Las primeras guarderías de bicicletas de Zaragoza

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¿Guarderías para bicicletas? Pues sí, y en días como el del Pilar podían estar allí esperando a sus dueños hasta 700 bicis. No sé cuánto tiempo estuvieron vigentes, pero en 1953 debieron de ser muy habituales en las entradas a Zaragoza. Este es el reportaje que publicó HERALDO sobre una de ellas:

Tal vez sea la Avenida de Cataluña el barrio de mayor importancia industrial de Zaragoza. Azucareras, fundiciones, harineras, manufacturas, maquinaria, hiladuras, infinidad de talleres donde ganan el sustento cientos de zaragozanos. Al final de esta importante avenida, a la entrada del puente, frente a la caseta de Consumos, está la guardería de la que vamos a hablar.
Es un sitio estratégico, pues aparte de que allí está la parada del tranvía, es punto de partida para muchos barrios y pueblos limítrofes de importancia agrícola.
En un local cubierto y bien acondicionado vemos cientos de bicicletas. Todas llevan un papelito blanco sujeto a los radios de una de las ruedas. Es la contraseña, el control.
Los que las han dejado allí, unos están en sus talleres respectivos y otros en la ciudad. La mayoría han llegado de los pueblos vecinos por la mañana y habrán de regresar por la noche.
Al cuidado de las máquinas, toda una familia, la señora de la casa -la propietaria-, su sobrina, el marido, otro sobrino… Entre todos atienden la guardería y también las reparaciones.
No sólo se guardan bicicletas, sino también motos y los objetos personales que quieran dejar bajo la custodia de esta simpática y atenta familia que ahora nos atiende. La dueña, doña Mercedes Sarto, contesta a nuestras preguntas.
-¿Como partió la idea de montar la guardería?
-Yo tenía aquí al lado un quiosco de refrescos y muchos de los que pasaban en bicicleta de los pueblos y barrios me pedían el favor de que guardase sus máquinas mientras ellos iban en tranvía al centro a hacer sus cosas. Aunque el quiosco era grande y de bastante fondo, eran tantos los que me dejaban sus bicicletas, que ellos mismos me dieron la idea y me animaron a instalar la guardería.
-¿Dejó los refrescos?
-Los dejé y ahora el quiosco se ha convertido en taller.
-¿Cuánto hace?
-Cinco años.
-¿De dónde vienen más clientes?
-De la parte de Movera vienen más, porque esta muy mal comunicada y allí se hace imprescindible la bicicleta. Pero son muchos los que llegan de Alfajarín, La Puebla de Alfindén, El Lugarico, Santa Isabel, Pastriz, Peñaflor, Montañana, San Mateo, Torres… incluso de Osera, Villamayor, Villafranca, Nuez… Cuando da gusto ver esto es en domingo, que vienen al fútbol, al cine… Entonces es insuficiente este local y hacemos uso de la explanada cercada contigua, que es nuestra.
-¿Cuantas vienen a guardar diariamente?
-Normalmente de doscientas a doscientas cincuenta.
-¿Y los días festivos?
-Más del doble.
-¿Qué día ha habido más?
-El día del Pilar tuvimos aquí setecientas. Ya esta bien, ¿eh?
-¿Clientes femeninos?
-Muchas mujeres, casi tantas como hombres.
-¿Se acicalan aquí antes de tomar el tranvía que les conduzca al centro?
-La mayoría. Algunas, si es domingo, vienen a misa a Zaragoza y luego regresan a sus pueblos.
-¿Su clienta más joven?
-Una niña de seis o siete años.
-¿Sabe su nombre?
-Dorita Trinchán. Es abonada.
-¿Tienen abonos?
-Muchos. Les sale por la mitad.
-¿El abonado más viejo?
-Creo que es uno de Peñaflor. Tiene aproximadamente 70 años. Viene con mucha frecuencia a Zaragoza.
-¿Cómo tienen organizada la guardería?
-A todo el que viene a dejar su bici se le entrega un talón numerado y colocamos un duplicado en la máquina. En la matriz del talonario, que conservamos nosotros, anotamos los objetos que nos
han sido entregados para guardar.
-¿Qué clase de objetos?
-Todos personales.
-¿Responden de ellos?
-Naturalmente.
-¿Nunca ha faltado nada?
-Nunca.
