Tinta de Hemeroteca, entrada a entrada

Querido lector, en estos momentos el autor de Tinta de Hemeroteca está con otros trabajos, de vacaciones o rearmándose para seguir publicando noticias olvidadas. Pero seguro que se te ha pasado alguna o que te gustaría comprobar si ha habido nuevos comentarios a entradas que ya conocías. Para que puedas tenerlas todas a un clic del ratón he elaborado este ‘Gota a gota’. Espero que lo disfrutes.

  1. Los dos zaragozanos que se comieron 20 pollos
  2. Josephine Baker, Huesca y los sombreros voladores.
  3. Albóndigas de ballena.
  4. Lo mató por una jota.
  5. El hombre que trabajó 171 años.
  6. El OVNI de los pinares de Venecia.
  7. Fu Chau Fa, el profeta chino que visitó Zaragoza.
  8. Entrevista a un asesino.
  9. El aragonés de las 60.000 caras.
10. Zaragoza tuvo un ‘hombre del saco’.
11. El misterio del labrador poeta de Santa Isabel.
12. El ferroviario de Samper que fue récord del mundo.
13. El asesinato de la bailarina del Oasis.
14. Regaliz aragonés para el tabaco rubio americano.
15. El aragonés que le prestó la voz a Charles Laughton.
16. Los zaragozanos, fascinados con las ‘bolas de Berlín’.
17. El hombre que trabajaba… para vivir sin trabajar.
18. Zorros en la avenida de Cataluña, halcones en la plaza de Aragón.
19. La ‘locomotora de Garrapinillos’ no fue a los juegos de Berlín.
20. Entrevista con Arrudi, el ‘gigante de Sallent’.
21. 1904: El cura de Pastriz, detenido por asesinato.
22. El misterio de la academia de canto para canarios.
23. El hombre que viajaba con un cadáver en las maletas.
24. El abogado que se construyó un órgano en casa.
25. El hombre que inventó una máquina para fotografiar el pasado.
26. Manuel Clavero: “Siempre supe que no reconocerían mi récord”.
27. Aventuras y desventuras de un Cateto en Zaragoza.
28. Un increíble ‘Expediente X’ en los campos de Tauste.
29. Un duelo a pistola en la arboleda de Macanaz.
30. Las termitas, a punto de devorar el barrio de Delicias.
31. Tarazona pierde el legado del dibujante Ugalde.
32. ¿Quién robaba el plomo de las torres del Pilar?
33. La increíble historia de la momia de la iglesia de San Pablo.
34. Bombero, chófer e ilusionista.
35. El día en que Zaragoza amaneció invadida por las gaviotas.
36. La ajetreada vida del órgano que construyó Juan Antonio Lasierra.
37. ‘El Cañamón’, el preso que se fugó de la cárcel por amor.
38. ¿Cómo veraneaban en 1933 los que no salían a veranear?
39. Petra Pastor, la última barquillera de Zaragoza.
40. ¿Pero hubo alguna vez un zoo en Zaragoza?
41. Y la Reina de Saba llegó a Valdespartera.
42. Gina Lollobrigida, la mujer que hizo rugir a toda Zaragoza.
43. El comisario Muslares y el ‘timo de la guitarra’.
44. El secreto mejor guardado de Vicente Salas, rey del maratón.
45. El faquir enterrado durante nueve días en Zaragoza.
46. El extraterrestre que tuvo una avería cerca de Huesca.
47. Así fueron los últimos minutos de Tyrone Power.
48. El hombre que enloqueció, mató y murió por amor.
49. El monaguillo zaragozano que soñaba con ser torero.
50. Así era el Barrio Chino de Zaragoza en 1934.
51. El embalsamador aragonés y el misterio de Eva Perón.
52. El expreso Barcelona-Madrid, desalojado por las chinches.
53. El soldado que fusilaron en las tapias del cementerio.
54. El aragonés que creó una escuela de pesca en Galicia.
55. Entrevista imposible con el mono que sabía sumar.
56. Un aragonés, campeón de España al volante de un tractor.
57. Sorprendente parto múltiple en una parcela de Delicias.

ESPECIAL FIESTAS DEL PILAR 2009
58. 1918, el año en que las fiestas se suspendieron por la gripe.
59. 1911, la Fiesta de la Jota.
60. 1958, la primera Ofrenda de Flores, un éxito.
61. 1889, el primer Rosario de Cristal.
62. 1956. Y Hemingway se enamoró del paisaje aragonés.
63. 1916, la boda multitudinaria de la Forana y el Forano.
64. 1927. Y Cagancho montó el escándalo en Zaragoza.
65. 1914, el año en que la lotería cayó en Zaragoza.
66. 1922: los hombres que escalaron la torre del Pilar.

67. De príncipe de los estafadores a guardia municipal en Zaragoza.
68. “Canelo” y los seis pequeños héroes del barrio de Delicias.
69. Así glosó Cavia la boda del Forano y la Forana
70. El comisario Muslares y el caso del botones desaparecido.
71. El aragonés que conocía todos los secretos de la lluvia.
72. La triste y solitaria muerte de los montañeros Rabadá y Navarro.
73. El comisario Muslares y el hombre que acuchillaba a los paseantes.
74. Un cura aragonés, en el Palmar de Troya.
75. Alberto Rabadá y Ernesto Navarro, dos escaladores para la Historia.
76. El hombre que vendía golosinas en el paseo de Ruiseñores.
77. El dentista que asesinó a un cura en el café Moderno.
78. ¿Qué pasó con el petróleo de Centenera?
79. El pastor que descubrió gas que manaba de la tierra en Huesca.
80. El misterioso ‘robo’ del cadáver de la monja.
81. Por una calle para los montañeros Rabadá y Navarro
82. El zaragozano que le ahorraba los golpes a Robert Mitchum.
83. Muslares, El Bertín y la navaja albaceteña.
84. La tierna historia de la monja japonesa y el cartero de Alpartir.
85. ¿Qué fue de los niños pintores premiados por el COI?
86. Los cacos más torpes del mundo y el robo en la Seo.
87. El mejor batería de Aragón se jubiló en El Plata sin ruido.
88. El zorro que se convirtió en mascota de una gasolinera.
89. Bocadillos a 20 céntimos para combatir la crisis económica.
90. El vendedor de los ‘iguales’ que sabía dónde encontrar agua.
91. El zaragozano que fue espía y agente especial del FBI.
92. El comisario Muslares y el marino que navegaba en tierra.
93. ¿Qué es lo más raro que ha llegado a Objetos Perdidos?
94. El zaragozano que dio once veces la vuelta al mundo.
95. El ovni que se dio una vuelta por las faldas del Moncayo.
96. La peor pesadilla de un comerciante de Sangüesa.
97. Los trapecistas que hacían volatines a orillas del Huerva.
98. El caso de la anciana asesinada en el camino de Casablanca.
99. El hombre que le limpió los zapatos a la infanta Isabel.
100. El hombre que bebía whisky a lomos de un burro.
101. El comisario Muslares y el ladrón del sueño.
102. La primera mujer taxista, con falda y corbata.
103. Amigos para siempre.
104. El hombre que perdió la memoria en Zaragoza.
105. Quince años preso en las cárceles soviéticas.
106. Un ‘robinson crusoe’ en los montes de Uncastillo.
107. ¿Qué fue de Miguelito, el niño de la Operación Plus Ultra?
108. Los cacos que se burlaron del comisario Muslares.

