El misterioso ‘robo’ del cadáver de la monja

torrero
Si se difunden por internet, ahora los llaman ‘hoax’. Pero son tan viejos como el mundo: son los bulos, las mentiras intencionadas o los rumores que crecen y crecen hasta convertirse en un monstruo incontrolable. En noviembre de 1956 uno de estos bulos recorrió Zaragoza: habían robado un cadáver del cementerio. Como además la tumba ‘profanada’ pertenecía a una monja, todo tipo de versiones, a cada cual más disparatada, atravesaron la ciudad. Hasta tal punto llegó la cosa que el periódico acabó entrevistando al concejal responsable del cementerio. Aparecía fotografiado en la información, sonriente, quitando hierro al asunto, junto al periodista. Y el titular, con alarde tipográfico, subrayaba: “No es cierto que haya desaparecido un cadáver del cementerio católico de Torrero”. Decía así:

Hemos oído muchas clases de rumores, pero como éste de ahora ninguno, la verdad. El rumor nos llegó así:
-Han robado un cadáver del cementerio católico de Torrero.
Y el comunicante, a continuación, nos dio toda clase de detalles del macabro suceso.
-Lo sé de buena tinta -aseguró-.
Un poco de formalidad, caramba.
Para desmentir categóricamente el rumor y para enterar a nuestros lectores de lo ocurrido en la necrópolis zaragozana respecto a la mencionada desaparición nos entrevistamos con el joven y activo concejal Mariano Lázaro, delegado del Cementerio, que nos recibe atentamente dispuesto a contestar a nuestras preguntas encaminadas al esclarecimiento del enojoso asunto.
-¿Quiere decirnos la causa que ha podido motivar el bulo?
-Efectivamente, existe una: una simple exhumación de un cadáver, no el robo o la desaparición, como se ha dicho por ahí. El cadáver fue exhumado y vuelto a enterrar en otro nicho a petición de la familia.
-Pero eso es un caso vulgar y corriente que se repite a diario.
Y el señor Lázaro lo explica así:
-Le contaré la historia. En el mes de abril de 1951 falleció una de las monjas de cierta comunidad religiosa de nuestra ciudad. El padre de la fallecida, un prestigioso y por todos estimado doctor zaragozano, pidió que fuese enterrada en el panteón familiar, a lo que se negó la Comunidad por manifestar que, puesto que en vida vivían juntas, también querían reposar definitivamente juntas.
-¿Se hizo así?
-Así se hizo. Desde aquella fecha los restos mortales de la religiosa descansaron en el terreno propiedad de la citada Comunidad, acotado con verja. El padre de la monja, con el natural y humano dolor de no poder tener a su hija entre los suyos inhumados en el panteón de la familia, esperó hasta que transcurrieran los cinco años que señala la ley sobre exhumaciones y llevó ésta a efecto en el pasado mes de junio.
-¿Se hizo la exhumación con arreglo a trámites legales?
-Desde luego. Personalmente obtuve la debida información de la Administración de Rentas y Exacciones, donde pude comprobar que el traslado de los restos fue realizado con toda regla, puesto que por el padre de la religiosa fallecida se abonaron los correspondientes permisos, incluso el sanitario.
-¿Hubo testigos presenciales del acto?
-La exhumación se hizo ante la presencia del señor inspector municipal de Sanidad.
-¿Los empleados del cementerio tuvieron alguna duda?
-Ninguna. He comprobado que todos los documentos que allí se presentaron se hallaban en regla, y si bien aparece la anomalía de la falta de llave, es lo cierto que se da con bastante frecuencia el caso de pérdidas de llaves, por lo que no se le dio ninguna importancia. De ahí que las monjas de la susodicha Comunidad, al visitar el Cementerio y comprobar la falta del cadáver de la religiosa que nos ocupa, creyesen que había sido robado por alguien que saltó la verja. También me puse al habla con la funeraria que realizó las gestiones y me dijeron que no faltó ningún trámite para que la exhumación fuese realizada con toda legalidad, como así se hizo.
-¿Qué hizo la Comunidad ante un hecho para ella tan insólito?
-Cuando las monjas supieron la verdadera causa se dirigieron a mi informándome que, sin el consentimiento de la Comunidad, se había exhumado en el Cementerio Católico de Torrero, del terreno de su propiedad, los restos de una hermana fallecida en el mes de mayo del año 1951, que la Comunidad daba conformidad a ese traslado, pero que lo ponían en conocimiento de la Corporación Municipal para evitar la repetición actos similares.
-¿Responsabilidades?
-Ninguna. Considero que no se debe exigir responsabilidad a nadie. El problema carece de verdadera trascendencia. Por un lado, la Comunidad denuncia la exhumación sin su consentimiento, pero en cierto modo reconoce un derecho del padre de la fallecida al manifestar que no tienen deseos de que se exijan responsabilidades. En cuanto al trámite de la exhumación, repito que se ha realizado con todas las prescripciones legales y abono de todos los derechos.
-En realidad, ¿hay algo legislado sobre la propiedad de cadáveres?
-Creo que no, y estos asuntos son discutibles.
Nos complace mucho poder poner en claro un asunto sobre el que circulan falsos rumores, algunos malintencionados.
La Corporación Municipal, los que rigen un lugar tan sagrado como es el Cementerio, ponen mucho cuidado en atenderlo con todas las garantías.
Un poco de formalidad, señores.