-¿Puede darse el caso de que alguien reclame una bomba que no dejó?
-Eso lo tenemos solucionado, pues a todas las bicicletas que vienen con su bomba de hinchar las marcamos con una señal  roja para evitar confusiones.
-¿Cómo se hace la devolución?
-Debe ser el propietario quien busque la suya entre todas. El es quien la conoce. A la salida se confrontan los dos talones y eso es todo.
-¿Se hace con facilidad?
-Los días de hacienda es sencillísimo, porque es extraño que coincidan muchos a la vez. Los días festivos, que es cuando más barullo hay, se coloca mi sobrina en la puerta y, al paso que recoge los
talones, cobra.
La sobrina de doña Mercedes es todo dinamismo. Entre ella y su marido, don Luis Andreu -ausente en este momento de la guardería-, llevan la dirección, la voz cantante. Señalando a un niño que corre con su pequeña ‘bici’ por la explanada, nos dice:
-Es mi hijo. Ya tiene un premio.
-¿Un premio?
-En la última Fiesta del Pedal, celebrada en San Juan de Mozarrifar, le dieron un balón de reglamento, premio al ciclista más joven.
-¿Qué edad tiene?
-Tres años.
-¿Cómo se llama?
-Luisito Andreu.
El niño nos obsequia con un impresionante ‘sprint’, que envidiaría Bernardo o Loroño…
-¿Hasta qué hora funciona la guardería?
-Hasta el último tranvía. Los días de hacienda, hasta las once y cuarto; los domingos y vísperas de fiesta, hasta las dos de la madrugada.
-¿Y si alguno pierde el último tranvía y llega tarde?
-Pues llaman y todo arreglado. En realidad, no existe horario. Puede decirse que estamos en servicio permanente.
-¿Todas las bicicletas son retiradas en el día?
-Hay quienes las dejan el lunes y vienen a recogerla el sábado, como  los militares que tienen las familias en los pueblos vecinos o barrios próximos.
-¿Alguna anécdota?
-Una noche oímos que llaman a las tres y media de la madrugada. Nos levantamos y salimos a ver quién era. Se trataba de un cliente que venía a por su bicicleta y lo hicimos pasar a la guardería. El
disgusto que se llevó fue grande, y el nuestro también, al comprobar que su máquina no estaba aquí. Al cabo de un rato exclamó, dándose él mismo golpes en la cara. “¡Habráse visto cabeza! ¡Pero si hoy no he venido a Zaragoza en bicicleta!… ¡Le digo a ustedes!”.
Las guarderías de bicicletas en las entradas de la ciudad son un servicio necesario. En algunos puntos de nuestro extrarradio se atiende a este servicio, pero sin concedérsele aún la importancia que tiene. Animamos a la iniciativa particular en este sentido. Una guardería de esta índole no requiere instalaciones costosas. Los de los pueblos y barrios zaragozanos lo agradecerían y sus propietarios no habrían de perderlo.

Y mañana…
El joven que salvó a seis niños de un incendio

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4 respuestas a Las primeras guarderías de bicicletas de Zaragoza

  1. Diego dijo:

    Me encanta su blog. No es la primera vez que se lo digo… y espero que no sea la última.

  2. Silvia dijo:

    Leo el blog desde hace tiempo, aunque no me había animado a decirle lo interesante que es para conocer cómo era el día a día de la ciudad. Si lo he hecho hoy es porque he descubierto que mi abuelo era usuario de la guardería cuando venía desde La Puebla de Alfindén para trabajar aquí, cosa que no sabía hasta que le he leído a mi abuela la entrada y me lo ha contado.

  3. Ana dijo:

    Me reitero:¡qué gusto de redacción! y, por cierto, el trabajo en sí no sería duro, pero los horarios… ni los “chinos” en estos días.

  4. luis dijo:

    Qué bonita crónica. Soy usuario de bici en la nueva Zaragoza y me encanta pensar que estamos retrocediendo en esto. Buscar una ciudad un poco más humana en materia de movilidad. Siempre hemos podido convivir todos y con ese sentido común que ha caracterizado al aragonés se conseguirá también esta vez.

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