Zaragoza tuvo un ‘hombre del saco’

 

hombresaco-copia
Pues sí, Zaragoza tuvo un ‘hombre del saco’ y fue muy popular a finales de los años 20. Si ayer la Tinta de Hemeroteca estuvo dedicada a un dibujante ‘de guante blanco’, Paco Ugalde, un profesional que trabajó en los principales periódicos de la época que le tocó vivir, hoy se centra en un caricaturista absolutamente caído en el olvido. Toda Zaragoza le conocía como ‘el hombre del saco’, y ahí le tienen en la foto, pintando en el suelo de la calle y con el saco a un lado.  Se llamaba Mariano Usón y, en realidad, fue un pionero del ‘graffiti’. Vivía de lo que le daban por los dibujos caricaturescos que plasmaba en vallas, aceras, tapias y callejones. Cuando le entrevistó Marcelino Álvarez, en abril del 27, tenía 62 años. Era zaragozano por los cuatro costados, nacido en la calle del Sepulcro. Así se expresaba:

-Yo fui a la escuela con varias personas de Zaragoza que han alcanzado celebridad y siempre he tenido gran afición a leer y a dibujar. De pequeño, en vez de jugar en la calle, me dedicaba a reproducir cuantos dibujos se publicaban en revistas y periódicos. A los nueve años fui monaguillo de San Gil, y poco después entraba de aprendiz en la imprenta de Don Calixto Ariño. De tal manera descollaba mi afición por el dibujo, que este buen señor Ariño, y los jefes de los talleres, me aconsejaron que me hiciera litograbador.
-¿Y por qué no se hizo?
Sonriendo, con voz apagada, sin dejar la divagación, pues Mariano Usón habla con rumor de salmodia o de agua mansa sin cauce, asegura que, de haber podido, se hubiera marchado a Barcelona.
-Allí me hubiera hecho un buen dibujante…, pero en mi casa me dedicaron a la vida del campo… y así me pasé cuarenta años, con una burrita, trayendo verduritas, manzanitas…
-Y en el campo, ¿no se le pasó la afición al dibujo?
-Muy al contrario. Todos los días dibujaba conejitos, mariposas, hojitas de remolacha. Y siempre pensaba: si hubiera ido a Barcelona, sería un buen dibujante.
-¿Nunca ha pintado utilizando colores? 
-No señor. Siempre con carbón y con crayón, a base de tonos blancos y negros. ¡Ah! En la última Exposición de Humoristas, celebrada en Zaragoza, presenté tres cosas: un cuadrito representaba las torres del Pilar y dos hombres escalándolas; otro, un velador con dos personas a la puerta de una cervecería; y otro un barquillero rodeado de chicos…
-¿Y se los admitieron?
-Ya lo creo. Hasta me compraron uno, que no recogió ni pagó el comprador. Ahora que yo, aquel día, llevaba gorra nueva. Pasé la gorra, diciendo: “Den algo para el ‘hombre del saco’, el más pobretico de todos los expositores”, y recogí catorce pesetas. Me sentí feliz.
-¿Cuáles son sus pintores predilectos?
-Todos… -musita alegre, sin dejar la sonrisa.
-Hombre, por Dios, alguno le gustará más que otros…
-Goya, porque es aragonés, me parece el mejor; Pradilla, en sus cuadros ‘Doña Juana la Loca’ y ‘La rendición de Granada’, me parece un genio.
-Muy bien. Y dígame ahora el suceso más saliente de su vida.
-No hay ninguno… El otro día me ocurrió algo gracioso. Había pintado un conejito; detrás, en actitud de lanzarse sobre él, un perrito y, a escasa distancia, un cazador. Un curioso me dijo: “póngale escopeta al cazador”. A lo que repuse: “no, que estamos en tiempo de veda”. Todos se rieron mucho…
-¿Cuántas novias tuvo usted?
Una sonrisa más abierta; ligero baile en los ojos; temblor alegre en los labios y la respuesta rápida, segura. 
-Ninguna. No he encontrado ninguna mujer que se pareciese a mi madre y, con las malas, jamás he querido trato. 
-¿Usted vivirá de su arte, verdad?
-Algo me ayudo con un campo pequeñito que tengo, dado a medias; con la venta de la remolacha saco para pagar el cuarto: seis pesetas al mes…
-Pero comer, ¿lo logra con el dibujo?
-Sí; yo no pido nada, porque sé que no se puede mendigar. A los chicos les pido periódicos viejos, y en muchas casas de comercio también me dejan recoger papeles, pedazos de cartón… Con estos desperdicios, que vendo luego al peso, y alguna perrica que me dan, como.
-¿Cuánto gasta usted en la alimentación?
-Unos tres reales diarios. Voy a la Tienda Económica. Y cuando los ingresos me lo permiten, añado algún plato extraordinario al ‘menú’ y bebo algún vasito de vino… Luego, a la calle a dibujar… hasta que los curiosos interrumpen la circulación y se acerca algún guardia a decirme: ‘márchese con la pintura a otra parte’.

El suceso más saliente de su vida… Ninguno. Tremendo. Hay vidas absolutamente conmovedoras, y la de este ‘hombre del saco’ zaragozano lo es. ¿No creen?

Y próximamente…
El misterio del labrador poeta de Santa Isabel


 

Esta entrada fue publicada en General y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Zaragoza tuvo un ‘hombre del saco’

  1. ana dijo:

    Qué cantidad de enseñanzas esconden las palabras de personas sencillas que han vivido con la tristeza y la resignación de lo impuesto y la seguridad de que su vida hubiera sido muy distinta a poco que la fortuna les hubiera sonreido.

    Se merecen estos homenajes y nosotros aprender de ellos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *