. Milos Forman en mi venerada ‘Amadeus’ (la película que más veces he visto en mi vida) retrató aquel pasaje de manera sobrecogedora. Mozart murió sin acabarlo, pero con bastantes anotaciones, por lo que un discípulo suyo, Süssmayr, lo completó. No es cuestión de profundizar, Internet ofrece información exhaustiva al respecto, pero sí de insistir en la grandeza de este Requiem, sobrecogedor e imponente (Mozart lo escribió pensando en su propio funeral).

Tiempo de música sacra. No es mal momento para sacarlo de la estantería y colocarlo en el reproductor, elevar el espíritu con una música como esta, la música perfecta para un funeral, para irse confortado y de manera más fácil al otro mundo.

No es la primera vez que este blog rockero se ocupa de la música clásica, ni espero que sea la última, auque bien es verdad que en esta ocasión lo hago con mayor énfasis. Igual, para algunos lectores, es una aberración, se borran y hasta me maldicen. Lo siento, pero también aconsejo un poco de paciencia si no se está muy familiarizado con el tejido. Creo que hay gratificantes compensaciones… Ese Rex tremendae maiestatis o la sublime Lacrimosa tienen que arrancar alguna astilla de emoción y sensibilidad…, y más con el majestuoso Karajan en la dirección de esta versión completa que he encontrado en YouTube. Paciencia y ánimo.

Termino de forma chisposa con una preguntilla intrascendente, nada macabra: ¿Tienes una música específica para tu funeral? ¿Te atreverías a elegirla? Yo, sí: este Requiem mozartiano, con Karajan resucitado a ser posible. Y si no, que venga el Boss.
Imagen de previsualización de YouTube

Publicado en General | 42 comentarios

Los discos que ‘fusiló’ Franco

No le faltó ingenio al artista-censor en cuestión para convertir un trasero femenino en elefante

No le faltó ingenio al artista-censor en cuestión para convertir un trasero femenino en elefante

Le dedicaré atención más adelante, toda vez que se ha publicado un triple cedé que recuerda tan notable efeméride. Este 2013, se cumplen 50 años de la prohibición de las sesiones rocanroleras del madrileño circo Price. Visto desde hoy, asombra que el cerrojazo no tuviera repercusiones posteriores más duras: no se dictó una sola ley contra aquella algarabía de ‘nuevos ritmos’. Y eso que un censor emitió un informe contra el twist, en boga entonces, en el que alentaba a vedarlo alegando cosas tan peregrinas, entre otras, como que atentaba contra la salud, se había prohibido en Irán y “era pernicioso para el español sentido del decoro”. Bien al contrario, no hubo maza legal represora contra el pop y el rock, lo que propició, por ejemplo, que los Beatles vinieran a España dos años más tarde del cierre de las sesiones del Price y sobre todo que el país mismo, pese a su férreo y grisáceo cascarón político, se convirtiese en los 60 en un colorido ferial de grupos pop y chicas ye-yés..

Carpeta original del 'Electric Ladyland', de Hendrix

Carpeta original del ‘Electric Ladyland’, de Hendrix

Carpeta española

Carpeta española

Fue en los discos donde, ahí sí, el franquismo golpeó con dureza, especialmente entre finales de los 60 y la agonía de la dictadura: elaboró innumerables listas de discos no radiables, se cargó carpetas, prohibió canciones a mansalva, impidió la edición de discos, recortó o cambió los elepés con respecto a sus versiones originales… Un ‘fusilamiento’ masivo que no solo se hizo notar en los ejemplos más tópicos -al ‘Sticky Fingers’ le cambiaron la portada y le cortaron la famosa ‘Sister Morphine’, a ‘Quadrophenia’ le recortaron ‘Doctor Jimi’ mientras el censor se hinchó, cual protagonista de aquellas ‘Historias de la frivolidad’, de tapar pechos y pudendas femeninas de manera burda con un rotulador, de ‘Rock’n'roll Animal’ quedó fuera ‘Heroine’, la carpeta entera de ‘Electric Ladyland’ se cambió por otra más ‘pudorosa’, al directo de la Velvet de 1969 en el Max’s Kansas City le taparon unos glúteos femeninos tirando del parche del título más hacia abajo, sobre la frase ‘making love’, de la canción ‘Cecilia’, de Simon & Garfunkel, se colocó una pequeña rayita para ocultarla…- sino que la tijera y la imprenta hicieron de las suyas en decenas y decenas de discos más insignificantes, cuando incluso se estuvo a punto de no publicar ‘Blonde On Blonde’ o directamente se prohibieron obras maestras como el primer álbum de la Velvet porque la canción ‘Venus In Furs’ exaltaba el masoquismo.

La versión original de una página del libreto de 'Quadrophenia'  (arriba) y la pintarrajeada (abajo)

La versión original de una página del libreto de ‘Quadrophenia’ (arriba) y la pintarrajeada (abajo)

Ahora da risa: nada de maquinaria pesada detrás de aquella escabechina, ningún gran observatorio de vigilancia, los autores de estas barrabasadas fueron simplemente cuatro funcionarios de la Dirección General del Libro, dependiente de Información y Turismo, que por las tardes, por cuatro perras, hacían horas extras en un cuartucho del ministerio. Increíble.

El 'Sticky Fingers' prohibido y el editado en España, hoy tesoro de coleccionistas, por mor de los censores

El ‘Sticky Fingers’ prohibido y el editado en España, hoy tesoro de coleccionistas, por mor de los censores (eso que salimos ganando, al menos). Foto de la exposición a que ha dado lugar el libro ‘Veneno en dosis camufladas’

De esto, de la censura discográfica del pop y del rock durante el franquismo (la canción popular fue capítulo aparte), y de otras ‘amenidades’ más -verbigracia, la prohibición del jazz en Huesca- da cuenta un magnífico libro, fruto de una tesis doctoral, ‘Veneno en dosis camufladas’, obra de Xavier Valiño editada por Milenio. Magnífico y al mismo tiempo sorprendentemente y sonrojantemente revelador: creíamos tener, salvo los casos concretos, algunos de ellos mentados, nuestras discotecas normalizadas y a buen recaudo, pero, repasando las más de quinientas páginas del libro, salen a la luz tropelías de las que no había noticia, aunque sea en detalles insignificantes, verbigracia la portada del álbum recopilatorio de Pink Floyd, ‘A Nice Pair’, donde dos aspas gruesas ocultaban sendos desnudos femeninos en dos de las diminutas 18 viñetas que configuraban la portada y contraportada. Un bofetón cabreante e inesperado al cabo de más 40 años.

Valiño libro

Queda la paradoja: la música pop en vivo, en su misma existencia, apenas sufrió moratones durante ‘la oprobiosa’, pero lo de los discos, aunque al censor incomprensiblemente se le escapó el lascivo ‘Je t’aime moi non plus’, fue una hemorragia casi mortal.

Recomiendo vivamente este libro: es tan irritante por las fechorías que pormenoriza como ameno e historicista, el reflejo cruel de un tiempo que ojalá nunca más vuelva a repetirse. Como felicito a Valiño por la minuciosa investigación de años metido en el Archivo General de la Administración, ubicado en Alcalá de Henares. Dios mío, las horas que debió meter este hombre, este excelente periodista gallego, en ese archivo y su inagotable paciencia para rastrear tanta información y tanto disco ‘fusilado’.  Junto al trabajo de Guzmán Alonso sobre Los Bravos, son los dos libros mejor  documentados e ilustrados que se hayan escrito en España hasta hoy.

Como premio final, otra de las barrabasadas gráficas, el álbum en directo de la Velvet, junto a otros discos acuchillados por la censura, según un panel de la exposición sobre el libro:

Velvet

Publicado en General | 10 comentarios

Delicias vaqueras con Emmylou Harris y Rodney Crowell

Un poco de música vaquera para darle frescor verde al blog y una bonita historia detrás. Ella, Emmylou Harris era la cantante, en los primeros setenta, de la Hot Band, y él, Rodney Crowell, el guitarrista, cantante y compositor. Ahora, al cabo de 40 años, ambos se han reencontrado para alumbrar un exquisito disco de duetos.

Emmylou es una de las grandes damas del género, por no decir ‘la gran dama actual’. Aquí, en España, como la edición discográfica iba como le daba la gana, vamos, al albur comercial o de la ignorancia de las compañías, supimos de ella tarde, cuando apareció en el álbum de Bob Dylan, ‘Desire’ (1976), haciendo unos preciosos coros y solos. Y digo tarde, porque antes de este ‘lanzamiento español’ junto a Dylan, la seductora Harris había grabado ya un álbum en solitario en 1968, ‘Gliding Bird’, y sobre todo, ahí es nada, había compartido espacio en los tres primeros discos del gran mentor del género country-rock, Gram Parsons. Pero de eso por aquí, poca información, o ninguna.

Fue a raíz del encuentro dylaniano, si la memoria no falla, cuando entonces, vía Hispavox, se editó en España su tercer álbum en solitario, ‘Elite Hotel’ (1975), y fue cuando empezamos a adorarla, máxime cuando al poco llegó el segundo que había grabado, ‘Pieces Of The Sky’ (1975) –así, con esta anarquía, se configuraban las discografías por estos pagos de los artistas foráneos en aquellos tiempos que no había Internet y el acceso a los discos y la información era famélico-. Desde entonces, la carrera de la ‘gran dama’ está repleta de discos y colaboraciones, es abrumadora.

Crowell era guitarrista, compositor y cantante en la Hot Band, como queda dicho. Casado con Rosane Cash inmediatamente después de grabar con ella, en 1978, su primer álbum, su trayectoria discográfica es también muy densa, amén de sus labores como compositor y productor, que aquí, para no cansar, conviene no desmenuzar. Solo anotar que, desde que dejó la Hot Band, ha seguido componiendo y colaborando con Emmylou, pero no ha sido hasta ahora que ambos han unido fuerzas para fabricar este bello disco de canciones vaqueras, ‘Old Yellow Moon’.

Ya se sabe, canciones de porche y noche estrellada, esas baladas arrebatadoras, esos ritmos trotones, los violines, el acordeón, la seda de las steel guitars… y aquí el empaste de dos voces de una sensibilidad superior sobre piezas de autores de lo más variado, desde Kris Kristofferson al mismo Rodney Crowell e incluso otro viejo colega de la Hot Band, Hank DeVito.

