El vendedor de los ‘iguales’ que sabía dónde encontrar agua

baldomero-copia
Como el texto de ayer era bastante largo y hoy estamos todos pensando más en el fin de semana que en otra cosa, vamos con algo ‘ligerito’. Otro de esos personajes increíbles, seguro que inolvidable para los que llegaran a conocerle. Zaragoza, 1969.

-Soy zahorí, no es por decirlo… Un zahorí que podía tener más duros que un torero y no tengo una perra.
Así es Baldomero, ese vendedor de ‘iguales’, breve de estatura y largo de voz, que recorre nuestras calles con este singular pregón:
-¡Baldomero, repartiendo dinero! ¡Compre para que le toque, que no tocará!…
Y vende. Y reparte dinero. Y acapara simpatías. Su verdadero nombre es Juan Baldomero Llorente. Nació en Soria, hace cincuenta y un años. Y es zahorí desde los diecisiete.
-He detectado ya más de ochocientos pozos de agua.
-¿De qué sistema se vale?
-Tengo detector de dos brújulas, varilla y pendulín. Pero casi siempre me valgo del detector.
Ha recorrido todos los conventos de los Pasionistas, buscando pozos de agua. Y los ha encontrado. Sólo en Agreda descubrió ocho pozos. Y en Corella. Y en Tarazona. Y en Pamplona:
-La fuente del ‘Abejar’ la hice yo. Gracias a mí tienen agua el numerosas fincas. He repartido riqueza a manos llenas, llevando el agua donde creían que no estaba.
-Y usted, ¿qué cobró por todo ello?
-Nada. De las visitas cobro poco.
-¿Cuánto?
-Pongamos mil o dos mil pesetas nada más. Y eso que en muchos de los pozos obtienen cien litros de agua por segundo y tuvieron que hacerlos a base de barrenos.
-¿Zona de operaciones?
-Tengo minada hasta Cataluña. He descubierto los mejores pozos de agua que hay en España.
Es cierto. Y da cumplido testimonio de su labor como zahorí, a lo largo de casi siete lustros. Por eso puede presumir de tan extraña profesión, al tiempo que ofrece los ‘iguales'” por las calles de la ciudad.
-Soy zahorí, no es por decirlo…

Sorprende un poco la cantidad de personajes curiosos que se han dedicado a vender los ‘iguales’ en Zaragoza. Iremos sacando aquí alguno más con biografía apasionante. Por cierto, ¿alguien se acuerda de Baldomero y nos puede contar algo de él? ¿O de algún otro vendedor de los cupones que destacara por algo? Y perdonen mi ignorancia, ¿por qué los llamaban ‘iguales’?

Y el lunes…
El zaragozano que fue agente especial del FBI

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8 respuestas a El vendedor de los ‘iguales’ que sabía dónde encontrar agua

  1. Maria Pilar Paris dijo:

    Me encanta leer las historias publicadas en esta rúbrica, son historias sencillas, humanas y al mismo tiempo originales, espero que continúe siempre esta sección, gracias Mariano.

  2. Pepelui dijo:

    Cuando yo era petrolero, de vez en cuando aparecía por los sondeos un señor mayor que nos decía su criterio sobre lo acertado o no del emplazamiento, porque se decia zahorí; era el dueño o alguien importante de La Bella Easo, y siempre nos regalaba una caja con varias bolsas de magdalenas.

  3. Luis dijo:

    Yo recuerdo a un vendedor de iguales que estaba en la caseta que había en tiempos delante de la Librería Zapata (en los Escolapios de Conde Aranda, aunque creo que la caseta está ahora en la esquina de Conde Aranda y Cesaraugusto).
    El hecho es que el vendedor de iguales era sordo en vez de ciego, y nos amenizaba la entrada y salida del colegio con la música de la radio a toda pastilla. Había días que desde la Audiencia ya se escuchaba.

  4. Isabel dijo:

    Yo supongo que lo de “iguales” sería porque, como hoy, iban en series y vendían varios cupones “iguales”, con el mismo número. Que tengas buen fin de semana…

  5. LUISITO dijo:

    Hola. Sí que recuerdo, y muy bien, a Baldomero. He puesto Luisito, porque es así como me llamaba él.

