¿Qué pasó con el petróleo de Centenera?

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Desde principios del  siglo XX han ido apareciendo en los periódicos informaciones sobre la búsqueda o hallazgo de petróleo en distintos puntos de Aragón,  principalmente en la provincia de Huesca: Monzón, Jaca, Graus, Aínsa, La Puebla de Castro, Sariñena, Jánovas, Ballobar… Pero, que yo sepa, y si me equivoco que me corrija algún lector, la cosa no ha pasado nunca de pruebas, ensayos, dimes  y diretes. Huesca, afortunadamente, no es Texas. Pero incluso el año pasado saltó la noticia de que Superlópez (López de Arriortúa) y el número 2 de Iberdrola (Juan Luis Arregui)  habían creado una empresa que estaba buscando petróleo en localidades como Graus y Aínsa.
Pero si en alguna ocasión Huesca podría haberse parecido a Texas fue en 1967. Entonces la noticia se publicó en toda España: se había descubierto gas, y petróleo, en el término municipal de Centenera. La noticia cobró tal ‘cuerpo’, que Heraldo envió allí a Alfonso Zapater para que realizara una serie de reportajes sobre el terreno, y para que contara, día a día, lo que pasaba en Centenera. Como verán cuando lean uno de esos reportajes, no las tenía todas consigo el maestro Zapater, que tuvo que batallar contra el secretismo de los que realizaban los trabajos. Pero en la foto pueden ver la torre de extracción y, si se fijan, a sus pies, un poco a la derecha, aparece un coche de la época. Viendo las dimensiones de la torre, la cosa no era para tomarla a broma.
La serie se iniciaba así, el 31 de enero de 1967:

La primera noticia siempre es confusa. Hay que andarse con tiento. Basta con recordar lo sucedido en Valdeajos. El caso es que en Centenera ha comenzado lo que muy bien puede denominarse ‘Operación Petróleo del Alto Aragón’. Son los mismos síntomas y las mismas precauciones. Centenera, una aldea perdida en nuestro mapa regional, ha saltado a la actualidad; se ha convertido en noticia.
Creo que, por esta vez, las esperanzas están fundamentadas. He visto demasiadas caras sonrientes. El optimismo de los técnicos y del personal que trabaja en los sondeos es un síntoma revelador. Aunque luego las palabras dejen mucho que desear. Impera la ley del silencio. Pero hay razones y argumentos.
Desde nuestra ciudad hay un largo camino a recorrer. Un camino lleno de sol y montaña. Es necesario dejar Barbastro en la hondonada y rebasar las obras del pantano de El Grado. La carretera es tortuosa y empinada. El puerto de San Roque, con sus 670 metros de altura, es como la puerta de acceso a Graus. No he visto ninguna otra localidad, en día de labor, con tanta gente en las calles. Se ven animados corrillos por doquier. Imagino que el tema preferente de conversación girará en torno al petróleo de Centenera. La gente insiste en esta afirmación: “Hay petróleo”. Cuando pregunto por esta localidad, apenas saben darme razón.
-Sí, el petróleo se encuentra a diecisiete kilómetros.
-¿Es cierto que han visto las llamas de los gases desde el monumento a Joaquín Costa?
-Por la noche se veía el resplandor.
El monumento a Joaquín Costa se encuentra en la parte más baja de la localidad. Es imposible que desde allí se divisaran las llamas. Luego nos deshacen el error. No las divisaron desde el monumento a Joaquín Costa, sino desde el erigido al Corazón de Jesús, en el cerro más elevado de las inmediaciones.
Para llegar a Centenera hay que tomar un desvío a la derecha y recorrer diecisiete kilómetros de estrecha y sinuosa pista de tierra. Se ven sucesivos carteles con flechas indicatorias. ‘Enpasa’. Es el anagrama de la empresa que realiza las prospecciones. La Puebla de Fantova queda a la izquierda. Una mujer señala con el índice de su mano derecha:
-Allí está la ‘pilona’.
La ‘pilona’ es la torre de sondeos. Todos los lugareños le dan este nombre. Levanta su gran mole en una planicie del terreno, entre pinos, carrascas y chaparros. Centenera queda a la izquierda, en el valle. El campo de sondeos registra inusitada actividad. Los martillos de la torre se dejan caer pesadamente, con un sonido siempre igual. A primera vista parece que las máquinas trabajan sin la ayuda del hombre. A la entrada del campo hay unos carteles bien expresivos: ‘Prohibido el paso a toda persona ajena a los sondeos’, ‘Prohibido fumar’. El lugar es conocido con el nombre de La Planera. El sol cae a raudales, casi con la misma fuerza que el martillo de la torre de prospección. La tierra es areniza. Los técnicos se muestran cautelosos y se resisten a ofrecer datos concretos. Lo cierto es que las llamas de la noticia que ha sido divulgada por todas las agencias nacionales no se ven por ninguna parte. Aunque han permanecido, inalterablemente, desde mediados del pasado mes de diciembre. Hace dos días que cerraron las válvulas.
En Graus me dijeron:
-Se les escapó el gas y se incendió. Ahora ya han conseguido taponarlo.
En Graus vieron las llamas de un incendio forestal. Ardieron algunos pinos junto con el gas.
-Pero el gas -puntualizan los técnicos- no se incendió. Sale helado, y es preciso calentarlo y someterlo a numerosas pruebas. El incendio lo provocamos nosotros con el fin de realizar las correspondientes comprobaciones. Para apagarlo no se precisaba otra cosa que cerrar la válvula.
-Pero la han tenido abierta por espacio de casi mes y medio.
Sonríen. No sueltan prenda. Sonríen con suficiencia y hasta con misterio. El gas, por lo visto, es efectivo. El sondeo ha dado resultados satisfactorios en este aspecto. Puede considerarse positivo. Al otro lado de la frontera, en Lacq -poco más de treinta kilómetros en línea recta-, existen los yacimientos de gas más importantes de Francia.
-¿Qué tipo de gas se ha encontrado en Centenera?
-Puede poner butano si lo desea.
Los técnicos vuelven a sonreír. Aseguran que no se puede precisar el tipo de gas encontrado. Que todavía se encuentra en periodo de análisis. Es posible, sin embargo, que sea rentable y pueda comercializarse. Cinco técnicos y treinta obreros prosiguen los trabajos con optimismo. Quince de estos hombres son franceses. La concesión de los terrenos corresponde a la Empresa Nacional de Petróleos de Aragón, pero los sondeos corren a cuenta
de la Empresa Nacional de Petróleos de Navarra. El capital es francés y español.
-¿En qué medida?
-No. Perdone. No podemos decirlo.
-¿A qué profundidad se encuentran los sondeos?
-A 3.200 metros.
-¿A cuántos salió el gas?
Otra vez el silencio. Es una consigna que se cumple a rajatabla. El jefe del campo de sondeos es francés, M. Roger Trescazes. Con él se encuentran don Rafael Moreno García, facultativo de minas; don Alfonso González, encargado de Geología, y el señor Feola.
-Los trabajos -nos informan- comenzaron el mes de julio del año pasado.
-Pero no se trata del primer sondeo.
-En junio concluimos con otro pozo, al que dimos el nombre de ‘Campané’. Llegamos a profundizar hasta 3.000 metros, sin resultados positivos.
-Ahora es distinto.
-Esperamos que sí.
-¿Cuándo se confirmará la presencia de petróleo?
-Hasta el verano, ni una palabra.
Se excusan con la sonrisa misteriosa de siempre. Les hago reparar en los bidones que se amontonan al margen del campo de sondeos, los cuales despiden cierto olor y dejan escapar un líquido negro, sospechoso. Por si fuera poco, en los mismos puede leerse perfectamente: ‘Refinería de petróleos de Escombreras. Cartagena (España)’.
-No estamos almacenando petróleo -protestan-.
-¿Qué es, entonces?
-Aceite para los motores.
La respuesta no parece muy convincente, pero hay que admitirla así. El gas, a veces, representa el inicio de petróleo; a veces, no. Quedándose en gas a secas, del tipo que sea, también representa una fuente de riqueza. Los yacimientos franceses de Lacq pueden servir de ejemplo. Las empresas que realizan los sondeos -con capital español y francés-, dependen del Instituto Nacional de Industria. Los técnicos se excusan con estas palabras, además de con sus consabidas sonrisas misteriosas:
-No podemos hablar. Nos lo ha prohibido la dirección.
Y uno piensa, no sabe si acertadamente o no, que estas consignas de silencio siempre resultan sospechosas. Sucedió otro tanto en Valdeajos. Y ahí está el petróleo. Me huele -y nunca mejor empleada la palabra- que va a suceder otro tanto en el Alto Aragón. Por lo pronto, la ‘Enpasa’ ha llenado de flechas diecisiete kilómetros de trayecto y ha construido a sus expensas tres kilómetros más de carretera.