Se incluye también una pieza repescada de uno de aquellos primeros discos de Emmylou, compuesta por Crowell, en concreto ‘Blue Bird’, que abría ‘Pieces Of The Sky’, aunque, en mi caso, la mayor sorpresa me la ha producido ‘Spanish Dancer’, pieza sublime de Patti Scialfa, quizá lo mejor que haya escrito la señora del Boss.

Pues eso, canciones vaqueras y deleite a raudales, si hay un mínimo aprecio del country, que en mi caso, con gentes como Flying Burrito Brothers, Gram Parsons, los primeros Eagles, Buffalo Springfield, New Riders Of The Purple Sage… o los mismos Byrds, es mucho. ¿Y tú?

Aquí, la balada más tierna del disco:

Imagen de previsualización de YouTube
Publicado en Internacional | 2 comentarios

Quique González, el Springsteen español que ni era ni es

Llegó hace más de una década a Polygram (hoy Universal). Lo presentaron como el  Springsteen español… Eso, para los mandamases de la discográfica, significaba vender discos por un tubo y estrellato inmediato. Lástima de tarjeta tan sobrevalorada y equivocada. González salió por piernas de la multinacional, tras no comerse un felú con ninguno de sus tres discos con Polygram: ‘Personal’ (1998), ‘Salitre 48’ (2001) y ‘Pájaros mojados’ (2002).

Lejos de arrojar la toalla, este cantautor rockero ha ejercido de francotirador, se ha autofinanciado e incluso ha vuelto a las multis, siempre intentando mantener en pie un tipo de música, identificable a la primera, untada en clasicismo rockero, sin novedades espectaculares, pero bien tramada y ejecutada. De esta manera ha llegado a su noveno álbum, ‘Delantera mítica’, polémico por el título: en las redes sociales pensaron que se refería a una delantera femenina y se armó la marimorena. Equivocadamente, porque, en efecto, era el consabido término futbolístico con el que González quería evocar sus años de niñez y el fútbol como motivo de amistad y pertenencia al grupo. Pero es que el personal cavila que no veas…

Aun grabado de nuevo en Nashville junto al productor Brad Jones, no quedará este disco para los restos, probablemente, como ‘delantera mítica’ del rock español, pero el madrileño ha configurado aquí un equipo de canciones –once, el título obliga- de una sonoridad y un toque impecables. Obligado, se diría, cuando se toma como espejo ese Barça de la canción popular que es Dylan. A su etapa de mitad de los setenta, a la de ‘Desire’ y ‘Street Legal’ (ya es significativa la revisión de ‘Is Your Love In Vain’ como bonus), acude a buscar mimbres e inspiración. Y bien que la encuentra.

Si a ello se añade una rancherita en plan Secretos, su evocación a Tom Petty en ‘La fábrica’, su melancólica voz en línea con la de Antonio Vega (ay, si tuviera un poco más de grosor y rajo), el cuidado de las letras, el rico revestimiento instrumental y, salvo el aguijonazo rockero de ‘¿Dónde está el dinero?’, el tono general ‘lay down’ que se respira a lo largo de las once canciones restantes, se llega a un álbum quizá no mítico en el futuro, pero sí con ínfulas de clásico.

Springsteen sigue quedando muy lejos, pero imagino que no era esa la intención de Quique González ni cuando llegó a Polygram ni después. Más bien, creo que su ilusión era componer, tocar en directo y vivir dignamente de ello. Es en lo que está, con un buen puñado de seguidores a los que les gusta el rock clásico y las baladas en español. Lo que explica su número 1 durante una semana, con este disco, en las listas de ventas.
Imagen de previsualización de YouTube

Publicado en Nacional | 17 comentarios

U2, el libro y los discos de la gira más grande de la historia

u2com8-bundleEntre 2009 y 2011, U2 hizo la que hasta ahora, con permiso de los Rolling Stones, está considerada como la gira mundial más grande de la historia: 110 conciertos, 30 países, casi siete millones de espectadores y un escenario gigantesco y galáctico que rodó de ciudad en ciudad con tres sets iguales. No podía quedar en el olvido así como así esta gira denominada 360º, por su escenario redondo. Como dicen los economistas, en una expresión chocante, vamos, que da yuyu, los grandes grupos tienen en sus fans ‘un nicho de trabajo’ aún mayor del que por sí ya tienen. Mimándolos un poco en los conciertos, manteniéndoles informados, cuidando el merchandising y sobre todo preparando golosas publicaciones exclusivas pueden hacer caja a saco. U2 lo ha entendido, por ahora, mejor que nadie. A su exuberante reedición del ‘Achtung Baby’ o a la edición en 2010 de una caja con el DVD y el blu-ray de la gira 360º a su paso por el Rose Bowl de Pasadena (también editados separadamente), ahora ha añadido una irresistible tentación para fans irredentos que, como decía la famosa peli, no podrán rechazar: un fastuoso resumen grafico y auditivo de la mentada gira.

A poco que se venere al cuarteto irlandés, imposible no cometer pecado contra el bolsillo: un grueso pack con un libro de 258 páginas sobre la gira, un doble cedé con 22 canciones en directo de esa gira, otro cedé con los 15 temas favoritos del guitarrista The Edge interpretados en los 110 conciertos que la integraron, y aún más, otro doble cedé con el audio del DVD ‘Zoo Tour’, grabado en Sydney en 1993, aparte de litografías, ‘bookmarks’ y descargas varias. Abrumador.

Por partes: el libro es de un lujo espectacular. Tamaño folio, portada de cartón duro con sobrecubierta en la que se inserta el CD de The Edge, papel couché, decenas de impresionantes fotos y escritos de los miembros del grupo así como del manager o del ‘ideador’ del brutal montaje de la gira, Willie Williams. El CD de The Edge, con comentarios propios de cada canción, es realmente interesante, toda vez que recoge algunas piezas que no son habituales, por no decir inéditas, en las giras del grupo, caso de las dos piezas extraídas de ‘Passenger’, el disco benéfico pro Sarajevo en el que intervino el mismo Pavarotti. “Te echamos de menos Luciano”, escribe The Edge. Sinead O’Connor aparece en una de ellas, ‘Your Blue Room’, en tanto que en la otra, ‘Miss Sarajevo’, no, no, aunque lo parezca, no está Luciano, que ya lamentablemente había muerto: es el mismo Bono cantando cual tenor operístico. Son los pulmones más grandes del rock.

Sorprendente también la inclusión de ‘Scarlet’ (del álbum ‘October’), nada habitual en las giras. El mismo The Edge confiesa su satisfacción al ver la cara de sorpresa de los fans. Satisfacción que expresa Bono en la canción por la lucha pro-Mandela y la liberación de la líder birmana Aun San Suu Kyi. Ay, y final con ‘40’ para no borrar de la retina y del oído aquel glorioso final del concierto del Bernabeu, en 1987. Sonido igualmente espectacular y las canciones ensartadas como si procedieran de un único concierto.

El doble cedé con 22 canciones inserto en un libreto tamaño LP con 20 páginas y, de nuevo, fotos espectaculares, serpentea de ciudad en ciudad reproduciendo los gustos de los fans: ellos mismos las eligieron a través de la web del grupo. Incluye ‘Bad’, que ya justifica un concierto de U2, pero obviamente hay otras 21 más, previsibles e imprescindibles –desde ‘One’ a ‘With Or Without You’, imagina la tabla-, aunque a mi me falta ‘Who’s Gonna Ride Your Wild Horses’. Ahora es Adam Clayton el comentarista de cada canción. Una ausencia triste para los fans españoles: no hay en toda la edición una sola pieza de alguno de los cuatro conciertos –Barcelona (2), Sevilla y San Sebastián- que el cuarteto ofreció en la gira por suelo español.

El otro doble cedé con el audio de Sydney, nunca había salido a la venta, salvo en la web oficial del grupo, solo para fans, que lo hizo en 2006, casi trece años después del concierto. Está considerado como uno de los mejores directos del grupo.

En el capítulo de descargas, hay un set de cinco canciones, que obviamente no aparecen en los discos (‘Angel Of Harlem’, ‘Pride’, ‘Desire’…) más un par de aperitivos para abrir boca mientras llega el pedido: cinco canciones del ‘pick’ de The Edge y 12 del doble de la gira, pero con un bonus: ‘Unknown Caller’, del último álbum de estudio.

Todo este abultado y abrumador ‘pack’ solo se puede pedir a través de la web del grupo y lo envían desde California libre de gastos. Total: 85 dólares, que al precio que va el ‘pavo’ americano se queda en unos 60 euretes. No está nada mal.

¡Nooo! No es que uno haya fichado por el departamento publicitario de U2, es rendirse ante un ‘regalazo’ tentador, muy por debajo, pero muy por debajo, de su precio real para lo que ofrece. Sí, un ‘nicho de trabajo’ y de gozo que marca el presente y el futuro en la relación entre artistas y fans. U2 va por delante.

Esta canción vale su precio en oro:

Imagen de previsualización de YouTube
Publicado en Internacional | 6 comentarios

Foxygen, ¿está agotado el pop?

Curiosa la receta y la cocción, y nada desdeñable el sabor final del guiso. Foxygen, barbilampiño dúo de Los Angeles, aunque curtido separadamente en Washington y Nueva York, con Sam France y Jonathan Rado, quienes tras maravillarse con el documental ‘Dig’ sobre la evolución del excelente grupo The Brian Jonestown Massacre (ver entrada en este blog) se quedaron con la copla de los 75 instrumentos que su líder, Anton Newcombe, había tocado en su larga discografía. Pese a su mocosa juventud, se dijeron que ellos no iban a ser menos, así que, a los 15 años, se pusieron a cacharrear con todo tipo instrumentos.

Fruto discográfico de esta compulsiva afición por los instrumentos musicales fue la edición en 2012 de un EP, ‘Take The Kids Off Broadway’, siete canciones en las que en plan doméstico el dúo juguetea con pianos, órganos, vibráfonos, sintetizadores, guitarras, trompetas, trombones, baterías, bajo… mientras asoman los ecos de los Rolling, The Kinks, Bowie y hasta Nick Cave. También, pongamos, los de Suicide, en una desquiciada pieza de diez minutos denominada ‘Teenage Alien Blues’.