ESPECIAL NAVIDAD 2009
109. El primer belén viviente de Zaragoza.
110. Y el Morretes repartió millones en Zaragoza.
111. Cuando los paveros volvían a casa por Navidad.
112. Las predicciones más disparatadas de la Historia.

113. El día en que Zaragoza vivió el fin del mundo.
114. Florencio Mercadal, el último pajarero de Zaragoza.
115. Motín en Illueca para echar al párroco del pueblo.
116. ¿Inventó un aragonés el petróleo sintético?
117. El tabernero que miraba la sed de frente y desde el mostrador.
118. Un caso de CSI en 1930 y a orillas del Ebro.
119. León Salvador, el mejor charlatán de España.
120. El perro que acudía solo a la consulta del veterinario.
121. El torero al que no le cogió el toro, sino un golpe de estado.
122. El escritor que rompió su exilio en Zaragoza.
123. Un intento de linchamiento en el paseo de la Independencia.
124. Una ‘agustina de Aragón’ en la España de Franco.
125. ¿Es usted un médium?
126. Una escudería zaragozana de rallyes… con seat 600.
127. De infantico a director de orquesta de Radio Irán.
128. El secreto de los rosarios de pétalos de rosa.
129. El primer automóvil que se construyó en Zaragoza.
130. La niña aragonesa que asombró a toda España con su violín.
131. Los atracadores que destrozaron un Ferrari en Bubierca.
132. El sonido de la sirena del Banco de Aragón.
133. ¿De qué se disfrazaban los zaragozanos de 1953?
134. Escándalo mayúsculo durante una boda en el Pilar.
135. Las primeras guarderías de bicicletas de Zaragoza.
136. El joven que salvó la vida de seis niños en un incendio.
137. La rebelión de los niños contra el carro de la perrera.
138. El hombre que susurraba a los cisnes.
139. Doble crimen pasional en Castejón de las Armas.
140. La madre ejemplar 1968 y su hijo número 13.
141. ¿Cuál fue el oficio peor pagado en Aragón durante el siglo XX?
142. Un pequeño milagro en la avenida de Goya.
143. La llorada muerte del torero de la tierra.
144. El misterio del crimen de las tres boinas.
145. Los Kracs y su concierto de 200 horas.
146. El corazón de Santa Gema y el libro rescatado de las garras del diablo.
147. El accidente ferroviario más trágico en Aragón.
148. María del Mar Gomollón, la pintora más niña de España.
149. ‘Peligro amarillo’ en las calles de la Zaragoza de 1934.
150. El enigmático animal que se suicidó tras perder la libertad.
151. El misterio de la bola de fuego de Osera.
152. El pescador que salvó tres vidas en el Gállego.
153. La gitana apuñalada en el ex convento de Jesús.
154. El hombre que rejoneaba montado en bicicleta.
155. ¿Por qué Santiago pasó de soldado a desertor?
156. El fantástico timo de las monedas de dos céntimos.
157. El crimen de la estanquera de la Magdalena.
158. La primera gitana española que fue maestra nacional.
159. El monumento zaragozano más esperado y discutido.
160. El pintor que coleccionaba conchas y no compraba ninguna.
161. El día en que el pueblo de El Buste volvió nacer.
162. La muchacha apuñalada sin saber por qué.
163. ¿Cuál fue la primera tesis doctoral realizada con ordenador?
164. Una película de ficción en la capilla de la Virgen del Pilar.

ESPECIAL SEMANA SANTA 2010
165. El incendio de los pasos del Santo Entierro.
166. Huelga de terceroles en la procesión del Santo Entierro.
167. La procesión que se suspendió con un sol radiante.

168. El loco que arrojaba zaragozanos a una acequia.
169. El aragonés que conducía la moto con los ojos vendados.
170. El hombre apuñalado en la acequia de Ranillas.
171. El niño zaragozano que vivió de puro milagro.
172. Vino el Halley en 1910… y no pasó nada.
173. El fantasma de la calle de la Paz.
174. El oscense que leía ‘El Quijote’ en la BBC.
175. El estudiante de Medicina que cobraba por aplaudir.
176. El apuñalamiento de la camarera del hotel Europa.
177. De la pista de atletismo a la pasarela de moda.
178.  El hombre que fue devorado por sus propios perros.
179. El camarero que no quiso ser millonario.
180. A palos en Zaragoza por las creencias religiosas.
181. El hincha zaragocista más famoso de la historia.
182. El timo de la miel de dátil, en Cariñena.
183. El misterioso crimen del puente del Virrey.
184. El matrimonio zaragozano que ganó un concurso de la BBC.
185. Tarzán, el perro que anunciaba el HERALDO en el Arrabal.
186. El huracán de dos minutos que hizo descarrilar al tranvía.
187. Una baturrica en París.
188. ¿Quién asesinó al soldado americano Neil Gainer?
189. El salvaje atentado de la calle de Albareda.
190. La vida, en el arco de un violín.
191. ¿Cinco asesinos para un asesinato?
192. El misterio de la herencia de Lécera.
193. El cierzo y el accidente aéreo de Valdespartera.
194. Cianuro para las palomas del Pilar.
195. El inventor del crecepelo, con clínica en Zaragoza.
196. El robo más audaz y vergonzoso del siglo XX.
197. Las cigüeñas que paseaban por la calle.
198. ¿Cuál era el pueblo más culto de Aragón en 1924?
199. El portero que evitó un atraco a mano armada.
200. La errata más cruel del BOE.
201. Concurso de feos en las Delicias.
202. ¿Qué pasó en Fraga el 6 de marzo de 1906?
203. El muchacho que pidió una flor… y acabó en la escuela.
204. La tragedia ferroviaria del tren correo.
205. El futbolista que acabó expulsando al árbitro.
206. El ciego que salvó a una niña de morir ahogada en el Ebro.
207. Y el alcalde de Zaragoza se eligió por sorteo.
208. Y Cicciolina la armó en Zaragoza.
209. El fogonero que mató a un maquinista.
210. El violinista que tocaba una lata de atún.
211.  Guerra de los biquinis en Zaragoza.
212. ¿Qué ha sido de los gusanos de seda?
213. Un zaragozano, pionero del cine en 3-D.
214. Así fue la guerra de los biquinis.
215. La jota también fue un arma política.
216. El caso del pollo de cinco patas.
217. El hielo que se consumía en Zaragoza en 1924.
218. La primera exposición de la monja pintora.
219. ¿Cómo fue el primer día de la grúa en Zaragoza?
220. ¿Dónde está la cabeza de Goya?
221. El zaragozano que luchó con el mariscal Montgomery.
222. Un bulto misterioso… que no lo era tanto.

