Ya está, un año más. Tres o cuatro meses hablando de lo mal elegida que está una canción, de la polémica con no se qué país, de fallos de sonido y apuestas para un espectáculo que, al final, dura tres horas. Bastante menos que la gala de cualquier ‘reality’… en España. Y como todo en el festival de Eurovisión va de listas de clasificados, de votos con 8, 10 y 12 puntos, aquí está la mía. El top 10 de los aspectos más odiosos y/o odiables del certamen que, por lo comentarios que genera –que no por la altísima audiencia que lo sigue no solo en Europa-, parece bastante odiable.
10. La lengua. Quiero decir, el uso del idioma de cada país. Mira que a España se le puede criticar por casi todo, pero no por esto. Que hasta Rusia cante siempre en inglés me parece un poco tramposo. Además, no hace falta. Entender la letra no es lo fundamental aquí. Al fin y al cabo, todas dicen lo mismo: “Te quiero, te amo y te deseo forever and ever”. Propuestas como la serbia este año son buenas por sí mismas, sin necesidad de acudir al Oxford Dictionary. Y, ya puestos, los votos al Reino Unido tendrían que ser siempre en francés. No por fastidiar, sino por placer de oír de nuevo “Guayominí”.
9. Que los que dan los votos no sean una señora estupenda. Tan seguidas como las canciones, o más, son las votaciones. La puesta en escena es fundamental hasta para comunicar los resultados de cada país y la aparición de según qué presentadoras de las distintas televisiones es igual de celebrada o denostada que la de los temas a concurso. Italia lo hizo bien en su regreso este año: no solo se quedaron segundos con un tema de jazz por el que nadie daba una lira, sino que confió a Raffaella Carrá la misión de comunicar los favoritos de sus conciudadanos. Un golpe de efecto que ni los finales de ‘Lost’.
8. Los anuncios. Durante muchos años, los anuncios entre el concurso musical y su resolución no han permitido ver el espectáculo que cada anfitrión había montado. Y ahora que Televisión Española se supone libre de publicidad, cogen y cortan durante tres minutos… ¡para dar comerciales! Con todo, lo más impactante de este año fue parar la retransmisión para emitir un spot de Izquierda Unida. No sé si fue un error o hubo un sorteo entre los partidos políticos y les tocó a ellos, pero cantó bastante más que muchos de los participantes del año. Ganadores de Azerbaiyán incluidos, que tenían menos voz que la de Cómplices.
7. Que tu favorita se quede la penúltima. Se llevan el pop chuchero y radiable y los fuegos de artificio –y artificiales- a la hora de subir al escenario. Hay poco margen para la sorpresa. Y cuando alguien es especialmente arriesgado o al menos resulta agradable y/o divertido, tiene menos repercusión que otra edición de ‘O. T.’. Las canciones a las que yo hubiera dado puntos se quedaron todas por debajo del puesto 15. Y no hablo de España precisamente. La concursante de Estonia, penúltima, aún tiene que estar en shock, pensando que hasta Lucía Pérez se le adelantó.
6. Que las apuestas no acierten. Semanas diciendo que estaba todo entre Reino Unido y Francia para tener que cambiar todo a última hora. Este es el aspecto más fastidioso para los periodistas, para los que están en las redacciones hasta la 1 para informar de la clasificación final.
5. Que las apuestas acierten. Peor que las encuestas no den ni una es que den en el clavo. Si no hubiera siempre algo fuera de guión sería un coñazo. Además, el problema es que los sondeos nunca yerran con una candidatura en concreto: la nuestra. Siempre nos sitúan entre los últimos. Y tienen toda la razón.