Ahora, en 2013, ha llegado el primer disco largo, un álbum de título raro e irónicamente pretencioso, ‘We Are The 21st Century Ambassadors Of Peace & Magic’, con el mismo esquema constructivo, la misma paleta de instrumentos y con nuevos influjos, entre ellos, The Cramps, con un psicobilly que da precisamente título al disco y bien opuesto a la dulzura de ‘San Francisco’, rayano en espíritu al icónico de Scott Mackenzie. Todo ello enharinado en un entrañable rebozado naif.

Tal y como ocurría hace poco tiempo, cuando me hice eco del primer álbum del holandés Jacco Gardner, bañado en la psicodelia de los primeros Pink Floyd, la pregunta es inmediata: ¿Está agotado el pop? Pregunta ya reiterativa y pelma pero ineludible cada cierto tiempo y ante discos como estos.

Hay una visión, quizá superficial y agorera, pero no exenta de argumentos: nacen grupos nuevos como setas otoñales y el mismo indie está preñado de formaciones que no hacen sino reciclar ideas en movimiento circular, sin perspectivas de salir del círculo y avanzar hacia cosas diferentes y nuevas. Otra visión es más rotunda: todo está inventado. Los grupos de hoy no tienen nada que hacer, su campo creativo está acotado por el trabajo de sus predecesores, especialmente por los grupos de los 60-70. Salvo algún latigazo de esquizofrenia, salvo alguna extravagancia, salvo un golpe de inspiración celestial, no pueden aportar nada que no se conozca. Y tercera visión, quizá la más mesurada: ¿qué importa si una canción suena a pasado, a este o a aquel artista, si suena bien, si llega a la gente, si descubre ámbitos sonoros a las nuevas generaciones?

Bueno, aquí lo dejo. No quiero ser derrotista ni tener visiones ténebres. Mi intención y mi gozo es seguir disfrutando con aquellos discos que me ofrezcan argumentos sonoros convincentes, vengan del tiempo que vengan, recuerden o no a otros artistas, sean de un estilo o de otro. En Foxygen encuentro preciosas canciones como ‘No Destruction’, que parece sacada del ‘Sticky Fingers’, de los Rolling, la mentada ‘San Francisco’, ‘Suggie’, ‘On Blue Mountain’, ‘Oh No 2’ o ‘In The Darkness’. Con esto me basta. Otra cosa es encontrar con frecuencia, a decenas, discos nuevos de grupos nuevos con argumentos de peso y canciones magnéticas. Por ahí, sí es cierto que la cosa está más complicada.

Aquí, Foxygen y la entrañable y deliciosa ‘San Francisco’ más el audio de ‘No Destruction’

Imagen de previsualización de YouTube Imagen de previsualización de YouTube

 

Publicado en Internacional | 5 comentarios

Johnny Marr, él solito, 25 años después de The Smiths

Dura la vida del guitarrista famoso al que, de repente, la tierra se le abre debajo de los pies. Johnny Marr se quedó compuesto y ‘sin novio’ cuando Morrissey decidió marcharse de The Smiths, rompiéndose de esta manera una de las formaciones bandera de los ochenta, aunque también se dice que fue él mismo quien decidió acabar con el grupo al considerar que sus planteamientos musicales habían envejecido.

En cualquier caso, ya se sabe lo difícil que resulta para un ‘guitarrista de grupo’ abrirse camino por sí solo: a él, en concreto, 25 años. O por ser más exactos: un cuarto de siglo hasta firmar un disco a nombre propio. Lo que no quiere decir que haya estado vagueando durante todo este tiempo. Empezó colaborando, ¿o habría que decir ejerciendo de músico a sueldo?, con Talking Heads, Pretenders, Billy Brag, Pet Shop Boys o la ya desaparecida Kirsty MacColl para luego embarcarse con Matt Johnson y su grupo The The. Desde entonces, formando parte, con Bernard Sumner, de Electronic o de The Healers, Modest Mouse o su más reciente proyecto, The Cribs, no ha parado; vamos, que tiene una hoja de servicios así de larga.

Pero ha sido ahora cuando definitivamente se ha decidido a salir con disco a nombre propio, con un disco titulado ‘The Messenger’ y doradas canciones como ‘New Town Velocity’ ‘Upstarts’, ‘Lockdown’… o la misma ‘The Messenger’. Brit-pop en estado puro. El eje, o por mejor decir, el punto de atención es la guitarra, mas esta evoca menos de lo deseado a The Smiths, cosa que ha evitado, pero aun así la huella es más que notable y apetitosa (ay, ‘European Me’); aunque nadie vaya en busca de los intérpretes de aquella grandiosa triada de álbumes smitherianos – ‘The Smiths’ (1984), ‘Meat Is Murder’ (1985) y ‘The Queen Is Dead’ (1986)- que no los va a encontrar. Ah, y la voz no es la de Morrissey (ya quisiéramos), pero tampoco se las arregla mal el antiguo aspirante a futbolista del Manchester City, que casi estuvo a punto de triunfar con el pelotón antes que con la guitarra.

Imagen de previsualización de YouTube
Publicado en Internacional | 3 comentarios

Acotaciones al retorno de Bowie

Una: el desconocimiento universal de que Bowie estaba grabando es un cerrojazo en la boca, al modo del mozartiano Papageno, para todas esas estrellonas que lloriquean -cuando no entran en infame persecución contra un fan zaragozano-, aduciendo que les han robado una canción para colocarla en Internet, justamente unas semanas antes de su edición. Promoción rastrera. Hasta en una jaula de fieras se puede mantener un secreto.

Dos: Si no hubiera sido por este silencio, por su enfermedad y por los diez años de ausencia, este nuevo disco se hubiera recibido casi con el mismo sigilo, por no decir indiferencia, con que se recibían sus últimos trabajos antes de quitarse del medio. ¿No habrá sido el secretismo una forma de marqueting del ‘maquiavélico’ Bowie?

Tres: Pues sí, aquella foto de un señor mayor, que salía de un supermercado de Nueva York, era la del mismo Bowie, que no estaba haciendo vida de jubilado sino que llevaba dos años grabando un disco en la misma Gran Manzana. ¡Morded el polvo paparazzis!

Cuatro: No más mudas de piel del Gran Camaleón. Lo que hay en su disco de ‘resurrección’, ‘The Next Day’, está sacado del armario del pasado. Unas veces, los trapos son de la época funk americana de mediados los setenta, otras del baladismo último, otras del rock agresivo de Tin Machina, otras de la etapa berlinesa…, lo que no significa que sea un disco antiguo. Eso sí, no va a cambiar el curso de la música, como lo cambió ‘Ziggy’, por ejemplo. Y suena eficiente.

Cinco: ‘Where Are We Now’ fue un single despistante. El Bowie compasivo que allí se traslucía no tiene nada que ver con el resto de las canciones del álbum.

Seis: Las letras hablan de soldados, historias medievales, Berlín…, pero todo difuso, y hasta tan críptico que ni su propio productor, el veterano Tony Visconti, es capaz de explicarlo.

Conclusión: ‘The Next Day’ no es un mal disco, bien al contrario, pero tampoco una supernova. Tiene varias baladas (la mejor moldeada, ‘You Feel So Lonely’), un par de funkys correosos, varios latigazos rockeros, un despunte retro pop cincuentero… y unos cuantos agujeros negros. Se aguanta bien, pero si hubiera sido el sucesor de ‘Reality’, me temo que volvería entre algodones y el sigilo.No se olvide que apenas vendía discos y que la crítica inglesa, como ha recordado Manrique,  le denominaba The Dame, algo así como una ‘vieja loca’ fuera de tiempo, acabada. Pero el secretismo, como arma de marqueting, si es que así se previó, amén del morbo desatado por esos diez años de ausencia debido a sus problemas coronarios, que hacían pensar en un Bowie que ni estaba ni se le esperaba, van a amplificar el eco de este disco. Y si hace gira, ni qué decir. Explotarán las taquillas.

Imagen de previsualización de YouTube
Publicado en Internacional | 6 comentarios

’68 años después’. Muere Alvin Lee, el guitarrista incendiario y sensible de Ten Years After

“Con gran tristeza tenemos que anunciar que Alvin inesperadamente falleció esta madrugada después de complicaciones imprevistas a raíz de una intervención quirúrgica rutinaria. Hemos perdido a un maravilloso y muy querido padre y compañero, el mundo ha perdido a un verdadero y dotado músico”. Texto escueto publicado en la web de Alvin Lee, que significa que se ha perdido a uno de los dos o tres guitarristas de blues-rock más notables de los setenta-setenta, “a una inspiración para una generación de guitarristas”, como ha escrito con dolor su excompañero Leo Lyons.

Ha muerto, a los 68 años, el líder de Ten Years After, grupo de los grandes de hace cuatro décadas, que a base de blues y rock, salpicado de psicodelia, boogie y folk acústico, logró atraer a grandes masas de público; más después de noquear a las 500.000 personas que asistieron al mítico festival de Woodstock, con su versión de once minutos del electrizante boogie woogie ‘I’m Going Home’, escrito por el propio Lee.

Dotado de una excelente técnica y dado su perfecto dominio de la improvisación y de los desarrollos jazzísticos, era también muy respetado en el exigente campo del jazz, siendo frecuentes sus presencias en festivales del género como el Newport Festival Jazz. Igualmente, cual Gary Moore, lo era en el mundo del heavy, debido a la contundencia de su guitarreo. “Él fue el primer guitarrista rudo, súper rápido que recuerdo haber escuchado de niño. Una leyenda”, ha declarado Slash, de Guns N’ Roses, en tanto que Geeser Butler ha confesado: “Alvin Lee, uno de los verdaderos grandes y una influencia importante para Black Sabbath. La guitarra más rápida del oeste. Era una de las pocas personas que creyó en nosotros cuando Sabbath comenzó, y él nos consiguió nuestro primer gran show en Londres, en el Marquee. Un verdadero caballero y un tipo encantador. Descansa en paz Alvin”.

Aquí, en Zaragoza, tuvimos oportunidad de verlo en directo en el Palacio de los Deportes (Huevo) en marzo de 1984, en una extraña secuencia de tres grandes conciertos organizados por una promotora catalana, con Bo Didley, Eric Burdon y Alvin Lee. Sorprendentemente, la ciudad se empapeló con carteles de Didley, pero luego el concierto no se celebró. Sí se hicieron los de Burdon y Alvin Lee, aunque la respuesta de público a ambos no fue muy allá. De la empresa, Organizaciones Musicales, nada más se supo por estas tierras. En 1992, el guitarrista actuó en Huesca.