Bueno, pues no existió el robo. ¿O sí? Porque, independientemente de lo que estableciera la legislación de la época, el tema presenta conflictos morales. A ver qué opinan los lectores. ¿Es lícito que una comunidad se niegue a que una religiosa sea enterrada en el panteón familiar? Hay quienes pensarán que eso es un ‘robo’. Pero, ¿cómo calificar la actuación del padre, que entró en una propiedad privada sin el consentimiento de sus dueñas, y sin llave, para recuperar el féretro? ¿No es eso también un ‘robo’?

Y mañana…
El zaragozano que le evitaba los golpes a Robert Mitchum

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5 respuestas a El misterioso ‘robo’ del cadáver de la monja

  1. Ignacio dijo:

    Las personas, cuando fallecen, dejan de serlo y se convierten en cadáveres, sin derechos personales. Son las últimas voluntades del finado las que deciden su destino y, si no existen y hay diversidad de intereses, es el Juez quien debe dirimir los derechos.

  2. Javier dijo:

    J. Ignacio tiene razón. Por eso, en un asunto de actualidad como es el caso de los restos de Federico García Lorca, tal vez habría que plantear el derecho que tenemos todos los españoles de conocer los pormenores de un hecho tan significativo en nuestra historia reciente, como fue la muerte de un poeta de trascendencia universal.

  3. Luis dijo:

    “Los cadáveres, cadáveres son, y una vez enterrados, no deben ser molestados”. Lo decía mil y una veces un profesor mío del Instituto Luis Buñuel. En este caso del “cadáver de la monja”, creo que el traslado de los restos sin la autorización del propietario del nicho en el que están está terminantemente prohibido. Claro que hablamos que lo hizo “un prestigioso y por todos estimado doctor zaragozano”…. vamos que en aquellas épocas también se daba eso de la corruptela.

    Para el comentario 2. ¿qué tiene que ver Lorca en todo esto? ¿van a cambiar sus poemas y sus escritos porque desentierren sus restos? Y, por último, si la familia no quiere que se desentierren, como han dicho por activa y por pasiva, ¿qué derecho tenemos los demás para obligarles a hacerlo?

  4. Mª José dijo:

    No creo que un juez debiera decidir nada. La monja ya descansaba en paz con su familia antes de que su padre decidiera apropiarse del cadáver. Al tomar sus votos las monjas renuncian a su vida anterior, en muchas congregaciones incluso cambian su nombre, pasando a formar parte de una nueva familia con sus hermanas de la comunidad religiosa.
    Quizás el padre no asumió la decisión de su hija e intentó recuperarla de esta forma.
    Respecto a Lorca, creo que a lo que todos tenemos derecho es a conocer su obra, no los detalles de su vida o muerte si la familia prefiere preservar su intimidad.

  5. DAVID dijo:

    Como experto en derecho funerario, puedo afirmar que el cadáver es lo que se llama “res nullus”, y nadie es su propietario. Erróneamente se le he dado a los familiares el derecho a disponer -como si fueran sus dueños- del cadáver, ante la ausencia de figura jurídica que lo determine. Por eso, si no existe acuerdo, es el Juez quien resolverá el destino del cadáver.

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