“Fútbol es fútbol” (Vujadin Boskov)

“Fútbol e fútbol, e gol e gol”, fue una frase dicha en 1979 en Zaragoza por Vujadin Boskov de manera recurrente a causa de su escaso manejo del idioma español y que acabó convirtiéndose, apocopada y reducida a su primera parte, en un mito de los tópicos que rodean al fútbol mundial. Boskov aterrizó y se dio a conocer en España de la mano del Real Zaragoza. Era en aquellas fechas un desconocido entrenador yugoslavo con experiencia en Italia (de ahí su acento y su recurso de usar la lengua italiana para ir entendiéndose en lo básico a su llegada a tierras aragonesas) que, en un solo año, dejó un excelente sabor de boca al público de La Romareda. El Zaragoza se convirtió en un matagigantes, un bloque casi en invencible en casa pese a la modestia de su plantilla y a que acababa de subir de Segunda División. Goleaba con facilidad y el ofensivo sistema táctico de Boskov ofreció grandes tardes a la entonces crítica y exigente afición zaragocista (sin embargo, fuera de La Romareda no sirvió tanto atrevimiento y las derrotas fueron abrumadoramente mayoritarias, de ahí que la clasificación final no fuese tan brillante como el juego visto en nuestro estadio aquel año).
Boskov llamó la atención por su fútbol y por su peculiar discurso y fue fichado de inmediato por el Real Madrid, necesitado por entonces de revulsivos en todos los ámbitos. Y allí, en la capital de España, su frase “Fútbol es fútbol”, ya castellanizada con motivo de los progresos idiomáticos del preparador balcánico, tomó carácter de máxima de gran pensador.
Ahora, aquí, en la ciudad que dio a conocer a Boskov en nuestro país hace 30 años, me parece que es un buen momento para acudir a esa perogrullada hecha lema. El Real Zaragoza actual, como aquel de Boskov, viene también de Segunda y posee una plantilla justita en efectivos y, probablemente (el tiempo nos lo va a decir claramente sin necesidad de augurios, vaticinios o actos de fe) con un nivel de solvencia tendente a no tener demasiadas aspiraciones clasificatorias a final de la liga.
Pero el fútbol, pese a que en estos 30 últimos años ha mutado terriblemente y ya no se parece en nada a aquel deporte profesional de los años setenta y ochenta donde lo romántico, lo emotivo y lo sentimental todavía prevalecía por encima del negocio puro y duro, es el único sendero que, a base de trabajo y una dosis de fortuna, puede cambiar para bien las previsiones más temerosas, más pesimistas, o con mayor grado de precaución, que de todo esto hay unos cuantos casos en el entorno zaragocista hoy en día.
Como pasó el año pasado, es un buen momento para apelar al fútbol, camino de la tercera jornada de Liga ante el Valladolid. Para pensar que el actual Boskov (o sea, Marcelino) va a ser capaz de hacer de este Zaragoza balbuceante de los Carrizo, Ayala, Pennant, Arizmendi y compañía lo mismo que logró aquel yugoslavo valiente con los Irazusta, Lasa, Antic, Pichi Alonso, Amorrortu, Juanjo y demás míticos jugadores de aquella bonita época. Para soñar con que, cada 7 días, el entrenador y los fútbolistas nos permitan vías de escape para orillar, siquiera por un par de horas, las malas vibraciones que transmite este Zaragoza del siglo XXI en otros terrenos que no son el de juego.
Salió bien el primer envite ante el Tenerife y se arrancó el torneo con 3 valiosos puntos. No hubo nada que hacer en Sevilla en el segundo asalto, dada la pegada de un rival ahora grande. Pero ese lance fallido en el Sánchez Pizjuán no debe aportar más lecturas negativas que las puramente pedagógicas para que la plantilla sepa sus limitaciones y los técnicos puedan usar como ejemplo los serios fallos cometidos en el campo sevillano.
El partido del domingo ante el Valladolid es otra historia diferente a la de Sevilla y, sin embargo, muy parecida a la del primer día ante el Tenerife. Se juega en casa, donde el nuevo Zaragoza de Primera, como aquel de Boskov, ha de hacerse fuerte con las armas de las que dispone.
Ya sé que es imposible tirar a la parte trasera de nuestros cerebros las recientes lesiones de Uche (gravísima) o Pablo Amo; las ausencias de los chavales Laguardia y Herrera por haber acudido al Mundial sub-20; las bajas prolongadas por operaciones quirúrgicas de los Diogo, Luccin, Goni o Braulio. No creo que pueda haber nadie que piense que vamos a dejar de lado estas cosas y todas las demás que afectan a la variopinta problemática que ha deteriorado al Real Zaragoza con el discurrir del último lustro: económica, deportiva, societaria y ambientalmente. No corren buenos tiempos y, pese a que a quienes están al mando les apetecería ver los rostros de los demás mirando hacia otro lado, eso no es posible de conseguir a estas alturas de la civilización humana en paises desarrollados.
Pero el fútbol sí que puede permitir momentos de alegría y satisfacción que, en los otros ámbitos del club, difícilmente serán capaces de ofrecer en mucho tiempo, quizá los actuales dirigentes nunca (ese es un reto monumental que tienen por delante desde hace un par de años, cuando el proyecto les descarriló y el multimillonario equipo que prepararon se les fue a Segunda).
El fútbol es el único flotador del zaragocismo. Lo que ocurra cada semana sobre el césped de los campos de Primera (qué grata sensación genera volver a estar en el sitio natural de este equipo y mirar la Segunda de soslayo).
A mí, y creo que a la inmensa mayoría de la afición, la alineación que nos importa por encima de todas es la que Marcelino pueda componer cada partido con Carrizo, Ponzio, Ayala, Amo, Obradovic, Pennant, Gabi, Aguilar, Jorge López, Arizmendi, Babic, López Vallejo, Laguardia, Herrera, Kevin Lacruz y hasta los defenestrados y ahora recuperados para la causa Pavón, Ewerthon, Pulido, Paredes o Songo’o. Ahí está el sustento de las satisfacciones que podamos hallar hoy en día en el Real Zaragoza.
En ningún caso en otra alineación, que puede ser incluso más numerosa que esta, que conforman Agapito, Bandrés, Poschner, Porquera, Prieto, Pedro Herrera, Bello, Checa, Villanueva, Óscar L. Celada, Conrado Molina, Juan Arbiol, Luis Sol, Rubén Ramos, Cuartero, Solana, Luis Costa… una nómina de protagonistas que, lamentablemente en muchos de los casos (no deben estar todos en el mismo compartimento, sería injusto aunque todos sean asalariados de la entidad) han ocupado el escenario de la actualidad muchísimas veces más de la deseables por encima de los que se visten de corto.
Como decía (y dice, que aunque casi octogenario, todavía vive) Vujadin Boskov, fútbol es fútbol. Lo otro, es otra cosa mucho más fea, desagradable y con connotaciones muy alejadas de lo que siempre entendimos y practicamos como fútbol. Y, a mí, me gusta el fútbol. Me vuelve loco el fútbol. A pesar de todo lo demás que lo rodea y lo enturbia hasta límites insospechados.
Apuesto por una victoria zaragocista frente al Valladolid. Seguro que no estoy solo.