Y ahora toca el turno de los lectores. ¿Saben algo del petróleo de Centenera? ¿Y de prospecciones en algún otro punto de Aragón? ¿Y de GRL Activos Industriales, la empresa creada por Superlópez para el petróleo oscense? Yo, aun a riesgo de ser reiterativo, seguiré con el tema mañana porque, además de la serie de reportajes, Zapater descubrió que fue un pastor quien había descubierto los yacimientos. Y entrevistó a uno de los ‘pioneros’ de las prospecciones. Creo que merece la pena. Así que…

Y mañana…
El pastor que descubrió una bolsa de gas natural

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4 respuestas a ¿Qué pasó con el petróleo de Centenera?

  1. zufariense dijo:

    En Zuera por los 80’s también hubo una prospección. La capa de sal que se extiende desde Remolinos hasta Zuera dio que pensar que podría ser propicia para la existencia de una bolsa de petróleo ……. pero de los resultados nunca se supo. Unos dijeron que sí, pero que para aquel entonces no era rentable… ¿Y para hoy en día?

  2. Pablo dijo:

    ¿No es Centenero?

  3. Pepelui dijo:

    Estuve trabajando 13 años en ese mundo y no podéis imaginaros las tonterías que se dicen, tanto en la calle como en los periódicos. Buscar petróleo es como buscar un gato negro en una habitación oscura, sin saber si está el gato, o sea que es dificilísimo de encontrar, y que sea rentable además.
    Fui compañero de Alfonso González (un tudelano de pro) y Feola, me enseñó algunas cosas en París (era francés y casado con una valenciana).
    Y resumiendo: que un pastor no encuentra una bolsa de gas, y los técnicos sonreían porque sabían que no había nada, como siempre, lo que pasa es que las compañías tienen obligación de reinvertir en exploración y, si suena la flauta, se hacen de oro.

  4. Angel ito dijo:

    Lo mismo que pasó en esa década en Gelsa siendo alcalde Celestino Pérez.

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