Lo mató por una jota

Con frecuencia iremos publicando aquí reseñas periodísticas de los grandes crímenes que causaron un gran revuelo en Aragón. Quienes crean que vivimos una etapa de inseguridad deberían consultar las hemerotecas y descubrirán que a principios del siglo XX se mataba mucho más que ahora. A veces por discusiones intrascendentes; en ocasiones  por un ‘calentón’; frecuentemente por defender ‘el honor’ de alguien. El machismo era atroz. Pocos días antes de la Navidad de 1902 se produjo un crimen pasional en la Venta del Olivar. HERALDO lo contaba así (los apellidos los reducimos a iniciales): 

Juan L. y Pilar P. sostuvieron relaciones amorosas por espacio de unos tres meses. Es fama que él estaba enamorado perdidamente de la chica y cuéntase como cierto que ella, si bien tomó al principio con calor el noviazgo, no estaba muy satisfecha con su elección; y poco a poco fue notorio su enfriamiento, lo cual determinó la ruptura completa de estos amoríos. Cuando él creyó que la mujer volvería de su acuerdo y las cosas seguirían como en los albores de su pasión atormentadora, ella andaba pregonando que había ‘dejado’ a Juan, y que aunque la siguiera ‘como un perro’ estaba el mozo por demás. El novio desdeñado manifestaba ostensiblemente su disgusto por las jactancias de Pilar. Para que ella se enterara hizo saber que si continuaba la moza en su actitud de ponerlo en ridículo le daría de bofetadas delante de la gente para escarmiento suyo y de las que como ella rebajan a los hombres: así se explicaba Juan.
Ayer tarde se encontraba este en una taberna del barrio de Monzalbarba, tocando un guitarrillo a la puerta de la tienda. Acertó a pasar Pilar y, al verla su novio entonó una copla ‘de picadillo’.
Pilar corrió a su casa número 157 del término de Miralbueno, y contóle a su hermano Manuel lo que acababa de sucederle. Manuel, provisto de un garrote, fuése al encuentro de Juan, tuvieron ambos una cuestión que agrióse por momentos y, en el calor de la disputa, el primero dio un golpe al segundo con la estaca.
Juan entonces dirigióse a su domicilio para volver a poco armado de una pistola del 15.
Mucha gente quiso disuadir a los contrincantes; la madre de Juan L. púsose entre los dos; pero éste disparó el arma, no salió el tiro, y al segundo gatillazo el proyectil atravesó el brazo izquierdo de la propia madre del agresor, yéndose a alojar el plomo en el costado izquierdo de Manuel P.

Tremendo. Y más si tenemos en cuenta que los dos hombres eran amigos de la infancia. Una jota llevó a una pelea, y la pelea a un crimen. El que cantó la jota fue el que mató y el periodista (la crónica del suceso, como la mayoría de las publicadas en la época, no llevaba firma) indagó e indagó hasta enterarse de la letra de la copla. Ahí va la jota que provocó un asesinato:

Sé que te vas alabando
de haberme ‘dau’ calabazas
también yo puedo alabarme
de otra cosa que te callas.

 

Próximamente…
‘El hombre que trabajó 171 años’

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2 respuestas a Lo mató por una jota

  1. Ana dijo:

    Muy chocante el estilo de la redacción. Cómo ha cambiado el lenguaje periodístico.

  2. ocampos dijo:

    Este blog es de lo mejor de la red.
    Le canto la jota a mi madre que está ingresada en el hospital y la mujer que comparte habitación con mi madre pega un salto que si fuese por los 112 años pasaría desapercibido. Hace un momento se la han llevado las enfermeras. Creo que cadaver.

    Ocampos

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