4. La retransmisión. Aunque Uribarri sea el experto eurovisivo por excelencia, su forma de narrar el partido resultaba ciertamente extenuante. Especialmente, al final, cuando mostraba sus dotes de adivino y se transformaba en Octavio Aceves. Casi siempre acertaba, pero se ponía más galones que Magic Andreu. Como otros vendrán que bueno te harán, este año hasta se le ha echado de menos. José María Íñigo no dio con el quid de la presentación, y mira que es raro, y se limitó a contarnos con cuantos años habían empezado a cantar cada uno de los contendientes. Unos con cinco, otros con doce… Vamos, unos datos realmente interesantes y que toda la audiencia estaba esperando. Tampoco paró de decir que da igual la posición final, allanando el terreno para el previsible cataclismo. Retransmitir Eurovisión solo puede hacerse de dos formas: o entrando en el juego y haciendo unos comentarios tan superficiales como el propio concurso o, como la gran Beatriz Pécker, que para eso sabe mucho de ‘Rockopop’: separándote varios kilómetros de lo que estás viendo y, con cierta desgana, apostar directamente por tus preferencias y/o fobias.
3. La canción española. No es solo que la mayoría de nuestras candidatas sean malísimas, porque para ganar Eurovisión tampoco tienes que ser Pavarotti (iba a decir Celine Dion, pero esa sí ganó el festival un año). Es lo mal que las vestimos… y no en el sentido de la ropa. Mientras quien más quien menos hace un truco de magia, lleva unos cachivaches o una puesta en escena llamativa, la candidata de RTVE y acompañantes se limitan a mover las manos como en un baile de las fiestas del pueblo. Y lo de los gráficos de fondo es de denuncia. Eso no es cuestión de presupuesto, porque cuesta cuatro duros. Todos los participantes llevaban imágenes impactantes o coloristas que apoyaban la canción. España puso una foto fija de unas palmeras y, hala, todo apañado. Un poco cutre, por no decir un bastante. No es que la chica lo hiciera mal, pero es que entre esa canción y la raquítica actuación, es imposible llamar la atención del resto de Europa. La selección española, en este caso, no es la roja. Quizá la gris oscura, tirando a negra.
2. El debate político y las teorías conspiranoicas. Ni solo ganan países del Este ni los votos a los vecinos cuentan tanto como se dice. El año pasado ganó Alemania, que, como España, está en el grupo de los supuestos vetados, o sea, de los que tienen asegurado el puesto en la final… por la pasta que ponen para la celebración de la gala. Y, este año, las favoritas eran Reino Unido y Francia. Como en las elecciones, el que tiene más votos gana. Además, toda esa patraña de que España no ganará porque nuestros vecinos no nos apoyan se vino ayer abajo. Francia nos dio sus doce puntos. Así que estamos en las mismas que el resto. Los que tenemos al lado también se acuerdan de nosotros, aunque no estemos precisamente situados en el este.
1. Que se odie Eurovisión. Con todo lo dicho anteriormente, ¿cómo no va a gustar Eurovisión? Si lo tiene todo para triunfar en la tele: su parte cotilla, la de competición, la musical… Tiene un mecanismo simple y es popular, aunque sea por tradición. Y tiene tantas cosas criticables que casi sirve de catarsis. Es uno de los días en los que la gente habla más con la televisión, enfadándose por lo malo que es un cantante o por lo mal que han repartido los puntos unos u otros. El año que viene volverá. Y habrá polémica por la elección del tema español, y se oirán voces pidiendo que nos vayamos ya de esta “farsa”, y acusaciones de compras de votos por vecindad… Y volverá a ser lo más visto del día. Y nos dará material para divertirnos. Que, en resumen, es lo más importante.




Totalmente de acuerdo en muchas cosas, especialmente en lo del idioma. Esa es una de las razones por la que me gustó la actuación de Serbia.
La verdad es que en los últimos años me he aficionado a Eurovisión (en parte por OT, y en parte aún mayor por el año en que dejamos a toda Europa ojiplática con el Chikilicuatre) y siempre he oído lo de que casi siempre se reparten el pastel los del Este. A lo mejor tienes razón y eso no es así. Pero supongo que hasta que no gane España (cosa difícil por ahora) no dejaremos de decirlo.