Lee fue compañero de correrías de los Beatles en los clubs de Hamburgo junto a su amigo el bajista Leo Lyons. Ambos habían nacido en Nottingham. Alvin, el 19 de diciembre de 1944. Su afición por el blues, que luego vertería intensamente en su larga discografía, venía de su padre, un fan empedernido de Blind Lemon Jefferson y Leadbelly. Curiosamente, empezó con el clarinete pero cuando oyó a Charlie Christian, el guitarrista de Benny Goodman que tanto influyó en los jóvenes músicos ingleses de los sesenta, cogió la guitarra y ya no la soltó más, siendo después sus máximos influjos Chuck Berry y Scotty Moore. La manejaba con una técnica perfecta y una velocidad de bólido, causa de que sus discos y sobre todo sus directos fueran tan calientes y contagiosos, tal y como lo conseguía otro inolvidable, Rory Gallager. Lee también poseía una voz más que notable para el blues.

Pasada la primera etapa de la british invasión, con diversas giras por Estados Unidos, y tras formar Ten Years After con Leo Lyons (bajo), Chick Churchill (teclados) y Rick Lee (batería), encontró en la Decca su oportunidad para debutar discográficamente. A poco que uno sea devoto del blues-rock-jazz, de todo el grueso de álbumes que grabó el cuarteto en sus siete años de vida (1967-1974), todos son insoslayables, en todos hay miga:

*Ten Years After (1967), un tratado blues hecho desde la perspectiva juvenil de cuatro músicos influidos por la escuela británica de John Mayall. ‘I Want To Know’ abre de forma vibrante. Salvo cuatro piezas de Alvin Lee, las cinco restantes son versiones, algunas de ellas poderosas, como los diez minutos de ‘Help Me’, de Willie Dixon. Aparece también una versión del popular ‘Spoonful’, más cristalina que la de Cream. Típico disco de blues inglés de los sesenta.

*‘Undead’ (1968), básicamente porque allí estaba ‘I’m Going Home’, seis minutos que en el escenario de Woodstock se estiraron a los once y con el que el cuarteto salió santificado. Grabado en directo en el mismo club en el que Mayall grabó su álbum de debut.

*‘Ssssh’ (1969), con ‘Bad Scene’, un rock’n’roll de vieja escuela con canto de gallo al abrir y que fue el single con el que se les descubrió en España vía sinfonolas y discotecas, además de una buena presencia de versiones de blues clásico de Sony Boy Williamson y Sam Hopkins, el género que marcaba el disco.

*‘Stonedhenge’ (1969), menos rocoso de lo que sugiere el famoso monumento megalítico que aparece en la portada y más orientado hacia el blues y el jazz merced al productor Mike Vernon.

*‘Cricklewood’ (1970), también con menos presencia del blues, aunque no se escapa de sus garras, y más psicodélico-stoniano (‘500.000 Miles Beneath My Brain’, ‘As The Sun Still Burns Away’), con caminos abiertos hacia el hillbilly (‘Year 3000 Blues’), el jazz (‘Me And My Baby’) o las baladas acústicas (‘Circles’) y el que más les proyectó debido a su edición inmediatamente posterior al festival de Woodstock.

Llegó un momento en que a Lee se le criticaba su excesivo protagonismo en el grupo, tanto en el contexto musical como en la puesta en escena, por lo que decidió bajar la velocidad guitarrera, opacar las raíces del blues y asomar las del rock más tradicional. Fue la época de:

*‘Watt’ (1970). Señal de esa intención de acentuar el rock, incluye la versión en directo que el grupo hizo en el festival de Wight, del 70, de ‘Sweet Little Sixteen’, de Chuck Berry. O quizá se quedaron sin repertorio. En el lado contrario, un par de insulsas baladas, una de ellas instrumental. El álbum más flojito de toda la serie.

*‘A Space In Time’ (1971), el más pop y más acústico, con uso de armónica, cuerdas y un punto psicodélico y espacial, pero sin dejar que escapasen dos de las marcas de la casa: el boggie-rock, con ‘Baby Won’t You Let Me Rock’n’roll You’, y el jazz con ‘Uncle Jam’. También, el más vendido gracias al single ‘I’d Love To Change The World’.

*‘Rock’n’roll Music To The World’, LP sin novedad alguna a la altura de aquellos tiempos y con el camino ya recorrido por el grupo, pero todavía infectado por las mejores esencias blueseras y jazzísticas del cuarteto, como se puede apreciar nada más abrir con ‘You Give Me Loving’.

No obstante, el cuarteto no se guardó de dejar su verdadera impronta blues-rockera en directo y para ello sirvió el doble

*‘Recorded Live’ (1973), grabado en Europa y condensando la esencia de Ten Years After en directo, especialmente en piezas tan calientes como ‘Choo Choo Mama’ y la imprescindible ‘I’m Going Home’. No faltan tampoco los inevitables largos solos de batería, tan admirados en la época (‘Hobbit’), así como los amables fogonazos de órgano y los tremendos guitarreos de blues (‘Help Me’). Cinco estrellas.

El deficiente ‘Positive Vibrations’ (1974) fue la antesala a su ruptura, aunque luego hubo vueltas y revueltas, una de ellas como Ten Years Later, y Alvin Lee siguió su carrera en solitario iniciada ya en 1973 con ‘On The Road To Freedom’ mientras simultaneaba su trabajo con el grupo. Su extensa discografía y sus colaboraciones tanto con Peter Frampton, Rory Gallagher, George Harrison, Steve Winwood, Ronnie Wood o Mick Fleetwood le mantuvieron activo hasta última hora. El pasado año grabó una continuación de su disco de debut en solitario, el citado ‘On The Road To Freedom’ y para el próximo 7 de abril estaba anunciado un concierto en el Olympia de París junto a Johnny Winter. Parece que su muerte se ha producido en España.

Imagen de previsualización de YouTube
Publicado en Internacional | 13 comentarios

¡Olé, olé!, la rumba maña de China Chana

Sí, ‘Borriquito’, que le lanzó a la estratosfera del éxito en el 71, fue la comercialada mayor, pero qué decir de ‘El muerto vivo’, ‘Una lágrima’, ‘El gitano Antón’, ‘Don Toribio Carambola’, ‘¡Lo mato!’… Hubo un tiempo en que un maestro instauró en España la rumba pura y dura: Peret. La implantación fue tan rotunda y profunda que ni las folclóricas ni los mismos grupos pop de finales de los sesenta –desde Los Bravos a Módulos- pudieron arrancarle la membrecía de honor al gitano catalán. Sí, Peret fue todo un fenómeno en la España de hace casi cinco décadas. Era comercial, pero a la vez purista, preciso, fulminante y eléctrico, algo que, según parece le venía de su afición al son cubano, la guaracha, el mambo y el rock.

Es la escuela a la que se ha afiliado el grupo zaragozano China Chana. Dos discos con tanta pureza rumbera -pese al refuerzo con metales, percusiones y bajo eléctrico-, con tanta sensibilidad y vértigo, y con su cruce con otros géneros, jota incluida, le han colocado en el altar del rumberío maño. Nacido en Villamayor, a pocos kilómetros de la capital, está formado por un numeroso conjunto de músicos y voces femeninas.

Ojo, pese a las pinceladas heterodoxas que aparecen en estos dos discos, no es un grupo de mestizaje ni de fusión, sino un combo que, con base en esa rumba limpia, construye su particular universo. Es su mayor virtud, alejarse de los Muchachito, Ojos de Brujo, Canteca de Macao y toda esa caterva ya desgastada del mestizaje, de ese odre sonoro donde lo que cotiza es echar y echar ingredientes hasta reventar ollas y estómagos. Se lo recalcaban hace bien poco a Antón Castro: “No buscamos la fusión, podríamos mezclar y complicar nuestra música todo lo que quisiéramos, pero lo único que nos importa es que el resultado nos llegue a nosotros y al público”. Bien, y que sigan…

En su segundo disco, de reciente aparición, con el título de ‘Que me quiten lo caminao’ (Delicias Discográficas), seducen sus voces femeninas, las guitarras flamencas y las trompetas, las letras, el baladismo de ‘Cobardica’… Hay lío y hay fiesta, pero también mucha sutileza, lo que lo aleja, afortunadamente, ya digo, de ollas mestizas. Y, como el primero, atrapa. ¡Olé con olé! (Y, por supuesto, viva Peret).

Imagen de previsualización de YouTube
Publicado en Aragón | 10 comentarios

El extraño caso de Bill Fay

Un extraño caso, se diría que único en la historia de la música pop. Ahí es nada, volver 40 años después de retirarse, es decir, ya con 69, y hacerlo con toda dignidad y emoción, grabando un disco lleno de canciones emocionantes y sabiamente cantadas, ejecutadas y arregladas. Un disco que ha gozado de los parabienes de la crítica de medio mundo, colocándolo entre lo mejor del pasado año, y que ha servido para que gente como Nick Cave, Peter Buck (de R.E.M.), Julian Cope o Jeff Tweedy (Wilco) se hayan declarado fervientes admiradores de su autor.

Bill Fay, pianista y cantautor británico, grabó un single en 1967, ‘Some Good Advise’, que tuvo el mismo impacto que el ruido de una chinita en el océano. Nada. A continuación, en el 70, grabó su primer álbum, ‘Bill Fay’, y en el 71, el segundo, ‘Time Of The Last Persecution’. Pese a la buena hechura de ambos discos, mezclando pop orquestal y psicodelia con canción de autor a lo Dylan y Cohen, fueron un absoluto fracaso comercial, por lo que Decca decidió rescindirle el contrato y él, absolutamente decepcionado, se retiró de la música. Jardinero, taxista, reponedor en un supermercado y otros numerosos oficios fueron sus ocupaciones alimenticias, si bien nunca dejó de componer y tocar el piano, pero ya sin público y menos aún sin grabaciones.

Pero casualidades de la vida, o emergencia de un caballero justiciero, en 2011, es decir, 40 años después de editar su último álbum, Joshua Henry le propuso grabar un álbum, y desde finales del pasado año tenemos a mano una de las delicias musicales mayores de estos tiempos: ‘Life Is People’, un álbum con 12 canciones bañadas en misticismo, religiosidad y psicodelia, tocadas con cuerdas, pianos, coros gospel… y cantadas por Fay con una voz melancólica y un timbre que anda entre Neil Diamond y Nick Drake.

