¿De qué se disfrazaban los zaragozanos de 1953?

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El Carnaval siempre se ha celebrado; otra cosa es que la fiesta no era hace unas décadas, ni con mucho, parecida a la de hoy en día, casi masificada. En 1953 Marcial Buj quiso hacer un reportaje sobre la celebración y tuvo que acudir a una tienda de disfraces. En realidad, era un conocido establecimiento de ropa teatral:

Pues sí; hoy es Domingo de Carnaval y nuestros pasos nos llevan a los estantes cuajados de disfraces de la señora viuda de Borrell; a esas estanterías que todavía guardan aquellas chisteras y aquellas pelucas y los mismos sables que nos pusimos de estudiante. Nos recibe su hijo Salvador, que es quien ahora se entiende con todo.
-¿Quiénes fueron sus antecesores, amigo Borrell?
-Las famosas Hermanas Polo. Al fallecimiento de una de ellas me quedé con toda la sastrería y nombré a la otra encargada de taller.
-¿Y continúa?
-También murió.
-¿Sabe algo de los antecesores de las tan popularísimas hermanas del caserón de la plaza de San Carlos?
-Siguieron una tradición familiar. Las Polo continuaron el negocio de su tío. Aquél, a su vez… En fin: la casa data del mil setecientos y pico.
-¿Trabajaron mucho?
-Muchísimo. Fue una de las casas más importantes de España. Entonces el Carnaval se celebraba con gran boato. Apunte esto: de aquellos estantes de la plaza de San Carlos se sirvió sastrería para temporadas enteras de ópera en América, realizadas por compañías españolas.
-¿Cuántos trajes tiene usted, Salvador?
-Unos tres mil.
-¿Muchos viejos?
-Ya van quedando pocos. Renovamos constantemente.
-¿Quien los confecciona?
-Yo.
-¿Tienen fácil salida?
-En el teatro. Los disfraces auténticamente carnavalescos casi no se usan, como usted puede imaginar.
-¿Muchas pelucas?
-Unas mil.
-¿Las construye usted?
-Todas. Van quedando pocos en España de esta especialidad.
-¿Qué cuesta convertirse en un apuesto ‘Tenorio’?
-Por setenta y cinco pesetas se hace usted el amo de la Hostería del Laurel.
-¿Y por ser Luis XV?
-Sesenta pesetas.
-¿Disfraces preferidos?’
-Da la pauta el cine. El de pirata se lleva mucho.
-Le creo.
-También el de mejicano; de los de época, la casaca. A ellas les gusta mucho ser María Antonieta.
-¿Devuelven las pelucas muy despeinadas?
-Es natural. ¿Sabe lo que cuesta peinar una blanca de señora de la época Luis XV? De cuatro a cinco horas y a base de tenaza.
-¿Es muy costosa la confección de un disfraz?
-Mire usted: el ‘Don Juan’ más barato cuesta mil pesetas.
-Sin contar el teatro, ¿en qué época del año se usan mas disfraces?
-En Nochevieja. Es el Carnaval trasplantado a esa fecha. Entonces se trabaja mucho para reuniones particulares.
-¿Es difícil la adaptación de trajes?
-A veces, sí. Todo lo adaptamos a base de dobleces. Comprenderá que la tijera no puede entrar.
-¿Algún caso curioso?
-Una vez vino un señor que quería disfrazarse para una fiesta imposible. Pesaba ciento veintiséis kilos, no encontramos su talla, y tuvo que marcharse con las ganas. Se fue de aquí furibundo, gritando
por la escalera: “¡Vamos, hombre! ¡A cualquier cosa llaman sastrería!”.
-¿Alguno más?
-Sí, bastante reciente. Para una de las últimas fiestas del Casino Mercantil, hubo que vestir de guardia de ‘La verbena de la Paloma’ al encargado del ascensor, que ya sabe usted lo llenito que está. Hubo que empalmar dos cinturones porque medía 128 centímetros de cintura.
-¿Qué se hace cuando se devuelve un disfraz?
-Descoserlo y lavarlo. La desinfección está perfectamente controlada.
-¿Cuántas cabalgatas de Reyes Magos ha servido este año?
-Cuarenta y cuatro, todas distintas. Hasta de Avilés me pidieron una.
-Dice usted que donde más trabaja es en el teatro, ¿cuántas obras completas puede vestir?
-Muchas. ‘Marina’, ‘La tabernera del puerto’, ‘La tempestad’, ‘Las golondrinas’, ‘La rosa del azafrán’, ‘La alegría de la huerta’, ‘El rey que rabió’, ‘La viejecita’ ¡Qué sé yo!
-¿Qué obra necesita de más sastrería?
-‘La venganza de don Mendo’, del llorado Muñoz Ssca.
-¿Trajes?
-Ciento diez. Un caso curiosísimo. Esta obra me la pidió desde Santa Cruz de Tenerife el cuadro artístico del Club Náutico.
-¿Se la sirvió?
-Y fui yo también. Veinte mil pesetas de gastos tuvieron.
-Cuando se envía una obra fuera de Zaragoza, ¿siempre va usted?
-Casi siempre. Yo visto a los actores y los maquillo.
-¿Sólo sirve a aficionados?
-Y a muchos profesionales. Cuando la Compañía Lope de Vega estaba para emprender el viaje por América y habían enviado ya parte del vestuario, les serví ‘Tierra baja’ y ‘Los intereses creados’. A la compañía de zarzuela que dirige Eladio Cuevas, no hace mucho le proporcioné ‘Los sobrinos del capitán Grant’.
-¿Alguna ‘pega’ graciosa?
-Las hay a montones. En un viaje que hice a Borja con el Cuadro del Círculo Cultural Español de Zaragoza para montar allí ‘El cantar del arriero’, tuvimos una que hubo de resolverse rápidamente como se pudo.  El personaje de El Cigüeño tiene que entrar en la posada disfrazado de fraile. Cuando el actor que lo interpretaba me llamó para que lo vistiera me di cuenta de que me había dejado el traje olvidado en Zaragoza.
-¿Cómo lo solucionó?
-Con unas enaguas y una toquilla.
-¿Se dieron cuenta?
-Ni pum. Siempre se sale.
-¿Tropiezos que causen risa al público?
-En vestuario, pocos. En peluquería, muchos ¡La de pelucas que se caen en escena al quitarse los sombreros!
-¿Qué sastrerías trabajan más en España?
-Peris, y Cornejo, en competencia. Con los estudios cinematográficos y las compañías de revista tienen bastante.
-Muchas gracias, amigo Borrell.
Al despedirnos pregunta Salvador con cierta desconfianza:
-¿Ha traído usted ese bigote?
-Si no estira muy fuerte, puede comprobar. Es mío.
-Perdón.
-De nada.
Esto es lo que hemos escrito para este Domingo de Carnaval. ¿Por qué nos hemos acordado de todo aquello?
Será porque sólo lo veíamos una vez al año.

Y ahora el turno de los lectores. ¿Cuál es el carnaval más antiguo en el que recuerdan haber participado? ¿De qué iban disfrazados?

Y el lunes…

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Una respuesta a ¿De qué se disfrazaban los zaragozanos de 1953?

  1. Zierzo dijo:

    Bueno, una de las razones por las que el Carnaval en 1953 no fuera tan populoso se debe a que fue prohibido durante el franquismo. Sí que a partir de los 50-60 se permite ir a la gente disfrazada, pero sin máscara, que sí se permitirá en las fiestas privadas. La represión franquista llevo a la desaparición de esta fiesta en muchos lugares. Sin embargo el Carnaval era una fiesta importante durante la II República.

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