Demasiada espera, escaso respeto

El zaragocismo merece respeto. Y si digo que lo merece es porque hace tiempo que no se lo tienen los que rigen el destino de la SAD Real Zaragoza, el núcleo sobre el que gira el fútbol en la ciudad, la provincia, la región y sus extramuros desde hace 80 años. No solo entran en ese saco los dirigentes del viejo club, con Agapito Iglesias como mascarón de proa. También los políticos que intervinieron hace 5 años los destinos de esta SAD. Y, por derivación, todos aquellos que han ido adosándose al devenir del ahora caótico Real Zaragoza desde todos los flancos, voluntaria o involuntariamente. El mundo de las finanzas, el de la representación de jugadores, el de la fontanería institucional, el de empresas anejas de toda índole que han nacido y se han desarrollado con el Real Zaragoza como excusa. Todos deberían tener mucho respeto por esta anciana institución que preocupa a tantos miles de aragoneses. Un referente que sirve de soporte para el ocio y la comunión de valores autóctonos de manera espontánea de tanta gente llana, ajena a los tejemanejes que el fútbol ha acabado moviendo en Zaragoza como consecuencia del secuestro al que fue sometido en su día aquel desvirtuado Real Zaragoza Club Deportivo que nuestros ancestros crearon, con otras ideas y motivaciones, en marzo de 1932.
Agapito está tardando demasiado en aclarar el futuro. Han pasado ya quince días desde que acabó la Liga. Dos largas semanas de silencio y ocultismo tras haberse consumado la milagrosa permanencia en Primera División, hecho que evitó lo que ahora mismo sería una catástrofe segura si se hubiese desdendido de nuevo a Segunda.
El zaragocismo necesita luces entre tanta oscuridad. Detalles, datos, muestras de que esa “nueva era” que anunció el presidente en una breve nota colgada en la página web del club en las horas previas al partido postrero de la temporada, no va a ser -una vez más- un enorme plato de agua de borrajas.
Es probable que Agapito necesite su tiempo para cuajar lo que lleva en la cabeza. Es posible que el ritmo calmado y la pose autista del soriano vengan mediatizados por circunstancias de gran magnitud que impiden una solución más acelerada. Aun con este benevolente análisis como punto de partida, se le puede y se le debe exigir a Agapito una aparición pública que evite la tremendísima desorientación que sufre el zaragocismo desde el 21 de mayo.
Es demasiada espera, lo que aumenta la sensación de falta de respeto a una afición que, como demostró en el último capítulo liguero en Valencia, anda sobrada de compromiso con una institución que muchos, unos con cara vista y otros en las alcahuetas -e incluso en las cloacas-, se han ido encargado de mellar y destrozar en el lustro que nos precede.
Va a comenzar la semana III después del fin de la Liga. Será la semana III en la que el zaragocismo aguarda ansioso la “nueva era” que Agapito les prometió por escrito.
Camino de la mitad de junio, es hora de hechos, de voces altas y claras, de decisiones de honda profundidad, de mostrar al mundo que algo va a cambiar radicalmente en el Real Zaragoza.
Si pasan los días y esto no sucede, habrá que suponer que el enfangado pasado y el tóxico presente que soporta la SAD en su interior y en todos sus alrededores va a tener un final no adecuado a lo que precisa. Es decir, un legrado superlativo entre el material humano que lo dirige y un cambio de paso radical que deje atrás con el tiempo el desastre al que los múltiples responsables de la gestión desde 2006 han conducido a este entrañable Real Zaragoza de nuestras vidas.
Esperamos noticias, señor Iglesias. No tarde mucho más, que se le está haciendo largo el remate del guión de la nueva obra.