SERIE ESPECIAL SOBRE EL HOMBRE-MUJER
223. El secreto del hombre-mujer.
224. La ‘Querida Vengadora’ y el hombre-mujer.
225. ¿Era anarquista el hombre-mujer?
226. La doble vida del hombre-mujer.
227. ¿Era el hombre-mujer un místico enloquecido?
228. ¿Era el hombre-mujer un publicista atrevido?
229. ¿Era el hombre-mujer un degenerado?
230. El hombre-mujer, punto final. ¿O no?

231. El hula-hoop puede costarte la vida.
232. Los ovnis prefieren el Somontano.
233. Desafío a cuchilladas en Fayón.
234. Los cinco himnos que tiene Aragón.
235. Y el gallo de la Magdalena volvió a cantar.
236. La sucursal bancaria más femenina.
237. Aníbal perdió un ojo en Benasque.
238. El caso que CSI Miami no resolvió.
239. La primera mujer musulmana que entró en el Pilar.
240. El hombre que pintaba moscas en los relojes.
241. Zaragoza tuvo un Polo Norte.
242. ¿Un stradivarius en Zaragoza?
243. El torero que cantaba cuplés.
244. La primera alcaldesa de España.
245. La zorra que fue amiga de un perro.
246. El verdugo de Zaragoza y sus 192 ejecutados.
247. Un mozart zaragozano al piano.
248. El hombre que vendía cacahuetes.
249. El crimen del olivar de Grisel.
250. ¿Cómo era la mujer ideal en 1968?
251. Juliana, la castañera del butano.
252. Una historia de amor en esperanto.
253. Los lunes al sol han existido siempre.
254. La aragonesa que fue ‘doble’ de la Garbo.
255. Los ases de la armónica.
256. El belenista de los premios.
257. El pionero del automóvil.
258. Así fue la boda de Carmen Sevilla.
259. Una bomba en el Canal Imperial.
260. El verdadero rostro de Agustina de Aragón.
261. Una casa construida con escombros.
262. Zaragoza también tuvo coches de caballos.
263. El hombre que se facturó como maleta.
264. Ya no hay ‘peluconas’ en el roscón.
265. El crimen de las abarcas.
266. El hombre que cortaba los besos.
267. ¿La mayor salvajada machista?
268. El botijero de la plaza del Pilar.
269. El pintor atrapado en Zaragoza.
270. Un robo en el Banco de España.
271. El héroe olvidado.
272. En pelotas por la calle.
273. Un troglodita en Torrero.
274. La invasión de caracoles.
275. El timo de las limosnas.
276. El secreto del ‘hombre de la florecica’.
277. El ‘satélite’ artificial caído en Fayón.
278. Los camareros que odiaban las propinas.
279. El espantoso crimen del ciego.
280. ¿Qué fue de Miss Paraguas?
281. Crimen en un colegio de sordomudos.
282. Las misteriosas muertes de Alfamén.
282. El estreno del tranvía eléctrico.
283. La encajera más querida de Aragón.
284. El ovni que solo se aparecía en sábado.
285. Entrevista al Schindler español.
286. El guerrillero que quería ir al asilo.
287. El milagro del carpintero poeta.
288. El caso del sepulturero asesinado.
289. Un zaragozano, rey de los faquires.
290. La soprano que lo dejó todo por amor.
291. ‘Tolelo’ chino no gana ‘peletas’.
292. El último día de la estación del Arrabal.
293. Historia de un perro ciego.
294. La aragonesa que quiso ser el Tenorio.
295. Un Real Zaragoza en Caracas.
296. El hombre más habilidoso de Calatayud.
297. El preso más afortunado del mundo.
298. Una zaragozana en el Fondo Monetario Internacional.
299. El atracador y la condesa.
300. El Maurice Chevalier español era aragonés.
301. ¿Qué hay en el pozo de San Lázaro?
302. Apolinar, el estafador ingenuo.
303. Setenta años trabajando.

SERIE DE LAS CALLES Y BARRIOS DE ZARAGOZA
1. La calle de las dos caras.
2. La calle más elegante de Zaragoza.
3. La calle obsesionada por mantener la línea.
4. La calle más decadente de Zaragoza.
5. La calle de las muchas verdades.
6. La calle que no tenía nada malo.
7. La calle más llena de recuerdos.
8. La calle sentenciada a muerte.
9. La sede de los templarios en Zaragoza.
10. La calle con fiestas, Virgen y toro de fuego.
11. La casa de las dos diócesis.
12. La calle sin número 1 ni 7.
13. La calle del primer escaparate.
14. La calle que menos ha cambiado.
15. La calle a la que estorbaba la Universidad.
16. La calle más elitista de Zaragoza.
17. La calle con tres colegios… y sin sémáforos.
18. La calle que tuvo jardín botánico y lo perdió.

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Setenta años trabajando

Pues esa persona que en 1973 llevaba ya 70 años trabajando, y quería seguir así, era… peluquero. Debió ser bastante famoso en su época, no en vano tenía su peluquería… en la calle. Se llamaba Amador Munguía, y esta es la entrevista que publicaba HERALDO en octubre de ese año:

Algunas mañanas tiene cola, esperando. La peluquería está montada al aire libre, y basta un banco cualquiera para hacer las veces de sillón. Allí deja su herramienta Amador Munguía, un hombre que vive su profesión como pocos.
-He sido barbero toda la vida y no lo voy a dejar ahora, que he cumplido los 82 años.
¿A que no me los echaban?
Se siente orgulloso de su edad. Hace la apuesta con todos los que llegan.
-A ver, ¿cuántos años tengo?
Y todos le echan de menos. Entonces, Amador Munguía sonríe con suficiencia.
-¿Y los que llevo aquí escondidos?
Cuando me acerco al grupo, uno de los clientes se justifica.
-Ya ve, somos ancianos…
Amador Munguía no tiene tarifa. Cobra lo que buenamente puede darle cada uno. ¿A duro el servicio? El precio es lo de menos. Lo que importa es ayudar a los compañeros ancianos jubilados.
No es intrusismo, porque Amador Munguía no se mete en el terreno de los otros profesionales en activo. Hace lo que siempre hizo, con la diferencia de que ahora no tiene trabas laborales. Es una manera de entretener sus ocios.
-Llevo setenta años trabajando -insiste- y puedo hacerlo aquí y donde me dé la gana.
-¿Nunca tuvo problemas?
-Una vez, en el castillo de Palomar, vino un guardia y me llevó a la comisaría.
-¿Bajo qué acusación?
-La de que estaba trabajando sin licencia. Pero me soltaron en seguida.. Me dijeron que mientras sea en el campo, puedo trabajar donde quiera. Así es que aquí todos los días…
-Los clientes, ¿son de su quinta?
-¡Qué más quisieran ellos!
-Pues yo ya he cumplido los 78 años -protesta el que está sometido a los servicios del longevo barbero-.
No le tiembla el pulso cuando coge entre sus manos la maquinilla de cortar el pelo, la tijera o la navaja de afeitar. Al cabo de setenta años de ejercer la misma actividad laboral, Amador Munguía no encuentra problemas. Podría cortar el pelo hasta con los ojos cerrados. Se escuchan sabrosos comentarios en torno. La peluquería al aire libre sirve para que las conversaciones de los ancianos jubilados -historias del ayer- cobren vida. Se rememoran los que, al decir de la mayoría, fueron mejores tiempos.
-Pero nunca se ha vivido como ahora.
Esta es la conclusión final. Mientras tanto, el viejo barbero sonríe, al tiempo que se encara con un nuevo cliente para repetir la pregunta de siempre:
-A ver, ¿cuántos años me echas?
Y como siempre le echan de menos, Amador Munguía vuelve a sonreír satisfecho.
-¿Y los que llevo aquí?…
A los 82 años se siente todavía joven como para renunciar a su peluquería al aire libre.

