Los cacos que se burlaron del comisario Muslares

libertad

Poco a poco, casi sin darme cuenta, he sobrepasado las 100 entradas en el blog. Si tuviera que elegir las cinco mejores, serían: “Los dos zaragozanos que se comieron 20 pollos“, “El secreto de Vicente Salas“, “De príncipe de los estafadores a guardia municipal“, “El zaragozano que fue espía y agente del FBI”, y la de hoy, que espero que les guste porque supone la ‘despedida’ del comisario Muslares.
Antes de ir con el texto, deben saber que en la época (1914) era bastante frecuente que para las fiestas del Pilar llegaran a Zaragoza decenas de trileros, robapanes, descuideros, cacos, ladrones de guante blanco, timadores, espadistas y avispadillos de toda grey; que era usual también que llegaran policías de refuerzo de otras grandes ciudades, como Madrid y Barcelona, que identificaban a muchos de ellos en la calle; que se les ponía ‘a la sombra’ sin la menor dilación; y que acabadas las fiestas la cárcel estaba a reventar y se les solía poner en libertad si no habían hecho nada.  Pues esto es lo que se publicaba el 23 de octubre de 1914:

La casa de viajeros sospechosos de la calle de Pignatelli estaba tan colmada de huéspedes que ha llegado el momento de proceder a su evacuación. Allí no cabe una rata más. Hay plaza para algunos 50 o 60 forasteros; pero en los últimos días la cifra ascendió a 118 y la situación comenzaba a complicarse porque ya no cabía un alfiler. Por otra parte, las circunstancias han variado. La aglomeración de las fiestas, que era un motivo de ‘trabajo’ para los recluidos, ha cesado ya, y con la calma de todos los días, la libertad de los amigos de lo ajeno es menos peligrosa.
Al comenzar la semana de fiestas, la policía había recluido ya a 78 hombres y cinco mujeres, los cuales tienen que ir saliendo por grupos de su encierro, porque las quincenas no pueden durar una eternidad. Pero poner en la calle a 78 sospechosos en un solo día, sin tomar algunas precauciones, sería terrible, por lo cual el jefe de la policía, Sr. Muslares, ha dispuesto que vayan saliendo por grupos de cinco o seis individuos. Estos van desde el Depósito a la inspección; allí son estrechamente interrogados por el jefe y por los inspectores y, según la calidad de cada uno, se les pone en la calle, en la estación o en la carretera para que sigan camino adelante.
Anteayer cinco de estos, bastante temibles, fueron enviados a Barcelona con orden secreta de que se les vigilara estrechamente. Los hombres eran muy cumplidos y ya han escrito desde Barcelona una carta al Sr. Muslares, diciéndole que han llegado sin novedad. “Usted quería -añaden, qua al llegar a Barcelona nos volvieran a detener; pero no contaba con nuestro talento. Antes de llegar al apeadero nos tiramos del tren y estamos libres como los pajaros”.
Después de este parrafillo van las firmas y detrás una frase que sin duda constituye el lema de la partida.
La frase dice:
“Libertad por piernas”.
Estos volverán a caer por Zaragoza a la primera ocasión: pero por el momento parece que los forasteros y nosotros nos hemos librado de tan peligrosa libertad. Hay que calcular lo que serían 118 de estos individuos libres como los pájaros y en tiempo de barullo. Para los bolsillos y para las habitaciones, peor que una plaga de langosta para los campos. Los servicios antifiloxéricos de la policía han resultado beneficiosos por esta vez.

¿Tenía sentido del humor el comisario Muslares? Desgraciadamente, no lo sabemos. Pero ya tiene guasa que un grupo de cacos que se consigue escapar decida escribir una carta para chinchar al policía que les detuvo. Mucho me temo que al bueno de Muslares aquello no le debió hacer ninguna gracia. Como broche final, y por si se les ha escapado alguna entrega de la serie, o quieren volverla a leer, aquí les dejo los enlaces: 

1. ¿Quién robaba el plomo de las torres del Pilar?
2. El comisario Muslares y el ‘timo de la guitarra’.
3. El comisario Muslares y el caso del botones desaparecido.
4. Muslares y el hombre que acuchillaba a los paseantes.
5. El dentista que asesinó a un cura en el café Moderno.
6. Muslares, el Bertín y la navaja albaceteña.
7. Los cacos más torpes del mundo y el robo en la Seo.
8. El comisario Muslares y el marino que navegaba en tierra.
9. El caso de la anciana asesinada en el camino de Casablanca.
10. El comisario Muslares y el ladrón del sueño.

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