    Mis padres tenían un restaurante en la calle Pignatelli (Rte. Río Henares), cuando esa calle era auténtico centro de la ciudad. Venía cogido del brazo de su mujer y gritando “Baldomero dineroooo”.

    Recuerdo que estábamos abonados al 113, y alguna vez nos dio el gordo(de aquel entonces…) bebía un penaltito que decía él, y su mujer algo que entonces se llevaba bastante, ¡¡medio bitter!!

    Buenos tiempos aquellos, gracias por traerme un trozo escondido de mi niñez, saludos =)

  6. Chema dijo:

    Yo me acuerdo bastante bien de Baldomero, pues, al igual que Luisito, mi familia también tenía un restaurante en la calle Pignatelli al que Baldomero iba con frecuencia, siempre acompañado por uno de sus hijos (tenía familia numerosa) o de su mujer. Vivía en Agustina de Aragón y era inconfundible: bajito, enjuto, con su bigotito y su sombrero. Otro de sus “reclamos publicitarios” era “Si eres guapo y con dinero, qué más quieres, Baldomero”. Era todo un personaje, uno de los tantos que poblaban la antigua calle de La Paja y sus aledaños.

  7. javier dijo:

    Conocí a Baldomero en los años sesenta, siendo estudiante:¡ay! Él recorría todo el centro de la Zaragoza histórica, desde las Tenerías hasta el Portillo, y desde el Ebro hasta Santa Engracia. Era incansable y solía ir a acompañado por una de sus hijas. No era ciego y veía lo suficiente incluso para leer, y era hombre cordial y de conversación fácil, si bien iba siempre con prisa pues alimentaba, decía, a una familia numerosa. De vez en cuando aceptaba una pequeña invitación, pero la prisa lo empujaba a la calle. Hablé muchas veces con él y decía tener poderes de radioestesista incluso sobre plano, aunque decía que como sobre el terreno nada. Solía manejar un péndulo y una horquilla, y con ellos alguna vez nos hizo demostraciones “en seco” en medio de la zumba del grupo de estudiantes que nos reuníamos a tomar el vermú y vinos en la calle Comandante Repollés y aledaños. Solía pregonar su producto haciendo sencillos pareados con su nombre, y el más popular era el que ligaba Baldomero con dinero, naturalmente.
    Por otro lado, los iguales se hacían localmente en cada provincia, y cada día en la sede de Los Ciegos, que en Zaragoza estaba en la calle de Galo Ponte. Había un salón, el salón de Sorteos, en el que se extraían los tres números correspondientes a centenas, decenas y unidades, ya que el sorteo era para los números comprendidos entre el 000 y el 999; los números estaban en unos pequeños bombos con diez bolas cada uno del 0 al 9. Siempre presidía el sorteo un tal Don Primitivo, que fue durante mucho tiempo el jefe de la ONCE en Zaragoza. Como en aquellos años el tiempo me cundía mucho y tenía siempre muchas ganas de reírme y de patear la ciudad a fondo, naturalmente sin un duro en el bolsillo, y como dio la casualidad que tenía un zoquete de alumno al que daba clases particulares y que vivía en la plaza de San Felipe, pues me solía pasar por el Salón de Sorteos a hacer unas risas y a saludar a don Primitivo, que tenía bastante mala hostia, por cierto. En cuanto al zoquete de mi alumno, un auténtico negado, me financió muchos vinos por su gandulería y poco aprovechamiento; hoy es un afamado profesional de nuestra Ciudad, vivir para ver, pero esa es otra historia.
    Todos estos recuerdos me han venido a la cabeza al ver el bueno de Baldomero. ¡Juventud nunca vivida, quién te volviera a soñar!, que dijo don Antonio.
    Para acabar animo a Mariano a hablar de dos asuntos:
    1.- La infamante limada de testicularia, años 64 o alrededores, que se le hizo a la estatua de Goya, la de Federico Marés, que está en la Plaza del Pilar al lado de la Lonja. Y,
    2.- El mundo/submundo de los limpias que se ponían en los soportales del paseo, con Manzano de jefe a la cabeza.
    Gracias por todo.

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