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Una respuesta a “Fútbol es fútbol” (Vujadin Boskov)

  1. manolomel dijo:

    Me alegra reencontrarle en este rincón. Con una pausa necesaria, por higiene mental, y para disfrutar de la familia.

    La locura que ha imperado en los foros con los rumores constantes y fallidos de fichajes que el sentido común y el contable alejaban de las orillas del Ebro, veo que no ha dejado que le despistase de la labor informativa, “ad pedem litem”, contándonos lo que se veía en las concentraciones y en la pretemporada.

    Los amigos de preconizar que “todos rememos en la misma dirección” (la suya), con acatamiento sumiso y olvidando toda crítica, que pueda ser tachada de antizaragocista, han estado colocando “cargas explosivas” en forma de negociaciones que siempre detonaban de manera inesperada o inoportuna, (aunque llevaban la etiqueta de “aviso a navegantes”) causando numerosas víctimas con secuelas de desilusión.

    Esa desilusión, cuasi frustración, al comprobar que el proyecto ilusionante se iba desvaneciendo, a pesar de los buenos inicios (sobre el papel) y las nuevas incorporaciones, que se han visto superadas negativamente en el balance de la plantilla por las lesiones (las que se habían producido y las que han ido produciéndose) y no quiero citar nombres de jugadores que un día estaban hechos y al siguiente volvían a su casa o permanecían en ella o firmaban por otro club.

    Fútbol es fútbol. Los negocios son otra cosa. Los criterios y la filosofía de vida, la manera de actuar en todo momento y el arrojo para sobreponerse ante las dificultades, parecen cosa del pasado en este Real Zaragoza donde se cruzan muchas miradas, algunas palabras, incluso zancadillas, se mira hacia quien debe tomar las decisiones, y las decisiones ¿se toman?

    Sólo los profesionales sustentan la esperanza en conseguir, como la temporada pasada, el objetivo.
    La temporada pasada estaba claro que era el ascenso, y no fue fácil, pero se consiguió, con trabajo y sacrificio. Con C3C (ya no está Doblas para traducirnos las siglas, ni Zapater para lucirlas con orgullo).

    Partidos como los que tenemos en los tres próximos enfrentamientos (Valladolid, Sporting y Getafe) son los que nos marcarán las posibilidades de conseguir la permanencia con más o menos tranquilidad.

    Quedan, como mínimo, 40 puntos que conseguir. ¡A por ellos! ¡Aúpa el Real Zaragoza (equipo y afición)!

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