Y mañana…
La vida en una camioneta

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Apolinar, el estafador ingenuo

Como siempre intento hacer lo más variado posible el blog, hoy cambio de tercio por completo y ofrezco una noticia que tiene poco de misterioso, pero mucho de periodístico. Los amantes de emociones fuertes se van a ver defraudados: lo que se cuenta tiene poco de extraordinario, pero los aficionados al periodismo antiguo disfrutarán. Hoy nadie contaría así un suceso que termina con la detención del estafador. No sería ‘políticamente’ correcto titular ‘Falsificación y estafa’ y emplear el sugerente subtítulo de ‘¡Apolinar, caíste en el cepo!’. Obsérvese además, que la identidad del detenido no se proporciona hasta el final, y en poesía. En fin, una ‘rara avis’ de las crónicas. Corría el año 1911: 

Pues señor, este Apolinar nos resulta un iluso. Hace ya tiempo que le cundía la idea de un viajecito de recreo y, ya planeado y resuelto a su modo al capítulo de ingresos, intentó ponerlo en práctica pero ¡oh, desdicha! cuando iba a tomar el tren cayó en poder de sus perseguidores. 
Apolinar, hace unos quince días vino de su pueblo, uno muy pintoresco de la provincia de Santander, en el que ganó el sustento dedicándose a la paciente pesca. Le gustó Zaragoza; pronto encontró buena colocación, y debió decir para su capote: «seguiremos disfrutando de la vida, que también aquí se pesca algo»,
Entró como dependiente en el almacén de pinturas de los Sres. Bastardas! y de Rivera, en cuya casa observó buena conducta, hasta ayer, que tuvo la mala idea de buscarse unas pesetas sin reparar en la licitud de los medios.
Efectivamente, fue por da mañana al Banco Hispano Americano con cheque falso de 1.200 pesetas y en un tris estuvo de no cobrar… una tunda, pues los empleados de la casa notaron la falsedad y vieron que las firmas del cheque corrían parejas con el alma de Judas.
Falló el primer golpe, pero Apolinar, que es de los que no se desengañan a la primera, probó una nueva falsificación que le resultó de más éxito. Falsificó un cheque, suplantando las firmas de sus principales y aprovechándose de que sus principales le enviaron a cobrar
un cheque de 300 pesetas al Banco de Crédito, falsificó un nuevo talón tomando como modelo el recibido.
Con el documento falso, cobró en el Banco 1.300 pesetas, es decir, mil más de las que se consignaban en el cheque que le dieron los dueños. Volvió al almacén, entregó las 300 pesetas que debía entregar, y con las mil estafadas en el bolsillo se retiró por el foro, pretextando que se encontraba enfermo y suplicando que le permitieran irse a la cama.
A los pocos momentos de marcharse Apolinar; recibieron los señores Bastardas y Rivera un aviso del Banco Hispano, poniéndoles al corriente de la acción que había intentado su dependiente. Sospecharon estos señores que el enfermito hubiera cometido otra estafa y dieron parte a la policía y se dispusieron a pescar al pescador, que habíase ya fugado
de casa. 
Bien equipadito con su traje nuevo y su flamante saco, admirablemente surtido de ropa interior guardada en bonita maleta, ya tenemos a nuestro Apolinar caminito de Colitres, que es su pueblo natal. Muy avanzado en el camino no iba, pues aún no había sacado billete, pero sí había ya facturado dos cajas con ropas ‘pa’ lucirse en el pueblo primero y en Cuba después.
Y aquí empieza la parte dolorosa. Cuando más tranquilo estaba el expescador, se presentan ante sus ojos las figuras de sus dueños. Apolinar debió pasar malísimo rato, pues desde luego supondría que los amos no habían ido a la estación por cumplido, ni por despedirle.
El Sr. Bastardas ‘abrazó’ a su infiel dependiente, quien enseguida recibía idénticas pruebas de afecto de varios agentes de policía que le condujeron a la ‘carcoma’. Allí se le registró y se le ocuparon 585 pesetas en metálico, un reloj de plata, una factura de un almacén de ropas importante 150 pesetas y un talón del Banco de Crédito.
Confesó sus culpas ante el jefe de policía y los propietarios del almacén, y cabizbajo dirigióse al calabozo, donde quedó encerrado.

¡Pobre Apolinar
Jucera Salcines.
Ya no va a Colitres
ni a Cuba se va.
¡Qué poco ‘calitre’!
¡Pobre Apolinar!

¿Qué les parece? ¿Ha perdido estilo el periodismo? ¿O eso es impublicable? Opinen ustedes.

Y mañana…
Setenta años trabajando

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¿Qué hay en el pozo de San Lázaro?

Pues no les voy a mantener con la intriga más: hay grandes bloques de piedra y troncos de árboles. Al menos es lo que ‘vieron’ los bomberos zaragozanos en 1975, cuando bajaron depositar allí una imagen de la Virgen del Pilar de 150 kilos de peso. Como hay bomberos fieles a este blog, imagino que a lo largo del día tendremos más datos sobre el pozo de San Lázaro, si se ha vuelto a bajar allí en alguna ocasión, etc, etc. De momento, ahí va lo que publicó HERALDO: 

