El hombre que le limpió los zapatos a la infanta Isabel

limpiabotas

Antes que nada, debo recordarles que estamos ya en los últimos días de la campaña de adhesiones para que se le dedique una calle a los escaladores aragoneses Rabadá y Navarro y, de paso, intentar que todos los grandes montañeros que tiene y ha tenido Aragón sean recordados en el callejero zaragozano. Enseguida presentaremos la solicitud pero, si quiere sumarse a la iniciativa, pinche aquí y deje un mensaje (su dirección de correo no será publicada).

Y ahora vamos al tema de hoy. Javier, uno de esos lectores con valiosa memoria zaragozana, me sugirió hace unos días que publicara aquí algo de los limpiabotas de la capital aragonesa. Hoy, creo, ya no queda ninguno, aunque no hace mucho en un bar del Tubo se ofrecía este servicio en recuerdo del salón que había ocupado antes el local. No sé si se seguirá haciendo. El caso es que yo tenía seleccionadas tres entrevistas con famosos limpiabotas zaragozanos de distintas épocas pero, lamentablemente, ninguna del personaje que Javier me pintaba con un color especial: “Manzano era el más carismático de todos ellos -me decía-, parece que lo esté viendo ahora, intensos ojos azules, pelo ensortijado y con mucha brillantina, alto, grueso…”. Pues no, no he encontrado nada de Manzano, aunque no descarto que acabe apareciendo. De lo que tenía a mano, he seleccionado ésta por ser la que mejor retrata a la profesión en una época determinada (1955) aunque quizá es la que menos se ocupa del personaje.

Bernabé Franco es uno de los limpiabotas más antiguos de Zaragoza y también uno de los más populares. Hasta 1936, y durante muchos años, alternó la caja y el cepillo con la venta de los más importantes periódicos mundiales, de los que era corresponsal. Los mas famosos títulos de la Prensa extranjera se mostraban a diario en casa de Bernabé, cubriendo por entero el cristal de la puerta del ‘salón’ de la calle de Cinegio. Hoy queremos dedicar el reportaje a los simpáticos y humildes limpiabotas, y hemos pensado en él para interrogarle.
-¿Están sindicados los ‘limpias’? -preguntamos-.
-No todos.
-¿Cuánto gana un sindicado?
-Nueve pesetas de jornal más el veinticinco por ciento y propinas, aparte de disfrutar de todas las ventajas que el sindicado tiene, como son puntos, etc.
-¿Hay muchos ‘salones’ en Zaragoza?
-Una docena, aproximadamente. Exceptuando uno en las Delicias, casi todos en el centro, en las calles de Estébanes, 4 de Agosto, Cinegio, San Diego, Coso Bajo, Mártires, plaza de Salamero…
-¿Número de ‘limpias’ de ‘salón’?
-Unos treinta.
-¿Ambulantes?
-Es más difícil calcular…
-¿Más de cincuenta?
-Y también setenta.
-¿Quién controla a los callejeros?
-El Ayuntamiento.
-Uno de ‘salón’, ¿cuánto viene a ganar?
-En el que se trabaja, de unos ocho a nueve duros, cuando se gana más por cuando se gana menos.
-¿Desde cuándo limpia usted?
-Desde hace cuarenta y un años.
-¿Cuánto se cobraba entonces por la limpieza?
-Tres perras chicas.
-¿Y ahora?
-Ahora se cobra, puestos, 1,75 pesetas si son de color; a la mano, 2,25 pesetas.
-¿Precio del servicio de blanco?
-El blanco se trabaja a 4,25 pesetas, puestos, y 5,25 pesetas a la mano.
-El ‘limpia’, ¿prefiere el blanco o el de color?
-Prefiere el de color o negro, porque con el blanco se pierde mucho tiempo. Mientras se limpia un par con blanco se pueden hacer dos o tres pares de color.
-El líquido, ¿se lo hacen ustedes?
-Con goma trabacanto, anilina y agua.
-¿Es cara la crema?
-La buena, que antes costaba 1,50 pesetas la caja, ahora vale 8,80 pesetas la más barata.
-¿Precio de los teñidos?
-En negro, 10 pesetas; en color, 12.
-¿Y si los zapatos a teñir son de ante?
-Teñido en negro, 16 pesetas.
-¿Teñido más difícil?
-A color.
-¿Por cuánto se colocan unos tacones de goma?
-Por dos duros.
-¿Se limpiaba más antes o se limpia más ahora?
-Ahora mucho más.
-¿El mejor día?
-Para los ‘salones’, el sábado; para los ambulantes, el domingo.
-¿Son los toros el tema de discusión preferido por el ‘limpia’?
-Antes, sí; ahora es el fútbol.
-¿Un recuerdo a limpiabotas que fueron populares?
-El ‘Cabezón’ fue archipopular. Empezó de aprendiz con el primer limpiabotas que hubo en Zaragoza. También fue muy célebre el ‘Toni’, que tenía kiosco de periódicos en la plaza de la Constitución. Y el ‘Cazcarro’, el mejor ‘limpia’ que ha habido en España, empleado del ‘Toni’. Han sido muchos.
-Ya no existen de aquellos limpiabotas, auténticos artistas del malabarismo, que hacían prodigios tirando el cepillo al alto?
-Ya no. Ahora la profesión es más seria. Como tampoco existe el que llamábamos ‘de tope’: el que viajaba en los topes de los trenes para ir de capeas.
-¿Existe entre los limpiabotas un argot para distinguir a los clientes?…
-Antes, cuando se cobraban 0,25 pesetas, sí; ahora eso también ha desaparecido. Clasificábamos al cliente por categorías.
-¿Qué categorías eran ésas?
-Al que daba lo justo le llamábamos ‘el jefe’.
-¿Por qué?
-Así se le llamaba, no sé por qué. Al que daba quince céntimos de propina, ‘camioneta’; al que daba diez céntimos, ‘camión’; al que daba un real, ‘coche de lujo’; al que daba una peseta por el servicio, ‘coche de todas las categorías’…
-¿Dice que ahora no se clasifican?…
-Sólo ha quedado lo de ‘el Jefe’.
-¿Son muchos los ‘jefes’?
-Poquísimos. El que menos da hoy son dos pesetas.
-¿Recuerda cuál ha sido su servicio mejor pagado?
-Los que le hice a Muley Hafid, emperador que fue de Marruecos.
-¿Dónde?
-En el Hotel Europa, ya desaparecido, del que yo era limpiabotas cuando empecé. Recuerdo que llevaba zapatos de charol. Me los entregaba tan limpios, que después de limpiarlos quedaban peor…
-¿Se los limpiaba puestos?
-No. Los recibía de manos de su secretario, y luego tenía que cepillar la ropa del sultán.
-¿Cuánto…?
-Veinticinco pesetas. En aquellos tiempos, una fortuna.
-¿A qué otras personalidades limpió?
-A la infanta Isabel, a Lerroux, a Joselito, a Belmonte… Tenga usted en cuenta que el Hotel Europa era el mejor hotel de Zaragoza.
-¿A usted no le dio por los toros?
-No fui torero porque no quise, que bien a las manos me vino poder serlo.
-¿Cómo fue?
-En el hotel. Tenía yo catorce años cuando la viuda de Concha y Sierra se me quiso llevar. Se empeñó en que tenía que ser torero.
-¿Y usted?
-Yo…, con un miedo hasta allá.
-¿Feliz, Bernabé?
-Sí, señor; feliz.
Es lo que deseamos a Bernabé Franco y a todos los simpáticos ‘limpias’ de Zaragoza; que todos puedan cantar aquello de Angelillo: “Me creo el amo del mundo con mi caja y mi cepillo…”. De verdad se lo deseamos a esa humilde y sufrida clase que -con perdón de la Real Academia de la Lengua Española- también ‘fija, limpia y da esplendor’.