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Ya

Hace días que me plantee dejar en barbecho este espacio durante un tiempo. Para que la tierra se orease. Los de campo saben bien de lo que hablo. Pensé que, con tanta dioxina como aparecía en el terreno que pisamos desde hace infinidad de meses, podía ser conveniente descansar este pedazo de territorio. Hubo gente cercana (y otra menos cercana) que me lo aconsejó. Y la escuché con respeto y cariño. Fue un pensamiento egoísta, seguramente, pero como la burra se ata donde manda el amo, y el amo soy yo (mientras no se decida lo contrario), así lo he hecho.
Me marqué el final de Liga como fecha referencial para, si me apetecía, volver por aquí para continuar con los análisis de la situación del Real Zaragoza desde un prisma personal. El 22 de mayo era un hito interesante, porque además de la conclusión del torneo liguero, íbamos a saber por qué derroteros políticos se moverá España, Aragón y Zaragoza en los próximos cuatro años. El remate de la Liga coincidía exactamente con las elecciones municipales y autonómicas.
Y ese momento ha llegado. Con la felicidad y la liberación que ha significado la permanencia en Primera. Cuestión crucial para que esta SAD tenga futuro. Al menos, para que no se haya muerto desangrada de inmediato, tal y como habría ocurrido si el sábado por la noche el descenso se hubiera consumado.
A partir de ahora, han de venir días con decisiones de profundidad tremenda. Los aguardamos con ansias. Es lo que toca. Es lo que la regeneración del Real Zaragoza requiere. Por ahora, toca seguir esperando, no se sabe bien por cuántas fechas. Como ha sido norma en los meses de barbecho en este corro, los rumores, siempre interesadísimos, ya fluyen por mil sitios. Los listos del lugar ya quieren encabezar la carrera como si fueran liebres. Nada hay por contar con sustento porque, quienes han de decidir desde los lugares de mando, todavía no han tomado posiciones. Urge adoptarlas, pero han sido tantos los cambios surgidos en las últimas horas en muchos ámbitos de poder que necesitaremos un poco más de tiempo para conocer el nuevo plan de navegación del Real Zaragoza.
Si sigue o no Agapito (él dijo tras el partido de Valencia que piensa continuar). Si siguen o no Herrera y Prieto. Si prosigue Porquera. Si Aguirre acepta lo que alguien le proponga un día de estos. Si aparecen nuevas caras en puestos relevantes, circunstancia para la que primero se deben dilucidar las anteriores, referentes al cuadro de mandos del organigrama. Si la plantilla se renueva en un 90, en un 75 o en un 50 por ciento. Si hay dinero para fichar determinados jugadores de cierto nivel o si hay que acudir a mercados modestos y a más cesiones… Nada hay cerrado. Nada consumado. Por lo tanto, no se puede ir más deprisa que los acontecimientos.
Eso sí, durante estos meses de calma por este rincón que me toca administrar (que a tantos, según rezan los mensajes que unos cuantos me habéis escrito, no os ha parecido bien), me ha dado tiempo a verificar que en este club y sus alrededores sobran infinidad de perfiles personales que están resultando nocivos para el zaragocismo y, por el contrario, es urgente encontrar otros que harían mucho bien a la imagen y el día a día de la entidad.
Digamos que sobran personajes jetas, caraduras, subterráneos, desarraigados, prepotentes, altaneros, interesados, extorsionadores, comisionistas, ajenos, mercenarios, acomodados, viciados, confundidos, caducados y lejanos del espíritu que siempre representó el Real Zaragoza en toda su trayectoria.
Viendo las conductas de casi todos los sujetos protagonistas de este nuevo caótico año zaragocista, analizando con detenimiento lo vivido y padecido en primera persona a través de sus intenciones, cada día que pasa me parece más necesario que alguien sea capaz de introducir de nuevo entre las cuatro paredes del Real Zaragoza unas buenas dosis de sentido común, humanismo, educación, diplomacia, cercanía, sensibilidad, sentimiento, honradez, transparencia y tantos valores que se echan a faltar desde hace tanto tiempo que cuesta recordar cada vez más aquellos días en los que estar pegado a la actualidad del Real Zaragoza era agradable, amable, sugerente, profesionalmente bonito, con comportamientos cabales y unas relaciones humanas de cariz normal.
En fin. Que arranca hoy un tiempo nuevo de incierta cantidad de movimientos y consecuencias. Un tiempo nuevo que el zaragocismo espera con avidez. En verdad, lo necesita como el comer. Un tiempo nuevo en el que este terrenico donde se sujetan estas letras ya no está barbecho y ya lo vuelvo a cultivar. Hasta pronto.

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