El tenebroso pozo de San Lázaro, ese lugar misterioso del río Ebro a su paso por el puente de Piedra, ha dejado de serlo un tanto. El pasado domingo, unos hombres zaragozanos descendieron a sus profundidades y colocaron en el fondo una imagen de Nuestra Señora del Pilar. Desde ahora la imagen de la santa patrona estará presente en uno de los lugares
más legendarios y siniestros de nuestra historia ciudadana.
Tres hombres de CADAS (Club Aragonés de Actividades Subacuáticas) fueron los que se sumergieron en las entrañas del pozo. Hablamos con uno de ellos, José Miguel Buera. El fue quien realizó la operación final. En la conversación también está presente Manuel de la Figuera, presidente del CADAS, y asimismo conocedor del pozo, pues anteriormente realizó una inmersión previa.
-¿Cómo nació esta iniciativa?
-De la manera más sencilla. Se nos ocurrió a Benito Podero, a Alberto Marquet y a mí, es decir, los que el domingo nos sumergimos. Lo expusimos en la federación y el 28 de agosto constaba en acta en el orden del día. Hacía tiempo que queríamos poner una imagen de la Virgen en el sitio al que vamos más a menudo, en Ametlla de Mar, y esos lugares
del Mediterráneo. También hacía tiempo que nos rondaba la idea de descender al pozo de San Lázaro. Por asociación de ideas el resultado fue simple.
-¿Qué se han propuesto con ello?
-Demostrar que el pozo de San Lázaro no es un lugar tan macabro como se cree y desterrar un poco su leyenda.
-¿Fueron necesarios muchos preparativos previos?
-Sí, anteriormente tuvimos que hacer una inmersión previa para ver si era realizable la idea. Las operaciones fueron muy lentas y bajamos prácticamente de noche.
-Una vez puestos en la obra, ¿cuáles fueron las mayores dificultades?
-En primer lugar los accesos. Estos suponen un gran inconveniente ya que es difícil subir contra corriente embarcaciones de motor y maniobrar con ellas y con el material necesario. El problema se solucionó gracias a la magnífica colaboración del Centro Aragonés de Espeleología, cuyos miembros hubieron de descender «a rappel» por una de las pilastras
del puente de Piedra llevando consigo la imagen de la Virgen, es decir 150 kilos de plomo, en un volumen muy reducido y difícil de manejar. Asimismo es de agradecer el apoyo de la Cruz Roja de la Juventud, que en todo momento estuvo a nuestro lado.
-¿Y una vez en el agua?
-Una vez abajo el principal problema fue la falta de visibilidad que hay en el lugar. Trabajamos en completa oscuridad. A partir de metro y medio no se aprecia ni la claridad del día. Y no vale la pena ni llevar lámpara porque no se ve ni a diez centímetros.
-¿Tan grande es la suciedad que hay en el pozo?
-Impresionante. El Ebro, a su paso por Zaragoza, y especialmente en este lugar, es un foco supercontaminado, maloliente y pestilente. Después de la inmersión previa yo padecí una infección en el oído.
-Ríos subterráneos, brazos que llegan hasta el mar, el famoso autobús… ¿qué hay exactamente en el pozo de San Lázaro?
-Precisamente por la enorme oscuridad antes comentada no se puede saber todavía qué hay con precisión. Nosotros tratamos de evitar el autobús y no lo encontramos. Luego, en el fondo, hallamos enormes bloques de piedra, árboles y en el suelo canto rodado. Pero insisto en que no se puede saber exactamente qué hay. Sería necesaria una exploración total de la zona.
-¿A qué profundidad tocaron fondo?
-En la inmersión previa a quince metros. El domingo nos debimos desviar un poco y encontramos dieciocho.
-¿Hallaron torbellinos, corrientes subterráneas?
-En superficie hay corriente fuerte. Abajo hay algún remolino pero sin demasiada fuerza.
-¿Fue trabajoso bajar la imagen hasta tanta profundidad?
-Lo difícil es acompañarla, ya que se calcularon unos globos de elevación de 175 kilos, pero todavía fueron insuficientes.
-¿Dónde se colocó la Virgen?
-En principio pensamos sujetarla con clavijas o cables de acero a alguna roca, pero luego hallamos un lugar idóneo que hacía innecesaria esta operación. Se trata de una auténtica chimenea formada por dos enormes bloques de piedra rectangulares de unos cinco metros de altura. Los bloques forman un estrecho pasillo de un metro escaso de anchura. Ahí está la Virgen.
-¿Qué se siente al estar maniobrando a 18 metros de profundidad aprisionado entre estos bloques?
-Nervios, qué duda cabe, y muchos nervios también cuando comienza la inmersión. Es el momento más delicado. Al fin y al cabo es algo así como un viaje a lo desconocido. No sabe uno si va a encontrar un sifón o una fuerte corriente. Luego, cuando se bajan, doce, catorce, dieciséis metros, y no se encuentra fondo entra un desasosiego. Al fin, tocas algo, pero en aquella oscuridad no sabes qué es.
-¿Va a quedar algo en recuerdo de su hazaña?
-Sí, dejamos una boya de plástico, que la próxima semana cambiaremos por una metálica y que quedará de forma permanente.
Atada a la boya, en el fondo, se encuentra la imagen.
-¿Hay proyectos de bajar de nuevo?
-Así es, cada año, el 19 de octubre bajaremos a depositar un ramo de flores a la Virgen del Pilar.

¿Se siguió bajando año tras año? ¿Hasta cuándo? Seguro que algún bombero puede aportarnos más datos sobre esta noticia (yo no recuerdo haber visto la boya) y, sobre todo, sobre la morfología del pozo.

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La calle que tuvo Jardín Botánico… y lo perdió

Pues la calle que tuvo un importante Jardín Botánico y lo perdió fue la de… San Miguel. Este es el reportaje que publicaba HERALDO en 1969:

Se inicia la calle San Miguel en pleno centro de Zaragoza, paseo de la Independencia. Tiene una entrada viajera, con unos escaparates que indican las delicias de medio mundo a punto para degustarse en ocho días. Su fisonomía es comparable a la de un báculo, contando con el pequeño gancho que tiene el capricho de describir al desembocar en la plaza de San
Miguel. La calle de San Miguel es importante, es muy importante no sólo por su céntrico emplazamiento, sino por cuantas cosas hay en ella. Siendo tal cual aparece hoy, perfectamente moderna, hay aspectos bastante negativos que le impiden serlo totalmente. En especial en cuanto se refiere a la parte que va de Rufas a la plaza de San Miguel.
La calle de San Miguel tuvo en tiempos atributos dignos de que figuraran hoy en cualquier parte del mapa de la ciudad. Ejemplo: el Jardín Botánico, que creó la Sociedad Económica de Amigos del País, en 1781, y que según antiguas referencias poseía especies valiosísimas. Hasta hace bien poco tiempo una vieja casa a mitad avanzada de la calle ostentaba un letrero que lo recordaba.
El teatro Circo es también digno de haber figurado en un plano actual de la ciudad. Proyecto del arquitecto Magdalena, fue inaugurado en 1887 sobre terrenos que habían sido un lavadero. Su estructura era similar al Price de Madrid. Dos años más tarde fue habilitado para teatro. En febrero de 1895 se incendió y fue reedificado por el mismo arquitecto Magdalena. Mantuvo sus butacas de madera hasta 1943. Pasaron por él las primeras figuras del arte escénico: María Guerrero, Díaz de Mendoza, Lola Membrives, Carmen Cobeña, Francisco Moreno, Pompoff y Teddy, el transformista Frégoli…
El teatro Circo tuvo sus temporadas de ópera. En mayo de 1925 actuó por primera vez en Zaragoza Fleta. Cantó “La boheme”, “Aida”, “Rigoletto” y “Carmen”. En varietés, pasaron por el teatro Circo Pastora Imperio, Carmen Flores, la Chelito, la Argentinita, Raquel Meller… Finalmente, el teatro Circo se transformó en cine.
La calle de San Miguel contó con otro teatro, el Goya, enclavado en lo que son ahora Eléctricas Reunidas, al que cupo una gloria indiscutible: fue allí donde cantó Gayarre «Los puritanos», «La favorita» y «Fausto».
En la calle de Los Sitios, número 8, de 1870 a 1886 vivió otro teatro: el Lope de Vega. También, en el número 3 de San Miguel estuvo el viejo cine Coyne, inaugurado en 1905. Fue este cine el que trajo a Zaragoza las películas parlantes,con su gramófono detrás de la pantalla, con su explicador, con su pianista… Duró hasta 1910.
En San Miguel, 7, estuvieron instalados los Baños de Marracó, a los que se entraba por la plaza de España -entonces de la Constitución- y la calle de Los Sitios. Después, en el solar, hubo distintas atracciones, como la «garita cinematográfica de Gimeno», que fue origen del cine Farrusini, llamado así por el apellido de su propietario, Enrique Farrús.
Finalmente, el cine Goya actual, que fue inaugurado en 1932. Se estrenó con la película de René Clair «¡Viva la libertad!» También, en sus viejos tiempos, el cine Goya tuvo épocas de teatro y de ópera.
En los años treinta fue cuando la calle de San Miguel inició la etapa en que ahora se encuentra. Voy tomando referencias de distintas personas. Personas que llevan años ancladas en la calle. Que la conocen, la quieren y que, con sus comercios, le dan indudable personalidad.
Estoy en una floristería. Sobre el mostrador, un par de claveles verdes dan quehacer a mi  imaginación. Doña Magdalena Gracia Gazulla me va contando alguna cosa de este hermoso laberinto de aromas, formas y color. Lo bello empieza desde la misma puerta, con ese enanito del bosque que doña Magdalena se trajo de Barcelona. Se trajo dos, pero uno quedó
destrozado, tal vez por la broma de algún gamberro nocturno. El que queda sirve de asidero a las mamás del contorno…
-Se escuchan unas conversaciones encantadoras… Vienen las mamás con los niños: «Ya se lo voy a decir al enanito…». Hay veces que le traen caramelos, cacahuetes. Cuando abrimos la tienda aparecen junto al enanito… Regalos de los niños…