Jeff Tweedy, que ha sido uno de los mayores valedores de Fay, colabora en el álbum cantando a dúo la única canción ‘rápida’, ‘This World’, un estimulante trallazo de power-pop, al que Fay responde agradecido tomando una canción de Wilco (‘Jesus, etc.’) para deshuesarla y dejarla en un acústico primoroso. Como acústica y primorosa es también ‘The Never Ending Happening’, donde Fay se eleva solo sobre un piano y un celestial arreglo de chelo. La canción estrella, sin embargo, de este álbum tan melódico y tan completo, es la que le da título, ocho minutos de ‘concierto cósmico’, como se antetitula, de una belleza conmovedora.

Lo curioso es cómo llegó Bill Fay a firmar esta obra de arte. El padre de Joshua Henry era un enamorado de sus dos álbumes de los 70. Los reproducía obsesivamente hasta contagiar al hijo, quien al convertirse en productor se propuso devolver a Fay a los discos. Costó convencerle, aunque cedió a cambio de que los beneficios, si los hubiere, fueran a la ONG Medicus Mundi. Así se firmó, y así, cuatro décadas después, Bill Fay grabó su tercer álbum de verdad -en medio quedó uno de rarezas y maquetas, y la recuperación de un tercero nunca editado- para gozo y solaz de los amantes del pop orquestal y de las canciones turbadoras. ¿No resulta ciertamente un caso singular, insólito?

Imagen de previsualización de YouTube Imagen de previsualización de YouTube
Publicado en Internacional | 4 comentarios

The Temptations y ‘Papa Was A Rolling Stone’: en recuerdo de dos de sus fallecidos intérpretes

Crucemos los dedos y pensemos que no hay sortilegios ni maldiciones, pero ya es casualidad que uno piense, hace unas semanas, en un disco como el espléndido ‘All Directions’, de The Temptations, para ubicar en el pequeño espacio recordatorio que tengo en la página de discos de los sábados en el Heraldo, espacio que algún lector, por cierto, me ha agradecido porque remueve tanto el pasado más remoto como el más inmediato para recordar discos de fuste, y, como digo, es casualidad que piense en este disco y en cuestión de diez días mueran dos de los cinco componentes del quinteto, en concreto, primero, Damon Harris, y después, Richard Street, que grabaron el disco. Crucemos dedos ante futuros rescates.

Harris y Street junto a Otis Williams, Melvin Franklin y Dennis Edwards formaron el cambiante quinteto que dio luz a aquel soberbio disco donde brillaba con una luz sobrenatural ‘Papa Was A Rolling Stone’. Es curioso, pero ha habido que investigar la formación. En el mismo LP de vinilo que uno se compró en su momento en España, allá por el 72, aparecen los créditos de los músicos pero no de los cantantes. Supongo que sería otra chapuza más de las discográficas de aquella época, entonces la RCA, que, siguiendo la insana costumbre implantada tiempos atrás en el país, editó el disco con su título traducido al español (‘En todas direcciones’) y colocando al lado en caracteres muchísimo mayores el nombre de la estrella, la citada ‘Papa Was A Rolling Stone’, mientras que en la contraportada traducía también los títulos de las canciones y los agradecimientos e insertaba el largo listado de músicos que habían grabado semejante joya, pero no los cantantes. Sospecho que habría un encarte interior con foto y nombres, pero la RCA, lo debió birló para ahorrar. Barrabasadas como esta (y peores) que eran más que frecuentes en la época.

En todo caso, volvamos a The Temptations y al disco. El quinteto vocal de la Tamla, formado en Detroit en 1960, fue uno de los grupos punteros del soul coral. El contraste entre la voz de tenor de Eddie Kendricks y la de barítono-bajo de David Ruffin incrustada en el manto de armonías que el trío restante servía eran de aurora boreal, una maravilla. Si a ello se unía el plantel de músicos de estudio y de compositores que había detrás, amén de sus coreografías en escena, no extraña el impacto que tuvo el grupo y la cantidad de éxitos que colocaron en las listas durante los sesenta: ‘The Way You Do The Things You Do’ (recuperada recientemente por Springsteen en directo), ‘My Girl’ (sí la de la peli famosa), ‘Since I Lost My Baby’, ‘Ain’t Too Proud To Beg’, ‘My Baby’, ‘Get Ready’ y ‘I Know (I’m Loosing You’), ambas santificadas por las colosales versiones de Rare Earth, ‘Ball Of Confusion’, ‘Just My Imagination’… hasta 37 Ten Tops, que dirían los cronistas americanos. Eso sí, un grupo cambiante como un equipo de fútbol: por sus filas, hasta su último disco publicado en 2010, con motivo de su 50 aniversario, han pasado más de una veintena de cantantes.

Para cuando llegó ‘All Directions’ al mercado, en 1972, The Tempations habían cubierto ya una más de una década de camino, habían perdido a sus dos voces más representativas –Kendricks y Ruffin-, se habían hinchado de manufacturar singles, como digo, y pasado por dos etapas estilísticas bien definidas: una pop, más atada al viejo R&B, y otra de corte psicodélico, con brillantes discos, especialmente ‘Cloud Nine’ (1969) y ‘Psychedelic Shack’ (1970).

Con ‘All Directions’ y de la mano del inventivo productor Norman Whitfield, y cuando se creía que el grupo ya estaba muerto, se abrió un nuevo periodo en el que el soul psicodélico se fundió con los arreglos orquestales, la experimentación y el conceptualismo, unido a un tratamiento más político y reivindicativo de las letras, obviamente apuntando al respeto y la igualdad racial. De allí salió el bestial ‘Papa Was A Rolling Stone’, una larga pieza de casi doce minutos, insólita y sorprendente en su producción para el momento y para la posterioridad: aquella puntuación del bajo y el bombo, el wah wah guitarrero, las palmadas sintetizadas, los punzantes metales, el brochazo fulminante de las cuerdas, la estructura y el mismo desarrollo de la pieza, el contraste vocal… envolviendo una historia de desestructuración familiar en la que  una madre comunicaba a su hijo que su padre, ‘un bala perdida’, había abandonado el hogar. Algo musicalmente nuevo en el momento, uno de esos golpes de mano en el terreno de la composición, la producción  y la ejecución, tan difíciles de encontrar ya. Y, por cierto, un ‘pelotazo’, en las discotecas de la época, cuando en ellas, además de bailar, beber y ligar, se escuchaba buena música, canciones imperecederas.

Pero el disco no solo era eso, que ya era mucho, sino que incluía otros siete cortes de factura diversa entre el baladismo (versión incluida del famoso ‘First Time Ever I Show Your Face’), el funk y la ‘blaxplotation music’ que lo elevaban aún más. Lamentablemente, en cuestión de días, han fallecido recientemente dos intérpretes de aquella obra maestra, con continuidad posterior en otros dos grandes álbumes el opulento ‘Masterpice’ (1973) y las varias tormentas de funk y soul orquestal que encerraba ‘1990’ (1973), con los que se acabó el periodo de oro del quinteto. Vaya esta humilde entrada para ellos.

Imagen de previsualización de YouTube
Publicado en Internacional | 1 comentario

Jacco Gardner, atacado por la psicodelia sesentera

Para quienes opinan que el buen pop actual es un reciclaje, si no un remedo, del pasado, quizá en este debut de Jacco Gardner encuentren buenos argumentos con los que darle en las narices a sus amigotes gafapastas, esos que van a la última y piensan que todo es moderno y cuando no, huyen de él, o sea, del pasado, como si fuera la peste.

El primer álbum de este holandés, integrante del dúo The Skywalkers y que curiosamente debutó en solitario con el single ‘Clear The Air’ para el sello santanderino Action Weekend Records que luego, vía The Horrors, sus máximos mentores, le conduciría al sello en el que ha debutado (Trouble In Mind Records), suena a pop barroco y canciones psicodélicas de los sesenta de manera atufante, fruto, cual hidalgo moderno, de las noches de claro en claro y los días de turbio en turbio, atracándose de discos de la época, empezando por los Floyd de Syd Barrett y siguiendo por Beach Boys, Left Banke, Curt Boettcher (Association), Zombies…

En el disco, con estos ingredientes pretéritos, Jacco muestra una voz juguetona y sensible, sin la más mínima mota de fealdad, haciendo acopio de instrumentos utilizados por aquellos grupos, en especial, el sintetizador con sonido Crimson, amén del harpsicordio, el mellotron, optigan, órgano, guitarras, bajo…Todo, por cierto, guisado por él mismo en su cocina analógica a base de magnetofones, amplis de válvulas, reverberadores…, con la sola ayuda del batería Josh van Tol.

Nada que espetar a este ejercicio de retromanía, sino más bien todo lo contrario, si las raíces están tan bien asentadas y tan bien sorbida la savia del ‘Pet Sounds’ o el The Piper At The Gates Of Down’. Porque de ello ha salido este disco, de una sutileza embriagante, con ‘Clear The Air’, precisamente abriéndolo. Veremos en qué queda esta apostura musical y personal en el futuro, pero lo pronto, amantes del pop estilizado, elegante, psicodélico y confortable, atentos a este holandés con pintas de Brian Jones.

Aquí, ‘Clear The Air’, como si Jacco estuviese en un light-show de la California ácida o en el UFO londinense

Imagen de previsualización de YouTube
Publicado en Internacional | 7 comentarios

The Patinettes, un gran foco de luz en la música zaragozana

A ‘Bliss’ (2011), un disco lleno de contrastes sonoros, le sucede ahora, ‘Commit To The Light’ (2013), con menos disparidad pero igualmente rico y atractivo. The Patinettes sigue siendo uno de los grupos punteros del pop-rock zaragozano, aunque no parezca muy visible ante el gran público. Todo se andará.

Si en ‘Bliss’, con su excelente acabado y una variedad que permitía saltar del soul al rock o al rockabilly con la misma facilidad que una ardilla trepa los árboles, en esta nueva entrega han disminuido esos saltos bruscos, la panoplia de géneros, en favor de una mayor uniformidad, aunque ello no se trasluzca en monocromatismo.

