No es de los creadores de ‘Loca academia de policía’ o de los productores de ‘Atrápalo como puedas 2 y medio’. Tampoco comparte elenco con ‘Este chico es un demonio’. Pero podría. ‘Community’ es la sucesora natural de todos esos despropósitos que aún vemos cuando los repiten, ya a las 11.00 de la mañana y lejos del prime time. Por eso, quizá, no recibe nominaciones a los grandes premios ni tiene una audiencia espectacular ni está en las listas de lo mejor del año americanas. Pero sí está, y mucho, en los discos duros de muchos de nosotros, lo cual es reconocimiento de sobra.
Y aunque comparte código genético con ese humor a lo Leslie Nielsen, no es exactamente ‘La revolución de los novatos’. Sí es una comedia gamberra de universidad, repleta de absurdos y sinsentidos. Pero también tiene sus propios códigos. Y unos protagonistas que poco tienen que ver con las historias de adolescentes. Este particular grupo de estudio está integrado por un abogado cuarentón y egocéntrico, un rico abuelete insoportable y criticón (Chevy Chase), una madre en apuros, una niña repollo (sorprendente Alison Brie, la Trudy de ‘Mad men’) o un friki de categoría, un excepcional Danny Pudi que pondría de los nervios al mismísimo Sheldon Cooper.
Tan pretendidamente nerd que no se olvida de elevar a los altares ‘Batman’, ‘Star wars’ o ‘Doctor Who’ y tan descaradamente meta que es capaz de ensalzar sin rubor ‘Cougar town’ o de hacer sangre de ‘Glee’. En su obsesiva búsqueda de la originalidad, estos estudiantes ya talluditos se han convertido casi en personajes de cómic: se atacan con hachas, son capaces de completar episodios musicales con gracia solo por las risas que generan, participan en juegos de paintball que destrozan la facultad…
Un galimatías al que han contribuido grandes actores invitados, como Betty White, John Goodman, Josh Holloway (el Sawyer de ‘Lost’) o el mismísimo Michael K. Williams. Sí, sí, el propio Omar Little de ‘The wire’ ha vuelto a las aulas en ‘Community’. La pena es que la serie sea más irregular que la lista de verbos ingleses. Cuando hay capítulos malos, a pesar de que no abundan, lo son de solemnidad. Pero, cuando son buenos, y los hay magistrales, te partes. Hasta ellos se ríen de sí mismos. ¿Que no funciona Britta, la buenorra del grupo? Pues se hacen bromas de que no hace ni p (izca de) gracia. Y tan panchos. Es más: podrían hablar a cámara o reírse en medio de una escena que no iban a desentonar en el resultado final ni ir a parar a las tomas falsas.
Así, normal que se haya convertido en un objeto de culto. Tal es el orgullo friki que despierta y que mantiene gracias a esos detalles que tanto nos gustan a los seriófilos, como cambiar la cabecera para que se sepa que el episodio es especial Navidad o Halloween. La NBC ha decidido no programarla a partir de enero y se guarda los capítulos ya grabados para más adelante. Un mal augurio de cara a renovar por una cuarta temporada. Una catástrofe, en sintonía con esa ‘community’ de amigos a su pesar. Pero es que no podría ser de otra forma: este campus de Greendale es un desastre. Y mejor cuanto más desastre. Ojalá la cadena sé dé cuenta de lo que ya sabemos sus seguidores: esta serie es troncal, y no optativa.




estupenda serie, y en versión original mejor todavía… es tronchante!
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