Con todo, creo que nuestra canción fue lo más alegre que se vio ayer en aquel escenario, aunque con una puesta en escena tan simple como siempre.
Pues sí, al final se trata de divertirse. El cabreo de Íñigo porque Azerbaiyán no era de sus favoritas e iba obteniendo 12 puntos de un montón de países (incluidos no vecinos) fue bastante entretenido.
Y, con tu permiso, un off-topic: en ocasiones, la ficción se ve imitada por la realidad. Ayer por la mañana cuando escuché la noticia de la detención de Strauss-Kahn en Nueva York y los motivos de la misma, no pude evitar acordarme de un episodio de la segunda temporada de The Good Wife con un argumento bastante parecido. Con declaración de la esposa del detenido clamando por su inocencia incluida.
Personalmente estoy harto de que que España envíe pseudo-rumbo-aflamencados-lolailos, sonido de guitarras españolas etc. Podrían enviar a algún músico de verdad, compositor e intérprete y no bodorrios veraniegos (los europeos nunca se van a comer nuestras penosas canciones del verano).
Respecto al idioma mi opinión es diametralmente opuesta, en las canciones la letra es importante y cantar en español hace que la mayoría de los europeos no entiendan nada. Salvo los franchutes y cuatro más el resto usan una lengua internacional. El castellano aunque nos pese sólo se habla en países atrasados.
YO no vi eurovisión este año, y eso que la actuación española y las votaciones no me los pierdo nunca, me resultan entretenidos. Asi que al ver su mala clasificación, me fui al youtube y la ví. No me pareció tan mala… lo que pasa es que efectivamente, quizá le faltara un algo de gracia, de chispa o yo qué sé.
Eso si… no era una canción ganadora… aunque la del año pasado de Alemania… menos… y ganó.
¡Lo que disfruté con Eurovisión! Quedé a verla con unos amigos y la verdad es que había canciones buenas. Mi favorita era Serbia.
Coincido contigo en todo y especialmente en que una de las gracias del Eurosong es ese enjambre de idiomas continental. Que todas sean en inglés es un poco rollo. Antes lo que pasaba es que los ganadores ganaban en su idioma y se tenía la versión en inglés lista para que al sacarla al mercado global el día despuées.
Y lo mejor, lo mejor, lo que mereció cualquier cosa VER A RAFFAELLA!!!
¡Qué grande es Raffaella Carrá! ¿Por qué no la llevamos el año que viene de representante española? Ganaríamos seguro, y ademas ya es hora de hacer algo inesperado.
De verdad que la cancion española era hortera, hortera pero Lucia Perez lo hizo lo mejor que pudo. Cierto es que llevamos una buena representante que puso mucha ilusión y alegría.
Estoy de acuerdo en que Getter Jaani, representante de estonia, debe de estar deprimida. Era mi favorita!! y quedó injustamente en el puesto 24, olvidada hasta por sus vecinos.
De lo que España nunca se podrá quejas es del “vecinismo” Aun me siguen sorprendiendo los 12 puntos de Francia!! El año pasado nos votó poco o nada. Y este año con horterada nos da el máximo. Aunque ya contaba con los 12 de nuestro querido Portugal.
Los españoles que dicen que Eurovision es política deberian haber visto la m***** de preselección de TVE y las preselecciones que realizan paises como Suecia que es enorme, e importantisima. Casi al nivel de un Festival de Eurovision.
Espero que en 2012 RTVE no ponga de jurado ni a Sole Jimenes ni a Boris que nos han hecho quedar antepenultimos este año. Aunque tambien la culpa la tenga la misma TVE.
Yo apostaria por Chenoa por ejemplo. O por la misma Coral Segovia que ya ha sido 2ª en dos preselecciones con buenisimas canciones.
Lo que no entiendo fue como ese Da Da Dam finlandes que pone el vello de punta a cualquiera quedo de los ultimos y el coñazo italiano segundo