El escritor que rompió su exilio en Zaragoza

madariaga

Salvador de Madariaga es uno de los intelectuales de renombre que han caído vertiginosamente en el olvido -no sé si justa o injustamente, hasta ahí no llego-. Conozco esa maliciosa definición que le hizo Azaña, Ortega o no sé quién, de que era “un tonto en siete idiomas”. Y, hombre, aunque a algunos la frase les pueda parecer ingeniosa, yo estoy seguro de que es absolutamente injusta. Tuvo una formación privilegiada, fue ministro y escribió casi 50 libros, entre novelas, poemarios y ensayos. Madariaga se exilió en el 36 y no volvió a España hasta casi 40 años después. Invitado a dar una conferencia por la Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja (hoy Ibercaja), el primer suelo español que pisó fue el del aeropuerto zaragozano. Durante varias jornadas, HERALDO informó de todas sus andanzas aquí. Esto es lo que decía de su primer día en la ciudad, el 7 de abril de 1976.

La primera jornada zaragozana de don Salvador de Madariaga, en el antiguo monasterio de Cogullada -que es también la primera jornada española del ilustre huésped tras sus cuarenta años de exilio-, ha transcurrido dentro de ese clima de tranquilidad y reposo que don Salvador -y especialmente su esposa, doña Emilia- ha deseado para su estancia entre nosotros. Los casi noventa años del escritor así lo exigen, y doña Emilia  -Mimí, como él la llama, y a quien su esposo le dedicara su libro ‘Mujeres españolas’ llamándola “española por predestinación”- se encarga celosamente de hacer cumplir esa
exigencia.
En Cogullada se ha destinado al matrimonio una ‘suite’ de dos dormitorios, una salita, un despacho y dos cuartos de baño, ‘suite’ en la que han permanecido casi todo el día. Desayunaron a las nueve de la mañana -miel y plátanos, concretemos como dato curioso-, tiempo durante el cual don Salvador pudo leer en HERALDO DE ARAGÓN la información que nuestro periódico ofreció de su llegada al aeropuerto de Zaragoza. A propósito de dicha información, pidió que le guardaran varios ejemplares para enviárselos a las hijas que tiene de su anterior matrimonio y a quienes, por cierto, el día anterior por la noche, llamó por teléfono -a Londres y Roma- para darles cuenta de su feliz llegada a España. Don Salvador manifestó su deseo de que se recogieran todas las informaciones que la Prensa vaya dando de su viaje.
Tras el desayuno volvieron a acostarse y, aunque habían manifestado su propósito de no salir de la ‘suite’, entre doce y doce y media dieron un paseo por los jardines de Cogullada, a la vista de que había salido el sol y la temperatura era agradable. Fueron acompañados por la señorita Asunción, la azafata de la Caja que en todo momento está pendiente del matrimonio. Comieron a las doce y media, en una antesala del comedor principal, en compañía del señor Rodríguez Furriel, gerente de las actividades del centenario de la Caja de Ahorros de Zaragoza, entidad a quien se debe este regreso de don Salvador, quien el próximo 14 de mayo pronunciará, dentro del ciclo de conferencias organizado con motivo de dicha conmemoración, una conferencia en nuestra ciudad. El menú -volvemos al dato curioso- estuvo compuesto de tortilla de patata y ternasco asado. Don Salvador quería una comida ‘a la española’ -contrariando, suponemos, su obligado régimen dietético, y suponemos también que tras el ‘placet’ de doña Emilia, muy comprensible-, y la tuvo. La tortilla de patata -de la que don Salvador repitió- y el ternasco asado se complementaron con una ensalada -lechuga con zanahoria rayada, que acompañan a todas sus comidas-, manzanas asadas y vinos de Cariñena y Rioja, para mayor españolidad del menú.
Después de la comida hizo el matrimonio un corto paseo de diez minutos -el tiempo se había estropeado- y volvieron a la ‘suite’ a acostarse. Sobre las cinco llegó el odontólogo, doctor Orensanz, pues don Salvador se había astillado una muela antes de salir de Suiza y quiso que le atendieran. El doctor Orensanz procedió a limarle la pieza y después estuvo de conversación con su ‘paciente’, que se mostró -como es habitual en él- muy agudo conversador. Don Salvador y su esposa cenaron, a las siete, en la misma ‘suite’, momento que recogen nuestras fotografías. Crema de legumbres, merluza a la romana, arroz con leche, tinto Rioja y el habitual complemento de la lechuga con zanahoria rayada. Durante la cena pidió que le llevasen ‘The Times’.
Las llamadas a la Casa de Cogullada son numerosísimas, de todos los puntos de España, interesándose por el regreso de don Salvador. La noticia ha llegado ya a todas partes. Es previsible que durante estos días zaragozanos del matrimonio -que durarán hasta el domingo- den un paseo en coche por Zaragoza, y visiten el Pilar y La Seo. También el parque, si es que el tiempo acompaña. Para el jueves está convocada una rueda de prensa -en el comedor principal de la casa- a nivel nacional. Don Salvador mantiene en todo momento su talante cordial y animoso. Nos dicen que durante su viaje aéreo durmió todo el trayecto, y despertó al sobrevolar Barcelona. Se emocionó al saberse sobre suelo español, tras tantos años de ausencia. El próximo domingo, don Salvador marchará a Madrid, y de allí a su tierra natal, Galicia. El día dos de mayo leerá en la Academia de la Lengua su discurso de entrada como miembro de número, discurso al que responderá el académico don Julián Marías. Deseamos a nuestro ilustre huesped, y a su esposa, una grata estancia entre nosotros.

Y el lunes…
Un intento de linchamiento en el paseo de la Independencia

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2 respuestas a El escritor que rompió su exilio en Zaragoza

  1. javier dijo:

    Recuerdo perfectamente la enorme expectación que levantó la visita a España que ya con larga edad, 90 años tenía entonces, hizo a España Salvador de Madariga y su estancia en Zaragoza, primera ciudad que visitó traído por la Caja. Se hizo un enorme despliegue publicitario por parte de la entidad y los medios locales y nacionales.
    Por la propia crónica se ve que don Salvador no era precisamente la alegría de la huerta y que el hombre estaba ya para caldo y quietud, lo que tampoco es de extrañar dada su edad. Lo de tonto en siete idiomas yo siempre lo he visto atribuido a Ortega y Gasset.
    Por cierto que en el Monasterio de Cogullada solían parar los personajes más importantes que recalaban en la ciudad. Eran los tiempos de Agrar y sus semillas blindadas, y tan blindadas, y que manejaba como un cortijo propio el yernísimo, avionetas y helicópteros incluidos. Qué tiempos y qué atropellos. Pero esa es otra historia.

  2. Luis dijo:

    “El corazón de piedra verde” debería ser lectura obligatoria.

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