Estamos ante un grupo local que factura canciones sin hojarasca ni raras melopeas. Un grupo que se deja de funambulismos y divagaciones para hacer canciones-canciones, al margen de géneros y modas. Con su alternancia femenina y masculina en la voz, poseen un sello internacional que pocos asociarían a una ciudad menor del imperio. Pero helos aquí: como dice el título de su segundo álbum, comprometidos con la luz y la universalidad (puede escucharse completamente en Spotify). Veamos qué dicen ellos mismos:

¿Cómo habéis enfocado este disco? ¿Ha habido un planteamiento previo de trabajo o es un conjunto de canciones surgidas a su aire?
Los temas los hemos trabajado básicamente en dos tandas. Cuatro canciones (‘The Sun Of Your Eyes’, ‘All Your Remains’, ‘A Discotheque Song’ y ‘Girl Made Of Cinnamon’) ya llevaban un tiempo preparadas, incluso las hemos tocado en algún directo. El resto de temas los hemos arreglado para la grabación, esto ha sido el principal trabajo antes de entrar al estudio.

Quizá se haya disminuido la variedad de estilos del primer disco, donde desde el soul o el rock se podía saltar al pop o al rockabilly…
En cierto modo sí que es así. En el primer disco esa variedad no siempre fue vista como algo positivo, y aunque esta mayor uniformidad de ‘Commit To The Light’ no ha sido algo plenamente premeditado, sí que nos apetecía en esta ocasión tener un disco más equilibrado.

Hay una sensación previa de más recogimiento que en el anterior, lo que no significa intimismo o placidez…
Sí, entendemos a qué te refieres. En general creemos que quizás tenga una mayor intensidad emocional. Nuestro primer disco, ‘Bliss’, quizás era, en ese aspecto, algo más desenfadado, por decirlo de alguna manera.

¿Sois conscientes de que una canción como ‘Killed Us’ podría figurar sin problemas en el repertorio de Springsteen?
‘Killed Us’ es un tema que va un poco enlazado al tema que le sigue en el disco, ‘The Sun Of Your Eyes’. La idea original de este tema es de Alberto, que ha escuchado siempre a Springsteen, así que no es descabellado reconocer al Boss en este tema (armónica patente, temática a lo ‘Thunder Road’ sobre una huida fuera del tiempo y el espacio, una huida en la que lo importante no es el dónde ni el cuándo, sino el con quién la realices); aun así, nosotros le encontrábamos un deje más dylaniano, pero bueno, eso es lo bonito de la música, que siempre está abierta a todo tipo de interpretaciones y reinvenciones.

En ‘Waiting For The Last Train’ se aprecia un toque glam que luego se torna vodevilesco, algo beatleniano al modo ‘When I’m 64’…, y luego, con los coros, en canción de taberna. ¿A qué se debe este espectro tan dispar de sonidos en Patinettes?
En el fondo, todo está relacionado y en todos los estilos hay detalles de otros estilos. En nuestras canciones aparecen pinceladas de muchas de las bandas y artistas que escuchamos.

¿Cómo se distribuye la voz de Patricia y Alberto en unas canciones u otras? ¿Se busca una proporción, canta quién compone….?
La verdad es que no seguimos una norma, es todo muy natural y fluye por sí solo. Cada uno tiene su idea original, la lleva al local, la trabajamos, y por el flujo natural de la composición digamos que se amolda a la persona que va a cantarla… En el caso de ‘Commit To The Light’ las canciones, por ejemplo, de Alberto son ideas suyas, pero no lo hacemos por norma. Pati canta canciones de Javi, de Luisma y suyas propias…, es todo muy espontáneo, lo cual posiblemente dota de dinamismo al grupo y al disco, es algo que llama la atención a la gente que nos escucha, que todos componemos, cantamos… Pati es la personalidad del grupo, pero The Patinettes somos la suma de los cinco componentes, nos parece un modo bonito y equilibrado de enfocar el trabajo de la banda.

Curiosa esa ‘A Discotheque Song’, que lejos de irse al sonido disco 70’s se va hacia el surf, el rock y el bubble-gum… ¿Un juego de despiste?
Simplemente es un tema en el que la acción transcurre en una discoteca. Surf, rock, bubble-gum… ¡Es una mezcla divertida!

Lo que está claro es que Patinettes va directo a la melodía. Sin ella no hay canciones. ¿Es básico este aspecto?
Es algo que tenemos bastante interiorizado en la composición, digamos que es lo que va tirando de la canción cuando está a medio hacer.

¿El título?
Bueno, es una frase que aparece en el tema ‘Let´s Get Lost’. En estos tiempos tan duros, tan extraños, es necesario buscar y aferrarnos a algo que nos dé ‘luz’.

¿Y por qué siempre en inglés?
El inglés es el idioma que se escucha en gran parte de la música que devoramos.

¿Cuesta mantenerse como grupo en tierra agreste como esta?
No sabemos cómo será en otros sitios, pero desde luego que hay momentos complicados en los que es fácil perder el ánimo, ya que todos los grupos por lo general ponemos muchísimo empeño en esto. Quizás hemos leído demasiadas historias de las grandes leyendas del rock… A nosotros las cosas nos van bien de momento, lo cual siempre ayuda. Y aunque, como es normal, podamos tener nuestras confrontaciones en algunas ocasiones, nos entendemos bastante bien. Y nos reímos mucho juntos, que también es importante.

¿Pensáis que la gente más joven está por la labor de este tipo de discos y estos sonidos? ¿Hay sitio?
La verdad, no sabemos la repuesta. Queremos pensar que sí, pero es complicado. Ahora se lleva mucho el hip-hop, hay bastante revival de los sonidos de los ochenta…, pero, bueno, al final se trata de hacer buenas canciones, y no darle mucha importancia a lo demás.

¿Hay ayuda de la DGA y del Inaem? ¿Pensáis que las instituciones deben apoyar el rock?
Deben apoyar a la cultura en general. Es una de sus obligaciones y algo muy necesario.

¿Cuál es el presente y el futuro de Patinettes?
Hacer canciones, tocar en directo, hacer canciones… Es lo que nos gusta.

Aquí, un colorido y bonito vídeo de la canción que abre el segundo álbum, ‘This Time We Will Fall In Love’ (Sí, esta vez nos enamoraremos más… de The Patinettes).

Imagen de previsualización de YouTube

 

Publicado en Uncategorized | 4 comentarios

Flipante Pat Metheny: los instrumentos suenan por sí solos

¿Alguien ha visto alguna vez un instrumento sonar por sí solo, sin que nadie lo toque? ¿E incluso un grupo entero y casi una orquesta? No, no me refiero en una película infantil, de ciencia ficción o de dibujos animados. Hablo, realmente. ¿Magia potagia? Pues no. Centenares de personas lo pudieron comprobar tiempo atrás en una gira mundial que hizo Pat Metheny y ahora ha salido un disco y un blu-ray que reproduce un concierto de quella gira.

Ahí está el brujo, el autor de la magia. El de Missouri no solo toca la guitarra con una destreza y sensibilidad fuera de lo común sino que se nos ha convertido en un mago de los sonidos, en un asombroso innovador tecnológico. Me explico: en su adolescencia, Metheny iba a ver a su abuelo que tenía una vieja pianola, instrumento que, como es sabido, lee el sonido ‘grabado’ en uno rollo de papel troquelado. Le encantaba tanto como le intrigaba aquel instrumento que podía ‘tocarse’ sin saber música.

OrchestrionCon el tiempo, descubriría un instrumento similar, el ‘orchestrion’, aparato con forma de lujoso armario que las familias acaudaladas de finales del siglo XIX y primeros del XX metían en sus salones y que funcionaba de igual manera que las pianolas, con unos rollos de papel taladrados que al accionarlos movían físicamente las teclas hasta reproducir una determinada pieza. Durante años, el guitarrista, obsesionado por la tecnología aplicada a la invención y ejecución musical, le estuvo dando vueltas al ingenio hasta que decidió pasar a la acción.

Con la ayuda de varios ‘técnicos e inventores’, como él los califica, Eric Singer, el principal, consiguió que, al cabo de bastantes años, le diseñaran y fabricaran un ‘orchestrion’ especial para él. Tan especial que ya no era necesario utilizar cilindros de papel troquelado ni armarios, sino que desde su misma guitarra él podía hacer sonar todo tipo de instrumentos, desde una batería a un teclado, un vibráfono, un bajo, un piano…, un grupo de acompañamiento completo.

En 2010 dio fe pública de su invento editando el álbum ‘Orchestrion’, con cinco piezas grabadas enteramente por él. Y para goce propio, y para que quedara constancia de que no era un invento marciano ni imposible, menos aún de que había truco, salió a los escenarios de medio mundo. El personal se quedaba alucinado viendo y oyendo lo que tenía ante sí. Un tipo solo en el escenario rodeado de cacharros musicales y todos sonando por sí mismos, bueno, accionados mecánicamente desde su centro de operaciones guitarrísticas. “Esta búsqueda de cambio y la manera en que los innovadores en el jazz han reconciliado las raíces de la forma tradicional con las nuevas posibilidades de sus tiempos ha sido una inspiración y un elemento importante en la definición y evolución de mi música a lo largo del camino”, explicaba antes de publicarse ‘Orchestrion’.

Ahora, ha salido un doble cedé y un blu-ray de la gira, ‘The Orchestrion Project’, y es para flipar en colores. Sí, las teclas del piano se mueven solas, los mazillos de la batería percuten por sí mismos, el bajo lo emulan unos pequeños pedales que suben y bajan en varias barras metálicas, suena una marimba, un vibráfono, campanas, cimbales, percusiones, botellas y mil artilugios más… Y como resultado de este increíble ejercicio de magia puede escucharse un sonido y una música –lo importante, antes que la tecnología, por muy asombrosa que parezca- que quita el hipo. Con basamento en el jazz, bella, cautivadora y hasta original como pocas.

El disco no solo contiene los cinco temas del álbum ‘Orchestrion’ sino que añade dos improvisaciones y otros seis temas más; en realidad, recoge un concierto entero en el orden en que el guitarrista lo ejecutaba cada noche en la gira del 2010. Un tipo solo, pero una orquesta entera sonando. De alucine.