Es curioso: a mediados de los años 50 eran bastante frecuentes estas entrevistas en las que obsesivamente se preguntaba por los precios de cada servicio y la ganancia en cada actividad. Hoy casi ningún periodista pregunta a nadie cuánto gana, se sobreentiende que estás invadiendo esferas íntimas. Pero hay una pregunta que aún me sorprende más, y seguro que los lectores habituales del blog ya habrán detectado. Era bastante frecuente que casi al final de la entrevista se le preguntara al protagonista… ¡si era feliz! ¡Casi nada! Hoy no se plantea esa pregunta ni cuando toca la lotería. Y si la haces, en nueve de cada diez casos te miran como si te hubieras vuelto lelo.
Y, llegados a este punto, como siempre, es el turno de los lectores. ¿Qué recuerdan de los limpiabotas zaragozanos?

Y el miércoles…
El hombre que bebía whisky a lomos de un burro

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5 respuestas a El hombre que le limpió los zapatos a la infanta Isabel

  1. Maria Pilar Paris dijo:

    Acabo de leer el artículo, y me viene a la memoria que en los años 67-68, en la calle de San Miguel, había un quiosquillo en el que vendían revistas y chucherías (que yo compraba muy a menudo) y pertenecía a una pareja muy simpática. La mujer tenía el quiosco y el hombre era limpiabotas; yo había hecho amistad con ellos y el hombre me enseñaba la caja con los productos y demás, incluso me había explicado cómo limpiaba los zapatos, e incluso algunos trucos que tenía para hacerlos brillar (que he olvidado). Desaparecieron de Zaragoza en los años 70, no sé nada más, pienso que, siendo ya mayores en aquellos tiempos, pues… habrán desaparecido, es ley de vida. Pero el artículo me ha permitido recordar una página de mi vida. Un saludo

  2. Maria Jose Val dijo:

    Yo todavía recuerdo al limpiabotas que estaba siempre en la cafetería Las Vegas del Paseo de Independencia. No se si será el mismo que hablan al principio del artículo, era alto guapo y con el pelo rizado mas bien rubio. Yo creo que fué de los ultimos ambulantes que se veían y al final comentaba que ya había poco trabajo.

  3. Beatriz dijo:

    “Manzano era el más carismático de todos ellos -me decía-, parece que lo esté viendo ahora, intensos ojos azules, pelo ensortijado y con mucha brillantina, alto, grueso…”. Pues no, no he encontrado nada de Manzano, aunque no descarto que acabe apareciendo. ”

    Era mi abuelo, y la verdad que me hace mucha ilusión encontrar gente que se acuerda de él. Un saludo.

  4. Beatriz dijo:

    Bernabé era mi bisabuelo .Me he llevado una grata sorpresa al leer este artículo .Me alegro de que se acuerden de él. Mi abuelo empezó a trabajar con él y allí conoció a mi abuela, hija de Bernabé…

  5. Begoña Felipe Franco dijo:

    He leído este artículo con gran emoción,pues se está hablando de Bernabé Franc,o que era mi abuelo.
    Orgullosa hasta la médula.

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