El comisario Muslares y el marino que navegaba en tierra

marino

Volvemos con otra aventura del comisario Muslares. Breve, para compensar lo mucho que me extiendo en otras ocasiones. Esto ocurrió en octubre de 1914. Como era habitual cuando se acercaban las fiestas del Pilar, un ejército de rateros, raterillos, carteristas, embaucadores y timadores se acercaban a la ciudad para procurarse un invierno cómodo. Uno de los más famosos de la época campeaba por todo el país disfrazado de oficial de Marina. Hasta que se topó con Muslares.

Cuando anoche visitamos en su despacho al jefe de policía, vimos sobre su mesa de escribir el retrato de un oficial de Marina.
-Esto es serio, pensamos.
El oficial no tenía tipo muy distinguido según el retrato. El uniforme le sentaba como un disfraz que viene ancho. Interrogamos al Sr. Muslares, el cual nos sacó de dudas inmediatamente. Se trataba de un vividor que viaja por toda España ostentando el cargo de oficial de Marina, con cuya representación le resultó bastante fácil la vida, porque todo el mundo le fiaba y hasta lo colmaban de agasajos.
Al cabo del tiempo el supuesto marino se familiarizó tanto con el uniforme que, ya creyéndose un personaje, se dirigía a la Casa Real -de la cual lleva en su cartera algunos sobres con membrete- y pudo llevar a cabo algunas estafas en Madrid, Barcelona y otras poblaciones. Estos actos no suelen quedar impunes mucho tiempo.
En la Dirección General de Seguridad se conocía con todos pelos y señales la existencia da este intrépido marino, que sabía navegar en tierra con bastante facilidad, cosa verdaderamente estupenda en estos tiempos difíciles.
El ‘navegante’ seguía por España entregando unas artísticas tarjetas de visita en los hoteles y dedicando retratos a los amigos que iba haciendo de paso. Hace poco pasó por Zaragoza con dirección a Calatayud. Aquí dejó de pagar en la fonda donde estuvo hospedado, cometió otras pequeñas estafas y se marchó a Calatayud con su esposa.
El Sr. Muslares, puesto en comunicación con el director general de Seguridad, sabía que este singular teniente de marina se encontraba estos días muy cerca de Zaragoza, y redobló las gestiones policiacas hasta ponerse sobre la pista. Se enteró finalmente de que el viajero estaba en Daroca y el gobernador puso un telegrama a la Guardia Civil de aquel puesto, ordenando la correspondiente detención.
Esta se practicó algunas horas después, y la Guardia Civil de Daroca comunicaba anoche en un despacho que el supuesto marino, llamado Emilio Gómez Díaz y R. de San Pedro, se encontraba en la cárcel del partido a disposición del juzgado de instrucción de San Pablo.
Esta misma noticia se telegrafió a Madrid y a Barcelona, que es donde más cuentas pendientes tiene con la justicia el detenido.
En Daroca es, pues, donde quedó encallado el buque que con tanto acierto venía tripulando el fingido piloto.

Y si se han perdido alguna de las aventuras de Muslares, el Poirot zaragozano, aquí tienen los enlaces de las publicadas hasta ahora.
1. ¿Quién robaba el plomo de las torres del Pilar?
2. El comisario Muslares y el ‘timo de la guitarra’.
3. El comisario Muslares y el caso del botones desaparecido.
4. Muslares y el hombre que acuchillaba a los paseantes.
5. El dentista que asesinó a un cura en el café Moderno.
6. Muslares, el Bertín y la navaja albaceteña.
7. Los cacos más torpes del mundo y el robo en la catedral de la Seo.

Y mañana…
¿Qué es lo más raro que ha llegado a Objetos Perdidos?

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