El laberinto o, más propiamente, el problema, se encuentra dentro de este floridísimo panorama. Doña Magdalena Gracia me cuenta del cambio que han traído los tiempos sobre las flores. Los tiempos… y la distancia. Este es el verdadero problema.
-Antes se vivía de otra manera, además de que las distancias eran más cortas. Ahora, con distancias largas, se ha cambiado también la manera de vivir. Antes nos arreglábamos muy bien con algún aprendiz. Hoy, los aprendices no se encuentran y el reparto origina un verdadero problema. Problema que no puede resolver casi nunca por sí misma la pequeña
tienda de flores, a riesgo de perder dinero. O de ir tirando, todo lo más. Es lógico, tal como están las cosas. A lo mejor hay encargos de punta a punta de la ciudad.
-O también, cuántas veces, hay que ir tres o cuatro veces a la misma clínica. A mí, particularmente, me da mucha pena cuando, por fuerza mayor, tengo que renunciar a enviar flores a una enferma.
Las cosas están así. En ciudades más evolucionadas hay una especie de reparto, común a distintos establecimientos. O un reparto organizado por la propia tienda, que excluye, naturalmente, al cliente de último momento que entra de prisa y corriendo para que media hora después una señora esté oliendo un ramo de rosas, por ejemplo. Es lo que hoy, aunque se tenga muy buena voluntad, no puede sostenerse. Es decir, sí: cuando el propio interesado es quien lleva el ramo de flores a su señora. O si no él, una personal enviada por él. Es lo normal. Y, por cierto y a diferencia de otras ciudades, qué poco se ven por las calles de las ciudades españolas señores con un ramo de flores en la mano.
Doña Magdalena recuerda la calle de San Miguel cuando ella se instaló aquí en el año treinta y nueve.
-Ha cambiado mucho. Que yo recuerde, ahí, un poco más allá, en lo que hoy es Redondo, estaba la Asociación de la Prensa. Enfrente, una pared horrible que pertenecía a Tranvías, con unos ruidos espantosos y de pronto unos chispazos que hacían temblar. Una vez vimos a un señor echarse al suelo lleno de miedo. Estaba el almacén de la famosa librería de Cecilio Gasca. Había otras tiendas: una carnicería que se ha transformado en boutique, una tienda de piezas de labranza, una sombrerería y una tienda de lápidas que ya se llevaron, gracias a Dios.
El pequeño comercio, la tienda de comestibles, la verdulería, etc., han ido desapareciendo de San Miguel. Hay un mercadillo pequeño, con la negra fama de ser el más caro de Zaragoza.
La de San Miguel no es como la calle de Requeté Aragonés. Podría serlo. De anchas no se llevan mucho y de larga le lleva alguna ventaja. Requeté Aragonés está mucho mejor pavimentada. La circulación está mejor en Requeté Aragonés, me está diciendo don Manuel Montaner.
-En calles tan estrechas no se debía permitir aparcar. Yo la veo como una calle normal y corriente, con sus piedras, con sus rejas, sí, pero no me parece extraordinaria. Con más defectos que virtudes, porque siendo tan céntrica no está a la altura comercial que merece.
Al decir del señor Montaner, lo verdaderamente importante de San Miguel fue el Jardín Botánico.
-Es una calle con vitalidad, no hay duda. Están las Eléctricas, la Mutua. Hay un buen cine… Pero podía estar mejor.


