El misterio de la herencia de Lécera

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La economía mundial atraviesa momentos complicados, muy complicados. Y por eso he querido recuperar una noticia extraña que se publicó en octubre de 1957 y de la que no se volvió a hablar. La firmaba Marcial Buj, que tituló: ‘Misterio en torno a una herencia otorgada en la villa de Lécera hace más de dos siglos y medio”. Y continuaba: “Se trata de una lámina de la Deuda coorriente al 5 por 100, no negociable, de cerca de medio millón de reales vellón oro. Los que se consideran legítimos herederos no saben en manos de quién pueda estar. ¿Quién cobra los intereses?”.
No voy a reproducir aquí el artículo, extenso, muy documentado y lleno de referencias a documentación antigua. El bueno de Marcial Buj se convirtió en paleógrafo por un día. Pero he querido recuperar este tema, y resumirlo, para que se conozca: En 1698 el canónigo Juan Crisóstomo Muniesa había creado una capellanía de patronato, a la que dio tierras y propiedades. Acabó perdiendo sus bienes, pero no antes de que el Gobierno consignara créditos y bienes a favor de ella. Todo ello quedó resumido en 1837 en una lámina de deuda por valor de casi medio millón de reales vellón oro, que fue objeto de varios litigios y conversiones y ventas de derechos. Parecía que estaba en manos de alguien llamado Santiago Cantí. Hasta que…

Pasaron los años y llegamos a 1935. Los que se consideran herederos del fundador quieren seguir la pista de los valores que, en virtud del apoderamiento o mandato, habían pasado a manos de don Santiago Cantí, y hacen gestiones en la Dirección de la Deuda.
Llegan a conocer los números de los nuevos títulos: es decir, en los que se convirtieron los primitivos, pero allí se perdió el hilo.
Practicaron dichas gestiones con el oficial de aquella dependencia, don Fernando de Rivera, quien les manifestó que los datos se encontraban en un depósito adonde se llevaron los legajos cuando se hicieron unas reformas en el edificio.
Les dijo también que las matrices se debían encontrar en el archivo de Alcalá de Henares, pero allí nada se logró descubrir.
Los actuales herederos, todos gente humilde de la provincia de Zaragoza, quieren indagar sobre las sucesivas conversiones de que haya sido objeto la primera lámina, o sea la de la Deuda corriente al 5 por ciento, no negociable, número 36.401, de reales vellón oro 479.191. Conocida su numeración, ¿tan difícil es saber en poder de quién pueda estar? ¿Quiénes cobran los intereses? ¿Es un capital muerto? Si los herederos conocieran estos datos, reclamarían del actual poseedor.
La Capellanía de Santa Cenovia -que así se llama la de Lécera-, fundada hace más de dos siglos y medio por el canónigo de la Iglesia Metropolitana de Zaragoza, don Juan Crisóstomo Muniesa, vuelve a estar de actualidad, pero todo sigue envuelto en el más impenetrable misterio.
Otra cosa que desconocemos es la equivalencia en pesetas de ese medio millón de reales vellón oro y sus correspondientes intereses.

Es decir, que en 1957 había un grupo de personas, presumiblemente de Lécera, que reclamaba una especie de título que acreditaba la posesión de bonos de deuda pública por valor de casi medio millón de reales de vellón de 1837 (¿que se podía comprar en aquella época con un real de vellón?, ¿a cuántos euros equivaldría hoy esa cantidad?). Aquella fortuna se esfumó, como se están esfumando otras muchas hoy en día.
Y con esto acabo. Sé que la entrada de hoy no es especialmente llamativa, pero creo que debía dejar constancia del caso, hoy completamente olvidado.

Y mañana…
El accidente aéreo de Valdespartera

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2 respuestas a El misterio de la herencia de Lécera

  1. miguel angel dijo:

    Una pista: en 1840 D. Pablo Muntadas Campeny compró el Monasterio de Piedra por 1.250.000 Reales de Vellón. Actualmente, aparte de los edificios y el parque que hay allí, tienen no recuerdo si son 1.500 hectáreas de tierras, nada malas dicho sea de paso. Seguramente al principio sería mayor la superficie comprada, ya que parte pasó a manos privadas, parte está bajo las aguas del pantano de la Tranquera, todo eso se podría comprobar.

    O sea, que medio millón de reales seguramente sería un buen pico, sí. No me extraña que lo reclamaran.

    En cuanto al título-valor de esa deuda, conste que yo no lo tengo, lo más probable es que desapareciera. Han cambiado mucho las cosas, pero por entonces, y hasta hace no mucho, se cobraban los cupones (intereses) mediante estampillado del título físico. Esto es: presentación del título físico al emisor, o pagador, que entregaba el dinero de los intereses, y marcaba el título físicamente de alguna forma, normalmente con un sello. Más que nada, para evitar que algún espabilado se presente a cobrar otra vez con el mismo título. Si no han podido seguir la pista de los pagos, cosa no demasiado complicada, lo más probable es que no se hayan presentado al cobro, por extravío, por destrucción, porque alguien lo tiene y no sabe qué es…

    Como curiosidad, en el artículo se habla de la Dirección de la Deuda que, tras varias transformaciones y fusiones, forma parte de la actual C.A.D.E., Central de Anotaciones de la Deuda Española. Lo digo por si alguno aún está buscando el papelito de marras, allí igual saben algo. Son buena gente además, en serio, que trato mucho con ellos.

    A saber dónde andará… Pues su valor seguirá intacto, supongo.

  2. Indagando dijo:

    En esas fechas del s.XIX hubo uno apellidado Muniesa, en Lécera, que se enriqueció grande y rápidamente ¿Acaso es posible que tenga que ver con el papelito? A ver, algún historiador local, que nos aclare las cosas.

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