El hombre que susurraba a los cisnes

cisne

Hoy toca ofrecer unas gotas de ternura, que no está la vida para mucho sufrimiento y llega el fin de semana. Este reportaje lo publicaba HERALDO en el 68. Sí, no todos los españoles andaban entonces en la clandestinidad o en París, de barricada en barricada. Muchos estaban aquí haciendo lo de siempre, llevando lo que se llamaba entonces ‘una vida normal’, o una existencia gris, según se pensaría ahora. Pero con sus anhelos, alegrías y padecimientos. En cualquier caso, la Zaragoza de finales de los los 60 no dejaba de tener cierto atractivo. Había personajes irrepetibles y, claro, vistos con los ojos de hoy, producen mucha nostalgia. Es el caso del señor Borrás, que debía ser tan famoso en aquellos días que la crónica ni siquiera mencionaba su nombre propio:

La primavera ha revolucionado a los cisnes del parque de Primo de Rivera. Algunos intentaron volar a su albedrío. Solo pudo conseguirlo un cisne blanco, hermoso, de pluma brillante. Arrancó en un vuelo desde la piscina infantil y aterrizó más tarde en La Romareda. El cisne quiso demostrar así sus aficiones balompédicas. O quizás sintió envidia del fichaje realizado por El Cordobés y quiso emular las glorias del de Palma del Río. Todo es posible en primavera.
-El cisne blanco salió volando a las ocho y media de la mañana. Lo buscamos incansablemente. Hasta la Policía colaboró con nosotros.
-¿Es la primera vez que sucede?
-La primera. Nunca se había escapado ningún cisne.
El cisne blanco aterrizó en vuelo en La Romareda, como si pretendiera llegar puntualmente al entrenamiento. Pero erró en el cálculo -la falta de costumbre- y fue a posarse sobre el capot de un automóvil. Llenó de asombro a los aspirantes a conductores que a esas horas proliferan por las inmediaciones de La Romareda. También era la primera vez que un cisne presenciaba los ejercicios de conducir.
Don Ernesto Campos Sanz se hizo cargo del cisne. Adivinó que había escapado del parque y lo devolvió, personalmente, a los guardias municipales, que lo andaban buscando.
-Son cosas de la primavera.
Pero el caso es que hay un guardia municipal -señor Burgos- que habla con los cisnes. Está encariñado con ellos. Disfruta contemplándolos.
-Qué bonitos, qué maravilla…
-¿Lo conocen?
-Yo hablo todos los días con los cisnes y me siguen.
Pudimos comprobarlo personalmente. El señor Burgos se encaminó al estanque de los cisnes negros.
-Los blancos andan revolucionados con la huida de su compañero y tardarán más tiempo en hacernos caso.
Los cisnes negros se encuentran un poco más arriba. Solo hay una pareja. Uno de ellos se paseaba orgullosamente por las aguas, haciendo alardes de elegancia y destreza acuáticas. El otro dormitaba sobre el islote central del estanque. Pero cuando el guardia municipal los llamó, los dos cisnes a la par alzaron sus largos cuellos y correspondieron al saludo. El que dormitaba se puso en pie. El que nadaba, salió navegando al encuentro del guardia.
–¡’Tito’! ¡’Tito’!
El señor Burgos pronunció unas cuantas palabras cariñosas, a las que el cisne correspondió con movimientos de cuello y unos cuantos sonidos.
-¡Sal, ‘Tito’!
Y ‘Tito’ salió de las aguas. El otro cisne, el que dormitaba, se echó al estanque y nadó también en dirección a la orilla. La conversación, en este momento, fue a tres voces. Puede ser que los cisnes comprendan el lenguaje de los hombres. Al menos, son amigos de este guardia y corren a su encuentro tan pronto como los llama.
-¡Qué hermosos son!…
A primeras horas de la mañana, otros varios visitantes del parque pudieron presenciar la escena del guardia y los cisnes. Probablemente que pensarían lo mismo que nosotros:
-Son cosas de la primavera.
Así y todo, hay que dar fe del hecho. Un guardia municipal habla todos los días con los cisnes. Y un cisne blanco se arriesgó a realizar su primer vuelo al poco de estrenar la primavera.
-¡Pobre! Ahora le duelen las alas. Ha sido demasiado esfuerzo…
Y el cisne blanco, como si hubiera comprendido, extendió las alas y se quedó así unos segundos para que pudiéramos fotografiarlo. ¿Verdad que la historia es bonita? Y, además, tiene la
ventaja de ser real.

¿Qué les parece? Un guardia municipal que hablaba con los cisnes. Hoy en día seguro que dudábamos de si está en sus cabales.

Y mañana…
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4 respuestas a El hombre que susurraba a los cisnes

  1. AniKa dijo:

    Qué bonita historia y qué bonita foto.

    Mi esposo pringoso no les susurra a los cisnes pero les trina a los gorriones. Y estos dejan todo lo que están haciendo, y le miran con mucha atención con sus ojitos oscuros y brillantes.

  2. Ester dijo:

    Es una historia muy tierna 🙂
    Cuando era pequeña sentía mucha admiración por el cisne blanco que había en el parque. Cuando dejó de estar me acuerdo que me contaron que se había ido volando… Hasta hace un par de años no me enteré de que la verdadera historia era un poco más trágica… Pero qué bonito es leer acerca de cisnes voladores y hombres que hablaban con los cisnes.

  3. Pandora dijo:

    A falta de cisnes, yo les hablo a los gatos 🙂 Es una bonita historia, sencilla, cotidiana, entrañable, me ha gustado.

  4. Ana dijo:

    Qué bien, amo a los cisnes. Es una bella historia, con una dulzura impresionante

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