En San Miguel hay una curiosa peluquería masculina, con sus sillones en fila frente a las ventanas. Hay un convento de clausura que da recato y emoción a una esquina clara. Se oye, enfrente, una voz cantarína que va enunciando una lección de párvulos, en el colegio de las Anas…
Entro en una relojería fundada en el año treinta y cinco. Una relojería que conserva aún la faz romántica de los tiempos que están a punto de pasar, hasta para las relojerías. Con el misterio, el encanto íntimo, el carácter fantástico que le da una mercancía maravillosa que no se parece a ninguna otra: el reloj. Don Jesús Pérez de Mezquía me dice algo sobre el reloj.
-Una pieza que puede poseer todos los estilos. Una pieza con secreto lleva su marcha, su vida, por dentro. Un objeto sobre el que es muy difícil, si no imposible, aconsejar a nadie.
Es el gusto del comprador, su personalidad, la que se refleja en la elección del reloj.
En cuanto a la calle de San Miguel, el señor Pérez Mezquía opina que tiene una auténtica importancia.
-Es céntrica. Antes, todo lo que no fuera Alfonso no era céntrico; hoy puede decirse que es más céntrica San Miguel que Alfonso.
Por las tardes, un carrusel de jóvenes… hacia Santa Catalina. Una “pega” de San Miguel, para unos cuantos. Una ventaja para muchos, especialmente para los jóvenes.
En la calle de San Miguel, en los pares, la 28 y la 40, dos casas completas están vacías, a la espera de la piqueta. A la espera también de que después de la piqueta venga algo vivo que beneficie a la calle. Precisamente a su mitad, un tanto cansina.
(Hablemos ahora de) la casa misteriosa. “Cerrada está la casa a piedra y lodo”, podríamos decir parodiando al poeta. Hace esquina con Flandro. Tiene a modo de portal un gran arco. El arco que todos los niños dibujan cuando empiezan a pintar casitas. El arco está cerrado
por unos maderos a modo de puerta. Sobre ellos, unas letras pintadas de color naranja dicen: «Dejen paso libre». Y otras más pequeñas, con tiza blanca: “Por favor”.
La casa es un poema de hermetismo y misterio… por fuera. Por lo que se puede apreciar, el piso alto está habitado, y el bajo aprovechado normalmente como almacén.
He visto sacar unos bidones como otros cualquiera. Pero el misterio que emana de las piedras de la casa es tan auténtico que a más de ser admitido por todos sus vecinos, fue en tiempos, según me han contado, fuente de imaginación para los desocupados.
Me han dicho que hace muchos años se corrió el bulo de que en aquella casa había una joven secuestrada. Tuvo que intervenir la Policía y poner las cosas en claro. No había nada de nada. Todo era el aspecto mágico de esta casa baja, hecha de piedras, con ventanas bien enrejadas… Y frente, casi, a la “casa misteriosa”, unos famosos retales. Las señoras esperan a diario pacientemente su turno, en la seguridad de que encontrarán lo que buscan: lo bueno, bonito y barato en una sola pieza.
En la acera impar está la primera distribuidora de publicaciones que se puso en Zaragoza, a excepción de la Asociación de Vendedores, con la Prensa de Madrid. Sobre el pequeño mostrador están las revistas y revisticas más solicitadas del momento. Don Enrique Garrido me va a dar alguna nota más sobre la calle de San Miguel, donde, luego, se han instalado varias distribuidoras, además de una gran librería.
-Buena calle si hubiese condiciones en ella -me dice con una sonrisa-. Por ejemplo: está Eléctricas, pero la mitad de la calle cuenta con un mal alumbrado.
-Hay de todo: socavones también. Hasta hace poco tiempo, la calle de San Miguel “terminaba” en Santa Catalina; ahora llega hasta Rufas, gracias al nuevo comercio que se ha ido instalando. Todo lo demás, ¿no lo ve?, está muerto…
-¿Y cree usted que prosperará esto también?
-Podía ganar muchísimo, podría ser la calle Alfonso.
Y la calle Alfonso sale otra vez a la palestra, hablando de la de San Miguel.
El pequeño mostrador que defiende don Enrique Garrido exhibe una serie de planos y mapas de casi todos los rincones del mundo. Toda Europa, el Cercano Oriente, y…
-Esta es la novedad: mapas suizos, recién fabricados, de la Luna y el espacio.
El hombre previsor puede ya ir adquiriéndolos, a la espera de su ambicionada parcela. El plano ofrece, desde luego, toda clase de detalles hasta ahora conocidos. La calle de San Miguel termina en la iglesia de su nombre. Con una torre de mudéjar valioso, una torre cuadrangular de categoría. Desde tiempos remotos, la campana de esta parroquia sonaba al atardecer para llamar a los perdidos. Los perdidos o extraviados en el campo. Esta campana ha sonado después durante muchísimo tiempo y seguiría sonando ahora si la iglesia tuviera sacristán. Al volver me doy cuenta de que se ofrece un panorama interesante de la calle de San Miguel. La torre de San Miguel, al final, y la de Santiago, al principio, asomando a través de la larga perspectiva que ofrece San Miguel, y luego,
atravesando el Paseo, Requeté Aragonés, plaza de Salamero, etc..
Es una calle la de San Miguel que, a juzgar por lo leído y oído, ha tenido grandes cosas y las ha perdido. Y que ahora, con el límite que su estrechez le impone y al apego y al ejemplo emulador del paseo de la Independencia, tiene ambición y ganas de vivir.

Y para los que quieran recordar alguna entrega anterior de la serie o se hayan perdido alguna, ahí va la lista:

1. La calle más elegante de Zaragoza.
2. La calle obsesionada con mantener la línea.
3. La calle más decadente de Zaragoza.
4. La calle de las muchas verdades.
5. La calle que no tenía nada malo.
6. La calle más llena de recuerdos.
7. La calle sentenciada a muerte.
8. La sede de los templarios en Zaragoza.
9. La calle con fiestas, Virgen y toro de fuego.
10. La casa, y  la calle, de las dos diócesis. 
11. La calle sin número 1 ni 7.
12. La calle del primer escaparate.
13. La calle que menos ha cambiado.
14. La calle a la que estorbaba la Universidad.
15. La calle más elitista de Zaragoza.
16. La calle con tres colegios y sin semáforos.

Y el lunes…
¿Qué hay en el fondo del pozo de San Lázaro?

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El Maurice Chevalier español era aragonés

En agosto de 1930 regresaba a su ciudad natal Roberto Iglesias, que en aquella época se decía que era el ‘Maurice Chevalier español’. Quizá a muchos no les suene el nombre pero es que, y que algún experto me corrija si estoy equivocado, este Roberto Iglesias no es otro que Roberto Rey, y la película a la que se hace referencia en el texto es ‘Un hombre de suerte’, de Benito Perojo. Quizá es que entonces no había adoptado su nombre artístico definitivo. Le entrevistó Mario Alegría:

