La muchacha apuñalada sin saber por qué

apunalada-copia

Otro suceso de violencia de género. En este caso un poco extraño. ¿Apuñaló a la víctima un antiguo amante o alguien que la confundió con otra persona? Todo sucedió en enero de 1916. He buscado noticias posteriores relacionadas a ésta y no las he encontrado. Deduzco que nunca se encontró al culpable.

En la casa número 3 de la calle de Urrea ocurrió anoche un suceso sangriento que alarmó grandemente a los vecinos de la misma por la forma rápida y un tanto nebulosa en que se desarrolló.
Pasados los primeros momentos de inquietud que produjeron las voces angustiosas de la mujer que reclamaba auxilio, fueron afluyendo a la casa del suceso los guardias, vecinos y transeúntes formando al poco rato una barrera poco menos que infranqueable.
Cuando penetramos en la casa número 3 los guardias de Seguridad y sus compañeros de vigilancia municipal practicaban registros en las dependencias bajas en busca del agresor.
En el rellano del piso entresuelo una mujer, vecina de las habitaciones altas, alumbraba débilmente la escalera con un cabo de vela porque la bombilla de la luz eléctrica semejaba una cerilla clavada en la pared. Allá se iban de luz la bombilla y el cabo de vela.
De la puerta del entresuelo asomaba la cabeza una mujer delgada de rostro amarillento, de mirar receloso, en cuyo semblante se reflejaba claramente el temor.
-¡Estoy asustada! decía la mujer del entresuelo.
-Pues yo -añadía la vecina que alumbraba con el cabo de la vela- estoy aterrada.
En aquellos momentos se reunieron en el rellano de la escalera los guardias que practicaban registros en la parte alta y baja de la escalera.
-Abajo no hay nadie.
-Arriba tampoco.
-Ese se ha escapado enseguida.
-¿Pues quién apagó la luz de la escalera?
-Él, para huir mejor.
-¿Y quién la encendió después?
La mujer de la vela intervino en el coloquio de los guardias.
-Una mujer, una vecina de la casa.
-¿Usted la ha visto?
-Sí, señor; ¡no ve usted que las escaleras estaban a oscuras!
En esto se hallan también a oscuras los vecinos, los guardias y los curiosos. En el piso primero vive la joven Josefa San Martín Beriol, de 25 años de edad, de Pamplona, que era frecuentemente visitada por un viajante, al decir de las vecinas.
Precisamente el viajante, amante de Josefa, se hallaba en la habitación de ésta cuando ocurrió el suceso.
Josefa no ha declarado la forma en que se realizó la agresión ni el nombre de la persona que le apuñaló en el portal de la casa.
Algunos decían que el agresor equivocó (?) a Josefa con otra joven y la hirió súbitamente apenas aquella entró en el zaguán donde al parecer estaba esperándola el agresor.
Lo cierto es que la joven, al sentirse herida, demandó auxilio a grandes voces y el desconocido se dio a la fuga aprovechándose de los primeros momentos de confusión.
El viajante abandonó también la habitación, cerró la puerta con llave y, en unión de otros, auxilió a la herida trasladándola a la Casa de Socorro.
Josefa San Martín sufrió fuerte colapso, creyéndose por ello que la desgraciada había fallecido.
En la Casa de Socorro fue curada por los médicos de guardia D. Amadeo Rivas y D. Pascual Rodríguez, apreciándole una herida cortante en la muñeca izquierda, otra en la mano derecha y una herida penetrante en el tercer espacio intercostal de la región precordial.
Su estado fue calificado de grave.
Poco después de la una de la madrugada fue trasladada Josefa San Martín al Hospital civil por los camilleros de la Casa de Socorro.
¿Quién es el agresor? Se ignora en absoluto. Lo mismo puede ser un conocido de Josefa, un amante vengativo, o un desconocido que equivocó el golpe que preparaba para otra.
Lo más verosímil es lo primero.
El caso es que el agresor desapareció por el foro mientras los guardias hacían sonar los silbatos de alarma y los vecinos se asomaban a los balcones y ventanas y los curiosos afluían a la calle de Urrea. La policía buscaba anoche al bárbaro agresor de la desgraciada joven.

Y mañana…
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