Quedan muy lejos aquellos tiempos en que quedé abducido por el sonido de satén de aquellos dos preciosos discos, ‘Bright Size Life’ y ‘Watercolors, editados en 1975 y 1977 respectivamente por el prestigios sello alemán ECM (por cierto, un recuerdo especial al reputado músico y productor Gonzalo Lasheras, que me los descubrió). Como seguí abducido con otras obras posteriores y con conciertos inolvidables como el que ofreció hace unos cuantos añitos en el Palacio de los Deportes de Zaragoza (vulgo el Huevo) en uno de aquellos grandes festivales de jazz de los 80-90. Pero es que ahora, escuchando este disco y viendo imágenes de la gira, es que estoy boquiabierto. Todavía me parece estar viendo una peli de ciencia ficción, imaginaria, pero, no. Realidad pura. Path Metheny, genio y figura. Un hombre solo, una orquesta, una música celestial (y Steve Reich y Frank Zappa insuflando inspiración). ¿Creíble?

Imagen de previsualización de YouTube Imagen de previsualización de YouTube
Publicado en Internacional | 8 comentarios

Premios de la Música Aragonesa: And the winners were…

Estos fueron los premiados anoche en la XIV gala de los Premios de la Música Aragonesa. Van destacdos en negrita en cada categoría junto a los nominados.
Pero antes, varias observaciones a vuelapluma:

1.-Tiempos raros estos. Un grupo que vive en el pasado más remoto, Faith Keepers, se llevó el mayor número de premios. Hay esperanza en que las nuevas generaciones no borren el pasado de un plumazo. O quizá es que anden despistadas y el sonido Faith Keepers les suene a ‘nuevo’.

2.-Confiemos también en que se siga rindiendo pleitesía a otro pasado más remoto, el de los sesenta y más aún al de los pioneros del rock’n'roll zaragozano y nacional. Gavy Sander’s ha sido el premio más emotivo y uno diría que noble y merecido de los premios de honor entregados en las catorce ediciones de estos galardones. Redondeó la fiesta con ‘Popotitos’ y ´La plaga’, junto a unos Vibrants fabulosos. Bravo.

3.-Creo que los organizadores debieran guardar un poco más las interioridades económicas del premio: jaboneando reiteradamente al innombrable y otrora pitado concejal de Cultura y disparando contra la DGA por retirar la subvención no resulta muy elegante. Los cuchillos se afilan en privado.

4.-Sorprende que ni Bunbury ni Amaral hayan ‘mojado’ en sus respectivas categorías de mejor solista y mejor directo. Uhmmm ¿Por su merecido y currado estrellato? ¿Porque no vienen a buscar los premios? Curioso, todos los premiados estaban en la sala. ¿Porque hay que dar paso a nuevos rostros? ¿Porque los ganadores en sus respectivas categorías además se implican y actúan en la gala? En desacuerdo por completo con los ganadores en estos dos apartados, pero soberano es el cuerpo electoral. Sigo, no obstante, insistiendo en que es necesario un notario que controle las votaciones. Aunque también puede ser que los ganadores tengan una gran capacidad para movilizar a la peña, a los amigos de los amigos… Tengo mis dudas, y no se me enfade la organización, en estas dos categorías.

5.-Tako y Guisante (Rafa Domínguez), aun premiados, se merecieron más.

6.-Justo ganador mi admirado grupo Crisálida, de lo mejor del pasado año. Enhorabuena.

7.-Una vez más, Virginia Martínez hizo gala de su soltura, ingenio y simpatía para soportar ella solita la gala completa. Nada que envidiar a la Eva Hache. Solo una cosilla: soy un absoluto lerdo en cuestiones de moda y más en trajes de fiesta, pero el modelito rojo para mí que cantaba demasiado, o a lo mejor era (lo de cantar) por el motivo mismo de la gala. Habrá que consultar con mi amiga y expertísima Ana Usieto.

8.-Siento que mi buen colega Pablo Ferrer no fuera reconocido por el respetable como ganador, con las curradas que se pega el buenhombre en el Heraldo, aunque un repizquito se llevó a través de Mondosonoro.

9.-Y pese a estas objeciones, mi enhorabuena a todos los premiados y ánimo para la siguiente edición.

10.-Ah, y enhorabuena para Beatriz Pitarch y su novio por su boda en el mismo escenario, glup, de la que todavía estoy flipando. ¿Era en serio? Nunca jamás se había visto semejante número. Los Óscar lo copiarán. Vaya bomba.

Premio Especial a una Trayectoria:
Don Javier Ezpeleta, Gavy Sander’s

Premio Global de la Música Aragonesa:
Don José María Sanz Beltrán, Loquillo

Mejor Grupo:
Cube
RedRum
Tako
- The Faith Keepers -

Mejor Solista:
Aer
Bunbury
David Sancho
- Lírico -

Mejor Álbum:
“A la Deriva” de Interlude
“De Vito” de De Vito
- “Leap of Faith” de The Faith Keepers -
“Un antes y un después” de Lírico

Mejor Tema Musical:
“Canción para Dimitris” de Joaquín Carbonell
“Coche” de Aer
- “El Alma Atada” de Tako -
“A fuego lento” Lírico

Mejor Directo:
Amaral
Dadá
Después de Todo
- The Faith Keepers -

Mejor Álbum Autoeditado:
“Envasado en hechos reales” de Guisante
“Iluminando los Colores” de Mister Hyde
“Origen” de Cube
- “Recuerdos del Futuro” de Aer -

Mejor EP:
“Canciones con(de) Coraz(i)ón” de Stabilito & The Space Oddithree
“Interludio” de Pecker y Manso
- “La Revolución de Terciopelo” de Crisálida -
“Try” de The Bärds

Mayor Proyección:
Amorica
Esparatrapo
Mercury Rex
- Ticket -

Mejor Canción en Lengua Autóctona Aragonesa:
“A mía Tierra”de Jesús Viñas
“Mosica, Parola Y Movimiento” de Prau
“Olivera d’ Aragó” de Ángel Villalba
- “Os Pietz en a Tierra” de Prau -

Mejor Producción:
- “Envasado en hechos reales” de Guisante por Rafael Domínguez -
“Las Campanas de la Vergüenza” de Tako por Daniel Alcover
“Origen” de Cube por Jorge Escobedo
“Un antes y un después” de Lírico por Lírico y R de Rumba

Mejor Programación:
Avv Arrebato
El Veintiuno
- Pirineos Sur -
Sala López

Mejor Portada:
“Envasado en Hechos Reales” de Guisante por Münster Studio
- “Iluminando los Colores” de Mister Hyde por Gustaff Choos -
“Leap of Faith” de The Faith Keepers por Raúl Mest
“Zona Hostil” de Urban Contack Clan por Isaac Mahow

Mejor Vídeo:
“Licenciado Cantinas” de Bunbury dirigido por Alexis Morante
“Hoy es el principio del final” de Amaral dirigido por Alberto Van Stokkum
- “Subiendo los Colores” de Limnopolar dirigido por Iván Castell -
“Tanto te dirán” de Aer dirigido por Beatriz Abad

Mejor Disc Jockey:
DJ Pendejo
- DJ Potas -
R de Rumba
Simon Zico

Mayor Apoyo:
- Mondosonoro -
Pablo Ferrer
Periferias
Ztv

Mejor Web:
Aragón Metal
- Aragón También Tiene Sed -
Capitán Lillo
Zaragoza Conciertos

FotoFamiliaPequenoFebrero2013Esta es la foto de familia (firmada por Ángel Burbano) y la nota de prensa emitida por la organización de los premios, bajo el título ‘La gala más completa’:

Uno de los momentos más destacados de esta gala de entrega de los XIV Premios de la Música Aragonesa, y probablemente de todas las ediciones, ha sido la actuación sorpresa deLoquillo y Gabriel Sopeña mano a mano. Loquillo acudía al Teatro Principal a recoger el Premio Global de la Música Aragonesa pero la organización no había anunciado actuación alguna, menos con Sopeña, compañero de fatigas. No menos destacado ha sido el último directo del pionero del Rock Gavy Sander’s. El artista aragonés se ha despedido de los escenarios medio siglo después de sus inicios recogiendo el Premio Especial a una Trayectoria.

Otra sorpresa de esta edición, presentada de nuevo por la showoman Virginia Martínez, la ha puesto el directo de Guisante –Mejor Producción- y un anuncio por parte del colectivo organizador Aragón Musical de una nueva actividad: si fueron pioneros en sacar adelante el primer portal dedicado íntegramente al seguimiento del panorama musical aragonés, ahora vuelven a serlo, gracias a la labor de Antiestudio, poniendo en funcionamiento la primera aplicación de móvil dedicada al completo a agenda, noticias y demás actualidad musical de Huesca, Teruel y Zaragoza.

Esta gala que a punto estuvo de abandonar el escenario del Teatro Principal por falta depresupuesto tras anunciar el Gobierno de Aragón a última hora que retiraba el 100% de su patrocinio, ha resultado ser la más completa de la historia de estos premios. Esto ha sido posible gracias al apoyo extra del Ayuntamiento de Zaragoza junto al esfuerzo de la empresa de sonido e iluminación Covah así como de cervezas Ámbar.

The Faith Keepers ha sido el grupo más premiado llevándose tres categorías: Mejor Grupo, Mejor Álbum por “Leap of Faith” y Mejor Directo. Han roto el hielo con un vivo y una puesta en escena que han dejado el listón del resto de la jornada muy alto. Lírico –que se ha llevado la categoría a Mejor Solista- ha protagonizado otra de las actuaciones más aplaudidas. Hemos vivido otro momento de especial intensidad con una boda en directo desde el propio escenario del teatro musicada por Los Vibrants -banda que ha acompañado a Gavy Sander’s-. Es prácticamente lo único que faltaba por realizarse en una celebración de estos premios que nuevamente han sido televisados en rirecto desde aragonmusical.com yaragonmusicaltv.com y que a partir de mañana podrán verse desde ZTV y distintas televisiones locales de Huesca, Teruel y Zaragoza.

El grupo con mayor proyección ha sido Ticket. Aer ha obtenido el reconocimiento a Mejor Álbum Autoeditado por ‘Recuerdos del Futuro’. ‘El Alma Atada’ de Tako se ha llevado la categoría a Mejor Canción, ‘La Revolución de Terciopelo’ de Crisálida a Mejor EP y ‘Os Pietz en a Tierra’ de Prau a Mejor Canción en Lengua Autóctona Aragonesa. Iván Castell ha recibido el reconocimiento de Mejor Vídeo por ‘Subiendo los Colores’ de Limnopolar y Gustaff Choos el de Mejor Portada por ‘Iluminando los Colores’ de Mister HydePirineos Sur ha inaugurado la categoría de Mejor Programación. DJ Potas ha recogido la estatuilla a Mejor DJ, Aragón También Tiene Sed –Conducida por José Carlos Borja- a mejor Web y Mondosonoro Aragón a Mayor Apoyo.