-Roberto Iglesias -nos dice un amigo desde París-, está obteniendo un franco éxito en el rodaje de una película sonora.
Esta noticia, que nos llena de satisfacción por tratarse del triunfo de un amigo, nos obliga a recordar la visita que hizo a Zaragoza, recientemente, el joven barítono Roberto Iglesias. Se dirigía a París, grandioso, inconquistable, sobre todo para los artistas españoles no muy conocidos. Le encontramos en un café céntrico, rodeado de amigos.
-¿Es cierto que vas a París? -interrogamos-.
-Sí -nos contestó-.
-¿Con qué objeto?
-Con el de conquistarlo.
-¿En el teatro?
-En el cine sonoro y parlante.
-Explícanos -hemos pedido a Iglesias- esos proyectos para la conquista de París.
-Son bien sencillos. He recibido una oferta de la Paramount para que actúe en sus estudios como protagonista de una película, por ahora, hablada y cantada en español.
-¿Tienes fe en el éxito?
-Eso -nos dice convencido- es lo último que se pierde. Aun cuando se fracasase, el pensamiento del artista camina hacia la esperanza del triunfo.
Los amigos que componen la peña en la que nos hallamos con Roberto, piden a éste que les explique su debut en el teatro.
El asunto lo merece, porque fue algo que el hoy celebrado barítono recuerda y comenta jocosamente. El cuadro teatral del Casino Artístico, del que pretendía formar parte Roberto Iglesias, quiso poner en escena, nada menos que la hermosa obra clásica “En Flandes se ha puesto el sol”.
Roberto, molestando a unos y recomendado por otros, consiguió en el reparto el papel de galán, y comenzaron los ensayos de la obra. A ellos, acudía, como director artístico y asesor, don Pablo Parellada, que al ver la actuación de Roberto Iglesias, exclamó compungido:
-¡Lástima de muchacho! ¡Tan soberbia fachada y tan mal interior! Este chico no sabe sentir lo que dice.
Este fue el debut teatral de Roberto Iglesias.
Pero el muchacho tenía madera de artista. Hijo de un músico y hermano de una tiple, sus aficiones se prodigarían hacia la farándula, y ya entrenado en las sociedades culturales de Zaragoza, consiguió una plaza de corista en una compañía de zarzuela.
Su voz agradable y sus aficiones lo ascendieron a partiquino, y en Barcelona fue requerido, luego de algunas actuaciones, como profesional, para que representara, en un teatro de la barriada de Sans, el barítono de la obra de Usandizaga, “Las golondrinas”.
La oferta tentó al mozo, deseoso de palmas y de triunfo, y estudió sin descanso para aprenderse la partitura. Y llegó la noche de la representación… Lo ocurrido en ella, lo relata Roberto Iglesias ante sus amigos en la siguiente forma:
-Mis intervenciones en los primeros cuadros pasaban casi desapercibidas, porque la tiple era buena y la atención del público estaba fija en ella.
-¡Por fin! -agrega- llegó el momento deseado. La orquesta inició el “Se reía”, y yo me decidí a cantarlo. La emoción del momento, mi poca voz, pues para esa obra se necesitan barítonos brillantes, mi desconocimiento de los recursos de todo buen cantante, hicieron que el “se reía” lo fuese en toda la acepción de la palabra.
-El público -afirma- me tomó a chacota, y cada frase mía era una carcajada general, es decir, general y de butacas, porque allí reía todo el mundo menos yo.
-No quiero -termina- deciros lo que pasó allí. Ya lo he olvidado, pero tened la seguridad de que fue algo épico.
Posteriormente, Ricardo Iglesias fue con las compañías de Calvo y del Reina Victoria. Con esta última llegó a Zaragoza, y el público recuerda con agrado aquella canción mejicana que Roberto hizo popular.

¡Qué lindos ojos!
Los que pasean contigo,
los que pasean contigo,
por la alameda.
¡Qué lindos ojos!
¿De quién son?
¿de quién serán?
sean de quien fueren
yo me los voy a robar.
¡Qué lindos ojos!

La canción se repetía una vez y otra y otra, y Roberto agradecía las ovaciones cantando cada vez mejor, poniendo en cada repetición un más fino sentimiento..
Y aquel galán fracasado de “En Flandes se ha puesto el sol”, y aquel barítono cómico de “Las golondrinas”, fue a París decidido a conquistarlo y lo ha conseguido. El amigo que nos comunica su triunfo, agrega:
-No puedes darte una idea del efecto que causan sus intervenciones en la película.
Los compañeros que trabajan en la misma cinta lo felicitan cuando termina sus canciones.
Los artistas franceses, tan suyos, tan amantes de cuanto significa “la France”, exclaman al oírle:
-Cette garçón est le Maurice Chevalier espagnol. Sa voix es bien egreable…
Y Roberto, al oírles, sonríe, pensando en el efecto que producirá el estreno de su primera película al público de Zaragoza, su tierra natal.

Y mañana…
La calle que tuvo un Jardín Botánico

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El atracador y la condesa

Ocurrió en 1952. Una pareja -ella aseguraba ser la ‘condesa de Cerdán’-, se paseaba por España buscándose la vida hasta que en Zaragoza, y por una fruslería (no poder pagar el hotel), ¡zas!, al talego. Así lo contaba HERALDO:

Hace algún tiempo, en la Prensa española se publicó la noticia relativa a un atraco acaecido en Valencia. Según los detalles que se pudieron conseguir, el día 27 del mes de septiembre último, un cobrador de la empresa Cofruna, S. A. cobró en la Sucursal del Banco Hispano Americano de aquella capital la cantidad de noventa y un mil ciento setenta y nueve pesetas. Desde la sucursal, fue seguido por un individuo hasta el edificio donde se aloja la citada sociedad. El cobrador utilizó el ascensor para subir a las oficinas, donde debía entregar el dinero, y el desconocido entró también en el mismo.
Durante la ascensión, con una arma intimidó al cobrador y le quitó el dinero que acababa de cobrar. Al parar el ascensor, el atracador logró rápidamente evadirse y no pudo ser de momento detenido. 
Denunciado el hecho a la Policía, comenzaron varios funcionarios a realizar los consiguientes trabajos de investigación. Al parecer, se logró conocer la identidad del atracador, que resultó ser Eduardo R. S., de veintidós años de edad, natural de Granada, y que vivía en compañía de Josefa Carolina de M. C., titulada «Condesa de Cerdán». La pareja desapareció con el producto del atraco, y no se tuvieron ya más noticias por algún tiempo.
En el transcurso de los días siguieron los trabajos de la Policía. Fueron cursadas las oportunas órdenes de investigación por toda España y se realizaron las pesquisas pertinentes.
Se llegó a saber que Eduardo R. S. conoció en un restaurante de Casablanca (Marruecos francés) en el pasado mes de junio, a la «Condesa de Cerdán». Se hicieron buenos amigos, por ser de análoga contextura moral, y, en compañía de un hijo menor de edad de Josefa Carolina de M., recorrieron varias importantes poblaciones marroquíes y pasaban por matrimonio.
Las circunstancias de su azarosa vida les obligaron al final del verano a regresar a España y, como lugar propicio para desenvolver sus conjuntas actividades, fijaron su residencia en Valencia. Por espacio de algunos días, Eduardo R. paseó por sus calles, armado siempre con un cuchillo que llevaba bien oculto, pero siempre preparado para utilizarlo en trance de amenaza.
Tuvo el 27 de septiembre la oportunidad anhelada y la aprovechó, como anteriormente referimos.
La pareja, con el dinero «adquirido», se dio una temporada tan gran vida, que gastó cerca de cien mil pesetas, con inclusión de los productos de venta de objetos valiosos que se habían comprado. En su «ambular» por España, vinieron a Zaragoza y se alojaron en un renombrado y céntrico hotel.
Pasaron unos días, en espera de nuevos acontecimientos, porque la pareja se había quedado «sin blanca». Pero la cuenta del hotel subía y no llevaban trazas de pagar.
Según parece, la gerencia hubo de llamarles la atención y entonces, indignado Eduardo R. S., «aseguró» en la Administración que poseía una cuenta corriente en un popular Banco con sede central en Zaragoza.
Una elemental previsión hizo que se comprobase la veracidad de tal aserto y, efectivamente, se puso en claro que la cuenta existía, pero solamente en su «activo» de dos pesetas.
En autos de cuanto sucedía, el Jefe superior de Policía dio acertadas instrucciones a su Brigada de Investigación Criminal, quien logró esclarecer la identidad de la «pareja», y con ayuda de los datos de la Dirección General de Seguridad. Ambos fueron detenidos, se instruyeron las obligadas diligencias y han sido puestos a buen recaudo a disposición del Juzgado de guardia.

Y mañana…
El Maurice Chevalier español… era aragonés

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