Huelga de terceroles en la procesión del Santo Entierro

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Decía ayer que la de 1935 fue la Semana Santa más accidentada de la historia de Zaragoza. Esta es la crónica que se publicaba en HERALDO de la procesión del Santo Entierro:

Desde el amanecer los fieles se lanzaron a la calle para hacer la visita a los Sagrarios y asistir a los cultos de la Soledad de María, en cuyo recuerdo fueron pronunciados distintos sermones. En San Cayetano había larga cola. A las horas prefijadas dieron comienzo en las iglesias los divinos oficios de la misa de Presantificados, con numeroso concurso, sobre todo en el momento de la traslación del Sacramento desde el Monumento al altar para ser sumido por el sacerdote. En La Seo y en el Pilar oficiaron los respectivos canónigos arciprestes, ministrados por beneficiados.
Entre los esplendorosos cultos de esta Semana Santa se destaca el ejercicio que en la iglesia de San Carlos se hace tradicionalmente sobre las Siete Palabras que Cristo habló desde la Cruz. Predicólas el P. Domingo Trizar, dominico, quien glosó con elocuencia y fervor místico las divinas enseñanzas contenidas en esas palabras. Empezó a las doce y terminó a las tres. La Schola Cantorum del Seminario interpretó con toda justeza el selecto y bien preparado programa musical que ayer hicimos público desde estas columnas. También en otras iglesias tuvo lugar este piadoso ejercicio, que congregó a muchas gentes.
Con inusitado esplendor y concurrencia extraordinaria -tal vez como no se veía antaño- salió la procesión del Santo Entierro, que es organizada por la muy ilustre y antiquísima Hermandad de la Sangre de Cristo. Comenzó el desfile a las cuatro de la tarde y concluía poco después de las seis. En todo el itinerario se agolpaba numeroso público, así como aparecían llenos de personas todos los balcones.
Filas nutridísimas de hombres y mujeres, en representación de las cofradías y asociaciones piadosas, juntamente con otras entidades católicas, constituyeron el religioso y fúnebre acompañamiento del Santo Entierro. El paso de los distintos grupos escultóricos que forman en esta procesión era saludado con nutridos aplausos que partían de los balcones y aceras.
En el lugar de la presidencia vimos a don Carlos Navarro, concejal, que ostentaba la representación de la Alcaldía; a los diputados señores Guallar, Lahoz, Comín, Azpeitia, Sierra Pomares y Serrano Suñer; y a siete concejales del Ayuntamiento de la ciudad formando en las filas. Fue muy bien acogida la presencia de estos señores en el cortejo.
La procesión recorrió el trayecto de costumbre: plaza de San Cayetano, Mercado, Cerdán, Coso, plaza de la Constitución, Don Jaime I, Espoz y Mina y Manifestación. En todas estas vías, por haberlo acordado así el Ayuntamiento, quedó interrumpida la circulación durante las horas del desfile procesional. 
Hemos dicho que, a pesar del retraimiento, el acto religioso estuvo lucidísimo por el enorme contingente de hombres y mujeres. En cuanto a los pasos, imágenes, símbolos, cruces, banderas, etc., bastará consignar que han sido muchísimos los solicitantes de un puesto de honor a cuyo ruego no ha sido posible atender. La correcta formación, el predominio del elemento masculino, el absoluto orden que se observó, las prudenciales medidas gubernativas tomadas, todo contribuyó a que la procesión resultase una de las más solemnes celebradas en Zaragoza. Hasta el tiempo, de tibieza primaveral, de radiante sol, se sumó a este homenaje de fe.
Figuraban en la procesión, abriendo marcha, los guardias de Policía Urbana a caballo, en traje de gala, para el mejor y mas ordenado servicio. Inmediatamente, entre dos que portaban campanas, iban dos maceros y el Guión, los atributos de la Pasión, etc. A excepción del paso de la Entrada en Jerusalén, recientemente destruido por un incendio, y del de Jesús Nazareno, de propiedad particular, formaron todos los demás según el orden protocolario de la Hermandad. Al llegar el paso de la Cama las gentes se postraban en tierra aplaudiendo sin cesar y ovacionando a las autoridades.
Tras el paso del Descendimiento iba actuando la Banda Provincial, que interpretó apropiadas composiciones. Delante de la Cama marchaba cantando litúrgicas composiciones la Capilla de las Catedrales. El terno de clérigos pertenecía a la parroquia de San Felipe. Cerraban la comitiva la imagen de la Dolorosa y los hermanos receptores de la Sangre de Cristo. Todas las entidades y asociaciones invitadas tuvieron en acto tan solemne una lucida representación.
Cuando, ya de regreso al templo, entraba en el atrio la Virgen de la Esperanza, que figura en la procesión, una señorita penitente, que se encontraba en la acera de la plaza de San Cayetano, se postró de hinojos y cantó a la Virgen una bellísima saeta. El momento fue de gran emoción porque, a lo inesperado del hecho, se añadía la circunstancia de que la saeta, de letra muy sentida, era cantada con admirable voz.
En el impresionante silencio de la plaza, la emocionada voz de la bella penitente resonaba como una plegaria que el público subrayó con una ovación. Fue ésta una de las notas más simpáticas que se produjeron en el desfile. 
Cerrando el desfile marchaban fuerzas de Asalto, que fueron objeto de grandes aplausos, singularmente en la calle del Coso y plaza de la Constitución, donde el público les ovacionó con entusiasmo.
Con motivo de la procesión fue montado un excelente servicio de vigilancia a cargo de fuerzas de Asalto, Seguridad y Policía, que se extendía a todo el trayecto y sus inmediaciones.

¿No advierten nada raro, no? Quizá solo llama la atención la presencia de fuerzas de seguridad y los aplausos que se les prodigaban. Pues resulta que, según los historiadores de la Semana Santa zaragozana, los terceroles, que portaban los pasos (y cobraban por ello), se declararon en huelga poco antes de iniciar la procesión, por lo que los pasos salieron a la calle gracias a los fieles y a los miembros de Acción Católica y organizaciones similares. Todo en un ambiente bastante cargado y violento, en el que incluso se arrojó una bomba al paso de la procesión. De todo ello nada se cuenta en la crónica periodística, y la única explicación posible que le encuentro a este hecho cabe buscarla en el aviso impreso que figuraba en todas las páginas: “Este periódico ha sido sometido a la censura”.

Y el domingo…
La procesión que se suspendió con un sol radiante

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2 respuestas a Huelga de terceroles en la procesión del Santo Entierro

  1. javier dijo:

    Está clara, clarísima, la orientación del Heraldo en el año 1935, sólo hay que leer esta crónica que es un paradigma del periodismo de parte.
    Sólo recordar, para los despistados, que en el año 1935 gobernaba en España la coalición radical lerrouxista-cedista, de derechas pues, que sería la que impuso la censura de prensa a la que alude Mariano García.
    Era la época en las que una de las dos Españas te helaba el corazón

  2. luis dijo:

    Que bien estaríamos ahora si tratáramos de dejar ya de un lado de una vez lo de las dos Españas.

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