Alejandro Monserrat y Noelia Gracia, protagonistas de la injusta polémica del último pregón de las Fiestas del Pilar, han hecho la entrega a Mejor Directo reivindicando la música, y también el flamenco, como patrimonio universal. David Angulo -diseñador gráfico, músico y actor deOregón Tv- ha sido quien ha roto el hielo de la entrega de trofeos guitarra en mano. Los periodistas Miguel Mena y David Marqueta también han sido entregadores junto a otros personajes de la vida cultural aragonesa como Kase.OSho HaiMaría José Hernández,Carlos EstellaAntón CastroDiego PeñaAntílope, Jorge NebraJosé Azul (diseñador de las estatuillas), Carlos Morte Azorín del Roscón RockAlejandro Castro del Foro No Virtual para Músicos AragonesesÓscar Senar de los Premios del Cómic Aragonés, el dibujante Javier López y el programador cultural Tomás GómezTea Fm, ganadores durante 2013 del Premio Ondas a la Innovación Radiofónica, han entregado el premio a Mejor Producción mediante un podcast radiofónico.

Publicado en Aragón | 34 comentarios

El Padrenuestro de Nick Cave

Nick CaveMañana, día 18, se publica el nuevo disco de Nick Cave, ‘Push The Sky Away’. Cuando a finales de noviembre del pasado año se anunció que en febrero tendríamos nuevo disco del australiano y que este iba por el camino de las baladas, enseguida uno pensó en ‘The Murder Ballads’ y sobre todo en ‘The Good Son’, una de sus obras maestras, aquel disco del 90, donde la sensibilidad del australiano crepitaba subido a lomos de hipnóticas canciones (‘The Weeping Song’, ‘The Ship Song’, ‘Foi Na Cruz’…).

Nada más lejos. Es cierto que en este décimoquinto álbum –el primero sin Mick Harvey y con Warren Ellis tomando las riendas de los arreglos- Cave ha vuelto a bajar el pistón de sus pulsiones vitales y del ritmo mismo del disco, pero sus logros baladísticos están bastante lejos de aquellas canciones. El disco, en realidad, casi es un mantra de 45 minutos en nueve canciones (duración vinilo). Cave parece rezar más que cantar, no suelta la voz como tampoco suelta las canciones, no las deja que se eleven, manteniéndolas en una liviana nube a ras de suelo algo plomiza. Un largo Padrenuestro para acompañar una sesión de meditación o unos ejercicios espirituales.

Warren Ellis ha preparado un alfombrado sutil y creativo aunque tenue; hay canciones como ‘Lovely Eyes’ y sus acariciantes coros masculinos, el embadurnado en cuerdas de ‘Jubilee Street’, y su evocación del Lou Reed más dolido e intimista, la turbadora melancolía de ‘Mermaid’… que atrapan, pero no es suficiente. ‘Push The Sky Away’, en el contexto de la discografía de Nick Cave, no puede considerarse como obra mayor. Incluso, iría más lejos: no me había aburrido tanto con un disco suyo, lo que no evita que siga siendo un disco de Nick Cave.

Obviamente, no hay el más mínimo latigazo eléctrico al modo de los interludios que insertó en ‘The Good Son’, en las inflamadas entregas de los ochenta o en el fabuloso ‘Let Love In’, donde Nick Cave se dejaba la piel a jirones, blandiendo una ferocidad temible e intimidante (¿alguien recuerda el histórico arranque de su actuación en el Teatro Principal?). Aquí todo es confesional, recitativo, introspectivo. Lo curioso es que los textos están inspirados en simples entradas de la Wikipedia, que el amigo Cave se tiene trillada debido a su mala memoria, que según él, perdió en los años del exceso, o sea, en los 70 y 80.

Resulta curiosa también esta dualidad artística que parece haber adoptado: la rabia e incluso lo retorcido y malévolo, para Grinderman; lo suave, lo catártico, incluso la belleza –que, ya digo, ‘Jubilee Street’ o ‘Mermaid’- se salvan de la abulia-, para los Bad Seeds.

Cuestión aparte, es la foto de portada, con Cave y su mujer fotografiados en su casa de Brighton, ella desnuda. Algunos medios han reproducido la portada velando la figura femenina. El vídeo de ‘Jubilee Street’ también entra en la senda del erotismo, habiéndose censurado en algunas cadenas. El feminismo más agresivo ya ha atacado. Desde luego, Cave no necesita artimañas como estas para vender discos.

Aquí, el vídeo de ‘Jubilee Street’ (sin censurar):

Imagen de previsualización de YouTube
Publicado en Internacional | 6 comentarios

¿Aguantará el Plata a Godfathers?

Aún creo que me retumban los oídos de los mazazos que atizaban Godfathers en sus visitas a En Bruto, allá por el cruce de los ochenta y los noventa. ¡Qué bestialidad! No solo tocaban de forma contundente y hasta marcial, sino que ponían el volumen a tope y era como si en vez de un grupo musical hubiera subido al escenario una apisonadora.

Ellos, junto a The Nomads, fueron los causantes principales de que En Bruto estuviera al borde del cierre. Los vecinos no podían aguantarlo. Una tarde-noche acompañé a la Policía local en una toma de volumen y era tremendo subir por las escaleras de la vivienda, con las paredes temblando del ruido de, en aquella ocasión, los Nomads. No llegaron a cerrar la sala por un artículo, y perdón si suena petulante, que publiqué en el Heraldo reivindicando el derecho a la música en directo y no el ‘silencio de los monasterios’, pero sí que obligaron a precintar el equipo de sonido, de tal manera que pasadas las diez de la noche, bajaba automáticamente de volumen.

Aquel quinteto londinense, ya digo, Godfathers, era una máquina de ruido. Un extraño caso en el panorama de finales de los ochenta. Ya había pasado la fiebre sintética, el Nuevo Rock Americano también había caído, el neogarage psicodélico había explotado sus grandes cartuchos, el acid-house empezaba a dar sus primeros pasos, el brit pop no había nacido… vamos, caminaban en solitario en tierra de nadie, no había una etiqueta para ellos, un movimiento donde encuadrarles.

Pero allí estaban, desde el sur profundo de Londres, atacando con unas letras venenosas contra el thatcherismo y un rock furioso y contundente, con resabios punkies, ramonianos, rocanroleros… y un público entregado. Las dos veces que pasaron por En Bruto, en el 88 y en el 90, lo hicieron a sala a rebosar. Luego actuarían en La Chimenea, en el 92, y en La Piedra de Blarney, en el 97, si la memoria me es fiel.

Ahora vuelven de nuevo a la ciudad, tras un largo parón de casi una década, y a un escenario poco habitual para este tipo de grupos: El Plata. ¿Será capaz de soportar el viejo edificio en donde se ubica el famoso cabaré la potencia explosiva de los hermanos Coyne? A ver que pasa el próximo lunes día 18. Porque pese a los años, el grupo sigue destilando aquella fuerza primigenia que impuso sobre todo el rotundo ‘Birth, School, Work, Death’ y con el que a punto estuvieron de romper las paredes de En Bruto. Al menos, eso destila el álbum en directo grabado en el 100 Club de Londres y publicado en 2011, siguiendo la estela del fenomenal ‘Dope, Rock’n’roll, & Fucking In The Streets’ (1992), también en directo. Rescato, por cierto, las dos entrevistas (Godfathers 88 y Godfathers 90) que les hice en sus dos primeras visitas a Zaragoza, una de ellas más apropiada que nunca para la España de la corrupción. ¿Alguien estuvo por allí?

Imagen de previsualización de YouTube
Publicado en Internacional | 4 comentarios

La frivolidad de los Grammy

Los Grammy no han sido especial santo de mi devoción nunca. Es más, siempre los he considerado como una gallofada, una celebración estéril de la música, una tómbola barata en la que prácticamente nadie se queda sin premio. Por supuesto, no son el reflejo de la música de un año. Abundan las medianías. Así que cuando las marcas, las discográficas, los mánagers e incluso los periodistas tratan de ‘vender’ a un artista porque ha conseguido no-sé-cuantos Grammy en una gala, como que me la trae al pairo. Ese no es el nivel que me sirve para medir su valía. Más bien, todo lo contrario.

En la gala del pasado domingo de madrugada, el grupo británico Mumford & Sons se llevaron el premio gordo, al conseguir el Grammy al mejor álbum del año por ‘Babel’. Nada más ver el titular en Internet, ya se me vino todo abajo. ¿Mejor disco del año? ¿Y qué fue de otros jóvenes como The Vaccines, Howler, Beach House, The Walkmen…, por no recordar sagradas luminarias como Dylan, Neil Young o Leonard Cohen?

En su momento, despaché ‘Babel’ en el apretado espacio de la página de discos de Heraldo con tres estrellitas y estas líneas: “Son la nueva sensación del folk británico con solo un primer álbum, ‘Sigh No More’ (2009), que ahora tiene continuidad en este segundo. Lejos de seguir la tradición británica de los Fairport y compañía, los Mumford se van hacia el folk americano, con el uso de banjos y hasta haciendo versiones de Simon & Garfunkel. Agradable”. Simplemente eso, agradables, pero de ahí al mejor álbum del año…

El colmo vino cuando hace un par de sábados, o así, La 2 de TVE, emitió una hora de concierto del grupo en Londres. Tenía curiosidad por ver el ‘fenómeno’ en directo pero cuando a la segunda o tercera canción todo se resumía en ver cuando el violinista se soltaba y el personal se ponía a botar en plan fiesta de rodeo, ya estaba todo dicho. No había más que ver ni oír por mucho que se fueran agregando invitados y de lo acústico se pasara a lo eléctrico. Faltaba chicha por todos lados, sobraba repeticionismo a raudales.

Así que este galardón, por mucho que los Black Keys (creo que otro grupo sobrevalorado) se hayan llevado cuatro gramófonos, confirma mi percepción sobre estos premios: una frivolidad genuinamente americana (por no tacharlos más fea y crudamente).

Publicado en Internacional | 17 comentarios