El robo más audaz y vergonzoso del siglo XX

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Ocurrió hace justo ahora 100 años. Fue el robo más audaz porque hace falta atrevimiento para, estando toda Zaragoza en las calles para ver el cometa Halley, entrar a robar a un edificio de la de Pignatelli, muy populosa en 1910. Hace unas semanas ya publiqué aquí un reportaje sobre cómo llegó el Halley y no trajo ninguna de las grandes catástrofes que se preveían.
Y vergonzoso porque el objeto de sus desmanes fue uno de los principales establecimientos benéficos del siglo pasado. Además, el botín no fue millonario. Así lo contaba el cronista (anónimo) del HERALDO: 

Ayer mañana, cuando las religiosas y el administrador a cuyo cargo corren los servicios de la Tienda Económica entraron en el despacho del segundo, viéronse desagradablemente sorprendidos al observar que durante la noche había penetrado gente en dicha dependencia, apoderándose de cierta cantidad de dinero.
No es precisamente la cantidad sustraída la que da importancia al robo, pues su importe parece no excede de 925 pesetas; lo escandaloso en el hecho es la forma audaz en que se cometió el robo, el descaro de los culpables en llevar a cabo sus propósitos en una calle de tanto tránsito como lo es la de Pignatelli y mucho más en la noche de ayer en que la presencia de gentes en todas las calles era extraordinaria, con motivo del cometa de Halley.
Sin duda, los ladrones tenían la plena confianza de que no iban a ser sorprendidos por la policía, ocupada toda ella como meros curiosos en mirar al cielo, para ver los fenómenos circunstanciales achacados al astro. Y, efectivamente, los ladrones maniobraron por lo visto durante largo tiempo, sin que nadie les molestara ni estorbara, a pesar de su proximidad al depósito municipal y de encontrarse en la Tienda Económica las religiosas que habitan el edificio.
¿Cómo entraron los ladrones hasta el despacho del administrador del benéfico establecimiento? Entre las puertas del Depósito Municipal y de la Tienda Económica existe otra que sirve para dar acceso al archivo de la Delegación de Hacienda, y cuyo edificio está unido con el Depósito Municipal.
Según manifiesta una de las vecinas de la casa de enfrente, encontrándose en el balcón a las doce de la noche observando el paso del cometa, vio que dos o tres hombres abrían la puerta del archivo con llave, que rompían un pequeñio candado que la sujetaba y que entraban dentro cerrando enseguida la puerta. Al hecho no le concedió ninguna importancia. Los ladrones, una vez dentro, cerraron herméticamente las ventanas que comunican con el patio del Depósito Municipal, con objeto de evitar el ser vistos al encender la luz.
Luego perforaron el tabique que les separaba del despacho del administrador y, hecho el agujero, entraron en el mismo. En uno de los armarios estaba la caja de caudales, de hierro macizo y al parecer de mecanismo bastante complicado para que fuera abierta por persona desconocedora. Junto a ella había otra cajita de madera que es la que los ladrones abrieron violentamente, rompiendo la tapa y llevándose 75 pesetas en billetes del Banco de España y 450 en metálico.
Los asaltantes sacaron del armario la caja de caudales al centro del despacho, pero después de varios intentos no pudieron hacer saltar la tapa. En el hierro se conocen perfectamente las señales de las herramientas empleadas por los ladrones para abrir la caja. Poco después abandonaban la Tienda Económica, saliendo a la calle por la puerta mencionada. En el despacho del administrador se dejaron un número del periódico El País, fecha 17 del actual mes, y un pequeño trapo que debió servirles para aminorar el ruido de los golpes dados en la caja de caudales.
Las religiosas que viven en la casa no se enteraron de nada de lo que ocurría en la planta baja. Las habitaciones de las religiosas se hallan muy retiradas y estaban entregadas al descanso a la hora en que los ladrones asaltaron la casa. Por eso no pudieron enterarse de nada.
¿Quiénes son los culpables del robo? Por el momento se ignora en absoluto. Sin embargo, se tienen sospechas en tres profesionales que hace poco salieron del depósito municipal, dos de ellos licenciados de presidio, y que al parecer conocen perfectamente todos los escondrijos de la casa.
En el lugar del suceso se personó enseguida el juzgado de instrucción de San Pablo, empezando las diligencias sumariales para el descubrimiento de los culpables.

Pues eso es. Al parecer, no se detuvo nunca a los cacos. Si algún lector puede aportarnos datos sobre la Tienda Económica, serán bienvenidos. Y por cierto, que hay muchas cosas raras en esta información. ¿Una vecina ve como tres individuos rompen un candado y no le da mayor importancia al hecho? ¿Tres cacos intentan abrir una caja fuerte a martillazos, y las monjas que viven en el edificio no se enteran de nada? En fin…

Y mañana…
Las cigüeñas que paseaban con las personas

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