El violinista que tocaba una lata de atún

violin-copia

En el 55 hubo un joven, que había venido a Zaragoza para cumplir el Servicio Militar, que se hizo bastante famoso en todo Aragón. Se llamaba Francisco Gómez Alcobendas y era capaz de sacar sonidos (agradables, se entiende) a un violín que había fabricado con una lata de atún, un palo y cuatro alambres de cordón eléctrico. Para que luego digan que en la mili no se aprendía nada. El caso es que Francisco alcanzó cierta notoriedad y, como es lógico, HERALDO (Marcial Buj) le entrevistó. Les dejo con Francisco, que hacía relojes de madera pero que de tonto no tenía un pelo:

Un soldado en el aeródromo Sanjurjo ha construido un violín sirviéndose de una lata de atún, un trozo de madera de pino y cuatro alambres de cordón de luz. Con este rudimentario instrumento, su constructor lo toca todo de oído. El arco está hecho con un palito y pelos de cola de caballo. Esta es la noticia escueta. Ahora vamos a hablar con Francisco Gómez Alcobendas -que así se llama el simpático y habilidoso soldado- y vamos también a oírle tocar su curioso violín.
Francisco Gómez es un muchacho alegre, despierto, de ojos vivarachos. A nuestro requerimiento, y gracias a la amabilidad y gentileza de sus jefes militares, ha venido desde Garrapinillos a la Redacción del HERALDO con su original instrumento bajo el brazo. Si Stradivario, los Amati, los Guarneri y los mas célebres constructores de violines de la escuela de Cremona levantasen la cabeza y oyeran tocar a este soldado de Aviación el simpar artefacto hecho con una lata de atún, seguro que se desmayaban. Interrogamos al inventor.
-¿De dónde eres?
-De Villarta de los Montes, provincia de Badajoz.
-¿Qué haces en el aeródromo?
-Soy soldado de la 41 Escuadrilla de Zapadores.
-¿A qué te dedicabas en tu pueblo?
-Trabajaba en el campo pero, antes de ingresar en la ‘mili’, ya hacía dos años que me dedicaba a la mecánica.
-¿Has estudiado?
-No pude ir a la escuela. Sólo tuve una Enciclopedia de Grado Medio cuando estaba en la huerta.
-¿Y mecánica?
-Esa es la cosa, que nadie me ha enseñado, pero he nacido para eso, para arreglar motores y relojes, para inventar. Tengo ese don desde muy niño. A los nueve años domé a un pollo y le hice mover una pequeña noria construida por mi. 
-¿Más cosas?
-Hice aviones de papel y corcho que se elevaban y un día…
-¿Qué sucedió ese día?
-Vi pasar por mi pueblo un avión a reacción que volaba muy alto y pensé: ese no lleva motor. Debe ir movido por algo así como un cohete. Y me puse a construir uno.
-¿Con qué materiales?
-Cogí un bote de leche condeneada, le metí aire y gasolina, y con eso y otras cosas conseguí un avión a reacción de mucha fuerza; era igual que un cohete. Por lo visto le había metido muchas atmósferas y asusté a todo el pueblo. También hice una dinamo…
-¿Dónde?
-En la huerta. Me había marchado a vivir allí porque en el pueblo había mucho sarampión y vivía en una casilla a dos horas del pueblo. Como no tenía luz yo mismo me la hice.
-¿Cómo?
-A base de un armazón de madera y chapa, hice una dínamo que movía un pequeño salto de agua próximo. Entonces tenía quince años. A todo esto hacía las cosas con las herramientas más rudimentarias que yo mismo me construía.
-¿Sabías algo de motores?
-Nada. Y ahora sólo conozco el motor del camión de un conocido del pueblo. Un día, para ver cómo era, se lo desmonté. Cuando el propietario lo vio desarmado casi se muere del susto, pero se lo dejé como estaba y después fui yo quien arreglaba las averías. He hecho también un reloj de madera…
-¿Un reloj de madera…?
-Hace dos años. Menos los ejes y el volante, todo pino. Y un despertador de campana que marcaba los días y los meses. Y juguetes ‘pa’ los chicos de mi pueblo, no digamos…

