El fantasma de la calle de La Paz

fantasma

Vuelve hoy Tinta de Hemeroteca, tras una ausencia ajena a mi voluntad, y para celebrarlo les ofrezco una pequeña joya, uno de esos textos que me reservo para las grandes ocasiones. Lo tiene todo, empezando por un tema esotérico y misterioso, aunque creo que el gancho de la noticia está fundamentalmente en el genio literario de quien la redactó. Les pongo en antecedentes.
En octubre de 1922 empezó a circular por Zaragoza el rumor de que un fantasma se aparecía a los viandantes, al caer la noche, en la calle de la Paz. Como suele suceder en estos casos, el rumor fue creciendo, enriqueciéndose, engordando, hasta el punto de que llegó un momento en que casi no se hablaba de otra cosa en la ciudad. Así que HERALDO decidió ocuparse del asunto. Quien sabe si entonces no había otro redactor a mano, o si el propio escritor se ofreció para la tarea, el caso es que el reportaje no lo fue a hacer un avezado periodista de sucesos, sino Mefisto, el genial coplista. Y, claro, le salió lo que le salió. Esto es lo que publicó:

En la aristocrática barriada izquierda del Paseo de Sagasta, y especialmente entre el gremio de domésticas -almas puras por lo general- la inquietante noticia corría como la pólvora:
-¡Todas las noches, al final de la calle de la Paz,  se aparece un terrible fantasma!
-Pero ¿quién lo ha visto?
-Mucha gente lo ve al dar las doce cuando, al amparo de la obscuridad, asoma por aquellos tapiales envuelto en el típico sudario de los aparecidos y haciendo extraños movimientos con sus brazos largos y esqueléticos.
-¡Qué horror!
-Yo estoy asustada, créalo usted… La soledad me espanta, y llevo unos días obligando a mi esposo a dormir conmigo; cosa que en veinte años de casada no pude conseguir.
-De modo que la noticia es cierta…
-Mire usted si es cierta, que varios vecinos de las calles andan buscando nuevas habitaciones, ante el temor de que el fantasma asalte sus actuales pisos.
Así la pavorosa noticia corría estos días por la calle del Arte, del Progreso, de la Paz y Avenida Central, sembrando el miedo en las almas sencillas de sus pacíficos moradores.
¡¡¡Que viene el fantasma!!!
Ante el temor de una aparición quimérica, había quien no dormía ni con veronal; más de un rifle y una escopeta de salón hacían centinela nocturna junto al lecho de una damisela supersticiosa; alguna
vieja, ante la aparición del ensabanado, musitaba temblorosamente: ‘Padre Nuestro, que estás en los Cielos…’.
Mediaba la noche del martes cuando decidimos ir a descubrir el fantasma. El martes, como el sábado, es día de maleficio y la aparición no podía fallar.
Enrique Anel, el imaginero, me acompañaba en la excursión. Un hombre que cincela santos de altar, es, indudablemente, una defensa contra todo espíritu que tiene atracciones demoniacas.
En el camino de Torrero encontramos al doctor Ángel Andrés, decano de los vecinos del barrio.
-¿Tu has oído lo del fantasma? -le pregunto-.
-Ya lo creo. Y, tal fuerza ha tomado la noticia, que la pareja de guardias de servicio hace frecuentes paseos por estas calles.
-Pero, ¿tú has visto al espíritu ensabanado?
-Yo no, pero mi criada asegura que en todo el barrio no se habla de otra cosa. A media noche asoma el fantasma por el tapial que da fondo a la calle de la Paz, agita sus brazos como las aspas de un molino y desaparece misteriosamente.

Creo que se trata de
algún chusco, algún menguado,
quo quizá se ha ensabanado
para hacer ¡Dios sabe qué!
-Rediez, ¡vaya un desahogado!
-‘¡Se necesita tupé!

El imaginero y yo llegamos a la calle del Progreso cuando brillaba el astro de la noche con siniestros fulgores. La noche era diáfana y azul. El silencio, absoluto. Bordeando unos reducidos solares, corría
el agua de una acequia… ¡Agua de solares!, pensamos. Ella nos hará buen cuerpo. Nos sentimos fuertes, vigorosos. Desafiábamos al fantasma con una imperterritez que ni Burguete y… nada. La sangre del Cid burbujeaba por nuestras venas. Sentíamos, altruistamente, el humano deseo de devolver el sueño apacible a aquellos vecinos alucinados por la fantasmal historia. ¡Apuesto a que viene Kemal Pachá, y le producimos más pánico que Venizelos…!
De pronto, un ronquido fonético, con sonoridades de bombardino, alteró ligeramente nuestros nervios. ¡Cielos! Pero no era el fantasma. Buscamos, al oído, el lugar de donde salían los ronquidos misteriosos, y se trataba sencillamente de un curda poco dado a la superstición, que dormía su borrachera al margen del peligro. El anís, no hay duda, es el padre de los escépticos.
Con voz gangosa, comenzó a emitir frases inocentes:
-Ca…lles… lim…pias… Le…che… ba…rata… Ta…baco… abundante…
¡Era un soñador!
Más de media hora duró nuestra peregrinación por aquellas calles, sin que el fantasma tuviese la amabilidad de acceder a nuestra ‘interviú’.
Cuando nos dimos cuenta de que estábamos ‘haciendo el primo’, regresamos a la ciudad con un poco de desilusión. Nuestras fantasías reporteriles habían fallado pero, a cambio de ello, los vecinos de aquella barriada pueden dormir tranquilos.
¡Vaya una nochecita!
La luna, único fantasma de la noche, jugaba con nuestras sombras, que se recortaban sobre el suelo. Solitario quedaba el barrio; solitario el Paseo… El astro lunar que antes jugaba con nosotros, acabó, como ustedes ven, haciendo solitarios…
-Alarmados vecinos de la calle de la Paz: ¡Que la paz sea con vosotros!
Ahora mientras trazo estos frívolos renglones, me parece adivinar la trama de esta insólita superchería.
Al comienzo de mis indagaciones, alguien me dijo: “Hay varios inquilinos temerosos en estas casas, que andan buscando habitación por otros barrios”.
¡’Ecco il problema’!
Yo me estoy sospechando que, como en estos edificios hay pisos nuevos y soleados, algún pobre hombre ‘sin casa’ ha divulgado la leyenda del fantasma para que los vecinos pusilánimes abandonen su habitación y le dejen un piso.
¡Lo que discurre la gente en estos tiempos!….

Y aquí, pues, lector curioso,
termina el cuento falaz
del fantasma misterioso
de la calle de la Paz.

Desde que comencé el blog he intentado evitar los sucesos más famosos, como es el archiconocido caso de ‘El duende de Zaragoza’. Imagino que más tarde o más temprano tendré que ocuparme de él, aunque solo sea por completar la visión de conjunto de la Zaragoza insólita, en sus personajes y en sus sucesos. Pero no me digan que este otro duende, aparecido, o fantasma, no merecía salir del olvido.

Y mañana…
El oscense que leía ‘El Quijote’ en la BBC

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4 respuestas a El fantasma de la calle de La Paz

  1. Maria Pilar Paris dijo:

    ¡Ya me faltaba mi lectura diaria! Todos los días mirando, y hoy, aleluya, el gran Mariano está de vuelta para el placer de aquellos para los que Tinta de Hemeroteca es un rayito de sol, sobre todo cuando se está lejos de Aragón.¡Qué decir del artículo! Pues que es sencillamente formidable, no tiene desperdicio, todo es bueno, la historia y qué decir de la forma de contarla! Desde el principio, hablando de las domésticas (almas puras) hasta el final, todo es genial. Gracias, y hasta mañana.

  2. Y años más tarde ese fantasma sería sustituído por El Fantasma de los Ojos Azules…

  3. Pandora dijo:

    Divertidísimo, genial! Me he metido de lleno en la historia y ya me imaginaba junto al reportero, callejeando por el barrio en busca del fantasma, con alguna copita de vino tinto en el cuerpo (por lo del frío de la noche).
    ¿Y dice usted que era coplista? :) se le nota el arte y el sainete en las letras…

    http://dicotomias.webs.com/apps/blog/categories/show/554529-de-caminos-polvorientos

  4. estrellite fugaz dijo:

    super padre pero…………………. ¿alguien se sabe la leyenda de la ensabanada? XD
    -_-

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