violin11

-Hablemos del violín. ¿Cuando lo construíste?
-En el acuartelamiento Sanjurjo, hace unos tres meses.
-¿Materiales empleados?
-Ya lo ve: la caja está hecha con una lata de atún en aceite, de 880 gramos, con su etiqueta y todo; el mástil con un trozo de madera de pino; y las cuerdas, tres son alambres de la luz y la ‘prima’ de
sirga de bicicleta.
-¿Y el arco?
-Un palo de madera desarmable y pelos de cola de caballo.
-¿Por qué desarmable?
-Porque mi maleta es muy pequeña y no me cabría.
-¿Qué tocas con él?
-Todo.
-¿Sabes música?
-No señor, toco de oído.
-¿Has oído tocar el violín alguna vez?
-A nadie.
-¿Tocas algún otro instrumento?
-La bandurria.
-¿Quién te enseñó?
-Nadie. Verá usted cómo fue… Uno de mi pueblo enseñaba a mi hermano a tocar la bandurria y éste era muy tardo en aprender las lecciones. Entonces le cogía yo el instrumento y, tocando de primeras
la lección que acababa de oir, le decía a mi hermano: “Mira, así es”.
-¿Quiénes fueron los primeros que te oyeron tocar con ese violín?
-Mis compañeros de acuartelamiento.
-¿Qué te dijeron?
-Decían: “Si no lo veo, no lo creo”.
-¿Te han oído tus superiores?
-Sí señor, me tienen todos en mucho aprecio y hasta me han llamado para oírme tocar el violín. Un teniente de Transmisiones tuvo la delicadeza de grabar una pieza tocada por mi en cinta magnetofónica para que yo mismo pudiera oirme.
-¿Y qué te pareció…?
-Mejor en el aparato que al natural.
-¿Qué instrumento te gustaría tocar?
-Lo que más me gustaría tocar, el acordeón-piano. Si tuviera uno aprendería muy pronto.
-Cuando te desplazas, ¿siempre llevas tu violín a la mano, a la vista de todos?
-Nunca lo envuelvo y, como llama tanto la atención, me lo hacen tocar en todos los sitios. Ahora mismo, viniendo de Garrapinillos, he tenido que tocar para los viajeros del auto. Hasta en el tranvía querían que tocase.
-¿A qué le tienes más afición; a la mecánica o a la música?
-A la mecánica.
-¿Tu ambición?
-Vivir en una gran capital y prosperar. Cuando me licencien espero ir a Barcelona y allí desarrollaré unas ideas que tengo; una de ellas muy buena.
-¿Algún invento?
-Sí, señor, pero perdone si no lo digo. He hecho algunos experimentos en pequeño y todos han salido bien. Allí los patentaré, pues merecerá la pena.
-¿Contento en Sanjurjo?
-Muy contento. Todos se portan muy bien conmigo y yo con todos. Yo les arreglo los relojes que se ‘changan’ y así disfruto.
Francisco Gómez Alcobendas afina su violín como pudiera afinarlo un Paganini, un Sarasate… Va a obsequiamos con un recital. El soldado de Aviación no interpreta a Haydn, a Mozart ni a Beethoven porque el hortelano extremeño no tiene el gusto de conocerlos, pero no importa. De su violín de lata de atún salen todas las melodías más o menos modernas conocidas: bailables, canciones, zarzuela, aires regionales…
Parece mentira que de este ‘cacharro’ promotor de risas, salgan armónicos, pizzicatos, trémolos… Mentira parece que el vibrar de unos alambres de la luz y de una sirga de bicicleta sobre una lata
de atún, impulsados por unos pelos de cola de caballo sujetos a un palo, produzcan sonidos agradables, haga música. Después de oirlo, decimos lo mismo que dijeron sus compañeros del aeródromo Sanjurjo:
-Si no lo vemos, no lo creemos.

No sé si algún lector llegó a conocer a Francisco, pero seguro que todos los que han hecho la ‘mili’ conocieron en ella a alguien con habilidades especiales o simplemente raro. A ver si nos lo cuenta y lo comparte con todos.

Y mañana…
El escándalo de ‘la guerra de los biquinis’

Esta entrada fue publicada en General y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a El violinista que tocaba una lata de atún

  1. Maria Pilar Paris dijo:

    Me gustaría saber qué es lo que ha sido de esta persona; saber si por una vez, en este país, alguien que sea mañoso y con ideas en la cabeza, a pesar de no ser de “buena familia”, puede llegar lejos; saber si alguien le apoyó para que sus ideas vieran la luz. Sinceramente deseo que haya salido “para delante”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *